Capítulo 1: "¿Amigas?"

- ¡Mamá! –gritaba una niña rubia con ojos bicolor– Encontré esta foto. Ésta eres tú, ¿verdad? –le mostraba la foto a su madre señalando a una pequeña cobriza– ¿Quién es la otra niña?

- Fate-chan… –dijo tomando la foto entre sus manos y abrazándola mientras sus ojos se empezaban a humedecer– ¿Dónde estás? –se preguntó a sí misma mientras lágrimas escapaban de sus ojos.

- ¿Mamá? No llores. –abrazó la pequeña a su madre.

- Lo siento Vivio. –le sonrió aún con lágrimas en sus ojos– Ella es Fate-chan, mi mejor amiga. Hace mucho tiempo que no la veo y sé de ella. La echo mucho de menos. –dijo cargando a su hija– Ahora, vámonos o llegaremos tarde.

Las dos cogieron sus cosas y se dirigieron a la escuela donde la cobriza es profesora de educación primaria y su hija, Vivio, es alumna. La cobriza se despidió de su hija y se dirigió a la sala de profesores.

- Buenos días, Yuuno-kun. –sonrió la cobriza a un rubio de ojos esmeraldas– ¿A qué se debe tanto revuelo?

- Buenos días, Nanoha. –le devolvió la sonrisa y le dio un beso en la mejilla– Hayate ha mandado un mensaje diciendo que esperáramos aquí, que tiene algo que decirnos.

No le dio tiempo a decir nada más cuando entraron en la sala la subdirectora y directora.

- Buenos días a todos. A lo largo del día de hoy se unirá a nuestro equipo una nueva profesora de educación física. Personalmente, la conozco desde que estudiábamos en la universidad. Era la corredora más rápida, y, de hecho, lo sigue siendo. Ningún alumno fue capaz de romper su récord. Algunos de vosotros ya la conocéis también. Espero que os llevéis bien, aunque sé que será algo difícil… –se rascaba la nuca la pelirosa subdirectora.

- ¿A qué te refieres con que será difícil que nos llevemos bien? –preguntaba la cobriza.

- Signum, no exageres… Vas a asustar a todos los profesores… –se reía nerviosa una castaña directora– A lo que se refiere es a que no suele ser muy habladora…

- No confía en nadie. –dijo una pelimorada profesora.

- Es una persona solitaria desde hace años… –concluyó Signum por Hayate y Ginga.

- ¡Signum! ¡Ginga! –exclamó Hayate– Por favor, tened un poco de paciencia con ella. –suplicó.

Sonó la campana anunciando el comienzo de las clases, por lo que cada profesor se dirigió a su salón.

- Nanoha-chan. –llamó la castaña directora a la cobriza.

- ¿Sí, Hayate-chan?

- Verás… Con respecto a la nueva profesora… –se rascó la nuca– debes saber que ella ya no es quien tú crees. Ha cambiado mucho. Te ruego que no reacciones alegremente. Mantén las distancias.

- ¿Qué quieres decir Hayate-chan? ¿La conozco? ¿Quién es? –preguntaba la cobriza confundida.

- Ya lo entenderás. Tú solo recuerda lo que te acabo de decir. Ahora ve, tus alumnos te esperan.

Las clases transcurrieron con normalidad hasta que la campana anunció la hora del almuerzo. Los alumnos corrían de un lado para otro por los pasillos y había muchos murmullos. Una niña rubia con ojos bicolor corría hacia la profesora cobriza.

- ¡Mamá! –decía mientras la abrazaba.

- ¡Vivio! Hola. ¿A dónde vas corriendo? –le sonrió tiernamente.

- Venía a buscarte. –le sonrió– ¿Puedes acompañarme un momento? Quiero que veas a alguien… –tomó la mano de su madre y la jaló arrastrándola con ella.

- ¡Vivio espera! ¿A dónde vamos? ¿A quién quieres que vea?

Se dirigieron hacia la pista de entrenamientos donde había muchos alumnos mirando a dos personas que estaban corriendo. La cobriza se acercó a la pista donde se encontraba Yuuno, su novio.

