Muy buenas a todos :D AL FIN, da comienzo la historia. Espero les guste, GOZENLO. Y no olviden comentar ;D

Habían pasado apenas dos meses desde la coronación, la paz volvió a surgir en el reino... ¿No creen que es triste que nada dure para siempre? Y eso es lo bello de las cosas buenas, debemos pasar tiempos difíciles que nos abrirán la mente a atesorar y añorar lo que sea que haga a nuestro corazón ir rápido de alegría, lento de calma y entrecortado de nervios.

Mal, Evie, Carlos y Jay estaban viviendo en carne propia lo que era cerrar los ojos y no temer a bajar la guardia por primera vez en toda su vida. Era perfecto. Y pensaban que cualquier cambio venidero no sería ningún reto, que ya nada extraño podría tomarlos por sorpresa, creyendo tener todo arreglado... Opino que deben replantearse eso último.


Era hora de la clase de Literatura, la cual los cuatro podridos compartían, siendo la única clase que tenían juntos desde que aprobaron con honores Bondad Correctiva. Quizá sintieran que perdieron su toque al no tener temblando a sus profesores al verlos desfilar juntos a las aulas, pero poco les importaba ahora.

Jay empujo la puerta con fuerza, asustando a más de uno con el golpe que provoco. Corrió al fondo de la sala, lugar donde ya estaban acomodados sus amigos. Carlos jugaba con en su silla mientras que a su espalda Mal y Evie dibujan en hojas sueltas.

-Escuche entre el equipo de tourney que vendrá una alumna nueva-anuncio, arrastrando su asiento para quedar de frente a las chicas.

-Genial, otra princesa a la cual soportar.

-Últimamente no te estas llevando fatal con las princesas para quejarte de ellas, Mal-dijo su amiga, más interesada en un boceto que en la plática.

-Que me haya acostumbrado no significa que no quiera obligarlas a saltar al mar.

-Parece que ser novia del nuevo rey de Auradon no ha cambiado mucho tu actitud-. Jay se estaba metiendo en terreno peligroso, pero siguió de todas maneras-. Deberías ser más sofisticada y delicada como las ex novias del guapo Ben.

-No voy a cambiar por nadie-apretó tanto el lápiz que la punta salió volando.

-Y no tienes que hacerlo-le apoyo Evie a su lado, tendiéndole un sacapuntas-. Si Ben te quiere debe quererte cómo eres ahora.

-¿Una chica totalmente lo opuesto a una princesa?

La peli-azul le propino un puntapié a su amigo, haciéndolo callar.

A su lado, Carlos soltó una carcajada, a lo cual Jay lo sostuvo del cuello, restregándole los nudillos en la cabeza, haciendo de su cabello un lio.

Escuchando como la puerta se abría con un delicado crujido, todos tomaron asiento.

La maestra de Literatura, una mujer un poco baja de estatura, anteojos gruesos y un vestido algo viejo, entro en el recinto con una gran sonrisa pegada a la cara. Todos siempre creyeron que no podía tener otra vocación que la de educadora.

-Atención estudiantes, como algunos ya sabrán una nueva alumna se integra al equipo de la preparatoria de Auradon. Por favor, denle una cálida bienvenida a Kiah.

Se escuchó perfecto como la mayoría en la clase ahogaba una carcajada al escuchar un nombre tan raro, pero la maestra no haría un número regañando al salón cuando la nueva alumna estaba entrando al salón así que se hizo de oídos sordos.

El silencio se hizo muy presente teniendo a tal muchacha delante de todos. Era una joven de estatura media, un poco más alta que Mal podrían deducir. De cabello chocolate, largo hasta sus hombros y con un flequillo tan largo que cubriría sus ojos de no acomodarlo a la izquierda de su cara. No llevaba vestido ni otro tipo de ropa formal, sino una camiseta negra de tirantes ceñida a su cuerpo, pronunciando su atlética figura y presumiendo sus musculosos brazos. Una pulsera de cuero cubría la mitad de su antebrazo derecho. Usaba pantalones de un azul marino muy profundo, holgados y con la bastilla dentro de sus botines oscuros de tipo militar. Y sus ojos... Cada uno se vio completamente perdido en el color único de sus ojos: dorados. Tan dorados como el oro, y brillaban igual.

