No money, no love-Uhuru-Chan
Venga, aclaraciones del capítulo: South Central es el lugar más peligroso de LA, San Fernando Valley es un lugar de clase media, mitad residencial y urbano.
Kees (El nombre significa cuerno, me pareció apropiado) es Holanda, me dio flojera buscar el nombre más usado en el fandom.
Disclaimer: Todo Hetalia es de Himaruya.
Capítulo 2: White horse.
Al día siguiente Arthur despertó sintiendo sus energías renovadas, solo habían sido dos noches en la cama del hospital, pero sentía que había extrañado su cama de blandas y cómodas almohadas. Se estiró sintiendo sus músculos moverse placenteramente, rodó hasta la orilla, tenía la mala costumbre de dormir en medio de la cama. Se levantó perezosamente, abrió las cortinas y las ventanas, el sol brillaba intensamente en el azul cielo, escuchó el ruido de un vidrio quebrándose contra el suelo en el primer piso, salió de su habitación y abrió cuidadosamente la puerta donde debería estar durmiendo su invitado, pero al asomarse no encontró a nadie, hizo un mohín de disgusto, ¿Qué estaría haciendo ese yankee?
Alfred acababa de levantarse, era temprano para él, las once de la mañana. Bajó las escaleras y se fue directo a la cocina, estaba muy ansioso, necesitaba comer lo que fuese, pero no había nada preparado en el refrigerador y no quería cocinar, y aunque quisiese, no sabía hacerlo, él simplemente juntaba dinero y compraba en algún local de comida rápida, mucho más barato y fácil que cocinar un platillo diferente a diario, o eso pensaba.
Se agachó para revisar el mueble de madera que estaba junto a la nevera, pero solo encontró artículos de aseo, se levantó y se golpeó potentemente contra la alacena, haciendo que un vaso que estaba puesto en la orilla cayera al piso y se quebrase en pedazos. Alfred se quejó, se había golpeado demasiado fuerte, pestañeó sintiéndose repentinamente mareado, se apoyó en el lavaplatos y Arthur llegó a su lado.
-¿Qué haces?-Preguntó mirando reprobatoriamente el vaso quebrado.
-Ungh-Gimió a modo de protesta por el malestar- ¡Es tu culpa por no saber guardar los malditos vasos!-Gritó colérico.
Arthur iba a replicar, pero se quedó callado al notar que el menor estaba sobando su cabeza y parecía estar esforzándose en mantenerse de pie.
-¿El vaso te golpeó?-Se acercó y quitó las manos de Alfred.
-Me golpeé con el mueble al levantarme y se cayó el vaso-Contestó dejándose hacer.
-¿Te sientes bien?-El chico tenía un chichón bastante grande en la mollera.
-Creo que necesito sentarme un momento.
Arthur le acercó una silla y el más alto se sentó con lentitud, la cabeza le dolía demasiado. El británico seguía inspeccionando la zona, esta vez separando el dorado y suave cabello, pero no encontró sangre, aún así sabía que podía tener una lesión interna.
-Deberías recostarte en el sillón-Sugirió, mirándole con la preocupación tiñendo sus verdes ojos.
-Estoy bien, dude, me han pasado cosas peores.
-Hazme caso mocoso-Arthur intentó levantarlo, pero el chico a pesar de ser delgado, era más pesado que él-¡Ve a echarte al sillón!
-No soy un jodido perro-Alfred frunció el ceño y siguió resistiéndose.
-Bien, si te pasa algo dejaré que te mueras y te lanzaré a la basura.
Arthur se volteó con el rostro rojo de la rabia, odiaba que le llevaran la contra, agarró una pala y una escoba y barrió los trozos de lo que hace unos minutos era un vaso, lo metió a una bolsa plástica que sacó de uno de los cajones del mueble que antes había inspeccionado Alfred, y lo lanzó al basurero azul que tenía en la cocina. Después de dejar todo en su lugar se volteó y encontró la silla vacía, sonrió satisfecho, el estadounidense le había hecho caso al fin y al cabo.
Llevó la silla al comedor y lo vio echado en el sofá con los ojos cerrados mientras se sobaba suavemente el chichón. Sus gafas estaban sobre la mesita de centro.
