Una dulce melodía

reconfortará tu corazón

permite que mis palabras

curen cada herida

que ocasionó los rayos del sol

Somos diosas de la noche

nuestros cuerpos deslumbran

a pesar de la densa oscuridad

el cielo llora tu ausencia

porque te fuiste llevándote la felicidad

Y, abandonaste a una estrella

que sin ti no brillará más…

Chikane fue reaccionando lentamente, sus ojos se entreabrieron con debilidad, no podía enfocar bien la vista pero, reconoció la figura de una joven con largos cabellos que estaba sentada en una silla cercana a la cama. Su canción la había despertado, su voz misteriosa pasaba los límites de los mortales y pensó que aun se encontraba en un sueño. Sus ojos le mostraron una imagen borrosa y lo primero que pudo pronunciar fue: - ¿Himeko? ¿Eres tú? -, pero no tuvo respuesta alguna. Lentamente, sus ojos volvieron a tener la fuerza de siempre y al contemplar a la joven, se dio cuenta que se trataba de aquella chica de cabellos ensortijados y rojizos. Ella estaba pelando una manzana con un cuchillo, concentrada en aquel trabajo. Pero, apenas se dio cuenta que Chikane había despertado, dejó las cosas a un lado y se acercó a la cama. Sus ojos verdes tenían un extraño brillo, sus labios eran finos y mostraban una gran sonrisa. Chikane se sintió confundida por algunos segundos. De repente, se sentó sobre la cama con un impulso nervioso. El reloj marcaba el mediodía y dentro de una hora Himeko saldría de clases para encontrarse con ella y almorzar juntas. Al parecer, nadie le había informado de su desmayo, ni siquiera ella estaba segura de lo que había ocurrido. Pero ya se encontraba mejor y no le hubiera gustado asustar de esa manera a Himeko, por lo que, se dispuso a levantarse y a entrar a la última clase antes de encontrarse con su amada. Apenas puso los pies sobre el suelo, la expresión de la pelirroja cambió.

- La enfermera dijo que debías descansar – dijo la chica tranquilamente.

- Ya estoy bien.

- Ella me dio órdenes y le prometí cumplirlas. No debes moverte de aquí hasta que ella regrese, y eso será a las dos de la tarde.

- No puedo esperar tanto tiempo, tengo que encontrarme con alguien…

- Debes descansar, mira, te compré una manzana en la cafetería – dijo alegremente la joven, sin importarle lo que Chikane le estuviera diciendo.

- Oye, te agradezco mucho lo que hiciste por mí. No sé que me pasó, pero, gracias por cuidarme… y, no quiero sonar desagradecida, pero te aseguro que me encuentro bien.

- Himemiya-san… ¿no te acuerdas de mí?, ¿verdad? – dijo la joven con una mirada de tristeza.

- Disculpa, no sé quien eres… debo irme, en serio.

- Mi nombre es Hoshiko… y soy…

En esos momentos empezó a sonar el móvil de Chikane y se apresuró a contestar. Era Himeko, se acababa de enterar de la noticia y estaba muy preocupada, se había saltado la última clase para ir a verla y se encontraba de camino a su facultad. Chikane se puso los zapatos y se levantó. – Lo sé, eres la chica nueva de la clase, no olvidaré esto que hiciste por mí. Si necesitas algo no dudes en pedírmelo. Muchas gracias de nuevo – dijo Chikane y salió corriendo de la enfermería. Hoshiko se quedó sola, sintiéndose muy triste y enfadada al mismo tiempo. Minutos después, se acercó a la ventana y pudo ver a Chikane encontrándose con Himeko en los jardines. Podía reconocerla desde lejos, jamás olvidaría su rostro. Había tenido que esperar tanto tiempo para encontrar a Chikane, convencida de que ella la extrañaba también, pero, grande fue su decepción al ver que ambas jóvenes se tomaban de las manos y se iban a sentar debajo de un árbol grande para disfrutar de su almuerzo.

- El sol… el espantoso sol. Es también una estrella… y si es una simple estrella, está bajo mi sombra. Himemiya-san, yo haré que te alejes de ella. He venido a salvarte y a llevarte de regreso a casa - En esos instantes, una luz brillante envolvió el cuerpo de la joven y cuando se disipó, Hoshiko estaba vestida con un traje de sacerdotisa de color blanco y bordes tan verdes como sus ojos, sus cabellos se mecían graciosamente por el viento que entraba por la ventana, y unas lágrimas gruesas resbalaban por sus enrojecidas mejillas.

