PRIMER CONTACTO

-Y tú ¿Estás preparada?- Parece distinto.

- Vamos- Respondo. Adelante.

Parece un orangután. Ese shinigami parece una especie de cruce entre hombre y mono. Sonrío. Es alto y grande, con la nariz chafada y desproporcionada, una boca enorme y desdentada y los ojos pequeños y grises. He tenido que mirarlo dos veces para estar segura de que no era un orangután gigante vestido con kimono. Es alto, aunque no tanto como Kyo-san. Sin embargo es dos veces más ancho que él. Tiene espaldas de buey y cabeza de orangután. Y unas manos grandes y peludas con dedos cortos y gruesos, que no parecen ser capaces en absoluto de maniobrar con una zampakutoh. A pesar de todo este hombre es un shinigami, del undécimo escuadrón nada menos, y le debemos un cierto respeto. Por eso todo el grupo ha tenido que bajar la mirada al ver como el orangután se llevaba la mano a la espalda y sacaba una calabaza con licor. Bueno, todo el grupo no. Kuzumi-san se le ha quedado mirando tan fijamente que ha llegado a ofrecerle un sorbito. Kyo-san tampoco ha cesado de examinarlo, de arriba abajo, como el niño que descubre la luna y la mira profundamente pero de reojo, temiendo que si se asusta vuelva a salir el sol. El orangután nos mira, uno a uno, mientras se atusa el pelo. Pelo, por llamarlo de algún modo. Lleva una cresta pelirroja para parecer más alto aún, y lo único que logra es parecer más aún una especie desconocida y estrafalaria de animal. Toma aliento.

-¡A ver! ¡Sois veintidós! ¡Vamos a bajar en grupos de once y a ...!- Eructa -¡... tar unos cuantos hollow de mierda! ¿Entendido?- Kuzumi-san ya no sabe donde mirar, a Kuma-kun se le ha escapado la risa y Reita-san parece tener náuseas. Pero creo que el resto lo ha entendido. El grupo empieza a moverse. Todos esperábamos este día con impaciencia. El primer contacto.

Nakano Kyo se mantiene al margen. Un poco alejado del grupo, como suele. Es alto y delgado, de pelo oscuro y despeinado. Ojos profundos, cara angulosa, he pasado horas mirándolo cuando cree que nadie lo observa. Siempre es más listo de lo que parece, más atento, más fuerte, mucho más ágil de lo que muestran sus andares. Así es Kyo-san, una caja de sorpresas que siempre logrará darte más de lo que te esperas. Hoy parece otro día en su vida. No es así. Está nervioso. A medida que nos acercamos a la puerta que conecta con el mundo de los vivos se acerca más al grupo, como si temiera que lo dejáramos aquí. Ya llegamos, hay otro shinigami en la puerta, una mujer. Se saluda con el orangután y le pasa la calabaza. Deben de ser del mismo escuadrón. Es alta y rubia, escultural. Todos los hombres del grupo se la comen con los ojos. Kyo-san también la mira, pero de modo distinto. Sus ojos saltan de ella al orangután. Los está evaluando. ¿Quién es el más fuerte? Dicen sus ojos. Es extraño pero me hubiera sentido menos incómoda si se hubiera dedicado a mirarle el escote, como el resto. Nakano Kyo es... diferente.

-¡Novatos, desenvainad! ¡Los once bastardos de la derecha vendréis conmigo! ¡Formad una fila de uno! ¡El resto seguid a las tetas de Rea! – Vaya, por lo menos me ahorraré él ir con el orangután. El grupo es ahora un tumulto desordenado de risas y lamentos. No veo a Kyo. Estaba justo a mi izquierda. Ya lo he encontrado. A mi derecha. Ha aprovechado el desorden para cambiarse de lado. Nakano Kyo, maldito tramposo.

El metálico clamor de las hojas confirma que todos hemos desenvainado y, espada en mano, formamos dos filas en perfecta simetría, una al lado de otra. Mi zampakutoh devuelve el reflejo de mi rostro, pequeño y moreno. Mis labios están mordidos como de costumbre y mis ojos algo enrojecidos de no dormir. Hoy llevo el pelo recogido pero algunos rizos pelirrojos han logrado escaparse del moño. Kyo-san está a mi lado, en su fila. Me ha pillado contando las pecas de mi nariz. Tomo aliento y le sonrío. Alza su zampakutoh y me señala con ella.

-Y tú ¿Estás preparada?- Hoy parece distinto. Parece feliz, ansioso, radiante.

- Vamos- Respondo. Crucemos al otro lado.