Título: Anhelo carmesí

Sumary: Era su juguete. El juguete que con desgano había arrebatado de las garras del maldito Sakamaki. Ella no tendría que repudiarlo pues su uso en ningún momento había cambiado. Sin embargo Yui vivía murmurando su nombre. Estando a su lado, cuando la abandonaba en su cuarto. Ayato. Ayato. No sería de él.

Cantidad de palabras: 592/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece, todo registro legal y de derechos son del diabólico Reject. CofHijosDeCordeliaCof :3

Advertencias: Spoiler. Basado en el Brute Ending de Ayato DL Dark Fate donde éste muere a manos de Carla.

OoOoOoO

Te amo Ayato

(Pero él no está aquí)

Creo en ti

(Pero no estas)

¡No pudiste haberte ido a ningún lado…!

(Pero tú no estás aquí y no puedo estar tranquila. Sigo viva, y de manera miserable…)

O
O
O

Sus pasos resuenan presurosos al romper el profundo silencio de la habitación mientras su silueta iluminada entre los rayos de luz de Luna avanza, rogando al tiempo y a la cordura que le abandonaran nuevamente y se ocultaran en la esquina de algún lugar.

Para entonces ser ella, la solitaria muñeca de trapo, quién escoge realidades y va pintando el mundo de matices claros, rojos apasionados y el verde esmeralda que recuerdan sus ojos rosados mientras lo mira en el espejo y finge que suelen platicar. El amor se convierte en obsesión y la locura en vida pues sin ellos no lograría sobrevivir, en esa casa hay fantasmas de color carmín.

(Pero Yui les da la bienvenida por las noches y se quedan el resto del día para hacerle compañía a la triste muchacha de piel color gris.)

Y caen ante ella los brillos de mil diamantes enardecidos en el manto estelar, y se vuelven sus suspiros los lamentos del viento que desatan la oda del caos y arrasan con la felicidad. No es consciente del sonido de la puerta al abrirse ni la figura de su amada ilusión sonriendo perverso mientras se le acerca.

No quiere entender que ese cuerpo delgado que la toma entre sus brazos en realidad es mucho más alto, más fuerte e imponente, que sus cabellos son tan blancos como la nieve y las puntas del mismo color que sus ojos enfrascados en sus ansias por besarlo.

Él la recorre con la mirada y no puede evitar suspirar embelesada. Susurra su nombre, una, diez mil veces hasta convencerse de es él quien la desnuda y hace temblar mientras se entrega apasionadamente a las garras de un retorcido amor que no desea abandonar. Las delicadas prendas que cubren la superficie de su cuerpo caen con descaro ante esos ojos nublados por el deseo.

(Y Yui gime en un tono bajo, tan bajo que desespera a ese impostor de manos tan suaves como el papel. Sus caricias se sienten como lijas y sus besos se obsesionan con su boca, intentándola poseer.)

Ayato, Ayato.

Repite hasta el cansancio, pero sabe que no es él.

Ayato, Ayato.

Vuelve a pronunciar, vuelve a herir, a reclamar. Hay un límite en su locura, y Yui intenta que él lo entienda, no es a él a quién desea, a quién se entrega. Que en sus ojos vacíos solo hay espacio para aquel que ella ama y quiere que la haga suya para siempre.

Es entonces que sus embestidas se hacen más fuertes, sus jadeos más sonoros y termina. Ambos se pueden ver. Carla suele besarla con cierta dulzura al final. Y ella está segura que él no se ha dado cuenta que su mirada se torna anhelante y suspira al saber que no será de él.

Dentro de ese hermoso y doloroso sueño, finalmente se ha roto. Los restos de cenizas cubren sus emociones, ocultando la verdad . Ha renunciado a Dios antes de que él la abandone y apuñalado la esperanza por detrás.

El sádico señor nocturno cumple sus violentos impulsos de desbordante carmesí, clavando los colmillos en su cuello y bebiendo de sus anhelos. Con el amor ideal deformado entre el sueño y la realidad, confesiones diluidas se hacen llamar mentiras.

(Pero ella sueña con estar a su lado, lo soportaría todo por permanecer junto a su amado)

El tiempo pasa, su estado avanza. Ha quedado embarazada y suspira aliviada, pensando que se detendría, sin embargo se ha equivocado porque Carla sigue visitándola por las noches y haciéndola caer. Le susurra depravaciones y corrompe sus acciones, hace promesas falsas con tal de controlarla y evitar que pueda lastimar a quién crece en sus entrañas, parte de su propio ser.

(Es tonta, pero no idiota.)

Aun ronda por su mente el recuerdo de la madre Subaru y en el fondo teme que su hijo pueda crecer como él. Se aferra al presente, dispuesta a sacrificar sus fantasías por ese bebé.

(Será un niño hermoso que tendrá el cabello rojo como la sangre y los ojos verdes idénticos a su padre.)

En el fondo Yui lo sabe. Lo que es verdad y mentira, pero no puede odiar a su propio hijo como a él. Lentamente su consciencia vuelve a caer en la irracionalidad, hundiéndose en los errores de sangre, aquellos días negros llenarían de distorsión su razón y la harán desaparecer.

Amaría a ese pequeño, era su castigo pero también se volvería la penitencia de su asesino. Sería el sueño inalcanzable hasta que acabaran por destrozarse. Volvería a esa, la historia de sus días de ira, dónde bebería del pecado como si fuera agua de manantial se tratase.

N/Kou: ¡Saludos! Estoy muy emocionada porque no esperaba que les gustara tanto la primera parte de esta historia, para agradecerles aquí les traje el punto de vista de Yui (espero no decepcionarlas) Me hubiera gustado contestarles a todos y agradecerles pero en este momento ando del celular y sería muy difícil. No sé, la tragedia de este final me ha gustado mucho xD Yui sabe que su hijo no puede parecerse a Ayato, no se preocupen, solo es su deseo. Un enorme saludo a todos, y muchas gracias por leer :3 assasdfghsdgf.