Apenas llegó por su lado a la Gran Manzana, Skybreaker fue a informarle al Kitsune de todo lo que había visto y Akuma se rió tanto como el Águila, o tal vez más, al saber qué había hecho Bolt. Después llamó a sus Inus, convocándolos al lado de la puerta principal.
"Como seguramente ya saben, Perros, un Gato Birmano venido tal vez de Los Ángeles apareció hace poco, para impedirme cumplir con mi gran propósito. Ahora seguramente sigue recuperándose de las múltiples heridas que le causé en el combate de anteayer. Pero aún hay otro asunto. En muy pocas horas tendremos aquí a esa Gata esposa de Bolt. Me gustaría matarla inmediatamente, por supuesto, pero según pude ver con ellos no sirve usar la fuerza. Por lo tanto, tengo un nuevo plan contra ellos. Es el Águila quien me trajo toda la información que necesito además de esta interesante revista, con ese Perro en la portada. Hoy mismo iré a hacerles una visita y varias propuestas".
Sin decirles nada más, a sus tan despreciados como fieles Inus, salió de la casa y cerró, para no volver hasta después de tres o cuatro horas.

Mittens notó cómo tocaba tierra el avión… Estaba otra vez en la ciudad donde había nacido para conocer años después al amor de su vida, aunque sólo fuera gracias a que él cayera por accidente dentro de una caja,
Estiró un poco las piernas terminando así de despertarse; salió de su escondite y del avión en el momento que consideró oportuno y buscó con la vista a su Perro.
"No anda por aquí cerca, no debe haber podido salir de la caja que usó como escondite. Lo esperaré allá". -Dijo esto último yendo hacia donde la gente subía o bajaba de los autobuses.
Sin embargo, una hora después no vio a su esposo yendo a reunirse con ella. Cinco y treinta de la tarde, seis y diez, las siete… Bolt seguía sin aparecer.
Como a las 9 de la noche, la Gata empezó a sospechar lo peor.
"Ah, pero eso no puede ser… Mi Bolt, mi tan amado, fuerte y valiente Perro… Capaz de derrotar a un Kitsune, ahora no puede estar muerto -lagrimeaba aún tratando de convencerse a sí misma de que él estaba vivo. -Además, ¿Cómo iban a saber los Inus de esta ciudad que mi esposo y yo…? ¡AY, NO!"
La simple respuesta casi fue a golpear en su mente con la fuerza de una pedrada, al acordarse de Kenji y de los otros espías infiltrados en el Templo.
"¡No, mi amado Bolt, tiene que estar con vida…!" -Se decía ahora la Gata una y otra vez, pero sin poder dejar de imaginar lo contrario.
Y de momento estaba sola, frente a los Inus de Nueva York, frente al Kitsune y con la obligación de buscar a su Maestro Li-Kuei.
No se encontraba, sin embargo, absolutamente desamparada: tenía sus armas, su conocimiento del Shé Quan y por supuesto…
"Yo conozco muy bien esta ciudad, Bolty, mi cielo… Si es necesario además la daré vuelta, para encontrarte y llevarte conmigo a Los Ángeles". -Siguió llorando después de decir esto, aunque sabía que debía llegar allá y empezar la solitaria misión.

A las diez menos cuarto subió al techo de un autobús que iba a Nueva York. Las luces en la autopista iluminaban todo como si fuera de día, sumadas a las de los vehículos -camiones, autos, motos, etc.-, que incluso a esa hora pasaban en gran cantidad en la misma dirección. Pero para la Gata, se había apagado sin duda la luz más importante y hermosa que brillaba dentro de ella.
"Esos Perros lo lamentarán, Tigrecito… Tu esposa lo hará por ti".
Y con esta promesa instalada en su mente, la Gata llegó por fin a su ciudad natal.
