AI—shiteru — seamos sinceros

Capitulo 2

Decisión

—Yo seré la persona que reemplace a Matt. ¿Aceptas?— Mimi lo miró sin comprender sus palabras. – ¿Qué me dices?—

—Creo que se te ha subido el alcohol a la cabeza, y estoy comprobando lo dañino que puede ser—. Mimí abrió la puerta, pero Tai la cerró de golpe.

—Quiero que me respondas. Dime ahora ¿Quieres estar conmigo?

—Taichí suéltame. No estás pensando en lo que dices. Sabes que yo me iré en unos cuantos días. Si te dijera que si ¿Qué pasaría con nosotros cuando yo volviera a Estados Unidos?— la voz entrecortada de Mimí lo hizo sonreír.

—Lo intentaríamos. No como Matt, que prefirió evadirlo.

—Pero, tú sabes que yo estoy aún enamorado de él y si no surge ningún sentimiento entre tú y yo.

—Probemos, no tenemos nada que perder. Tú volverás a Estados Unidos y podrás olvidar todo. ¿Qué tienes que arriesgar?

—Tengo miedo—. Fue lo único que pudo susurrar antes de que los labios de su "amigo" taparan los suyos con un beso. Un apasionado beso.

Nunca pensó que seria tan diferente besarla. Lo había planeado hace días, pero nunca se lo hubiera dicho en sus cinco sentidos. Algo en él había cambiado. Sintió que todo giraba alrededor de él, como si el mundo se hubiera estremecido y con él, su corazón. Uno no podía enamorarse así de repente de una persona. ¡No!. Quizás solo era la impresión ó Mimí le gustaba desde hace tiempo ¿seria ese el caso?

En cambio, en Mimi fue cambio brusco, quizás ella era más honesta con sus sentimientos. Tenia que reconocerlo, no podía seguir engañándose. Amaba a Tai, por eso fue a verlo y sólo mintió, porque lo de Matt había quedado en el pasado. Ahora podía quitarse la mascara y mirar a Tai con toda libertad. Ya no había nada que hacer, solo esperar a que él se enamorara de ella. Seria una difícil tarea, tenia el tiempo en contra y pocas oportunidades, pero aún tenía una oportunidad.

—Es tarde. Será mejor que te quedes aquí—. Le propuso. A lo cual ella asintió. —Preparare un futón—. Mimí suspiró aliviada, mientras él la dirigía a la sala "despuésdetodo,teníaunfutón"

— ¿Se lo diremos a los chicos?— le preguntó Mimí minutos después en la habitación del chico. Ella estaba acostada en la cama "a eso se refería cuando le había dicho, puedes dormir aquí, en mi cama", mientras él en el futón. —No creo que sea prudente—. Agregó.

—Como quieras—. Respondió él.

—Tai…

— ¿Si?— él la observó.

—… ¿no haces esto, para sacarle celos a Sora, verdad?— él se incorporó y la besó nuevamente.

—Para nada. Realmente yo también quería salir contigo—. Dijo tiernamente, mientras le acariciaba los cabellos. –además, no te lastimaría de esa manera. No a ti.

Ella sonrió, mientras cerraba los ojos y en cansancio la obligaba a despedirse de la realidad.

Al otro día se vistió y se fue, no sin despedirse de Tai con un suave beso en los labios.

La llegada a la casa de su primo no le dio nada más que una terrible y profunda angustia. La presencia de Taichí se había arraigado en ella fuertemente. Su primo le llamó la atención, pero no fue mas allá de eso, él se imaginaba que se quedaría en casa de sus amigos.

Durante toda la tarde espero frente a su teléfono el llamado, pero nada sucedió. En algunas oportunidades tuvo la necesidad de escuchar su voz, pero la atormentaban los pensamientos de que quizás fuera a molestarlo. Él le había dicho que iría a las universidades a revisar algunos de los resultados de las pruebas. Era normal que estuviese ocupado y que no la llamara. Se tiró en la cama a esperar lo que fuera, cualquier señal, cualquier indicio que le digiera que él la recordaba, cualquier cosa bastaría.

