[Durante la cena]
—Me parece que tendré que verificar esa información —contestó Mizuki, viendo la Coil de Koujaku.
—No bromees, detesto cuando las fans hacen eso —carraspeó Koujaku, mientras tiraba migas de pan por la mesa. Estaba al pedo[?]
—Podríamos repartir camisetas con el logo de la banda —agregó Theo— seria una excelente estrategia de Marketing.
—Oh. ¿Estudiaste algo de eso? —examinó Haga-san con admiración.
—No, no —rió el rubio— solo lo aprendí trabajando con mi hermano.
—¡Yo opino que pongamos medusas voladoras por todo el monumental! —vociferó Clear con ánimo.
Todos parecían estar ocupados en su mundo. Todos, excepto uno. Ren. Quien no dejaba de batir su pie derecho de arriba hacia abajo con frenesí, mientras su diestra jugueteaba con un mondadientes sobre la mesa. Sus orbes ámbar curioseaban de lado a lado, impaciente. Como si realmente algo le incomodara. Y es que nadie parecía sentir la ausencia de Aoba. ¿Cómo es posible? Tampoco estaba el director. Eso se le estaba saliendo de las manos. Otra noche mas, con el director. El azabache se levantó.
—¿Huh? —examinó el bermejo— ¿A dónde vas?
—Iré por Aoba.
Una expresión algo preocupante se había formado en el rostro de Theodore. El sabia en donde estaba realmente. Y no era el baño.
—Ren-san... —trató de calmarle el alemán— Aoba-san dijo que iría al baño.
—Lleva 20 minutos ahí y nadie pareciera notarlo —culpó el baterista, tirando el mondadientes a la mierda—. Iré por él.
—Lo más probable es que esté estreñido —bromeó Koujaku.
—¡Ren-san! —llamó Theo al verle caminar hacia el pasillo principal— esto está mal... —se levantó para seguirle.
—¡Oe, espera! ¡Theo! —le siguió Mizuki.
Y ya que todos se habían levantado~
—Ah, bueh... —Clear también fue.
El azabache había llegado hasta el baño. Y tras comprobar que Aoba no atendía a su llamado en ninguna letrina, hizo un mohín, entrando ligeramente en desesperación.
Aoba.
Fue abriendo puerta por puerta. Desde los salones hasta las oficinas. Algunas, con llave, impidiéndole el paso. Comenzaba a inquietarse. Sus pasos eran cada vez mas rápidos.
Al acercarse a las escaleras principales, se encontró de frente con un mayordomo.
—¿Donde está la oficina del director?
Fue señalada.
Y bastó que tan solo se asomara un poco al pasillo del director, cuando un sonido en seco le alertó. Parecía ser un vaso, golpeando algo hueco. Tragó saliva, a lo que sus pies le conducían con lentitud. No dudó en girar la manilla, aunque estuviese cagado de susto con lo que encontraría. Se armó de valor.
La escena, le había robado el aliento.
—Ren... —musitó Aoba.
Aoba y el director, se estaban besando de una forma completamente obscena para él.
-0-
¿Qué es la sensatez? Yo podría catalogarla como una forma muy audaz de defensa, haciendo énfasis a la posibilidad de simplemente, atenerse de comentarios o acciones. Ciertamente, la sensatez es la cualidad que tienen las personas que muestran buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y decisiones. Si. Eso es. Ren...es una persona sensata. Y quien hubiese imaginado, que llegaría a reaccionar así...
—Maldito —gruñó Ren con ira. Fue como si le hubiesen metido un cactus en el culo— ¡¿Qué crees que le haces a Aoba?!
El baterista se había lanzado contra Noiz como una bestia salvaje. Como cuando ves animal planet en época de celos.
La sensatez, es la primera cosa que se pierde en casos así. Un solo puñetazo se clavó en la mejilla del germano, tirándolo al suelo. Claro que no se iba a quedar sin defenderse. Los papeles volaron, los gruñidos también. Y si bien, la batalla se hizo campal en el suelo —sin llegar a nada concreto—, los celos habían nublado los sentidos de ambos contrincantes.
—¡Ren, ya basta! —chilló Aoba. Separarlos se veía realmente imposible. El agarre que tenía su compañero de banda era grotesco— ¡Noiz!
—¡Gheh! ¡Infeliz! —berreó Noiz, devolviendo los golpes.
—¡¿Cómo te atreves?! —se defendió el azabache.
El escándalo alertó rápidamente a algunos asistentes, que desde los pasillos notaron el conflicto. Los primeros en entrar, fueron los demás integrantes de la banda, lo que a los pocos segundos les siguió Theodore y Clear. Tal y como temía el rubio menor. Ren los había descubierto.
—¡Ren! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —vociferó Mizuki, separándolos. El pelirrojo había pasado sus brazos por debajo de sus axilas para alejarlo— ¡¿Has perdido la cabeza?!
—¡Hermano! —alertó Theodore, copiando al bermejo al separar a su familiar— ¡Tranquilízate!
—¡Maestro! —aulló Clear, separando a Aoba. Nada que ver la wea[?].
—¡¿Por qué a mí?![?] —Aoba no entiende nada.
—Díganme que esto es una broma —murmuró Haga-san con un aura del terror— ¡¿Pero qué significa este escándalo?!
—¡Suéltame Mizuki! —clamó Ren, completamente fuera de sí. Sus manos y sus pies se movían sin control alguno, intentando alcanzar a su presa— ¡Voy a matarlo!
—¡Inténtalo si puedes! —contestó Noiz con violencia.
—¡Geh! —exclamó el bermejo, intentando controlar al azabache. Ya se le estaba saliendo de control— ¡Ren! ¡Abre los ojos! ¡Es el director! —simplemente parecía no hacerle caso ni madres— ¡Koujaku! ¡No te quedes ahí parado y ven a ayudar!
Koujaku, quien estaba afirmado en el marco de la puerta, soltó una risa infantil.
—Jah. Deja que lo mate —masculló—. Por mí, no te detengas.
—¡Koujaku! —protestó Mizuki al encontrarse completamente solo.
Y como si la situación no estuviese mas fuera de control, un montón de guardias armados hasta los dientes, irrumpieron con violencia la escena.
—¡Se acabó el show! ¡Quedan detenidos!
—¿Quien los llamó? —inquirió Aoba anonadado con la presencia de los uniformados.
Clear se alejó muy lentamente de la escena...[?]
Al menos eso había funcionado para que la pelea se disolviera. Sin embargo...
Comisaria. 2:12AM.
La gran reja de metal se cierra con fuerza. Noiz, Aoba y Ren, estaban detenidos.
Uno de los policías, le entregaba las pertenencias a Aoba.
—Unas llaves, un cupón de descuento, dos caramelos vencidos, un clip.
Ahora a Noiz.
—Una tira de 20 condones con sabores frutales...
Ok. Todos miraron a Noiz. Este se encogió de hombros. Alguien por ahí tosió.
—Ah, y un conejito de chocolate —luego observó a Ren— usted...usted no tiene nada.
—Solo necesito aire en los pulmones —se encogió de hombros el azabache.
—Claro, y las ganas de golpear personas ¿No? —agregó el oficial, empujándolo a la celda— a dormir chico bonito.
Los tres fueron encerrados en la misma celda. Por desgracia para Ren y Noiz, quienes se mostraban muy magullados. El más perjudicado era el rubio, con un par de moretones en la comisura de sus labios. Aoba se encontraba en una encrucijada. Si bien, ambos le preocupaban por sus estados, no era como si pudiese elegir un bando. Si velaba por Noiz, Ren se pondría celoso. Si velaba por Ren, seria Noiz el celoso. ¿Qué cagada?
—Etto...¿Cómo están? —examinó el Seragaki con inocencia.
—Bien —contestaron al mismo tiempo. Ni para qué seguir insistiendo [?]
Bien, no más preguntas por hoy. No era la primera vez que Aoba era detenido. Recordó que de antaño, en los primeros meses con la banda ya le habían detenido junto con Koujaku, por que éste último se había embriagado y enfrascado en una revuelta, con un chico que coqueteaba a "una" de sus chicas. Sin embargo, esta vez era distinto. No era como si pudiese defender a alguien, ya que técnicamente estaba de ambos lados. Y, por sobre todas las cosas, en un país extranjero al suyo. Suspiró resignado. Los minutos pasaban, y Noiz se mantenía con los brazos cruzados en una esquina. Su expresión facial delataba su molestia.
