Quiero agradecer a todos los lectores que hallan pasado por esta historia, dejando o no comentario :)
Estaba más nerviosa de lo que iba admitir en toda su vida, sin embargo encontraba consuelo en el nerviosismo del chico junto a ella. Caminaban por las calles oscuras de su barrio, conversando de forma aparentemente tranquila. Si se detenía a pensarlo seriamente, había sido una acción bastante imprudente. Después de todo, era pasada la medianoche y el cielo se encontraba totalmente nublado. Siendo la única luz que los guiaba era la de los faroles, que si no estaban rotos, estaban cerca. Cualquier persona podría atacarlos ahora y nadie se enteraría del porqué de su desaparición.
Miró de reojo como Takeda acercaba muy, tal vez demasiado, disimuladamente su mano a la de ella. Sonrió de lado ante el inocente complejo del chico y sin pensarlo se la tomo. Su sonrisa no pudo ser disimulada al ver como el muchacho se sonrojaba. Sin embargo tampoco podía negar que ella también tenía los cachetes colorados.
Ignorando los evidentes sonrojos y tratando de continuar la charla, avanzaron hasta el edificio donde vivía. Frente a las puertas de vidrio se soltaron y lo único que pudo hacer, fue bajar la mirada. Era una actitud muy por afuera de su personalidad, ella no se sonrojaba, ni sonreía cohibida, siquiera le interesaban esas cosas cursis. Pero las cosas con el morocho eran totalmente diferentes y eso, de alguna forma, la aterrorizaba.
-Bueno- dijo Takeda llevando una de sus manos a su nuca en un claro gesto de nerviosismo- hasta acá viene mi compañía.
Considero no contestarle, solo saludarlo con la mano o si se atrevía a ser osada, darle un beso en la mejilla. Hubiera deseado desdoblarse para poder darse un golpe en la nuca y así salir de ese estúpido estado.
Takeda hizo un paso en su dirección, y le tomó nuevamente la mano derecha. Sorprendida alzo la vista y por un momento se sintió desorientada. El chico posó lentamente sus labios sobre los de ella en forma casi imperceptible. Luego de unos segundo pasó sus brazos por atrás de la nuca del muchacho profundizando un poco más el beso.
Con firmeza pero con la gracia característica de la otra persona, fue empujada contra la pared. Una sonrisa maliciosa y unos movimientos absurdamente sensuales, fueron suficiente para que sus brazos no la dejen escapar. Una de las manos que estaba polladas a la altura de su cabeza la tomó de la cintura y el otro cuerpo se amoldo sin dificultad, ni resistencia, sobre el de ella.
Un magnetismo casi insoportable o, tal vez, el reflejo de un burdo instinto animal, la fosó a lanzarse hacia la otra boca. Nunca alcanzó su cometido, porque cuando estaba por tocar los deseados labios, estos se alejaron sin previo aviso. Frunció el ceño y procurando dejar en claro la molestia que estaba sintiendo, dejó caer la cabeza contra la pared.
-No hagas eso- recriminó con voz más ronca de la normal- sabes que me molesta
Como respuesta solo recibió una sonrisa cargada de satisfacción, que hizo que se sintiera aún más molesta ¿Quién se creía? Le iba a borrar ese gesto de la cara. Con un paso decidido se acercó, le tomo la cara y sello sus labios.
Exaltada se separó con brusquedad y retrocedió hasta que sintió la puerta contra su espalda. El morocho la mirada asombrado, con la respiración tan agitada como la de ella. Una sonrisa embobada se dibujó sobre los otros labios y ella contestó el gesto con una dificultad que no unos minutos antes no hubiera esperado.
Realmente no recordaba con detalles como fue que llego al ascensor, sabias que Takeda la había despedido diciéndole que se iba a comunicar con ella en algún momento de la semana. Trató de permanecer atenta a lo que el muchacho le decía, pero su mente le rogaba analizar los sucesos que acababan de ocurrir ¿Podría estar enloqueciendo a su tan corta edad?
