ESTRELLAS

II: PROYECTOS

Starhill, Santuario de Athena

Al caer la noche en Atenas, Shion sonrió mientras que tomaba asiento en el suelo y levantaba la mirada hacia el cielo estrellado con una sonrisa. Ya habían pasado dos meses desde que Argol y Aioria habían regresado de Moscú con Nadezhda, y mucho más tiempo que eso desde el último ataque de los dioses gemelos. Todo parecía estar en calma en esos días.

El Patriarca sonrió al recordar lo sucedido en días pasados. ¿Quién iba a pensar que su serio y tranquilo aprendiz ya estaría casado a esas alturas? Ah, Mu y Lydia eran lindos cuando estaban juntos. Shion casi podía recordar cuando la chica recién llego al Santuario, siendo una niña de catorce años, sin tener la más mínima idea de que dos de los santos dorados eran sus hermanos mayores, y mucho menos que terminaría casándose con otro santo dorado.

No solo eran Mu y Lydia.

También había aparecido un fantasma de su pasado, Tora. Y obviamente Dohko era el más feliz de todos por su presencia, a pesar de que la chica aún estaba teniendo dificultades para incorporarse al siglo XXI, como él mismo y Dohko las habían tenido, pero se notaba que la chica se divertía mucho aprendiendo, y el santo de Libra estaba encantado de enseñarle todas y cada una de las maravillas del mundo actual. Aún recordaba lo que había sucedido cuando Tora se había enfrentado a una licuadora enfurecida… la cocina y la mayor parte del templo de Libra quedó redecorada, pero al menos nadie perdió ningún dedo.

Fuera de bromas, Shion estaba muy feliz por Dohko, de que hubiera logrado recuperar a Tora después de todos esos años, de que ella hubiera podido recordarlo, y que su amigo hubiera conseguido mantenerla a salvo del hechicero que los había mantenido separados.

Y finalmente estaba Kiki, el travieso alumno de Mu. Aún podía recordar cuando recién revivió, cuando Shion conoció al impertinente pelirrojo. En un principio, el Patriarca se preocupó un montón por Kiki, sobre todo cuando ocurrió esa pelea con Arthur en el centro de Atenas, pero ahora todo se había resuelto.

Shion suspiró largamente mientras se tumbaba en el suelo y ponía sus manos en la nuca. Todos a su alrededor eran felices, y tenían a sus parejas para pasar el tiempo. ¿Y él?

Bueno, él era el Patriarca del Santuario de Athena. No tenía tiempo que estar perdiendo en tonterías como parejas y amor. Las estrategias y la defensa del Santuario no se iban a organizar solas: él era el encargado de hacerlo. ¿Amor? Bah, no tenía tiempo para ello. No solo eso, tenía que asegurarse de que Athena estuviera a salvo, y que aprendiera todo lo necesario para poder llevar a cabo su misión de proteger a la humanidad.

Shion suspiró nuevamente y miró el cielo, sacudiéndose el último pensamiento para poder descifrar las estrellas. Lamentablemente las estrellas no le daban buenas noticias. Phobos y Deimos no habían sido atrapados aún desde que escaparon del Olimpo, y según todas las predicciones, pronto intentarían atacarlos otra vez. El Patriarca se mordió el labio. Eso no sería nada bueno.

Shion se incorporó, tomó una libre y comenzó a escribir. Aquello iba a tomar toda la noche.

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Observatorio Nacional de Atenas

Shion no era el único que se encontraba mirando las estrellas en esos momentos.

Sara sonrió levemente mientras miraba a través del telescopio, y después se ajustaba las gafas y seguía tecleando tan rápido como podía. Sonrió levemente mientras miraba la pantalla de la computadora.

Después de diecisiete años de haberse enamorado de las estrellas y los fenómenos celestes como las auroras y los eclipses, la chica era ahora ya una de los astrofísicos más reconocidos del mundo. Justo en ese momento estaba terminando los últimos detalles de su proyecto de investigación.

La chica se acomodó en su silla, emocionada. Si todo salía bien, como lo había planeado, al día siguiente presentaría su proyecto en la Universidad de Atenas, se ganaría una beca para trabajar en Estados Unidos para la NASA, y al mismo tiempo estudiar su doctorado.