Ren por su parte, se había dormido en la banca, al lado del peliazul. El frío en la celda comenzaba a calar los huesos. Aoba tembló.
En cuestión de segundos, la chaqueta del alemán cayó en su espalda con suavidad. Ni si quiera la había pedido.
—Gracias... —murmuró el Seragaki, ligeramente sonrojado.
Pero Noiz, no dijo nada más.
El ambiente estaba sutilmente tenso. ¿Que se supone que debía hacer? Esto parecía un triangulo amoroso.
La celda se abrió.
—Tú, el rubio —llamó el oficial— han pagado tu fianza. Estas libre.
El ojiverde soltó un graznido incómodo, regalándole una última mirada a Aoba. "Te sacaré de aquí", expresó, retirándose. Ciertamente no era de extrañarse que pagaran la fianza de Noiz. El era un director y además una estrella reconocida.
Y no pasó mucho tiempo para que la celda volviera a abrirse. Era Haga-san junto con los demás.
—¡Aoba-kun! —chilló el mayor— ¡Al fin nos han permitido venir a sacarte!
—Aoba. Ren —llamó Koujaku—. Tch...ese enano —masculló con molestia—. Me las pagará por haberte encerrado aquí.
—Sabes que él no fue —expresó Aoba algo incómodo. Ren había despertado, producto de los sonidos—. Han venido por nosotros —le habló a su compañero, mas no recibió respuesta alguna. El azabache estaba en completo hermetismo. Oh vamos. ¿Realmente me está culpando por esto?. Y como si no tuviéramos suficientes problemas, a la salida de la comisaria, una horda salvaje de periodistas, flashes y paparazis nos asaltaron— ¡Woah! ¡¿Q-que significa esto?!
—¡De prisa, suban al vehículo! —exclamó el manager. Aprovecharía de cubrirles la cabeza a los demás integrantes, con una chaqueta.
—¡Sly! ¡¿Es verdad que mantienes una relación amorosa con tu director?!
—¡¿Eres alcohólico?!
—¡¿Que le dirías a tus fans por este escándalo?!
—¿E-eh? —el Seragaki estaba aturdido con sus preguntas. ¿Pero que demonios...? — n-no entiendo que me están preguntando...di-disculpen. Disculpen —se alejó.
—¡Ren! ¡Danos una entrevista! —aulló una periodista.
-0-
—Y en otras noticias. Los controversiales artistas de la noche —anunciaba una periodista— el reconocido compositor, Noi-...
La televisión es apagada.
—Un asco —gruñó el mayor—. Simplemente, un asco —redundó, levantándose de su silla. Noiz vestía a mal traer su camisa. Incluso parte de su corbata estaba mal puesta. El padre servía algo de Whisky antes de continuar con la reprimenda—. No puedo creer que te hagas llamar, mi hijo.
—Debiste haberlo pensado mejor antes de hacerme —comentó Noiz, completamente indiferente a su regaño.
—A veces llego a pensar —bebió el liquido de golpe, arrugando la nariz con violencia— que tu cabeza yace en tu entrepiernas, y no en donde debería estar. Sobre tus hombros.
—Jm —rió con irreverencia—, como si no sirviera para algo más.
Una bofetada. Fue lo único que recibió en respuesta. El rubio menor hizo un mohín de indolencia.
—Eres una maldita vergüenza —declaró el progenitor—. Solo sabes deshonrar el nombre de nuestra honorable familia —agregó, paseándose por alrededor—. Ni si quiera eres capaz de darte cuenta del escándalo que acabas de cometer. Mi hijo. Involucrado con un cantante de cuarta. ¡Japonés!
—Ganaste mucho dinero a costa mía ¿No? —protestó Noiz— Es por eso que te molesta.
—¡Yo, tuve que pagar tu fianza! ¡Yo! —bramó con ira— ¡Siempre he sido yo, el que ha pagado toda tu desgracia, tu falta de inspiración! ¡Tu quiebra; la pseudo-carrera musical que llevas!
El ojiverde, calló.
—¡Tu propio hermano, vino implorándome para que te sacara! —y fue como si eso le hubiese molestado más que el hecho de verlo encarcelado— ¡Por mi te hubieras podrido en esa ratonera!
—Bendito seas, Theodore —ironizó.
—Agarrándote a combos, cual callejero, con el baterista de la banda que tú mismo financias —masculló entre dientes— revolcándote con el líder, en los pasillos de mi empresa, semejante burdel.
—Querrás decir, mi empresa —aclaró— y si tanto te molesta que los financie —indicó Noiz— deja ya de entrometerte.
Eso sonó como si hubiesen tocado las campanas de una misa sepulcral. Los ojos del padre se empequeñecieron considerablemente. Le había asesinado con la mirada.
—No me provoques, muchacho —amenazó.
—Si realmente quisiera hacerlo... —se mofó el rubio menor.
Segundos de silencio...
—Te diré lo que va a pasar —Noiz se sirvió un trago, antes de reanudar la conversación de lo más natural— y ya que te veo tan interesado en esto —rió— yo, me voy a casar con Aoba. Si, el cantante de cuarta. Que es japonés —bebió un sorbo— luego, revenderé las acciones de mi empresa, a la corporación de Theo. Ya que soy el director, yo financio y hago lo que se me viene en gana. Y tú, ya no serás parte de mi directiva —anuncio en definitiva— quitaras todos los fondos invertidos desde mi retiro, ya que técnicamente he vuelto a las pistas y mi inspiración... —mascó el hielo— está a flor de piel, gracias al cantante de quinta, que tu tanto odias.
—¿Crees que puedes venir y quitarme lo que es mío? —gruñó el mayor, dejando espasmos ligeros de cólera— yo invertí en esa empresa.
—Era, tuyo —esclareció Wilhelm, caminando hacia la salida— y estas equivocado en algo —aguardó, antes de agregar— yo, soy tu mayor inversión —bufó por última vez, retirándose— ¿No te divertiste explotándome?
Todas las cosas del escritorio del progenitor, volaron a la mierda. La furia se había apoderado de su cuerpo. Claro que no se iba a salir con la suya. No lo permitiría.
Era hora de una llamada.
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—Jefe —exclamó Virus— ya nos estábamos comenzando a preguntar en donde se había metido.
—Ya saben lo que tienen que hacer —demandó el mayor.
—¿Escuchaste eso Trip? —bufó el rubio— es hora de divertirnos un poco.
—Lo disfrutaré un tanto —comentó Trip con una sonrisa morbosa en su rostro.
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—¿Y bien? —inquirió Haga-san; de brazos cruzados en frente de los muchachos— ¿Me van a explicar que fue lo que sucedió, exactamente?
Habían regresado al hotel, no obstante, parecía como si hubiesen vuelto de la guerra. Todos los integrantes de la banda permanecían en silencio, cabizbajos, algo tensos. Con una actitud completamente derrotista ante los hechos. Aoba tomó aire para exponer primero.
—Haga-san...yo...
—Lo siento —interrumpió Ren, en un tono absolutamente sumiso. Con una sola reverencia, observó sus pies sin ninguna expresión aparente en su rostro—. Todo ha sido mi culpa. Pido perdón a mis amigos.
Aoba sintió como si le hubiesen dado una estocada certera en el pecho. Directo en su corazón. Esa contracción compungida del órgano vital, le robó el aliento. Y la razón, era simple. Al referirse a "amigos", claramente no estaba incluyendo al Seragaki.
—Todo fue un mal entendido. Estoy muy arrepentido —agregó Ren.
Otra mentira.
Koujaku suspiró.
—¡Mah! Ya no estén torturando al pobre de Ren —exclamó Koujaki; le dio un par de palmaditas en la espalda— yo en tu lugar, hubiese hecho lo mismo —y hacía referencia al hecho de golpear a Noiz— hacía tiempo que tenía ganas de partirle la boca —se mofó. Ah, pero nadie se había reído con su mal chiste— lo siento, es la verdad.
—Al menos no pasó a mayores —comentó Mizuki— el director pudo haber presentado cargos. Sin embargo, no lo hizo.
—¿No lo hizo? —parpadeó el peliazul, atónito. Pensaba que el rubio odiaba a Ren.