Sólo cuando la joven se aclaró la garganta salieron del trance.

-Mi nombre es Kiah, un placer estar aquí.

Su voz tenía un fuerte acento que iba en armonía con su tono grave.

Nadie dijo nada, y ninguno se veía con intensión de ser el primero en hablar.

-Cuéntanos un poco de ti, si eres tan amable, Kiah-le alentó la maestra, quedándose un poco al margen.

Mal fue la única en distinguir molestia asomándose en los preciosos orbes de la joven, y no supo si eso le agradaba o no.

Kiah suspiro, tragándose el enfado y el fastidio, como lograba imaginar Mal por la forma en que tenso la mandíbula al empezar a hablar.

-Vengo de La Roca del Rey. Mis padres son Simba y Nala, reyes de todo lo que la luz toque en la planicie. Soy la hija menor, tengo una hermana llamada Kiara.

Los exclamos de sorpresa no se hicieron esperar ni pudieron ser disimulados. Las princesas estaban pasmadas, creyendo que sería un nuevo traslado desde la Isla de los Perdidos por la pinta que llevaba, y no podían culparlas. Mientras algunos de los muchachos ahora la miraban con ilusión, poniendo ojos de cachorro esperanzado.

-¿Y tienes ya un príncipe, gatita?

El grupo de los cuatro no disimularon su disgusto, rodando los ojos y resoplando sonoramente. Otra vez el tonto de turno. De nuevo el "encantador" a sus anchas ahora que su relación con Audrey había terminado.

La princesa cerró tan fuerte ambas manos que sus nudillos se tornaron blancos, se tronó el cuello y enderezo los hombros más que antes. La manera en que sus músculos se tornearon bajo su piel asusto a más de uno al tiempo que su voz se alzaba por las paredes.

-Piérdete, papanatas risos de oro.

El tenso ambiente se disipo cuando una carcajada al unísono exploto en el lugar. Chad pasó de casanova a tener la autoestima algo lesionada. Se hundía en la silla, cambiando su mirada encantadora por una de reproche mayúsculo.

-Me agrada esa mujer-dijo Evie en voz alta, aplaudiéndole un poco.

-No esta tan mal-susurro su amiga, sonriendo con un ademán travieso.

-Señorita Kiah, por favor cuide su lenguaje-. Por un simple segundo se habían olvidado de la profesora.

-¿Y debo permitir que cualquier hombre con el ego más inflado que su cerebro me hable como si fuera un pedazo de carne o un trofeo que se puede ganar?

Otra alabanza se elevó en el salón. Jay y Carlos chiflaron con alegría y vitoreaban más fuerte que los demás alumnos, claramente porque eran los únicos que no se sentían personalmente atacados.

-Guarden silencio, tranquilícense por favor-pidió la maestra, a lo cual el grupo obedeció sin demora-. Que no vuelva a ocurrir algo parecido. Kiah, puedes pasar a tomar asiento para comenzar la lección de hoy.

Siendo el único asiento vacío, la leona se dejó caer en la silla de la mesa donde Mal y Evie estaban situadas. No las miro mucho y apoyo los brazos en la lisa madera, alzando los hombros y jugando con sus dedos sin prestar atención.

-No le hagas caso a la profesora, yo apoyo que lo pusieras en su lugar-dijo Evie, mirando a su nueva compañera.

-¿Aguantan cosas así seguido?

-Cuando aprendes a pasar de ellos se vuelve más fácil vivir por aquí.

-Creo que primero aprenderé a romperles la nariz.

Evie y Kiah se rieron abiertamente, llevándose una llamada de atención.

-Soy Evie por cierto, hija de la Reina Malvada-le tendió la mano, esperando que no se alejara de ella después de saber quién era.

-Un gusto, Evie-. La joven no dudo en estrechar su mano, y no la vio titubear ni mover siquiera un poco la comisura de los labios. Mantuvo la sonrisa siempre.

