Bueno aquí estamos con el segundo capítulo. Muchísimas gracias a todos los que me dejaron reviews y agregaron esta historia a sus favoritos. Gracias por el apoyo. Empecemos.
Capítulo 2: Un ataque de semidióses
No hay nadie que construya estructuras que un semititán decidido. Esta mañana, cuando todos los de mí cabaña vamos al comedor para el desayuno, vemos que una gran muralla fue construida alrededor del campamento. No me sorprende pues en la biblioteca del campamento hay un libro que dice que la construcción del campamento entero sólo había tardado seis horas. Durante el desayuno escucho una conversación de unos hijos de Mnemósine.
―He oído que Fred, después de volver ayer, fue llevado a la enfermería― dice un chico.
― ¿Qué le habrá pasado?― pregunta Akemi.
―No lo sé, pero cuando fui a visitarlo en la noche y le pregunté qué había pasado, respondió que no recordaba nada― responde una chica.
Esto hace que preocupe un poco pues los hijos de Mnemósine tienen la habilidad de hablar en cualquier idioma y tienen una memoria universal.
―Las tácticas de esos semidióses hacen que me pongan los pelos de punta.
Termino mi desayuno y voy al bosque. Subo sin problemas a la primera rama y me siento en ella. Una amenaza de parte de los semidióses es bastante grave pues nosotros no tenemos más de trescientos campistas mientras que los griegos ahora cuentan con tal vez más de quinientos campistas, sin contar su alianza con los romanos y los monstruos que los ayudan. Una voz me saca de mis pensamientos.
―Tierra― alguien me llama.
Miro en todas direcciones hasta que veo a Shaun escondido entre las sombras. Me hace señas. Bajo del árbol de un brinco y lo sigo. Mientras lo sigo veo que los ánimos del campamento están por los suelos, los chicos de varias cabañas sólo caminan mirando al piso. Los únicos que parecen alegres son los niños pues juegan, ríen y practican sus poderes. Nadie se atreve a calmarlos pues son demasiado jóvenes para que entiendan lo que pasa ahora.
Llegamos a la muralla. Shaun empieza a escalarla por las grietas y huecos. Yo también escalo. Llegamos hasta arriba. Nos agachamos pues a varios metros hay un guardia. No sé por qué pero tengo la sensación de que no deberíamos estar en la muralla. Del otro lado, la muralla es completamente lisa cómo si los que la construyeron hubieron pensado que algún semidiós que nadie notara pudiera escalar la muralla.
― ¿A qué hemos venido?― le pregunto a Shaun.
―Mira esto― dice con un tono de preocupación que no me agrada mucho. Saca un telescopio de su chaqueta. Veo por él y observo que es lo que preocupa.
A varios kilómetros de distancia (telescopio creado por hijos de Ceo) veo lo que parece un campamento improvisado. Veo los estandartes: unos naranjas que dicen: "Campamento Mestizo" y otros morados que dicen: "Campamento Júpiter". No me gusta cómo pinta esto. Quiere decir que podemos ser atacados en cualquier momento.
― ¿Qué hacen aquí?― pregunta alguien.
Shaun y yo nos sobresaltamos. Vemos a alguien vestido de guardia observándonos. Logro identificarlo: es Max.
―Nosotros… sólo estábamos… nada… ―balbucea Shaun.
―Chicos, no deben estar aquí, me veré en problemas. Será mejor que se vayan.
― ¿Por qué eres guardia? Detestas ponerte este uniforme y no soportas pasar el tiempo en un solo lugar por más de cinco horas― le digo.
―Detecto la presencia de un semidiós hijo de Poseidón. Es mi mayor némesis de entre todos los semidióses. Estar aquí planeando como matarlo vale la pena. Si no me equivoco, este semidiós es Percy Jackson.
Shaun reprime un gruñido y yo espero no tener la cara tan roja de enojo como la siento. Ese mestizo fue uno de los siete mestizos que derrotó a mi madre y la envió al Tártaro. Y no hace falta decir lo que hizo al padre de Shaun.
―Max, Max, ven.
Alguien a unos metros le habla a Max. Él va y nosotros lo seguimos. El chico es un hijo de Hiperión bastante alto. Le pasa a Max un telescopio y observa por él. Oigo que gruñe de ira.
― ¿Qué sucede?― pregunta Shaun.
―Han venido los otros seis.
― ¿Qué?― preguntamos al unísono.
Nuestros peores temores se confirman cuando observamos al campamento. En torno a una mesa está ese Percy Jackson, a su lado se encuentra Annabeth Chase, luego estaba Jason Grace, Piper Mclean, Leo Valdez, Frank Zhang y Hazel Levesque. A la de Hades la odio mucho pues en dos ocasiones derrotó a mi madre. Y a Annabeth la odio el triple que al resto.
