VUÉLVEME A QUERER

(Por Flor McCarty O'shea)

Edward y Bella fueron novios durante su temprana adolescencia. La diferencia de edad y los problemas relacionados con el sexo hicieron que su relación terminara. Dos años después, Edward cree que nunca más volverá a sentir algo por ella... pero se equivoca. Sólo que ahora, Bella no está sola.

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, CLARAMENTE SON CREACIONES DE LA MARAVILLOSA STEPHENIE MEYER. Yo sólo me adjudico a la trama y el ambiente en que esta se desarrolla.


CAPÍTULO 1: WITHOUT YOU - HINDER

Bella's POV

10 de Julio de 2008

Hacía días que un mal presentimiento corría por mi sangre. No sabía el origen ni el porqué del mismo… simplemente allí estaba haciéndome estremecer y sentir que algo malo estaba por pasar en mi vida, algo distinto, que haría que mi forma de vivir cambiara de manera irreversible. Debo admitir que estaba aterrada, yo solía ser muy estable y el cambio me provocaba escalofríos. Tenía un grupo de amigos de hacía ya años, Alice, Rosalie, Jake – mi mejor amigo- y la pandilla; una familia unida que se enorgullecía de mí y me cuidaban más que a nada, y un novio que aunque no era lo suficientemente maduro hacía lo que podía, y me tenía enamorada. Saber lo que el futuro me deparaba era algo que me tenía desesperada… soy un ser muy impaciente y me gusta que lo que tenga que suceder ocurra en el momento que yo quiero y como quiero… bueno, por lo menos eso es ser ambicioso, ¿cierto?

De todas formas, había cosas que me preocupaban más que mis presentimientos y mis sensaciones en el pecho, así que decidí dejarlos a un lado.

Por empezar, los estudios me tenían hastiada, las vacaciones de verano ya se sentían y yo aún no terminaba con mis finales de Español Avanzado. La presión por parte de mis padres tampoco ayudaba mucho, pero sabía que lo hacían porque sólo querían lo mejor para mi. Era un último esfuerzo y ya estaría disfrutando del caliente Sol de Phoenix.

Por otro lado, sentía que mi grupo de amigos de una forma u otra se iba disolviendo. Las chicas habían comenzado a ver a dos amigos de Jacob, Emmett y Jasper, y no les quedaba tanto tiempo para mí como me hubiese gustado, y por último… Edward ya no era el mismo. Sus cambios de personalidad me iban agotando con el correr de los años. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que me había hecho sufrir desde que nos convertimos en novios oficiales; yo con doce años, él con dieciséis. Nuestra diferencia de edad sonaba como una locura, pero en el amor vale todo… y hasta me atrevería a decir que yo ahora era incluso más adulta de lo que él podría ser algún día, con menos de quince años. Habíamos pasado por engaños y desengaños, peleas e insultos… pero algo nos seguía manteniendo unidos, algo que no sabíamos que era. Y es que a pesar de todo lo que alguna vez sufrí, de todo lo que llegué a llorar, casi al punto de deshidratarme en un momento, y de todo lo malo que debí atravesar… muy en el fondo, sentía que él era el amor de mi vida. Que era nuestro destino estar juntos. Son pocas las parejas que han roto y vuelto diez veces. Yo era una de esas excepciones. Y fue por eso, que se nos presentó una nueva oportunidad para afianzar nuestro amor el día del cumpleaños de Edward, hacía ya bastantes días. Él estaba ebrio, y no paraba de llorar, rogando que lo perdonara y volviera junto a él… pronto mis lágrimas aparecieron también y decidí perdonarlo por última vez, a pesar de que mi cabeza me rogaba que no lo hiciera. Con él todo era tan diferente… yo era una persona tan independiente, tan orgullosa, tan jodida, sí, ¿por qué no decirlo? Era una jodida Sargenta si me lo proponía, ¿por qué mis defensas bajaban tan rápido cuando lo escuchaba llorar o cuando me rogaba que nunca lo dejara? Un latido rítmico de mi corazón me dio la respuesta por la que hurgaba sin éxito en mi cabeza. Todo eso me hacía dudar cada vez menos de la promesa que le había hecho ese mismo día. Sabía que de una forma u otra iba recomponer nuestro amor, aunque tuviera que esforzarme más de la cuenta si esta vez quería que lo nuestro durara por siempre. Lo amaba, de eso no cabían dudas. Sólo esperaba que él estuviera tan dispuesto como yo a hacerlo funcionar.

