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Capítulo 1
Encuentros
La frontera natural que dividía al País del arroz y el País del fuego, se mantenía majestuosa siendo adornada por dos imponentes estatuas. Las versiones agigantadas de Madara Uchiha y Hashirama Senju se encontraban frente a frente, separados por una gran cascada; e inmóviles como la primera vez que fueron construidas. En el Valle del Fin, aquellas dos esculturas eran los únicos testigos de una lucha que se asemejaba a la de sus versiones de carne y hueso. Permanecían igual, pero su alrededor se vio abruptamente perturbado por la batalla que aún no terminaba.
Los dos combatientes ignoraban a sus espectadores; estaban concentrados en vencer a su oponente, cada uno con un objetivo distinto. El encuentro ya había tomado un tiempo considerable, así que se encontraban exhaustos, con heridas, moretones y unas cuantas fracturas. Era evidente que el próximo ataque sería el último, uno que decidiría el futuro de ellos mismos y el de la aldea.
— ¿Es por eso que abandonas la aldea? —preguntó Naruto con desprecio. Frente a él estaba Sasuke totalmente transformado en un monstruo; su apariencia era totalmente desagradable. El color de su piel era grisáceo, su cabello era azulado; justo sobre su nariz, atravesando la mitad del rostro, había una mancha negra en forma de estrella; y sus ojos se habían oscurecidos acentuando las pupilas rojas que brillaban inquietantes. Todo en conjunto —comparado a las garras y rasgos zorrunos que tenía Naruto— alcanzaba el punto máximo de desagrado, con el par de alas que salían de su espalda; tenían la apariencia de dos garras que en cualquier instante se cerrarían envolviéndole.
— Sigues sin entenderlo. Alguien como tú que no sabe lo que es perder a su familia, nunca lo hará —respondió Sasuke en un tono grave que combinaba con su apariencia. Naruto dibujó una leve sonrisa causando que Sasuke frunciera el ceño.
— Te equivocas, Uchiha. Al contrario de ti, yo sí tuve la intención de conocerte; y lo hice. Luego de analizarte con cuidado, llegué a comprenderte. Creí saber lo suficiente como para querer ser tu amigo, pero me equivoqué. Eres un ser egoísta. No te importa lo que pueda sucederle a la aldea por culpa de tu decisión. —El peli azul lo escuchaba con atención, descubriendo una nueva faceta de Naruto. Aquella seriedad tan acentuada con la que se expresaba era algo que desconocía en él, muy diferente a su habitual actitud apacible. Pero tuvo que interrumpir sus pensamientos cuando un clon apareció al lado del rubio—. Alguien me enseñó que… —aquel clon comenzó a crear en su mano derecha una esfera azul oscuro, de tamaño aumentado por el poder del Kyubi— cuando no se puede por las buenas… —el portador del Sharingan supo que debía prepararse al mismo nivel, e invocó el chidori en su mano izquierda— ¡Se hace por las malas! —Simultáneamente, se lanzaron al ataque con gran velocidad impactaron entre sí a las dos técnicas y causaron una onda explosiva que los envolvió y luego…
Todo terminó.
/ooo/
Su sueño terminó en el preciso instante en que el Naruto de sus recuerdos había perdido la conciencia. No era un sueño creado por su subconsciente sino un recuerdo de algo que sucedió y vivió en carne propia; el dolor agudo que sentía en casi todo su cuerpo era prueba de ello. Con gran esfuerzo abrió y cerró los ojos para acostumbrarlos a la luz que los lastimaba, y lo primero que vio fue un techo completamente blanco. Miró al lado derecho moviendo levemente su cabeza, y notó que era de día gracias a los rayos de sol que entraban por la ventana. Supo el lugar exacto en el que se hallaba por el color que dominaba la instancia: el hospital.
Intentó incorporarse para resolver una duda que rondaba en su cabeza desde que se había despertado, pero el más leve movimiento originaba fuertes punzadas en las lesiones. Únicamente logró sentarse con dificultad apoyando su espalda contra la cabecera de la cama, y pudo apreciar que solo su rostro estaba libre de vendas. Aun así, no podía simplemente quedarse quieto, tenía que cerciorarse. Por ese motivo lo intentó de nuevo.