―Váyanse― nos dice Max.
No lo dudamos ni dos veces. Bajamos de la muralla. Shaun aún parece furioso pues ese Percy y Annabeth estuvieron involucrados en la derrota de su padre. Ninguno se atreve a decirle que los siete mestizos se encuentran cerca del campamento a Sabás pues aunque parezca un chico insignificante, cuando se enteró de que Jason había derrotado y casi humillado a su padre, se puso peor que furia a la que le han roto cruelmente las alas. Volvemos a ver la muralla y vemos que los demás guardias se acercan dónde están Max y el hijo de Hiperión.
Durante la comida, uno de los guardias se acercó a la mesa de Obadías y le susurra algo. Luego Obadías nos avisa a todos de la peligrosa proximidad de los griegos y la importancia de que no salgamos bajo ninguna circunstancia.
Y los griegos no pudieron haber elegido mejor momento para atacarnos.
La tarde cae y los campistas parecen tensos. Entonces pasa lo raro. Veo a algunos campistas coger cascos, armas y salir corriendo. Parece que varios campistas comprenden lo que pasa pues a los menores de trece años los llevan a las cabañas. Entonces el suelo tiembla y veo una ráfaga de fuego elevarse. Corro al puesto de arcos y flechas, que está lleno de campistas cogiendo sus arcos, un carcaj y cascos, tomo mi arco, un carcaj y un casco. Por si acaso, llevo una espada y un cuchillo.
Todos los arqueros corremos en un mismo grupo. A veces uno se separa para combatir con algún mestizo colado. Nos situamos los que tenemos mejor puntería mientras que los que llevan espadas nos protegen. Por cómo se cuelan los enemigos por el agujero que hicieron en la muralla, sé que esta batalla causará muchas bajas. Las flechas vuelan en el aire y se incrustan en las armaduras o entre los huecos de los mestizos.
Unos cuantos parecen desesperarse porque se separan y usan sus poderes para combatir a los mestizos.
El sudor me baja por la cara y la espalda, siento los dedos de la mano izquierda agarrotados por sostener el arco y el brazo derecho cansado por moverlo para coger las flechas, que han sido cerca de doscientas , y todavía no estamos ni cerca de derrotar a nuestros enemigos.
De repente pasa algo inesperado. Del suelo empiezan a salir esqueletos con espadas y cascos, algunos antes de salir cogen a varios de los tobillos pero son destruidos inmediatamente. Debe haber algún hijo de Hades. Varios continúan la batalla pero luego les es imposible debido a que los esqueletos son demasiados.
Los esqueletos nos rodean lentamente. Viendo nuestra grave situación, nos colgamos el arco en el hombro y sacamos nuestras espadas. Nos abrimos paso a través del ejército de esqueletos y escalamos rápidamente los árboles.
Los esqueletos en vez de seguirnos, centran su atención en otro grupo de campistas. Entonces los noto por el color del penacho de sus cascos, son hijos de Cronos. Ellos forman un círculo y hacen el tiempo más lento alrededor de los esqueletos para destruirlos. Distingo a Shaun entre ese grupo por su piel pálida. De todos sus hermanos, él es el que menos objetos afecta pues varios de sus hermanos controlan el tiempo de treinta objetos. Entonces veo quien invoca a los esqueletos. Es un chico de unos catorce años igual a Shaun en palidez y color de cabello.
Varios hijos de Cronos se separan y se dirigen al chico, Shaun siendo su líder. El chico se da cuenta de su situación y saca a más esqueletos pero los hijos de Cronos son más rápidos. Rápidamente destrozan a los esqueletos, pero el chico se desvanece en sombras. Veo a varios gritarle "Cobarde".
Esto es el verdadero caos. Varios tiran sus armas al suelo y empiezan a usar sus poderes para combatir. El suelo tiembla horriblemente y muchos campistas se caen y nosotros nos abrazamos a las ramas para no caer. Miro el cielo y veo grandes chorros de agua. Logro distinguir a Max y sus hermanos combatiendo a los hijos de Poseidón. Los mestizos han traído pegasos con ellos y a los nuestros que montan arpías enormes que se han domesticado con el tiempo.
Las luchas de ser violentas se vuelven sangrientas cuando hay campistas que entierran sus armas en los cuerpos de sus enemigos y los combatientes aéreos se derriban unos a otros y cuando caen junto a nosotros, puedo oír cómo se rompen los huesos.
Los campistas dejan de atacar indiscriminadamente y se vuelven en contra de sus némesis: hijos de Ceo contra los de Atenea, los de Cronos contra los de Hades, los de Febe contra las cazadoras de Artemisa, los de Urano contra los de Zeus y los de Hiperión contra los de Apolo.
