Este fic en tres capítulos está dedicado a Lily Moonlight, que tanto me ha ayudado en la traducción de "No puedo decirte adiós" al inglés.

Los personajes no me pertenecen a mí, sino a los creadores de CSI NY.

Mi número 1

Capítulo 2

Nueva York, 13 de febrero de 2011.

Mac Taylor estaba satisfecho. Lindsay y él habían pasado una mañana completa en la Corte Penal, aguardando a declarar en un juicio por asesinato, pero sus testimonios habían sido tan sólidos y las pruebas tan concluyentes que el jurado sólo había necesitado quince minutos para emitir un veredicto de culpabilidad. Otra rata fuera de las calles durante el resto de su vida. Días como este hacían que su profesión mereciera la pena, a pesar de todo. Largas horas de trabajo para resolver los casos, dejar de lado casi todo con tal de descubrir y poner en evidencia la verdad… Renunciar incluso, en su caso, a una vida personal normal…

No quería pensar en eso. No, no quería. Porque, no hace tanto tiempo, llegó a pensar que podría conseguirlo. Lo tuvo al alcance de su mano. Una vida de pareja, alguien con quien compartir todo, lo bueno y lo malo que la vida les pudiera proporcionar… y él solito lo desbarató con su estrechez de miras, su tozudez… sus celos. Idiota, se decía a sí mismo cada vez que pensaba en ello.

Ahora, caminando por la acera nevada, se dio cuenta de que tenía hambre. Sonrió a Lindsay, que caminaba a su lado.

"Qué te parece si te invito a comer? Creo que es buena hora. Y después podemos ir a casa, no hay nada pendiente en el Laboratorio. En uno de los descansos he hablado con Danny y no ha habido ningún caso, todo está bajo control. Se ve que el mal tiempo ha dejado a los asesinos en casa…"

"Buena idea, ahora que lo dices sí que tomaría algo." Lindsay le sonrió. "Ver como condenan a un demonio siempre me da ganas de celebrarlo."

Entraron en un pequeño café donde también servían comidas, acogedor y caliente en aquel día gélido. Se sentaron en una mesa junto a la pared. Lindsay tuvo que retirar de su silla una revista juvenil que seguramente alguien había dejado olvidada. Consultaron la pequeña carta que estaba sobre la mesa e hicieron su pedido cuando la camarera se acercó. Mientras esperaban, Lindsay se fijó en la revista, que había quedado abierta sobre la mesa por la doble página central. Con letras rosas y profusión de rojos corazones, el titular decía: "Especial San Valentín: ¿Quién es el amor de tu vida?" Lindsay rió.

"Escucha, Mac, según esto, respondiendo a un test de… solo cinco preguntas puedes saber quién es el amor de tu vida, si es que tienes uno." Mac levantó las cejas en señal de incredulidad, con una media sonrisa en la boca.

"Primera pregunta: ¿Quién es tu número 1 en la marcación rápida de tu móvil?"

Lindsay se rió con ganas. "Vaya, qué desilusión se va a llevar Danny. Si, según este test infalible, tu número 1 es el amor de tu vida, el mío resulta que es el pediatra de Lucy… Puse su número ahí cuando me asusté tanto porque estuvo tan malita… y resultó que era la varicela… y después ahí se quedó."

La sonrisa de Mac se apagó en su boca, y en sus ojos. Su número 1 seguía siendo Stella. Aún cuando no habían hablado en exactamente… siete meses y veinte días, Stella seguía en su número 1, y ni se le había pasado por la cabeza borrar su número, o desplazarlo de ese lugar.

Lindsay seguía leyendo. "Segunda pregunta: Quién era tu número 1 el pasado San Valentín? Vaya, todo un año, eso sí es señal de amor definitivo, según este test. Claro, en la vida de cualquier adolescente, un año es una eternidad, eso es cierto."

Mac continuaba pensando, y ni siquiera prestó atención al resto de las preguntas. El año pasado y hacía… casi diez años que Stella estaba en su número 1. Y hasta que no fue demasiado tarde él no se había dado cuenta de que eso era una de las señales de que ella era el amor de su vida, ahora confirmado por una tonta revista juvenil.