Sara volvió a levantarse los lentes y mirar por el telescopio, y tras sonreír puso el punto final en el escrito, guardó el archivo en la computadora, y se guardó una copia en su memoria portátil. Una vez que lo hizo, guardó con cuidado el pequeño dispositivo en su bolso.

Suspiró largamente, aliviada de haber terminado su trabajo por esa ncohe, y amplió su sonrisa. Ya había terminado su proyecto, y tenía ganas de celebrar. Apagó el telescopio electrónico, se volvió a acomodar las gafas y sacó su teléfono celular.

-¿Hola?-

-Hola, Nikos- dijo Sara- ya terminé el escrito. ¿No quieres ir a celebrar? Me apetece una copa de vino para quitarme los nervios de encima-

Hubo un breve silencio, y finalmente el chico le respondió.

-Lo siento mucho, Sara- dijo Nikos- no puedo salir hoy contigo. Creo que comí algo que me hizo daño, y tengo un fuerte dolor de panza y…-

-Ugh, no necesitas darme los detalles- dijo la chica, un poco decepcionada de que su novio no pudiera acompañarla a celebrar, pero se resignó. Ya celebraría al día siguiente, una vez que la aceptaran en el curso de la NASA- tranquilo, supongo que solo tomaré algo rápido e iré a casa a descansar-

-Gracias por entender, linda- le dijo Nikos, quien se escuchaba bastante apenado- será mejor que descanses. No quisiera que nada arruinara tu día mañana-

Sara asintió levemente y, tras despedirse de su novio, colgó el teléfono y lo guardó en su bolso también. Suspiró un poco decepcionada. Nikos. Lo había conocido hacía un par de años en la Universidad de Atenas. No le desagradaba, ni tampoco era mala persona, pero había algo que le faltaba. Ya tenía tiempo queriendo terminar su relación con él, pero no se había animado. Había imaginado que su eventual mudanza a América sería la perfecta excusa para hacerlo.

Sara sacudió la cabeza, como queriendo deshacerse de ese pensamiento, y guardó su computadora bajo llave en el cajón de su escritorio en el observatorio. Una vez que comprobó que estuviera bien cerrada, se dirigió a la puerta.

A pesar de la decepción, la chica sonrió para sus adentros. Ah, ¡ojalá sus padres pudieran verla ese día! Seguramente a esa hora ya sería de día en Australia, y podría llamar a sus padres llegando a su apartamento. Ya era una mujer mayor, pero tenía un cariño especial a sus papás, quienes siempre la habían cuidado y la habían apoyado en su pasión por su trabajo. Y su gemela… seguramente estaría durmiendo ya a esa hora. Sonia estaba en Sudáfrica, y podía ser de lo más desordenada, pero siempre se iba a dormir religiosamente temprano, porque su día comenzaba de madrugada. De hecho, más temprano le había enviado una foto de una reserva de animales salvajes que la había hecho tener que reprimir un escalofrío.

Sara volvió a sacudir la cabeza, y sonrió mientras se ponía el bolso sobre su hombro y volvía a ajustarse las gafas. Apagó la luz del cuarto de observación y bajó las escaleras hacia la salida del observatorio para tomar el bus a su apartamento. Sí, decidió que llegando a su casa llamaría a sus padres, y le dejaría un mensaje a su hermana.

El cuarto de observación se quedó en penumbra por unos minutos, hasta que la puerta se abrió, y una figura entró y se dirigió al escritorio donde Sara había estado trabajando hacía un rato.

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Templo de Aries, Santuario de Athena

A la mañana siguiente

Tras una larga noche de mirar las estrellas y documentar lo que había visto en su libreta, Shion había bajado de Starhill y se dirigía de regreso a los Doce Templos para llegar a su recámara y descansar un buen rato, pues estaba exhausto. Había peligro, pero no era inminente, y podía darse el lujo de algunas horas de sueño.

Cuando el Patriarca pasó por el templo de Aries, vio que tanto Mu como Lydia ya se habían levantado, y estaban a punto de bajar al Coliseo a entrenar un poco juntos. El Patriarca puso especial atención en los anillos que ambos estaban usando en esos momentos, y sonrió enternecido.