Entonces veo a un grupo de mestizos que hacen crecer plantas del suelo para repeler a los nuestros. Saco mi espada, salto del árbol y, junto a mis hermanos, voy a combatir los hijos de Démeter y Dioniso. Empezamos a cortar sus plantas y a pelear. Son buenos pero no están tan bien entrenados como nosotros. Derribo a unos cuantos con cortes, a veces profundos y a veces no, en las piernas y como creo que son buenos combatientes, sólo los pateo en la cabeza o en el abdomen. Los hacemos retroceder poco a poco. Pero cuando creíamos que ya habíamos visto todo de ellos, nos equivocamos y muy drásticamente.
Del agujero que le hicieron a la muralla salen docenas de perros del infierno. Olfatean el aire y salen corriendo a una dirección que hace que se me vaya la respiración por un segundo, se dirigen a las cabañas. Obadías pasa corriendo, tiene un feísimo corte en la frente, y grita una orden:
¡Tres de cada cabaña a las suyas! ¡No dejen que se acerquen a los niños!
Varios siguen sus órdenes y se van corriendo a las cabañas. Entonces volvemos a sentir que el suelo tiembla y del suelo salen muchos minerales. Estos se quedan un segundo flotando en el aire y luego se arrojan contra nuestros campistas. Varios se cubren con sus escudos, otros reciben un fuerte golpe en las piernas, en el abdomen o en la cabeza, estos últimos no se levantan. Un trozo de oro me golpea en la pierna y suelto un gruñido que me sale más fuerte de lo que esperaba. Sobre la muralla veo a Hazel. Maldito Tártaro, como no lo pude haber recordado. Los grupos de arqueros que están dispersos se cubren con los escudos y le disparan. Formo una barrera de roble y le disparo.
Las flechas se hacer acercan a ella y cuando creo que ya conseguí mi objetivo, una gran ola cae sobre las flechas haciendo que caigan. En el aire, montado sobre un pegaso negro, está Percy Jackson. Le disparamos flechas pero las desvía con otra ola. Un fuerte viento sopla, haciendo que casi se caiga del pegaso. En el aire veo a unos cuantos hijos de Urano volando. Todos dejan sus batallas para ver esta batalla épica que sucede. Entonces, Percy no soporta más y cae de su pegaso. Los mestizos ahogan un grito y varios de los campistas cruzan los dedos, esperando que muera. Sin embargo, del suelo sale una red de plantas que lo atrapa antes de golpear el suelo. Los campistas abuchean a los hijos de Démeter. Pero los hijos de Zeus no parecen muy contentos pues se forman unas nubes de tormenta muy oscuras y densas. Dirigen su vista a los hijos de Urano y varios rayos caen sobre ellos, matando a varios. Esto enfurece a los hijos de Hiperión, a la mayoría se le ven sus ojos de un amarillo brillante y a cada punta de su cabello le sale humo. Antes de que la mitad de los hijos de Zeus se convierta en ceniza (lo cual quiero que pase), interviene Obadías a quien ya le vendaron la frente seguido de un centauro, Quirón el líder del Campamento Mestizo y una joven que seguramente es la líder del Campamento Júpiter.
Alto a la batalla dice nuestro líder . Los tres líderes hemos llegado a un acuerdo y concluimos en que esta batalla se suspendiera para evitar más bajas de las que hemos sufrido. Por ahora no hay ningún vencedor ni perdedor esto último lo dice como si lamentara que no termináramos de matar mestizos.
Todos bajan las armas y varios suspiran algo decepcionados. Los hijos de Zeus e Hiperión se calman y sólo se dedican una mirada de odio. Bajo mi arma y sólo fulmino con la mirada a una hija de Démeter a quien le hice un corte superficial en la nariz. Todos nos retiramos cansados y con las ganas de seguir matando hasta el último de los mestizos.
Bueno, aquí acaba el segundo capítulo de este fic. Lamento haberme tardado demasiado en subirlo pues todo era: tarea, padres, tarea, hermana, tarea, escuela, tarea, estudiar para los exámenes, nuevo video de Pewdiepie, estudiar, dormir, pelea con padres, flojera, pelea con hermana, otros fics. Trataré de subir más pronto si la tarea, la flojera, los padres y la hermana no acaban con mi paciencia. No hablaba en serio contigo, Diana theEchidna pero no me vuelvas loca en casa. Y AmmyCullen planeo hacer uno de los que me dices, si el tiempo y la inspiración me dejan. Bien que tengan una buena noche y dejen reviews para que este fic siga viviendo hasta que lo termine. Bye ;)