Otro día más, tampoco sonó su teléfono, así que se decidió a llamarlo, pero él no contestó. Miles de hipótesis se cruzaron en su cabeza pero fueron desapareciendo con el rato. La que más se presentó fue la de que él quizás se había arrepentido de hacer el trato con ella y por eso prefería cortar todo contacto. Miró el teléfono y fue a llamar, pero se detuvo y lo dejo en su velador. No quería presionarlo, no quería arrastrarse ante él, si él no la llamaba, entonces, ella no lo haría. Se tiró en la cama boca abajo, y hundió su rostro entre las almohadas.

—Lo mejor hubiera sido, que no hubiera aceptado el trato— A si su corazón estaría a salvo del miedo, del dolor y del desamor. Sonrió y se ruborizó al recordar su beso apasionado, el que había influenciado en su respuesta.

Su móvil sonó, lo que la emocionó en gran manera. Se levantó de un saltó y corrió hasta tenerlo en sus manos, pero el ID la desanimo, era ella.

¿Mimí? fue lo primero que escuchó cuando contestó.

—Sora. — murmuró con desanimo. De todas las personas que podían llamarla, justamente tenía que ser ella. –Hola— la escuchó hablar y preguntarle miles de cosas.

Se tiró en la cama mirando el techo, lo único que recordaba de la conversación fue la simpática despedida de la chica. Sora era una mujer amable y simpática, que había pasado por muchas cosas y que había amado a Matt desde hacía mucho, pero ella no podía verla con los mismos ojos que antes. Un rencor creció en su pecho, y aunque intentaba olvidarlo era como una herida que no sanaba. Sora la había llamado para pedirle que la acompañara a comprar, así podrían pasar un rato juntas, pero ella se había negado, mintiéndole, diciéndole que se sentía un poco resfriada. Sonrió irónicamente. Cuando fue al digimundo ella tenía el emblema de la pureza, que quedaba de esa cualidad. Nada. No quedaba nada.

Su teléfono volvió a sonar, aunque ya no estaba tan animada como antes, miró la pantalla para leer el nombre de la persona, pero sin quererlo sonrió feliz. Era él. Su cuerpo tiritó en el momento que fue a contestar y el teléfono casi se le resbalo.

— ¿Si?— dijo al fin.

Mimí,¿estásbien?preguntóél.Ensuvozsenotabalapreocupación.

—Sí, ¿Por qué?

AcabadellamarmeSora,medijoqueestabasresfriada sintió un vacio en su pecho que le carcomió. Esperaba que la llamara para pedirle alguna cita, después de todo por eso rechazo la invitación de sora, pero él solo la llamaba porque creía que estaba enferma.

—Entiendo. Disculpa por preocuparte, pero estoy bien.

Esoesgenial,porquellamabaparainvitarteaquevinierasaquedarteconmigoestosdíasElla sonrió, pero se ruborizó.

—No puedo. ¿Crees que me dejaran sabiendo que me quedare en la casa de un chico?

Puedes decir que estarás con una amiga.

— ¿Quieres que mienta?

AcasonolementisteaSorael remordimiento se hizo presente como una brisa que viene y va. Sonrió por el ataque del chico.

—Haré lo que pueda, pero solo será hasta el viernes en la mañana, ya que el sábado es el casamiento—. Sintió la risa de él al otro lado del teléfono.

OK.Teestaréesperando.

—Nos vemos— Sonrió ella.

Una hora después Mimí llegó a casa de Tai. Él tenía comida y películas para que las disfrutaran.

—Es una lástima que vengas por tan poco tiempo—. Comentó él mientras se sentaba a su lado, sirviendo un poco de jugo en su vaso.

—Pensé en llamar a mis padres y decir que me quedare, pero tengo que asistir a clases y a los últimos exámenes. Esta semana tenía un viaje de curso para despedir el año, así que aproveche para venir, pero el viaje solo dura una semana y media—.

— ¿Tú no te preocupas por los exámenes finales?

—Para nada—. Se rió mofándose de él.

—Yo no puedo dejar de pensar en ellos. Hoy me dieron algunos de los resultados y creo que me sirven para postular a una de las universidades que tenía en mente. Pero no estoy seguro si es eso lo que quiero.

—Espero que lo sepas pronto, porque no te queda tiempo—. Ella lo miró tiernamente. –has madurado mucho.

