Hemmm, muchas gracias por leer. No soy muy buena en otras parejas de hetalia pero podría poner algunas si quieren y me dicen más o menos cómo se desenvuelven juntas…


La sonrisa del joven borracho parecía extraviada, no sabía qué ocurría, su mente no lo asimilaba del todo, el chico tomó asiento y lo empezó a admirar como un bicho raro y travieso, con indiferencia, como si el ser humano fuera un ser poco común o diferente de él. El inglés no podía moverse, sólo bajó la cabeza de lado a lado y volvió a abrir los ojos. El sujeto seguía mirándole, produciéndole escalofríos, había en su mirada algo que lo inquietaba, parecía que buscaba en sus ojos a alguien más, no a Arthur Kirkland.

Y repitió el proceso ese inglés, entrecerró los ojos. Suspiró un poco mientras se concentraba pesadamente en otras cosas sintiendo verdadero terror, el círculo en el piso, las estanterías viejas llenos de libros, los cuadros antiguos de esa familia, estaban en el sótano después de todo, unas ganas de vomitar empezaron a inundarlo, se sentía mal y enfermo, sólo se preguntaba "¿Por qué a él?

—Me llamo Alfred…—susurró con una voz algo cansada que hizo tragar con fuerza al inglés—¿Tú eres? —preguntó bajando la cabeza y mediando los parpados con suavidad.

—A-Arthur…—exclamó, con más fuerza de lo que creía probable—Arthur Kirkland…—completó.

El extraño ser se volvió a acercar hasta él, el inglés abrió sus ojos y su cuerpo comenzó a moverse en el mismo lugar por sí solo, quería salir corriendo, olvidar todo aquello, dejar de ver a ese ser allí listo para hacer lo que sea con su injuriosa alma, estaba condenado y no deseaba estarlo, él era creyente, jamás debió hacer algo como esto. Su alma estaba condenada, dios no podría iluminarla, su felicidad hacia un mundo lleno de gozo había desaparecido con la venida de aquel demonio.

Sus ojos cedieron después de aquello, un golpe seco y calló al suelo desmayado, el demonio sólo lo observó con curiosidad casi gatuna, suspiró, nunca le había tocado alguien así.

Creer depende de uno, de su término de la realidad, es pensar que algo es probable o posible en algún ámbito o aspecto pero sin tener algo con qué comprobarlo, ninguna clase de demostración que pueda ser percibida por alguno de los sentidos que tenga desarrollado el ser humano, algo parecido a la fe, la fe era un "creer" después de todo. Y aquellos que creen ciegamente en el camino indicado llegaran a ese lugar idóneo que desean alcanzar, eso suelen decir las religiones.

Sentía la cabeza pesada, pero estaba lucido, sentía también que dormía y que a la vez estaba despierto, sintió el suave confort de las sabanas acariciando su piel casi desnuda y una cómoda almohada reteniendo su cabeza, estaba en casa, ese olor era su esencia y todo lo de allí era suyo. Sus ojos aún no se abrían, sonrió, todo había sido una pesadilla.

Los ojos verdes se abrieron en el momento indicado.

—Hola…—susurró al ver a su madre allí, algo preocupada, los colores claros de su cuarto segaron algo su vista haciendo que sus ojos se entrecerraran. —Siento haberte preocupado…—sonrió nuevamente, se sentía despejado, cada sonido se le hacía armonioso, estaba valorando las cosas simples de su vida, iba a mirar através de la ventana pero había alguien más.

—Hola cosa, digo, Arthur…—susurró con una bella sonrisa, casi inocente aquel ser.

—Hola Alfred rubio…—el inglés entrecerró los ojos sonriendo con ironía, luego un sudor frío le comenzó a inundar la espalda y su frente mientras se reía. Era el mismo ser allí sentado al lado contrario de su madre, observándolo, pero ahora parecía humano, un inocente humano.

Estaba muerto, su madre estaba muerta. Todo por su maldita culpa o más bien aquel ser del que deseaba vengarse.

—No me habías contado que Alfred era tu mejor amigo, yo preocupándome por ti pensando que eras un marginado... —rió su madre, Jones la acompañó con mucha confianza.

Arthur temblaba del miedo pero un coraje extraño lo inundó, no decía nada, no quería que su madre tuviera que ver con todo ello. —Madre, tenemos que hablar a solas Alfred y yo…—susurró con frialdad.

El chico dejó de sonreír y una lujuriosa sonrisa se presenta al ver tal actitud en el inglés que veía allí, era un chico valiente después de todo, alguien con actitud y agallas, le agradaba, quizás pudiera ser un buen socio aquel británico que lo había despertado de su largo sueño. La madre asintió con la cabeza depositando un tierno beso en la cabeza del anglosajón pidiéndole que se mejorara.

—¿Qué quieres maldición? ¿Quién eres? —lo cuestionó cuando se aseguró de que su madre había bajado al primer piso.

—¿Lo dices porque ahora soy rubio? los rubios son cool, derretiré a las humanas y atraeré a desviados…—se rió un poco.

—¿Estás demente? —algo raro tenía ese demonio, algo muy raro. —Yo te convoqué, debes seguir mis ordenes…—eso… era estúpido, no quería morirse, pero estaba siendo arrogante, después de todo él era así pero debía hacer algo de tiempo.

—Calma, no quiero lidiar con problemas ahora mismo. Tampoco soy tu perrito. Te explicaré en que consiste nuestro trato, aunque no sé si puedas entregarme todo lo que quiero— se manifestó con cierto recelo cambiando su expresión de chico bueno. —Y en cuanto a quien soy… pues bueno, antes era alguien enamorado, enfermamente enamorado…—su voz ahora parecía inhumana, como si aquel tema lo contagiara de una extraña sensación.

—Comprendo…—no, no comprendía, pero debía tratar de parecer su amigo, ese demonio no podía arruinar su vida.

—¿Quieres oír mi historia, humano? —el inglés asintió con algo de angustia al ver la mirada del americano algo desesperada y rota, como si en cualquier momento pudiera cambiar su actitud, debía mantenerlo a ralla, debía saber controlar a ese demonio—Pues bueno, yo era un chico común que se enamoró de otro chico, un amor penado a los ojos de muchos estúpidos mortales, pero él era mi vida. Era rubio, tenía ojos verdes, una curiosa sonrisa orgullosa y unas cejas muy pobladas…—miró al inglés nuevamente.

Y lo compendió, comprendió porque ese sujeto al mirarlo parecía ver otra cosa o buscando otro tipo de ojos en su rostro, en su alma.

—Sí…era exactamente como tú—como si usara telepatía adivinó exactamente en qué estaba pensando el anglosajón.


No sé como agradecerles sus comentarios, son los primeros. Nunca he tenido talento para escribir, desde pequeña que es así pero me encantaba leer y mirar qué podían hacer las otras personas a través de los libros, es algo precioso, y que les guste esta historia también. Muchas gracias a todas ustedes, espero que tengan un encantador día.