In the dark
Capitulo 2
Ni siquiera la seguridad de su hogar lo dejaba dormir tranquilo durante las noches. Siguió caminando entre los árboles, buscando algún indicio de lo que había pasado esa noche, pero no había nada; ni sangre, ni un cuerpo, ni siquiera indicio de alguna pelea. Llegó hasta la parte superior del cerró y se detuvo al divisar un viejo cementerio abandonado.
Ahora que recordaba, cuando era pequeño solía jugar ahí con sus hermanos, hasta que su hermano gemelo desapareció. Estuvieron buscándolo mucho tiempo, pero al cabo de unos meses la búsqueda se canceló y todos siguieron viviendo como siempre. Menos su familia que (día a día) recordaba la pérdida de uno de sus integrantes.
Un pensamiento cruzó su cabeza, quizás su hermano (desaparecido) fue objeto de aquellos monstruos y para no despertar sospecha escondieron su cuerpo por los alrededores. Si eso era cierto, entonces tendría otra razón para encontrarlos y mostrar al mundo lo que se ocultaba, en la oscuridad de la noche.
Caminó rumbo al cementerio y divisó la figura de una persona junto a una lapida. Se escondió entre los árboles, que rodeaban el lúgubre lugar y esperó a que la persona se moviera. Pero antes de hacer su siguiente movimiento, reconoció a la persona.
Sin decir, ni emitir ruido, se quedo detrás del tronco de un árbol, esperando a que ella realizara su movimiento.
Ella era la principal sospechosa del ataque de la noche anterior, y sería muy útil recopilar información (la información que ella pudiera darle).
Ella dio unos pasos hacia atrás y se agachó a recoger algo. Tokaurin observo el objeto. Una rosa que aún le quedaban algunos pétalos.
-¿Hasta cuando piensas esconderte de mí?- le dijo la mujer de cabello negro, mientras dejaba caer la rosa al piso.
El moreno sin más, salió de su escondite y se acercó, con cuidado, hasta ella. -¿Cómo sabias?-
-Tu olor de sangre me enferma- interrumpió ella y giró por primera vez hacia él.
-¿Mi olor… de sangre?-
-Tú presencia, tu existencia, todo de ti me molesta- lo observo con odio y sus ojos se tiñeron rojos.
Shouji retrocedió y la apuntó con su pistola, que escondía bajo la camisa.
-Vengo armado- amenazó –No te atrevas a acercarte-
-Ustedes son tan estúpidos. Creen que por solo tener un arma pueden dominar a cualquier criatura-
-¿Cualquier criatura?- preguntó Tokaurin con una sonrisa y la apuntó, estaba listo para disparar –…A cualquier criatura quizás dominamos, pero a ustedes, monstruos, ustedes son nuestro problema- Miyuki lo observo, y sin meditarlo se abalanzo sobre él.
Ambos cayeron al piso. Tokaurin disparó intentando alejarla, pero la bala se perdió en el cielo.
Miyuki le afirmó la mano empuñada y sonrió, evitando que él la apuntara con ella. El moreno la empujo con toda su fuerza, pero solo ocasionó que la chica apretara con más fuerza su mano. Tokaurin dio un grito cuando sus dedos quedaran aplastados contra el metal de la pistola.
La mujer, con su mano libre afirmó el cuello del moreno y lo apretó con fuerza que sus uñas se incrustaron, y el aire dejo de pasar hasta sus pulmones.
-¿Qué crees de mi, ahora?- preguntó la mujer, pero Tokaurin no pudo responder. La mano de aquella mujer lo apretaba con tanta fuerza, que creyó que le rompería el cuello. –Si somos monstruos es gracias humanos como tú- apretó cada vez con mas fuerza. Tokaurin alzó su mano libre en busca algo para defenderse. Sus dedos tantearon una piedra, y afirmándola con fuerzas golpeó a la mujer en la sien. Miyuki lo soltó y cayó un poco aturdida, dejando libre su mano y dándole la oportunidad que necesitaba para escabullirse. Tokaurin se levantó (tosiendo) y apuntó a la mujer que yacía en el piso, pero que daba los primeros indicios de querer levantarse.
