Vale, esta vez os doy permiso para que me matéis xD Lamento de veras haber tardado tanto en actualizar (llevo 3 semanas sin hacerlo en cualquiera de mis fics) pero además de falta de inspiración, he estado de exámenes y me fui a Italia unos días, así que tampoco ha habido mucho tiempo. Bueno, pues no os molesto más ya, ¡espero que os guste el capítulo!
Uzumaki-neechan: wiii^^ volví por fin xD Me alegro de que te animes a seguir este fic aunque no te guste mucho X. Drake, espero que a pesar de todo te guste :) La magia... bueno, dejaré que eso se explique conforme avanza la historia ;) ¡gracias!
Minxita1104: bien, ya somos dos que adoramos la magia ^^ síii, es que los niños pequeños son taaaan... ^^ me encantan xD ¡Gracias!
Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.
- Diálogos.
"Pensamientos"
Memorias/Flash backs/Sueños
Canciones
"Libros/Escrito"
Capítulo 1: Inocencia
Drake se acuclilló al lado de la pequeña que permanecía mirándole con una brillante sonrisa en el rostro. Fijando su mirada en los ojos de ella, le tendió una mano a modo de saludo que ella, tímida y desconcertada, tardó más de la cuenta antes de responder al estrechón de manos de aquel extraño caballero.
Finalmente, la curiosidad de la niña pudo más que cualquier cordialidad puesto que aún era muy pequeña. Alzándose de puntillas sobre el suelo, levantó el brazo y dio varios golpecitos al pico del sombrero que semicubría el rostro del capitán pirata, quien sonrió de medio lado mientras detenía a la pequeña al ponerse de pie de nuevo. La miró con suavidad, pero exigiendo una respuesta.
- ¿Conoces a esa joven, pequeña? - Dijo haciendo referencia a la muchacha rubia que había desaparecido calle abajo poco antes.
La niña asintió aún con la vista perdida en su sombrero.
- Es amiga mía, me trajo de vuelta a casa.
- ¿Sabes dónde puedo encontrarla?
La niña finalmente dejó de mirar su sombrero y siguió con pequeños brincos el vuelo de una mariposa que se cruzó en su campo de mirada. Drake esperó pacientemente hasta que ella cayó al suelo de rodillas y mientras se limpiaba las manitas arañadas de tierra le miró con una dulce sonrisa.
- Vendrá luego a buscarme, me va a llevar al parque de atracciones.
- ¿Así que va a venir?
La pequeña asintió y corrió hacia su madre, que la había salido a buscar al exterior de la vivienda ahora que el peligro parecía haber pasado. Compartió una larga mirada con los piratas antes de que la niña llegase a sus brazos. Cuando la pequeña entró al edificio, la mujer se dirigió a Drake con total sinceridad.
- Esa joven es una buena persona. Hace lo que muchos no tenemos el valor de hacer. No le causéis problemas – murmuró con frialdad.
- Es evidente que le debes mucho. ¿Quién es?
- Ella salvó a mi hija de permanecer como esclava de por vida, y de no haber sido por ella también que muchos otras personas habrían permanecido con collares explosivos al cuello por toda su vida. No ha hecho nada malo, aunque la Marina lo considere ilegal.
- Pero la Marina no sabe quién es ella, ¿verdad? Por eso protegéis tanto su identidad, para seguir aprovechándoos de sus servicios – dijo Drake mirando de reojo las miradas sombrías que otras familias le lanzaban desde las ventanas de las casas.
- Así es. Puede que sea una mercenaria, pero hace por nosotros lo que el Gobierno Mundial no. Ahora largaos, ya hemos tenido suficientes problemas por hoy.
Sin esperar una contestación por parte del capitán, la mujer se encerró bajo seguro en el interior de su casa, no sin antes asegurarse por la mirilla de la puerta que el grupo de piratas abandonaba la calle. Finalmente se dirigió al Den-Den Mushi y marcó un determinado número. Esperó varios toques hasta que una voz masculina contestó.
- ¿Sí?
- El pago está hecho – murmuró la mujer. Dudó varios segundos antes de agregar un último… –. Da las gracias a Siren de mi parte.
- Claro.
El hombre colgó en su lado de la línea y permaneció pensativo con una siniestra sonrisa mirando a su compañera rubia.
- ¿Y bien? – Inquirió ella antes de darle un pequeño sorbo a su vaso de whisky.