- Bells, ¿Coca-cola o Sprite? – Alice me preguntó sacándome de mis pensamientos.

- Sprite – respondí como una autómata.

- Para mi también – Rosalie a mi lado

- Entonces, una Coca-cola Light y dos Sprite por favor – la enana sonrió a la moza, quien salió rápidamente en busca del pedido.

- ¿En qué pensabas? – preguntó la rubia, mirándome atentamente

- ¿Yo? ¿Cuándo?

- Recién Bells, tuvimos que preguntarte dos veces que querías tomar…

- ¿En serio? Sólo las escuché una – las mire confundida y ambas negaron con la cabeza.

- Isabella Swan, algo debe estar pasando por esa cabecita de novia para que tu estés tan distraída… nunca se te escapa nada. – la enana posó su dedo índice en mi frente, dando pequeños golpecitos en ella.

- Yo… no sé como puedan tomárselo – dudé internamente entre hablar y no hacerlo.

- Escupe Bells – el rostro de Alice se deformó un poco y supe que tarde o temprano tendría que hablarlo.

- Yo… no quiero que se enfaden ni nada de eso… es sólo que… tengo miedo de que nos separemos… ahora que ustedes conocen a los chicos… ellos son tan buenos con ustedes y…

- ¿Te estás escuchando? – Rosalie saltó enojada-. Nunca, ¿lo has comprendido? NUNCA romperemos esta amistad, Isabella Swan ni aunque miles de kilómetros nos separen, ni aunque me case y tenga veinte hijos, ni aunque Alice se vuelva lesbiana – lo dijo tan alto que todo el local se volteó a vernos. Me sonrojé furiosamente.

- Opino igual – dijo Alice abrazándome en un tono un poco más bajo-. Además, tú tienes a mi primo también.

- Yo… no lo sé – me rasqué la cabeza. Él… está algo raro. Desde que volvimos sé cada vez menos de él, lo veo poco y ni siquiera se preocupa por mí

- Ya se le pasará, ¡mira! Allá viene – Rose señaló por la ventana y vimos a mi novio con un grupo de chicos con los que si bien no me llevaba, conocía de vista y sabía que eran sus antiguos compañeros de clase antes de que Edward repitiera Junior. Justo cuando iba a golpear el vidrio para saludarlo, una chica de cabellos rojizos se abalanzó sobre su espalda y el la sujetó con fuerza explotando en risas. Todos los que estaban ahí reían y bromeaban. Y casi como un acto reflejo, Edward giró la cabeza y me vio. Sus ojos verdes chocaron con los míos, que lo miraban desconcertada y seguramente, con cierta nota de tristeza. Bien ahora se acercaría y me explicaría que era su amiga, seguramente…- pensé-, Pero eso nunca ocurrió. Su vista volvió a perderse entre sus amigos. Seguía sujetando a la chica con firmeza y se alejaron en cuestión de segundos. Sin decir una palabra cogí mi bolso y salí en sentido contrario hasta mi casa. Las chicas me miraban enmudecidas, y no opusieron resistencia al verme dejar el bar. Caminé rápido, casi con violencia, mientras reproducía en mi cabeza la escena una y otra vez, auto flagelándome.

Ni bien entré a casa, revolee mi bolso vaya uno a saber donde, y corrí escaleras arriba en busca de mi móvil que lo había dejado en mi cuarto cargándose.