Cuando acabaron su comida, Lindsay se despidió. Tomó un taxi para ir a recoger a Lucy en la guardería y disfrutar del resto del día con su hija. Mac decidió caminar, a pesar del frío.

De pronto, sintió el suave zumbido de su teléfono que indicaba un mensaje entrante. "No", pensó, "Un nuevo caso a estas horas, no". Miró la pantalla y sonrió al ver la identificación del remitente, Sid. ¿Ya se habría aburrido de Hawaii, que se dedicaba a mandar mensajes". Se dispuso a leer, sonriente, pero la sonrisa se le heló en los labios con más rapidez que la nieve lo estaba haciendo en las calles. Leyó el texto por segunda vez, esperando haber entendido mal.

Mac, he sabido que Stella está ingresada en el hospital St. Mary, en NO. Su médico es el Dr. Roberts. Yo iría, si fuera tú. Sid.

Inmediatamente, pulsó el botón de llamada al número del que procedía el mensaje. Pero saltó el buzón de voz. Sid no estaba disponible. "¡Maldita sea, Sid! ¡No me hagas esto!", masculló entre dientes. Volvió a llamar, pero era evidente que Sid tenía su teléfono desconectado.

Se había parado en medio de la acera y la gente chocaba con él, todo el mundo atento a la nieve del suelo, intentando no resbalar.

Mac paró el primer taxi que vio y se dirigió a su casa. De camino, llamó a Danny y le encargó que se pusiera al frente del laboratorio en los próximos días porque él tenía que ausentarse. Asuntos personales. Llamó también al Jefe Sinclair y le dejó recado a su secretaria, pues Sinclair no estaba. Mejor. Se tomaba unos días por asuntos familiares. Nada grave. Esperaba que Sinclair no tuviera ninguna objeción, y si la tenía, le daba igual. Con la cantidad de días de vacaciones acumulados podía estar varios meses sin trabajar, si quisiera reclamarlos. Su mente volvió al mensaje ¿Stella ingresada en un hospital? ¿Herida en algún caso, enferma? La cabeza le iba a estallar mientras preparaba una bolsa con lo básico para pasar fuera unos días. Tardó unos pocos minutos. Bajó de nuevo a la calle y pronto estaba en otro taxi camino del aeropuerto. Una vez allí vería cómo podía llegar a Nueva Orleans, no quería entretenerse en buscar billete con anterioridad.

Tuvo suerte y encontró una plaza de última hora en el avión a punto de salir hacia Nueva Orleans. De hecho fue admitido porque solo llevaba equipaje de mano, pues la facturación estaba ya cerrada y se estaba haciendo la última llamada a los pasajeros. Cuando se vio sentado en su plaza, con el cinturón abrochado y despegando, respiró hondo para intentar calmarse.

Tres horas y media después, su avión aterrizaba sin sobresaltos en el Aeropuerto Internacional Louis Armstrong de Nueva Orleans. Consultó en los marcadores del vestíbulo de salida la hora local. Eran casi las nueve de la noche, una hora menos que la hora de Nueva York, la que mostraba su reloj. No podía disimular su impaciencia mientras aguardaba una larga cola para tomar un taxi. Finalmente, llegó su turno y pidió al conductor que le llevase al hospital St. Mary. Mac no sabía la dirección, pero el conductor lo conocía. Le informó que le trayecto duraría una media hora, con el tráfico normal a esa hora. Mac se relajó un poco antes de llegar a enfrentarse con... ¿Qué? ¿Cómo estaría Stella? ¿Peligraba su vida? Intentaba calmarse, pero su mente era un torbellino de preguntas. Tan pronto se decía que si fuera muy grave le habrían avisado, como recordaba las últimas palabras que Stella y él habían cruzado, tan duras, y que finalizaron con un "Si te vas ahora, no quiero saber más de ti" del que Mac se arrepintió en el mismo momento de haberlo pronunciado. Pero Stella no le dio tiempo a rectificar. Se fue. Dejó Nueva York y le dejó a él, definitivamente. No había sabido nada de ella desde entonces.

Continuará.