El sonido que le anunciaba la llegada al el piso donde su departamento se encontraba, la saco de sus cavilaciones. Cuando abrió espero que su cachorro viniera a saludarla, pero eso nunca ocurrió. Preocupada se adentró en la oscura habitación haciendo más ruido del necesario, tal vez Duran no la había escuchado.
-Duran ¿Dónde estas?- lo llamó al ver que el animal no aparecía- no estarás haciendo macana en el baño de nuevo ¿No?
No recibió respuesta alguna y por ende decidió recorrer la casa, no era normal que su cachorro no respondiera a un reproche como ese. Pero cuando estaba por incursionarse por el pasillo que llevaba al baño, sintió una presencia a su espalda.
Antes que pudiera darse vuelta, un brazo pasó por su cuello y presionó firmemente sobre el lugar. Como auto reflejo llevó sus manos hacia el brazo y con fuerza trató de apartarlo, pero no logró que se moviera ni un centímetro. Entre la confusión, la desesperación y la falta de aire comenzó a desmayarse.
-No te esfuerces- susurró divertida una voz en su oído-nuestra es misión es llevar tu cuerpo y de eso me encargo yo
Al borde de la inconsciencia realizó un movimiento que no sabía que era capaz de hacer. Con rapidez giró la parte superior de su torso y se inclinó hacia adelante. La persona que estaba a su espalda perdió el equilibrio cayendo en dirección a su repentino movimiento. Acompañada por el envión inicial, dio media vuelta sobre si misma, posó su mano firmemente sobre el cuello de la persona cayendo y la empujo contra el piso con más fuerza que la que esperaba.
El silencio de la noche que anteriormente había sido perturbado por su jadeo, ahora había sido roto por un crujido. Con la mano sobre el cuello del hombre en el piso, vio como el suelo del departamento comenzaba tintarse de rojo. Atónita se alejó del cuerpo e inconscientemente comenzó a retroceder mirándose las manos ensangrentadas.
Escuchó un grito desesperado y la furia que venía conteniendo casi sin éxito termino de escapar. Justo después de doblar la esquina acelero la velocidad de sus pasos. Pudo escuchar en un murmullo como sus dos escoltas le decían que estaba haciendo algo demasiado arriesgado. Lo sabía, sabía que no debía dejarse llevar por sus emociones, pero sus sentidos solamente se concentraban en el doloroso lamento que cada vez lo escuchaba más cerca.
Los corredores a su alrededor se encontraban totalmente vacíos, carente de vigilancia alguna. Lo que le pareció realmente extraño, evidentemente los lideres no esperaban que llegaran tan lejos. Rodo los ojos, eso era subestimarlas.
-Dime donde esta- dijo el carcelero con autoritarismo en la voz
-No
-Ah, ¿no?- esta vez la voz sonó cargada de regocijo.
Lo siguiente que escuchó fue el sonido característico que hace algo que es movido a gran velocidad, cortando el aire e impactando contra algo. Un grito lleno de dolor retumbó entre los oscuros pasillos apenas iluminados por antorchas.
Sin esperar ni un segundo más, pateo la putrefacta puerta frente suyo, abriéndola violentamente. El cuarto era pequeño, oscuro y carecía de amueblacion alguna, salvo por los grilletes que colgaban en las paredes. Un inmundo olor a humedad emanaba de sus paredes probablemente llenas de musgo, le invadió el olfato, trayéndola de nuevo a la realidad.
Frente suyo, un hombre con el doble de masa corporal que el de ella la estaba enfrentando. Sorprendido, pero con una determinación digna de un recluta principiante todavía fiel a su misión. En otro momento hubiera sonreído ante tal muestra de valentía y nobleza, pero no estaba en condiciones de hacerlo. Menos lo estuvo cuando su atención se centró en la persona que estaba encadenada a la pared detrás de ese hombre.