-Sigo creyendo que eres un monstruo, peor que antes- Ello lo miró y una sonrisa sarcástica se delineó en sus labios. Sin esperar a que diera el siguiente movimiento presionó el gatillo.
Disparó incontables veces sobre la cabeza y el cuerpo de la mujer, sin detenerse, hasta que ya no salieron mas balas de su pistola. La sangre de ella se esparció por el piso hasta donde él estaba. Tokaurin reacciono por su hecho y observo la sangre que estaba a unos centímetros de tocar sus zapatos, entonces dio un paso atrás, horrorizado.
Se quedo de pie, en silencio y con una terrible angustia. Ella no se movía, y aunque había sido "en defensa propia", había asesinado a una mujer. Por un momento rogó en que ella diera alguna señal de vida, pero por otro pensó en que si lo hacía tendría que matarla, porque ella intentaría lo mismo.
La observo detenidamente. Su piel era muy pálida, debajo de sus ojos se mostraban inmensas ojeras y sus labios no eran rosados como el de las mujeres jóvenes, más bien se notaban grises. Observo sus manos, sus uñas eran largas y blancas y tenían un poco de sangre (sangre que le robó en el forcejeo). Alzó sus manos hasta su cuello, al notar la herida que tenia, y sus dedos se quedaron impregnados por el líquido rojizo.
Centró su atención en el cuerpo de la chica "¿Qué debería hacer con ella?" Tomar el cuerpo y llevarlo, o ir e informar al cuartel, pero no podía llegar con un cadáver sobre el hombro.
Iría por ayuda, por algunos policías, por su jefe. Una persona se situó detrás de él y antes de que pudiera darse vuelta lo golpearon en la nuca.
Tokaurin abrió los ojos levemente y observo como su mundo estaba de lado, observo como una persona (un hombre) camina hacia Miyuki y la levantaba, apoyándola en su hombro. Sin más, su visión se nubló y terminó por perder la conciencia.
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Abrió los ojos exaltado, miró a su alrededor y reconoció el lugar donde se encontraba. Las afuera del bosque, era de noche y los faroles de las calles estaban encendidos. Se tocó la cabeza en el lugar adolorido y notó una hinchazón.
Suspiró aliviado, por un momento pensó que lo iban a matar y en vez de eso lo habían dejado a las afuera de ese peligroso lugar. Se levantó y comenzó su camino de regreso a casa. Necesitaba descansar y armarse mejor hasta poder cazar a uno.
-"Porque quisieran o no, él iba a casar uno"- En su casa había algunos libros que su padre guardaba, quizás ahí estaba lo que el buscaba. Fueran lo que fueran, todos tenían algo a lo que le temían, una debilidad y él iba a descubrir el de ellos.
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Sus pasos la dirigieron hasta las puertas que estaban al final del pasillo. Se detuvo frente a una de ellas, por el temor que la invadió. Apretó los puños con fuerza y aspiró aire. Sabía lo que pasaría, quienes estarían esperándola y se podía imaginar que le dirían. Abrió la puerta y entró en un completo silencio a la habitación, intentando ocultar su nerviosismo. Se detuvo frente a las personas que estaban adentro, observando a cada uno de ellos, analizándolos. Había una mujer sentada en medio de un sillón largo y los otros tres (una mujer y dos hombres) parados detrás de ella, en silencio, con la mirada fija en la invitada y con un semblante de desaprobación.
Todo y cada uno de ellos era un personaje importante en el clan y cercana al líder.
-Buenas noches, Miyuki- saludo la mujer sentada. Miyuki se alivió y soltó el aire que había mantenido en sus pulmones. Aunque de igual manera se sentía nerviosa, si estaba ahí no era por una buena acción que hubiese hecho.