-Mi amiga aquí junto es Mal, hija de Maléfica-. Se recargo en la silla para darle visibilidad de la joven sentada junto a ella. La mencionada no se movió, manteniendo su barbilla apoyada en su palma con expresión aletargada.

Kiah no le dijo nada, pero alzo la palma en forma de saludo. Y Mal hizo lo propio, apenas mirándola.

-Yo soy Jay, hijo de Jafar-. El chico se volteó para chocar puños con la joven sin importarle que la educadora le lanzara una mirada reprobatoria por la poca atención que le ponían.

Un retazo de papel mal arrancado cayó torpemente en el borde de la mesa frente a la nueva alumna. Lo extendió con cuidado, leyendo su interior: Yo me llamo Carlos, hijo de Cruella de Vil; y un cachorro dálmata dibujado junto a un huesito.

Sin considerar lo enojada que ya debería estar la mujer al frente del salón, cotilleaban en lo más bajo posible, jugueteando un poco incluso. Todos juntos excepto Mal. No estaba de humor, como ya era común desde que empezó a ser bombardeada con críticas por prácticamente el mundo a su alrededor al saberse pareja oficial del nuevo rey de Auradon. Era afortunada cuando no era abordada por entrevistadores o fotógrafos cuando dejaba la seguridad de los muros del castillo. Claro que imaginó que tendría alguna reunión agendada, pero todo eso era demasiado.

Después de dos horas que ninguno saco nada en limpio de la lección, la clase terminó.

Deteniendo la huida de algunos alumnos, la profesora pidió su atención.

-Antes de retirarse, les anuncio que la escuela hará una presentación de arte en exactamente cuatro meses. Se les invita a todos los artistas a participar con sus cuadros. La temática es totalmente libre y la técnica se deja a la imaginación del alumno.

-Deberías inscribir alguno de tus dibujos-dijo Evie emocionada, sosteniendo el hombro de Mal.

Musito un indolente "mejor que no" asimismo que acomodaba sus dibujos.

Una vez estando de pie todos, se dieron cuenta que Kiah rebasaba por escasos centímetros a Evie, aun con la ventaja que sus botines con tacón le estaban proporcionando. Apenas le faltaba menos de media cabeza para mirar directamente a los ojos a Jay.

-¿Gustarías que te guiemos a tu próxima clase?-invito Carlos cortésmente.

-Ya me las arreglare-. La joven leona sonrió ampliamente, exhibiendo unos colmillos más sobresalientes que los de la media humana. Al parecer no podía encogerlos lo suficiente para que pasaran despistadamente entre la gente.

Incluso Mal, alejada de todo que no entrara en su burbuja de apatía del día, fallo miserablemente en pretender no estar interesada en Kiah. La luz interna que despedía la trajo totalmente, sintiéndose de pronto atrapada, distinguiendo como su propia barrera la prensaba hasta oprimirle el pecho. ¿Qué diablos fue eso?

Como si el destino quisiera sacarle a relucir sensaciones raras, esos ojos dorados fueron a parar sin reparo en ella. El contacto fue fugaz, un choque casi imperceptible de verde con amarillo. Y no paso más, no hubo plática ni un gesto especial; y aun así se sentía como un todo, una cosa a medias, pero extrañamente todo estaba tan completo.

-Espero volver a verlos a todos, chicos-. La voz de Kiah bajo a Mal de la nube que su mente había creado, notando que tenía su cuaderno apretado fuertemente contra su torso-. Ahora debo ir a hablar con el consejero para dejar claro cuál será mi dormitorio.

Y se despidió del grupo, dando media vuelta y alejándose, no sin antes sonreír una vez más, con la variante que miraba directamente a Mal a los ojos. Algo en esos verdosos luceros la había cautivado aunque la chica no fuera tan amigable con ella. Y un león no solía ablandarse lo suficiente para reconocer algo así por un extraño.

Quizá fue una buena idea por parte de sus padres mandarla a estudiar allí.