- Yuuno-kun, ¿qué es lo que pasa?

- Nanoha... Hola Vivio. –sonrió el rubio a la pequeña– Signum quería competir con la nueva profesora para comprobar cuánto había mejorado esa rubia… –dijo molesto.

- Ya veo… –dirigió la mirada hacia la pista y entonces la vio– No puede ser… –decía mientras abría los ojos como platos.

- Es la niña de la foto, ¿verdad mamá? –preguntaba la pequeña con alegría dando saltitos mientras que su madre estaba sin palabras.

Signum y la nueva profesora dieron un par de vueltas a la pista de entrenamiento, y sin mucho esfuerzo, la rubia profesora ganó a la pelirosa, quien al finalizar se tumbó en el suelo. La rubia se acercó a la subdirectora.

- Testarossa… Te vuelves más rápida cada día… –la rubia ofreció su mano y Signum la aceptó– Me alegro de verte.

- Gracias… Signum –sonrió.

Tras aquella demostración, las dos se dirigieron hacia la sala de profesores ante la atenta mirada de todos los allí presentes. Todas las miradas fueron indiferentes para la rubia, excepto una… unos ojos color lavanda la miraban con sorpresa y lágrimas en los ojos.

- Fa-Fate-chan… –susurró mientras observaba esos ojos borgoña que siempre adoró ver y que ahora estaban sin brillo, tristes.

Todos los alumnos se dispersaron para tomar su almuerzo mientras hablaban de lo rápida y guapa que era la nueva profesora. Vivio volvió con sus amigas y comieron juntas mientras que Nanoha y Yuuno volvían a la sala de profesores. Cuando llegaron a ésta, Fate no estaba. La cobriza estuvo durante la hora del almuerzo ausente y buscando con la mirada a esa rubia mujer que había sido su mejor amiga y que había extrañado tanto. Terminó la hora del almuerzo y no la encontró. Yuuno se empezó a molestar porque Nanoha no le prestó atención mientras comían. Él sabía que el regreso de la rubia haría que la cobriza pasara más tiempo con ella y no con él, como había pasado siempre desde que se conocieron. Todos los profesores se fueron a sus aulas para dar las siguientes clases.

- Bien chicos, prestadme atención. Hoy haremos un circuito donde practicaremos algunos deportes. Éstos serán: baloncesto, tenis, volleyball y lacrosse. No penséis que solo se me da bien correr… prácticamente se me dan bien todos los deportes. –sonrió– Al principio haré unas demostraciones de lo que quiero que hagáis y después haréis grupos para que practiquéis. Mi único consejo es que disfrutéis jugando. A vuestra edad simplemente tenéis que divertiros jugando y aprendiendo. ¿Listos?

- ¡Sí! –gritaron los alumnos al unísono.

Fate explicó a sus alumnos las nociones básicas sobre los cuatro deportes e hizo varias demostraciones. Una vez explicado y demostrado todo, los alumnos hicieron 4 grupos y durante 15 minutos practicaron cada deporte. Al finalizar la clase, todos los alumnos, salvo una niña de ojos bicolor, se dirigieron a los vestuarios para cambiarse e irse a casa. La pequeña que se quedó para hablar con la profesora quería pedirle consejos para volverse más rápida. Ambas se sentaron en el césped.

- ¿Qué puedo hacer para correr más rápido, Fate-sensei? Yo soy muy lenta, siempre me quedo atrás y/o tropiezo y siempre acabo cayendo al suelo. –decía la pequeña con lágrimas en sus ojos– Quiero llegar a ser tan rápida como usted. No quiero que se rían más de mí. ¿Qué hizo para conseguirlo?

- Lo único que puedes hacer es esforzarte cada día hasta que consigas tu meta. No te sientas mal por no ser rápida, ni mucho menos debes de decir que eres torpe. Como os he dicho antes, tenéis que disfrutar cuando hacéis deporte. Si os divertís, mejorareis sin daros cuenta. La clave está en divertirse. –le sonrió– En cuanto a mí… no puedo contártelo, Vivio… –su mirada se volvió fría y triste y se puso de pie junto a su alumna– Ahora ve, seguro que te están esperando. El próximo día te daré algún consejo. –se agachó y acarició la cabeza de su alumna– Hasta mañana. –se dio media vuelta y se encontró a una cobriza que las miraba curiosa.