- Te felicitan una vez más. Espero que tu fama no llegue a oídos del Gobierno, Siren, o tendrás serios problemas.
- Yo sólo hago los trabajos que tú me encargas. Mientras no pueda pagarme la libertad, Matt, tengo que obedecerte. Mide tú las consecuencias de tus pedidos.
- Ya lo creo que tienes que obedecerme – dijo él sonriente.
Dejando el vaso con cierta brusquedad sobre la barra, la joven de ojos azules se levantó del taburete y se dirigió a la puerta de la taberna, dispuesta a marcharse.
- ¿A dónde crees que vas?
- Me he ganado la tarde libre – respondió ella mientras la puerta se cerraba a sus espaldas.
Matt siguió su energía mágica hasta que desapareció de su alcance, y después sacó un libro de debajo de la barra y comenzó a repasar los conjuros de los diferentes niveles de magia. Señaló uno con el dedo y miró la estela que había dejado su compañera antes de salir.
"Tal vez esté perdiendo práctica contigo, Siren. Pero no me resignaré a perderte del todo. Nunca lo he hecho..." y cerrando el libro de golpe, escuchó que la puerta se habría de nuevo y nuevos clientes entraban por ella.
- Capitán... ¿Qué estamos haciendo aquí?
- Quiero conocer a esa chica, Jason.
- Pero la mujer dijo que no le buscásemos problemas.
- ¿Desde cuándo obedecemos órdenes ajenas? Sólo quiero hablar con ella.
Ambos piratas se encontraban sentados en un banco junto a una fuente, en pleno centro del parque de atracciones. Se les veía tranquilos a simple vista y ello se debía principalmente a que sabían que debido a gran guerra que estaba por comenzar en Marineford, no habría muchos marines por la zona, lo que les evitaba problemas.
Y parecía que aquello también afectaba a las acciones del resto de habitantes del archipiélago. No muchos eran los que sabiendo que la Marina estaba ocupada salían de sus casas con los Supernovas visitando el lugar. Hasta donde Drake y sus hombres sabían, únicamente Monkey D. Luffy y los suyos eran los que habían abandonado el archipiélago, y no voluntariamente que se dijese.
Pero aparte de aquello, todo lo demás era normal. Los niños que allí estaban se mostraban emocionados ante tantas y tan variadas atracciones y los padres miraban con preocupación sus carteras, cada vez más desprovistas de dinero.
Todo era normal.
Incluso de vez en cuando algunos niños se paraban a mirar su aspecto, comentando entre risas vergonzosas y asombradas miradas que parecían mosqueteros. Drake no pudo evitar sonreír de medio lado al tercer grupo de chavales que se les quedaron mirando con expresión embobada.
- Capitán - murmuró el hombre que se sentaba a su lado, su primer hombre -. Creo que así sólo llamamos la atención. El recubrimiento del barco pronto estará listo, podemos ir zarpando al Nuevo Mundo.
- No. La guerra entre la Marina y los piratas de Barbablanca está a punto de comenzar, la seguiremos en directo desde aquí. De todas formas... - murmuró el capitán mientras su aguda mirada se entraba en dos figuras conocidas - puedes volver al barco e informar a los chicos de que la situación se ha relajado. Yo ya tengo algo que hacer.
El hombre de sombrero negro, cabello largo castaño hasta los hombros, y ataviado con una larga capa beige se levantó asintiendo a su capitán con expresión calmada.
- Como quiera, tenga cuidado por favor.
Jason abandonó el lugar con paso tranquilo mientras su capitán se incorporaba y comenzaba su andanza de ritmo reposado hacia la cola de espera de subida a la noria. El capitán pirata observó con interés más que evidente todas y cada una de las acciones de aquellas dos personas.
Una era la niña que ya había conocido horas antes en la calle, y la otra era la joven que le había curado la mejilla. Ahora que la veía, memorizó en su mente cada uno de sus rasgos: sus brillantes ojos azules, su cabello rubio y ligeramente ondulado, su cuerpo delgado pero fibroso, trabajado físicamente, y su piel de aspecto suave levemente bronceada al sol. La joven acababa de sentarse sonriente mientras la niña corría de un lado para otro señalado unos pequeños globos o los enormes peluches que se vendían en puestos cercanos. Iba vestida con un ligero vestido blanco de aspecto juvenil, el típico vestido de playa que le llegaba hasta las rodillas y dejaba sus hombros al aire bajo dos finos tirantes. Lo complementaba únicamente con una bandolera de aspecto ligero de la que no quitaba nunca una mano de encima, pero lo que más llamó la atención del pirata fue el tatuaje que adornaba su muñeca ya que no parecía ni pirata ni una persona de las que se harían algo así voluntariamente. Aunque no era como si su físico fuese lo que más le importase. Cuando estuvo a pocos metros de ellas, la pequeña, que vestía ahora un elegante vestido azul, tiró del brazo de la mayor arrastrándola a la cabeza de la cola que esperaba subir a la noria, juntándose con otro grupo de niños que parecían ser sus amigos.