-Supongo que buscabas comida cuando te golpeaste-El chico asintió lentamente-¿Qué te gustaría desayunar?
Alfred abrió sus azules ojos un momento, recordando el grasoso y delicioso tocino con un par de huevos fritos que su madre le cocinaba cuando era pequeño en las mañanas, antes de enviarlo al colegio público al que asistía con su hermano mayor, frunció el ceño saliendo de sus recuerdos, hacía mucho que no pensaba en su familia, miró a Arthur quien estaba de pie esperando oír su respuesta. Suspiró, hace tiempo que nadie se preocupaba por él, de todos modos nadie tenía la obligación de sentir preocupación por su persona.
-Tengo ganas de comer tocino y huevos-Murmuró finalmente, cerrando sus ojos.
-¿Con jugo?
-¿No tienes Coca-Cola?
-Puedo ir a comprar-Dijo Arthur frunciendo el entrecejo, aquel chico tenía malos hábitos alimenticios- Pero para que bebas a la hora del almuerzo, ahora solo tengo leche y jugo.
-Bien.
-Iré a comprar el tocino, escúchame bien-Le llamó acercándose al sofá para atraer su atención-No salgas de la casa, ¿Entendido?
-¿Eh?, ¿Me estás secuestrando anciano?-Preguntó sonriendo aún con los ojos cerrados-No pensé que querías aprovecharte de mí, con razón tanta amabilidad, solo me deseas p…
-Cállate Alfred, esto es en serio-Le cortó apretando una de sus mejillas fugazmente a modo de reprimenda-Si sales la policía podría encontrarte, yo creo que relacionaron mi salida junto con tu escape, de hecho, fue demasiado obvio.
-Entonces de todos modos pueden venir y revisar tu casa directamente-Concluyó el menor, sobando su mejilla y abriendo sus ojos para dirigirlos al británico-Pero no pensemos en eso ahora, en serio tengo mucha hambre.
-Bien-Bufó el mayor-Simplemente espérame aquí, cuando regrese hablaremos de esto.
Arthur subió a vestirse y buscar su monedero, después bajó y se fue en busca de ese asqueroso tocino nada saludable que sabía estaba dentro de la dieta de la mayoría de los estadounidenses. Estaba preocupado por el muchacho, quería saber de dónde venía y porqué acabó inyectándose aquella droga, era tan joven aún.
Cuando volvió a su casa fue directo a la cocina, se dispuso a cocinar para Alfred y aprovechó de poner agua en la tetera, miró el reloj que colgaba en una de las paredes de la cocina, iban a ser las doce, se sorprendió, nunca se levantaba tan tarde, se le iban a juntar el desayuno con el almuerzo, así que decidió apresurarse.
El aroma del tocino cociéndose llegaba a la aguda nariz de Alfred, olía tan bien, esperaba que no quedase en exceso aceitoso como la pasta que le había cocinado el día anterior. Se levantó cuidadosamente y se adentró en la cocina.
-No sé cocinar, pero creo que ya se está quemando-Comentó mientras se mantenía detrás de Arthur, asustándolo y haciendo que soltase un grito ahogado.
-¿Qué estabas pensando cuando te acercaste por mi espalda mientras cocino?, ¡Pude haber tirado el aceite hirviendo!-Gritó colérico, ignorando lo mencionado anteriormente por Alfred.
-C'mon, no seas exagerado.
-Mocoso imprudente-Se volteó y la carne ya se estaba recogiendo en una masa quemada, con pánico la sacó y la colocó en un plato blanco.
-Te dije que ya estaba cocida.
-Joder, entonces cocina tú, hago esto para que te sientas bien y me vienes a m…-El británico se quedó callado al ver la sonrisa burlona del menor.
-Nos conocemos hace dos días y ya te crees mi esposa.
-¡Claro que no!, ¡Eso quisieras!-Chilló volteándose para seguir cocinando el desayuno y para evitar la mirada socarrona de Alfred-Y soy hombre.
-Oh, disculpa, quise decir esposo-Se corrigió aguantándose la risa.
-¡Sal de aquí, maldito mocoso!, ¡Deberías estar en el sofá!