-Buenos días, maestro- dijo Lydia sonriendo- ¿acaba de regresar de Starhill?-

-Buenos días- dijo Shion, mirando a su alrededor con atención, y entrecerró los ojos al ver que no estaba cierto aprendiz pelirrojo- sí, acabo de regresar. Por cierto, ¿dónde está Kiki?-

-Oh, fue a buscar a Arthur a casa de Argol- dijo Mu- los dos van a ir a visitar a Margot a Francia-

-¿Porqué va a llevar a Arthur?- preguntó el Patriarca, extrañado.

Lydia se echó a reír, y Mu sonrió algo apenado.

-La amiga de Margot quiere conocer a Arthur desde hace tiempo- dijo Mu, encogiéndose de hombros- creo que le gustan los piratas, después de todo. Margot tiene mejor gusto, supongo-

-¿Y qué piensa Argol al respecto?- dijo el Patriarca.

-No le gustó la idea al principio- dijo Mu- lleva ya varios meses tratando de disuadirlo, pero finalmente ya le dio permiso. Aquí entre nos- añadió, al ver al Patriarca tan pensativo- creo que Argol tiene miedo de que le rompan el corazón a Arthur-

Shion sonrió. Le daba gusto que Argol estuviera en tan buenos términos con su aprendiz, y que Kiki y Arthur se llevaran mejor, pues aún no olvidaba que los dos chicos se habían dado de golpes en plena calle de Atenas, causando destrozos y mucha vergüenza al Santuario, tanto que el mismo Shion tuvo que ir a arreglar lo que los chicos habían causado.

Una vez que Mu y Lydia se despidieron y bajaron a los terrenos del Santuario, Shion siguió subiendo rumbo a su templo.

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Templo de Cáncer, Santuario de Athena

Esa mañana, Aldebaran subió al templo de Cáncer a visitar a Death Mask y a Fatima. El enorme santo de Tauro le había tomado mucho cariño a la chica egipcia, sobre todo porque había escuchado del santo dorado las condiciones en las que la había conocido, y había visto con sus propios ojos el efecto que la chica había tenido en la actitud de Death Mask.

Ah, y era una buena ocasión para tomar café brasileño.

Death Mask se echó a reír. Los italianos también tenían la costumbre de tomar café para el desayuno, pero desde hacía ya un tiempo que Fatima lo había acostumbrado a desayunar todos los días algo más sustancioso.

Aldebarán sirvió el café en las tres tazas, y Fatima puso un plato con varios pastelillos, Rawanis, sobre la mesa para que los dos chicos comieran. El santo de Tauro tomó uno de ellos, muy animado.

-En Brasil se dice que una chica está lista para casarse cuando sabe preparar el café- comentó Aldebarán antes de tomar un sorbo del mismo.

-En Egipto es cuando puedes preparar Rawanis- dijo Fatima a su vez, pero no estaba nada feliz al respecto. Death Mask notó ello, y tomó su mano por debajo de la mesa. La chica levantó los ojos hacia el santo dorado, y sonrió.

-Los pastelillos están deliciosos, bellina- dijo el santo de Cancer besando su mejilla.

-Death Mask tiene razón, están deliciosos- dijo Aldebarán, terminando uno de los pastelillos para después tomar otro y darle una mordida.

-Gracias, chicos- dijo ella.

Aldebarán sonrió levemente al ver a su compañero mirando a la chica con adoración, convencido de que no solo Death Mask había salvado a Fatima de un destino horrible, sino que la chica había hecho lo mismo por él.

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Facultad de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Atenas

Poco antes

Sara se acomodó el bolso sobre su hombro. Esa mañana, la chica realmente se había esmerado con su apariencia para ir a presentar su proyecto de investigación. Llevaba puesta una blusa color verde oscuro, sobre la cual llevaba un elegante suéter negro con líneas rojas, y un pantalón del mismo color. Esa mañana se había puesto una diadema de color rojo, la cual sobresalía sobre sus cabellos castaños. Se ajustó nuevamente las gafas rojas, y se acomodó nuevamente el bolso sobre el hombro.

Realmente se había esmerado en su apariencia, pero tenía la impresión de que iba a vomitar si abría la boca, de tan nerviosa que se sentía.