Arranqué el cable con rabia y comencé a hurgar en mi agenda. Apreté el botón verde con más ira y esperé, dándole pataditas al suelo en señal de agotamiento y de impaciencia, algo típico en mí. Luego del tercer tono, atendieron.

- ¿Diga? – una voz de mujer se escuchó del otro lado, ¿ya no había tenido suficiente?

- Hola habla Isabella la NOVIA de Edward, ¿está él por ahí?

- ¡Con que tú eres Bella! ¡Un placer! – la chica parecía simpática y animada… luego recordé que posiblemente ella era la grandulona estúpida que se le había ido encima -Yo soy Irina, somos amigos con Edward desde…

- Un gusto Irina, ahora, me urge hablar con tu amigo, ¿me lo pasas? Gracias, que tengas un bonito día.

- Em…sí… el y-ya viene - ¿tanto miedo daba por teléfono? Bueno, eso era algo a favor, siendo conciente de que lo más probable es que me sobrepasara en edad… y altura. Ni siquiera me limité en contestar.

- ¿Qué onda, Bellu? – Edward me saludó efusivamente, como solía hacerlo siempre. Casi bajo la guardia… CASI.

- ¿Por qué no me respondes eso tú, Edu? – grité con sorna.

- ¿Algo va mal?

- ¿Y encima me lo preguntas? ¡Todavía no me llegó ninguna carta de Hogwarts ni recibí ninguna capa de invisibilidad, así que ni se te ocurra decirme que no me viste! ¿Qué carajos te ocurre?

- Bells, yo…

- Bells nada Edward, ni siquiera sabía donde mierda estabas… hace una semana que desapareciste y no sé donde mierda te has estado metiendo.

- Nena, creo que tenemos que hablar.

- ¡No! ¿De verdad? No me había dado cuenta – dije de manera sarcástica y escuché un suspiro del otro lado del teléfono.

- Estás tomándote mal las cosas bebé, relájate.

- ¿Me estás pidiendo que me relaje? Creo que es hora de que me escuches Edward Cullen, porque no tengo intensiones de relajarme, EN ABSOLUTO.

- Pasaré por tu casa a las seis – dijo y sin más me colgó. Lo único que hice fue rodar mis ojos, ya estaba increíblemente acostumbrada a ese tipo de cosas por su parte.

Intenté despejar la cabeza limpiando mi casa – algo extraño puesto que yo soy de aquellas que prefieren invernar en su habitación por tres meses antes de mover un dedo para limpiar, ordenar, cocinar y otro tipo de actividades-, pero de todas formas, sentía que los minutos no pasaban, o lo hacían lenta y tortuosamente… y aquello me estaba desesperando de sobremanera.

De todas formas, y aunque yo no lo notara, el tiempo corría, se perdía… pero toda la ira acumulada parecía no querer dar tregua. Al principio no quería que fuera así, más allá de ser una loca exaltada, con la histeria no lograría nada… jamás me ha servido realmente cuando un tema serio aparecía en el medio de mi tan temprana adolescencia, pero luego me di cuenta que tal vez hasta sería mejor esperar y largarle toda la mierda que llevaba juntando, y juntando… desde hacía dos años. Mi cerebro iba armando poco a poco un discurso memorable, directo… el cual se me olvidaría en el puto instante en que el cruzara el umbral de mi casa y me besara en la boca de esa forma atrapante, para conseguir dejarme sin aliento y con la guardia baja, como de costumbre. Finalmente tomé con mis manos temblorosas uno de mis libros preferidos, Veronika decide Morir y me senté en la sala a esperar el arribo de mi novio… o intento de.

Dieron las seis… seis y media, siete, siete y media… pero Edward jamás apareció. Una parte de mí quería creer que un imprevisto le había surgido, una emergencia quizás y por eso no había podido siquiera telefonearme para avisarme que no vendría…

Pero yo sabía mejor que nadie que eso no era así. Lo había olvidado, como siempre.