El capitán X. Drake aprovechó la oportunidad de acercarse a hablar con la joven cuando los pequeños se subieron en una cabina por su cuenta y ella iba a subir sola en otra que les seguía.
La joven no dio señales de sentirse ni incómoda ni nerviosa en su presencia, permaneció mirando el paisaje en absoluto silencio mientras él le exigía en silencio una explicación. Por fortuna, ella acabó respondiendo antes de que quedasen parados en el aire por primera vez.
- ¿Qué quieres, pirata?
¿Que qué quería? Vale, aquella no era la "respuesta" esperada, sino más bien era algo que abría nuevos interrogantes a su larga lista de preguntas. Cruzó su mirada con la que ella le dirigía de reojo.
- ¿Qué quieres tú? - Contestó Drake con calma.
Ella sonrió pero no dijo nada. Por algún motivo, aquella reacción le provocó querer saber la respuesta, pero supo preservar su curiosidad con respecto a aquellos temas tan aparentemente banales en aquella situación.
- Qué hiciste en mi mejilla - volvió a insistir.
- Curarla.
- Cómo.
- ¿Importa realmente? - Murmuró ella mirando el tatuaje de su mano.
- A mí sí me importa.
La joven suspiró y le encaró de frente por primera vez.
- Te curé y eso es lo importante. ¿No te basta con eso?
- No cuando hubo más que eso.
La noria volvió a moverse, provocando que su cabina quedase suspendida en lo más alto de la atracción. Ella suspiró y acarició el cristal de la ventana con uno de sus dedos.
- No hay por qué sacar una montaña de un grano de arena, X. Drake. Tengo aptitudes especiales que me permitieron ayudarte, eso fue todo.
El movimiento de la noria volvió a cesar y quedaron parados poco después del punto más alto. No era una situación agradable, pero ninguno parecía en absoluto incómodo, sino más bien atento, estudioso y curioso de lo que haría el otro.
Para cuando finalmente la noria comenzó a moverse de nuevo, ambos se habían estudiado al detalle. Ella parecía más relajada y se permitió sentarse frente a él en absoluta calma.
- ¿Qué significado tiene esa enorme X que tienes tatuada en el pecho?
- Es un número romano, el número 10.
- Aah... Me gusta - sonrió dulcemente.
Drake observaba sus gestos con una ceja alzada y una media sonrisa.
- Aún eres una niña. ¿Por qué robas esclavos?
- Porque alguien tiene que hacerlo.
- ¿Quién te lo pide?
- Los clientes.
- ¿Y ya está? ¿Sólo por eso?
- ¿Qué más esperabas? - Preguntó ella con una sonrisa.
- Un motivo más... profundo.
- Lamento desilusionarte.
- En absoluto, eso despierta mi curiosidad, señorita...
- Siren - se presentó la joven.
- Siren - reafirmó él -. ¿Qué clase de aptitudes tienes?
- Especiales - respondió ella encogiéndose de hombros mientras su cabina de la noria se aproximaba al suelo.
La joven observó a la pequeña niña salir de la cabina anterior a la suya y comenzar a correr hacia su madre, que había ido a recogerla. La mujer se despidió con un breve gesto y se alejó con la niña cogida fuertemente de su mano. Siren suspiró. Ahora sí que por fin podía tener la tarde libre.
Salió de la cabina en compañía del apuesto hombre de rostro serio y mentón prominente que permanecía sumido en profundas reflexiones. Le recordaba de la batalla entre Urouge y Killer y de la batalla contra el Almirante Kizaru. Sin duda era atractivo, pero aún no le había dicho qué quería de ella, únicamente se había molestado en encontrarla allí en el parque de atracciones para estudiarla mientras hablaban de tonterías. ¿Habría algo de interés tras todo aquello o sería meramente curiosidad? Le dirigió otra mirada mientras caminaban en silencio hacia la salida del parque y descubrió sonrojándose que él la estaba mirando.