— Si Tsunade te descubre, no quiero ni imaginar las consecuencias. —la voz se escuchó en tono divertido; le era conocida. Era una que no escuchaba desde hacía cinco años, la cual había extrañado demasiado a pesar de percibirse más adulta—. Es mejor que continúes descansando —añadió como consejo. Naruto aún mantenía la vista en sus manos vendadas. No quería mirar y descubrir que era solo un efecto de los golpes en su cabeza, impulsado por el fuerte deseo de vivir ese preciso instante— Naruto ¿Estás bien? —la voz sonó preocupada junto a los pasos acercándose a él; tal vez había percibido cómo su cuerpo temblaba e intentaba esconder las lágrimas que lograron salir.
Naruto no sabía con exactitud lo que debía sentir. Tenía emociones encontradas: el enojo, por haberse marchado cuando le prometió que nunca se alejaría de él, y por hacer que se preocupara al no tener alguna noticia suya; alivio, por saber que estaba bien; y felicidad por su tan esperado regreso, sentimiento que aumentó al sentir su abrazo protector, confirmándole la realidad de ese instante. Ya no importaba el dolor provocado por el contacto; su alegría era más intensa.
— Lo siento, Naruto —habló afectado. Él correspondió el gesto, no quería que se sintiera triste o culpable.
— No tienes por qué… disculparte… Yo estoy bien… estas lagrimas son por los golpes en mi cabeza… no estoy llorando, Tío Yuto —dijo el rubio entrecortado; hasta su voz temblaba. De repente, el abrazo se deshizo. Supo que era hora de encararlo. Pero mantenía sus ojos cerrados intentando en vano detener las gotas salinas.
— Aun no aprendes a mentir, sobrinito —dijo Yuto burlonamente estando seguro del efecto que aquel comentario tendría —3… 2… 1…
— ¡No me llames sobrinito! —reclamó Naruto en voz alta abriendo por fin los ojos. Lo miró por instinto. Estaba sentado en el borde de la cama, regalándole una sonrisa suave que no era deslumbrante, pero poseía un efecto tranquilizador.
Su tío había cambiado demasiado. Sus facciones eran más maduras; su cabello había aumentado en centímetros y había adquirido una apariencia más lacia, sin embargo, el característico color rubio seguía iluminando su aspecto. Si no fuese por el azul oscuro, casi negro; de sus ojos, sería una versión adulta de Naruto. Vestía una túnica abana cuya caperuza descansaba en la parte superior de su espalda. Los guantes seguían cubriendo cada una de sus manos. Pero lo más curioso e inusual era el pendiente de oro en forma de escudo que colgaba de su oreja derecha, y el pequeño tatuaje rojo sobre la ceja del mismo lado; no sabía qué clase de símbolo era, y cuando intentó descifrarlo, una mano se posó sobre su cabeza frotándola como si su cabello no estuviera cubierto por vendas.
— ¿Prefieres que te llame hijito? —preguntó divertido provocando que Naruto frunciera más el ceño.
— Acordamos que solo sería tu hijo en público —recordó malhumorado. No le gustaba que le llamaran con diminutivos. De repente, supo que había desviado su atención de la realidad. Yuto había regresado, y eso solo significaba una cosa— ¿Tu regreso quiere decir…?
— No —interrumpió sabiendo lo que preguntaría— Es un tema muy largo y complicado, no es momento para hablar sobre ello. —Retiró la mano de su cabeza y se dirigió a la ventana dándole la espalda. El rubio menor lamentó haberlo preguntado—. Por ahora, descansa. Tengo que encargarme de cierto asunto.
— Pero… —Calló cuando su tío se viró con expresión seria. El caso estaba cerrado por completo. Naruto podía ser rebelde, y en los años de crianza que —aún no terminaban—, Yuto tuvo que aprender a manejarlo. El ojiazul menor no pudo más que obedecer. Y justo cuando su tío salía de la habitación, lo detuvo— ¿Cumplí la misión? —Era algo que le preocupaba, y no podría descansar tranquilamente si no sabía algo al respecto.
— Descansa, Naruto… —dijo en voz baja cerrando la puerta luego de ver cómo su cabizbajo sobrino se acomodaba para intentar dormir. Sabía aquello que intranquilizaba al chico, y aunque quiso darle una respuesta distinta, no quería darle falsas esperanzas. No importaba si llegaba a pensar que su misión había fallado.