—No. De hecho —agregó Haga-san— no dijo nada al respecto del asunto. Cuando el oficial le preguntó quien había tenido la culpa del conflicto, el se inculpó así mismo.
¿Noiz se había echado la culpa de todo? ¿Por que haría algo como eso? Y a los ojos de lo que podría parecer un súper héroe, al parecer, esa noticia solo había cabreado mas a Ren.
—¿Puedo retirarme ya? Estoy muy cansado —anunció el baterista, abatido.
—Es cierto. Sera mejor que vayamos todos a dormir —exhaló el manager— hoy fue una noche muy agitada y mañana, es el gran concierto.
—No sé cómo demonios veré a mis fans mañana —negó el guitarrista. Koujaku siempre tan irónico.
—Con la misma cara de siempre —contestó el pelirrojo— no seas melodramático. El conflicto ni fue contigo —explicó, caminando hacia su habitación.
—¿Jah? Pero claro que fue conmigo —dilucido— si es con Aoba, es con todos. Tch...
Y mientras todos se retiraban a sus habitaciones, el ojilino solo podía contemplar con ineptitud, la espalda de su baterista.
No.
—Ren —llamó Aoba.
Se detuvo en la puerta. No sabía muy bien por donde empezar, después de todo no habían cruzado palabra alguna luego del incidente —si es que se puede llamar así. Demasiadas ideas y palabras para una sola conversación. ¿Quizás no era el momento adecuado? La incertidumbre..
—Ren. Yo...
—Ahora no, Aoba —negó con la cabeza, sin molestarse a verle. Su voz parecía apagada, sin brillo— ahora no.
—Por favor, escúchame —apretó sus puños. No era alguien cobarde, ni nunca lo seria. Menos con sus amigos. Sentía la salvaje necesidad de explicarle lo sucedido o no podría dormir— lo que pasó hoy entre Noiz y yo...
—Noiz —llegó a jadear el azabache. Ahora ya no le llamaba director. Era "Noiz". Ren giró su rostro hacia el vocalista y esbozando una mirada llena de desamor, musitó— Aoba...
No lo digas.
—Tu...
Por favor...no lo digas...
—Me has roto el corazón —sonrió forzado.
Hasta para declarar tragedias sentimentales, Ren era cálido —por no decir tierno. Mierda, que alguien me mate por favor. ¿Que mas podía hacer? El pelinegro había cometido suicidio al revelarle eso al Seragaki. Encima, parecía torturarle con la culpa de haberlos visto besarse. ¡Solo fue un beso!. Claro que no. Si Ren no hubiese aparecido en esos momentos, ni la piel hubiese sido desnudo suficiente para ellos.
Trató de emitir palabra alguna, mas sus labios se abrieron y cerraron sin fructuoso vocablo. Estaba rendido a su declaración, y la culpa, sería su némesis. Nunca fue fácil asumir que le rompes el corazón alguien. Mucho menos si es tu mejor amigo.
No podría hacer nada para remediarlo. Y es que no podía, simplemente, corresponder los sentimientos del azabache, porque su corazón...
—Lo siento —musitó Aoba. Sus orbes ámbar eran escondidos en la penumbra de su flequillo— lo siento mucho... —y se retiró a su recámara.
Era de alguien más.
La palabra traición danzaba en sus pensamientos por esas altas horas de la madrugada. Se mofaba de su adolorido pesar. Porque si bien, Aoba tampoco era nada de Ren, —así como de Noiz—, llevar el peso de un corazón lleno de sentimientos hacia su persona, no era simple. En este triángulo, alguien debía salir perjudicado. Siempre seria así.
—No puedo —habló en voz alta. El Seragaki terminó abrazando su almohada, y las palabras de su compañero retumbaban en su cabeza— "no me interesa si Sly toma posesión de tu cuerpo" - "Yo le hice el amor a Aoba" —negó, escondiendo su compungido rostro en la cabecera— ¿Por qué...?
¿Cómo explicarle a Ren...que era Aoba, quien besaba a Noiz esa noche, y no Sly? Las lagrimas rodaban por sus mejillas con infamia. Dolía. Dolía como los mil demonios.
Te he fallado.
-0-
—...¿Cancelado...? —Aoba estaba en shock.
La escena se asemejaba bastante a un homicidio de película. El concierto, a tan solo horas a portas de comenzar, había sido cancelado. Koujaku golpeó la pared con furia, agrietando la madera mientras maldecía a las madres de la antigua profesión —putas. Mizuki, tomó asiento. Ren, ni habló.
—¿Como...que...cancelado? —redundó Aoba, con los hombros sometidos.
—Lo siento mucho chicos —murmuró Haga-san, subyugado a la noticia. La resolución era definitiva.
—No les costaba nada habernos avisado —reclamó el bermejo con incomodidad— adiós a mi maldita carrera.
—¡Esto es inaceptable! —berreó Koujaku— ¡No pueden simplemente cancelarnos y ya! ¡Hay muchas cosas de por medio!
—Pueden, y lo han hecho —concluyó Ren.
—¡Grhg! —gruñó el guitarrista, mostrando los dientes con cólera— ¡Voy a matar a ese brote de soja!
—No, no, no —negó con la cabeza el hombre mayor— no fue el director quien nos canceló.
—¿Eh? ¿Entonces quien pudo habernos hecho esto? —inquirió Aoba anonadado con la noticia.
-0-
—¡¿Theo?! —vociferó sobresaltado el peliazul. El papel con la orden no mentía.
Noiz dejo escapar un quejido ante su declaración. A pesar de lo que estaba pasando, el germano no perdía el control de la situación. Nervios de acero por sobre todas las cosas.
—Claro que no fue Theo. Fue mi padre. Usando el nombre de mi hermano.
El Seragaki gesticuló una expresión de desconcierto. Y es que ciertamente no conocía al padre de Noiz. De hecho, no era como si quisiera intervenir más allá del asunto, pero por alguna razón había llegado hasta su oficina.
—Noiz —aclamó Aoba. Lentamente había caminado hasta el, mas no alcanzó su cuerpo del todo. Tampoco habían cruzado palabra desde la última vez que hablaron. Seria incómodo— se que no soy nadie para preguntarte esto. Pero —tragó saliva— ¿Hay algo que no me estés diciendo?
Para su sorpresa, Noiz suspiró resignado. Estaba abierto al dialogo, después de todo era su concierto el que estaba cancelado. El ojiverde le invitó a tomar asiento, iniciando una conversación relativamente extensa respecto al tema.
—Entiendo, así que los patrocinadores son de él —el ojilino estaba al tanto de la noticia, pero no creyó que realmente tuviera semejante poder sobre Noiz— ¿No hay algo que podamos hacer al respecto? Quiero decir...hn... —Aoba bajó la cabeza con una expresión rendida.
—Hey... —Wilhelm había notado su apariencia. No dejaría que se sintiese mas mal de lo que ya lo hacía. Tomó su mentón— mírame. Tú no tienes la culpa de nada.
Aoba alzó la vista, conectando su mirada en un ambiente cálido. Estaban solos en la oficina del menor y de alguna forma, parecía como si nadie pudiese derribar esa puerta para interrumpirles ahora. Noiz es tan sincero...
—No permitiré —declaró— que nadie nos separe. Ni si quiera mi padre —y eso era una afirmación definitiva. Los ojos del rubio destellaron al susurrar lo último. Qué forma de aclamar tus labios...
Aoba corrió la cara. No era como si realmente deseara rechazar uno de sus besos. Sin embargo, aun sentía muchas incoherencias en su interior. Noiz hizo un mohín. Suspiró, alejando su rostro del suyo.
—Eres injusto.
—¿Que vamos a hacer con el concierto? —comentó el Seragaki ligeramente sonrojado— me preocupan las fans.
—Ni te preocupes de tu popularidad —mencionó el ojiverde— con el escándalo que protagonizamos, solo te has vuelto más deseable.
¿Deseable? Esa palabra sonaba a declaración. ¿Deseable para quién? Porque ciertamente, el único que anhelaba una oportunidad a solas con el Seragaki, era Noiz. Y aunque eso le bastase para orientar sus ideas, no le dejaba conforme como una solución al problema. Aoba se dejó caer a la oficina del rubio, a petición de Haga-san. Claro que no lo diría así. Suficiente tenía con la crisis que se había armado con su compañero de banda.
El peliazul calló, observando sus pies, cual pieza de arte.
