¡Estoy tan feliz! Nunca me imaginé que esta historia tendría tal aceptación, de verdad, les agradezco de todo corazón los hermosos reviews que me han dejado. Los leí todos (varias veces) y eso me motivó a esforzarme por actualizar hoy (aunque ya debería estar durmiendo porque mañana tengo que madrugar). Espero que este nuevo capítulo también les agrade.

También gracias a todos los que se han pasado por mi Tumblr. Los invito a visitarlo, ya que por ahí estaré posteando ideas que se me ocurran para futuras historias y también, eventualmente, avances de esta historia. Sin más que decir por el momento, ¡disfruten la lectura!

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Capítulo 2. Sentimientos que no mueren

Luego de la cena, las gemelas se acomodaron en la sala para ver televisión, luego de ayudar a colocar los platos de la cena en el fregadero. Mientras Haru lavaba los platos, Rin los secaba y los colocaba en su lugar. Entretanto, Makoto revisaba la agenda en su teléfono inteligente, mientras Sousuke simplemente se dedicaba a mirarlo, con el rostro reposando en una de sus manos. Los cuatro hablaron de cosas triviales, hasta que Makoto se puso de pie, disculpándose y se asomó a la sala, puesto que las niñas estaban muy calladas. Sayuri tenía la cabeza apoyada en el hombro de su hermana, mientras Yukiko se apoyaba en la cabeza ajena. El control remoto reposaba a un lado y en la televisión pasaba un documental del antiguo Egipto. Makoto sonrió al ver a sus hijas dormir profundamente.

Cuando Makoto dejó su trabajo como bombero para dedicarse a sus hijas, el director le ofreció relevarlo, puesto que él ya era un hombre mayor e iba a retirarse. El anciano le había tomado un cariño especial al castaño y, estando al tanto de su situación, fue la salvación para Makoto. Así, Makoto se convirtió en el director más joven del cuerpo de bomberos. Era un trabajo agotador, al principio, casi tanto como el "trabajo de campo", pero se había acostumbrado. Además, el poder estar más tiempo con sus hijas lo reconfortaba.

Makoto le había prometido a Megumi que siempre estaría allí para las pequeñas y era justo lo que estaba haciendo. Aún con sus miles de responsabilidades, encontraba tiempo para llevar a sus pequeñas a clases de natación y asistir a sus competencias. Salían juntos los fines de semana, al acuario, a comer, a jugar fútbol al parque. Iban de compras al supermercado; sí, eran el modelo de una pequeña y perfecta familia, llena de amor, el tipo de amor que Megumi le había enseñado.

Cualquiera se extrañaría al ver a unas pequeñas de cinco años ceñidas con un documental del antiguo Egipto pero, al igual que el gusto por la natación, lo traían en la sangre. Megumi había sido una joven arqueóloga con un futuro prometedor. Antes de conocer a Makoto, había estado cursando un posgrado en la prestigiosa Universidad del Cairo, especializándose en la civilización egipcia. Cuando regresó a Japón, rápidamente había sido contratada como profesora en la Universidad de Tokio, donde ella y Makoto se conocieron.

—Duermen como troncos —dijo Rin, que acababa de regresar a la sala, seguido de Haru y Sousuke —Hoy estuvieron especialmente enérgicas, no sé qué rayos les dieron en la escuela.

—Lo siento por eso —se disculpó el castaño —Sólo están emocionadas por el torneo que se acerca. Sayuri ha estado quejándose acerca de cómo su estilo Mariposa aún no luce lo suficientemente fuerte, así que veremos a Rei mañana para practicar. Sabes que el Mariposa nunca fue mi fuerte —añadió, rascándose la cabeza.

—Sousuke, deberías entrenar a Yuri —comentó Rin, con una risita. Sousuke lo miró, alzando una ceja —Estoy seguro de que estaría encantada. Además, si hablamos de un estilo Mariposa poderoso, creo que el tuyo es mejor que el mío.

—Tonterías, ¿desde cuándo menosprecias tu propio estilo, Rin? —contestó el aludido, en voz baja, posando los ojos en las gemelas que dormían plácidamente, ajenas a la conversación.

—Desde que tú eres incapaz de dejar de mirar a Ma… —Haru le tapó la boca con la mano.

—¿Te quedas esta noche, Makoto? —preguntó Haruka. Makoto negó con la cabeza y se colocó la gabardina.

—Ya les hemos causado suficientes molestias hoy. Además, la noche es joven y Sousuke acaba de regresar. Será mejor que salgan y la pasen bien en la ciudad.

—Sabes que no es ninguna molestia —replicó Haru.

