En un mundo de Injusticia

(No se debe sentir pena por los que se van, sino por los que se quedan una vez que estos se han marchado.)

ocho.

Encuentran nuevos Titanes a los que entrenar y con los que formar un nuevo equipo. Al principio es extraño y sienten que están traicionando a sus antiguos compañeros, pero con el tiempo, se acostumbran. Todos son más jóvenes que ellos, con mucha menos experiencia, pero aun así con infinitas ganas por ayudar al mundo. Pronto la torre se llena de risas una vez más; la nevera está repleta de comida, las estanterías ya no acumulan polvo y el mando de la televisión aparece de vez en cuando (solo para volverse a perder).

Raven y Chico Bestian ocupan sus antiguas habitaciones y les asignan unas nuevas a sus compañeros de equipo.

Nunca llegan a tocar las que pertenecieron a los antiguos Titanes. Cada pertenencia seguía en el sitio que le correspondía, por si algún día decidían volver.

nueve.

Todo va a salir bien, repetía Chico Bestia una y otra vez. Raven respiraba de forma entrecortada, tapándose la cara con las manos. Si comenzaba a llorar tal vez no terminaría nunca, y nadie podía asegurarle que sus poderes no echarían la torre abajo.

Todo va a salir bien.

No, pensaba Raven, todo ha salido mal.

diez.

La noticia llega un domingo a las ocho de la tarde.

—Yo no quería hacerle daño —susurra Damian desde el sofá.

Chico Bestia no es capaz de preguntarle por qué de entre todos los lugares posibles, ha decidido ir a la Torre T. Siente como su corazón se encoge cada vez más con las lágrimas del niño. No quiere culparlo pero lo hace al mismo tiempo. Quiere golpear cosas, dejar que su instinto animal se apodere de él y rompa mesas, cristales, todo lo que haya por delante. Quiere llorar.

Y entonces todo se va. La pena, la ira, todo. Todo está siendo canalizado. Vuelve la mirada hacia la entrada y nota la angustia en el rostro de Raven.

—¿Qué ha pasado? —pregunta temerosa.

—No quería hacerle daño —repite Damian.

Chico Bestia no es capaz de emitir ni una palabra.

—¿Qué ha pasado?

Pasan minutos hasta que Chico Bestia responde, y cuando lo hace es como si repitiera una lección aprendida. Aún no siente el significado de dichas palabras y duda que alguna vez vaya a tener la capacidad y el coraje de sentirlas como verdaderas.

—Cyborg llamó hace unos minutos —Hace una pausa—. Nightwing ha caído.

once.

—Podemos traerlo de vuelta —Damian sigue en el sofá rosa que decora la sala principal de la Torre T.

Raven niega con la cabeza.

—Aún existen fosas de Lázaro, ¡si encontráramos una…!

—Cállate de una vez —replica Chico Bestia—. No vamos a permitir que se convierta en otro Jason Todd.

—¡Prefiero que sea otro Jason Todd a que Richard siga muerto!

Damian salta por la ventana y se esfuma en la espesura de la noche. Raven le dedica una mirada aún más triste de la que tenía hace unos momentos y Garfield se reprocha una y mil veces por haber reaccionado así.

Damian era un niño. Un niño entrenado para liderar el mundo, para asesinar, torturar y herir, pero un niño al fin y al cabo. Un niño que había perdido al que posiblemente considerase la persona más importante de su vida.

doce.

Al poco tiempo de formar los nuevos Teen Titans, Nightwing se presenta en la cocina de la Torre T. Está abriendo el pequeño armario en el que sabe que estarán las patatas fritas cuando Raven lo ve desde la habitación contigua.

—Hola —dice con la boca llena de trozos de patata.

—Hola —Raven emite una pequeña sonrisa y se apoya en el aparador.

—Así que habéis vuelto a ser equipo, ¿eh?

Raven se encoje de hombros. La verdad es que Garfield y ella nunca han llegado a hablar seriamente acerca del tema. Simplemente, de un día para otro, ambos ocuparon sus antiguas habitaciones y comenzaron a reclutar nuevos miembros. Comían pizza todas las noches, la nevera olía a tofu y comida basura y el mando siempre estaba perdido entre los cojines.

—Es agradable después de pasar dos años sola —responde finalmente—. Aún hay un sitio para un antiguo líder si quieres volver.

—Créeme que me encantaría pero… no puedo. Gotham me necesita. Y Batman.

Raven asiente silenciosamente con la cabeza.

—Pero… ¿tendríais espacio para un nuevo Robin? Uno que necesita urgentemente socializarse —Dick sonríe y se frota la base del pelo en un movimiento casual que Raven no ha visto en años.

—Claro.

Y así, Damian Wayne llega a sus vidas.

trece.

Es un incordio al principio. Damian no se lleva bien con los otros Titanes. Tiene aires de superioridad, cree que los demás son seres inferiores a los que no vale la pena conocer. Si le preguntaran a Chico Bestia, diría que era un grano en el culo (y efectivamente, así se lo comunica a Nightwing por videollamada cuando pregunta por el niño).

Más tarde no es tan incordio, incluso podría decirse que llega a ser divertido. Damian no conoce forma alguna de interactuar con otras personas que no sean Dick Grayson. Piensa que los abrazos son formas de inmovilizarlo o incluso un ataque contra él y que en los videojuegos lo importante es ganar. Según Starfire (que conoce al niño en una de sus visitas mensuales) resulta muy adorable.

