¡Hola! Bueno, ya sabéis, vamos con la historia.

iCarly no es mío, es de Dan Schneider.

Ya habíamos llegado, en cierta parte estaba emocionado, de estar aquí, conocer a André Harris y pasar unas buenas vacaciones con mis amigos. Estábamos esperando para coger la tarjeta de la habitación, que esta era una suite, ya que teníamos un negocio de fotografía desde hacía 6 meses y nos iba muy bien, entonces la habitación, tenía tres habitaciones, unidas por una puerta, y un gran balcón desde el que se veía todo un paseo marítimo.

-¿Dónde has quedado con André?- le preguntó Marcus a Carl.

-En un restaurante que se llama Bots, está aquí al lado.- dijo Carl, dejando la maleta dentro de su habitación en la suite.

-Tíos, no me puedo creer que un chico con la misma edad que nosotros pueda tener su propio programa de televisión.- dije

-Sí tio, además canta y toca el piano, tiene una voz increíble.- dijo Marcus.

Dejamos todo allí y nos fuimos a Bots. Al principio estábamos un poco perdidos, pero llegamos después de un rato, y allí estaba André esperándonos. Era justo igual que en la televisión, y en persona se le notaba más que tenía nuestra edad.

-Hey, ¿sois vosotros los tres chicos de Seattle?- dijo André acercándose a nosotros.

-Sí, somos nosotros.- dije

-Soy André, encantado tíos.

-Encantado.- dijeron Carl y Marcus.

Después de presentarnos, fuimos entablando amistad y la verdad, André era un tío genial. Él y Carl se fumaron un cigarro, en ese momento aprobechamos para preguntarle cosas sobre el programa y todo eso. Después entramos al restaurante y André nos dijo que iba a saludar a unas amigas que estaban allí, nosotros fuimos a sentarnos a una mesa, y a esperarle ahí. Yo me quedé mirando a André y a las chicas que saludaba, entonces la ví. Sam estaba entre una de las chicas a las que estaba saludando.

-Carl, Marcus, esto es serio.- dije asustado

-¿Qué pasa?- dijo Marcus asustado.

-M-mi ex novia está ahí.- dije sin poder creerlo aún.

-¿ESA ES SAM?- dijo Marcus impresionado.-La verdad que no sé como ese pivón pudo salir contigo...

-¡Idiota!- dije enfadado.

-Ve a saludarla imbécil, no te quedes aquí escondido deseando saludarla.-dijo Carl mientras jugaba a un juego en su PearPhone.

Asentí y me acerqué, ella se quedó mirándome y al rato sonrió tímidamente y miró hacia abajo, mientras sentía las miradas de las otras chicas yo solo tenía ojos para una, Sam, la Sam de cuatro años después que aunque no lo pareciese seguía siendo la misma.