Las lágrimas no tardaron en aparecer una vez que cerré la puerta de mi habitación después de cenar. No quería que mis padres notaran mi mal humor – sobre todo Charlie, que he de admitir que no lo quiere mucho. Ha tenido que detener su moto más de una vez porque estaba manejando borracho y ese para él es uno de los peores delitos que alguien puede cometer. No hace falta ni decir que tengo terminantemente prohibido subirme a un vehículo con él al volante- y mucho menos que mi madre comenzara a bombardearme de preguntas que ni yo podía responderme a mí misma. Lo único que podía contestar con certeza es que allí estaba él, fallándome de nuevo. Mi corazón dudaba en poder resistirlo otra vez.

No pegué un ojo en toda la noche, decidí en cambio, quedarme en mi ordenador hasta que él entrara al chat o me firmara el Facebook… pero brilló por su ausencia, y tuve que quedarme hablando con amigos. ¿Es que acaso no le importaba todo lo que estaba pasando? No estaba pidiéndole amor eterno, ni matrimonio, ni siquiera le pedía que me informara sobre cada movimiento que hacía. Sólo quería ser tratada con el título de novia, como tenía que ser. Que alguna que otra vez me dijera que lucía bonita cuando me arreglaba para él. Que me recordara que me amaba y que se preocupara por verme… Yo siempre observaba hasta el más mínimo detalle de su ser, por más desarreglado y reo que luciera siempre… amaba enrollar mis brazos en su cuello y decirle lo que significaba para mí el tenerlo conmigo, siempre le avisaba que iba a salir o a hacer algo, con la esperanza de que algún día me invitara de sorpresa a pasear o a hacer algo diferente a quedarnos en mi casa a mirar películas y besarnos ¿era acaso mucho pedir una retribución de todo eso? ¿Recordaba aquella declaración que le hice totalmente convencida hacía tan poco? Mis nervios estaban al borde del colapso.

Pude deslizarme en los brazos de Morfeo una vez que el Sol apareció por primera vez en el cielo. Al principio me había adormilado frente a la computadora, y cuando lo noté, fui derecho como zombie a la cama sin siquiera apagar el monitor. Mi organismo lo agradeció enteramente. Tanto mi cuerpo como mi mente querían salir de aquella situación enfermiza que siempre atravesaba. Porque eso era exactamente lo que pasaba. Estaba enferma. Enferma de amor, y por primera vez lo reconocía realmente.

Mis horas de sueño no duraron mucho porque un golpe en la puerta me devolvió a la miserable realidad que había estado enfrentando y queriendo deshacer.

- ¿Bella? – mi madre se acercó hasta mi cama cautelosamente. Lo supe conforme su dulce voz iba avanzando hasta mí.

- ¿Eh? – dije un poco somnolienta todavía.

- Amor, levántate. Tienes visita

- ¿Visita? – me levanté de un salto sentándome en la cama, restregándome los ojos con ambas manos. El día estaba nublado… cosa rara en Arizona-. ¿Qué hora es?

- Son las doce del mediodía.

- ¡No jodas! – me quejé y me tiré de espaldas contra la almohada y me tapé con la sábana hasta el pelo

- Vamos Bells…

- ¿Quién es? – dije refunfuñando mientras me destapaba.

- Edward-. Ok, definitivamente no me esperaba esa respuesta. Pensé que la tía Miley o la abuela Marie habían venido a saludar antes de sus vacaciones a Europa, pero jamás me imaginé que Edward se dignaría a dar la cara después del plantón de anoche. Sentí mi mandíbula tensarse e intenté poner mi mejor cara de póker para que mi madre no se alarmara.

- Dile que suba y me espere aquí – señalé la vieja mecedora que había en mi cuarto y salí al cuarto de baño con la remera y el pantalón del día anterior.

Cerré la puerta con tranca mientras me arreglaba un poco y me vestía lo más rápido posible. Y luego volví a recordar lo ocurrido y comencé a tomarme mi tiempo… ahora le tocaría esperar a él y lo lamentaba si se ofendía. Comencé a repasar lo que diría en mi cabeza y a dar un discurso con gestos y palabras clave delante del espejo.