-Ya, no te pongas nerviosa- le dijo Nikos, poniéndole las manos sobre los hombros. El chico era alto, rubio y muy apuesto, excepto por su puntiaguda nariz- recuerda que los viejos revisores de proyectos huelen el miedo…-

Sara hizo una expresión de completo terror.

-No me estás ayudando ni un poco, Nikos- dijo ella nerviosamente. El chico se echó a reír y la besó en la mejilla.

-Ten calma, linda- dijo Nikos- todo saldrá bien, y por fin podrás descansar de este asunto. Y podrás salir conmigo, para variar-

Sara se mordió el labio, pero se esforzó por sonreír. Sí, se sentía algo culpable de como trataba al chico, pero ese no era el momento.

-Lo lamento mucho, Nikos- dijo Sara, apenada- sabes que a veces me apasiono…-

Nikos sonrió levemente y asintió. La chica dio un respingo de sorpresa cuando la puerta del despacho del revisor se abrió, y la malhumorada secretaria sacó la cabeza.

-Constanza Dimitriou- dijo la secretaria- favor de pasar…-

Sara frunció el entrecejo al ver que una hermosa chica entraba al despacho desde donde la secretaria la había llamado. Era alta, rubia y elegantemente vestida, llevando un vestido negro ceñido y un tanto revelador para la ocasión. Constanza se volvió hacia ella con una mirada burlona, y cerró la puerta tras de sí. Sara entrecerró los ojos.

-¿Porqué ella pasó primero?- siseó Sara con una expresión molesta.

-Quizá los están llamando por orden alfabético- sugirió Nikos, encogiéndose los hombros.

-¿Nombre o apellido?- dijo ella.

-No importa, por ambos ella pasa primero- dijo su novio.

Sara gruñó sin quitar su mirada de la puerta. Desde que había comenzado la universidad, Constanza había estado acosándola y queriendo competir contra ella, y también tenía la impresión de que también quería robarle el novio. Nikos la besó en la mejilla de nuevo para sacarla de sus pensamientos.

-Tranquila, todo va a salir bien- dijo el chico- ahora yo tengo que irme. Nos veremos esta noche, para celebrar-

Sara asintió mientras que vio a su novio dejarla sola en la sala de espera, rodeada por varios otros de sus compañeros. La chica suspiró y se dejó caer en un sillón mientras esperaba. Se ajustó nerviosamente las gafas y respiró hondo para intentar calmarse.

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Cámara del Patriarca, Santuario de Athena

Poco más tarde

Shion llegó a su despacho justo antes de retirarse a descansar, en caso de que hubiera algún asunto pendiente, y se alegró de haberlo hecho, pues tenía una carta sobre su escritorio. La miró, curioso, al darse cuenta de que era una carta de parte de la Universidad de Atenas.

Al abrirla, le esperaba una enorme sorpresa.

Estimado señor Shion:

Me permito escribirle para desear que usted y su familia hayan pasado un excelente verano. También quisiera informarle que la señorita Saori Kido, de quien usted es el tutor legal y cumplirá dieciocho años el día 1 de septiembre, deberá según la ley vigente en Grecia tomar un examen de conocimientos generales el día 15 del mismo mes.

Sin más por el momento, quedo de usted. Etcétera.

Shion puso los ojos en blanco mientras dejaba caer la carta sobre el escritorio, y suspiraba. ¡Lo había olvidado por completo! Miró de reojo el reloj de pared y el calendario que estaba sobre su escritorio. Era 12 de agosto. Tenía un mes y unos cuantos días para ayudar a la señorita Athena a prepararse para ese examen.

El Patriarca se rascó la cabeza en un gesto nervioso que solo se permitía tener en privado. Estaba seguro de que las chicas le habían enseñado muchas cosas de las que necesitaba saber para dar el examen, pero en las evaluaciones había una parte que siempre le fallaba. Se frotó la frente. En ese tema, Shion no podía ayudarle mucho.

Sacudió la cabeza. Ya lo arreglaría cuando se levantara, ahora estaba demasiado cansado como para pensar en una solución.

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Facultad de Astronomía y Astrofísica, Universidad de Atenas

Pocas horas después

Ya había pasado el mediodía, y Sara seguía esperando a pasar al despacho del evaluador. Constanza la había salido y le había lanzado una mirada de triunfo, pero la chica decidió ignorarla. No importaba que tan bueno fuera el trabajo de Constanza, Sara estaba segura que el suyo sería el mejor de todos.