—¿Por qué no dejas a las enanas con tu madre y vienes con nosotros a tomar unas copas? —preguntó entonces Rin —Estoy seguro de que a ella no le importará —pero Makoto negó con la cabeza, sonriendo.

—He tenido una semana bastante ocupada y apenas he tenido tiempo para estar con ellas. Como es fin de semana, al menos quiero que, cuando se despierten, puedan correr a la habitación de su padre y despertarlo temprano para iniciar el sábado de la manera que más les gusta. Además, quiero ver si termino de revisar algunos documentos del trabajo mientras ellas duermen.

—Y ahí está de nuevo, súper papá Makoto —suspiró Rin —En verdad te admiro, Makoto, creo que ya te lo había dicho —el aludido sonrió —En fin, está bien, pero no te fuerces demasiado, luces agotado. Vamos, te ayudaré.

—Yo lo haré —Sousuke se adelantó y tomó delicadamente a Yukiko en sus brazos. Los demás lo miraron, algo sorprendidos. Makoto se despidió de sus amigos y precedió la marcha hasta su camioneta. Abrió la puerta y acomodaron a las gemelas en el asiento de atrás.

—Muchas gracias por la ayuda, Sousuke —dijo Makoto, con una sonrisa que hizo que Sousuke se sintiera deslumbrado por un momento —T-Tengo el número de siempre… y-ya sabes, p-para el café…

Sousuke no respondió. En cambio, se quedó mirándolo fijamente por lo que al castaño le pareció una eternidad. Entonces, fue acercando su rostro al de Makoto, lentamente, sin querer perderse un solo detalle de aquel hermoso rostro que comenzaba a tomar un color rojizo. Makoto abrió la boca para decir algo, pero ninguna frase coherente salió de ella. Sousuke depositó un beso en la mejilla ajena, deleitándose con la textura de aquella suave y cálida piel.

—No puedo esperar para verte nuevamente —dijo Sousuke, con una gran sonrisa dibujada en los labios —Buenas noches, Makoto —y se dio media vuelta para regresar a la casa.

—B-Buenas noches —balbuceó el castaño, dando tumbos para llegar al asiento del conductor y arrancar el motor. Cuando puso reversa para salir de la propiedad de sus amigos, sus manos todavía temblaban. Ya cuando estaba en ruta, colocó su mano sobre la zona donde Sousuke había posado sus labios, sonriendo tontamente.

Sayuri y Yukiko abrieron un ojo y se miraron con una sonrisa de complicidad. Su padre seguía con una enorme sonrisa en el rostro y el brillo que había en sus ojos era distinto al que las pequeñas habían visto antes. Sellaron un pacto silencioso con una mirada más, cerrando los ojos de nuevo, justo en el momento en que su padre miraba por el espejo retrovisor.

Mientras tanto, cuando Sousuke regresó a la casa, parecía que Rin y Haruka discutían por algo.

—Makoto ya ha sufrido suficiente, no quiero verlo pasar por lo mismo otra vez —alcanzó a escuchar, puesto que las voces de la pareja le llegaban desde la cocina —Creo que deberías hablar con él.

Y, justo cuando Sousuke se agachaba para recoger su bolso deportivo, Rin entró en la sala, rascándose la cabeza, nervioso.

—Supongo que lo escuchaste —Sousuke asintió con la cabeza —Lo siento por eso, pero Haru tiene razón. Yo tampoco quiero ver a Makoto sufrir otra vez. No te imaginas cómo odio su falsa sonrisa, así que, si de verdad vas en serio esta vez, vas a tener que escucharme y vas a tener que decirme qué demonios quieres de él.

—Rin, suenas como una madre —se burló Sousuke —Siempre he ido en serio, desde la vez que comenzamos a salir en secundaria.

—Entonces, ¿por qué nunca contactaste con él cuando estuviste en Australia? —Sousuke se mordió el labio y desvió la mirada, avergonzado —¿Lo ves?, bueno vas a tener que responder esa y otras preguntas, así que mueve tu trasero que nos vamos.

—¿Qué pasa con Nanase?

—Nagisa está en camino y últimamente no para de hablar de su boda. Créeme, no quieres estar cerca una vez que empieza a hablar de flores y vinos.

El pelirrojo empujó a su mejor amigo fuera de la casa, tomando las llaves y cerrando la puerta tras de sí.

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Makoto aparcó el vehículo y llevó a las niñas a su habitación, poniéndoles el pijama. Dio un beso a cada una en la frente y cerró la puerta. Entró en su propia habitación y, deshaciéndose de la camisa blanca y el cinturón, se dejó caer en la cama. Quién diría que su día terminaría de esa manera. Después de tanto tiempo, finalmente volvía a encontrarse con Sousuke. Él sabía que se mentiría si dijera que no lo había extrañado, que no había anhelado volver a verlo. Y, ahora que Sousuke había regresado, ¿qué? No es como si las cosas fueran a ser como eran antes. El tiempo simplemente no podía regresar y no había nada que el indicara que Sousuke siguiera sintiendo algo por él.

