Os traigo el segundo capítulo del fic, durante la Travesía del Viajero del Alba. Veremos qué tal. ;)


Lucy, de unos aparentes catorce o quince años, a pesar de contar en realidad con bastantes más, había luchado valientemente, haciendo honor al título que el mismísimo Aslan le había concedido, pero poco podía hacer su cuerpo pequeño y frágil más que entorpecerla, así que la cosa no había salido tan bien como debía haber salido.
Además, tener a un muy asustado Eustace a su lado tampoco era de ayuda, pues si ya era insoportable de buen humor (en el caso de que tal humor existiese, pues su primo jamás había hecho gala de él), no había que ser muy sagaz para pensar con acierto que en otros estados de ánimo sería aún peor.
Claro que había tenido a Reepicheep junto a ella, pero un simple ratón, por mucha guerra que diera, igualmente no podía ser de gran ayuda contra tantos traficantes de esclavos.

Pero, al fin, la pesadilla había terminado, y podía decirse que todos habían salido bastante bien parados, dadas las circunstancias. Como mucho, tendrían algunos moretones o heridas superficiales, y si acaso, especialmente en el caso de Edmund, un dolor de cabeza espantoso.

Aunque, nada extraño, precisamente fue Edmund el que se lanzó hacia ella a la primera oportunidad, y quizás fue porque este no le había prodigado demasiadas muestras de afecto desde la Edad de Oro, o quizás por la tensión del momento, pero la reina recibió al que solía ser su esposo abrazándose a él como si le fuera necesario para respirar. Él hundió el rostro en su cuello, y se aferró a ella con demasiada fuerza como para que el abrazo resultara cómodo, pero la Valiente no dijo ni una palabra al respecto, y ya no digamos una queja.

El Justo cogió aire impregnado de la agradable y familiar fragancia que desprendía la piel de su hermana, y que en otros tiempos había disfrutado cuando y como él quería. No podía imaginar siquiera cómo se habría sentido si le hubiera ocurrido algo malo a su amada reina, al ser más hermoso y valioso sobre la tierra a sus ojos.

-Estoy aquí, Lulú.-murmuró en su oído, al notar que ella lloraba silenciosamente.- Estoy aquí.

Edmund sintió como el corazón de ella latía demasiado rápido para resultar sano, y le rodeó la cintura con los brazos, acercándola más a él. Soltó una de sus manos para dirigirla a su rostro y secarle las lágrimas, y en ese instante, en cuanto rozó su mejilla, ambos se miraron a los ojos, y sintieron como una tensión, algo casi palpable.
Les había ocurrido numerosas veces desde que habían vuelto de Narnia aquella primera vez, pero ninguna de esas veces habían aprovechado el momento como deberían, y eso sólo había servido para hacerles infelices y alejarles aún más del bello lugar que amaban.

Pero aquella vez, fue distinto. Fue imposible saber por qué, aunque probablemente tuviera algo que ver que el terror de perderse el uno al otro seguía fresco en su memoria, pero aquella vez, una vez el Justo hubo dejado de nuevo la mano en su cintura, la tensión les superó, y él la besó salvajemente sin previo aviso.

Lucy se sobresaltó, pero no sólo se lo permitió, sino que le devolvió el beso todo lo bien que pudo dadas las circunstancias. Ni siquiera se dio cuenta, al igual que su hermano tampoco lo hizo, de que habían atraído la atención de Caspian y Drinian, que les observaban con los ojos como platos. Cuando tuvo que separarse de él (dado que el que fueran reyes de leyenda no quería decir que no necesitaran respirar), sintió como las ganas de llorar le atenazaban la garganta de nuevo. Había pasado tantas noches en vela, imaginando escenas como aquella, que casi no podía creerlo cuando sucedía de verdad.

-Dijiste… dijiste que sólo en Narnia.-susurró.

-Es donde estamos.-replicó él, también en voz baja, pero sin saber ni él mismo la razón. Comenzaba a preguntarse si no había sido un error.

-Sí, pero dijiste que era la última vez, que debía olvidarlo.-como su hermano no respondió, sino que se limitó a mirarla en silencio, la Valiente continuó con voz temblorosa.- Espero que no sea un juego, porque sería cruel… dejar que me haga ilusiones y decirme luego que no volverá a ocurrir.

El Justo apretó los puños contra su cintura. En momentos como aquel, lamentaba haberla rechazado aquella primera vez, en Inglaterra. Se dio cuenta de que ella creía que era su culpa, que ella había hecho algo para que él no quisiera ser su esposo, como debería ser.

-No es ningún juego.-aseguró. Pero tampoco estaba muy seguro de lo que era exactamente.- Porque yo no te he olvidado, Lulú. Un rey de Narnia es siempre un rey de Narnia…-murmuró.- No quería sentir que estaba mal, y no estaba bien en Inglaterra, ni siendo tan niños de nuevo.

-¿Y qué ha cambiado ahora, Ed?

-Que hemos crecido otra vez, Lu, y que me acabo de dar cuenta de si te ocurre algo, y no he respetado lo que juré a Aslan en nuestra boda, no me lo perdonaré jamás.

Edmund la besó por segunda vez, pero fue distinto, más dulce, más lento, con el único objetivo de tratar de recuperar su sabor, que tanto había extrañado. Lucy deslizó las manos por su cuello, y le dio todo de ella, todo cuanto él quiso, porque ya se había sentido vacía durante demasiado tiempo.

Poco después, Caspian, Drinian, y Reepicheep escuchaban con atención la historia de labios de sus protagonistas, no tan horrorizados como debían de estar. En realidad, no era la primera vez que la oían, pero sí la primera vez que la oían como algo más que un rumor. Y además, siempre había habido algo entre aquellos dos, algo más que amor fraternal, que era imposible de discernir qué, pero ahora que lo sabían, curiosamente, se quedaban mucho más tranquilos.

Durante aquella travesía, los encontraron muchas veces por el barco, apoyados en cualquier sitio y besándose como si fueran incapaces de pasar un segundo sin ello. A menudo, incluso, desaparecieron horas, pero nadie se atrevió a preguntarles dónde habían estado; la respuesta era tan obvia que resultaba estúpida, y de todas formas, ninguno de ellos, y ni mucho menos Eustace, querían saberlo.