Segundo capítulo del fic, el nacimiento del herederos. Ahora podemos conocer un poco más a Arwen y ver que le hace sentir al rey. Espero que os guste!

Personajes de Akira Toriyama.


Capítulo 2. La locura del rey.

Ella vivía en la locura. Su madre nunca estuvo en su memoria, jamás la conoció, jamás supo como era. Nada más nacer al poco tiempo ella dejó de existir. Su padre era uno de los mejores soldados de tercera clase que había, pero su vejez lo llevó de taberna en taberna, gastando aquello que ganó en destrucciones en apuestas. Cuando no le quedó nada llegó a apostar noches con su hija de tan solo 15 años de edad. Así fue como la vida se apoderó de él, muerto en la calle, borracho, inútil. Su hermano nunca la apreció ni como mujer ni como saiyajin, desde pequeña la trató como una idiota, la culpable de sus problemas. Más fue su pelea con ella al enterarse que estarían juntos en el mismo escuadrón. Su muerte fue con solo 30 años. No tenía una compañera, no tenía un hijo, tampoco tenía de quien estar orgulloso sino consigo mismo. Nada de lo que la rodeaba era agradable, pero ella en sí era rara, por lo menos a su parecer.

Flash Back

-Bien-dijo Andro cuando llegaron al lugar del que debían encargarse de sus habitantes-este es el planeta Reisoc.-

-¡Cuando acabemos con este trabajo y volvamos nos harán una gran fiesta!-decía con gran ánimo Gervok, uno de los compañeros del escuadrón-este planeta no durará ni un minuto con esos idiotas.-

-Primero examinemos, Gervok-ordenó Andro al ver los planes que tenía su compañero ya-no podemos fiarnos ni de nuestra sombra. Me informaron de que los habitantes eran muy rápidos aquí, una batalla en tierra podría estar perdida.-

-Entonces nos mantendremos volando-dijo Aure mientras separaba sus pies del suelo, ella era la otra mujer, y a escondidas la amante de Andro.

-¿Nos mantendremos en grupo, Andro?-ese era Tuman, otro de los integrantes del escuadrón.

-Eh...-él miró a la otra mujer que los acompaña un momento-Arwen, tú vete al otro lado del planeta.-

-Pero si estamos en grupo ganaremos, no podemos separarnos-le pidió la mujer sabiendo que era lo más lógico.

-Tranquila, si el grupo no se separa-sonrío malvadamente-¡ahora largo!-

-Andro...-

-¡Que te largues!-gritó mientras se acercaba violentamente hacia ella-¿acaso no quieres darte cuenta? No te quiero ver cerca ni de mí ni de ellos. Este escuadrón está formado por cuatro y no por cinco. No necesitamos a una zorra aquí.-

Fin del Flash Back

Esas fueron las últimas palabras hacia Arwen, no la necesitaba, además del insulto por parte de su familiar. Ella miró el reflejo de la luna en aquel lago, se encontraba desnuda sentada en la suave hierba rodeando sus piernas con sus brazos. Recordaba que desde niña iba allí para olvidarse, nadaba un rato, luego se sentaba a contemplar el agua usándola como el foco en que se perdía su imaginación y recordaba lo que había vivido. Era normal que en un momento así su llanto fuera haciendo presencia, pero un ser que es inmune a aquello que llaman sentimientos no lo puede notar. Lloraría si su orgullo, su honor y dignidad no quedaran en ella, pero poco era probable que pasara. Arwen se preguntaba que se sentía cuando llorabas, cuando apreciabas a alguien, ya que la saiyajin nunca tuvo un referente del que aprender. Tragó saliva y cerró los ojos, dio un suspiro y volvió a abrirlos. Se levantó del césped y volvió a meterse en el lago, no deseaba más que sus pensamientos se hundieran y en momentos deseaba acompañarlos.


Las noches eran frías y su recuerdo demasiado húmedo. Los ojos de la saiyajin se clavaban en su mente, se adentraban en sus recuerdos. Sus sueños eran con su nombre, con su apariencia, no había más que un cuerpo femenino desnudo con una cola y pelo largo, sin labios, sin nariz, solo con esos ojos que parecía lo más cercano al infierno que a la vida. Despertó en su cama empapado por el sudor que corría por la frente, no deseaba la imagen de ella ocupando sus sueños, y menos los más íntimos. Él era el rey de los Saiyajin, como caer tan bajo de pensar en una de tercera, una mujer que no merecía la pena. Pero ¿como evitarlo? Ella lo esperaba en cada rincón, detrás de cada puerta, en el rostro de cualquier mujer. Estaba volviéndose loco, no podía creer como Arwen jugaba con su mente, era demasiado hermosa, demasiado perfecta, demasiado... diferente.