-Buenas noches, Natsumi- saludó. Natsumi era una mujer de cabellos castaños, corto (en melena) y liso, sus ojos eran verdes y sus piel blanca, extremadamente pálida. Llevaba puesto un pantalón negro y una blusa blanca, con los primeros dos botones abiertos. Su expresión era seria, pero no dura, como lo de los demás que estaban ahí y que se morían de ganas de reprenderla por lo que había hecho.
-Nos informaron que saliste anoche- comentó la castaña. Miyuki no fue capaz de hablar, solo se limitó a asentir –Y sin nuestra autorización ¿Por qué lo hiciste?-
-No pensé que fuera necesario- respondió –Solo era una caza de rutina. Lamentó si hice algo indebido- se disculpó y agachó la cabeza. Natsumi era la segunda al mando del clan Yami no Blood, y era una de las personas más fuertes del clan, por lo menos de las que ella conocía, porque el líder nunca había aparecido en público y nunca había hecho notar al máximo su presencia. Ella se llevaba muy bien con Natsumi, le encantaba estar con ella, pero le disgustaba que siempre estuvieran los otros tres en su compañía.
-¿Hacer algo indebido?- sonrió Natsumi -¿Acaso hiciste algo fuera de lugar?-. Miyuki abrió los ojos sorprendida y dio un paso atrás -¿Qué sucedió, Miyuki?-
-Nada…- dijo lentamente. En la habitación reino el silencio, esperando que fuera rotó por la pelinegra –Tuve un encuentro… con un humano, un hombre, que logró escapar-
-¿Te vio?-
-Sí, y no pude detenerlo. Me disparó consecutivas veces en la cabeza y no tenía fuerza para recuperar mi cuerpo- apretó los puños con fuerza y rabia –Así que escapó-
-¿Eso fue lo que paso, Aoi?- preguntó Natsumi volteándose a uno de los hombres que estaba detrás de ella. Miyuki lo observo con odio. Aoi era un hombre alto y delgado, su contextura no era gruesa, pero su apariencia era atemorizante. Tenía el cabello y los ojos cafés, y su cabello era ondeado y largo, y siempre lo mantenía atado en una coleta baja.
-Algo así- respondió el joven de unos veinticinco años. –Sino me equivocó esa no era la primera vez que tu veías a ese hombre ¿o no?-
-No- respondió cabizbajo.
-Él no fue quien primero atacó. Miyuki lo desafió y lo asustó. En un momento pensé que lo mataría, solo porque él le dijo que ella era un monstruo-
-Miyuki- Natsumi rió a carcajadas por el comentario –Que infantil eres-
-Por cierto- interrumpió Aoi –Él tenía una sangre con un olor muy peculiar, Natsumi- ella se detuvo y lo miró –Su olor era igual al tuyo-
-Un Tokaurin- murmuró. – ¿Intentaste matar a un Tokaurin, Miyuki?- su mirada fría hicieron retroceder a la chica.
-No sabía quién era, pensé que él…-
-No vuelvas a acercarte a ese hombre- interrumpió -por tu seguridad y por la nuestra-
-Lo haré- asintió tranquila.
-¿Y… como terminó todo?- la pregunta la molestó. Natsumi sabía la forma en que ella había salido de ese lugar, pero quería restregárselo en la cara.