Arthur lo empujó hasta sacarlo de la cocina, ignorando cuando el menor explotó en una irritante risotada aguda, volteó y volvió a sus labores en la cocina, procurando no quemar los trozos de tocino restantes ni los huevos, al terminar dejó el plato sobre la mesa de mala gana y el estadounidense corrió a sentarse, olvidándose del dolor proveniente de su cabeza al observar lo bien que lucía el nuevo trozo de tocino juntos a los huevos fritos.
-Se ve bueno-Comentó en voz alta antes de comenzar a comer torpemente gracias al leve temblor que sufrían sus manos.
Arthur volvió de la cocina con el jugo para Alfred en una mano, y en la otra su fina taza blanca de té, en esa ocasión había olvidado comprar scones.
Alfred devoraba sin tregua la carne y los huevos, Arthur le miró por un momento, parecía complacido con lo que le había cocinado.
-¡Estaba buenísimo, viejo!-Halagó al terminar de engullir, y después de beberse el jugo-¿No quedó más?
-Lo demás es lo que se quemó-Aclaró tranquilo, dando un sorbo de su té.
-¿Dónde los dejaste?-Alfred se puso de pie como impulsado por un resorte, dispuesto a comerse los quemados trozos de carne.
-Ahí encima-Arthur señaló en dirección al horno, el plato reposaba sobre el mueble junto a él. El menor fue en busca del plato y volvió satisfecho mordisqueando un trozo-Tenemos que hablar.
-¿Vas a terminar conmigo?, ¿Es que ya no te satisfago?-Gimoteó dramáticamente, aún con la carne en la boca.
-Es en serio mocoso.
-Bien, ¿Qué pasa?
-Si la policía llegase a venir, ¿Qué haremos?-Inquirió con semblante preocupado, mirándolo a los ojos.
-Me escondo-Contestó como si fuese lo más obvio-Supongo que tienes un buen lugar para hacerlo-Agregó con un tinte de doble sentido, mirándole de vuelta con ojos díscolos que el otro ignoró.
-En realidad no tengo ningún lugar así-Refutó sin notar el tinte de la última frase, se removió incómodo en su lugar-Pero supongo que puedes escapar por el jardín si saltas el muro.
-¿Tienes un jardín?-Preguntó dejando los cubiertos sobre el vacío plato.
-Sí, me gusta la jardinería.
-Muéstramelo.
Arthur se puso de pie y jaló al menor de la muñeca para que le siguiera, pasaron a través de la cocina hasta un pasillo que llevaba al patio, Alfred se extrañó, no había notado esa puerta. Salieron y los rayos del sol los bañaron cálidamente. El estadounidense miró sorprendido el lugar, se notaba que Arthur ponía esmero en el cuidado de su jardín, todas las plantas lucían rebosantes de vida.
-Buenos días mis niñas-Le saludó el británico con una sonrisa sincera-Él es Alfred.
-¿Es en serio?-Preguntó el menor mirándolo como a un loco-¿Les hablas?
-Por supuesto, son seres vivos-Respondió frunciendo el ceño-Discúlpenlo niñas, es un pobre campesino yankee que encontré tirado.
-¿Campesino?
-Eso es lo que eres.
Alfred mordió sus labios sintiéndose incómodo, ¿Cómo se había dado cuenta?, estaba seguro de que podía imitar perfectamente a la gente de ciudad, frunció el ceño perdiéndose en sus recuerdos por segunda vez en el día, odiaba el acento sureño que había heredado de su familia.
-A veces pronuncias mal-Explicó el mayor, tomando una regadera que había cerca de la puerta-Siempre me fijo en lo mal que pronuncian ustedes los estadounidenses, pero tú eres un caso especial.
-Gracias, viejo, eres muy amable-Respondió venenoso, enviándole una mirada resentida.
-De todos modos para mi todos ustedes hablan horrible, no te lo tomes personal-Aclaró regando un rosal lleno de flores amarillas.
-Y ustedes hablan como si trajeran una papa en la boca-Susurró para sí el menor, asegurándose de que el mayor no lo oyera.
Alfred se dedicó a observar el lugar, las murallas que dividían el jardín de Arthur con el de sus vecinos eran algo bajas, no medían mucho más que él mismo. Había un árbol cerca del muro, alguien podría entrar o salir perfectamente si se trepaba de él.