—Ya he arreglado un acuerdo con Theo —mencionó el alemán— darán un concierto más pequeño, eso según él, será buena estrategia; lo hará mas exclusivo. Mi hermano tiene un centro de ensayo fuera del alcance de mi padre. Serán trasladados ahí hoy en la tarde.
—Noiz —musitó apenas.
Tenía que admitir, que las decisiones del rubio le dejaban mucho a la imaginación. Siempre tan serio e intenso en todo. Incluso para cosas así. Aoba suspiró con tranquilidad, levantándose de su silla.
—Muchas gracias, en verdad —reverenció. Sus costumbres no empeorarían por estar en otro país. Su pecho se había agitado tenuemente, al contornear la espalda de su contrario. Tan recio y bien parado. Nunca hubiese imaginado que resultara ser un hombre maduro y practico. Noiz me parece muy atractivo.
El director no dirigió palabra alguna. Su concentración yacía en el gran ventanal de su oficina. Esperaba que el ojilino se retirara de la habitación, mas no lo hizo.
—¿Qué pasa? —inquirió al notar que Aoba seguía ahí.
—Me enteré que no levantaste cargos sobre Ren —menciono el Seragaki, rascando su mejilla derecha con inocencia— y que cuando el oficial te pregunto, que, que había pasado —aguardó algo de silencio antes de reincorporarse— tú te inculpaste.
—¿Jah? —Noiz volteó el cuerpo, arqueando una de sus cejas.
—También quería darte las gracias por eso —volvió a reverenciar, sutilmente sonrojado— eres realmente muy bueno. Creí que odiabas a Ren
—Claro que lo odio.
—...¿eh?
—¿Qué piensas? —el director arrugo el entrecejo— la única razón por la cual no levanté cargos contra él, es porque no podía reemplazarlo en el concierto de hoy, y ciertamente no iba a perder esa cantidad de dinero por una estupidez como esa —se encogió de hombros— por mí, se pudría ahí.
—¿E-entonces...? —parpadeó Aoba. No entendía nada— ¿Por qué te echaste la culpa?
—Por que la tuve —sonrió ladino— olvide cerrar la puerta esa noche.
Simple.
Tan simple y sincero, que llegaba a doler. Ni si quiera lo hacía por el peliazul, si no que por propios fines que él consideraba apropiados. Aoba frunció el ceño, repitiendo la reverencia antes de retirarse del lugar con un último "gracias". Ni para que quedarse. Decir que estaba desilusionado seria estúpido. Técnicamente no eran nada y Noiz, era su jefe.
Y si no son nada. ¿Por qué demonios se sentía arder por dentro? A la mierda. Que se joda Noiz.
—Idiota —se repitió el Seragaki, mientras bajaba las escaleras del gran edificio en dirección a la salida— ¡Idiota, idiota, idiota, idiota! —vociferó encolerizado. ¡¿Como podía llegar a pensar que lo había hecho todo por él?! Ni que estuviese enamorado. Se maldijo mentalmente. No porque se hubiese ofrecido a ayudarle con sus inspiraciones, el rubio tendría que ser condescendiente con él, dándole un trato especial. Terminó chocando con alguien— ¡Itt-...! Di-discúlpeme... —parpadeó— ¿Theo?
—Ah. Aoba-kun —saludó el germano algo tímido. Sabía lo que había ocurrido y seguro, el vocalista le vería como su enemigo número uno. Quizás era la última persona con la cual desearía encontrarse un día así— oye...con lo de la cancelación del concierto... —estaba todo compungido.
—No hace falta que lo expliques —murmuró Aoba rendido— ya he hablado con Noi-...quiero decir, con el director y esta todo aclarado —sonrió. ¿Y qué culpa tenía el pobre de tener un padre tan mierda?
El rostro del rubio se iluminó.
—Cielos, cuanto lo siento —respondió afable, rascando su nuca— en verdad, no sé en que estará pensando mi padre últimamente —y es que también le había afectado.
—Ah. Pero no te preocupes por eso ya —aseguró el Seragaki— todo ya esta hablado y resuelto. Daremos el concierto igual.
—Sí. Es lo que hablamos con mi hermano —musitó Theodore— ¿Sabes? Admito que me sentí muy culpable por el asunto, así que arreglé un ensayo para hoy en la tarde y todo eso. Nadie nos molestara ahí.
—Muchas gracias —reverenció el peliazul, con una sonrisa de mejilla a mejilla.
—Y en verdad, nuevamente te pido disculpas —redundó el alemán— sobre todo por el incidente con mi hermano. El es algo impulsivo. Jamás lo había visto reaccionar así —admitió asombrado.
—Ah, no, no... —negó muy apenado— soy yo quien les debe una disculpa. Noiz y tu...han sido tan buenos con nosotros —expresó sumiso— pido perdón por como actuó mi amigo Ren. El también es muy impulsivo. Fue todo un mal entendido —rió con nerviosismo.
—Un mal entendido —arrastró Theo— claro que sí. Solo un mal entendido —Aoba había escuchado eso, mas no dijo nada— no contaba con que Clear llamaría a la policía. Quede tan preocupado, que fui a penas pude a la comisaria para liberarlos. Mi hermano estaba tan cabreado, que se largó.
La sonrisa se borró del rostro de Aoba. Casi como si hubiesen asesinado a alguien.
—¿De qué hablas? —su voz se había apagado. Los ojos del Seragaki acabaron escondidos en la oscuridad de su flequillo— ¿Estás diciendo que fuiste tú quien pago mi fianza?
—Claro. ¿Pensabas que te iba a dejar ahí? —explicó Theodore muy seguro de sí mismo— tu eres nuestra estrella Aoba-kun.
Qué asco...
De pronto, el rostro de Aoba empalideció, suscitando preocupación en el rubio. Como cuando quiebras algo importante. Así sonó en su interior, de forma palpitante. Ni le importó sacarme de ahí.
—¿Aoba-kun? —examinó el rubio con preocupación— ¿Te sientes bien?
—Estoy de maravilla —respondió Aoba en una sonrisa cálida. Completamente hipócrita— ya debo irme. Estoy retrasado para el ensayo y debo avisarles a los demás.
—¡Ah! Es cierto. Lamento retrasarte —se despidió el ojiverde— casi lo olvido. Luego del ensayo, quiero que vengas a cenar conmigo —le entregó una tarjeta— la dirección esta ahí. Mi chofer te pasara a recoger a eso de las 21:00 —sonrió— aun hay cosas que afinar antes del concierto.
El vocalista recibió la tarjeta como si fuese una invitación a un funeral. Su propio funeral. Su dedo pulgar apretó el cartón, con intento de arrugarlo y lanzarlo lejos. Mas no lo hizo. Theodore no tenía la culpa de su disgusto.
Y ya para cuando recorría las calles de Berlín, de regreso al hotel, sus pensamientos simplemente ya no estaban ahí. Aquella pelea interna, entre su mente y corazón.
—Lo odias —Sly.
—No lo odio.
—Claro que si lo haces. Deja de negarlo —rió— es un maldito egoísta, que solo piensa en su beneficio.
—El ya lo ha dicho, soy su inversión.
—¡No seas estúpido! Tu no necesitas de él. El necesita de ti.
—¿Que insinúas?
—Déjamelo a mí. Yo me encargare de él.
—No.
—¡Eres débil!
—No...
—¿Que no te das cuenta? El no te quiere a ti, me quiere a mí.
—Te quiere a ti...
—Es a mí a quien desea —demandó— le daré lo que tanto quiere —sonrió con perfidia.
—Le...darás...lo...que...quiere... —reboso Aoba, completamente rendido.
Todo se volvió oscuro.
-0-
—Aoba —demandó Koujaku— al fin despiertas —agregó con alivio.
Sus parpados se agrietaron con dificultad, recibiendo la luz de la habitación con molestia. Su rostro se endureció en respuesta, observando su entorno algo desalentado. ¿Como había llegado hasta ahí?
—¿En dónde estoy? —examinó el peliazul, completamente desorientado.
—¿No lo recuerdas? —manifestó Mizuki frente a él— tu nos llamaste.
—¿Yo? —parpadeó.
—Sí. Le enviaste un mensaje a Ren, informándole que teníamos lugar de ensayo —explicó Koujaku— y que habías resuelto lo del concierto.