—Mi vida depende de esos exámenes, no quiero tomar una mala decisión y arrepentirme después—. Sonrió él. — Cambiemos de tema, si sigo hablando y acordándome de exámenes, creo que me dará una ulcera— Mimí rió ante la escusa y se apoyo en su hombro. Él le tomó la mano y la besó — ¿No te da miedo?..—. Dijo mientras comenzaba a acariciarse los labios con los dedos de ella. –…Quedarte conmigo toda la noche.

—Me imagine que sería por eso que me llamaste.

—Te equivocas—. Dijo él, escudándose. –Te llamé porque quería estar contigo. Porque quiero aprovechar todo el tiempo que nos queda, aunque sea poco—. Ella se acercó a él y lo besó. Algo que él correspondió inmediatamente.

—Quiero hacerte una pregunta.

—Adelante—. Dijo seductoramente. Mimí rió.

— ¿Qué pasa si uno de los dos se enamora?... Pero solo uno— preguntó confundida.

—Se lo dirá al otro— respondió.

— ¿Y que pasara?— Volvió a preguntar, con su mirada fija en él.

—Dependiendo. Si tú te enamoras de mí, yo hare todo lo posible por hacerte feliz, pero si soy yo quien se enamora de ti, no tienes ningún compromiso conmigo.

—Pero Taichí.

—Es mejor así, después de todo fui yo quien dio la idea de este trato— Ella se quedo en silenció. Tai colocó la película y esta comenzó a los pocos segundos.

Mimí no pudo concentrarse en ella. Las palabras de Tai eran frías y calculadoras. Él se sacrificaría por ella, pero no permitirá que ella se sacrificara por él. Taichí se movió, pasó su mano alrededor del cuello de ella y la acercó a su cuerpo. La joven no pudo evitar sonrojarse al sentir la cercanía de su cuerpo. Puso su mano en el pecho de Tai y sintió el estremecimiento de este. Él también se sentía nervioso por aquel contacto. Su perfume llego hasta sus fosas nasales y no pudo evitar sentirse extraña, su piel era tan blanca y parecía tan suave, en su pecho se notaba los pectorales firmes; Sus brazos fuertes y gruesos y los músculos que se notaban en ellos, la hacían desearlo. Su cuerpo comenzó a arder y no pudo concentrarse en nada. Giró su mirada en dirección opuesta y se topó con la película.

Tai la miró y le acarició el rostro, obligándola a mirarlo. Mimí sintió la respiración Tai tan cerca que la hizo sonrojarse.

—Es un poco aburrida— le murmuró Tai, rozando sus labios y sus mejillas. Ella asintió débilmente y se dejó guiar por él. Sus brazos llegaron hasta su cuello y comenzaron a acariciarlo. Su mano era tan grande y suave que hizo que su piel se erizara. Tai tapó su boca con la suya. No paso mucho tiempo para que Mimí entreabriera los labios y dejara que la lengua de él entrara en su boca, fue ahí cuando ella le dio el paso para poseerla. Un calor sofocante se apoderó de su cuerpo y la carcomía por dentro. Rodeó sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hasta ella. Tai posó su mano en su pecho y lo moldeó, apretándolo con suavidad. Ella se detuvo y lo miró, obligando a que él también se detuviera.

—Lo siento.

— ¿Qué pasa?— preguntó entre suspiros.

—Lo siento, es que nunca nadie me ha tocado— él sonrió con ternura y le besó la frente.

—No tienes que preocuparte, no te lastimare. ¿Confías en mí?— ella asintió con la cabeza. — ¿Estás segura?— volvió a preguntar.

—Sí. — respondió. Le acarició el rostro y volvió a acercarlo a ella. Pasó su mano detrás de su espalda y la acarició hasta llegar al muslo. La besó, pero no terminó de satisfacer su deseo, para quedar un poco mas deseoso de su cuerpo, comenzó a bajar por su cuello, sin apartar sus labios de la piel de la joven y llegó hasta la blusa que ella llevaba.