El cuerpo se encontraba derrumbado sobre sí mismo, lo que implicaba que había caído en la inconciencia por la cantidad de dolor infligida sobre él. Podía ver marcas y moretones en los espacios que sus rasgadas vestiduras mostraban un trozo de la blanquecina piel. Con facilidad podía distinguir la sangre seca sobre la cabellera. ¿Cómo se osaba en hacer algo así? ¿Qué haría ella si moría? Con solo tratar de imaginarlo podía sentir como su pecho era presionado por el dolor. La ira que se había esfumado al ver al hombre volvió a invadirla y esta vez con aun más fuerza
Aparentemente se había distraído más de lo que creía porque cuando su atención se posó ante el soldado el hombre se encontraba ondeando un látigo hacia donde ella se encontraba. Segada por las emociones invoco su elemento y esquivó el ataque. A gran velocidad se movió junto al atacante y apoyó el cañón de su pistola sobre la cien del hombre.
-Hijo de puta- gruñó- has cometido el peor error de tu vida
Sin dejar que el soldado rogara por su vida o tratara de dar pelea, gatilló. El sonido que hace la bala al ser despedida del arma resonó en todo el lugar. Cuando notó el cuerpo cayendo pesadamente sobre el mugroso piso, fue sacada totalmente de su vengativo trance. Anonadada se miró las manos llenas de sangre y comenzó a temblar. Esa era la primera vez que sus manos se teñían de rojo de esa forma y no podía negar, que había disfrutado de su venganza
Por primera vez en su vida había roto una promesa, había actuado en contra de sus ideales. Siempre había jurado que no recurriría a esa instinto tan natural característico de ellos. Las náuseas la invadieron, ahora definitivamente era un monstruo y nadie se lo podía negar. Ni la persona que permanecía inconsciente frente a ella. Tampoco es que lo fuera hacer, dios sabía que le otro ser podía ser aún más monstruoso que ella.
Comenzó a retroceder perturbada por todas las cosas que corrían alrededor de su cabeza. Al chocar su cuerpo contra la pared se sobresaltó. Por impulso tomó un paraguas que casualmente se encontraba apoyado junto a la puerta de entrada y concentró toda su atención a su entorno. El hombre que estaba muerto a un par de metros de distancia había hablado en plural. Por ende había por lo menos una persona más en su departamento.
-¿Crees que con eso me vas hacer algo?- preguntó divertida una voz- me estas subestimando
Antes que pudiera girar hacia donde la melódica voz había provenido un puño impactó contra su rostro haciéndole caer contra el piso. Una mujer se materializó frente suyo y antes que pudiera reaccionar la levantó del cuello. Evidentemente estas personas tenían una fascinación poco disimulada por ahorcar. Estaba segura que esta vez no había forma de zafarse, salvo que su cuerpo reaccionara por si solo como la vuelta anterior, pero lo dudaba. Estaba cansada, la cabeza le dolía demasiado como para poder reaccionar o siquiera querer.
La sonrisa de la mujer crecía a medida que el aire abandonaba sus pulmones. Cuando consideró arrepentirse por todas esas malas cosas que había hecho en su vida, un sonido bastante asqueroso la trajo nuevamente a la conciencia. La asesina torció y ahora no solo tenía las manos manchadas con sangre sino que también la cara. Con horror vio como un profundo tajo se abría en la garganta de la otra mujer. El cuerpo se desplomó totalmente sobre ella, haciendo que se petrificara. Cayó de rodillas al piso a causa del peso muerto sobre ella y del casi insoportable dolor de cabeza.
Lo siguiente que pasó fue tan rápido que no fue capaz de procesarlo, el cuerpo fue sacado de encima y de alguna forma que no reconocía sus manos estaban siendo sujetadas tras su espalda. Frente suyo se alzaba una figura totalmente cubierta por una capa y una capucha. Trato de zafarse del agarre que la obligaba a mantenerse de rodillas con la cabeza baja.
-Tranquila cachorrita- la voz de la persona a su espalda resonó en sus oídos- no vamos a hacerte daño- aseguró - siempre quise vivir esta situación- dijo divertida
Las manos fueron remplazadas por un extraño material que cumplía la función de esposas. Dejó escapar un suspiro al sentir como el agarra, de alguna forma, se aflojaba. Sintió como la mujer dejaba su posición tras de ella y comenzaba a moverse hacia algún lado del departamento.
