*Archivos cifrados del Dr. Watson*
Soy John Watson.
No estoy escribiendo un blog. Estos secretos son míos y solo quiero escribirlos, no es necesario en absoluto que alguien más los lea.
Estoy usando un bastón de nuevo, pero no he ido con la terapeuta. Sólo hay una persona en este mundo que me puede curarme… No, detente. No debo entretener tales pensamientos...
Durante los últimos meses, he estado en una condición terrible. Incapaz de trabajar, con un poco de fiebre que no cede, plagado de pesadillas implacables. Era como si mi mente fuera un caldero de metal hirviendo, rebosante de líquido corrosivo que carcome mi cerebro y el cuerpo, impregnado por el hedor de los restos carbonizados y un interminable dolor insoportable (si hay un infierno, es así como luce). Ahora mi mente finalmente se ha enfriado, y el metal licuado se mezcló para convertirse en algo frío, duro y sin forma. A pesar de sus bordes afilados que de vez en cuando me hacen sentir agonía, la mayoría de las veces ni duele ni pica más. Pero parece que se mueve lentamente de mi cabeza, por mi cuello al pecho y de ahí al abdomen, donde se difunde en el torrente sanguíneo y tendido, como una rama a través de mi sistema nervioso.
Es una sensación muy extraña. Como si yo me estuviera convirtiendo poco a poco en el metal.
Hay algo que sé que debo de completar. Es mi única esperanza, pero al mismo tiempo me da mucho miedo. No sé si llenara algo el infierno en el que me encuentro, o comience para mí la entrada a una angustia profunda.
Son las 2 AM. Oigo a Mary levantarse de la cama para ir al baño. Muy pronto ella viene a llamar a la puerta del estudio, con los ojos llenos de preocupación, incluso cuando ella finge que no ha pasado nada, y me pregunta cuando voy a dormir.
Tengo que parar ahora.
Por supuesto, ya he establecido una contraseña para este documento. Ha pasado tiempo desde que le pongo una contraseña a cualquier cosa.
Porque hubo un tiempo en el que "alguien" siempre podía descifrar mi contraseña en tan solo un minuto, no importara cuán diligente me veía o cuan atormentado estaba mi cerebro tratando de cambiarla, ese "alguien" que luego se burlaba de mí sin piedad por mi absoluta falta de creatividad en la elección de una contraseña...
Ya no tengo que preocuparme por eso...
Él ya no está aquí.