- ¿Mamá? ¿Qué haces aquí?

- Quería saber porqué no estabas esperándome en la entrada. –miró a su hija y le sonrió dulcemente– Ve a cambiarte. Enseguida voy, ¿sí? –la pequeña asintió.

- Hasta mañana, Fate-sensei. –dijo la pequeña alegre.

- Hasta mañana, Vivio. –le devolvió la sonrisa.

Una vez que la pequeña se fue, dirigió su mirada a la cobriza quien la miraba profundamente a los ojos.

- Siento que Vivio se haya retrasado… ella tenía algunas dudas.

- Lo sé. Lo he escuchado todo. –se quedaron mirando por un breve momento– Me alegro de verte, Fate.

- Hasta mañana, Takamachi-san. –y se marchó dejando a la cobriza descolocada ante su indiferencia.

- ¡Espera! –dijo la cobriza, pero la rubia siguió su camino.

Nanoha regresó junto a Vivio a casa, donde la pequeña tomó un baño e hizo todas sus tareas mientras su madre hacía la cena. Cuando llegó la hora de cenar, Yuuno fue a casa de su novia para cenar todos juntos. Nanoha lo recibió con un beso y Vivio solo le dijo hola. A la pequeña no le caía bien, aunque tratara bien a su madre. A ella siempre la odió. Su madre no sabía nada sobre el trato que recibía por parte del rubio, pero su madre parecía feliz, así que haría un esfuerzo por ella. Por suerte para la pequeña, a pesar de que son novios desde la universidad, no se han casado ni están viviendo juntos. Mientras cenaban, hablaron tranquilamente sobre el día en la escuela, ya que cuando estaba su madre delante, el rubio la trataba como si fuera su hija.

- ¿Qué tal te ha ido hoy en la escuela, Vivio? –le preguntaba Yuuno.

- Bien. Hoy hemos tenido clases con Fate-sensei. Nos hemos divertido mucho. Hemos practicado cuatro deportes. Ella nos dijo que quería que disfrutáramos jugando, que eso era lo importante. Le he preguntado varias cosas, pero… –bajó la mirada.

- ¿Pero…? –animó a continuar el rubio.

- Pero no me respondió. Dijo que no podía decírmelo… Después de eso, su mirada cambió. Se volvió fría… –dijo con tristeza.

- Vivio. –la llamó Yuuno– No puedes meterte en la vida de los profesores. –dijo el rubio– Son tus profesores, no tus amigos. –la niña bajó la mirada.

Terminaron de cenar y Vivio fue a prepararse para dormir. Yuuno quiso quedarse con ambas a dormir, aunque lo que realmente quería era hacer suya a la cobriza, pero Nanoha le pidió que se fuera porque se encontraba cansada. Pero lo que realmente pensaba era que no estaba segura de si él era la persona adecuada y si sentía por él amor o cariño. A pesar de llevar tiempo con él, no era capaz de llenar el vacío que sentía desde hacía años. Cuando Yuuno se marchó, Nanoha fue a la habitación de su hija para darle las buenas noches.

- Mamá… Yo… no puedo evitarlo… quiero ayudarla… –bajó su cabeza– Esa mirada es la misma que yo tenía antes de que me encontraras y salvaras.

- Vivio… lo sé, pero lo que ha dicho Yuuno-kun es cierto. Es tu profesora, cielo. –la pequeña bajó la mirada y se entristeció– Déjamelo a mí –la pequeña miró a su madre con una sonrisa y recibió un guiño.

- Gracias, mamá. –dijo alegre la pequeña dando un abrazo a su madre– Buenas noches.

- Buenas noches, Vivio.

- Mamá…

- ¿Sí, Vivio?

- Espero que puedas recuperar a tu mejor amiga…

-Yo también lo espero Vivio. Ahora a dormir. –dijo dándole un beso en la frente a su hija y salió cerrando la puerta del dormitorio de la pequeña– Yo también lo espero, yo también… –susurró.