-¿Tu plantaste el árbol?
-Oh, no, él estaba aquí cuando llegué-Explicó mientras dejaba de lado la regadera y se disponía a chequear el estado de sus otras plantas, pero le interrumpió el sonido de su celular, contestó con disgusto después de leer el nombre en la pantalla-¿Qué quieres?
Alfred prestó atención, pensó que Arthur era un hombre solitario, aunque con esa respuesta al contestar notaba que no era amigable con quien fuese que hablase. Arthur comentó que había tenido un accidente, que estaba en su casa y que volvería a trabajar el día siguiente.
Era Francis, su compañero de trabajo y mejor amigo, se había enterado esa mañana sobre el accidente gracias a un comentario despreocupado de su jefe cuando le había preguntado sobre el británico, él llamó enseguida, estaba preocupado y se sentía culpable de no haber estado con su amigo cuando le necesitaba.
-Sí, ya, no te llamé porque no me pasó nada…Si, no te preocupes…bueno, nos vemos, adiós frog.
-Creí que no tenías amigos-Comentó el menor apenas Arthur cortó la llamada.
-Supongo que Francis es la excepción-Respondió desinteresadamente, aprovechando de marcar otro número-Espero que los de la aseguradora me paguen por el accidente, necesito otro auto.
Arthur se metió a la casa olvidando que hace minutos atrás estaba mimando a sus plantas, Alfred le siguió cerrando la puerta tras de sí, se sentía ansioso nuevamente y había comenzado a transpirar, síntoma que atribuyó al sol al que se había expuesto minutos antes, pero que en realidad se debía a otro factor.
-¿Tienes dinero?
-¿Eh?
Arthur dejó de hablar por el celular para mirar extrañado al menor, parecía afligido y se secaba las manos en su pantalón de pijama.
-Necesito ir a mi casa a buscar mi ropa-Se excusó con rapidez, mirándole a los ojos urgido.
-Oh…Bien.
El británico le entregó su billetera y siguió hablando con su asesor del seguro, Alfred subió con rapidez a ponerse la ropa que había conseguido el día anterior, sacó algunos billetes y bajó corriendo las escaleras, le devolvió la billetera a Arthur, quien al aparecer discutía a través del celular, y salió del hogar.
Tomó un bus y esperó, su casa estaba algo alejada de la de Arthur, llegó casi una hora y media después, se sentía terrible, descendió y caminó buscando aquel edificio en particular, lo encontró, el cartel de neón, que estaba apagado a esas horas, rezaba "The lion's den"*, caminó al callejón de al lado, subió las escaleras de emergencia y golpeó la puerta lateral del local por el segundo piso. Un hombre alto de rubios cabellos peinados hacia arriba abrió la puerta, sus serios ojos verdes le miraron de arriba hacia abajo, frunció el entrecejo.
-¿Qué?
-Kees, necesito un white horse-Pidió atropelladamente, rascándose la muñeca derecha-Mejor dos.
Kees estiró su mano esperando la paga, Alfred sacó los billetes, le entregó catorce dólares y el hombre se adentró en su casa unos segundos, volvió con una jeringa en mano y dos bolsas pequeñas con un polvo marrón claro, le entregó las cosas y se quedó en el umbral de la puerta.
-¿Algo más?
-Tres doves.
El holandés las sacó de su bolsillo, ya conocía a Alfred y sus preferencias a la hora de comprar.
-Ya sabes.
