II.

CELOS


Las risas retumbaban en sus oídos. Veía como Albus entrecerraba los ojos y bajaba la cabeza, al tiempo que sus hombros convulsionaban al ritmo de sus carcajadas. Le conocía demasiado bien, habían escuchado la risa de su hermano durante años y aquella no era una risa cualquiera, era una risa especial: Estridente, vibrante, contagiosa. La que utilizaba cada vez que el tío George contaba un chiste nuevo, o Lily quemaba las tostadas del desayuno.

Malfoy, a su lado, también sonreía, pero sus carcajadas eran más discretas que las de Albus: Silenciosas, melódicas, cristalinas.

¿Qué podía ser tan gracioso que obligase a Albus a escupir su zumo de calabaza por la nariz? ¿Desde cuándo Malfoy se mostraba tan alegre en público? Y lo más importante aún ¿Cómo no sabía que su hermano era amigo de Scorpius Malfoy?

—Este año, Ravenclaw y Slytherin comparten Herbología—Señaló Lucy, siguiendo la trayectoria de su mirada—. El tío, perdón, el Profesor Longbottom—Rectificó—, colocó a Albus y Scorpius como pareja de trabajo—Se encogió de hombros ante la mirada interrogante de James, el chico a pesar de que debería estar ya más que acostumbrado, no dejaba de asombrarse ante la capacidad de su prima para conocer la vida de casi todos los alumnos de Hogwarts—Rose me lo contó.

Asintió frunciendo el ceño, centrando de nuevo su atención en los dos más jóvenes.

—¿Ocurre algo? —Quiso saber la chica—¿No te molestará verdad? —James dejó escapar un gruñido, Lucy rodó los ojos—No seas crío, algún día tendrás que superar que Malfoy os venciese en semifinales la temporada pasada ¡Solo es Quidditch!

—No tiene nada que ver con eso—Respondió, apartando la vista de los chicos con brusquedad, Scorpius había puesto su mano sobre el hombro de Albus. Esa simple visión conseguía perturbarle más que el hecho de imaginar a la Directora McGonagall bailando una danza sensual en ropa interior.

—¿Entonces a que se debe? —James bajo la cabeza, avergonzado, apretando con fuerza los puños sobre la mesa. Lucy abrió los ojos con sorpresa, malinterpretando su gesto.

—¿Es por qué es un Malfoy? ¡James! —Exclamó, molesta—Me esperaba algo mejor de ti, no que te dejases llevar por los estúpidos prejuicios del tío Ron.

No respondió, prefería que su prima pensase que vivía anclado en el pasado a reconocer la verdad. Porque, realmente, aquello no podía ser cierto.

No podía morirse de celos cada vez que veía a Scorpius con su hermano-o con cualquier otro chico-era ridículo, completamente ridículo.

Eso significaría que le gustaba, y podía jurar por los pelos de la barba de Merlín que a él no le gustaba Scorpius Malfoy ¡No podía ni verlo delante! ¿Cómo iba a gustarle?

—No me agrada que esté tan cerca de Albus—Reconoció a regañadientes—Nada más.

Lucy se echó hacía atrás su larga melena pelirroja, antes de dedicarle una significativa mirada.

—Pues tendrás que acostumbrarte. He oído que Albus le ha pedido ir con él el próximo fin de semana a Hogsmade, como una cita—Aclaró, aunque no hiciese falta—Malfoy aceptó al momento.

James sintió un fuerte tirón en su estómago. No podía ser cierto, tenía que tratarse de algún tipo de broma. Alguien le habría echado algo esa mañana en su desayuno, seguramente fuese cosa de Fred, probando sus nuevos inventos para Sortilegios Weasley.

Sí, debía de ser eso.

Definitivamente no podía gustarle Scorpius Malfoy.

Y, por supuesto, no tenía celos de la cita de éste con su hermano.

Ni de coña.