Salí del baño jodidamente asustada a pesar de haberme hecho una prueba de autoconfianza segundos atrás.

Atravesé el pasillo y me adentré en mi cuarto. Clavé la vista automáticamente en la mecedora… pero él no estaba allí.

- ¿Quién es Eric? – una voz aterciopelada, pero con tono demandante sacudió mis oídos. Ahí estaba él, con su aspecto desprolijo, su cabello cobrizo y sus ojos esmeralda, amenazantes. Me miraba con desconfianza. Ahí íbamos de nuevo… siempre me controlaba en los momentos más ridículos. Me hubiese gustado preguntarle por qué de golpe le importaba, pero me contuve. Sólo rodé los ojos y me preparé a responder.

- Eric Yorkie es y ha sido mi amigo y compañero de banco desde jardín de niños – intenté sonar despreocupada ante su planteo mientras me sentaba en la cama. Él simplemente me sonrió con esa boca que… Dios Bella, no ahora-. Hola, sí, estoy bien, gracias por preguntar – dije con cierta ironía y mirándolo con odio. En ese instante se abalanzó sobre mí en la cama, dejándome justo debajo de él. Me besó en la boca.

- Hola mi amor, ¿cómo has estado? Te he extrañado. Tuve una semana… – seguía besando mi cara y volvía otra vez a mi boca, intentando adentrar su lengua. Yo me debatía internamente que carajo hacer.

- No me interesa que hiciste esta semana – respondí con sorna esperando que notara que estaba molesta… ya que no lo había hecho antes, por más evidente que fuera.

- Está bien, mejor, porque es largo de explicar – siguió besándome. Imbécil. Yo estaba estática, pero bueno… algo excitada, la verdad. En ese instante sus mágicas manos comenzaron a bajar por mi cuerpo con delicadeza hasta llegar a mi entrepierna. Acarició mi intimidad justo en mis puntos más sensibles.

- Edward… no – forcejee pero pequeños gemidos se escapaban contra mi voluntad.

- Si te gusta, nena…

- ¡Edward, ya fue suficiente! – se sobresaltó y sacó sus manos de mi cuerpo tan pronto como pudo.

- ¿Qué va mal, Bellu? – se alejó y se sentó en la mecedora

- ¿Y encima me lo preguntas? ¡Viniste a hablar, no a manosearme! – ya estaba fuera de mí, la histeria del día anterior se hacía presente más fuerte que nunca.

- ¿De qué quieres hablar, Isabella?

- ¡De todo! Edward, desapareciste una semana, ¿por qué no me avisaste nada?

- Dijiste que no querías saberlo…

- ¡Pues ahora sí quiero! – lo miré con rabia, él simplemente agachaba la mirada.

- Bellu…

- NADA DE BELLU, ¡ESTOY CANSADA DE QUE ME DIGAS BELLU! – tomé aire y empecé a hablar de forma más relajada-. Mira Edward, esto no puede seguir de esta forma… debemos solucionarlo, ¿qué es lo que te ocurre? Ni siquiera me hablas, me evitas, no me avisas nada… no te pido que me llames cada vez que te estás tirando un pedo, pero soy tu novia y tengo derecho nada más a saber donde te encuentras, ¿es tan difícil? ¡Me tienes en tu plan de llamadas gratis!

- Yo… no sé que quieres que te diga.

- Quiero saber que vamos a hacer, ¡Dios Santo dime algo!

- Bien – empezaba a cabrearse y lo noté-, en realidad, yo siento que eres tú la que no se preocupa por mí… tú no hiciste nada mientras yo no me comunicaba contigo…

- ¡Porque siempre haces lo mismo! ¡Me cansé Edward, ya estoy cansada! Le estoy poniendo todo de mí a esta relación, pero yo no puedo obligarte a que hagas lo mismo… sabes que a pesar de todo esto, te amo… y sí reconozco lo bueno que has hecho por mí siempre, pero esto tiene que cambiar… por todo lo bueno que yo hago por ti también, ¡tenemos una promesa Edward! – sus ojos y su rostro estaban como en trance. Jamás pensó que la tonta Bella saldría con tal planteo.

