Capitulo 2
Amazonas
Los días pasaron tan lentos como si observaras la puesta de Sol, Todas las mañanas, me levantaba decidida a seguir practicando a seguir entrenando sin pensar en nada ni en nadie, No pensaba ni siquiera en Atenea, que egoísta fui porque solo vi mi propio dolor, vi mi propia soledad y no me gusto, vi que mi maestra prefería estar sin mi, pero si no la tenia a ella, no tenia nada en este mundo, así que me refugié en un mutismo absoluto. Escuchaba las risas provenientes del patio de entrenamiento y mi pecho se encogía, no sabia muy bien que me ocurría, Hasta que escuche sus pasos y ese delicioso aroma a Rosas , trate de no sonreír, pero es difícil, cuando tienes ante ti a la persona que más quieres en este mundo y esa persona para mi era mi maestra, aunque me dolía verla y ver lo Sola que estaba y que al parecer no me quería a su lado..La verdad es que la había extrañado, y mucho, la había evitado días enteros y ella como la mujer que es me había dado mi espacio me hizo un gesto con la cabeza que irremediablemente reconocí.. quería que le siguiera y así hice
-Albadita..-su voz fue tan tierna que todo mi cuerpo sintió un escalofrío, camine despacio a su lado, mientras ella me mostraba el Santuario, hablaba con Tanto Orgullo de el, me contaba las antiguas historias de las grandes amazonas, como Cassiopea, o Hipolita de Sarmacia, Me contó sobre las grandes Reinas Amazonas y todo lo que lograron, me hablo de la primera mujer que entro en el santuario para convertirse en una Amazona de Atenea, me explico que cuando llegue el momento deberé cubrir mi rostro con la Mascara sacramental y entonces la Matriarca, Haría celebraciones para conmemorar a las nuevas Amazonas del santuario, Bailaríamos bajo los rayos de la lunas, consagrando-nos a la diosa Artemisa, Ofreceríamos sacrificios de jóvenes Carneros, Para el Dios Ares y para Atenea llevaríamos Cadenas de flores de todo tipo tamaños y colores, las bañaríamos con leche y miel y disfrutaríamos todas de alegres cantos, pero lo mejor de todo, Era luchar junto a nuestros compañeros, Los Santos de Atenea, así como estábamos dividida nosotras ellos también, Santos de Bronce, Plata y Oro, junto a Otros, dijo que había en el mundo demasiadas personas fuertes, contra las que luchar, También que había demasiados inocentes y que nosotros debíamos protegerles- Hay Demasiadas buenas personas en este mundo, inocentes que se ven mezclados sin querer, en una guerra que solo debemos estar involucrados nosotros, pero el Mal no distingue a sus enemigos, es por eso que nosotros luchamos y Atenea también, Recuerda lo bien mi pequeña
-Si maestra- Yo obedecía fielmente sus palabras, pero lo que me sorprendía era que mi maestra se tomara este día para bajar del Doceavo templo y visitar conmigo todo el Santuario de las Amazonas, me dijo que más atrás de la baya estaba el Templo de los caballeros, los protectores Directos de Atenea, y que nunca debería dejar que un caballero viera mi Rostro a partir del momento que la mascara fuera colocada en este, habían dos Reglas en ese aspecto y me dijo que cuando tuviera la edad propicia me las explicaría, su hermoso rostro se dejaba acariciar por la suave briza que soplaba, hasta que un aire frió nos calo hasta los huesos, observe con sorpresa a una Amazona Dorada, de porte majestuoso que hizo una leve inclinación con la cabeza cuando paso al lado de mi Maestra el respeto entre ambas era solemne y a la vez distante, también había notado que nadie se acercaba a nosotras, mi maestra caminaba con Gallardía en verdad parecía una Santa, una Virgen inmaculada, el Aire frió permaneció durante un buen periodo de tiempo, Detrás de esa amazona una pequeña le seguía, tenía más o menos mi edad sus ojos se posaron sobre mi, me miro sería y en soñadora
Su nombre es Kamel y pasea junto a su alumna Iran..- Sus palabras me obligaron nuevamente a mirar a la amazona de armadura dorada que caminaba Orgullosa mientras la pequeña niña le seguía ofreciendo el mismo aspecto que su maestra , ambas se perdieron entre las escaleras que daban a los templos de las Amazonas de oro, de nuevo ese olor tan familiar y ese tacto suave de sus manos -Albadita.. anda a entrenar con las Jóvenes..- y por primera vez me negué a mi Maestra, su rostro adquirió una leve mueca de incredulidad, seguida de esa bella sonrisa tan natural y fresca, acaricio mis cabellos y mi mejilla y volvió a mi ese estremecimiento- Haz lo que desees mi pequeña.
-Maestra.. pero yo...-mis palabras no salían del todo de mis labios, estaba inquieta, adolorida, pero solo recibí por respuesta, su cálida sonrisa y esa mirada tan penetrante y maternal, se aparto de mi y siguió caminando, dejándome allí sola con tantas preguntas, con tantas dudas, sobré seguir o no en el entrenamiento y volví a ver a una de ellas su cabello ondeante su sonrisa iluminando su rostros y sus ojos cerrados debido a lo divertido del juego, me tire al suelo observando como el sol me cegaba, mis lagrimas caían silenciosas, hasta que su sombra y su rostro aparecieron frente a mi esa mirada desafiante y su actitud renegada
-Eres tú.. ¿llorando otra vez?- su actitud era pesada e irritante- vamos deja de llorar.
P..perdona-susurre limpiando mis lagrimas e irguiendo mi cuerpo en una postura más cómoda, trate de relajarme, de no sentir tanta soledad y junte mis piernas mientras pensaba ¿ como sería mi vida fuera del santuario?
Si dejas de pensar como una niñata a lo mejor podría ayudarte...-Sus palabras me chocaron e hice una mueca de disgusto- Bueno si no quieres entonces no- se sentó a mi lado tranquilamente estirando las piernas -Pero no deberías amargarte.
No dije nada trataba de mantenerme en silencio ya que su incesante parloteo estaba por volverme loca
-Mirá si Yo fuera tú estaría la mar de contenta.
-¿Contenta?
-Si contenta, estas en el santuario, para ser una amazona.
Sus palabras no mejoraron mi tristeza, pero sentí regocijo, si yo sería una Amazona, ¿por qué lloraba?... Mi maestra no quería darme más sufrimiento. El sufrimiento me lo estaba ocasionando yo misma
-Parece ser que has encontrado una solución a tus problemas- se burlo un poco de mi, pero creo que estaba alegre de haberme ayudado, a su manera, pero lo había hecho.
-Gracias.
-Oye no es Nada, todas nos convertiremos en Amazonas algún día y no debemos permitir semejante debilidad en nuestro corazones ¿ no crees?
-¿debilidad?
-Si esas dudas que te están consumiendo
-Has deseado.. ser algo con tantas ganas, y que venga esa persona que tanto admiras y te diga que no quiere eso para ti...
-Bah. Tonterías solo yo puedo decidir que quiero para mi.-no pude reprimir una sonrisa, ella Tenia razón esa peculiar niña que tenía a mi lado tenía toda la razón.
-Es cierto, solo yo puedo decidir que quiero para mi.
-¡Je! Así se habla
-Es hora de que.. hable con mi maestra Gracias...Misao
-Je te acuerdas de mi nombre
-Desde ahora siempre lo recordare- me levante de prisa, tenía que hablar con mi maestra tenía que decirle que había visto la luz y que nada me apartaría de la senda que mi destino tomaría