—¿Y-yo hice todo eso? —repitió aun mas desorientado. Una punzada brutal golpeo su nuca, llevando su diestra a su cabeza— dios, esto duele —lo peor de todo, es que no recordaba haber enviado tal mensaje. Mucho menos a Ren, quien permanecía apoyado en el marco de la puerta sin dirigirle una sola mirada. Al levantarse ya de lleno, pudo verificar que se encontraba en una habitación llena de instrumentos. Era el lugar de ensayo— lo siento, no recuerdo como llegue aquí. Yo solo sé que iba caminando y de pronto...desperté aquí.
Mizuki y Koujaku se observaron con complicidad, como queriendo decir que sabían que había pasado. Y eso solo tenía una explicación coherente: Sly.
—¡Mah! No te preocupes ya por eso —sonrió el azabache— ya estamos aquí. Haga-san esta con los de producción. Remontaremos esto todos juntos. ¿No? —sonrió con placidez.
Aoba asintió, aunque algo incómodo por no recordar que había hecho con anterioridad. Cuando Sly tomaba posesión de su cuerpo, siempre hacia lo que se le venía en gana. Era un mimado.
El lugar era mucho más pequeño que el anterior, pero con seguridad aquí no serian molestados. El propio manager había instalado todos los instrumentos de la banda, con la ayuda de algunos trabajadores del recinto. Cada uno tomó posición sobre el escenario; fue así como dio inicio la prueba.
Quizás el sonido acústico no era de última generación, pero se estaba cumpliendo el objetivo, de no haber sido por que alguien reapareció por la puerta principal. Era nada más y nada menos, que Noiz. Era obvio que asistiría. Tenía que cuidar su inversión.
Apenas se asomó en el campo de visión de Ren, un chirrido ensordecedor interrumpió la práctica, logrando que casi al instante, el ojilino se levantara de su taburete y se largara a quien sabe dónde. Su sola presencia le había revuelto el estomago, generando una expresión de asco en su rostro.
El pecho de Aoba se contrajo con potestad. Ren no iba a ensayar en su presencia, de eso habíamos quedado todos claros. Incluso Noiz; a quien ciertamente le importaba una mierda.
—¡Ren! —llamó Haga-san, mientras corría tras de el— u-un momento director, ya voy por él.
—No importa —demandó el rubio, sentándose en la primera fila— continúen.
—No tenemos baterista —protestó Koujaku, quien también se había cabreado con su presencia— ¿Como pretendes que continuemos, genio?
—Sin el baterista —arqueó una ceja— cuando quieran —dio la orden de seguir.
Los tres integrantes se observaron algo incómodos. No iban a terminar de hacerlo porque a alguien se le había ocurrido generar un berrinche.
Mizuki asintió rendido a la idea.
—Desde arpegio en Do mayor —el pelirrojo acomodó su bajo— y...
La melodía dio inicio, incluso en ausencia de su baterista. Sin embargo, Aoba mantenía la vista pegada en sus propios pies. Un palpitar. Segundos después, aquellos orbes ámbar, ansiosos por comenzar, habían reaparecido. Una sonrisa maquiavélica se dibujó en la comisura de sus labios.
—Sly —Noiz se compungió ligeramente.
Todos se habían percatado del cambio de voz del Seragaki, aun mas el rubio, quien llegó a acomodarse de mejor forma sobre la silla para contemplar un poco más de cerca. El deleite musical fue exhorto a sus ojos, los cuales le observaban similar a una escultura de arte. Un dios. Una obra maestra. Inspiración.
La voz de Sly se había tragado cualquier otro sonido que no fuese emitido por el, hipnotizando a cualquiera que le llegase a escuchar.
Los movimientos entorno al escenario se hicieron cada vez más suaves; sensuales. Incluso los movimientos de cintura, sus pies deslizándose por la madera, sus labios abriéndose y cerrándose con cada letra de la canción. Cada una de las palabras pronunciadas, era una provocación mas fogosa que la anterior, mordiendo de vez en cuando su labio inferior. Jugueteando de forma erótica, con el micrófono. Sus dedos deslizándose por el material frio y duro. Solo una demostración llena de venganza, de lo que jamás tendría.
Noiz no parecía estar inmune a su insinuaciones. Ya que si bien, su rostro estaba endurecido, fusionado con su cuerpo completamente rígido, sus verdosos orbes no le perdían de vista en ningún segundo. Siguiéndole a donde fuese que su cuerpo se desplazara. El ambiente comenzaba a encenderse. El rubio pasó su dedo índice por el borde del cuello de su camisa. Tragó saliva. Una gota de sudor se deslizó por su sien.
Apretó sus labios en un intento infructuoso de no querer soltar ni un suspiro. Ni un jadeo infame que amenazaba con arrancarse de su garganta. Temía por su seguridad, ya que no podría explicar lo que escaparía de su boca. Un gemido quizás. La respiración de Sly se había sincronizado con la suya, aunque estuvieran a metros lejos. Su pecho subía y bajaba con avidez. Apetito. Sed.
—Esa boca —Noiz parpadeó suave— esa...boca... —amenazaba con quitarle la cordura.
Calor. Y es que a pesar de que era solo un ensayo, parecía ser más bien un concierto solo para el germano. No había nadie más ahí. Solo ellos dos.
La música se detuvo de golpe. Sly soltó una última risa inquieta. Parpadeó. Aoba jadeó exhausto. Noiz salió del trance, desviando la mirada con insatisfacción.
—Mierda, que buen ensayo —comentó Koujaku. Todos habían caído por el éxtasis de la voz del peliazul.
—Cierto —mencionó Mizuki algo agobiado— espero el concierto sea mejor que esto.
El ojilino buscó vencido, la mirada de su contrario. Y a pesar de que logró conectarla con la suya, Noiz solo gesticuló un mohín; sin decir palabra alguna. Había captado la venganza. Y de qué manera. Frunció el entrecejo. Se levantó.
Un hombre de cabellos alocados corrió desde la entrada del lugar, trayendo consigo un chaquetón negro, largo. Noiz abotonó su chaqueta, acomodó sus guantes, y la pesada prenda de vestir fue colgada solo de sus hombros. El director, se retiro en silencio.
Vacio. Fue todo lo que el Seragaki sintió en aquel frio escenario. No sabía del todo si eso había provocado algo en el alemán. Si había movido alguna hormona, algún cabello, algo, lo que fuese. Y es que esta vez, si estaba consciente de lo que Sly había hecho. Bajó la cabeza con una expresión derrotista. Y para cuando volvió a la escena, sus orbes ámbar alcanzaron a los de su compañero omitido. Ren. Parecía llevar bastante tiempo ahí, en el escenario. ¿Cómo no haberlo notado?
El azabache había captado todo el ensayo desde la penumbra del lugar. En silencio.
—Ren —le despeinó Mizuki— ¿En dónde te habías metido pequeña rata? El director nos obligó a ensayar sin ti. Te la has perdido. Sl-..quiero decir, Aoba —despabiló— estuvo sublime.
—Así noté —mencionó el azabache, observando con insistencia al Seragaki.
Aoba desvió la mirada muy incómodo. Un rubor tenue en sus mejillas.
—Muy bien chicos —comentó Haga-san— ordenen todo. Dejaremos los instrumentos aquí, ya que mañana daremos otro ensayo mas antes del concierto —sonrió.
—¡Uwah! —se estiró el guitarrista. Koujaku pegó un bostezo— es hora de un descanso. Creo que iré de compras con mis fans~ —miró a Aoba— Aoba. ¿Vamos de compras?
Hubiese respondido que sí, pero recordó la cita con Theo. Y además, Ren le había pegado una mirada de complicidad imposible de ignorar.
—Discúlpame, no podré hoy —se disculpó el peliazul— tengo una cena con el hermano del director. Quiere afinar unos últimos retoques.
—¡Mah! Tú te lo pierdes —rió, retirándose.
—Tch —gruñó el pelirrojo— tengo 320 mensajes sin leer —cerró su Coil, retirándose también.
La sala quedó completamente vacía. Las luces apenas iluminaban los instrumentos cubiertos por las telas negras. Ren caminó hasta el borde del escenario y observó justo en donde Noiz se había sentado.
—Creo que te debo una disculpa —musitó el baterista— no debí haberme levantado así. Fue algo muy inmaduro de mi parte —rascó su nuca apenado.
