Hogar dulce Hogar

Cuando Jehan se termino de burlar del estampado de mi ropa interior, subí a mi habitación me vestí y me colgué una mochila que había preparado de seguro en algún momento de ocio.

Me despedí de Dren, mi padrastro, el básicamente me crió y lo considero más un padre que cualquier olímpico trasero.

Antes de irme mi madre me dio un abrazo asfixiante, su amor dolía, dolía mucho.

Mi madre era una mujer curvilínea, con el cabello pelirrojo claro, una nariz recta y unos profundos ojos verdes.

Dicen que me parezco mucho a ella, pero yo no estoy curvo, eso en definitiva.

Cuando por fin salimos del departamento, mi madre ya me había tratado de asfixiar unas quince veces y yo apenas estaba recuperando bien el aire.

-Dioses te estas poniendo morado- murmuro Jehan aparentemente divertido.

- La amo, pero algún día me matara- respondí.

Terminamos de bajar donde nos encontramos con Hayley, una prima de Jehan que nos acercaría al campamento, claro que ella no sabia a donde nos llevaba, lo que sabia es que Jehan le había pagado para que nos llevara algún lugar.

Además, que si de camino a algún monstruo se le ocurría atacarnos o algo, Jehan y yo teniamos la teoría de que el olor a alcohol barato y cigarros que desprendía Hayley lo ahuyentaría.

El viejo coche daba la impresión de que se iba a caer a pedazos, pero increíblemente aguanto asta dejarnos en la nada de Long Island, cerca de una pequeña colina donde habia un pino, el árbol de Thalia, donde comenzaba el campamento mestizo.

Se me hizo algo raro volver, aunque por una parte extrañaba ese lugar, enserio, extrañaba el olor de los campos de fresas, la vista y definitivamente extrañaba la cabaña de Hermes.

Si, extrañaba esa cabaña cucha y abarrotada de gente, ni siquiera era hijo del dios mensajero, o bueno, probablemente no, aun guardaba cierta esperanza Todos los semidioses que no han sido reclamados o que son hijos de dioses menores como Némesis o Hecáte se quedaban ahí. Yo ya llevaba ahí dos años, se había convertido en una clase de hogar y me llevaba muy bien con la multitud de gente que también habitaba ahí. Aunque si era buena idea mantener vigiladas tus cosas.

Jehan y yo llegamos maso menos al mediodía, algunas personas nos saludaban de camino, más amigos de Jehan que míos.

-!Hey¡ !Jehan¡- llamó una voz ronca pero definitivamente femenina.

Voltee y note que una chica de como trece años, alta de cabello castaño enmarañado y ojos oscuros se acercaba, no tenía la más mínima idea de quien era, pero mi amigo le sonreía.

-Ella es Alice, hija de Hefesto - me dijo

Genial, hija de Hefesto, no es que todos fueran malos, pero un tipo de la cabaña 5, bueno, se podría decir que es mi rival, se llama Tom el sujeto, y uno de mis mayores deseos es aplastarle la cabeza con una lanza.

La chica, Alice se acercó y me miro de reojo.

-Alice, cabaña cinco- se presento de manera vaga y se volteo hacia Jehan y en cuestión de minutos se enfrascaron en una platica interminable.

No entendía, ni me interesaba entender de que hablaban, así que me fui hacia la cabaña once, solo.

Puse mis cosas en una litera, compartia la cama con un chico llamado Chris, era agradable hasta eso, se podría decir que eramos amigos.

Me tumbe en la cama, con una leve sonrisa.

Hogar dulce hogar.