En un universo paralelo al nuestro hombres y mujeres nacen con poderes que les permiten controlar elementos, logrando que las civilizaciones se desarrollaran con prosperidad y alegría. Así fue como seis reinos surgieron: el reino del fuego, del aire, de la tierra, del metal, del agua y del hielo.

Por varios siglos los reinos crecieron independientes unos de otros, siendo su mayor cercanía el comercio. Sin embargo, el reino del metal y de la tierra comenzaron la expansión de sus territorios, llegando al punto en que invadir tierras extranjeras se comenzaba a convertir en un deseo cada vez mayor.

La épocas cambiaron y se dio paso a la guerra, trayendo consigo destrucción y devastación. Los reinos del agua y el aire se aliaron, pero no resultaron ser un obstáculo para el grandioso ejército con el que la tierra y el metal contaban.

Los reinos del agua y el aire se vieron terriblemente afectados, disminuyendo su población drásticamente. Al final, fueron devorados por el tremendo poder de los enemigos.

Al salir victoriosos de la guerra, el objetivo pasó a ser ahora los reinos del hielo y del fuego. Pensando que estos serían tan fácilmente conquistados como los otros, la invasión empezó pronto. Jamás pensaron que por primera vez se encontrarían con rivales dignos de ser temidos.

El reino del hielo tenía un rey poderoso y de apariencia rígida. Se decía que, al igual que su gran poder para congelar todo lo que deseara, el rey tenía un corazón frío y cortante. El pueblo lo respetaba, pero temían por su débil esposa y reina, quien jamás había recibido una muestra de afecto de su pareja. No sólo eso, sino que su único hijo, el alfa de 17 años, el príncipe Viktor, era tratado de aquella misma forma severa.

A pesar de eso, el joven príncipe era encantador, lleno de vida y alegre. El trato de su padre era fácilmente olvidado debido al amor de su madre y del hermano de ésta, su tío, que era como un verdadero padre para él.

El reino del hielo logró mantenerse firme, pero el rey sabía que una alianza que siempre se consideró imposible entre su reino y el del fuego finalmente debía crearse si querían poner fin a la guerra. Así fue como se planeó una reunión entre su corte y la del fuego, sus opuestos por naturaleza.

La nobleza del fuego consistía únicamente de la reina y de su único hijo, el príncipe Yuri de 15 años. Esta nación daba a pensar que pronto sería aniquilada, pues no sólo carecían de un rey, sino que el único heredero al trono era un omega.

Pero el reino del hielo sabía bien que no debía dejarse engañar por esa supuesta debilidad. La reina del fuego era una alfa poderosa, tan ruda y brillante como las chispas humeantes que creaba. Su hijo, a pesar de ser un omega, no hacía caso a su naturaleza; era tímido y reservado, pero en sus ojos brillaba el mismo resplandor que el de su madre. Existía en él un fuego interior que, el día en que finalmente saliera, abriría las puertas al más grande rey del fuego que alguna vez hubiera existido.

Así, el día tan esperado llegó. Viktor sabía a plena conciencia la importancia de aquella reunión para el planteamiento de un futuro en donde la guerra pudiera llegar a su fin. Sin embargo, algo más importante para él fue el conocer finalmente al príncipe del fuego.

Esa mañana Viktor despertó ojeroso y cansado. El motivo fue por la ansiedad de que el día del encuentro llegara. No supo explicárselo a su madre, pero estaba seguro de que una extraña emoción y expectativa se formaba en su interior. Por primera vez en su vida, el príncipe del hielo estaba nervioso y no tenía la menor idea de por qué.

Esa noche, cuando todos los invitados llegaron al banquete, el príncipe actuaba de modo torpe y despistado. Se molestó consigo mismo por eso, puesto que él jamás en sus 17 años había actuado de aquella manera. Él no era así, él era un alfa y el príncipe heredero al trono. Si por algo era conocido era por su belleza, agilidad, fuerza y temple. Así fue como se recordó a sí mismo que debía guardar la compostura y calmarse.