- Himemiya-san… ¿por qué no puedes recordarme? Es por su culpa… ¿verdad? – dijo la chica apretando tan fuerte las manos hasta que sus propias uñas la lastimaron. Odiaba a esa mujer de cabellos rubios, la odiaba con todo su corazón. Por su culpa Chikane había sufrido tanto, ya sea en su vida pasada como en la presente solo la adoraba a ella. Y, no estaba dispuesta a perderla de nuevo. Hoshiko apoyó una mano sobre el cristal de la ventana, manchándola levemente con la sangre de la herida que se había provocado. Volviendo la figura de Himeko en una sombra rojiza, dejando solo a la vista a su preciada diosa Lunar. Todas esas sonrisas y miradas amorosas pronto serían para ella, solo para ella. Himeko quedaría en el pasado y Chikane se daría cuenta que el poder que guardaba en su cuerpo era demasiado grande para mantenerlo oculto de esa manera.

Y, en los jardines de la universidad, Himeko no dejaba de contemplar a Chikane, preocupada por su estado de salud. Le había comprado el almuerzo y quería asegurarse de que se encontrara perfectamente antes de regresar a clases. Chikane le sonreía de tanto en tanto para convencerla de que se sentía mejor, pero, no podía quitarse de la cabeza aquella sensación extraña que le produjo aquella chica. Solo era una desconocida pero le había hablando como si la conociera de mucho antes. La joven de cabellos oscuros estuvo pensativa, siempre había llevado una vida normal y esto, hacía que se sintiera extraña.

- Chikane-chan ¿estás bien?

- Sí, perdona… solo estoy preocupada de atrasarme con las clases que perdí por ir a la enfermería ¿si? No es nada.

- Vale – respondió Himeko con voz apagada. Chikane por lo general siempre le contaba todo, pero, suponía que las cosas no siempre podían ser así. No podía hostigarla con preguntas a cada instante, ambas debían tener su espacio a pesar de vivir juntas. - Chikane-chan… te amo – dijo la joven antes de darle un beso rápido y luego se puso se pie. – Hoy regresaré temprano a casa y te haré algo delicioso para cenar. Ya debo irme –. Himeko se retiró en esos instantes mientras su novia, la contempló hasta que se perdió de vista.

Chikane se levantó del césped con una expresión de cansancio. Hace tres días que no dormía bien y su cuerpo empezaba a reclamarle. Pero, se animó con la idea de cenar algo preparado por Himeko, la joven había mejorado muchísimo en la cocina y realmente disfrutaba esos momentos con ella. Chikane suspiró, estaba completamente enamorada de la rubia, y estaba convencida que esos sentimientos jamás cambiarían. Pero, apenas avanzó unos pasos cuando se topó nuevamente con aquella pelirroja que empezaba a resultarle una verdadera molestia. Chikane quiso ignorarla, por su culpa no había podido regresar a clases y su presencia hacía que se sintiera muy inquieta. No deseaba ser descortés, pero no evitó poner una expresión molesta al ver como la chica se arrodillaba frente a ella. Chikane creó que había perdido la cabeza por completo.

- Himemiya-san… por favor recuérdeme. ¿La canción no fue suficiente? – dijo Hoshiko mirándola fijamente.

- No quiero problemas. Tengo muchas cosas que hacer y no tengo tiempo para estas cosas.

- ¡Yo las haré por ti!, ¡solo he venido a este mundo a ayudarte! ¡Haré todo lo que me ordenes!

- ¿Qué cosas estás diciendo?

- ¡Se lo ruego Himemiya-san!, ¡tan solo quiero permanecer a su lado! Sé que ahora no me reconoce, pero, lo hará luego y todo será como antes.

- Pensaría que te has equivocado de persona si es que no repitieras mi apellido a cada instante. Espera, no me digas que… ¿acaso te enviaron como acompañante? ¿Vienes por órdenes de la casa grande? – dijo Chikane frunciendo el ceño y cambiando el tono de su voz.

- Yo prometí estar siempre con usted Himemiya-san.

- No puedo creerlo. No he tenido doncella desde que estaba en la escuela. Esto me parece fuera de lugar y ridículo. Ya tengo diecinueve años y soy capaz de cuidarme a mí misma. Además, lamento decírtelo… estoy viviendo con alguien y no puedo aceptar tu compañía.