Salió de Grand Central Terminal y fue por 4th Avenue hasta Chinatown. La noche estaba muy fría pero ella siguió caminando indiferente, llegando a un edificio que sólo podia ser el Templo de los Birmanos. En una placa de mármol negro la Gata pudo reconocer la palabra Dragón. Entró confiada entonces, para preguntar a alguien si había visto a Li-Kuei, pero pronto comprobó que no estaba en un Templo. ¡Era un refugio de la Mafia China!
Los "Chicos Malos" la vieron unos segundos, con su equipo personal de Ninja, antes que ella desapareciera saltando por una ventana.
"Bueno, mejor voy mirando ahora todo un poco mejor… Mi amor -volvió en sus pensamientos a aquél que la había hecho tan feliz. -…Tu Gata no dejará de buscarte, estés donde estés".
Por desgracia no contaba con la reacción de los habitantes de Nueva York. Apenas la vieron vestida así, algunos dieron una especie de alarma y enseguida diecisiete personas -hombres, mujeres y niños- comenzaron a perseguirla.
"¡Miren, va igual que esos Perros!"
"¡Está yendo por allí, no la pierdan de vista!"
"¿Ahora también hay Gatos así? ¡Uno de esos Akitas mató en mi propio jardín a mis dos Gatas embarazadas!"
Mittens no podía creer lo que estaba pasando. Corría esquivando a toda velocidad a cuantos intentaban cerrarle el paso alertados por sus perseguidores, pero todo ese tiempo le habría encantado darles una buena demostración de todas las cosas que había aprendido del Shé Quan.
"¿Pero cómo pueden ser tan idiotas? ¡Ahora mismo deben estar los Inus en algún barrio matando a otras pobres Gatas y ellos me persiguen a mí!"
La ayuda inesperada le llegó a unos metros de Canal Street: un Birmano del Templo neoyorquino "El Dragón Azul", atraído por el alboroto, la llamó al verla desde el ángulo que hacía el techo en la casa de una esquina.
"¡Señorita Mittens, suba pronto usando esas cajas!"
"¿Maestro Li-Kuei…?"
"¡Apresúrese!"
"¡Aaaaaaaaaah!" -Saltó ella empezando a subir justo después de que una botella vacía le pasara a dos centímetros. Sólo pudo recuperar el aliento cuando llegó al techo y el Birmano caminó hacia ella.
"Mi nombre es Sung -se presentó luego el Gato Birmano. -Li-Kuei contó en mi Templo muchas cosas, de usted y del Perro con quien usted se casó".
"Mi Bolt, sí… ¡Ay! -rompió a llorar otra vez. -Él y yo veníamos a Nueva York para buscar a mi Maestro de Shé Quan y ahora… ¡Ahora ni siquiera sé dónde está!"
Le contó entre lágrimas lo ocurrido en las últimas seis horas.
"Tuvo que ser por un espía… Esos Inus lo encontraron, estoy segura, y… Mi valiente Perrito…" -Lloró de nuevo sin poder seguir hablando.
"No se imagina cuánto lamento lo de su esposo… En este caso, sólo puedo proponerle venir ahora miemo al 'Dragón Azul', donde está esperándola Li-Kuei".
Mittens finalmente se sintió algo mejor y comenzó a caminar con Sung hacia el Templo de los Birmanos.

El edificio era rectangular, con paredes laterales de 45 metros; las otras dos medían 15. Luego, al fondo, estaba el Jardín Secreto con forma cuadrangular, centrado tras el patio de prácticas y de 25 metros cuadrados.
También al igual que el de Los Ángeles, tenía su comedor, los cuartos donde dormían los Gatos estudiantes, la habitación de Pou-Miang y el Salón de la Puerta.
Pero a doce metros por debajo del Templo, si uno bajaba por la escalera desde la habitación del Jefe Birmano, tras pasar tres semi-pisos llegaba al Recinto del Espíritu Viviente: un Dragón, el cual por supuesto era azul. El lugar donde vivía era casi tan grande como la parte de arriba y en la correspondiente al Jardín Secreto tenía además un cómodo lecho con colchones e incluso una sábana y almohadones para sus ratos de reposo; así estimaban al Dragón los Gatos del Templo. Y por eso, también, sólo practicaban Long Quan.
