Éste es el segundo capítulo de la Introducción. Como verán, muchos detalles que omití en la primera parte ahora son desvelados. Si tienen dudas, pueden preguntarme a través de un review.

Introducción II: Ella es todo lo que me queda.

15 de enero de 1981

La Mansión de los Nott se encontraba en West Hill, muy cerca de la costa y muy cerca de Gales, también. Era una de las Mansiones mágicas más antiguas y los hechizos de ocultación de su localización podían rivalizar incluso con los de Hogwarts. Nadie se atrevía a ir a ese lugar sin invitación y tampoco existía alguien que quisiese hacerlo ya que corrían muchos rumores de lo que sucedía en las tierras de Terence Nott y de los secretos de las cosas que había visto y vivido su esposa, la señora Skadi Nott.

Terence Nott era un mago de sangre pura que tenía mucha influencia política y era un mago muy avezado en muchas artes mágicas. Sin embargo, además de un enemigo formidable, era un hombre duro de sobrellevar incluso en cualquier tipo de interacción. Se rumoraba que era cruel y que nadie se atrevía a oponérsele, incluso aunque ocupara un alto cargo en el Ministerio o tuviera la habilidad mágica para enfrentarlo.

Albus Dumbledore sólo lo había visto una vez, aunque sabía mucho de él. Además de ser partidario de Voldemort y alguien con mucha influencia pública en el Ministerio, Nott solía dirigir las peores misiones de manipulación para desestabilizar el sistema. No podía asociarse ninguna actividad delictiva con su poder político pero la Órden del Fénix tenía un largo historial de terribles crímenes que siempre llevaban hacía la Mansión Nott, aunque ninguno de ellos había podido probar que él fuera el instigador o atraparlo en alguna de sus escaramuzas.

Dumbledore sabía que Voldemort consideraba a Bellatrix Lestrange y Lucius Malfoy sus mejores vasallos pero también sabía que Terence Nott podía ser incluso más peligroso que los dos juntos. A él nunca le había interesado estar en la luz y la gloria y por eso era un enemigo más difícil: se sabía lo que hacía pero no cómo, se sabía que tenía poder, pero en realidad no había datos que pudieran extraerse de quién era él.

Desde que Antara se había casado con Thomas Grindelwald y le había comunicado a su padre que estaba embarazada, Albus había trabajado por esconder a su nieta de Voldemort. Incluso contando con el mayor secretismo, las noticias vuelan rápido en el Mundo Mágico y no había mejor presa para el Señor Oscuro el vástago de Grindelwald, engendrado por la hija de Albus Dumbledore.

Con mucho cuidado y con mucha discreción, Albus había conseguido que el nacimiento de Victoria Vasiliki Grindelwald pasara completamente desapercibido y había logrado que su hija viviera una vida relativamente tranquila al lado de su esposo. Jamás aprobó su relación y tampoco había confiado nunca en Grindelwald hijo pero Antara nunca lo había escuchado ni hecho caso cuando le pidió que se separara de Thomas por su propia seguridad.

Ninguno de los dos pensó nunca unirse a Voldemort y Thomas era un hombre decente a pesar del padre que había tenido pero era igual de arrogante que él y aunque admiraba a su suegro, fue un rudo golpe para él que éste no lo aceptara realmente como parte de la familia. Tomó muchos años y el nacimiento de su primera hija para que Albus aceptara finalmente la situación y trabajara en entablar un lazo con Thomas pero todo lo que estaba pasando le probaba cuán acertado había estado al estar en contra de todo aquello: porque Thomas, tan seguro de su propia superioridad de pensamiento y astucia, cansado de esconderse, había jugado a aliarse con Voldemort, no para estar en su bando, sino para obtener la suficiente información para evitar la catástrofe de su familia.

¿Apoyaba Antara lo que él estaba haciendo? Albus conocía a su hija mejor que a nadie y sabía que ella era tan inteligente como él, por lo que probablemente nunca tomó en serio sus estrategias ni sus aires de superioridad.

La ruina de ella había sido su amor por él, exactamente como la ruina de Albus había sido enamorarse del padre de Thomas. Cien, mil veces ambos lo habían discutido y Albus le había pedido, le suplicó que dejara a Thomas y lo dejara ayudarla a escapar con la niña que habían tenido.

