2° Parte:

La obra de arte, si podía decirlo así, era ricamente bañada en la luz de la luna, haciendo resplandecer sus colores como estrellas en la negrura de la noche con tintineos y destellos, y a su vez, seguir reflejando la imagen en el suelo liso y polvoriento justo a mis pies descalzos.

Por alguna razón el vitral me pareció diferente a la primera vez que lo vi en tierras extranjeras, tal vez era una pincelada, un murmullo, algo era diferente. Cautelosamente, y no sé porqué, me acerqué a tan rara obra desquiciada, entonces comprendí, cada figura y color, cada toque y detalle, se manifestada ante mí con vida.

Pronto escuché ecos de la madera podrida rechinando en las penumbras, puse más atención, agudizando mis sentidos hasta un punto que me fue totalmente desconocido. Entonces el sonido que creía provocado por la frágil construcción, de ordinarios ruidos por el viento, tornó en voces humanas; llenas de lamentos y dolor.

Sospechando, intuyendo de dónde venían, caminé con mis pies descalzos sobre el polvo fino del suelo apolillado.

Los rostros del matrimonio mostraban más marcados en sus facciones doradas, solo y martirio, a cada paso que me acercaba.

Retrocedí de golpe al ver claramente como una lágrima descendía de la mejilla pálida de Sigyn. Para salir de la duda, volví a examinar la figura, pensando si tal vez era una gota de rocío colada por la ventana o un reflejo de la luz que jugaba con mi percepción. Pero nada, ahí estaban las lágrimas cayendo abundantemente de la mujer en busca de consolación.

Desgraciada sea mi suerte y la estrella en la que nací, ya que el vitral encendía ahora envueltos en abrasadoras llamas de un rojo sangre intenso. Y para colmo de males, ningún detalle del cristal era perjudicado por el fuego espectral, en lugar de eso, todo el ático tornaba en las llamas incandescentes producto del maleficio echado por ese maldito vitral.

Inútilmente traté de apaciguar el incendio con la manta, pero nada sucedía. Y el terror llegó tarde a mi mente, corrí en cuanto fui consciente del peligro que me rodeaba hasta la puerta como mis helados pies me lo permitieron, que para burla de un chiste negro, el pedazo desgraciado de madera no abría.

Grité, grité y grité por ayuda; el nombre de mis padres y mis hermanos; el nombre de mi primo y su esposa; pero hasta cuándo mencioné el nombre de mi ex esposo caía de rodillas ahogándome en mis palabras ¿Por qué mencioné a ese monstruo? ¿Inclusive en estos momentos dependía de él? Aún sabiendo que en esta situación, si estuviera aquí, echaría a correr como el cobarde que es dejándome envuelta en este infierno.

Acurrucándome junto a la puerta, empapada en mis lágrimas, esperé por mi final dictado por las lenguas de fuego que cada vez más cerraban ante mí. Dirigí mi mirada una última vez hacia el vitral, enfocándome en la decrepita Sigyn, y comprendí las ironías de la vida. Mi error era su error también, el ser la devota esposa ciega, acarreando los pecados de un hombre que jamás la apreció como mujer y persona. Tarde ya era para mí cuándo he visto la luz y la salida a los problemas de mi vida, ahora que estoy cerca de la muerte.

Desperté de golpe, con el corazón golpeándome violentamente el pecho, apenas podía respirar, apenas podía creer que estaba de vuelta en mi habitación, bajo mis tapas y mi gata siguiendo en su sueño profundo. Traté de tranquilizarme, temblorosa, salí de las cobijas y fui al baño para lavarme la cara.

Enjuagándome con el agua cristalina que salía de la llave, reflexioné lo sucedido con el vitral. Aún me costaba creer que fue un sueño, o más bien una pesadilla, aunque todavía me sentía flotar en el aire por aquellas alucinaciones de mi mente.

Pero la respuesta que había encontrado era real, salí con la cabeza despejada al living y un martillo oxidado con su mango agrietado cayó ante mí cuando choqué con en el basurero. Lo miré por unos segundos, esa vieja herramienta se aparecía para realizar su última tarea que yo ya le tenía pensado cuando se presentó ante mí. La tomé con fuerza y caminé con paso decidido hacia el ático, siendo seguida por Pinina que me miraba curiosa.