No son más que inútiles ilusiones, se dijo. No podía aferrarse a las pequeñas fantasías que su mente amaba construir. Además, estaba su promesa. Suspirando, se puso de pie y fue hasta su armario, para buscar su pijama y darse una ducha para comenzar a trabajar en esos documentos que lo esperaban sobre el escritorio de su estudio. Pero, justo cuando buscaba una toalla limpia, la puerta de su habitación se abrió.

—¡Papi! —exclamaron las gemelas, emocionadas, saltando a la cama.

—Yuri, Yuki, pensé que estaban durmiendo.

—¡No tenemos sueño! —contestó Yuri —Todavía es temprano —el reloj digital que reposaba sobre la mesita de noche marcaba las nueve y treinta —Queremos ver una película contigo, papi.

—¿Podemos? —agregó Yuki, con esa mirada por culpa de la cual Makoto nunca podía negarse.

—Por supuesto, sólo déjenme tomar una ducha rápida —contestó —Mientras tanto, pueden elegir qué película quieren ver. Cuando termine de ducharme, iré a hacer unas palomitas, ¿está bien?

Las pequeñas asintieron, emocionadas y se acercaron al estante de madera donde estaban guardados los DVD y Blu-ray con sus películas favoritas. De pronto, los ojos de Sayuri se iluminaron y, haciéndole una seña a su hermana, tomaron una caja de plástico que estaba oculta al fondo del mueble. Sonrieron con complicidad y un par de minutos después, Makoto salió de la ducha, secándose el pelo con una toalla.

—Entonces, ¿qué será esta vez? ¿La Sirenita? O, quizás, Ásterix y Cleopatra.

—¡Esta! —exclamó Sayuri, sosteniendo un DVD frente al rostro de su padre. Makoto abrió los ojos, sorprendido, luego de leer la etiqueta de la caja plástica:

Yamazaki Sousuke. Campeonato Universitario de Natación, Sídney.

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Aquel parecía ser el izakaya habitual de Rin, porque en cuanto entró todo el personal lo saludó, guiándolo a la que, a Sousuke le pareció, era su mesa preferida, justo al lado de la ventana. Se sentaron y les pusieron una botella de whisky escocés y una pequeña cubeta de hielo. Whisky "en las rocas", como le gustaba a Sousuke. Rin sirvió los tragos, Sousuke bebió primero, ante la atenta mirada de su mejor amigo.

—¿Hay algún motivo por el cual querías hablar conmigo sin que Nanase estuviera presente? —preguntó entonces el más alto. Rin suspiró.

—Escucha, con todo lo que ha sucedido en la vida de Makoto, el instinto maternal de Haru se ha "despertado" de una manera tan increíble que no te lo puedes imaginar —contestó, apoyando la mejilla en su mano —Si nos quedábamos en casa, Haru te habría dado uno de sus tantos discursos de madre enfadada que ha ensayado conmigo desde que teníamos diecisiete.

—¿Desde los diecisiete?, vaya, quién lo diría de Nanase.

—Desde el momento en que te marchaste a Australia, sólo digamos que Haru ha cuidado de Makoto porque, a pesar de que Makoto siempre ha estado cuidando de nosotros, parece que no es capaz de cuidar adecuadamente de sí mismo. Luego, conoció a Megumi y ella, digamos que se hizo cargo, pero cuando murió…

—Rin, quiero que me contestes algo con total sinceridad —el pelirrojo asintió con la cabeza —Makoto… él en verdad, ¿en verdad la amaba tanto? ¿Qué significó ella para Makoto? —Rin arqueó una ceja.

—¿Qué clase de pregunta es esa, Sousuke? —replicó —Demonios, por supuesto que la amaba, ella era el centro de su mundo, bueno, ella y las enanas. Cuando la conoció, Makoto volvió a sonreír sinceramente, puedo asegurarte que en Iwatobi los consideraron siempre la pareja perfecta. Además, ¿crees que Makoto se hubiera casado con ella sin amarla realmente? —Sousuke negó con la cabeza —Exacto, porque él no es ese tipo de sujeto. Cuando Makoto ama, lo hace verdad. Eso deberías saberlo mejor que nadie.

—Lo sé.

—Sousuke, tú, ¿en verdad llegaste a amarlo?

—Rin, créeme que no puedes imaginarte cuánto.