"Encantado de tenerla por fin en esta gran casa, Señorita Mittens -la recibió diciendo esto Pou-Miang, presentándose después. -Siento mucho lo de Bolt… Y también no poder conocerlo en persona".
"Yo apenas si puedo creer que de pronto no vea más a mi amado Perro… Pero de algún modo me las pagarán, los Inus o el Kitsune".
"Estoy seguro de que lo hará, Señorita Mittens…" -Dijo una voz conocida de alguien que se acercaba.
"¡Mi Maestro Li-Kuei! ¿Pero qué le ocurrió?"
El Birmano le contó lo del combate contra Akuma que no había podido evitar.
"
Y en realidad, me salvé justo a tiempo, de acabar como sus víctimas. Con ese Kitsune, es imposible bromear".
"No me importa, si tiene poco sentido del humor… Porque tampoco tengo intenciones de hacerlo feliz".
"Muy buena respuesta, Señorita Mittens. Pero si piensa ir a buscarlo, como creo que lo hará, no olvide la cautela".
"Descuide, Maestro Li-Kuei. Ahora sólo cuénteme lo que pudo averiguar, de Akuma y los Inus".
Lo escuchó durante casi una hora hablar de Isamu, Masaru, Hiroto, Yuuta, Tsuyoshi y el Kitsune. Después trató de dormir; eran casi las 2 AM y lo necesitaba, pero no podía dejar de pensar en el Perro con quien se había casado apenas unos meses antes, en las matanzas de Akuma, en su amado Bolt, en la forma de vengar a su esposo…
"¿Conque quisiste que te vieran, Zorrito? ¿Tenían que poder ver cómo matabas a esas Gatas? …Pronto conocerás a una y lamentarás haberlo hecho".
Mittens se despertó; había llegado el día. Como iba a empezar su venganza con los Perros Ninjas, sin embargo, debía esperar hasta las 7 PM en que anocheciera. Pero ella misma había decidido dejar al Kitsune sin sus Inus y reservarlo para el final.
Aunque tenía muchas horas, dejó listas las armas que pensaba usar y por medio de Li-Kuei consiguió algunas cosas más: harina para casos de emergencia, guantes con garras como los que había usado en aquél ejercicio de bajar por los postes, otros cinco Shuriken y un abanico que al abrirse era como una navaja semi-circular.
Ver todo ese armamento le hizo sentirse impaciente por entrar en acción… Y ni siquiera era mediodía. De modo que fue a un sector del patio para practicar un poco lanzando los Shuriken.
Después de almorzar y descansar una hora usó gran parte del tiempo restante haciendo ataques rápidos con canalización y algunos usando el abanico.

Las víctimas de los Inus eran a todo esto veintitrés; esa noche salieron del Barrio Chino, como de costunbre, evitando luces y cámaras.
Pero no pudieron hacer lo mismo con Mittens, quien pudo ver a Masaru entre Little Italy y Hudson Square, encontrando enseguida a los otros cuatro. Entonces fue hacia el que había visto primero. Sin molestarse en disimular su ataque, esta vez. Igual que el Kitsune, quería que todos notaran su presencia.
Algunos transeúntes se detuvieron y comenzaron a observar la acción: un combate muy extraño, entre un Akita Inu y la Gata a quien varios neoyorquinos habían perseguido el día anterior, ambos con aspecto de Ninja y al menos uno muy furioso.
"¿Fuiste tú quien mató a mi amado Perro? ¿Acaso tú lo mataste? ¡RESPONDE, ANTES QUE EMPIECE A HACERTE SUFRIR!"
"No sé de qué Perro me hablas, Gata, pero tú sí que morirás".