La chica comenzó a preocuparse. ¿Y si su proyecto no era tan bueno como nosotros? ¿Y si no caía bien?

Por fin, la secretaria salió, pero no llamó a nadie. Los otros cinco candidatos que estaban con Sara la miraron, expectantes.

-El evaluador tomará un descanso de quince minutos- dijo la secretaria antes de volver a cerrar la puerta.

Los otros chicos se miraron entre sí nerviosamente y comenzaron a murmurar. Sara suspiró, cada vez más preocupada, y sacó su teléfono celular. Estuvo a punto de llamar de nuevo a Nikos, pero lo pensó mejor, y oprimió el número de su gemela.

-¿Hola?- dijo la voz de Sonia Johnson, con un gran estruendo de música rock en el fondo- ¿Sara?¿qué sucede?-

-Aún estoy esperando a pasar con el evaluador- dijo la chica- Soni, estoy muy nerviosa-

-Oh, no digas eso, Sardina- le dijo su gemela en tono cariñoso- todo va a estar muy bien. Estoy segura de que te preparaste lo bastante para que todo esté perfecto-

-Lo hice, pero…-

-Tranquila, dearest- dijo Sonia, al parecer bajando el volumen de la música, pues ya no se escuchaba en el fondo- nada te ha detenido nunca, hermanita, y esto no es la excepción. Piensa en algo lindo-

Sara cerró los ojos y llenó sus pulmones de aire, imaginando el cielo que había visto en la isla de Tasmania hacía todos esos años. Las luces nocturnas, las auroras australes, ese hermoso espectáculo que había hecho que se enamorara de él, y que deseara dedicar su vida a mirar el cielo. Soltó todo el aire que había retenido, y sonrió.

-Gracias, Soni- dijo ella- ¿dónde estás?-

-Saliendo de Pretoria con Fred y los chicos, pero eso no importa. Ahora concéntrate, Sardina- le dijo Sonia- charlamos más tarde para que me cuentes como te fue-

Sara sonrió mientras que se despedía de su gemela y colgaba el teléfono. Volvió a respirar hondo, cuando la puerta se abrió, y la secretaria la sacó de sus pensamientos.

-Sara Johnson-

Sara palideció, pero volvió a respirar hondo, se puso de pie y comenzó a caminar hacia la oficina.

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Templo de Acuario, Santuario de Athena

Camus sonrió levemente al ver a Liliwen terminando su libro y suspirando satisfecha. A pesar de ser una chica cálida, diferente a él, tenía algo muy importante para él: apreciaba los momentos en silencio. El chico la abrazó por la espalda y besó sus cabellos rojos.

-¿No las vuelto a tener visiones?- dijo Camus.

-No- dijo Liliwen tristemente.

Camus sonrió. Sabía que la chica se preocupaba por dos razones. Primero, sus visiones eran difíciles, la hacían desmayarse y darse algunos golpes en la cabeza, y segundo, sus visiones nunca habían logrado advertirles sobre algún peligro.

-Soy un fraude- dijo Liliwen, frotándose la frente- no he podido ver nada que nos pueda ser de ayuda-

-No, para nada, ma chère- dijo Camus- incluso tu papá ha tenido problemas con sus predicciones, y llevas apenas unas pocas visiones-

Liliwen iba a decir algo, cuando de pronto se detuvo. Camus reconoció ese brillo en sus ojos, y estuvo a punto de extender sus brazos hacia la chica, cuando ella misma se llevó una mano a la cabeza y tomó asiento en uno de los sofás para evitar darse con el suelo. La chica volvió a parpadear un par de veces, y se volvió hacia Camus.

-¿Visión?- dijo él, sonriendo levemente, y ella asintió- bueno, estamos bien. Lo primero fue que esta vez no te diste en el suelo. ¿Qué fue lo que viste?-

-Lo vi claramente- dijo ella, no tan molesta como había parecido antes- Phobos y Deimos se preparan para pelear de nuevo. Su ejército está siendo reconstruido con otros hombres con cosmos-

Camus borró su sonrisa.

-¿Dónde?- dijo él.