—Entonces, ¿por qué no lo contactaste ni una sola vez? Dímelo, porque no logro entender cómo pudiste olvidarte tan fácilmente de la persona que dijiste amar —Sousuke se sirvió otro trago y se lo bebió en un instante —Bueno, quizás lo tuyo simplemente fue uno de esos amores adolescentes.

—Te equivocas —replicó el más alto, levantando la voz. Los sentimientos empezaban a bullir en su interior y casi no era capaz de controlarse, pero no quería armar una escena en el lugar —La razón por la que no lo hice es porque, Rin, sólo con escuchar su voz habría deseado regresar de inmediato a Japón. No habría podido soportarlo —el pelirrojo alzó una ceja —Separarme de él fue lo más difícil, pero la verdad es que quería ver mi sueño cumplido. Creí que en Australia encontraría lo que estaba buscando, pero me di cuenta de que todo lo que siempre había necesitado estuvo a mi lado todo el tiempo.

—Eso suena muy poético pero, ¿entonces qué pretendes?

—Amo a Makoto y estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que volvamos a estar juntos, como antes —Rin se mordió el labio y desvió la mirada —¿Qué? ¿Acaso no me crees?

—No es eso, Sousuke. Es sólo que… bueno… —Rin volvió a suspirar —Cuando Megumi murió, Makoto hizo una promesa —Sousuke lo miró, intrigado —Prometió que jamás volvería a amar a alguien así como la amó a ella. Juró, ante la tumba de su esposa, que dedicaría su vida entera a sus hijas.

Sousuke sintió que un balde de agua fría le caía encima. El vaso que sostenía en la mano se deslizó de entre los dedos y cayó al suelo, rompiéndose en cientos de pedazos. Sus ojos seguían fijos en los orbes de su mejor amigo. ¿Qué rayos? No podía creerlo. ¿Qué clase de promesa era esa? No podía ser. Makoto no podía simplemente cerrarle las puertas al amor. No cuando él estaba dispuesto incluso a rogarle por una segunda oportunidad.

—¿Sousuke?

—Rin —dijo Sousuke, con voz temblorosa, tomando la botella de whisky y bebiéndose un gran trago —¿Podrías… decirme qué clase de persona era la esposa de Makoto? No puedo imaginarme qué pudo haber sucedido para que Makoto hiciera ese tipo de promesa, y… —Rin suspiró por enésima vez.

—Sé que no me corresponde a mí decirte todo esto, pero me siento en la obligación de hacerlo. Después de todo, tú también estás más o menos involucrado. Ah, pero no me digas a Makoto que yo te lo conté, ¡mucho menos a Haru!

—Sí, sí, lo prometo.

—Bien, verás, todo empezó…

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Makoto sonrió, mientras acomodaba las cobijas para arropar a sus pequeñas. Con cuidado, se deslizó entre las dos y se acomodó en el centro de la cama. Sayuri y Yukiko amaban despertar de esa manera, ambas recostadas sobre el firme pecho de su padre. El castaño tomó el celular, que reposaba sobre la mesita de noche. Una hermosa dama de cabello oscuro y brillantes ojos ambarinos le devolvió la mirada, con una inmensa sonrisa que sólo una madre era capaz de componer, mientras sostenía a las gemelas de un mes de nacidas.

Megumi, su amada Megumi. No había día que no la extrañara. Ella era la única que había sido capaz de curar su corazón herido. Santo cielo, ¡le debía tanto!, que estaba seguro de que jamás, hiciera lo que hiciera, sería capaz de pagarle. Aún recordaba su promesa, como si hubiese sido ayer.

Pero esa noche, al ver a Sousuke, después de tantos años, su resolución casi se derrumbó. Se dio cuenta, entonces, de que quizás, sólo quizás, jamás había dejado de amarlo. Era tal y como lo recordaba. No, más bien, estaba muchísimo más apuesto. Makoto todavía era capaz de perderse en la inmensidad de esos hermosos ojos de un color que estaba entre el azul y el verde. Se sonrojó de sólo pensar en los brazos de Sousuke alrededor de su cuerpo, abrazándolo, como lo había hecho tantas veces en el pasado.

—Sousuke, ¿acaso regresaste para poner mi mundo de cabeza otra vez? —se dijo —¿Por qué tenía que pasar esto, Megumi? Ah, la vida es tan complicada a veces —sintió las lágrimas acumularse en sus ojos y tragó saliva, buscando contenerlas —Pero no te preocupes, —continuó, pasando la mano por la fotografía de su esposa —porque mantendré mi promesa hasta el final.


Probablemente, el siguiente capítulo sea un flashback que explique un poco mejor la relación de Makoto y Megumi. En estos días postearé algunas ideas en Tumblr.