-Fue Aoi- murmuró Miyuki –Él me salvó y se llevó al humano-
-Ya veo- dijo sarcástica Natsumi –deberías agradecerle, Miyuki, lo que hizo por ti-
Su mirada se endureció, sabía que restregarle en la cara que ese hombre le hubiese salvado la vida y (ahora) agradecérselo, era lo peor. Enterró sus uñas en sus manos, por la fuerza que utilizó al empuñar sus manos
–No, no necesitaba que me salvaras, yo podía haberme repuesto y salir de ese lugar sin tu ayuda-
-Creo que te confundes, Miyuki- negó la castaña de ojos verdes -No digo que debes agradecerle por salvarte… sino al humano. Si lo hubieses lastimado –Los ojos verdes de la castaña se tiñeron levemente de rojo –Yo misma te hubiese matado-. Miyuki dio un paso hacia atrás y chocó contra la pared. No pudo moverse por el temor que le infundo Natsumi. Nunca la había visto en esa faceta, tan enojada y amenazante. Su olor se difundió por la habitación y las puertas que conectaban con otras habitaciones se cerraron con fuerza, haciendo un estruendo. La habitación pareció oscurecerse y la tensión y la densidad en el ambiente, la hizo temblar. Parecía que solo estaban ellas dos y lo único que resaltaba eran los escarlatas ojos de su compañera –Espero que no lo vuelvas a hacer- le dijo
-Nun-ca más-
-Bien- Sus ojos volvieron a la normalidad y le sonrió. La densidad del ambiente desapareció y su cuerpo reaccionó a sus órdenes. –Esperó que sigas la orden. No te vuelvas a acercar a esos lugares, sabes que están atestados de gente y Hunter-
-No lo volveré a hacer- Asintió.
-Bien. Puedes retirarte- Miyuki asintió y se retiró rápidamente de la habitación sin voltear a mirar atrás.
-Has estado muy bien- le dijo la otra mujer que estaba presente en la habitación. Los tres personajes que la acompañaban se movilizaron y se sentaron en los otros sillones. Ella era una mujer alta y delgada, con el cabello y los ojos negros, tan profundos que inspiraba temor y a la vez un gran respeto. Tenía alrededor de veintiocho años. Su piel era pálida, al igual que la de Natsumi y su cara estaba bien definida, con hermosos rasgos.
-Al contrario, he estado pésima. Ella se dará cuenta pronto- observo a Aoi. –Debería haber sido más dura con ella-
-Deberías haberla matado- le respondió su tercer acompañante, que descansaba solo en un sillón de dos cuerpos. Él estaba recostado, con una de las piernas doblado y con su cabeza apoyada en su mano, mirando despreocupadamente a los tres jóvenes, bostezaba de vez en cuando y se refregaba los ojos adormilados.
-¡Cállate, Michael!- le reprendió un poco molesta. –No estoy para tus juegos-. Michael era un joven de unos veinticinco años, con el cabello rubio y los ojos azules, su piel era pálida, pero tenía un tono más natural que lo hacía resaltar del resto de ellos. Era el único americano que vivía entre ellos y su actitud dejaba mucho que desear en sus compañeros.
-Algún día me darás la razón- se dejó caer sobre el cómodo sillón y cerró los ojos. Natsumi negó con la cabeza y volteó a ver a los demás jóvenes.
-Aoi… ¿Cuándo le dirás la verdad a Miyuki?-
-¿Sobre qué?-
-Sobre su procedencia- El joven guardo silencio. Natsumi se levantó y caminó hasta una de las ventanas que yacía tapada por una gruesa cortina. Alzó sus manos y removió un poco la tela, y unos rayos del sol se colaron entre el vidrio hasta su rostro. Su piel se enrojeció rápidamente y la obligó a alejarse de la ventana.
-Necesitas alimentarte- le dijo el rubio, con los ojos cerrados.
-Mi cuerpo está muy débil- murmuró Natsumi y observo a sus acompañantes. Michael hizo lo mismo y asintió, esa fue la señal, para que los dejaran solos. Los dos vampiros asintieron y caminaron hacia la puerta -Kinoshita- la llamó Natsumi, antes de que se fueran –prepara mi capa- la mujer se sorprendió, y luego asintió.
Michael la observo caminar hacia él, cuando ya estuvieron solos. -"Otra vez estaría con aquella mujer"- pensó y sus ojos brillaron por la lujuria. Natsumi sonrió cuando el chico alzó sus manos hacia ella invitándola, y sin más dejo que él posara sus manos en su cintura y la ayudara a quedar sentada entre sus piernas. Natsumi, sintiendo las manos del rubio en su cintura, moldeándola y acariciándola no tuvo reparo en desabrochar ella misma la camisa blanca para dejar al descubierto la piel tersa.