/ooo/
Mientras caminaba por uno de los numerosos pasillos del hospital, atrajo la mirada de dos enfermeras. El imán de aquellas miradas no era únicamente su atractivo rostro ni la musculatura que se dibujaba bajo la túnica. También lo era el casi perfecto parecido con su difunto hermano, el cual tomó su máximo punto al llegar a los treinta. Sin embargo, Yuto aprendió a ignorar ese tipo de reacciones; ya sean las miradas poco disimuladas del género femenino, y uno que otro del suyo; o los comentarios y halagos que diariamente recibía. Ser familia de una leyenda tenía un precio poco beneficioso, y menos si se era hermano del mejor ninja en la historia de Konoha: Minato Namikaze, el Yondaime Hokage. Fue por eso que su llegada no pasó desapercibida. Cuando se estaba presentando ante la nueva Hokage, casi más de media aldea lo sabía.
Llegó a la habitación situada al final del mismo pasillo donde estaba la de su sobrino; en ella se encontraba el objetivo de, lo que esperaba, sería una charla corta y productiva. Ingresó tras cerrar la puerta. No esperó encontrarlo acompañado. Eso cambiaba ligeramente sus planes.
Sakura estaba regando una flor blanca sobre el marco de la ventana. A su lado, sentado sobre la cama, Sasuke veía a la nada. Permanecía ensimismado con la misma expresión fría con la que se despertó. No estaba tan vendado como Naruto pues se encontraba en mejores condiciones, no obstante, la Hokage le había prohibido levantarse hasta que ella lo ordenara. Aunque el Uchiha no daba muestras de contradecirla.
— Buen día, Sakura —saludó Yuto con suavidad llamando su atención, a sabiendas que el chico no respondería.
— ¿Ah? Buen día, Yuto-sama —respondió cortésmente sorprendida. Ella estaba al tanto de la llegada de Yuto Namikaze, pero no esperaba encontrárselo en aquella habitación.
— Sé que he estado fuera por mucho tiempo, pero no lo suficiente para olvidar quitar ese sufijo de mi nombre, Sakura —le recordó lo más amable posible; detestaba que agregaran el -sama a su nombre o a su apellido. Aunque, ni ella ni algún otro niño y joven de la aldea tenían la culpa de que sus padres les enseñaran que debían llamarlo de modo respetuoso. Todo por la sangre Namikaze.
— Lo siento, Yuto-san —se disculpó apenada con un leve sonrojo en su rostro— Es bueno tenerlo de vuelta.
— Gracias. —Sonrió cordial— Por cierto, Tsunade me dijo que le avisara si Naruto despertaba ¿Podrías hacerlo por mí? —El rubio notó el brillo en sus ojos verdes cuando supo que su amigo y compañero de equipo estaba consciente. Sin dudar, Sakura asintió energéticamente para luego salir del lugar. Un poco de alegría movió el interior de Yuto al saber que su sobrino tenía buenos amigos que lo querían y se preocupaban por su bienestar. Sin embargo, decidió centrarse en lo que debía hacer, así que tomó una silla y la acercó al lado de la cama antes de sentarse— ¿Cuál es tu respuesta, Uchiha? —preguntó sin rodeos, el pelinegro ya había tenido bastante tiempo para pensarlo. Al contrario de Naruto quien estuvo inconsciente más de un día; Sasuke solo durmió pocas horas, manteniéndose en silencio cuando despertaba.
/ooo/
Sakura caminaba rápidamente, reprendiéndose en su fuero interno por ser una descuidada. Había sido tanta la emoción por saber que Naruto había recuperado la consciencia, que salió de aquella habitación olvidando por completo la bolsa donde tenía una lista de cosas que su madre le pidió comprar. Para cuando lo notó, ya había salido del hospital y llevaba un buen tramo de camino hacia la oficina de la Hokage.
— ¡¿Por qué tanta prisa, Frentona?! —Escuchó desde su espalda deteniéndose al instante a pocos metros de la entrada del hospital.
— Ahora no tengo tiempo, Ino-cerda —respondió con una pequeña seña de irritación en su frente, mientras Ino se acercaba sonriendo burlona.
— ¿Cómo está Naruto? —preguntó ignorando olímpicamente el enojo de su amiga, causando que su enojo aumentara. El día anterior ya todos los novatos sabían que Naruto había regresado de su misión para traer de vuelta a Sasuke Uchiha, y que lamentablemente había fallado; en una de las conversaciones-discusiones entre el par de chicas, Sakura confirmó que iría a visitarlo temprano.