Antara sonreía dulce, tristemente con aquella boca que le recordaba tanto a su madre y los ojos azules que heredó de él llenos de pesar por él, no por sí misma.

- No lo voy a dejar- le decía con tranquilidad- Sabes muy bien que es un buen hombre y que me ama, padre. Tal vez tenga errores de juicio y tal vez no haya manera de convencerlo de que no debería buscar tu aprobación con tanto fervor pero eso es tanto culpa tuya como de su padre. Su padre lo abandonó y ahora tú lo abandonas, no esperes que él te haga caso cuando has pasado tantos años intentando separarnos.-

Bueno, él no consiguió separarlos. Quizá ese era el error, después de todo. No haberse llevado a su hija del lado de aquel hombre desde que vió el anillo de compromiso en su mano. La dejó ser libre para irse.

Y ahora ambos estaban muertos.

Albus observó el círculo de piedras que señalaba la entrada de la casa de los Nott. No conocía a su enemigo completamente pero sabía que su nieta se hallaba detrás del círculo y detrás de aquellas paredes que no podía ver todavía. Parecía obvio que la niña había sido raptada para ser criada a la usanza de los mortífagos y que Terence ocuparía muy bien su ventaja sobre él pero interiormente él no podía dejar de pensar qué era lo que Nott le haría a la pequeña niña, que sólo tenía cuatro meses de nacida.

A su lado, Nicholas y Bathilda cuchicheaban distintas maneras de romper el círculo. Nicholas había tenido muchos años de vida y visto casi todas las formas de magia y Bathilda era probablemente la mejor historiadora que tenía la Inglaterra Mágica y Muggle pero eso requería un conocimiento de magia oscura que ninguno de los dos estaba seguro de poseer.

Elphias no estaba con ellos, ya que tenía la orden de estar atrás por si hacía falta refuerzos o algún apoyo que requiriera más magia que la de aquellos tres. Albus no quería dar la alarma ni que otros se enteraran de lo sucedido porque eso sólo haría que Victoria corriera más peligro pero también estaba consciente que aquella tarea entrañaba más peligros que seguridades.

Él no sabía si Voldemort ya estaba enterado sobre la niña. Esperaba que no, porque incluso con sus poderes iba a resultar difícil salir indemne para criar a una niña que se había quedado sin padres, (eso si conseguía sacarla de allí con vida) si los otros mortífagos se habían unido a la causa. Lo que tenía a su favor era la ambición del señor Nott: Era poco probable que él le hubiese ya avisado al señor Tenebroso sin haber evaluado primero cuánta ventaja podía sacar del asunto.

Y hasta entonces, era mejor que los demás no se enteraran: entre tantos buitres, todos reclamarían su parte y entonces todo aquel trabajo no iba a servir de nada.

-Albus, creo que ya sé la manera de romper el círculo- dijo Nicholas entonces. El hombre no se volvió a mirar a su amigo: De todos sus amigos, Nicholas era el que mejor lo conocía y no quería ver la compasión y comprensión de sus ojos. No quería lidiar con sus sentimientos ahora.

No hasta que su nieta estuviera con él, a salvo.

- ¿Es algo que podamos hacer rápidamente?- preguntó examinando la arena negra alrededor del círculo.

Nicholas susurró unas breves frases en su oído y Albus asintió.

Mientras los dos se arremangaban las mangas de la túnica que llevaban, Bathilda retrocedió para darles espacio.

Nicholas no perdió tiempo, haciendo un corte profundo con la varita en el brazo izquierdo de Albus, lo justo para que la sangre brotara pero no lo suficiente para ser de gravedad. Luego hizo lo propio con su brazo derecho y ambos derramaron su líquido vital mientras Albus declamaba un hechizo con toda la potencia de su rabia, de su dolor.

Las piedras saltaron por los aires, desparramando la arena hacía los lados que se convirtieron en escorpiones que empezaron a caminar hacía ellos.

Bathilda convocó una luz blanca para envolverlos a los tres y empezaron a caminar entre aquellos animales, la magia de la bruja siendo su única protección, dejando un reguero de sangre a su paso, como un rastro.

