Capitulo 2

Hoy era un día muy raro, primordialmente por que tenia ganas de hablar con los muertos. Lose, algo de locos pero es que quería hacerlo y si eso quería no me lo iba a negar.

Estaba acostada boca abajo en mi cama con mi celular en mi mano derecha mirando la hora. Me había despertado terriblemente temprano. Eran las cuatro de la mañana y yo me había despertado hace más de una hora ya. Había intentado en vano volver a dormir y al final había acabado desistiendo así que me había puesto a divagar. La luz de mi lámpara de noche era lo único que iluminaba mi habitación.

De repente algo disolvió mi concentración. Mi cuerpo empezó a vibrar eran casi como palpitaciones en todo el cuerpo. No necesitaba preguntarme a mi misma que era. Sabía lo que era. Era mi pulso, lo se la gente se preguntaría ¿como podía sentirme el pulso así como así? La verdad ni yo lo sabia, no tenia certeza de si tan bien le pasaba a los demás y no me interesaba averiguarlo. Aunque me había asustado bastante cuando en mi antigua escuela en Colombia había saludado a mi amiga Emily con un beso en la mejilla y había sentido palpitaciones de su cuerpo. Decidí ignorarlo para no parecer una demente, pero me di cuenta de que también sentía el de los demás. Así que descubrí que podía tomar el pulso con toda facilidad. Algo bastante bueno para alguien que quería ser medica como era mi caso, así que podía considerarlo casi un privilegio o ventaja. Y me había sido bastante útil cuando hice el curso de primeros auxilios y prevención de riesgos.

Sonreí. Eran buenos recuerdos. Escuche un gran estruendo y me estremecí. Me invadió un frio devastador, la piel se me puso de gallina y me castañearon los dientes. Voltee a mirar la ventana y descubrí con el alma en los pies que había empezado a llover muy, muy fuerte. Tanto que el cerrojo de la ventana se había abierto. Fastidiada me levante y me acerque para cerrarla antes de que la nieve se comenzara a colar a mi habitación. Cuando logre cerrarla, cerré las cortinas y me dispuse a volver a la cama. Pero me detuve y gire mi vista a mi laptop, considere la idea de conectarme. Sabía que había una pequeña posibilidad de que mis amigos estuvieran conectadas para chatear. No lo pensé mucho, tome la laptop en mis manos y me dirigi a mi cama.

La encendí y abrí mi facebook. Mire quienes estaban conectados y me sentí morir cuando vi que ninguno estaba conectado. Ahora oficialmente estaba triste y el clima no me ayuda, el frio solo acariciaba mi soledad, a un acobijada sentía mis pies y mis manos congeladas. Considere la idea de prender mi plasma y mirar televisión, pero no me sentía con ánimos. Normalmente en mi país cuando me sentía así me ponía una pinta cómoda y salía a caminar. Pero en este momento no estaba segura de poder salir a caminar con esta lluvia y este frio de los mil demonios, sin contar la nueve que no mejoraba el asunto. Pero sabia que aunque pescara una buena neumonía quería hacerlo y ya que mi integridad física me importaba menos que poco me levante de la cama y me dirigi a mi closet.

Saque algunas cosas entre ellos unos calcetines de lana tan gruesos como mi mano que me puse, unos pantalones de lana bien calientes que me enfunde sobre mi pantalón de pijama para tener doble calor, me puse un jersey gris que me puse encima de mi playera de Harry Potter que usaba para dormir, encima de eso me puse una chaqueta, me puse unos guantes, me enrolle una bufanda en el cuello, me cogí un moño a toda prisa y por ultimo pero no menos importante me calce unas botas de montaña, mire la hora y me di cuenta para mi suerte que solo habían pasado quince minutos.

Puse el seguro a la puerta de mi habitación, por si mis padres se levantaban no pudieran abrir y descubrir que me había escapado en medio de la tormenta a la madrugada. Me dirigi a la ventana y tome un cuaderno en mano la abrí y me encarame al árbol que había afuera, medio cerré la ventana dejándola trancada con el cuaderno para poder abrirla cuando llegara sin que nadie lo notara y cuando estuve segura, me deslice por el árbol hasta que toque la nieve con mis botas y agradecí a las clases de gimnasia que me había pagado mi tía en el verano para distraerme de mi aburrimiento, o sino probablemente me habría caído de culo al suelo y me hubiera fracturado el coxis.