Alfred le entregó otros tres billetes de diez y se despidió, escondió en sus bolsillos sus compras, bajó las escaleras y caminó con rapidez a su departamento, no estaba muy lejos de ahí. Al llegar abrió ansioso la puerta, se sentó en el roído sofá de dos cuerpos y sacó la jeringa que se notaba usada, abrió el cajón que estaba junto al sillón, sacó un guante de látex, lo amarró alrededor de su antebrazo izquierdo, después sacó una cuchara sucia y encendió una vela que estaba abandonada en el pequeño mueble, disolvió el polvo en la cuchara gracias al fuego e intentó calmarse vanamente antes de inyectarse, aunque no importó, estaba tan acostumbrado que encontró la vena con maestría y se clavó la aguja a la perfección, soltó el guante e inyectó la sustancia lentamente, suspiró sintiéndose aliviado, sacó la aguja y la lanzó al suelo después de ponerle la tapa. Se quedó un rato echado en el sillón, al cabo de unos segundos se sintió en la gloria, cuanto había necesitado aquella sensación. Sintió sus músculos relajarse, gimoteó extasiado y se permitió estar en la misma posición durante al menos media hora, hasta que decidió levantarse para meter sus pertenencias a un bolso. Torpemente metió algunas prendas, artículos de aseo, ropa interior y un par de zapatillas, se sentía un poco adormecido, buscó su celular, estaba sobre su cama, tenía llamadas perdidas del tipo que le había conseguido aquel departamento, seguramente creyó que moriría con la sobredosis, le enviaría un mensaje luego. Terminó con su bolso después de guardar ahí dentro la bolsa restante, las pastillas y una jeringa nueva que tenía guardada, se puso su chaqueta favorita de bombardero color café y salió del lugar en dirección a la parada de buses.
Subió a duras penas, estaba un poco mareado, pagó su pasaje y se sentó en uno de los últimos asientos al lado de la ventana, viajó mirando como el paisaje cambiaba de la suciedad y delincuencia a la ciudad, y posteriormente a la villa residencial de San Fernando donde vivía el británico. Bajó del bus tranquilamente, caminó sonriente hasta que encontró la casa de Arthur, golpeó y no esperó más de diez segundos para que el mayor abriera la puerta, le miró preocupado, eran cerca de las tres y media, había tardado mucho como para solo haber ido en busca de sus pertenencias, aunque no sabía con seguridad qué tan lejos se encontraba el departamento de Alfred.
-Hasta que llegas.
-Hola, dude-Levantó su bolso-Listo.
-El almuerzo ya está enfriándose, entra.
Alfred caminó algo lento hasta la mesa, dejó su chaqueta de cuero sobre la silla, hacía mucho calor como para andar con ella puesta, se sentó y dejó el bolso entre sus piernas, eran los mismos fideos del día anterior. Los comió con calma, Arthur se extrañó del cambio de actitud del chico, parecía tan ansioso hacía un par de horas atrás y ahora estaba muy relajado, pero prefirió no decir nada, siguió almorzando y entonces se dio cuenta de lo que había hecho, le había entregado su billetera a un drogadicto, su billetera con el dinero que le quedaba para el resto del mes, tragó saliva con dificultad, ni siquiera había revisado después de que el menor se marchó, estaba distraído hablando con el de la aseguradora.
-Y… ¿Por qué tardaste tanto?-Preguntó tratando de sonar casual, mirándole atentamente.
-Um-Alfred levantó su mirada-Me entretuve con un vecino.
-¿Cuánto llevaste?
-¿Cuánto de qué?-Se hacía el desentendido mientras absorbía un fideo.
-Dinero, ¿Cuánto gastaste?
-Ya sabes, llevé cincuenta-Respondió como si nada, mirando hacia su plato como si este le interesara.
-¡Cincuenta!, ¿Qué mierda compraste?-Se alteró, no era tanto dinero, pero imaginaba que uso le había dado el menor.
-Te lo voy a devolver, lo juro-Contestó evadiendo la pregunta.
-No quiero drogas en mi casa.
-Entonces, ¿Debería irme?
Alfred le envió una mirada gélida, idéntica a la que le dedicó a su padre en más de una ocasión, como le molestaba que se metiesen en sus asuntos y que le hablasen en ese tono autoritario. Arthur negó con la cabeza, dejó su plato a medio terminar y suspiró, no quería echarlo, quería ayudarlo.
-Solo…trata de no meterte esas cosas, por favor-Suplicó con su mirada, aunque no pareció hacer mucho efecto en el estadounidense.
-Bien, lo prometo, no te causaré problemas, no te preocupes-Le sonrió amistoso, cambiando completamente su actitud, acarició una de sus manos sobre la mesa por breves segundos, dejando al británico fuera de combate.
-Ah…s…sí-Arthur retiró su mano, extrañado.
-Gracias por la comida-Se levantó y caminó hasta el sillón donde se echó acostado, se sentía tan satisfecho ahora, después de aquellos infernales días sin la sustancia en su cuerpo era un gran alivio tenerla de vuelta en sus venas.