—Ah. No hace falta que te disculpes —mencionó Aoba con dejo de culpabilidad— yo hubiese reaccionado igual.
—Claro que no —rió el ojilino, regalándole una sonrisa cálida al vocalista.
No, claro que no. Segundos de silencio.
—Sly estuvo muy bien ahí —agregó Ren, llevando sus manos detrás de su propia espalda— parece que al director le gusto.
—Jeh...el director —negó algo rendido— claro que no.
—Ya no le dice Noiz —suspiró Ren, caminando algo endeble hacia el vocalista— Uhm...así que tienes una cena con Theodore.
—Sí. Aunque aún falta un poco para que venga por mí.
—Que bien. Seguro querrá hablar con Sly también —y rodó los ojos con inocencia.
Aoba frunció el ceño ligeramente, sin mostrar reprimenda respecto a lo que su compañero mencionaba. Captó a qué punto quería llegar. No, Ren. Deja de engañarte.
—Sly es muy popular —agregó Ren— es normal que todos caigan rend-...
—No. Ren. —refutó Aoba. Le fulminó con la mirada— no fue Sly quien besó al director.
—Tampoco fue Noiz quien lo hizo —se encogió de hombros, correspondiendo su mirada de igual forma.
El peliazul quedó en shock frente a su declaración.
—¿Por qué haces esto? —cuestionó el vocalista casi atónito.
—¿Esto?
—Esto... —Aoba apretó sus puños con impotencia— lo haces mas difícil.
—Tú eres el que lo hace mas difícil —aclaró, parándose a solo centímetros de él. Los ojos de Ren parecían brillar con anhelo— ¿O acaso aun no te das cuenta de la verdad?
—¿La verdad? ¿Qué verdad?
—La verdad, Aoba —sus pálidas manos tomaron las mejillas del Seragaki con semejante dulzura. Como si temiera que fuese a romperse— la verdad, es que el director no te ama. El quiere a Sly. No a ti.
Si hubiese sido otro, el ojilino hubiese salido corriendo por sus palabras. Realmente no quería estar ahí para escucharlas. ¿A quién quieres engañar, Aoba? Es cierto. Los labios del vocalista temblaron tenuemente, mientras sus delicados orbes se inundaban de desamor. Una ilusión, sin si quiera comenzar a ser real. ¿Como podría acabar con algo que jamás empezó? Ren posicionó su diestra en el pecho de su líder, justo en donde permanecía su corazón. Musitó.
—Tu tampoco lo quieres a él. Es Sly quien lo desea.
Vale. Eso ya comenzaba a sonar mas real. Aoba desvió la mirada subyugado a la idea. Ya no quería discutir mas con su compañero. Solo era una víctima de su falta de voluntad ante su contraparte. ¿Por qué seguir insistiendo? Ren tenía razón. La mirada pacifica, segura, reconfortante de su baterista calaba hondo en aquellos momentos de soledad. Sus brazos se alzaron con suavidad y muy delicadamente, acabaron en las mejillas de Ren. El peliazul soltó un jadeo sutil. Y en cuestión de segundos, ambos labios se conectaron.
No paso mucho tiempo para que ambos sucumbieran ante el vaivén de deseo que emitían sus lenguas. Ren le tomó en brazos, observando la media luz de una habitación de servicio. Su frente se hundió en el pecho del Seragaki.
-0-
Un golpe ensordecedor interrumpió las bellas tonadas del piano. Noiz había golpeado las teclas con potestad. El sonido del hielo agrietándose sobre el licor de su vaso. Los verdes orbes del alemán, parecían reflejar la escena intima entre Ren y Aoba en la vehemencia del fuego. No hacía falta estar ahí, para sentir lo que su pecho ya prescindía. De solo imaginarlo...
Hoy no hay inspiración. Nada fluye de sus dedos. No hay nada.
La risa de Sly sobre el escenario, su mirada deseosamente provocativa, su voz. Los dedos de Noiz se deslizan con gracia por la madera del instrumento, acabando en la cremallera de su pantalón. Cerró sus ojos.
-0-
Las cálidas manos de Aoba, ahora sujetaban su nuca con ternura. Noiz fue abriendo sus parpados con pesadez, divisando a su amante, sentado sobre el piano con delicia y elegancia; completamente desnudo.
—¿Sly...? —musitó el alemán, escurriendo sus manos por la pálida dermis de sus muslos— No. Aoba —declaró— tú no estás aquí.
—¿De qué hablas? —sonrió con ternura, acunándolo con sus brazos— claro que estoy aquí.
—No —negó con la cabeza, hundiendo su nuca en su vientre. La yema de sus dedos, quemaron su cintura con gozo— solo eres producto de mi imaginación. Pero...no importa —agregó, olfateando cada rincón de su cuerpo— quédate aquí. Un poco mas...
—¿Acaso ya lo olvidaste? —rió el Seragaki, levantando su rostro para verle a los ojos— yo soy tu inspiración. Te lo prometí.
Aoba terminó bajándose del instrumento, para sentarse y acomodarse sobre su entrepiernas. Paulatinamente fue moviendo sus caderas, de adelante y hacia atrás con sumo cuidado. Las manos del rubio acabaron en su trasero, inclinando su cuerpo con la ayuda del vaivén contrario. Cada vez mas rápido. Mas rápido. Mas rápido.
—Aoba —se quejó Noiz, con lujuria— yo...te...
-0-
—Ah... —jadeó el ojiverde. Su frente yacía pegada a las teclas de su herramienta musical. Rendido. Su diestra permanecía colgando, debajo de el. Su semilla se deslizaba por sus dedos con exquisitez. Gruñó, llegando a mostrar los dientes— no.
-0-
Aun sentía la mirada insistente de Ren; el cómo examinaba mi cuerpo desnudo. El, yacía descansando sobre un sofá antiguo, sin sentir incomodidad de su propia desnudez. Había olvidado la forma en la que el recorría mi cuerpo. Por alguna razón lo había extrañado mucho. En el fondo de mi corazón, Ren siempre fue el protector de mis sentimientos. No sé cómo pude haberle rechazado antes. Me siento seguro a su lado. Me sonrió. Le sonreí de vuelta. Mi Coil comenzó a vibrar.
—Es el vehículo de Theo —reaccionó el Seragaki— ¡Demonios! ¡Lo había olvidado! —exclamó, subiéndose los pantalones con rapidez— estoy retrasado.
—¿Es necesario que vayas? —pronunció Ren, girando la cabeza con descuido.
—Lo es —agregó, acomodando su chaqueta— nos vemos a la noche en el hotel.
—Espera.
—¿Huh?
El azabache se levantó del sofá y camino hasta el peliazul, dejándole un beso en los labios.
—Ahora si —rió— nos vemos luego —le dio la espalda, estirándose.
Ah. Ren. Se veía bien de esa forma...
Pero no podía seguir distrayéndose. Tomó su bolso y arrancó a la salida.
Mansión, 22:15PM:
—Hacke matte —bufó Theodore— realmente eres malo para esto.
—Tch...no pensé que fuese tan complicado —se quejó Aoba ligeramente ruborizado. Llevaban un buen rato jugando ajedrez— apenas estoy empezando a aprender. No te burles.
—No lo hago —rió de nuevo, bebiendo un sorbo de su trago.
—¡Ah! ¡Ahí lo estás haciendo de nuevo! —berreó el Seragaki, inflando sus mejillas en un berrinche— moh...
—Lo siento —Theo cubrió su boca con un pañuelo, limpiando los rastros del licor— es que me cuesta acostumbrarme a tus reacciones.
—Nh —gruñó Aoba, tomando un sorbo de su agua— mis reacciones no tienen nada de malo. Pasa que ustedes los alemanes son muy inexpresivos.
—¿En verdad lo crees? —arqueó una ceja.
—Sí. En verdad lo creo —aclaró el vocalista— son muy fríos.
—Mhn —el rubio gesticuló una mueca pensativa, sobando su mentón suavemente— depende de con qué tipo de alemanes te hayas cruzado.
—Bueno...estoy en Alemania. ¿No sería raro encontrarme con muchos alemanes? —lógica nivel Aoba.
—Una cosa son los alemanes en general —expuso Theodore— y otra muy distinta es entablar conversaciones con ellos.
El ojilino desvió la mirada hacia cualquier lado. Sus labios se apretaron un poco.