- ¡Himemiya-san! Espere, por favor…

Chikane se alejó del lugar con pasos acelerados. Tenía suficientes cosas en la cabeza como para preocuparse por algo tan trivial. Y, minutos después estaba con las narices metidas en el libro de administración que leía, siendo la única heredera de toda la fortuna de su familia, había aceptado seguir la carrera de administración de empresas para poder encargarse de todo en el futuro. No obstante, tenía otros planes junto a Himeko que no estaba dispuesta a cambiar por nada. Su princesa estaba en la facultad de arte. Había descubierto un gran talento para expresar sus emociones por medio de pinturas y fotografías. A Chikane le encantaba quedarse viéndola a través de los cristales que daban al salón de pintura. Himeko se veían tan profesional, silenciosa, concentrada en aquellos trazos que daba, que se olvidaba del mundo por completo. A su lado, llevaba una vida tranquila y espera que las cosas permanecieran así. La sola idea de que su familia le hubiese contratado a una doncella, la irritaba tanto, que evitó a Hoshiko durante toda la clase. Ella tendría que rendirse pronto, y sí en verdad iba a convertirse en su compañera de clases, entonces esperaba que se dedicase a sus estudios y la dejase en paz.

Y, una vez que terminaron las clases, Chikane fue la primera en salir. Prefería no hablar con nadie, porque ya podía escuchar los rumores de que la habían visto con la chica nueva en los jardines y no deseaba que esos chismes llegasen a oídos de Himeko. Le mandó un mensaje a Himeko avisándole que iría al supermercado a comprar algunas cosas para la cena. Pero, en todo el camino se sintió observaba y vigilada. En varias ocasiones volteó con la seguridad que encontraría al acosador, pero, no vio a nadie sospechoso. Chikane entró al supermercado y cogió un carrito, se paseó por los estantes mientras repasaba mentalmente las cosas que hacían falta en casa. Compró los cereales favoritos de Himeko, manzanas y fresas, un pack de leche, útiles de aseo y otras cosas que necesitaba para la semana. Realmente, le encantaba hacer las cosas por ella misma, había tenido que salir de la mansión para poder experimentar lo que era la verdadera vida y estaba muy feliz por ello. Pero, la molesta sensación de ser vigilada no se le quitaba. Solo decidió ignorarlo y colocándose los audífonos, encendió el reproductor de música y empezó a escuchar sus melodías favoritas.

Aquella noche tuvo una maravillosa cena con Himeko. Pero, después de comer la pobre rubia estaba tan agotada por las actividades del día que no evitó quedarse dormida sobre las piernas de Chikane mientras veían televisión. La morena la levantó en brazos, el cuerpo de Himeko era ligero y casi no pesaba, y la llevó a la cama donde le dio un beso en los labios, abrigándola para que no le entrara frío. Chikane apagó las luces de la sala y se dispuso a acompañarla en la cama, esperaba poder dormir aquella noche. Se desvistió y se puso el pijama, iba a recostarse al lado de Himeko cuando en eso… pudo escuchar a alguien entonando una canción. La voz provenía del exterior.

Una dulce melodía

reconfortará tu corazón

permite que mis palabras

curen cada herida

que ocasionó los rayos del sol

Somos diosas de la noche

nuestros cuerpos deslumbran

a pesar de la densa oscuridad

el cielo llora tu ausencia

porque te fuiste llevándote la felicidad

Y, abandonaste a una estrella

que sin ti no brillará más…

No podía equivocarse, era la misma canción que escuchó en la enfermería… ¿acaso era?, ¿podría ser? Chikane corrió hacia la ventana, buscando con la mirada cada rincón de la calle y no pudo ver a nadie. Sin embargo, podía escuchar aquella canción repitiéndose una y otra vez en su cabeza. Y, cuando regresó a la habitación, se sobresaltó al ver la imagen de Himeko con traje de sacerdotisa, estaba sangrando y parecía estar muerta sobre la cama. No pudo evitar reprimir un grito de terror, sus ojos estaban repletos de lágrimas. Se acercó lentamente, con pasos temblorosos hacia ella. La imagen se desvaneció cuando intentó tocarla. Himeko se había despertado y la miraba preocupada.

- ¿Chikane-chan? ¿Qué sucede?

- Himeko…

- Estás llorando, ¿Qué fue lo que pasó? – dijo la joven sujetando sus manos para que se sentara en la cama. Pronto, Chikane se recostó a su lado, abrazándola como nunca, respirando su aroma y sintiendo como se tranquilizaba poco a poco. No sabía que era lo que estaba sucediendo, pero, aquella noche lo único que le importaba era estar junto a Himeko. Abrazarla hasta que el sueño la venciera. Esa imagen de su princesa muerta había sido espantosa, tanto que, Chikane estaba aterrada. Himeko no le preguntó nada, estuvo acariciando su cabeza y cabellos suavemente hasta que se quedó dormida. Algo le estaba ocurriendo y Himeko lo sentía, esperaba que pronto Chikane se lo dijese. Por lo pronto, no se apartó de su lado toda la noche y durmió abrazada a ella.

Continuará…