Caminaron por lo que parecían horas. En realidad no había nada que pudieran divisar del paisaje o del lugar porque una niebla negra y espesa les impedía ver más allá de sus propios pasos. Podían percibir a medias los escorpiones y otras trampas en el camino que esquivaban con la ayuda de la magia de Bathilda pero nada más que eso y prevalecía su inquietud al observar lo rápidamente que la bruja estaba gastando sus fuerzas al ayudarlos.

Finalmente llegaron a las puertas basálticas de aquel lugar. Eran enormes y estaban hechas de forma muy tosca. Albus podía sentir claramente la magia oscura en aquel sitio y tomó del brazo a Nicholas para que sus fuerzas se juntaran para resistir aquella fuerza que les impedía pasar.

Los tres sabían que no llegarían más allá del umbral. No venían a asaltar el Castillo, sino a parlamentar y buscar una manera de escapar después, aún así incluso estar a las afueras de la Mansión Nott requería un esfuerzo que ellos soportaban sólo a medias.

Pasaron los minutos mientras esperaban. Los tres sentían el mismo silencio ensordecedor que Albus sintió cuando entró en la casa de Antara y los tres tenían que luchar para no hacer algo para romper esa mudez que se hacía cada vez más terrible.

Al fin hubo movimiento en la puerta basáltica y una figura apareció, totalmente cubierta de negro.

Ninguno de ellos podía ver su cara, tapada con un antifaz austero. Pero no hacía falta: los fríos ojos del color de la niebla reflejaban a las claras que estaban frente al dueño de la casa.

- Buenos días.- saludó el hombre con voz tranquila. Su voz era media, metálica y aunque suave, había acero en el fondo de ella.- ¿A qué debo el placer de su visita?-

Ni Flamel ni Bathilda dijeron nada. Eran un apoyo pero era Albus quien tenía que hacerse cargo de la situación, cosa que hizo mirando a los ojos a su anfitrión.

- Buenos días, Terence- dijo, como si aquel hombre no hubiese violado la intimidad del hogar de su hija, como si no la hubiese matado.- Creo que sabes tan bien como nosotros a qué hemos venido. ¿De qué depende que retornes a la niña a su familia? No tienes ninguna razón para quedártela. -

Terence ni siquiera hizo el menor intento de negar que fue él quien la raptó, lo que confirmaba las sospechas de Albus: Él quería negociar directamente con él.

- Es una niña interesante, ciertamente- dijo el hombre con la misma tranquilidad- No ha llorado en todo el rato que ha estado aquí, como si esperara que su abuelo viniera por ella. ¿Qué estarías dispuesto a dar porque volviera sana y salva a tus brazos, Dumbledore?

Albus haría lo que fuera por su nieta, matar, morir, suplicar, venderse, gritar, unirse al lado oscuro, cualquier cosa: era la única persona de su familia que todavía quedaba, con excepción de Aberforth y él no podía perderla. Pero no podía decirle tal cosa a un hombre como Nott, quien sólo aprovecharía aquello para hacer más daño.

Así que sonrió brevemente, con lo poco que quedaba de su fuerza espiritual.

- Eres muy osado, ciertamente, a pensar que raptar a mi nieta no tendría consecuencias. Deberías responder más bien qué te hace pensar que saldrás vivo de lo que acabas de hacer.-

- Tu nieta es mi seguro, Dumbledore- respondió Terence plácidamente- Si cualquier cosa me pasara en este momento, la niña moriría en el acto. No te preocupes, no le he hecho nada, pues un botín dañado no tiene valor alguno. Pero no juegues con mi paciencia ni con mi buena voluntad: ninguna de ellas es demasiado abundante.-

- Un sabio consejo, ciertamente- asintió Dumbledore- No me parece que perder el tiempo sea una buena idea. Pero me intriga, Terence, que tengas tan valioso trofeo tú sólo cuando sabes a quienes te enfrentas: ¿Por qué no está aquí Voldemort para recibirnos?-

La expresión de Terence apenas cambió pero sus labios parecían más una fina línea y Albus comprendió que tenía razón: Terence no le diría a su señor hasta que hubiese fijado su precio.

