Los derechos pertenecen a J.K Rowling excepto los personajes inventado y demás detalles que han sido creados para ajustar la historia a mis necesidades.


Era una de esas curiosas noches en las que las nubes tormentosas cubrían el cielo, la lluvia caía sin cesar, incluso parecía que se empeñaba en caer con fuerza, al igual que los relámpagos que de vez en cuando incluso iluminaban el lugar, dejando entrar un poco de luz débil por los ventanales de la Mansión Malfoy, el tiempo realmente era horroroso, o eso pensaban todos, para mi simplemente era un día perfecto, odio y odiaba los días soleados, pues no me molestaba ni en salir de casa.

Estaba dando vueltas por todo el recibidor de la casa, nerviosa, pero no lo mostraba, apenas quedaban unos cuantos minutos para reunirnos con el Lord y esa panda de impresentables todavía no había tenido la decencia de aparecer… y luego se quejaban de las reprimendas hacia ellos. Por el contrario a todos ellos, yo, al igual que el resto de los componentes de la familia Malfoy, ya estábamos presentes, teníamos un objetivo marcado, ese ansia de poder, en especial el mio, que me había llegado a convertir en una lograda mortífaga, alguien sin escrúpulos con una increíble fuerza, tanto a la hora de hablar, como en un duelo de varitas, pero últimamente, con la guerra tan próxima, las cosas habían cambiado, habíamos tenido algún que otro fallo y podía notarse como esa preferencia del Lord hacia los Malfoy se iba consumiendo, acto el cual golpeaba mi orgullo de una manera increíblemente fuerte, para ser sinceros.

La puerta de la habitación donde nos reuníamos se abrió, era Andrea, mi quería hermana pequeña, unos dos años menor que yo, me miro y me hizo un gesto para que me acercara.

-El Lord llegará enseguida –dijo firme mientras me ofrecía el paso. Mire a todos los presentes, y como poco a poco los asientos iban siendo ocupados. A mi izquierda estaba Yaxley, a mi derecha Lucius , y justo delante de mi Dolohov. Pocos fueron los minutos que tuvimos que esperar cuando Voldemort hizo acto de presencia, junto a esa repulsiva serpiente, que últimamente no hacia otra cosa que ponerme de los nervios, no podía soportar esos siseos que se clavaban en mi cabeza. Pero aún había un asiento vacío, era extraño, pero tampoco le di la suficiente importancia.

Cada uno de nosotros hizo una reverencia al Lord, quien tomo asiento presidiendo la mesa, y entonces, veloz cual rayo, Severus Snape entro sin decir nada y se sentó.

-Severus, ya creía que no vendrías –siseo de aquella manera que solo él sabia hacer, con una voz que me ponía los pelos de punta.- Comencemos, ¿Qué sabéis del chico?

Guardé silencio en todo momento y entrelacé mis manos, mirando a todos mis compañeros, la tensión del momento podía cortarse fácilmente y cada uno de nosotros tenía la mirada fija en el Lord, salvo Draco, quien pálido cual muerto, miraba de reojo el cuerpo flotante que se reflejaba sobre la mesa.

-La Orden trasladará al chico a un nuevo lugar seguro, el próximo sábado, al anochecer –comenzó a decir Snape, lo cual provocó que centrara toda mi atención tanto en él como en sus palabras.

-Es demasiado tiempo…-siseo el Lord, al escucharle mis músculos se tensaron y apreté por debajo de la mesa los puños, ese hilo de voz que utilizaba me ponía nerviosa. Pude notar la mirada roja de Voldemort pasar por cada uno de nosotros- Y…supongo que esta información vendrá del Ministerio – volvió la mirada hacia Yaxley, era evidente que estaba buscando en él una respuesta afirmativa al rumor que Snape acababa de pronunciar.

-Mi señor…en el Ministerio dicen que no marchará hasta el día treinta uno, cuando cumpla la mayoría de edad, le esconderán en la casa de uno de los miembros de la Orden. –afirmó Yaxley inclinándose en la mesa para clavar su mirada rubia en la de Voldemort.