Comencé a caminar en dirección al bosque que quedaba a unas diez calles de mi casa, en Alaska con las montañas que había no debería sorprenderme el hecho de tener un bosque cerca. Algo excitante para mi considerando que en Colombia yo había vivido en Bogotá la capital todo el tiempo y que por consecuencia nunca estuve en contacto con la vegetación. El frio golpeaba mis mejillas y unas cuantas gotas de agua chocaban con mi cara. Sin embargo hace tiempo que no sentía mi rostro debido al frio y el agua resultaba hasta cómoda, cerré los ojos y el aroma a pasto y pino que llego a mi cuando me encontré frente al bosque, sin una pizca de vacilación me adentre en el. No me importo el hecho de que aun estuviera oscuro, o estar sola, o no tener sentido de la orientación, o que hubieran animales, o que hiciera un frio de los mil demonios o que no se me hubiera ocurrido traer mi celular en vez de haberlo dejado en mi cama. Las ramas se me comenzaron a estrellar en la cara y empecé a apartarlas con mis manos.

Aunque no podía ver mucho me sentí impresionada por el color verde de las hojas que se veía un poco ya que parecían casi blancas por la nieve. Era una vista estupenda y sentí inflar mi pecho de satisfacción, inhale el olor a naturaleza y se sintió tan bien. De repente escuche un ruido, más bien un estallido fue tan fuerte que creí que una enorme roca había caído al suelo. Tal vez se había desprendido de una montaña y de repente se escucho el quejido de un animal, el ruido fue tan desgarrador que sentí la angustia apoderarse de mí. Me quede pasmada y no supe que hacer. Podría ir y buscar al animal y tal vez ayudarlo. Sabía primeros auxilios, aunque bueno… se suponía que eran para ayudar personas y no estaba segura de poder lidiar con un animal, a demás de que no sabía con que me encontraría. Pero de algo estaba segura no podía dejar morir a un pobre e indefenso animal.

Mis piernas se tambalearon pero aun así comencé a caminar en dirección al horrible chillido que todavía escuchaba, pero cada vez más débil. De repente lo escuche más fuerte y supe que estaba detrás del enorme arbusto que había frente ami. Trague grueso y con mis manos aparte el arbusto para asomar la cabeza. Una imagen se desarrollaba frente ami y era espantosa. No lograba verlo bien, pero podría jurar que algo o alguien estaba sobre el venado que gemía cada vez más débil. El bicho lo tenía sujetado e inmovilizado y contra cualquier razón natural. Me abalance sobre el que lastimaba al animal. El agresor pareció sorprenderse pero pronto empezamos forcejear. Era extremadamente fuerte y comprendí al venado sin embargo la adrenalina se disparo en mi y empecé a luchar contra el, sus cabellos eran largos y chocaban contra mi rostro casi impidiéndome verlo, sentí como se ponía sobre mi y me tomaba por la muñecas inmovilizándome, trate de quitarlo pero no pude sin embargo una idea cruzo y mi mente y no perdí tiempo. Mordí su cabello que me tapaba la cara y lo jale muy fuete lo escuche quejarse y de repente pude ver su rostro.

El aliento se me tranco en la garganta y no pude parpadear, sentí como si estuviera en un sueño. Pero me di cuenta de que no. Era ella, lo veía en su mirada. Era la chica de cabello rizado que siempre estaba con los muertos y tenia la boca llena de sangre incluso le goteaba, tanto que unas cuantas gotas de sangre me cayeron sobre las mejillas, sus colmillos eran enormes, alargados y afilados y había algo tremendamente salvaje en ella. No supe describir lo que sentí en ese momento. Pero no fue miedo, fue algo totalmente contrario. Un sentimiento de culpa me invadió y no entendí muy bien por que hasta que recordé al pobre animal que estaba agonizando a unos tres metros de nosotras. Ella parecía perturbada y yo aproveche eso para empujarla y hacerla caer y prácticamente me arrastre cerca del animal. Había un charco de sangre a su alrededor y pude ver perfectamente la marca de los colmillos en su cuello. Entonces al mirarlo a los ojos los vi vacios, lo toque y no necesite mas, no sentí su pulso haciéndome vibrar. Estaba muerto y una rabia me invadió inmediatamente. Lo había matado, yo no había sido lo suficientemente fuerte para liberarme de la chupasangre y salvarlo a tiempo.

Mi mandíbula se tensiono hasta limites insospechados y cuando me gire con la intensión de gritarle tan fuerte hasta que mis pulmones se quedaran sin aire y mi garganta se desgarrara, pero el grito se quedo atorado en mi garganta y retumbando en mi pecho. Por que cuando me gire ella ya no estaba en el suelo estaba parada a un metro de mi y no estaba sola se encontraba con los seis muertos de los Cullen y otros dos que no conocía pero que se veían igual de muertos. Sus expresiones eran casi amenazantes y muy serias, no estuve segura de que pensar ni de como sentirme, pero de algo estaba segura. No tenia ni pizca de miedo.