- El Señor Tenebroso confía en mí para realizar esta tarea- se limitó a decir el hombre- Después de todo, ella no es más que una niña. Es su sangre lo que interesa, limpia completamente y además, con la semilla de Gellert Grindelwald en su interior. ¿Qué acólito podría resultar mejor? Y si no, es posible que fuera un aliento para Grindelwald de ayudarnos, a pesar de su decrépito estado actual.-

Albus sabía que Gellert jamás pagaría por recuperar a Victoria, ni siquiera siendo de su sangre. Abandonó a la madre de Thomas en cuanto supo que llevaba a su hijo en el vientre y nunca deseó saber nada de su hijo, mucho menos del vástago del mismo.

A su lado, Nicholas no había hecho ningún movimiento pero Dumbledore sabía que si se volvía, podría ver en su mirada el asombro y el entendimiento. Nunca les había dicho nada sobre el esposo de Antara ni sobre la herencia que pesaba sobre su nieta y tampoco pensaba dar explicaciones ahora: sabía que, por la simple carencia de respuesta, ni él ni Bathilda lo abandonarían. Gellert era pariente de Bathilda, después de todo.

- Déjate de tonterías- dijo Bathilda en ese momento, como si siguiera los pensamientos de Albus- ¿Acaso no puede tu sangre limpia hablar claro? Dínos el precio por la niña.-

Terence no se molestó en mirar a la bruja. Sus ojos estaban puestos en los de Albus y ambos estaban sondeando al otro sin decir palabra.

Ninguno de ellos dijo nada. Al final, como si Terence concediera que el asunto merecía una respuesta, respondió:

- La vida de la niña es un gran premio- declaró- Que requiere un alto precio. Los tres tendrán que retirarse de la guerra hasta que termine y la niña se quedará aquí hasta que esto pase, como garantía de su buena voluntad.-

El precio había sido dicho y absurdo como era, Albus vió en él una oportunidad.

Miró a sus dos amigos con tranquilidad. No necesitaba hablar ni usar la magia para que ellos lo entendieran.

- Suena justo- dijo – Pero quiero verla primero.-

Bajó la varita, que había sostenido y la bajaron también Nicholas y Bathilda.

Terence se hizo a un lado, indicándoles con un gesto de la mano que pasaran por delante de él.

Ellos caminaron, Albus al frente. Terence usaba el hechizo Lumos para guiarlos aunque él estuviera detrás, vigilándolos todo el tiempo.

No podría decirse que ninguno de ellos supiera por donde iba o hacía donde iban. La Mansión Nott era llamada también "El Castillo de las Mil Puertas" porque sólo alguien con la sangre Nott era capaz de entender la magia de traslado de las puertas del lugar por lo que ningún pasadizo, pasillo, puerta o corredor llevaba siempre al mismo lugar y, por tanto, no había forma de memorizar el camino.

En consecuencia, tuvieron que esperar un rato hasta llegar a su destino, una habitación blanca y desnuda, en la cual sólo había una cama y la breve luz solar sobre la misma.

- Caminen hacía la pared- ordenó Terence al llegar, haciendo un hechizo para impedirles pasar hacía la cama. Los tres magos se colocaron junto a la pared, todavía muy lejos de la cama pero desde donde se podía distinguir al bebé que dormía tranquilamente sobre las mantas.

Albus reconoció inmediatamente a su nieta. La inspeccionó rápidamente, en busca de algún daño, hechizo o algún hecho que le ayudara a entender si había alguna amenaza sobre su vida.

No lo había.

El mago se giró y dirigió su varita a Terence lanzándole un chorro de energía para propulsarlo al otro lado de la habitación, lejos de su nieta y de ellos mismos.

Terence estaba preparado para ello pero su hechizo escudo no resultó tan potente como para repeler el hechizo de Albus.

Cayó en la esquina inferior derecha de la habitación desde dónde lanzó una maldición paralizante a su enemigo.

Nicholas pasó al lado derecho de Albus y se concentró en la barrera mágica que Terence había puesto para poder quitarla y agarrar a Victoria.

Albus no esquivó la maldición, sino que la dirigió hacía la puerta cuyo impacto sonó como un gong. Bathilda se encargó nuevamente de proteger a Albus sobre quien iba un fuego mágico. El hielo invocado por ella anuló el fuego y Terence lanzó una maldición púrpura sobre ella, que cayó sobre la pared al agacharse ella.

Albus aprovechó la pausa y lanzó un simple "Expelliarmus" hacía Terence. Éste, todavía concentrado en la maldición de Bathilda y el contraataque de ella no pudo realmente esquivar el hechizo y su varita cayó en manos de Albus.