El viento golpeaba fuerte, no me había percatado que ya salía el sol y que sus rayos carmín golpeaban suavemente los muros de mi hogar, pareciéndolos por primera vez majestuosos ante mí.

Inhalé profundo la fresca brisa del rocío cuando llegué al portal del cuarto, erguida y decidida con martillo en mano, abrí firmemente la vieja puerta. Y allí estaba el vitral, bañándose tranquilamente con el rojo anaranjado del sol que se asomaba por el ventanal.

Acercándome con una seguridad que yo misma desconocía, y girando tres veces el viejo martillo, golpeé el vitral con fuerza y certeza.

El vidrio se trizó, pero no lo suficiente como para romperse, estaba claro que el cuadro iba darme pelea y yo no permitiría obtenerle la victoria.

Acerté un segundo golpe en el mismo lugar y escuché el cristal crujir, sonreí ante esto y di otro golpe, uno tras otro con más fuerza haciendo saltar los fragmentos de cristal como si fuesen copos de nive a mí alrededor. Mi gata, desde el umbral de la puerta, comenzó a maullar con cada golpe que daba como si me animará en mi tarea. Me sentía libre y viva, ese vitral estaba dándome el desahogo que necesitaba de la frustración en que me había hundido por mi propia mano.

Grité, grité con todas mis fuerzas, pero no de rabia, no de pena ni vergüenza, alcé mi voz al cielo en señal de nueva vida y bajé el martillo una última vez.

El vitral explotó en pedazos al mismo tiempo que el viejo martillo en su última faena, algunos trozos de cristal cayeron en mi muñeca derecha, pero no me importó. Solté al suelo el mango resquebrajado de mis manos ensangrentadas por el esfuerzo, las que pasé por mi rostro sin importarme que me manchara con ellas.

Rápidamente corrí afuera, llena de éxtasis que nunca antes había sentido y comencé a danzar en medio del patio sin importarme el frío y el viento que golpeaba.

Estaba viva, sin importar nada más, estaba viva y respirando, mi hogar se veía majestuoso y yo era muy ciega para verlo así antes.

Entonces los maullidos secos de mi gata me detuvieron, parecía un poco nerviosa mirando detrás de mí, giré por curiosidad y me encontré con un lobo negro de ojos rojos que me gruñía desafiantemente ¿Qué se creía ese animal al venir a interrumpir mi liberación?

–¡NUNCA MÁS! –le encrespé con fuerzas, con el ardor del fuego del vitral que ahora se encontraba en mí y envolvió al despreciable incauto en llamas hasta volverle cenizas.

Para mi sorpresa, Pinina había bajado hasta la mitad de la escalera sin quitarme esos ojos grandes de encima, y saltó a mi pecho.

Sentí que me mordía cariñosamente la cara, pero uno de sus colmillos se enterró fuertemente en mi labio inferior, por lo que tuve que correrla bruscamente recibiendo a cambio un arañazo de su parte en mi muñeca derecha.

Cuando despabilé, increíblemente estaba de vuelta en mi habitación bajo mis cobijas, el reloj marcaba las 11:30 AM y mi gata maullaba exigiendo su comida.

¿Todo fue un sueño? ¿O fue un sueño dentro de un sueño? Pero no me importaba, estaba aquí con la gata disgustada, el día despejado, todo un buen tiempo para trabajar y necesitaba empezar con un baño.

Me sentía bien, todo era diferente o más bien yo estaba diferente, y no lo tardaron en notar José y su esposa que llegaban esa tarde con delicioso pan amasado recién horneado.

–Si no lo veo no lo creo –comentó él muy divertido, al verme limpiar la fachada de la casa con escoba, trapo y agua.

–Necesitas que te ayude –se ofreció su señora, a lo que negué tranquilamente y los invité a pasar.

La cena fue amena, mis relatos de lo poco que vi en Noruega los emocionó, todo iba bien hasta que salió el tema del vitral. No sabía que responder, puesto que en todo el día no había ido al ático para asegurarme que estaba ahí entero o en piezas sobre el suelo, sí lo vivido esa noche fue un sueño o verdad.

Y algo curioso sucedió, antes que pudiera dar cualquier explicación alguien comenzaba a llamar enérgicamente a la puerta.