-Pues deberías tenerlo- me espeto Edward, mientras avanzaba un paso hacia mi yo ni siquiera hice un esfuerzo por levantarme, por que en realidad no me preocupaba, ni siquiera tenia intensiones de responderle, el podría matarme allí mismo y ni siquiera abría luchado. Por que me sentí muy, pero muy triste y casi pude jurar que mis ojos se llenaron de lagrimas. Sentí un enorme dolor llenar mi corazón y contuve el aliento. Les quite la vista y me gire hacia el pobre venado. Yo no era una persona que demostraba sus sentimientos abiertamente, pero sinceramente allí había un monstruo y no era yo, era la maldita rizada a quien no quería dirigirle la mirada. Observe detalladamente el rostro del animal, había muerto desangrado, mientras yo forcejeaba con la sanguijuela, la tristeza y la culpabilidad, me seguían y me atormentaban. Veía en sus ojos el sufrimiento que tuvo y contuve el aliento, mientras tragaba grueso. No tuve mas opción, no lo aguante, me eche a llorar como una bebe a la que acaban de arrebatarle un dulce, en silencio las lagrimas solo se deslizaron por mis mejillas, aunque sabia que ellos seguían mirándome, yo no los mire estaba demasiado dolida y preocupada y me pregunte si Dios se sentiría decepcionado de mi. Yo lo había dejado morir, si tan solo hubiera corrido mas y la hubiera derribado antes, si hubiera sido mas fuerte para solo empujarla a un lado e ir y parar la hemorragia, muchos pensamientos con la palabra ``hubiera`` cruzaron mi mente y ninguno me hizo sentir mejor. Cuando me estaban enseñando primeros auxilios me dijeron que nosotros teníamos la obligación de ayudar a un herido y que teníamos que hacer lo que estuviera en nuestras manos para ayudarlo, sabía que la instructora hablaba de personas pero para mi los animales entraban en la categoría de seres vivos y merecían ayuda e allí la razón de lo miserable y poca cosa que me sentía

A estas alturas cualquiera se habría dado cuenta que yo valoraba mucho la vida ajena aunque fuera de un animal, para mi era algo inconcebible que torturaran así a un ser vivo. Creo que no hubiera sentido tanto odio si ella simplemente lo hubiera matado en vez de torturarlo así haciéndolo sentir como lo vaciaba. En la biblia nunca mencionaron que los animales fueran al cielo. Pero yo tenía ese pensamiento y para mi era importante asegurarme de que el animalito fuera al cielo, puse mis manos sobre su rostro y le di una bendición silenciosa. Ya se, me veía como alguien sensible, dramática y patética, pero en realidad yo no era religiosa a duras penas y había entrado a una iglesia cinco veces en toda mi vida, pero igualmente si creía en Dios y sabia con certeza, que el pobre animal había pasado mejor vida y aunque me sentía algo ridícula por armar un show tan estúpido se que alguna persona comprendería lo terrible que se sentiría uno al ver a un ser vivo sufrir tanto antes de morir, por que yo pude haberlo ayudado. Yo no tenía nada en contra de que la gente comiera carne por que sabía que la muerte de los animales era rápida, pero yo vi al animal sufrir. Lo vi con mis propios ojos. Y nada me hizo sentir peor persona.

Deje de llorar y caí en cuenta de que no me encontraba sola y de que los Cullen se encontraban observándome y estaba segura de que nadie mas que Edward me entendía, por que había algo en el que me hacia sentir que me leía la mente, como cuando giraba el rostro ante los malos pensamientos que tenia de el o su familia, amigos, primos, lo que fueran y el hecho de que hubiera respondido una pregunta que nunca salió de mi boca me lo había confirmado. Yo no era estúpida, lo sabía y mucha gente me llamaría chiflada, pero acaba de ver a una chica beberse la sangre de un venado, ella era un vampiro y ellos también. Lo sabia ¿Por qué el no podría leer mi mente? Era obvio que podía, lo veía en su rostro mientras nuestras miradas se encontraban- Bueno ya que la estúpida a dejado de chillar, ¿podríamos decidir que hacer?, nos ha descubierto- dijo la rubieta presumida que yo había declarado me caía mal desde el primer día y me dio tanta rabia que no dude en responderle- ¡Cállate, tu no sabes nada, solo eres una maldita asesina al igual que todos tus amigos y especial la rizada de ojos cafés!- dije yo fuera de mi misma. Me levante y me di cuenta de que estaba totalmente embarrada de sangre del animal y el olor se coló por mi nariz. Era sal y oxido, arrugue la nariz para no sentir el olor, pero me sentí muy débil y me tambalee, me agarre del árbol que estaba a mi lado y casi jure que vi a cinco Edward. Genial, me iba desmayar y ese pensamiento se confirmo cuando todo se volvió oscuro, y pensé que si moría al menos no iba a sufrir, ellos podían matarme mientras estaba inconsciente, no estaba segura, pero no me importo, de ahí en adelante no supe más.