Terence sonrió fríamente al verse en desventaja.

- No puedes matarme, Dumbledore- le recordó- Si me matas, el hechizo que impide que se acerquen a la niña se convertirá en una serpiente que la matará. No puedes cambiar eso, por muy poderoso que seas.-

Albus sonrió con su acostumbrada forma benevolente. Sólo sus ojos, que parecían fríos truenos azulados, delataban su ira.

- ¿Quién dijo que tenía que matarte?- dijo solamente y sin más, lanzó un certero "Obliviate".

La cara de Terence se volvió vacía, sentado como estaba en el suelo. Cuando Albus advirtió que los recuerdos de lo sucedido habían desaparecido, lanzó un hechizo de sueño hacía el patriarca Nott.

Éste perdió la consciencia sin hacer ningún sonido.

Y entretanto, Nicholas y Bathilda deshicieron la red que custodiaba a la nieta de Albus. La niña había despertado y los veía con sus grandes ojos verdes en silencio.

Ellos no se acercaron. Esperaron a Albus y, en cuanto éste estuvo seguro que Terence ya no era ningún peligro, se acercó a la niña y la tomó en brazos con el brazo libre que le quedaba, el que no tenía la varita.

- Mi pequeña- dijo Albus- Ven con nosotros.

Victoria soltó un gorjeo, como si hubiese reconocido a su abuelo. Probablemente así era, ya que Albus la había cargado muchas veces desde que había nacido.

- ¿Qué hacemos con éste?- inquirió Nicholas quien ocupó el lugar de Albus mientras éste saludaba a su nieta- ¿Y cómo saldremos de aquí?-

- Hagan un hechizo de ocultación a la habitación- contestó Albus- Hay que borrar todo rastro de que estuvimos aquí para que cuando Terence despierte, no pueda hacer investigaciones de lo que dejamos atrás.-

- Yo lo haré- dijo Bathilda, quien hasta entonces no había dicho nada, concentrada en la pequeña niña que sonreía y hacía sonidos sin sentido en los brazos de su amigo.

Los dos hombres esperaron a que ella finalizara los últimos detalles del encantamiento y Nicholas repitió la pregunta esencial:

- ¿Cómo vamos a hacer para salir de aquí?-

- Por la ventana- dijo Albus- Las puertas nos conducen dentro de la Mansión, pero nadie dijo nada de las ventanas.-

Flamel soltó una risa y abrió la ventana, que daba directamente hacía la costa.

- Viejo amigo, contigo siempre vivimos las aventuras más extrañas- declaró mientras saltaba hacía la arena, para poder ayudar a Bathilda y a Albus, quien tenía algunos problemas para moverse con la niña en brazos.

Llegaron al Valle de Godric y a la residencia de Albus al mediodía. Los tres estaban muy callados y sólo oían a la niña, que despierta, jugaba con todo lo que le parecía interesante, ya fuera la larga barba de Albus, los dedos cariñosos de Bathilda o la varita de Flamel.

Bathilda fue la que se encargó de hacer los tés y los bizcochos mientras los otros dos se instalaban para una breve comida. Cuando se sentaron finalmente a la mesa larga de piedra de Dumbledore, se miraron en una calma que sólo sabían que era temporal.

- ¿Y ahora qué?- preguntó Nicholas dirigiéndose a Albus, quien regresaba de acomodar a Victoria en su dormitorio, donde ella se había dormido otra vez.

- Tuvimos suerte- dijo Albus- Si Terence Nott no se hubiera dejado llevar por la ambición y hubiera pedido refuerzos, ninguno de nosotros estaríamos todavía aquí.

- ¿Y qué harás entonces?- preguntó Bathilda con suavidad, posando una de sus manos en el brazo de su amigo- Antara está muerta y no podemos asegurar que los mortífagos no busquen a los herederos de Grindelwald otra vez.-

- Yo me encargaré de Victoria de ahora en adelante- respondió el mago- Pero todavía queda un asunto pendiente.

Los otros dos se miraron ya que sabían en lo que él estaba pensando. Ambos conocían hace muchos años a Albus y él nunca había sido abierto sobre su historia familiar, no importaba qué tan cercanos consideraba a sus amigos. Ahora ellos sabían el secreto más importante que él consideraría tener y tenía que saber que ellos serían capaces de guardarlo.