La cobriza se fue a su habitación, y antes de acostarse, miró por la ventana y recordó esa mirada fría y vacía que se encontró al ver a Fate. "¿dónde has estado tanto tiempo? ¿por qué no me escribiste? ¿por qué tienes esa mirada? ¿por qué estás triste? ¿qué es lo que te hace ser así? ¿por qué no me llamas por mi nombre? ¿no te alegras?" –se preguntaba. Tras admirar un poco más por la ventana, se fue a dormir.

A la mañana siguiente, se levantó temprano, como siempre, y preparó el desayuno para su hija y ella. La pequeña se levantó no mucho más tarde que su madre, se alistó y fue al comedor donde ya la esperaba el plato sobre la mesa. Desayunaron, recogieron y se marcharon a la escuela. Por el camino hablaron tranquilamente hasta que se encontraron a Yuuno en el cruce de todos los días. Yuuno le dio un beso a su novia y la tomó de la mano hasta llegar a la escuela. Al llegar, Vivio se dirigió a su salón mientras que su madre y el rubio entraron en la sala de profesores donde había varios hablando de la nueva profesora. Nanoha frunció el ceño al escuchar cómo los profesores criticaban el carácter de la joven rubia. Es cierto que Fate tenía un carácter bastante difícil de entender. Como dijo Signum, no hacía amistad con ninguno de los presentes, pero eso no significa que sea mala persona. La cobriza sabía muy bien que algo tuvo que pasar para que Fate actúe así. Ellas se conocían desde que eran pequeñas. Eran muy buenas amigas, pero se tuvo que mudar junto a su madre y hermana. Estuvieron dos años enviándose cartas, pero, de la noche a la mañana, Fate simplemente desapareció. Nunca más supo de ella. Sonó la campana haciéndola salir de su trance para dirigirse a su salón, al igual que el resto de profesores. El día transcurrió con tranquilidad hasta que llegó la hora de educación física.

- Bien. Hoy vamos a correr un poco. Se acerca el festival deportivo, por lo que nos esforzaremos al máximo. De uno en uno vais a dar una vuelta completa a la pista. Yo tomaré nota de vuestros tiempos. Cuando acabéis de dar la vuelta, iréis al gimnasio y jugaréis a baloncesto hasta que yo llegue. Bien, empecemos. ¿Quién quiere ser el primero?

Tras ofrecerse el primer voluntario, uno a uno corrieron dando una vuelta completa y la rubia tomó nota de sus tiempos. Ya sólo quedaba por correr Vivio.

- Vivio. Es tu turno.

- Pero Fate-sensei… –dijo la niña en un susurro.

- Vivio. No hay nadie. No se van a reír de ti. Recuerda lo que te dije, tienes que divertirte. Venga, ponte en la marca y prepárate.

- Sí, sensei. –la joven Takamachi se puso en la marca y se preparó para dar la vuelta a la pista.

- ¿Preparada? ¿lista? ¡Ya!

La chica empezó a correr con todas sus fuerzas, pero cuando llevaba media vuelta, se tropezó con sus propios pies y cayó al suelo. La profesora corrió hacia ella.

- Vivio, ¿estás bien? –la profesora no recibió respuesta– ¿Vivio? –escuchó unos sollozos– Vivio… no llores pequeña. –acarició su cabeza– Vamos, levántate. Haremos una cosa. Quedan unos minutos para que termine la clase. Espérame ahí sentada en el césped, vuelvo enseguida. –la pequeña asintió y se sentó en el césped mientras esperaba a su profesora– Bien, Vivio, ya estoy aquí. –Fate se sentó junto a ella– Tus compañeros se han ido a cambiarse y se irán a casa. Nosotras tenemos aún un poco de tiempo antes de que tu mamá venga a buscarte, así que levanta. Aquí empezarán tus clases extras. –le guiñó un ojo.

- ¿Clases extras? –preguntó con curiosidad.

