Capitulo 2
Katherine había vuelto. No sabía sus motivos, pero no auguraba nada bueno. Por más que le dábamos vueltas, ni mi hermano Stefan ni yo éramos capaces de comprender que es lo que la había traído de vuelta a Mystic Falls… quizás se había sentido atraída por el hecho de ser exactamente igual que Elena Gilbert y sólo quería saciar su curiosidad… y aún así, esto tampoco resultaba muy tranquilizador. Fuera lo que fuera, que Katherine estuviera aquí era mala señal. Muy mala señal.
Conduje mi Ferrari hasta el Mystic Grill, necesitaba una copa ahora más que nunca. A mis problemas había que sumarle que no podía saciar mi ansia de sangre todo lo que gustaría, que tenía que mantener un perfil bajo para así no ser descubierto por el Consejo, el cual estaba en plena psicosis post-ataque masivo de vampiros. No. Stefan y yo habíamos decidido establecernos allí. El tenía a Elena y a las ardillas de las que se alimentaba, yo… yo no tenía nada.
Bourbon en mano, me senté mirando a la gente que se encontraba en el bar en ese momento. Adolescentes jugando al billar y mostrando sus encantos, mujeres de mediana edad intentando disimular lo desesperadas que estaban mientras miraban hacia los jóvenes, pequeños grupos de amigos que charlaban animadamente, Bonnie… Bonnie, mierda. Y me había visto. No me tenía mucho aprecio después de lo que le había pasado a su amiga Caroline, y no la culpo, a pesar de que en este preciso caso, no había sido yo el culpable. Pero la cosa es que no había hecho demasiado por ganarme su afecto.
- ¿Qué tramas, Salvatore? – me gruñó al acercarse a mi lado
- Oh… brujita, ¿no te alegras de verme?
- Conmigo no juegues a eso, Damon. Sabes lo poco que necesito para intent-
- Si si si, lo sé Bonnie, lo sé – repliqué con desgana antes de que pudiera acabar la frase – Sólo me tomo una copa, tranquilamente. No miro yugulares, no busco presas… solo bebo. Puedes retirarte, soldado.
- Damon, no sé a qué juegas, pero sea lo que sea, no voy a dejar que le hagas daño a nadie
Y tal como había venido, se marchó. ¿Veis? Eso era lo malo. Que aunque intentara hacer las cosas bien, siempre terminaba siendo el hermano ruin… aunque comparado con Stefan, cualquiera sería el hermano ruin. Pero siempre era él al que todos elegían. O al menos ahora. Frente a él, yo no tenía casi posibilidad de abrirme, porque al final, el sería el elegido… y yo seguiría sin nada.
Encima Katherine había vuelto… Ella… había estado los últimos 145 años obsesionado con encontrarla. Me sentía unido a ella, nuestro vínculo era fuerte. Katherine era para mí la única salida hacía la felicidad que veía… y aún así, esto me resultaba increíblemente retorcido y desesperanzador. No siempre había sido así. Yo podría haber sido feliz… pero Katherine… Katherine estaba en mi vida, a ella le debía lo que era ahora. Necesitaba verla, todo este tiempo me había aferrado a que algún día volvería a su lado, que estaría junto a ella y podría tener algo de paz, quizás vivir volvería a tener sentido.
Mi teléfono comenzó a vibrar encima de la mesa. Lancé una mueca hacia donde estaba e intenté hacer caso omiso, pero la perseverancia de aquel que me estuviera llamando pudo conmigo y terminé por descolgar.
- Dime hermanito, ¿ya te has cansado de Chip y Chop y quieres volver a probar la sangre de verdad?
- Damon, no es momento para bromas – dijo Stefan con un tono de urgencia en su voz – Necesito que vuelvas a casa
- ¿Ha pasado algo?
- Necesito que te quedes con Caroline, tengo que salir
- ¿Para eso me llamas? – dije, tras lo cual bebí el poco Bourbon que quedaba en mi vaso - ¿Quieres que haga de niñera?
- Damon…
- Está bien, está bien… Antes de que te des cuenta, estarás allí viendo mi angelical rostro
Colgué, dejé algo de dinero en el mostrador y salí hacia mi coche para dirigirme a casa.
Una vez allí, vi a Stefan andando de un lado para otro en el salón.
- Hermano, ¿por qué tantos nervios? Caroline puede cuidarse sola, ¿verdad Caroline?- dije mientras mostraba una gran sonrisa a la rubia neófita que se encontraba sentada en el sofá
- Damon, no puedo dejar a Elena sola. No en esta situación. Y Caroline necesita que la acompañen a cazar.
- Vete, anda… - respondí mientras señalaba hacia la puerta – Ya me encargo yo de que coma algo.
- Damon. Nada de humanos.
- Humanos caca. Entendido.
Vi como Stefan salía por la puerta, corriendo hacia Elena. Suspiré, recordando cuando yo también tenía alguien a quien quería proteger. Y como lo había perdido todo en un incendio.
- Damon, ¿estás bien? – preguntó Caroline mientras se acercaba a mí
Resoplando, me acerqué a la mesa en la que estaban todas las botellas, y serví dos vasos con la sangre que había en una de ellas.
- Caroline… - dije tendiéndole uno de los vasos - ¿qué te parece si pasamos de salir a cazar?
La rubia lo aceptó sonriéndome.
- Pero será nuestro secreto, ¿vale?