-Por favor, cuida de mí- le sonrió sarcástico, a lo que ella hizo una mueca. El joven cerró los ojos cuando sintió que su camisa caía bajo sus codos y las manos de la chica le tocaban y acariciaban el cuello. Sus manos estaban frías y poseía sentir su respiración sobre su oído y cuello. Guió sus manos hasta la espalda de él y la atrajo, cuando sintió el punzante dolor de los colmillos de Natsumi sobre su cuello.
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Caminó por el bosque hacia donde había estado la noche anterior, todavía era de día y quizás ellos se ocultaban de la luz del día, como en los libros y películas. Eran una especie rara, pero su proceder aun lo desconcertaba ¿Por qué no lo habían matado? Lo mejor para ellos hubiese sido eliminarlos, así se hubiesen desecho de una gran molestia.
Se detuvo en seco, cuando vio la silueta de una mujer frente a la tumba –"otra vez, nos encontramos"-pensó. Realmente ella era uno de esos seres, no le cabía duda. Aunque ahora estaba cubierta por una gabardina negra con gorro y larga, que cubría gran parte de su cuerpo. Sin meditarlo caminó hacia ella mientras terminaba de alistar su arma y la apuntaba por la espalda. Ella no hizo ningún movimiento, parecía estar esperando algo.
Tokaurin notó que era más bajo que él, pero algo le pareció diferente, aunque no se iba a colocar a pensar en lo que era.
-Nos volvemos a ver- le dijo.
-Eres el humano- respondió, la mujer. Tenía una tilde diferente de voz, pero la misma forma de tratarlo. Era otro de esos seres. – ¿Así que has estado frecuentando a Miyuki?- se agachó y dejó una rosa roja en el piso junto a la lapida.
-No te muevas.- le advirtió el moreno cuando la persona comenzó a voltearse, para observarlo. -Rosas rojas- murmuro. -¿alguien que tu conocías esta ahí?-
-Si- le respondió ella.
-Este cementerio no se ha ocupado en mucho tiempo- le dijo Shouji, quien no bajo en ningún momento su pistola.
-Sí. Ya ha pasado mucho tiempo- la mujer se volteó y ambos quedaron frente a frente. Shouji no pudo distinguir bien su rostro porque el gorro de la capucha le tapaba la mitad de la cara. Pero ella si pudo verlo y no hizo ningún comentario, parecía estar perdida en sus pensamientos. -¿Quién-quién eres?- preguntó sorprendida.
-¿Qué?- preguntó confundido.
-¡Natsumi!- la voz de Miyuki los distrajo. La mujer vampiro se interpuso entre ellos –vámonos, no tienes nada que hacer aquí- Miyuki le tomó la mano, pero antes de que pudieran hace algo, Shouji se les interpuso en el camino.
-No dejare que se vallan así- apuntó a Miyuki directamente a la cabeza -…menos tú-
-Sí que eres molesto- los ojos de miyuki cambiaron y se dispusieron a atacarlo, pero esta vez, fue Natsumi quien la afirmó. -¿Qué haces?-
-Humano… ¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? ¿Tienes algún contacto con Sho Tokaurin?- preguntó Natsumi sorprendida y dio unos pasos hacia él. El moreno abrió los ojos sorprendido al escuchar el nombre de su hermano, pero cuando iba a responder, Miyuki empujó a Natsumi y se abalanzó sobre él.
Iba a enterrar sus uñas sobre el cuello del humano así terminaría por callarlo definitivamente, pero Natsumi Se interpuso entre ellos y obligó a Miyuki a detenerse, pero las garras de la pelinegro rozaron la piel de su superior, haciendo añicos la tela de la gabardina que cubría su rostro.