—¿O es que acaso estás hablando de alguien en particular? —jugueteó el ojiverde con una risita traviesa.
Aoba calló. Sus delicados dedos se entretuvieron con una pieza de ajedrez. Su vaso fue dejado de lado. Theodore se levantó de su sillón, paseándose por unos viejos estantes hasta extraer de él, un viejo libro de empastado de cuero. Regresó, hojeando un par de páginas, hasta que un papel corrugado color café salió de entre ellas. Era una fotografía. Tenía al menos unos 15 años.
—Dime una cosa, Aoba-kun —musitó el alemán. Sus pequeños ojitos delineaban la fotografía como si fuese una reliquia— ¿Tienes hermanos?
—No —respondió abatido. La expresión del menor era nostálgica— soy hijo único. Me crié con mi abuela.
—Ah. Pero tienes una banda —agregó el rubio— de seguro debes de quererlos mucho.
—Como si fuesen mis hermanos —anunció Aoba— son mi familia.
Theodore levantó la vista, regalándole una mirada fulminante.
—Uno no se acuesta con los hermanos...Aoba-kun... —murmuró— si sabes a lo que me refiero.
Silencio. Theodore lo sabía. La relación que mantenía Aoba con Ren. El peliazul tragó saliva muy incómodo. Estaba siendo delatado con tanta facilidad.
—Wilhelm nació con una extraña enfermedad —su dedo pulgar frotaba la fotografía— por lo que fue aislado de nuestra familia y de otros niños, por miedo a que causara problemas. Por muchos años, estuvo solo en la soledad; solo yo velaba por él —tomó un sorbo de su trago. Las palabras del rubio estaban yendo cada vez más en un descenso sutil— por lo que nunca conoció el amor de una familia, así como tú, con tus compañeros. Ni si quiera el de hermanos. De modo que en ese tema, me atrevería a decir que es completamente ignorante —reveló. Sus ojos se clavaron en los de su contrario, que con expectación le escuchaba. Como si realmente supiera de lo que hablaba. Ah. Claro que lo hacía— nadie le enseñó que era el bien o el mal. Nadie le explicó que era gustar de algo...o de alguien. Y cuando algo le llama la atención; cosa que confieso es muy inusual, suele ser un gran acontecimiento. Y creo, que ni él debe de saber, que realmente le gusta —sonrió ladino—. Incluso con su carrera. Cuando le pregunté por qué tocaba el piano, me dijo que no sabía. Solo lo hacía. Al principio lo tocaba porque mi padre le obligaba a ello. Pero ahora...
—No estoy entendiendo —confesó Aoba en un intento por cambiar el tema.
—...ahora creo —especuló el germano— No. Afirmo. Que la razón esta aquí. Delante de mis ojos.
—Theo —Aoba había dejado la pieza a un lado, para hablar con mas ligereza— Noiz no sabe lo que quiere. Creo que aquí, ha habido un error muy grande. El quiere Sly. No a mí.
—¿De verdad crees que mi hermano no sabe lo que quiere, después de todo lo que te he dicho? —rió de forma irónica— él sabe lo que quiere. Pasa que no sabe cómo expresarlo, ya que jamás lo había sentido antes. Es todo —le estiró la fotografía para que la tomara— no quisiera ofenderte...pero creo que aquí, el que no sabe lo que quiere, es otro.
El Seragaki tomó la foto entre sus dedos, observando con mucho cuidado el contenido de esta. Eran Noiz y Theodore de pequeños. No deben de haber tenido más de 7 años, en diferencia de edad. El mayor sostenía un conejo entre sus brazos, mientras que el menor parecía abría una jaula, soltando otro más pequeño.
—Noiz parece feliz —murmuró el ojilino. Sus ojos se habían aguado sutilmente, como si quisiera llorar.
Theodore se levantó nuevamente de su sillón y guardó el libro, dándole la espalda al vocalista. Se detuvo a contemplar la ventana.
—Aun recuerdo ese día —mencionó el alemán— nunca había visto sonreír a mi hermano de esa forma —y bebió un último sorbo de Whisky— creo que hay muy pocas personas en el mundo, que realmente saben lo que quieren. Yo por ejemplo —agregó— yo solo quiero verlo sonreír una vez más. Como aquella vez.
—...
—¿Y tú, Aoba-kun? —volteó, entregándole una sonrisa cálida— ¿Tu sabes que es lo que quieres? ¿Lo sabes?
No sería la última vez que conversarían del asunto. Tampoco fue como si Theodore intercediera por Noiz, ya que claramente estaba actuando por su cuenta. Solo. Mas bien, estaba velando por él. Como cuando eran pequeños. Y Aoba no le culparía de nada por desear su felicidad. Era su hermano.
A eso de las 12:24 de la noche, el vehículo conducía de vuelta al hotel, con el peliazul en la parte trasera. Las últimas palabras de Theo carcomían sus pensamientos, ya que se había enterado de muchas cosas en una sola noche. La mala relación de Noiz con su padre y la relación que mantenía el progenitor con un grupo de mafiosos en Berlín, liderados por Virus y Trip. Los problemas desde que Aoba había llegado a Alemania, los últimos preparativos para el concierto de emergencia, incluso lo sucedido la noche del incidente con Ren.
—Yo pagué tu fianza y la de tu compañero esa noche, a petición de Noiz —esclareció Theodore— mi hermano es demasiado orgulloso para admitir, que estaba preocupado por ti. Y la única razón por la cual, no levantó cargos en contra de tu amigo, fue por, y nada más, que por ti. Es su forma de agradecerte, que le has devuelto el color a sus días.
Por alguna razón, esa declaración le había estrujado el corazón con dolencia. Y en la oscuridad del automóvil, las lagrimas descendieron sin tregua, por sus rosadas mejillas. ¿Como si quiera pudo llegar a pensar mal de el?
—Soy un idiota
Se había mordido tan fuerte el labio de la impotencia, que llegó a sangrar. Le debía una disculpa. No. Eso sería poco. Debía encontrar una forma de remediar su error o definitivamente no podría seguir viviendo con la culpa. Su Coil vibró.
—¡Aoba! —clamo Koujaku con histeria— ¡A ocurrido una tragedia!
—¿Koujaku?
Sala de ensayos, 1:00AM:
Cuando Aoba llegó, la escena hablaba por sí sola. Todo estaba destruido, desparramado y completamente desordenado. Los instrumentos, habían desaparecido. Y lo peor de todo, Ren había sido brutalmente golpeado, siendo atendido por sus compañeros de banda.
—¿Como pudo pasar esto? —exclamó Haga-san, casi al límite de romper en llanto— esto es una desgracia. ¿Ahora como daremos el concierto sin instrumentos?
—¡Ren! —se encontró con el ojilino a muy mal traer. El peliazul se arrodilló a verle con padecimiento. Uno de sus ojos estaba completamente hinchado— ¿Que paso aquí?
—Aoba —murmuró algo desorientado el baterista— todo paso muy rápido. Luego de que tú te fuiste, yo iba de salida cuando fui interceptado por una banda de tipejos.
—Tch —escupió Koujaki con impotencia— miserables. Se robaron todo. Hasta los ecualizadores.
—¿Pero quién pudo haber hecho semejante cosa? —se preguntó el manager, desolado.
—¿No pudiste verles el rostro? —examinó Mizuki. Aun estaba sujetando al azabache.
—No —negó Ren— lo siento. Todos estaban encapuchados —tosió, gesticulando una expresión adolorida— solo alcancé a ver a dos tipos rubios descender de un vehículo negro. Parecían gemelos
—¿Parecían gemelos? —recordó.
—Somos tus fans, Aoba-san —sonrió Virus.
—Virus y Trip —reconoció Aoba.
—¿Los conoces? —examinó Mizuki.
—Sí. Los había visto antes en una tienda de discos llamada Morphine —explicó Aoba— trabajan para el padre de Noiz.
—¡¿Que dices?! —protestó Koujaku— ¡¿Así que esto fue obra del mocoso?! ¡Lo matare!
—No seas ridículo —defendió Aoba— ¿Qué sentido tendría que Noiz nos robara los instrumentos? Seria robarse así mismo.
—¡Jah! ¿Por qué no? —demandó el guitarrista— pudo haber sido una venganza por lo ocurrido con Ren la otra noche.