Di un pequeño salto cuando el Lord golpeó la mesa, tragué saliva notablemente, no iba a darles a ninguno de los presentes el gustazo de poder notar como aquella situación cada minuto era peor, pero no obstante necesaria. Dediqué una fugaz mirada a Andrea, ambas permanecíamos serías, inexpresivas, la mirada fue correspondida, pero como era de esperar ninguna dijo nada al respecto.

-Tomaremos el Ministerio antes del sábado, ¿estará para antes del sábado en mis manos, Yaxley? –añadió el señor Tenebroso.

-He...Conseguido colocar una maldición imperius sobre Pius Thirckensse, tendremos el Ministerio para entonces, mi señor.

Todas las miradas, incluyendo la mía se detuvieron en Yaxley, había hecho un gran trabajo sin duda, e incluso Dolohov le palmeó la espalda, como queriendo darle la enhorabuena por el logrado trabajo. Durante unos segundos, que parecieron ser siglos, parecía que me había perdido, pues permanecía casi embobada observándole.

No le di importancia, el Ministerio de Magia me era indiferente, entonces mi única preocupación era acabar con "el elegido", conseguir mi deseado poder, y poder recuperar la elegancia y determinación que siempre habíamos tenido los Malfoy con respecto a otros mortífagos, siempre por encima. Desperté de mi ensoñación cuando el Lord se levantó y nos comenzó a rodear a cada uno de nosotros con la mirada, acompañado de esa serpiente que había trepado por su silla y ahora se paseaba libremente, clavando esos ojos que jamás parpadeaban sobre nosotros, parecía buscar a su próxima presa.

-Necesito…una nueva varita, no puedo matar a Potter con la mía son…hermanas, por así decirlo…-dijo arrastrando sus palabras mientras todos nosotros guardábamos - ¿ningún voluntario…? –un bufido escapo de él mientras seguía caminando, y el único sonido era el frus frus que hacía su túnica. En un instante, note aquellas frías manos sobre mis hombros, respiré en profundidad y coloqué las manos sobre la fría mesa de madera oscura, nadie dijo nada, salvo él, por supuesto.

-Dime…Malfoy, tu varita…¿de que esta fabricada? –susurro cual serpiente mientras se inclinaba quedando cerca de mi cabeza, Nagini, la serpiente, siguió sus movimientos y se paro cerca de mi.

-Ma..madera de alce mi señor…con núcleo de sangre de basilisco –dije con una voz firme que resonó en toda la habitación, que estaba siendo iluminada por el fuego de la chimenea de mármol.

Tras terminar mis palabras aparto las manos de mis hombros, mientras deslizaba un dedo por el filo de cada silla, hasta detenerse justo detrás de Lucius, de reojo le miré, una mirada firme, silenciosa, que decía más que cualquier palabra que hubiera podido articular en aquel momento.

-Lucius, tu varita…dámela –ordeno firme y padre, tras mirarnos a nosotras, a Andrea y a mi, obedeció al instante. Voldemort comparó medidas con su varita - ¿es Olmo esto que siento Lucius…? ¿de que es el núcleo?

La angustia que sentía en aquel momento, las ganas de vomitar que me anudaban el estómago no se podían comparar a la angustia y nerviosismo que podía sentir en Lucius.

-Dragón…nervios de corazón, mi señor

Si prestabas atención, podías notar una sonrisa maquiavélica en el rostro pálido y afilado del Lord, quien proseguía analizando cautelosamente la varita de Lucius, abrió sus ojos maliciosamente, mostrando una mirada casi frustrante ante el movimiento involuntario que padre había hecho con la mano.

-¿Darte mi varita, Lucius…? –algunos de los miembros comenzaron a reír, estúpidos, todos me parecían una panda de babuinos incompetentes que no sabía que diantres hacían aquí, no podían compararse con los Malfoy….sí, mi orgullo siempre ha estado tal vez, por encima de mis posibilidades – Le di a tus hijas su libertad…os he perdonado ¿no es suficiente? ¿Acaso mi vuelta no era lo que los Malfoy estaban deseando desde tiempos pasados? ¿Qué te molesta de mi presencia? –no le dio tiempo a pensar y buscar una respuesta, simplemente su mirada volvió a clavarse tanto en Andrea como en mi – ¿acaso tus hijas están molestas…?