—Ven— le dijo y puso sus manos en su cintura, obligándola a sentarse sobre sus piernas, pero la falda apretada de la chica impidió que ella pudiera estar cómoda. Taichí la desabrochó y se la quitó por arriba. Sus muslos quedaron al descubierto y libres para poder acariciarlos. Tai volvió sus manos hasta la dichosa blusa y la desabotonó lentamente hasta la mitad, luego la bajo un poco para dejar al descubierto solo el bretel rosado, en el que se notaba los pezones duros de ella. Hizo que se acercara más a su cuerpo y se echara un poco más atrás para poder llegar hasta el pezón con su boca. Lo besó y acarició por encima de la tela y está comenzó a mojarse. Mimí pudo sentir el bulto duro entre sus piernas, palpitante y deseoso, que cada vez se hacía más duro y exigente. Tai estaba excitado con su cuerpo, al igual que ella. Sintió su entrepierna húmeda y un deseo por el contacto con el otro cuerpo que no pudo evitar, ni disimular. Comenzó a desabrochar el cinturón del pantalón de él torpemente, a cual él sonrió. –Tranquila— le dijo, pero era él quien necesitaba un tranquilizante. Dejo que ella hiciese lo que quisiese, mientas él seguía jugueteando con el delicioso pezón. Mimí dejó al descubierto el bóxer que protegía el miembro erecto y comenzó a adentrar su mano entre la tela hasta llegar al lugar deseado. Lo acarició con sus finos dedos y lo acercó hasta su sexo. Lo quería, lo necesitaba en ella, pero él no se movería mucho por hacerlo. –Mimí— gimió Tai cuando ella comenzó a masturbarlo y se recostó en el sofá para dejarla moverse con más libertad.

—Tai— rogó ella y él abrió los ojos, inundado por el deseo, y la abrazó. –Rodéame con tus piernas y abrázame— ella obedeció y se afirmó de su cuerpo. Tai se levantó y caminó hasta su habitación. –piensas que voy a poseerte en el living de mi casa. — ella no contestó. Sintió cuando él la deposito en su cama y la hizo separar un poco las piernas. Bajo lentamente las bragas y las tiró a un lado. Siguió con su blusa y su bretel hasta dejarla completamente expuesta en la cama.

—Te deseo ¿Lo sabías?

—No— respondió débilmente.

—Pues, ya lo sabes. Te deseo desde que te vi— se recostó sobre su cuerpo y comenzó a besarlo y acariciarlo, puso sus manos sobre su miembro y lo acomodo en la entrada de ella. Dio pequeños empujones, los que hicieron que ella se arqueara.

—Tai, Tai— comenzó a llamarlo. Cerró sus piernas y apretó la cintura de él.

—Intenta relajarte, cariño— Volvió a entrar un poco más en ella.

—Tai, ¿Me amas?— gimió. El sonrió y dio un último empujón. Ella dio un pequeño grito y apretó sus puños alrededor de las sabanas.

—Te dolerá un rato, pero después te acostumbraras y ser agradable, para ambos— ella no pudo responder, pero asintió con la cabeza. Tai se quedo frente a su cara y le besó los labios sin moverse. Ella abrió los ojos y lo miró. –Sí— le respondió.

— ¿Sí, qué?— preguntó ella.

—Sí, te amo— ella sonrió. Taichí comenzó a mover su cintura hacía adelante y hacia atrás. Mimí comenzó a gemir débilmente, mientras se intentaba acostumbrar al movimiento. Ella se abrazó del pecho de él mientras continuaba con sus movimientos eróticos y deseosos.

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El sol de un nuevo día comenzó a atravesar los ventanales dándole en la cara. Miró a su alrededor y lo vio. Tai estaba dormido, era tan hermoso, tan varonil, tan… Apasionado. Sonrió, ante sus propios pensamientos. Sintió que la mano de él le acariciaba el rostro y se dio vuelta para observarlo.

— ¿Te desperté?— le preguntó ella.

—No. Había despertado hace un rato— le contestó —pero no quise molestarte—. Lo miró tiernamente. Él se acercó a Mimí y la besó.