- Confío en ambos más de lo que ustedes llegaran a saber- dijo Albus Dumbledore- Pero éstos son tiempos oscuros y no puedo dejar la seguridad de mi única nieta en lazos de amistad, por muy grandes que puedan llegar a ser.-

- ¿Y qué harás con nosotros entonces, Albus?- preguntó Flamel con sorna- ¿Batirte a duelo como con Terence? ¿Borrarnos la memoria?-

- No lo permitiré- exclamó Bathilda- ¡Victoria también es familia mía!-

- Son mis amigos- les recordó Albus- Y saben que tengo razón con respecto a esto. Así que tenemos dos opciones: O aceptan olvidar lo que saben… o realizan el Juramento Inquebrantable conmigo para que nadie, nunca, pueda hacerles revelar lo que saben.

Nicholas esbozó una sonrisa sardónica.

- Puede que haya vivido una larga vida y en la práctica sea un anciano, Albus, pero siempre he tenido una buena memoria y no voy a empezar a perderla ahora. Tendrás que compartir el secreto conmigo… con gusto haré el Juramento Inquebrantable para ayudarte a guardarlo.

Bathilda asintió, de acuerdo con el alquimista.

- Jamás te traicionaría, ni traicionaría a mi familia- dijo- Hagamos el Juramento Inquebrantable y que la ruina caiga sobre mí si alguna vez hablo con alguien sobre esto.

Albus asintió. Lucía como alguien que llevaba una pesada carga que se había vuelto un poco más ligera al saber que podía compartirla con sus amigos.

- Despejen sus brazos entonces- dijo Albus- Haremos el Juramento ahora.-

El Juramento fue rápido y muy restringido. A través de él, ambos se comprometían a jamás revelar lo que había sucedido tanto en la casa de Antara como en la Mansión de los Nott. Y ambos acordaban jamás revelar la historia de Victoria y ni siquiera podían mencionar el secreto a la niña, a menos que Albus lo permitiera o las circunstancias cambiaran.

Nicholas se fue poco después de hacer el juramento, bromeando con que todo eso le hacía acreedor a ser el padrino de Victoria. En realidad decía eso porque Albus lo había mandado a desmemoriar a Elphias, quien, aunque no había ido con ellos, sabía demasiado del incidente.

Quedaron sólo Bathilda y Dumbledore, ambos pensativos por encima del humo del té caliente.

- ¿Tienes alguna idea de cómo cuidar a esa niña?- preguntó Bathilda, cuando ya llevaban una hora pensando.

- No del todo- admitió el mago, que seguía mirando a la nada, muy probablemente pensando en todo lo que necesitaría y lo mucho que cambiaría su vida con Victoria en ella.- La madre de Antara se encargó de cuidarla los primeros años y cuando Antara vino a vivir conmigo ya sabía valerse por sí misma. No he visto a su madre en más de treinta años. Ni siquiera sé si sigue viva.-

En los ojos de Bathilda había un asomo de compasión. De todos los allegados al gran mago, ella era la única que sabía lo cercano que Albus había sido a Gellert y cuán enamorado había estado del muchacho. No sabía lo que había pasado para que ambos se separaran, pero sabía cuán solo y triste había estado Albus desde entonces. No conocía a la mujer con quien Albus tuvo a su única hija, pero sabía que muy probablemente no se sentía muy atado a ella, ya que él no era de las personas que abandonaban a su familia.

Bathilda siempre se había preguntado si aquella relación había sido sólo una manera de mantenerse a flote después de lo de Gellert.

Pero la respuesta, fuera cual fuera, no iba a ayudarlo a manejar mejor aquella situación.

- Yo te ayudaré- fue lo que dijo, poniendo una mano en su hombro – Aún no soy demasiado vieja para cuidar de un bebé.

Albus le sonrió con cariño, aunque todavía había mucha tristeza en su mirada.

- Tú nunca has sido vieja- respondió, poniendo su mano encima de la de ella.

No lo dijo de forma explícita pero era obvio que el apoyo de Bathilda lo hacía sentirse un poco menos perdido.

Albus siempre fue un gran mago, poderoso, humano y amable.

El detalle era que ambos sabían que nunca fue bueno para hacerse cargo de las verdaderas necesidades de su familia.