–Hola ¿Estás ahí Sandra? –se oyó la voz de mi ex por toda la casa, cuyas paredes rechinaron ante el eco.

José golpeó la mesa con fuerza, y me miró a los ojos de forma acusadora.

– ¿Se puede saber que hace aquí?

–No lo sé, pero te aseguró que pondré fin a esto –le respondí calmadamente, y pude notar en su expresión que confiaba en mis palabras.

Fui a abrir la puerta con él haciendo de compañía, y ante nosotros apareció aquel sujeto que ambos detestábamos, yo más que nada. Estaba pálido y desgarbado, tenía tantas arrugas en su rostro como en sus manos, sus ojos rojos y canas horribles adornaban su cabeza.

– ¿Qué deseas? –le pregunté firmemente que tanto él como mi primo se sorprendieron de mi actitud.

Ya no sería la mujer vulnerable ante él nunca más, ya no sería Sigyn.

–Me enteré que fuiste a Europa por una herencia ¿Es verdad?

Tuve que aguantarme las ganas de darle una bofetada por su desfachatez, pero no deseaba rebajarme a su nivel y entonces vi un curioso reflejo carmesí llegando a su pecho. No sé porque sonreí en ese momento, una expresión que di ante él que le hizo dudar de haber venido a mi morada.

–Sí, así es, es un vitral de lo más curioso. Algo así no se ve todos los días, así que te invitaré a pasar a verlo, y a cambio, no volverás a presentarte ante mí el resto de tu vida.

Ambos hombres se quedaron mudos por mis palabras, y el sujeto pensó un momento y asintió de acuerdo. De seguro hurgó en esa mente rebuscada que el vitral sería valioso y volvería más tarde por él, y no de buena manera.

Le invité a pasar al patio, en tanto mi primo me reprochaba de mis acciones, conociendo al cañada que era, pero yo le tranquilicé recordándole lo que era el vitral.

–Está bien, pero sí trata algún truco sucio lo va a lamentar.

Los cuatro subimos por las escaleras, conmigo al frente abriendo la puerta, y de reojo pude percibir como la mirada de aquel vagabundo brillaba de codicia, y fue él, siendo el primero en entrar para ver la curiosa pieza de arte.

La escena ante nosotros hizo que la esposa de mi primo ahogara un grito de sorpresa en tanto que el otro individuo quedaba hipnotizado ante el cuadro.

El vitral está en una pieza, brillando en dorado con el fulgor del atardecer, yo sólo me apoyé en el umbral de la puerta con mi primo viéndome con preocupación.

Lo que ocurrió después pasó tan lentamente que ninguna de las tres personas ahí presentes lo olvidaría jamás.

Las luces del sol hacían brillar al vitral como si fuese oro puro, escuchamos maullar a Pinina en la planta baja de la casa, mi ex esposo deslumbrado por el dorado dio tres pasos al frente para contemplarlo más de cerca y el suelo de madera podrida bajo sus pies se trizó en miles de fragmentos engulléndolo de un bocado. Escuchamos un ruido sordo pero ningún grito, José junto a su esposa corrieron en pánico por las escaleras hasta el primer piso justo debajo del ático, yo en cambio, me quedé apaciblemente contemplando la belleza del vitral que no había notado antes con una sonrisa en el rostro. Tranquilamente caminé hasta el agujero que se había formado en la madera y miré abajo, él parecía una marioneta rota, pero podía ver que aún respiraba, apenas respiraba.

Escuché a José que le decía a su esposa que llamase a una ambulancia, pero ya era tarde, cuando sus ojos se cruzaron con los míos me sentí poderosa, me sentí libre y él era menos que basura tomando su último respiro.

La mujer de José chilló de terror siendo consolada rápidamente por su marido, mientras que Pinina subía de un salto hacia el pecho del cuerpo frío observándome desde abajo y maullando gravemente.

Levanté la vista hacia el vitral envuelto en las últimas llamas rojas del sol del atardecer, regresando a sus mixtos colores y volví a sonreír. Caminé de vuelta para cerrar la puerta sin apartar la vista en ese nefasto vitral, que en verdad era nefasto, pero sólo cruelmente nefasto con aquellos que eran nefastos conmigo.

FIN