Se sentó en su lugar especial al lado de su padre, quien no volteó la mirada hacia él en ningún momento. Jamás lo había hecho, y mucho menos ahora que las puertas grandes del salón se abrían para dar paso a la segunda familia real más poderosa de su mundo: la reina y el príncipe del fuego.

Fue hasta que quedó enfrente de él que Viktor pudo darse cuenta que había sido la esencia del príncipe lo que lo había mantenido alterado desde que despertó. Inhaló hasta suspirar, sintiéndose embriagado por el aroma de aquel pelinegro.

Cuando el príncipe del fuego levantó la mirada y sus ojos se encontraron, Viktor no puso en cuestionamiento el sentirse condenado. Esos ojos ámbar, llenos de vida y luz, serían su condena, pues estaba seguro que no podría volver a vivir un día más sin posar sus ojos sobre los de él.

Era ridículo, espeluznante, excitante y a la vez confuso. Jamás había contemplado el poder enamorarse y mucho menos hacerlo de manera tan rápida y directa. Pensó que aquello era lo que se conocía como amor a primera vista, porque en verdad bastó una mirada a aquel príncipe para sentir que su corazón quedaría en manos de él.

Mantuvo el rostro sereno, la respiración calmada y sus manos heladas e impasibles; pero lo que no pudo frenar fue el latido desenfrenado de su corazón. Debía ir hacia él, debía tocar esas manos que era evidente que emanaban un calor envolvente y abrigador, debía saber qué se sentiría el oler con más intensidad ese aroma que aún no encontraba cómo describir, debía escuchar la voz que ahora en su cabeza sonaba como el calmante y sereno sonido de una fogata. En fin, si ahora estaba condenado, debía saber todo sobre quien sería el amo de su corazón.

Lo único que el príncipe del hielo no supo en ese primer encuentro silencioso fue que otro príncipe se sintió de la misma manera hacia él. Tímidamente buscaba contemplar lo más que pudiera a ese ser de cabellos plateados y mirada azul como el hielo que creaba con sus manos. Pero no sólo era su apariencia física lo que lo encantaba, sino el brillo de esa mirada profunda, sentimental y cariñosa. Vio el pecho del pelipata subir y bajar en un suspiro e hizo la misma acción. Había muchos aromas en la sala, pero sus sentidos sólo podían dirigirse hacia el que tenía justo delante de él. Al terminar de exhalar, aún con la vista fija en el otro, entendió que la felicidad y la completud sí existían y que se encontraban a unos cuantos pasos de él.

Los reyes, sin estar concientes de la atracción que sintieron sus hijos, comenzaron los planes para la invasión a las tierras enemigas. Los príncipes igualmente participaron en las planeaciones, en especial el príncipe Viktor debido a su edad; aún así, en secreto, anhelaban la presencia del otro con tal de poder verlo más tiempo aunque no se hablaran. Anhelaban el que, en un desvío travieso de sus miradas, éstas se encontraran fugazmente, sólo para fingir que tenían como objetivo otro punto en el espacio. Pero cuando lograban encontrarse, por esos míseros segundos, sus sonrisas ladinas los delataban como cómplices en ese juego de atracción básico, pero que a la vez era excitante para aquellos jóvenes inexpertos.

Así fue como un amor tierno surgió inesperadamente. Un primer acercamiento al verdadero y puro enamoramiento que se daría con más calma al pasar el tiempo. Nadie estaba seguro de cuándo serían las primeras palabras que esos dos se darían, pero ya no podía caber en duda el hecho de que sus almas acababan de terminar enlazadas, unidas por un hilo que, en esos momentos, se pensaría como inquebrantable.


Notas de autor:

Espero quieran seguir leyendo esta historia. El siguiente capítulo contendrá diálogos y ya se verá más en forma :)

Como dato curioso, Viktor tiene el cabello largo en este momento y Yuri no necesita usar lentes (modo eros activado jajaja).