-Hay un campamento cerca de Atenas- dijo Liliwen- al pie de una de las montañas-

El santo de Acuario sonrió y tomó las manos de la chica para besarlas.

-Espera aquí, mon amour- dijo Camus antes de correr al templo del Patriarca.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Poco antes

Tan pronto como se levantó después de dormir toda la mañana, Shion tomó un desayuno mientras que llamaba a Dohko para pedirle consejo sobre la carta que había obtenido. Poco después de haberlo llamado, el santo de Libra llegó al templo del Patriarca junto con Tora. Ésta parecía bastante contenta de probar parte del desayuno de Shion. Hacía unos días había conocido las crepas, y estaba esperando que Shion también tuviera.

-Gracias por venir, chicos- les dijo Shion al verlos llegar.

-No es nada- dijo Dohko con una enorme sonrisa- aunque Tora solo está aquí por la comida-

Tora se echó a reír, al igual que Shion, quien no tenía crepas, pero en vez de ello le ofreció algunos bombones cubiertos con chocolate que tenía escondidos en su habitación para que Athena no comiera de más. Mientras que Tora comenzó a entretenerse con eso, comiendo los bombones con singular alegría, Dohko se volvió a Shion.

-¿De qué querías hablar, amigo?- dijo le santo de Libra.

-Recibí una carta del ministerio de educación sobre la señorita Athena- dijo Shion- tiene que dar un examen de conocimientos generales el próximo mes. Vamos a tener que trabajar duro para ponerla al corriente, con tantos ataques y aprender a usar sus poderes no ha estudiado lo suficiente-

-¿Tenemos?- dijo Dohko, y Shion hizo una mueca, cosa que su compañero aprovechó para echarse a reír- tranquilo, te ayudaremos, pero quizá sería buena idea que contrates a algún tutor para enseñarle-

-¿No podemos tomar turnos tutoreandola?- dijo Shion.

-Claro- dijo Dohko en un tono sarcástico- dime cuántos planetas hay en el sistema solar-

-¿Nueve?-

-Son ocho- dijo el santo de Libra- Shiryu me lo dijo. Aparentemente, uno de ellos fue sacado de la lista-

-Oh….-

-¿Lo ves? Creo que tú y yo somos un poco anticuados para esto- dijo Dohko, sonriendo- los santos dorados tienen trabajo que hacer, y las chicas tienen sus propios empleos. Puedes contratar a un tutor para la señorita Athena. Será solo por un mes-

Shion se quedó pensativo.

-Quizá tengas razón- admitió Shion- pero solo hay un problema: me preocuparía tener que permitir que algún desconocido entrara al Santuario, e incluso dejarlo pasar tanto tiempo a solas con la señorita Athena-

-Puedes contratar a una chica- dijo Tora tras meterse otro bombón a la boca- una tutora. Seguramente podrá tener más paciencia y poner a la señorita Athena en su sitio si se llegara a poner difícil-

Shion sonrió.

-Puedes contactar a la universidad de Atenas- sugirió Dohko, señalando la computadora- creo que el teléfono está en la página de Internet-

Tora se volvió hacia Dohko, alzando las cejas, de pronto interesada en la conversación.

-¿Qué es internet?- dijo la chica, dejando a un lado su intención de decidir entre tomar o no otro bombón y mirando a Dohko con enormes ojos curiosos.

Shion y Dohko se miraron entre sí y tras suspirar, sonrieron. Eso iba a tomar tiempo de explicar. Antes de que pudieran responderle, llegó Camus apresuradamente, y les contó lo que Liliwen había visto en su visión. Shion asintió.

-Bueno- dijo el Patriarca- enviaremos un grupo de santos de plata a revisar ese sector. Esperemos que no sea nada serio-

-¿Yo puedo ir?- dijo Tora, dando unos golpecitos a la espada que colgaba de su cinturón- no me molestaría en lo más mínimo darles su merecido a esos filthy swines-

-No creo que sea necesario- dijo Dohko, apenado- ya veremos de que se trata cuando los santos de plata regresen con su reporte-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues bueno, Shion necesita a alguien que le enseñe a Saori. Pobre de la persona que tenga que hacer eso. Espero que les esté gustando esta historia. Les mando un abrazo a todos. Muchas gracias por sus reviews.

Abby L.