—No. Noiz no es así. El jamás se vengaría de esa forma —defendió Aoba. Comenzaba a cabrearse con el hecho de que todos odiaran al rubio. Aunque no los culpaba. El también había malinterpretado al chico en su momento.
—Pareciera ser que lo conoces muy bien —comentó el pelirrojo con aires de ironía— Aoba.
Ren hizo un mohín, tosiendo hacia otro lado.
—Vengo de la casa de su hermano —esclareció—el me explico todo. No estén sacando conclusiones que no son.
—No hemos sacado ninguna conclusión —aclaró Mizuki tocando la frente de Ren— mierda. Tienes fiebre. Sera mejor que te llevemos a un hospital.
Todos se movilizaron con prisa. No sacaban nada con quedarse ahí a lamentarse lo sucedido. Y para agregar más tragedias al asunto, al salir del recinto, nuevamente fueron abordados por una tropa de periodistas. Mizuki se cuestionó el cómo se enteraban de las noticias en ese país. Claro que huyeron nuevamente.
El diagnostico del los médicos fue definitivo. Ren estaría por lo menos dos o tres días en reposo, ya que le habían quebrado una costilla y fracturado dos dedos. Tocar algo sería imposible en su estado. La banda, estaba de mal en peor. Y al parecer, no eran los únicos.
Disquera, 2:12AM:
—Volvemos a la escena —comentó el reportero— en donde la famosa banda japonesa EVOL, sufrió un millonario robo a eso de las 12:30 de la noche, en el sec-...
Un vaso de vidrio se reventó con violencia contra la pantalla, estropeándola por completo. Noiz, estaba furioso. La puerta fue golpeada. Entró Clear.
—¿Me mandó a llamar Amo?
—Ve por mi abrigo —demandó Noiz, frunciendo el ceño con disgusto— y reúne a los muchachos. Iremos a darle una visita a alguien.
Las alarmas se encendieron por las calles de Berlín. Una gran nube de humo negra se elevaba entre los edificios de la ciudad. Morphine, estaba en llamas.
—¿Qué demonios? —exclamó Trip, desde las afueras del local. Todo estaba a fuego vivo, mientras los bomberos intentaban controlar el incendio.
—Tsk, que problemático —masculló Virus con molestia— ese chico tiene lo suyo.
—¿Que vamos a hacer ahora? —inquirió Trip.
—Lo mejor será retirarnos —expresó el rubio, tecleando en su Coil— no me arriesgaré a seguir en el juego. No podemos ganar.
-0-
Todos habían vuelto al hotel. Todos, a excepción de Aoba, quien se había quedado en el hospital para velar por Ren. Temía por su seguridad, más que la de el mismo. A eso de las 4 de la madrugada, los pasillos del recinto permanecían vacios. No había pegado ojo durante toda la noche y, sus parpados ya comenzaban a doler.
—Aoba —llamó Ren, desde su camilla. Aun estaba muy débil.
—Ren. ¿Estás bien? —consultó el Seragaki al notar que su compañero despertaba.
—Estoy bien. El que me preocupa eres tú. Regresa al hotel.
—Yo estaré bien. No te preocupes por mi —musitó con calidez el vocalista— no pasa nada, yo seguiré aquí.
—Aoba... —el azabache pudo notar su falta de sueño. Pero por sobre todas las cosas, su expresión de culpabilidad en el asunto. No deseaba que tomara responsabilidad en algo que no era su falta— tú no tienes la culpa de nada. No tienes por qué cargar con esto.
El ojilino sonrió sin premuras, acariciando el dorso de su manito con suavidad.
—Ya lo sé. No estoy diciendo lo contrario —anunció, tranquilizando a su contrario con su voz— vuelve a dormir. Iré por un café a la maquina.
Mentira.
Por supuesto que se sentía culpable. Pero era mucho mas fácil llorar en silencio; en compañía de la máquina de refrescos y en la soledad de los fríos pasillos del sanatorio, que en frente de Ren. La golpiza, el robo, los malos entendidos, los conflictos. Todo, era su culpa. Y quitarse ese veneno del pecho, costaría mas que un simple café.
No supo cómo, ni por qué, pero los ligeros pasos endebles de alguien caminando hacia él, le arrebataron su trance depresivo.
Fue como si hubiese visto un fantasma.
Era Noiz. Quien traía una expresión esclavizada en el rostro, y sus ropas a mal traer, completamente indecentes.
—¡¿N-Noiz?! —se levantó de golpe.
Alcanzó a sujetarle, cuando el rubio se desplomó entre sus brazos. Apestaba a bencina, humo y gaucho quemado. Su aspecto estaba ligeramente sucio, y sus manos algo fragosas.
—¿Qué haces aquí? —demandó Aoba con desasosiego— ¿Qué ha pasado? ¿Qué hiciste?
—Aoba... —balbuceo el rubio, tosiendo con dificultad. Su respiración era cansada e irregular— yo...tenía que verte...
—¿Verme? —examinó estremecido. Las manos del ojiverde tocaban sus mejillas como si quisiera comprobar si su rostro estaba ahí— ¿Por qué?
—¿Por qué...? —redundó el rubio, generando una sonrisa melancólica— ¿No es obvio?
—¿Obvio...?
Noiz había perdido el conocimiento.
—¡Noiz! ¡Oye! ¡Despierta! —le removió con horror— ¡Noiz! —llamó. Estaba solo en medio de la nada. Pedir ayuda a esas horas, se veía lejano. Tendría que el mismo cargarlo hasta emergencias si quería salvarlo. El miedo se apoderó de sus ojos, llegando sollozar— ¡Noiz! Por favor...no te vayas a morir...
El alemán emitió un quejido. Sintiendo algo húmedo, caer en su rostro.
—¿Esas...son lagrimas? —consultó, recobrando el conocimiento. Volvió a toser— ¿Estas acaso, llorando por mi? —bufó muy infantil.
—¡Por supuesto que estoy llorando por ti! —reclamó entre lagrimas, completamente sonrojado— ¡¿Qué clase de pregunta es esa?! ¡Tonto!
—No llores...
—¡¿Que no llore?! ¡Mira nada mas como te vienes a aparecer aquí! —protestó completamente fuera de sí. Y es que estaba asustado— ¡No me-...!
Calló. Por la gracia de un profundo beso, que el propio Noiz le había robado sin más. Pudo haber corrido el rostro. Pudo tan solo haberse separado de golpe, o abofetearlo por estar jugando de esa forma tan inmadura. Pudo haber hecho tantas cosas, si tan solo su cuerpo le hubiera respondido como demandaba. Pero no lo hizo. Sus labios se sentían tan calientes, que quemaban los suyos. Conectados casi como dos piezas de un rompecabezas. Aoba cerró sus parpados, dejándose llevar por el, aun con el ceño fruncido. Si, estaba impotente por lo ocurrido, pero no iba a negar lo que su alborotado corazón le demandaba.
Los labios de Noiz fueron alejándose de los suyos con lentitud, tan solo dejando que sus miradas se estamparan en el sigilo.
—Lo siento —sonrió. Como solo él lo sabía hacer. Esperaba ya, su regaño— es que no pude evitar-...
—Ya cállate.
Y esta vez, fue Aoba quien le robaría el aliento, en un beso mucho mas ahogado que el anterior, como si quisiera comerle la boca. Parecía ser como si jamás le hubiese besado antes. Como si el mundo, fuese a terminar esa misma noche. Su lengua se entrelazó con la suya de manera frenética y no fue problema para el rubio, corresponder de igual forma. Se había olvidado por completo de sus heridas. Casi como la medicina perfecta, para sanar su dolor.
No quería separarse. En verdad que no. Pero su respiración ya comenzaba a entrar en sincronía con la del ojiverde y si seguían así, alguna camilla del recinto sufriría las consecuencias de sus actos. Se detuvo.
—Idiota —regañó Aoba, pegando su frente a la suya con ternura.
—Te amo.
El tiempo se detuvo en su declaración, dándose de bruces con sus palabras. Aoba estaba en shock. Y es que lo había dicho con tanta facilidad. Como si no fuese la gran cosa. Sin vergüenzas ni tapujos. Sin límites.
Solo un niño pequeño, preguntaría algo como lo que vendría a continuación. Alguien con la capacidad de inocencia sentimental tan grande, que ni el mismo pudiese controlarla.
—¿Tu me amas?
—¿Que si...amo a Noiz...?...