Mittens sacó el abanico y abriéndolo rápidamente le cortó al Inu un brazo. Él quiso agarrarla con su otra mano soportando el terrible dolor, pero ella le hundió el Sai en el cuello casi hasta el mango hasta que el Inu no pudo moverse más.
Cuando notó que venían los otros se transformó, casi, en un torbellino blanco y negro.
Saltando hacia Yuuta le clavó en los ojos las garras de sus guantes dejándolo fuera de combate. Quedaban Isamu, Hiroto y Tsuyoshi.
A Hiroto -uno de los que usaban Long Quan-, lo dejó con una sola pierna (los dos brazos y la otra, cortados completamente con la navaja del abanico). A Tsuyoshi le tiró primero tres Shuriken que fueron a dar todos juntos debajo del ojo izquierdo y luego también saltó hacia él para clavarle el Sai del lado contrario.
Isamu al ver esto prefirió huir salvando su vida aunque perdiera el honor frente al Kitsune.
Todo el sangriento combate había durado en realidad cuatro o cinco minutos. Algunos testigos de la escena aplaudían tímidamente y la mayoría seguía mirando enmudecida el espectáculo: un Perro muerto y sin brazo; uno arrastrándose ciego y como desesperado… Un tercero intentando hacer lo mismo valiéndose únicamente de su pierna izquierda, otro (Tsuyoshi) tan muerto como Masaru y una Gata vestida igual que ellos que los había mutilado, matado o dejado ciegos pero ahora parecía triste.
En realidad, Mittens sentía ganas de llorar, pero sólo le explicaría el motivo a Li-Kuei luego de volver al "Dragón Azul".

"Creo que perdí el control… No sé, Maestro Li-Kuei. Tal vez enloquecí".
"No se preocupe, Señorita Mittens. Yo diría más bien que en un estado semejante no habría podido enfrentar ni siquiera a uno de ellos".
"¿Pero qué puede haberme pasado? ¿En qué me convertí…?"
"En una buena guerrera Ninja, quien además buscaba vengar a su esposo".
"Sí, pero… Nunca imaginé que fuera a derramar tanta sangre; yo, Mittens…"
"Algún día lo olvidará. Y de cualquier modo, fue por una causa justa".
"Ojalá tenga razón, Maestro Li-Kuei. Ojalá sea así".
"No se preocupe, vuelvo a decirle. Si no lo es, lo será pronto".
Ella quedó en silencio unos minutos, para luego decir "Mañana enfrentaré al Inu que escapó y a ese Zorrito; si algo pasa y muero, finalmente, sólo traten de recuperar mi cuerpo y, si encuentran a mi Bolt díganle que siempre lo amaré, o entiérrennos muy abrazados".
Pensó unos segundos más mientras el Birmano esperaba y agregó: "A nuestros hijos… Díganles que se cuiden mucho, así pueden vivir felices muchos años".

Al día siguiente el video de la cruenta batalla, aunque grabado desde lejos por una cámara de vigilancia, apareció en algunos noticieros provocando un creciente revuelo.
Mientras dos o tres neoyorquinos intentaban hacer algo por Yuuta a quien Mittens había dejado ciego, a pesar de verlo con ropa negra, Katana y varios Shurikens, muchos en la ciudad salían a declarar los crímenes que habian presenciado; Hiroto y Tsuyoshi habian sido retirados de allí poco antes de las 11:30 PM. Nadie entendía cómo llevaban los Perros semejantes armas… La causante de todo eso parecía haberse esfumado. Y apenas comenzaron a hablar, con temor, de ella… Empezó una leyenda urbana.
Akuma no tardó en saber todas estas cosas, aparte de la que le había contado Isamu, y ese día se quedó en su casa a esperarla.
"Porque va a venir, estoy seguro. Para que efectivamente esté aquí, sin embargo… ¡ISAMU! -llamó al Inu. -Sal y haz que esa Gata te siga hasta aquí. Asegúrate de que entre, además".