-¿Vas a dormir?-Arthur se había levantado a recoger los platos.
-Un rato…
Alfred dormitó disfrutando de las últimas horas del efecto de su adorado white horse, escuchó unos golpes en la puerta seguido de los apresurados pasos de Arthur, él abrió la puerta y se escuchó una voz de marcado acento francés en el ambiente.
-Mon chérie, ¿Estás bien?
Francis se abalanzó sobre Arthur acariciando sus mejillas y acercando su rostro más de lo que permitía la relación de amigos, le dio un beso en cada mejilla y Arthur lo apartó molesto de un manotazo.
-¿Qué no me ves?-Preguntó enojado, sonrojándose avergonzado por el exceso de confianza que siempre usaba su amigo-¡No me toques!
-¡Me rompes el corazón, mon amour!-Exclamó dramáticamente, casi con lágrimas en sus azules ojos-¡Tienes un ojo morado!, ¡Tu mejilla está cortada!-Se interrumpió fijándose en las leves lesiones del británico.
-No me llames así, frog, no es nada, ¿A qué viniste?, te dije que iría el lunes a trabajar y que estaba bien.
-De todos modos me preocupé y quise venir a ver con mis propios ojos.
Alfred miró adormilado con un ojo entreabierto al nuevo invitado, un francés de rubia melena, tez blanca y ojos azules, vestía ropa elegante y parecía ser bastante cariñoso con el británico, seguramente era el tipo con el que había hablado más temprano por celular, perdió el interés en él y volvió a cerrar sus ojos.
-¿Me vas a dejar pasar?
Arthur suspiró y se hizo a un lado, el francés entró caminando con elegancia y de inmediato se detuvo al notar al estadounidense sobre el sofá. Arthur cerró la puerta y miró divertido a su amigo, estaba descolocado.
-¿Y este esperpento quién es?-Preguntó con tono ofendido, como si la presencia del menor en su mismo espacio fuese un insulto.
-Se llama Alfred.
-¿Y de dónde lo sacaste?-Le miró con reproche, poniendo ambas manos sobre su cintura.
-Lo conocí en el hospital.
-¿Y qué está haciendo echado en tu sofá?
-¿Por qué me estás pidiendo explicaciones?-Evadió, hartándose de tanta pregunta por parte del mayor.
-¡Porque me preocupo por ti!-Exclamó como si fuese obvio.
-¿Estás celoso, frog?-Le picó Arthur, sonriendo triunfal.
-¿Yo?, ¿Celoso de un cejotas como tú?, no me hagas reír.
Arthur se molestó, ¿Era necesario que lo ofendiera?, odiaba que lo molestaran por sus tupidas cejas heredadas, iba a replicar, pero Alfred gimoteó su nombre lastimeramente y desvió su atención de la discusión con el francés.
-¿Sí?-Preguntó, acercándose al menor con rapidez-¿Todavía te duele la cabeza?-Dudó tanteando suavemente el chichón que permanecía igual de hinchado que en la mañana.
-Ah, no me duele-Aclaró Alfred, pestañeando algo ido-¿Podrías traerme agua?
-Claro.
Francis quedó anonadado con la sumisa actitud del británico con el estadounidense, si él le hubiese pedido un vaso de agua el otro le hubiese hecho algún gesto obsceno y le hubiese respondido algo como "Piérdete". Frunció el ceño extrañado, aún no entendía que hacía ese tipo metido en la casa de su amigo. El francés miró de reojo al americano, el chico había cerrado los ojos nuevamente y tenía apoyados ambos pies, con zapatillas puestas, sobre el adorado sofá de Arthur, ese que una vez él se había permitido manchar con vino por accidente una noche, donde después tuvo que soportar los golpes e insultos durante al menos una hora, según el británico, "por mancillar sus pertenencias".
Arthur volvió con el vaso y se quedó de pie junto al menor, observándolo, este se incorporó hasta quedar sentado y recibió el objeto, bebió ávidamente el líquido y le sonrió murmurando un "Gracias viejo", que fue respondido por un cálido "No es nada". Arthur se dio cuenta de que el menor respiraba algo forzado, iba a preguntarle nuevamente si se sentía bien, pero el otro europeo habló primero.