-Maldita sea-se levantó de la cama y salió hacia una habitación-esto no me puede pasar a mí. Maldito Freezer, seguro que él sabía de esto, por eso me llamó-al llegar a su destino tocó con fuerza la puerta-¡Nappa!-

-¡PERO NO SABE LA HORA QUE...! Ma... Majestad-dijo asustado al ver la cara de su rey por el grito del soldado-¿qué se le ofrece?-

-Quiero a una hembra en mi habitación-Nappa quedó paralizado, su rey era de estar con mujeres, pero ¿y esa necesidad de última hora?-¡YA!-

-Sí, sí-salió de la habitación-no tardaré, Majestad.-

-Eso espero-decía dando media vuelta y volviendo a su cuarto.

Tanta era la necesidad de tener aquella mujer en sus brazos, que por negarse a estar con ella prefería tener a otra en su lugar y al menos ponerle su rostro.

No tardó en aparecer Nappa con una saiyajin para su rey, que aceptó a la elegida. Así de insaciable fue su noche, acostándose con la que tenía en su mente y a la vez no.


Abrió los ojos al amanecer, se incorporó un poco y finalmente se levantó de la cama. Fue a la cocina para comer algo, tenía mucho trabajo ese día. Esperaba ser torturada, a lo mejor recibir una paliza hasta dejarla sin huesos, pero en cambio el rey Vegeta la puso a trabajar en la cocina con las mujeres esclavas que traían de otros planetas. Era muy raro, aunque en el fondo estaba agradecida. Pensó que si no era una tortura a lo mejor la iban a mandar de cama en cama con los de tercera. No era algo que le hiciera gracia, ella estaba harta de que la miraran como un bicho raro por tener algo diferente a las otras saiyajins, pero luego a escondidas la deseaban precisamente por la diferencia. Con tan solo 19 años ella ya había visto mucho y a la vez desconocía cosas. Por supuesto no era pura, su virginidad ya se la entregó a un idiota que le ganó una apuesta a su padre, sinceramente, aquellos que apostaban no eran distintos a otros saiyajins. Ninguno tenía compasión y quien la tuviera era mandado a otro planeta para quedarse allí. Ella no fue mandada y lo más seguro era que lo mereciera, pero si cuando estaba ante alguien que pedía por su vida se lo pensaba, luego... mataba. Sus manos de sangre no estaban limpias.

Salió de la casa y volando fue al castillo de su rey, allí empezaría su labor como cocinera. Pensaba por el camino como sería trabajar con seres inferiores a ella. Las mujeres saiyajins no sabían mucho de cocina, apenas limpiaban, lo único que sabían eran alimentar a los niños y cuidarlos. Ellas mataban, pero seguían siendo de menor rango que los hombres. Ellos las llamaban hembras, ellas los llamaban saiyajins. No había ni peleas ni guerras por eso, las mujeres sabían que no tenían nada que hacer en un combate a cuerpo con ellos. Seguían el juego, sabían que el poder lo tendrían siempre los hombres, nunca las mujeres. Si eran insultadas a lo mejor se defendían, pero casi siempre callaban.


Alguien entró a la sala del trono y se inclinó.

-Majestad-dijo el guerrero, él lo miró atendiendo a sus palabras-el escuadrón que pedisteis no tardará en partir al planeta Triato.-

-Buen trabajo, Bardock-se levantó el rey de su trono-ese planeta hará más grande la confianza en Freezer con nuestra raza.-

-Cierto, Majestad-comentó el saiyajin de tercera incorporándose-pero si Freezer ya confía en nosotros... ¿o no?-

-Eso es lo que el deja ver-decía el rey Vegeta caminando hacia Bardock para estar frente a él-pero eso es incierto, el busca cualquier punto, para lo más seguro, acabar con nosotros. Nuestra alianza debe seguir hasta cierto tiempo, entonces... daremos el golpe.-

-Matar a Freezer puede suponer ciertos problemas, Majestad-siguió hablando Bardock-recuerde que también se encuentra su hermano Cooler y su padre King Cold.-

-Cooler no supone amenaza ni siquiera ahora para mi y mi reino-explicó el rey a su soldado-King Cold en cambio sí, pero no creo que sea peor que Freezer.-

-Son fuertes, hay que tenerlo en cuenta.-

-Haremos que coja confianza Freezer... esa confianza se la transmitirá a su familia-explicó el monarca mientras miraba al saiyajin fijamente-luego le daremos el golpe de gracia y dejaremos que sea si no cualquier otro desgraciado el que se atrevió a tal ofensa.-

-Y la muerte y aquel que lo asesino también llegará a oídos de Cooler y King Cold-terminó hablando el soldado de tercera mientras su rey asentía-sois un ser malvado, Majestad.-

-Y cuando Freezer muera lo seré mucho más-sonrió con maldad el rey mientras Bardock lo observaba.