-No, mi señor –nos atrevimos a responder ambas a la misma vez, alzando nuestras cabezas con orgullo. Mostré una sonrisa sádica, llena de locura-es…un placer, mi señor –arrastré mis palabras con arrogancia, de manera firme.

Todos observamos como Voldemort regresaba a su posición después de aquellos interminables minutos en los que el nudo de mi estómago parecía apretar de tal manera, que casi ni me dejaba respirar o hablar.

Los mortífagos comenzaban a desaparecer cada uno hacia sus destinos, me quede inmóvil en la silla, incluso ignoré el movimiento de cabeza de Lucius que me llamaba, estaba demasiado sumida en mis pensamientos, o eso parecía, porque realmente tenía la mente en blanco, toda idea o pensamiento parecía haberse esfumado. Me levante con lentitud de mi sitio, dando un largo y lento recorrido por la habitación, me detuve cerca del fuego, justo delante de un ventanal que estaba húmedo dado que aún estaba lloviendo, la tormenta no amainaba. No había mucho que observar, lo único que había era un profundo y oscuro camino, rodeado por una inmensa valla de metal. Estreche un poco los ojos cuando lo que creí ver eran cuatro figuras humanas adentrarse en la casa, una de ellas la pude reconocer fácilmente, porque era mi tía Bellatrix, las otras tres no sabía quienes eran, al menos de momento.

Me di la vuelta aireada, y salí de la habitación, para justamente encontrarme con aquellos ojos llenos de locura, que me miraban desgarradoramente, además de con esa sonrisa que solíamos compartir muy a menudo….

-Meiga –susurro Bellatrix con casi una voz cantarina- Tenemos visita –añadió esas últimas palabras acompañadas con una risa.

Entonces, cuando los tenía cerca, puede ver quienes eran, Greyback, el hombre lobo y Scabior…a quien no pude evitar mirar fijamente. Mi rostro se volvió más pálido que de costumbre, mis músculos se volvieron a tensar como queriéndose preparar para cualquier movimiento, casi pude notar mis piernas fallar. Ladeé la cabeza, ambos carroñeros tenían sujeta a una chica de cabellos largos y morenos, no le pude ver bien el rostro, el pelo se lo cubría, y además se removía intentando escapar de las manos de Scabior.

-La encontramos merodeando sola por los callejones… -dijo Scabior tirando de su brazo para que se incorporara-Dice ser hija de la familia Devereaux.

-¿La conoces querida? ¿es ella?–musitó Bellatrix intentando reconocer su rostro. Solté un bufido y una simple mirada bastó para que tanto Greyback como Scabior le soltaran rápidamente. Después de esto iba a ser muy divertido torturar a ambos carroñeros. Cuando la chica alzo con orgullo la cabeza, mis ojos se encontraron con los suyos, sin duda era ella, la reconocería en cualquier parte.

-Mi padre se enterara de esto y os arrancará la piel a tiras, escoria –comento Isabelle, o Izzy como cariñosamente de vez en cuando solía llamarla.

-Es ella, tía Bella, Isabelle

Los ojos de mi tía se abrieron como dos platos, miró a ambos carroñeros mientras su labio comenzaba a torcerse debido al enfado y la vergüenza del momento. Centré mis ojos en mi amiga, no dije nada, ahora mismo era mejor estar callada, pues con los gritos e insultos de mi tía seguramente no me podría escuchar, hice simplemente una sacudida de cabeza para que me siguiera, escaleras arriba, aquello me recordaba a aquellos momentos de cuando éramos dos niñas y conspirábamos en contra de todos…

-¿Qué demonios a ocurrido? ¿Dónde estabas? –pregunte sin mucha amabilidad, en aquel momento admito que estaba notablemente molesta por el acto de impulsividad que habían tenido esos dos carroñeros, o ratas resbaladizas de cloaca, como gustéis llamarlos.