— Aun no lo he visto. —En ese momento Sakura recordó algo importante— ¡Es cierto! —. exclamó emocionada y segura de que a su amiga le agradaría la noticia— cuando iba en camino para ver a Naruto, escuché a dos enfermeras hablando de un nuevo paciente que había llegado ayer. ¿Adivina quién es? —preguntó con un poco de malicia sabiendo que la Yamanaka detestaba las intrigas.
— ¡Ya dilo de una vez, Sakura! —Funcionó. Ahora estaban empatadas.
— Ese paciente es S…
¡Boom!
Un estruendo se escuchó desde adentro del hospital; las chicas pudieron ver polvo y escombros salir por la ventana de una de las habitaciones del último piso.
— ¿Qué fue eso? —preguntó Ino en voz baja; para ese instante Sakura ya había ingresado al edificio— ¡Sakura espera! —gritó corriendo para alcanzarla. Mientras corrían escalera arriba, la rubia no entendía la urgencia de su amiga por llegar. Es normal que despertara interés por saber lo que sucedía, pero Sakura tenía una marcada expresión de preocupación en su rostro.
Estaban en el pasillo dónde provino el estallido, pocos metros antes de llegar a la última habitación; y otra explosión se escuchó a la vez que la pared se deshacía. El polvo generado disminuyó la visibilidad.
— ¡No! ¡Sakura! —Intentó detenerla en vano, ya que ella había ingresado a la nube desapareciendo de su vista. Ino decidió seguirla, pero una voz apenas audible la detuvo.
— Ino… —La aludida giró encontrándose con un Naruto que se sostenía con esfuerzo de la pared. Estaba en muy malas condiciones.
— ¡Naruto! —Ella se acercó rápidamente para evitar que cayera de frente—. No deberías moverte de la cama, tonto —reprendió mientras le ayudaba a acomodarse en su hombro.
— ¿Qué sucede? ¿Dónde está Sakura? —preguntó mirando hacia la espesa nube de polvo. Anteriormente le había parecido ver un cabello color rosa.
— No sé. Cuando escuchamos el estruendo, ella simplemente comenzó a correr. Se veía muy preocupada. Es extraño… —El rubio la miró interrogante— Es como si alguien importante estuviera relacionado con esto.
— ¿Alguien que conozcamos está aquí? —pensó que quizás se trataba de alguno de los que participaron junto a él en la misión.
— Sí, pero no están en este piso. Neji, Chouji y Kiba están un piso más abajo —respondió adivinando sus pensamientos. Era algo que les ocurría frecuentemente desde que se graduaron de la academia y su amistad se hiciera más fuerte. Naruto solía ser alguien apartado del resto, prefería estar sólo a causa del trato poco sincero que solía recibir de la gran mayoría de habitantes. Muchos escondían el odio que sentía hacia él, bajo una falsa amabilidad. Todo porque era sobrino de su salvador: Yondaime Hokage; e hijo del más fuerte candidato a Hokage: Yuto Namikaze. Pero, aunque en sus venas corría sangre legendaria, su interior encerraba al demonio que había causado destrucción a la aldea, y llevado numerosas vidas: el Kyubi.
Siendo tan solo unos niños, sin entender completamente por qué, muchos eran obligados por sus padres a mantenerse alejados de él y nunca llegar a irrespetarlo. Pero, la influencia de la infancia era más fuerte; algunos obedecían, unos lo molestaban e intentaban abusar de su actitud introvertida —aunque salían mal librados recibiendo un buen golpe de parte del pequeño rubio—; y otros pocos trataban de comenzar una amistad, ya fuese desinteresado o por su apellido. Al final, siempre los ignoraba. Fue luego de que su padre se marchara de la aldea, cuando su actitud comenzó a cambiar; era más alegre y social, por lo que creó lazos con cualquiera que se lo permitiera, incluyendo a Ino.
— ¿Y Shikamaru? —investigó preocupado al no escuchar que lo mencionara.
— Él fue el único que no salió gravemente herido, por eso no lo hospitalizaron. —El rubio suspiró aliviado, algo que enterneció a la chica. En ese instante, una figura entre el polvo, llamó la atención de ambos. Se tensaron un poco ya que podría tratarse de un ataque enemigo, y su condición no era muy favorable estando Naruto herido y ella siendo solo una genin.