-Yankee-Le llamó Francis, no soportando la escena que se desarrollaba frente a sus ojos.
-Me llamo Alfred, afeminado-Respondió molesto por cómo le había llamado, enviándole una gélida mirada de advertencia.
- ¿Por qué estás aquí?
-¿Eh?, ¿Y qué coño te importa a ti?
-Me importa, imbécil, porque esta no es tu jodida casa-Contestó acercándose al sofá.
-Tampoco es tuya, cabrón.
Alfred se puso de pie tensando su cuerpo, dio un paso, pero un suave empujón de Arthur le hizo retroceder, lo miró, él estaba observando al francés.
-Basta Francis, solo se quedará por unos días mientras encuentra casa-Le medio mintió para tranquilizarlo, conocía lo sobreprotector que podía llegar a ser su amigo cuando se trataba de él.
-Mph-Bufó no convencido con aquella excusa, mirando al estadounidense de arriba a abajo con desdén-¿No te parece arriesgado meter a alguien que acabas de conocer a tu casa?
-¿Eres su maldito padre o qué?
-No hablaba contigo, mocoso de mierda.
-¡Cálmense los dos!-Ordenó Arthur perdiendo la paciencia-No quiero peleas en MI casa.
Alfred gruñó molesto, acatando lo dicho por el mayor, Francis frunció los labios y se cruzó de brazos en silencio.
-Bien, mira, no te preocupes frog, ya soy bastante mayor como para tomar mis propias decisiones, ¿Si?-El francés asintió sin estar de acuerdo realmente-Y tú…-Posó un dedo en el pecho de Alfred, quien lo miró apretando sus labios-Calma tu temperamento.
-¡Él empezó!-Exclamó, señalando al de melena mientras hacía un puchero que le hizo ver bastante infantil.
-Mocoso.
-¡Ya!, ¡Joder!-Les cortó, antes de que comenzaran a pelear nuevamente-Aún así no debiste seguirle el juego-Terminó de regañarlo, mirándolo reprobatoriamente.
Alfred desvió la mirada molesto por la injusticia, era el francés quien había comenzado llamándolo "Yankee" de un modo peyorativo.
-¿Te quedarás a beber té?-Preguntó a Francis, cambiando radicalmente de tema.
-La verdad no me apetece estar aquí en compañía de intrusos-Rechazó con tono ofendido, de un modo bastante inmaduro.
-Como quieras.
-Me largo, hablamos mañana cuando no traigas al mocoso metiche pegado, au revoir monsieur Arthur-Se despidió con frialdad, y salió por cuenta propia del hogar, cerrando de un golpe.
-Menudo afeminado que tienes de amigo-Comentó Alfred inflando los mofletes.
Arthur sonrió divertido por el infantil gesto y le pellizcó una mejilla-Eres un niño con cuerpo de adulto.
-Y tu un viejo amargado en cuerpo de treintañero sensual-Respondió pasando su húmeda lengua sobre sus propios labios, mirándole con lujuria, desconcertando visiblemente al mayor-Ni lo creas, solo bromeo, viejo, no me pones-Agregó haciendo un gesto de asco, seguido de una estruendosa risa.
Arthur frunció el ceño, aquel niñato era muy irritante, pero nadie le había obligado a alojarlo en su hogar, suspiró resignado y se sentó en el sofá, se venían días difíciles junto al americano.
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(IN) The lion's den: Lo mismo que la expresión "En la boca del lobo" en U.S.A dicen en "la boca del león".
White horse: Así le dicen a la heroína en U.S.A, aunque tiene muchos más sobrenombres.
Doves: (Paloma) Nombre que le dan a las pastillas de éxtasis, algunas traen "dibujada" una paloma en las píldoras, aunque tienen variados diseños y más nombres (Creo que depende de cuantos gramos son y de qué están compuestas exactamente, pero joder, son demasiadas variedades, así que lo dejamos en dove)
¿Debería decirlo?, no me gusta el FrUk :3 Pero si me gusta Francis, Francis es demasiado hermoso como para ser odiado (?)
Ya saben, sugerencias, amenazas de muerte, HAMBURGUESAS, lo que sea, déjenlo en un review :3
Bye bye!