—"Diablos.Comolegustabaestarconella.TODO.Tododeellalegustaba,quizásfueunamaladecisiónhaceresetrato.Lanochepasadaellasehabíaestremecidoensusbrazos,lohabíallamadoentregemidosylohabíadeseadoquizástantocomoélladeseaba.Ellaerahermosa,suaveydelicada.Esoledabamiedo,lodelicadaquepodíallegaraser,noqueríacausarledoloryangustiaysiellasabíaqueélestabaenamoradodeella,entoncessesentiríaculpablela miró, y la abrazó. Abrió los ojos sorprendido —"DobleDiablos,¿estabaenamoradodeella?Nopodíadecírselo,porqueellasesentiríaendeudaconél.Bueno,dependiendoloquepasaradeaquíalpróximomartes,cuandoellasefuera,revelaríasussentimientos,porahoraseguiríaconella"—

—Ta-i-chi – lo llamó ella. –Sobre lo que dijiste ayer.

— ¿Qué dije? ¿Cuando me dijiste que me amabas, fue de verdad o solo fue para hacerme sentir mejor?

— ¿Cómo te sentiste?

—Me sentí bien, pero no fue eso lo que te pregunte ¿fue verdad lo que me dijiste anoche?

—Bueno yo. — el timbre los interrumpió. Mimí se quedó sin aliento, lo que él notó inmediatamente. —Tranquila. Sea quien sea, yo me encargare— Taichí se levantó, se cubrió con una bata, y salió de su habitación.

Mimi sintió cuando abrió la puerta y saludó a la persona, por la manera supo que era alguien conocido, aunque desconocía la identidad, pero en cuando llegaron a la sala y escuchó su voz su cuerpo se tenso.

—Tai termine con Matt— Mimí sintió que se le partía el corazón, no por escucharla a ella. Más que nada por que Tai tendría él camino libre para volver a conquistarla.

— ¿Que pasó, Sora?— preguntó, en su voz se notaba la molestia.

—Fue ayer. Cuando volvíamos de una cita…— Mimí quien escuchaba la conversación recordó la llamada, cuando ella la invitó a ir de compras, pero Matt también iría, debería haberse percatado de esa situación. Fue un alivio que ella la rechazara" —… en nuestra cita…— continuó diciendo Sora —…lo note molesto y le pregunte si lo podía ayudar en algo. Entonces me dijo que estaba molesto porque…— Sora miró a Tai. –Es algo que se comentó el día de tu cumpleaños—. La mirada de Tai estaba neutra, escuchado y pensando en Mimí.

— ¿Qué es?

—Es que Mimí se devolvió ese día a buscar su celular que se le había quedado.

— ¿Y?

—Matt se molestó por eso. Esta celándola después de todo este tiempo—. Sora rompió en llanto. Le daba cierta pena y rabia. Pena, por la estupidez que pelaban y rabia, porque Matt ya no tenía nada que ver con Mimi. De un momento a otro, se puso tenso. —"MimipodríaestarescuchandoesaconversaciónysipensabaenvolverconMatt,yaqueSorayélhabíanterminado,ademásMattlaestabavigilando,esoqueríadecirqueaúnsentíaalgoporella"—

—Sora, realmente no sé qué hacer por ti—. Se tocó la frente con la yema de los dedos. –no sé que decirte—. Se estaba colocando incomodo. –quizás son solo cosas temporales, por que no vas y hablas con él. ¿Quizás así se arreglen las cosas?

—No me ha contestado su celular—. Tai miró el desorden que había en el piso. Y miró los vasos que estaban sobre la mesa de centro. Sora le siguió la vista y los notó. – ¿Estabas con alguien?— Tai sonrió y asintió. —Que inoportuna. Disculpa—. Ella se levantó y se dirigió a la puerta rápidamente. –Lo siento. Nos vemos otro día.

Mimi se quedo en silencio hasta que Tai volvió de dejar a Sora en la entrada.

— ¿Que haremos?— fue lo primero que dijo. La pregunta molestó a la chica, pero tenia razón –"esteeraunplanparaolvidarsedeMattySora,yahoraellosnoestabanjuntosnoteniacasoseguirconeso"—

—No sé—. Dijo ella.

—El camino está libre. Puedes ir con Matt si es lo que quieres y olvidar lo que pasó aquí—. El celular de Mimí sonó, ella miró en la pantalla el ID. –Contesta—. Dijo secamente Taichi.

—Pero… es Matt—.

Continuara…