— ¿No deberías estar en cama, Naruto? —habló la figura que identificaron de inmediato por su voz.
— Hoy he escuchado lo mismo repetidas veces, Kakashi-sensei, —Naruto sonrió leve cuando pudieron ver el cabello blanco y rostro semi-cubierto del ninja copia— Pero algo perturbó mi descanso, y como ninja que soy, es mi deber investigar lo que ocurre—El sensei sonrió ante tal respuesta. Ahí estaba Naruto de nuevo, buscando alguna buena excusa para salir airado de cualquier situación; tal vez, una de las muchas enseñanzas de su padre. Pero aún le faltaba mucho por aprender.
— Aun así, ahora eres otro paciente más, y tu deber como ninja ha sido temporalmente cancelado. —Kakashi supo que había ganado cuando la sonrisa del rubio se esfumó—. Si quieres saber qué pasa, lamento decir que no lo sabemos. —Con su mano les hizo una seña para que lo siguieran— Cuando llegamos, nada más había secuelas de una batalla —La nube de polvo se había disipado lo suficiente para dejarles ver el enorme agujero, este había agrandado la entrada. A través del orificio, pudieron ver un pequeño cráter en el piso justo al lado de donde se suponía debía estar la cama, y esta se encontraba con su parte superior pegada a la pared; y, por último, la forma triangular de la ventana se vio burdamente modificada.
— Kakashi-san, hemos preguntado a algunos del personal y a los alrededores del hospital, pero nadie vio algo —informó un jounin.
— ¿Dónde está Sakura? —preguntó Ino intranquila.
— ¿Ella estaba aquí? —interrogó Kakashi con seriedad. La rubia le contó lo sucedido con su amiga y su extraño comportamiento— Informa a la Hokage sobre esto —le dijo a su colega, pero antes de que se marchara lo detuvo— ¿Quién era paciente de esta habitación?
— Nadie lo sabe, se suponía debía estar vacía —le respondió para luego marcharse.
— Será mejor que regreses a tu habitación y descanses, Naruto —habló Kakashi con gravedad.
— No voy a descansar mientras Sakura está desaparecida, yo…
— Tú no puedes hacer algo en ese estado, y aunque estuvieras sano ¿Qué harías? —Su tono fue duro, pero Naruto comprendió que estaba en lo cierto. Ellos no tenían pista alguna de lo ocurrido, ni siquiera de los involucrados. Por más que el ojiazul quisiera participar en la investigación, obedeció. Ayudado por Ino, regresó a su habitación deseando que el chakra de aquel demonio encerrado en su interior, hiciera su magia con más rapidez.
/ooo/
Abrió los ojos con pesadez. Su visión borrosa no le permitía distinguir el lugar donde estaba. Sentía el piso frio en su espalda. Se incorporó con lentitud pues la cabeza le latía por el dolor, para sentarse y apoyar su espalda en la pared igualmente fría. Dirigió una mano a la parte de su cabeza que le escocía, y descubrió su humedad. Esperó impaciente a que su vista se aclarara, y pudo ver su mano manchada con sangre. Al menos ya sabía por qué estaba inconsciente.
Observando el lugar, vio que estaba rodeada por tres paredes grises y mohosas por la humedad, complementado por numerosos barrotes que servían, a la vez, de salida; todo ello confirmaba que estaba encerrada en una celda. Con dificultad, se puso en pie y se acercó a los barrotes para intentar ver el exterior. Al estar en una posición poco favorable, no podía ver el final de aquel pasillo iluminado escasamente por antorchas, cuya luz llegaba a su celda a duras penas.
Apoyó su frente en medio de dos barrotes, mismos que agarró con sus manos, mientras buscaba en su memoria alguna pista del motivo que la encerraba en ese sitio. Lo último que recordaba era escuchar el grito preocupado de Ino, antes que, impulsivamente, ingresara a la nube de polvo, y que luego entrara a ciegas a la habitación donde había sido empujada por una mano. Aunque, de algo estaba segura; justo antes de perder la consciencia, escuchó con claridad el chillido de un millar de pájaros, y ella solo conocía una técnica capaz de emitir aquel sonido: Chidori.
