.

Capítulo 2

¿Y si te digo que me recuerdas un poco a ella?

.

.

¿Me creerías si te digo que me recuerdas un poco a ella?, solo un poco, después de todo tú eres tú y ella es ella. Pero es que veo en ti aquella singular torpeza y aquel incondicional esfuerzo que Aguri tenía al enseñar. Me siento en el escritorio y observo, con una sonrisa en los labios, como tratas de explicarles a los chicos del grupo de asesorías el último tema de química. Al final salen todos juntos del salón y regresan al poco con unas cajas que tienen las cosas del laboratorio.

—Lo entenderán mejor si lo ven con sus propios ojos—les dices con tu voz tan dulce mientras enciendes el mechero y les das instrucciones de que tienen que hacer.

Los chicos parecen divertirse y tú también. Me alegra ver a mis estudiantes mostrando sonrisas tan radiantes, tanto a los de ahora como los de antes. Ustedes siempre han sido, son y serán mis queridos estudiantes.

Me alegra que aún no te hayas dado cuenta de que lo tome, pero tengo tu cuaderno de notas y lo estoy leyendo a la par que los veo jugar con los cristales que se formaron en la tapa de aquel frasco. Los estudiantes exclaman asombrados y tú muestras una sonrisa de satisfacción por un trabajo bien logrado. Tienes notas muy singulares en esta libreta, supongo que las viejas costumbres son difíciles de olvidar. Venenos. Tu libreta es un recetario de venenos propios y, por lo que puedo observar, estás cerca de encontrar el veneno que pudiera haberme matado en aquel entonces.

—Observen esta propiedad…—les digo poniéndome de pie y dejando la libreta a un lado para acercándome a ustedes y mostrarles algo curioso. Mi inclinó sobre ti para tomar la tapa con los cristales me lleno con tu aroma a antiséptico y pergamino. Hueles a libros y laboratorios, hueles como la ciencia a la que tanto amas.

Después de un rato los chicos se van y tú y yo nos quedamos a solas en la sala de maestros. El ambiente entre los dos es agradable y sencillo. Hacer exámenes individuales no es tan sencillo ahora que no los puedo hacer a mach 20 pero contigo apoyándome con las pruebas de ciencias todo es más simple. Sin darnos cuenta, envueltos en la tranquila atmosfera, la noche nos alcanza y ya es jora de retirarnos de vuelta a nuestras casas.

Es muy tarde y no son horas para que una señorita ande a solas por la calle. Aunque sé que eres perfectamente capaz de cuidarte sola, prefiero ahorrarme preocupaciones y te invito a llevarte en mi coche. Por alguna razón te pones nerviosa y comienzas a tartamudear pero al final aceptas y te subes al auto. Puedo sentir tu latente nerviosismo, es tan evidente que no tengo que hacer mayor observación que ver como tus hombros comienzan a temblar. Finjo ignorancia y comienzo una plática para distraerte hasta llegar a nuestro destino. Comento sobre tu libreta de venenos y parece dar resultado pues te sueltas a hablar de los avances que has tenido en el proceso de encontrar aquel veneno para mí. Suenas orgullosa al comentar como tuviste que estudiar a fondo la composición del material antisensei y unas muestras de tentáculos que te robaste de los incidentes con Itona y con Kayano.

Finalmente llegamos a la zona de departamentos donde vives y bajas del carro torpemente antes de volverte a verme y despedirme con una sonrisa. Siempre me ha gustado tu sonrisa, pero ahora que ya eres una mujer adulta tiene un encanto particular del que sé no te has percatado. Me quedo estacionado hasta estar seguro que has entrado en tu departamento a salvo. Aun puedo sentir las conciencias acechantes y peligrosas de algunos maleantes que te miraban atentamente cuando bajaste del coche.

¿Qué dirías si te digo que me recuerdas un poco a ella?, tan inocentes y despistadas que no se dan cuenta de la manera en que otros hombros las miran cuando van por la calle. Tienes una figura bonita y discreta pero no por eso menos atrayente y una sonrisa radiante y angelical que es difícil pasar por alto. Eres una chica guapa, tengo que admitirlo, aunque tú misma pareces negarte a creer que eso es verdad.

Por la mañana llegas a la escuela más temprano que lo usual y te dirigen al salón de clases. No te das cuenta de que te observo mientras caminas en silencio hasta el que antaño fue tu asiento y te dejas car en el mirando al redor. Miras de reojo, como lo hacías todas las clases, al lugar que era de Karma y te hechas a reír como si te burlaras de tú antiguo amor por aquel chico. Después posas la mirada al frente del salón y sonríes soñadora.

—Ya casi—dices con una mirada soñadora—, ya casi te alcanzo…

Y entonces la opresión en mi pecho me hace darme cuenta de algo.

¿Te he dicho que me recuerdas un poco a Aguri?, después de todo solo he amado a dos mujeres en mi vida. A ella no pude salvarla de la muerte y después estas tú, suspirando soñadora por un chico que jamás te volverá a ver porque ya tiene a alguien más