-Interesante- la voz del hombre no aprecia sorprendida- dios que desorden- comentó acercándose a los cuerpos tirados en el piso.
-Por eso este tipo de trabajo lo tiene que hacer uno- comentó la mujer parándose junto a la otra figura
-Vamos a tener que pedirle a Yamada y Sergey que se hagan cargo de esto
-Ahora me pregunto yo- comenzó la mujer agachándose junto a los cuerpos para luego inspeccionarlos- que tan idiota eran esos dos como para tratar de matarla- dijo parándose y guardando algunas cosas detrás de su capa- eso es total suicidio y no solo hablo por su reacción.
Era bastante frustrante escuchar hablar de ella como si no estuviera en el lugar. Y le molestaba aún más que hablaran como si la conocieran de toda la vida. Pero el cansancio y el dolor de cabeza, ahora nauseabundo, le impedían emitir palabra alguna. Tal vez, pensó, lo mejor era mantenerse callada y observar lo que mejor pudiese la situación.
La mujer se aproximó hacia el lugar que podría ser considerado como el living y tomo asiento en uno de los sillones. Ella utilizaba unas vestimentas similares a las del asesino, pero de color rojo y a pesar de tener el rostro cubierto, era consiente que la estaba vigilando atentamente desde su posición. El encapuchado tomo asiento junto ella. De uno de sus bolsillos extrajo un estuche de terciopelo, de color negro y con decoraciones en dorado. La posó sobre la mesa ratona frente a ellos y lo abrió, extrayendo una ampolla una jeringa.
-Puede que haya olvidado mencionarle a dos asesinos que tenían que traerla con vida- comentó tomando los artefactos sobre la mesa
-¿A qué se debe ese pequeño error?-Preguntó la otra posando sus pies sobre la mesa
-A que estaban generando demasiado revuelo entre las tropas- contestó con simpleza mientras extraía el líquido de la ampolla- lo que menos necesitamos ahora es que nuestras filas se revelen contra nosotros, así que pensé en matar dos pájaros de un tiro.
-Sos un genio Kanzaki- exclamó divertida- Viola estaría tan orgullosa de vos como yo
-Aprendo de las mejores ¿no?- contestó con tono jovial el hombre.
Lo único que recibió como respuesta fue una limpia carcajada que retumbo en su cabeza por unos segundos. El hombre controlaba que la jeringa no tuviera aire mientras la otra lo observaba con la cabeza apoyada en una de sus manos. El perturbadoramente familiar silencio que los envolvía fue roto por el sonido de un celular. La mujer sacó rápidamente el móvil de entre su capa y lo atendió.
-¿Qué pasa Tokiha?- dijo la mujer con un tono profesional- si, si, ya bajamos- contestó mirando hacia donde me encontraba- antes que me olvide, puso la resistencia que esperábamos- se interrumpió- exacto, eso- afirmó- bueno, dale, después de la enfermería vamos a tu casa- contestó ahora con un tono mucho más relajado- ok, chau- colgó y volvió a guardar el móvil entre su ropa-¿Qué?- preguntó molesta.
-Nada, nada- contestó divertido el muchacho mientras se levantaba
-¿Qué es lo que sabes?
-Muchas cosas- dijo divertido- pero no puedo hablar de ellas- hizo un gesto con la mano- lo que veo ahora, mañana puede no estar, además…¿Qué gracia tendrá si les cuento todo?
-Maldito lector- gruñó la mujer- Termina con esto Kanzaki tengo ganas de comer ramen.
-Ni que fueras mi hermana- dijo comenzando a acercarse hacia donde se encontraba
-Sigo sin entender
Como una de las pocas veces en su vida bajó la cabeza, dispuesta a aceptar su final. La firme mano en su brazo se sintió cálida y por un momento consideró que morir era lo mejor que le podía pasar.
No me odien, pero después de ver el anime, siempre tuve la sensación de que era mas probable que ocurriera Takeda/Natsuki que Shizuru/Natsuki y eso que ellas son mi pareja favorita.
Espero sus comentarios.