El ruido de cadenas al moverse la sacó de sus pensamientos. No estaba sola.
— ¿Quién está ahí? —preguntó insegura con la esperanza de aclarar sus dudas. Sin embargo, no recibió respuesta alguna; cuando estaba a punto de creer que simplemente se trataba de algún roedor, volvió a escuchar el mismo ruido. No era coincidencia— ¿Quién está ahí? —su voz se repitió como eco por la instancia.
— ¿Sakura? —escuchó al otro lado de la celda. El hecho de escuchar su nombre no la impactó, sino la voz que había identificado. Pero al reaccionar, entendía que no debía extrañarle, puesto que ella no había sido la única en esa habitación del hospital.
— ¿Sasuke-kun? —Quiso confirmar si el golpe no le hacía una mala jugada, luego de acercarse todo lo posible hacia la pared desde donde lo había escuchado.
— Sakura ¿Qué haces aquí? —Sí, era él; aquel tono frio en la voz que no desaparecía a pesar de las circunstancias, se lo demostraba. Para ella no pasó desapercibida el significado entre líneas de aquella pregunta, como si su interlocutor supiera más que ella.
— No lo sé. Desperté hace unos minutos.
— Bastardo… —le escuchó decir entre dientes, y aquello ya era suficiente para reforzar su última conjetura.
— ¿Qué sucede, Sasuke-kun? No recuerdo mucho, pero estoy segura de escuchar el Chidori y dudo que se tratase de Kakashi-sensei. ¿Contra quién luchabas? —Palabrerías como esas ponían de mal humor al pelinegro, pero en estas circunstancias, a Sakura no le interesaba su reacción. Lo más importante era buscar la manera de salir de ahí, y dependía de lo que él supiera para lograrlo.
— Eso no importa. Solo concéntrate en buscar la forma de escapar. Y debe ser rápido, él no tarda en regresar —habló más como una orden, y en su voz había un indicio de preocupación. Eso solo la confundía más. No obstante, no podía si quiera aceptar la idea de huir sin él.
— ¿A qué te refieres? No voy a dejarte…
— ¡Maldición! ¡Sakura, te matará si no lo haces! —exclamó con enojo y desesperación, dejando pasmada a la pelirroja. Era increíble cómo una vida pasaba de estar tranquila a pender de un hilo en un instante, y lo más cruel de todo, por razones desconocidas. Ella no tuvo tiempo para asustarse ni planear su escape, ya que unos pasos se escuchaban por toda la instancia y se acercaban con lentitud — Es tarde… Ha llegado…
La chica caminó hacia atrás hasta que su espalda se topó con la pared húmeda. Cada paso era una tortura. En un momento de ansiedad, su mirada buscó por todo rincón de la celda con la vana esperanza de encontrar cualquier cosa que la ayudara a no enfrentarse desarmada, contra quien sea que sería su verdugo. Fue inútil.
— ¡Bastardo! ¡Déjala! —Escuchó a Sasuke, y eso solo significaba una cosa: su captor estaba a pocos pasos cerca. El corazón le latía con rapidez y gotas de sudor recorrían su rostro. Sabía que, como ninja, debía encarar situaciones de vida y muerte, pero su vida como tal recién comenzaba, sumado al hecho de que solo era una niña. Si la persona que los retenía fue capaz de detener a Sasuke, ella no tenía oportunidad alguna contra ese ser.
Entonces, apareció siendo levemente dividido entre barrotes, por lo que era fácil reconocerlo; gracias a ello el miedo desapareció, y fue reemplazado por el asombro y una intensa confusión. Aun así, el nerviosismo permanecía intacto. Muchas preguntas surgieron en su mente, pero la más importante era ¿Por qué él?
Las circunstancias no cuadraban con un personaje como él, parado allí frente a ella, mostrando esa expresión neutral que oscurecía su semblante. Su cabello rubio brillaba tenue por la luz de las antorchas, y sus ojos habían perdido el tono azul a causa de la sombra que los cubría. A pesar de los cambios ligeros, en la aldea eran escasas las personas que no lo distinguieran; su fama lo hacía casi imposible. Bastaba solo verlo para que su nombre apareciera como efecto natural: Yuto Namikaze.
— No imaginé que alguien más se viera envuelto en esto. Lo siento mucho, Sakura. Pero no puedo dejarte ir…