-Majestad-entró Nappa y se inclinó ante su rey.

-¿Qué quieres, Nappa?-rodó los ojos.

-La hembra que estuvo ayer en manos de Freezer está afuera, pidió hablar con su rey-decía mientras se levantaba.

-Dila que pase, vosotros retiraos-ordenó a Nappa y Bardock.

Los dos soldados acataron las ordenes de su rey y se retiraron dejando entrar a la saiyajin. El rey intentó mostrar tranquilidad, aunque ciertamente la presencia de Arwen lo inquietaba, más después de su locura por la noche.

-¿Deseas?-dijo el rey mirando a la mujer que se inclinaba ante él.

-Majestad, exijo un castigo más digno de mí-el rey arqueó una ceja mientras ella volvió a su posición levantándose-no es digno de una mujer saiyajin trabajar junto a esclavas de otros lugares muy inferiores.-

-Esperaba más agradecimiento por tu parte-decía el rey Vegeta dando vueltas alrededor de la mujer-es cierto que las hembras saiyajins no sois muy buenas cocineras, pero fui sensato contigo y no te torturé o mandé con unos inútiles para prestarles tus servicios. Te di algo que no te puede herir físicamente.-

-Pero sí dignamente-contestó la mujer observando el andar de su monarca-Majestad, agradezco cual fue su trato al no recibir daño físico, pero antes prefiero el infiero que trabajar con unos seres tan insignificantes como los que tenéis en la cocina.-

-¿Prefieres ser torturada a estar trabajando como una mujer debe hacer?-preguntó parando delante de Arwen.

-El trabajo de una mujer es servir al hombre, Majestad... pero solo al hombre que haya elegido a esa hembra como compañera-respondió mirando al rey-y más en solitario, no soy una tabernera, ni siquiera una ramera, yo soy hija de un soldado de tercera, trabajaba para un escuadrón, no para servir alimento a quien no conozco.-

-Tu valentía hacia tu rey me sorprende, muchacha-decía anonadado tras las palabras de Arwen, cierto es que las mujeres saiyajins hablaban así, pero nunca a un rey-si no entendí mal quieres que te cambie el castigo.-

-Es el favor que os pido, mi rey.-

-Está bien...-el rey Vegeta sonrío con malicia-¿cuánta gente sabe que eres de tercera?-

-Poca-respondió con rapidez-mi familia no me presentaba ni amigos, ni vecinos... solo era una hembra más.-

-Esta bien-sonrió mirando a la mujer de arriba a abajo, era perfecta-ahora pertenecerás al rango de un soldado de primera clase-las palabras del rey hicieron un gesto de sorpresa en el rostro de Arwen, no entendía el porque.

-Majestad...-

-Aun no he terminado-interrumpió silenciando a la confusa saiyajin-Arwen... tu castigo será distinto a la muerte, pero no diferente a la labor de una hembra-ella siguió observando al rey-querida, tú... serás mi esclava, tanto públicamente como íntimamente.-

-Disculpe Majestad, pero no entiendo.-

-Trabajaras para mí, me servirás, me informarás y me darás el placer que necesito-decía volviendo a andar a su alrededor.

-¿Su Majestad desea el servicio sexual de una de tercera?-preguntó aun sin entender o más bien queriendo ignorar su imaginación.

-No-respondió el rey y ella dio un suspiro-de una de tercera jamás. Pero recuerda que hace un momento te he proclamado soldado de primera-esas palabras hicieron que volviera a angustiarse-mujer, no te pongas así. Sé que piensas que las saiyajins de primera clase no hacen este tipo de trabajo, pero los soldados de primera pueden tener como esclavas a mujeres de tercera. En cambio, yo más que un soldado soy tu rey, y un rey puede tener una esclava de tercera clase pero nunca usarla como una amante, eso sería repugnante para mi sangre. En cambio, si eres de primera no tendré ese problema.-

-En vuestra cabeza siempre habrá el recuerdo que soy una saiyajin de tercera-decía la mujer.

-Mira-agarró de los brazos sin ejercer mucha fuerza a la saiyajin-mujer entiendo la poca gracia que te hace, pero si esta noche tú no estas en mi cama tendrás un gran problema. ¡AGRADECE QUE NO TE HE MATADO!-

-Sí... Majestad-respondió cuando el rey la soltó-ahora, con su permiso... me retiro.-

La mujer, aun sin saber como ha podido ocurrir todo esto salió de la sala. Aún no entendía, pero ya era una saiyajin de primera, aunque ella sabía que solo era mentira, que jamás dejaría de ser de tercera clase. No tenía ni idea de que la locura se había apoderado del rey Vegeta.


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