- Dime, Siren, ¿te gustaría unirte a mi tripulación?
Su corazón dio un vuelco y detuvo sus pasos mientras sentía pulsaciones procedentes del libro de hechizos que llevaba en la mochila, pulsaciones que respondían a su propia sorpresa. Le miró de frente intentando averiguar si iba en serio o no, pero no encontró rastro de duda en la mirada de él.
- Me encantaría, pero no puedo. Lo siento - se disculpó.
- ¿Qué te lo impide?
Siren se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria.
- Matt - fue todo lo que dijo antes de desaparecer entre la gente.
X. Drake la siguió con la mirada hasta que la joven desapareció por completo. ¿Había sido su imaginación o realmente la joven había deseado decirle que sí incluso sin conocerle? Frunció levemente en ceño y torció la boca en un claro gesto de desagrado. Fuese como fuese, esas "aptitudes especiales" le eran interesantes y útiles, y como pirata que era, haría lo imposible para tenerlas de su parte.
Sólo le quedaba un aparente obstáculo: ¿quién demonios era Matt?
El pulso de Siren aún latía acelerado cuando se dejó caer sobre su cama, en la otra punta del archipiélago, con un gran suspiro. ¿Acaso estaba loca? "Me encantaría" le había dicho. Demonios, si tan sólo lo hubiese pensado mejor...
La joven se tapó los ojos con una mano mientras respiraba agitadamente, agobiada. Se mordió el labio inferior. Realmente, nunca se había dado cuenta como hasta aquel momento de cuánto ansiaba salir de aquel archipiélago y vivir su propia vida. No recordaba nada de antes de que Matt la comprase como esclava, por lo que nunca había pensado en cómo sería otra forma de vida diferente, hasta que vio el mar por primera vez desde un barco. Le había parecido tan... hermoso, inmenso y grandioso... tal vez por ello había querido aceptar su oportunidad de ir con aquel pirata pero... Matt. Matt, Matt, Matt. Él no la dejaría marchar. Aún le debía más de la mitad de lo que él pagó por ella.
Suspiró mirando al techo con tristeza, deseando poder marcharse de allí. Cada vez que pensaba en eso, el rostro del capitán X. Drake se aparecía en sus pensamientos con aspecto serio. ¿Sería él su salvación? ¿Acaso marcaría él la diferencia en su vida?
Una pequeña sonrisa esperanzada se dibujó en sus labios, pero fue interrumpida por un brusco y molesto sonido proveniente del Den Den Mushi. Se levantó con la mirada cubierta por su flequillo asimétrico y descolgó el auricular con cierta brusquedad, sabiendo a quién se encontraría al otro lado del caracol.
- Te dije que me tomaría la tarde libre.
- Cambio de planes, Siren. Aquí hay alguien que quiere verte.
- ¿Qué estás diciendo? ¡No voy a trabajar a estas horas!
- No es por trabajo. Ven cuanto antes - y Matt colgó en su lado de la línea.
Siren apretó los dientes con frustración y tomó su bolsa con brusquedad mientras sacaba de su interior el libro de hechizos.
Buscó con uno de sus finos dedos a lo largo de una determinada página y se detuvo sobre un conjuro en concreto. Abriendo la mano sobre el libro, la magia comenzó a producirse, iluminando toda la habitación a su alrededor.
- Rel Por - sentenció con voz neutra, y acto seguido, un rayo de luz incidió sobre su cuerpo para hacerla desaparecer de allí con un fogonazo de brillante luz.
Apareció con un pequeño resplandor en el interior de la taberna de su jefe con cara de pocos amigos y guardó el libro mágico en su bolsa de nuevo antes de alzar la voz por encima de las voces de los piratas que bebían ajenos a su presencia.
- Qué quieres ahora, Matt.
El hombre permanecía serio y no la miraba a ella, sino a algún punto fijo en la mesa de la esquina, en plena pregunta.
- Siren, te presento a tu nuevo dueño.
La joven palideció y siguió su línea de visión fijamente antes de encontrarse con la mirada de aquel que era su nuevo "amo", aquel al que Matt acababa de venderla como quien vende cebada o comida. Su corazón dio un vuelco y las piernas estuvieron a punto de fallarle.
Ante su reacción, aquel que se escondía en la penumbra sonrió de medio lado. Ya estaba hecho.
Continuará...