Observaba como Isabelle alisaba sus elegantes ropas y colocaba con elegancia y perfección su larga melena. Siempre habíamos sido muy parecidas, aunque a la vez incluso demasiado distintas, ella era neutra a todo lo que ocurría en el mundo mágico por esos tiempos, seguramente ni participaría en la batalla, más bien la visualizaba en su casa tomando té y leyendo un buen libro.

-Compraba ingredientes en Borgin y Burkes, ya sabes que estudio medicina mágica*-comento con normalidad mientras observaba la casa, realmente parecía que era la primera vez que estaba allí, lo cierto es que las cosas por allí habían cambiado muchísimo, padre ya no estaba con Narcissa, mujer a quien nunca he tenido un gran aprecio aunque sea mi madre, por el contrario, debido a las reuniones tía Bellatrix seguía deleitándonos con su presencia, además había alguien a quien siempre me había alegrado ver, de vez en cuando su melena rojiza ondeaba por los oscuros y lúgubres pasillos de la Mansión, Liliana Evans*, Lily para los más allegados.

Resoplé, realmente estaba furiosa por lo que acababa de ocurrir, no dije nada, le mire seria, fría y cuando Bellatrix hubo desaparecido baje a toda velocidad por las escaleras, dando fuertes zancadas que hacían crujir el suelo bajo mis pies, de la manga derecha saqué mi varita, la cual empuñé con fuerza.

-EH VOSOTROS DOS –grité dirigiéndome hacia los dos carroñeros- ¿a dónde vais? Aún tenemos una deuda pendiente ¿recordáis?

-¿Vas a pagarme por haber traído a la presa equivocada? –se burló Scabior de manera sugerente y un tanto odiada- Será un placer

Mi mirada lo decía todo, ¿de verdad ese carroñero era tan imbécil como para creer que realmente le iba a ofrecer algo a cambio?, padre tenía razón, esta gente era demasiado inapropiada.

-¡Expulso! – moví mi varita con fuerza y tanto Scabior como Greyback salieron disparados hacia atrás, impactando sus cuerpos con una de las duras paredes del recibidor. Vacilé un instante dando varios pasos hacia ellos, quienes se incorporaban lentamente, aunque Greyback salió corriendo hacia mi soltando un fuerte gruñido.

Cuando quise darme cuenta, un hechizo, seguramente un Desmaius, había impactado con el licántropo, y Scabior ni se había movido, seguía tirado en el suelo, no sé porque, pero cerré los ojos cuando vi salir el conjuro de la varita y al abrirlos allí estaba delante de mi, como queriendo protegerme, pero seguramente esas no eran sus intenciones, era Yaxley, quien notablemente era unas dos cabezas más alto que yo, se giro y me miro directamente a los ojos, pude notar como un escalofrío recorría mi espina dorsal.

-Deberías controlar tus impulsos, eres demasiado lanzada –afirmó Yaxley mientras guardaba su varita- Tanto Lucius como tú os lo tenéis muy creído…sois como los pavos que tenéis allí fuera.

Alcé suavemente una ceja, manteniendo en sus ojos rubios fija mi mirada, la cual, como siempre permanecía inexpresiva. Dibuje una pequeña sonrisa irónica y puse los ojos en blanco durante unos segundos.

-Se supone que ahora debo darte las gracias, ¿no es así?

Yaxley sonrió débilmente y ladeo la cabeza mientras se encogía de hombros, caminaba hacia la salida de la casa, Dolohov aguardaba en la puerta, y no era bueno hacerle esperar. No respondió a mi pregunta, que claramente iba con intenciones de molestarte, pero me ignoró.

-Lleva cuidado, a Lucius no le gustaría enterrarte antes de tiempo – y así, tal cual se marcho. Me quede inmóvil, observando como ambas figuras masculinas desaparecían en la oscuridad del jardín.


*Liliana Evans / aclarar que mi historia esta basada en mi rol, con mi gente a la que tanto quiero y aprecio. Lily esta viva, no se casó con James, por lo tanto Harry es hijo de otra mujer. Como Narcissa no me gusta, la he suprimido planteando un divorcio entre ella y Lucius. Isabelle Devereaux en otro personaje inventado el cual es propiedad de Isabel, quien también es autora de FF.