Disclaimer: No es mío. Nunca lo será. Por su atención muchas gracias.
A/N: Siento la tardanza, pero he estado enfrascada en una batalla a muerte con el photoshop, debido a el challenge N°2 del foto The Mentalist en español (¿todavía no lo conocen? shame on you!). Pero bueno. ¡Muchas gracias por los comentarios, alertas y favoritos! me sigue sorprendiendo la respuesta a mis historias, sin embargo, me gusta escuchar lo que piensan. Es bueno conocer cuáles son sus opiniones y reflexiones, porque si logro que debatan, estén de acuerdo o les deje meditando sobre ciertos puntos, significa que estoy haciendo medianamente bien esto :)
Comentarios y críticas bien recibidos, siempre con respeto. Gracias por pasarse y leerlo.-
Dos.-
La lluvia golpea suavemente el ventanal que está justo sobre su sofá, el sonido rítmico del agua cayendo, tiene la virtud de ayudarle a dormir durante algunos minutos. El equipo se ha ido a interrogar a unos sospechosos y a seguir algunas pistas en el último caso, nada de importancia que requiriera de su atención y por lo mismo, prefirió quedarse en la oficina. El día tampoco invita a querer moverse a ningún lugar: está nublado, gris. Las horas parecen arrastrarse, haciendo que todo parezca más sofocante y triste.
-¿Jane?-la voz de Lisbon lo saca de sus pensamientos y sin responder, abre los ojos y los clava en los de ella-Cho y Rigsby trajeron a un sospechoso para interrogarlo. Me gustaría que estuvieses allí, ver si puedes descubrir algo.
-¿Quién es el sospechoso?-pregunta, levantándose del sofá e invadiendo un poco el espacio personal de la agente. Como esperaba, Lisbon retrocede un paso antes de contestar-Rick Moines el…
-Jefe de la víctima-se pasa una mano por la cabeza y ríe con suficiencia-desde ya te puedo decir que él no fue. Odiaba a la víctima, es cierto; probablemente también más de alguna noche alimentó fantasías sobre cómo matarle; mientras veía algún reality show y comía una de esas cenas refrigeradas que se calientan en el microondas, sin más compañía que su gato. No tiene las agallas para llevar a cabo ninguno de sus planes y nunca las tendrá. Le gusta demasiado su patética vida como para querer arriesgarse a algo más.
Lisbon contrae la boca en una mueca de disgusto y menea la cabeza. Sabe que lo que le ha dicho caló hondo en ella. Por supuesto esa ha sido su intención, molestarla, herirla echando mano a esa especie de semblanza de la propia vida de la agente-sus noches solitarias en las que la televisión es su única compañía-. Quiere más que nada lograr una reacción de su parte, lo que sea. Un puñetazo, un grito, un "te odio"…pero a cambio no recibe nada. Ella lo mira por interminables segundos, sus ojos verdes y cristalinos mostrando nada más que vacío para él. Uno que hiere mucho más que si existiera desprecio en ellos.
-Como quieras, Jane. Ve a prepararte un té o sigue fingiendo que duermes-hay algo de sarcasmo en sus palabras-y si tienes algo que aportar a la investigación, haz el favor de decirlo.
Lisbon se da media vuelta y él se queda allí de pie, viéndola irse hacia la sala de interrogaciones. Desde que ella le dejó-semanas ya desde esa noche en el apartamento de la agente-las cosas han seguido un camino parecido. Él intenta enfurecerla, sacarla de sus casillas y que pelee. Pero no logra nada. Es como si la Lisbon se hubiese dado por vencida con él; como si cualquier esfuerzo que pudiese hacer no sirviera de nada y prefiriera seguir adelante, dejándole a él atrás. Le es difícil aceptar que la agente le ignore, que ni siquiera sea capaz de dar algo de pelea. Y por lo mismo, siente esa necesidad absurda de castigarla por abandonarle, cuando se suponía que jamás lo haría.
Lo peor de todo es cuánto la extraña. Al principio la rabia que sentía le ayudaba a ignorar sus sentimientos, pero a medida que el tiempo pasaba se dio cuenta que en realidad la echaba de menos más de lo que podía soportar. El hecho es que ahora ni siquiera pueda tocarla de la forma más inocente, como cuando eran amigos y la guiaba posando una mano en la parte baja de su espalda; o darle una suave, casi imperceptible palmada en el hombro. Ha perdido el derecho hasta de ir a su oficina, tenderse en el sofá y dejar que el silencio y la paz que Lisbon irradia, lo ayude a descansar. Extraña el calor que sólo ella puede darle, el sabor de sus labios y la manera en que hacían el amor-con fuerza, apasionadamente-; las conversaciones mientras veían algún programa en la televisión, tumbados en el sofá del apartamento de Lisbon. También echa de menos a la agente que no aceptaba estupideces de nadie; y la amiga que fue mucho antes de convertirse en su amante. Pero todo se ha acabado, incluso la confianza que existía entre ellos.
Sabe que en gran parte es su culpa, por no poder darle lo que ella quiere. Sin embargo, Lisbon ya conocía lo que significaba estar con él. La venganza contra Red John siempre ha sido su prioridad, algo a lo que no está dispuesto a renunciar. Necesita acabar con el psicópata que destruyó a su familia, para al menos sentir que hasta cierto punto hizo algo por ellas, aparte de ofuscar a un asesino que no encontró nada mejor que tomar sus vidas en venganza. También era consciente que llegado el momento en que se enfrentara a Red John, y si lograba su objetivo, la perdería. Pero quería vivir hasta entonces en esa especie de mundo aparte, en el que los dos pudiesen ser felices hasta aquel instante en que inevitablemente el sueño se acabaría.
Sacude la cabeza para apartar aquellos pensamientos de su mente, y va hasta la cocina a hacerse un té. Mientras espera que el agua hierva, se reclina sobre el refrigerador. Lisbon entra en ese momento, jarrón en mano; en busca de un poco de café fresco.
-¿Cómo fue la entrevista?
Ella toma la cafetera y mientras llena la taza le contesta-nada del otro mundo. Tenías razón, no es el asesino. Tiene una buena coartada que en estos momentos Rigsby está verificando para poder descartarlo totalmente. Ahora estamos siguiendo otras pistas, pero nos vendría bien tu ayuda ahora mismo.
Lisbon toma un sorbo de café y cierra los ojos por unos segundos, ante el placer que el fuerte líquido le causa. Jane aguanta la respiración ante la acción y sin poder evitarlo, se mueve hasta el lugar en el que ella está. El aroma de la agente lo embarga y ansía tocarla, poder enredar los dedos en su cabello, rodear su cintura y besarla, decirle cuánto la ha extrañado y pedirle, rogarle que no se aparte de él nuevamente. Pero el momento es fugaz, porque cuando está a punto de rendirse ante sus deseos ella se aleja, totalmente ajena a lo que pasa con él. En cuanto Lisbon desaparece tras la puerta de su oficina, siente que un vacío enorme se apodera de él; toda la añoranza reprimida durante las últimas semanas lo ahoga. A duras penas reprime su deseo de seguirla hasta el despacho para hacer lo que hace unos minutos no pudo.
Es en ese instante, cuando dimensiona lo que ha significado dejarla ir. Y no está seguro si será capaz de vivir sabiendo que es el único culpable de su pérdida.