El Perro salió, mirando hacia todos lados pero sólo para ver si Mittens le caía encima con su abanico. Verla atacar así a los otros lo había llenado de terror y ese miedo todavía seguía en él, pero sabía que si la Gata no le hacía nada y él escapaba, lo mataría el propio Kitsune.
Teniendo entonces dos amenazas -delante y detrás-, prefirió tomar una decisión personal aunque fuera igualmente peligrosa.
"Gata, ¿Estás ahí…?" -Preguntó con voz trémula.
No hubo respuesta, sin embargo ella tenía que andar cerca.
Isamu siguió mirando cuidadosamente cada lugar mientras caminaba despacio por 4th Avenue; esperaba en todo momento un ataque como el del día anterior, por parte de una Gata furiosa. Pero ahora él, quería que fuera a casa de Akuma.
"Estás por aquí, ¿No es cierto?"
La respuesta en este caso fue un Shuriken clavándose en su cuello, del lado izquierdo. Segundos después, el Akita Inu tuvo otro arriba del pie… Recién ahí pudo ver a Mittens, a punto de atacarlo con su Abanico-Navaja.
"Ay… ¡No, espera! ¡Me rindo! …Lo digo en serio. -se despojó de todas sus armas para dejarlas frente a ella y continuó. -Quieres ir a casa del Kitsune, ¿Verdad? Yo te diré donde vive y… Todo lo que pueda, para que logres encontrar a tu Perro, o vengarlo también, matando a Akuma".
"No sé si puedo creer todo lo que dices, Inu…"
"Eso es cierto, pero deberás hacerlo… Pues para empezar, tu Bolt debe estar vivo. Yo, al menos, no lo maté. Del Kitsune y los otros Inus no puedo estar seguro, pero yo ni siquiera lo ví. Hasta donde puedo saber, el único que los vio allá en Los Ángeles es un Águila llamado Skybreaker… Y tal vez esté observándonos ahora mismo. Cuando vayas a donde vive Akuma, ten cuidado de lo que pueda atacarte desde arriba. Porque el Kitsune quiere que vayas y yo… También, pero… -bajó la voz. -…Para que lo mates".
"Pareces asustado. ¿Me equivoco?"
"No, Gata. Pero tuve que elegir entre tu cólera y la de Akuma… Entonces preferí la tuya, porque con él ni siquiera podría decir una palabra en defensa propia".
Mittens quedó en silencio, tratando de decidir si aceptaba como ciertas todas las palabras de Isamu.
"Aquí tienes la dirección; ve y acaba con él. Yo me iré lo más lejos posible de cualquier ciudad… -se interrumpió, al comprender cuál era su única opción. -Ah, ya veo. No queda más remedio. Hazlo, Gata".
"¿Hacer que cosa?"
"Ya lo sabes… Con el abanico, o tu Sai".
Ella permaneció inmóvil, indecisa.
"Si tú no lo haces será Akuma. Skybreaker acaba de oír nuestra conversación y fue a informar al Kitsune".
"Pero… Este…"
"Hazlo, te digo. No puedes quedarte aquí mucho más, de todos modos. Mátame y ve a esa casa, o… ¡Te obligaré a hacerlo!"
Aunque la tenía justo delante saltó sobre ella mostrando todos los dientes. Mittens retrocedió y usando el Abanico-Navaja en rápido movimiento hacia la izquierda atravesó el cuello del Inu, quien cayó de cualquier modo para morir dos minutos después.
Mittens al verlo de pronto sintió lástima, lo cual luego alivió en gran parte su inesperado peor miedo… No se había convertido en una asesina sin corazón.
Como no quiso dejar el cadáver del Inu a merced del Águila o de Akuma, buscó a unos Birmanos para pedirles un favor.
"Entiérrenlo y más tarde, si vuelvo al Templo, les cuento porqué les pedí esto… Akuma tiene que creerlo con vida, en algún lugar lejano".