- Sí, eso es. Quieres correr más, ¿no? –Vivio asintió– Pues levanta, te diré lo que vamos a hacer. –la pequeña se levantó sonriente– Bien, vamos a jugar. –se levantó su profesora también– Lo que tendrás que hacer será atraparme. No mires a tus pies, mírame a mí y persígueme.

La chica con una sonrisa empezó a correr tras su profesora para intentar atraparla. Fate, dejó que la atrapara un par de veces para que viera que era divertido y la motivara a seguir intentándolo.

- Muy bien, Vivio. Me has atrapado. –decía con una sonrisa– Ahora, otra vez. Esta vez no te lo pondré tan fácil.

Nuevamente, Vivio comenzó a correr tras su profesora, pero como ésta le dijo, esta vez no se lo pondría fácil, aun así, la pequeña corría con todas sus fuerzas para conseguirlo, pero a la vez que se esforzaba sentía que se estaba divirtiendo como hacía tiempo que no lo hacía. Durante el tiempo que estuvo corriendo, no se tropezó ni cayó ni una vez. Se estaba divirtiendo tanto que perdió la noción del tiempo hasta que su madre apareció, aunque ella no lo notó. Fate, al ver a Nanoha, tropezó y cayó de espaldas, acto que aprovechó la pequeña para alcanzarla.

- ¡La atrapé de nuevo, Fate-sensei! –exclamaba con alegría mientras daba saltitos.

- Sí, lo hiciste. Y tú no caíste ni una vez ni tampoco tropezaste. ¿Te divertiste? –le preguntó acariciando su cabeza.

- ¡Sí! Me he divertido mucho. Muchas gracias. Por fin creo que lo entendí. –dijo con una sonrisa.

- Bien. Ahora ve con tu madre, dile que antes de irte tienes que dar una vuelta a la pista. –señaló con la cabeza hacia donde se encontraba una cobriza con los brazos cruzados y mirándolas fijamente.

La pequeña corrió hacia su madre y la abrazó mostrándole su mejor sonrisa.

- Ve a cambiarte. Hablaremos en casa. –le dijo su madre.

- Mamá, antes de irnos tengo que dar una vuelta completa a la pista. He sido la única de clase que no la ha dado. ¿Puedes esperar un momento?

- Sólo si puedo estar en la pista con vosotras. –la pequeña asintió feliz.

Ambas se dirigieron a la pista de entrenamiento donde la rubia profesora ya se encontraba preparada para cronometrar a su alumna. Su madre se colocó junto a Fate y Vivio se puso en la señal de salida.

- Bien Vivio. Allá vamos. ¿Preparada? ¿Lista? ¡Ya!

La joven Takamachi empezó a correr con todas sus ganas mientras una sonrisa asomaba de sus labios. Su madre la animaba. Terminó la carrera y se dirigió a los brazos de su madre quien la abrazó muy fuerte.

- Lo hiciste, Vivio. –le dijo su profesora mientras le acariciaba su cabeza– Ahora ya sabes cómo lo tienes que hacer.

- ¡Sí! Gracias, Fate-sensei. –decía alegre y sin evitarlo le dio un corto abrazo que hizo que su profesora se sorprendiera y se tensara– Mamá, iré a cambiarme. No tardo.

Vivio fue a cambiarse mientras Nanoha se quedó con Fate.

- Gracias, Fate. –la rubia no dijo nada– Es la primera vez que no tropieza y cae. Hacía tanto tiempo que no la veía reír mientras corría.

- Mi misión es mostrar a los niños que el deporte es divertido. Muchos son forzados a hacer cosas que no quieren… –puso nuevamente la mirada vacía y fría– Yo no he hecho nada, sólo le he mostrado cómo lo tiene que hacer. Vivio es una niña lista y cariñosa. –le sonrió– Adiós.

- Fate-chan ¡espera! –la tomó del brazo– Por favor, permíteme hablar un momento contigo.

- ¿Qué es lo que pasa?


Iré actualizando cada semana. Por motivos de trabajo no tengo mucho tiempo, pero, yo siempre termino mis historias. De momento, os dejo con el prólogo y el primer capítulo :)

Espero que os guste tanto como las anteriores.

Muchas gracias por leerme.