Lo curioso es que pasan los meses y el mocoso (tal y como lo llama Garfield cuando este no está presente) se lleva increíblemente bien con Raven.

—A los dos les gusta el mismo tipo de infusión asquerosa que no sabe a nada, ven las mismas películas, ¡incluso meditan juntos, por el amor de dios! ¡Y lee libros! ¿¡Qué niño lee libros, Dick!?

—¿Estás celoso de un niño de doce años? —Nightwing se ríe a través de la pantalla de ordenador.

—¡Cómo voy a estar celoso!

—Desde que formasteis los nuevos Teen Titans, Raven y tú habéis estado todo el tiempo juntos, es normal sentir celos ahora que ella se centra en otra persona.

—¡Eh! Raven no se centra en él, es ese mocoso el que la sigue como un cachorrito perdido.

La risa de Nightwing resuena una vez más por la habitación.

—Vas a hacer que yo también me ponga celoso, Dami solo ha hecho eso conmigo.

—No se puede tener una conversación seria contigo, tío —refunfuña Chico Bestia.

—Nunca.

catorce.

Raven no echa ni una sola lágrima por Nightwing, pero a veces, Chico Bestia siente como ciertas partes de la Torre T tiemblan.

quince.

Nadie ve a Damian la mañana que entierran a Dick, pero tampoco preguntan por él. Chico Bestia saluda con la mirada a Starfire. Tiene los ojos rojos y llorosos, y Roy le besa la mejilla mientras ella sujeta con fuerza la mano temblorosa de Jason.

Cyborg aprieta el hombro de Batman en señal de apoyo cuando el ataúd de Nightwing comienza a descender bajo tierra y Raven agarra fuertemente la manga de la chaqueta de Garfield, susurrando un "sácame de aquí, por favor" cuando la tierra alrededor de ellos comienza a temblar.

dieciséis.

Garfield se obliga a reprimir una carcajada cuando Raven le dirige una mirada seria y le da un codazo. Al parecer lo de Damian con Raven era pasajero, porque en el momento en el que Nightwing vuelve a la torre en su visita semanal, el niño centra toda su atención en él. Le brillan los ojos cada vez que Dick le sonríe y es como si no pudiera apartar la mirada del mayor.

—Es adorable —dice Chico Bestia con una sonrisa socarrona.

—No sé de qué te extrañas, nunca para de hablar de él —Raven pasa una de las páginas de su libro en el sofá, sin prestar demasiada atención al niño y a su antiguo compañero de equipo.

¡Esta vez te voy a ganar, Dami!, dice Nightwing, agitando el mando de la videoconsola como si la vida le fuera en ello.

—¿En serio?

Raven asiente.

—Ni siquiera se da cuenta de que lo hace, pero siempre termina mencionándolo de alguna forma u otra.

—Oh, tío… Realmente es su amor platónico —Ríe un poco más y se acomoda en el sofá.

diecisiete.

Roy va a por comida china para cenar y cuando vuelve al apartamento cutre y destartalado que comparten los tres, encuentra a Kori y a Jason tumbados en la cama. Jason tiene los ojos rojos, no aparta la mirada del techo aunque sabe que Roy está observándolos desde el resquicio de la puerta; Starfire llora en su hombro, sus manos agarrando con fuerza la camisa negra, como si Jason fuera a desaparecer también si le soltaba.

—Ey —Roy les sonríe de forma triste. Conocía a Nightwing desde hacía muchos años, pero su relación con él no podía compararse en lo más mínimo a la de sus compañeros.

Roy se quita la chaqueta y se tumba al lado de Jason, pasa su brazo por encima hasta llegar a la mejilla de Starfire y deja descansar su mano sobre ella.

dieciocho.

—¿Crees que volveremos a ver a Damian alguna vez? —pregunta Raven una tarde.

El sol se filtra a través de las persianas, ilumina parte del salón y este adquiere tonos naranjas. No han tenido noticias de Cyborg desde hace meses y Starfire ya casi no se pasa por la torre. Piensan que es mejor así. Todos intentan lidiar con la muerte de Dick, algunos a su extraña manera.

—No lo sé —responde. Chico Bestia ya no está seguro de nada.

diecinueve.

Pasa un año y la situación se tranquiliza (o más bien se acostumbran a toda esa locura). Raven sabe que todo va para mejor cuando Chico Bestia aparece en la puerta de su habitación con una pizza en las manos.

—¿Vemos una película? —le pregunta.

—Claro.

Raven abandona el libro que se encontraba leyendo sobre el colchón y le sigue. Al final no llegan a absolutamente nada, para variar el mando está perdido entre los muchos recovecos de la torre y después de una hora de búsqueda, se dan por vencidos. Ninguno de sus compañeros lo ha visto desde hace semanas y al final todos llegan a la conclusión de que sería muchísimo más sencillo comprar una de esas nuevas televisiones de LexCorp que cambian de canal de forma instantánea con solo un parpadeo.

—Somos un jodido desastre —dice Chico Bestia tirándose sobre el sofá con cansancio.

Se ríe por primera vez en un año y Raven no puede evitar hacerlo también.


¡Hasta aquí el segundo capítulo! Si os ha gustado y queréis que lo continúe, hacédmelo saber mediante los reviews.

¡Gracias por leer! :)