- ¿Y qué es lo que haces por mí? – su pregunta me dejó helada, destruida. Quería creer que estaba tomándome el pelo… pero su confusión me demostraba lo contrario.

- ¿Qué? – pregunté aún sin querer entender

- ¿Qué es lo que haces por mí?

- ¿No lo sabes?

- No – se rascó la nuca, como confundido-. ¿Podrías decírmelo, por favor?

- Eso tienes que saberlo tú, Edward, no tiene sentido que yo te lo diga…

- No te cuesta nada, porfi - y exploté. JURO que no quería… pero mi mente lo hizo por sí sola. Me levanté hecha una furia, y abrí la puerta.

- NO

- ¿No?

- NO, ESO DIJE… ¡NO! Cuando sepas que es todo lo bueno que yo hago por ti… me llamas.

- ¿Me estás echando? – preguntó carcajeando de forma arrogante.

- No – sonreí-. Estoy pidiéndote que te vayas – bien, la ironía cada vez se apoderaba más de mi.

- BIEN – gritó -, entonces esto termina aquí, Isabella.

- ¿Estás seguro que quieres dejarme? – pregunté.

- Sí

- Perfecto. Adiós Edward, mucha suerte – salió y cerré tan fuerte que pensé que la puerta se volvería giratoria.

Décima vez que me dejaba… que novedad. Repentinamente ese mal presentimiento se apoderó de toda mi alma, y por primera vez, sentí como las emociones se entrelazaban unas con otras.

Entre lágrimas comencé a analizar todas las situaciones… una y otra vez.

¿Sería este definitivamente el fin de nuestro noviazgo? ¿O tendríamos revancha? Algo me decía que el fin estaba tocando mi puerta… y lo había venido avisando...

… Y no me quedaron dudas cuando Alice me llamó tres días después contándome que había visto a su primo caminando de la mano de Tanya Denali, la estúpida con cara bonita y cuerpo de escándalo que se la daba de santa, cuando todos sabíamos que era fácil y además un ser por demás superficial. Tal para cual… después de lo que había hecho conmigo, haciéndome sentir humillada en todas las formas posibles, no podía hacer otra cosa más que desearle a él lo peor… por lo menos hasta que mi alma sanara y se encontrara recompuesta.

Ese día había nacido mi nuevo yo, y lo sabía. Juré por mi vida amarme más de lo que lo hacía antes – que era muy poco – ya que sólo de esa forma podría querer a alguien en un futuro de una forma sana. Juré poner a mis amigos por delante de todo y también juré no volver a derrumbarme otra vez. Pero sobre todo… juré nunca más perdonar a Edward Cullen… y supe que tarde o temprano lo lograría.

Pero el tiempo pasó… Ya hacía más de un año que todo había terminado… y yo seguía resentida, me había vuelto un ser frío que fracasaba en el amor una y otra vez, había salido co tipos... pero jamás encontré a nadie que me hiciera sentir como él...

…hasta que esos ojos azules pidieron mi atención.


SÉ QUE ME ATRASÉ MUCHO... PERO NO ENCONTRABA LAS FUERZAS SUFICIENTES PARA EMPEZAR A ESCRIBIR...

PERO AQUÍ ESTÁ LO QUE PROMETÍ.

Este capítulo es especial van a ser muy pocos los narrados por Bella, el resto serán de Edward. A partir del dos podremos ver las cosas... desde otro punto.

Los temas principales de la historia en gral. serán:

- PERDERTE DE NUEVO - CAMILA

- ANTES O DESPUÉS - DAVID BISBAL

Y aquí están los enlaces para que vean las fotos y portadas:

http : / s1176 . photobucket . com / albums / x333 / flormccartyoshea / VUELVEME % 20A % 20QUERER/

ESPERO SUS REVIEWS... SINO NO VOY A SEGUIR!

Flor