Algunas gotas de sangre se derramaron por el piso y en las manos de Miyuki, quien observo horrorizada la mejilla de Natsumi y dio un paso atrás. Natsumi (con su rostro expuesto) se volteó y se quedo mirándolo.
-¿Eres pariente de Sho tokaurin?- preguntó, sin tomar en cuenta a Miyuki.
-Sí. Él era- Miyuki lo interrumpió con un arañazo en el cuello. Natsumi no notó cuando ella se acercó y no pudo evitar el ataque, se volteó rápidamente y le dio una fuerte patada en el estomago, a lo que la chica cayó unos metros más lejos.
-¿Estás bien?- le preguntó Natsumi mientras se acercaba hacia él y metía la mano en su bolsillo en busca de algo. Tokaurin la apuntó con su arma
-¡No te atrevas a moverte!- amenazó, pero ella (sin prestarle atención) sacó un pañuelo de su bolsillo e intentó detener la hemorragia del cuello del moreno. El perfume de la sangre que impregnaba el pañuelo la hizo sentirse embriagada y confundida, sin duda alguna él tenía el mismo olor que su sangre, pero algo no cuadraba bien en todo eso.
–No es una herida profunda, pero debería revisarte un medico- le comentó –y… eres pariente de-
Dos personas llegaron hasta su encuentro. Natsumi miró a sus nuevos distracciones: eran Aoi y Kinoshita.
Tokaurin observo a la pareja y pudo reconocer levemente al hombre que estaba ahí, su silueta y su contextura, le parecía familiar, y la mujer también tenía un rostro familiar, pero no recordaba de donde y en ese momento no se iba a colocar a pensar en donde. S
-¡Tu eres!- El teniente apuntó a Aoi con su pistola, pero este no se inmutó.
-Tus armas no nos dañan. ¿No entiendes algo tan simple?- le dijo Miyuki que se había levantado y estaba cerca de ellos. Tokaurin vio que los tres se disponían a atacarlo, eran tres (Sin contar a la tal Natsumi) contra él. Tenía que pensar en algo pronto si quería salir vivo de ese lugar. Observo a la chica que estaba a su lado y un pensamiento cruzó en su cabeza. Si quería sobrevivir tendría que hacer todo lo que estuviera en sus manos, sin pensar en las consecuencias que le traería después. Afirmó a la chica del brazo, la hizo girar y la afirmó del cuello, posando su pistola en la sien de ella.
-Lo siento- le susurró. Esperaba que eso funcionara y lo ayudara a salir de ahí. Aoi, Kinoshita y Miyuki endurecieron sus rasgos faciales y lo observaron con odio, lo que hizo temblar al joven, pero no abandonar a su posición.
-Suéltala- ordenó tranquilamente la mujer mayor, sin moverse de su posición, pero él no hizo caso, se quedo ahí, esperando lo peor, por lo menos había funcionado para demostrar que ellos querían proteger a la chica y que quizás no harían ningún movimiento en falso por no lastimarla.
Miyuki no pudo soportar la espera y dio un paso hacia él.
– ¡Si se acercan la mato!- Amenazó.
-Humano, te perdone la vida, pero no creas que tendrás la misma suerte- le dijo Aoi dio unos pasos hacia ellos. Kinoshita comenzó a rodearlos y solo con mirar a su compañero trazaron un plan para atacarlo. El moreno se preparo para lo peor, giró la perilla de su pistola al momento que veía como los dos personajes lo rodeaban y esperaban el momento oportuno para atacarlo. Su plan había sido un fracaso, huir de esa manera tan cobarde no le traería nada bueno, además ellos tenían la ventaja, sin importar como fueran las cosas, ellos lo matarían. Pedir disculpas, ya no era la manera mas lógica de salir de aquel aprieto.
Miyuki se lanzó hacia él, sin prestar atención a los otros dos vampiros. El moreno se puso aun más nervioso y se desconcentro de todos sus enemigos, momento en el cual, los otros dos vampiros aprovecharon para abalanzarse hacia él.
Continuara…