Los Birmanos entendieron esta parte de su idea y se llevaron a Isamu mientras Mittens se dirigía a casa del Kitsune.

"Por fin llegué… Y aunque me esperes, Zorrito, no te imaginas de lo que soy capaz".
El Kitsune la aguardaba, efectivamente, sentado en el recibidor frente a la puerta. No llevaba ningún arma porque estaba seguro de no necesitarlas para defenderse de "su huésped".
Cuando Mittens saltó para abrir el picaporte él la recibió como si hubiera entrado algún viejo amigo.
"¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡Si es la esposa de Bolt en persona!" -Dijo esto sonriendo abiertamente, pero sabiendo el efecto que provocaría en ella.
"¡Sí, pero ahora vine a vengar a mi esposo como lo hice allá con tus Inus! ¡Así que prepárate!"
"¿Para pelear? ¿Ahora…? Si al menos yo tengo mucho para decirte… Y mostrarte".
"¿Y eso acaso va a importarme, Zorrito asqueroso?"
"Por supuesto, Gata, pues es algo relacionado con cierto Perro blanco. El insulto por ahora te lo perdono; y también que hayas matado a todos mis Perros Ninjas. No significaban mucho para mí, de todos modos. Tú, en cambio… Por lo visto eres una especie de leyenda, así que…"
"Para tu información, Zorrito, no los maté a todos. A uno sólo lo dejé ciego y el último Inu que fue a buscarme, en este momento está a salvo de cualquier castigo tuyo. ¡Tú nunca podrás encontrarlo!"
"Ya lo veremos. Pero déjame volver al tema que te interesa: tu Perro".
"¡No hay nada de qué hablar!" -Sacó rápidamente su Sai disponiéndose a atacar.
"¡QUIETA AHÍ, GATA! -Rugió Akuma sobresaltando a Mittens, que no se lo esperaba. -¿Piensas que él está muerto porque uno de mis Inus lo vio en algún momento de su viaje…? Pues no. ¿Nosotros, matar a Bolt? …Nada de eso. Ese Perro está muy bien, ahora, en una casa de Virginia y… Con su nueva esposa".
"¿QUÉ? ¡No te creo, Zorrito!"
"Pero es verdad, míralo tú misma". -Le mostró la revista donde aparecía una nota sobre Bolt y algunas fotos (¿De él?) con una Gata Atigrada, en un jardín lleno de flores.
"¡Mi Bolt nunca sería capaz de hacerme semejante cosa! ¡Esta revistucha miente, como lo hizo siempre que hablaba del amor entre él y yo!"
"Ah, ni mirando, puedes ver la realidad… Ven por aquí a escuchar algo".
La Gata lo siguió, pero conteniendo a duras penas el deseo de usar su abanico para descuartizar a Akuma mientras lo obligaba a confesar.
Entraron a una habitación sin ventana y con una sola puerta, donde no había más que una mesa con un florero vacío y en la pared, un parlante.
El Kitsune la dejó pasar… Arrojó la revista abierta en la página fatídica y salió cerrando por afuera con candado. ¡Mittens estaba atrapada!
Dos o tres minutos después, Akuma habló por el parlante.
"Muy bien, Gata. Como dije antes, vas a escucharme y aceptar los hechos. Para empezar…" -Puso una canción de modo que el reproductor la repitiera cada vez que terminaba. -"Words… Don't come easy, to me…"
"¿Lo ves, ahora? Esta revista sabe todo, sobre ustedes. Así que te dejo, donde puedas reflexionar sobre qué creer y qué no, mientras salgo para ver si encuentro a Isamu a pesar de tus palabras. ¡Adiós, Gata asquerosa!".
"¡NO! ¡Ya vas a ver si consigo salir!, ¿Me oyes? ¡AKUUUMAAAAA!"
Volvió a mirar la revista y empezó a llorar mientras la canción empezaba otra vez.
"¡BOLT! ¿DÓNDE ESTÁS? ¡TE NECESIIIITOOOOOO!"