Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.


Conociéndonos

Caminemos durante bastante rato sin decirnos nada. Yo estaba pensando en todo lo que tenía que decirle, pero no sabía como hacerlo. No sabía por donde empezar, aquel era el problema.

Estaba absorta en mis pensamientos cuando se detuvo de repente, haciendo que me chocara contra su espalda sin querer. Se dio la vuelta y quedemos cara a cara. Tenía el semblante muy serio, parecía enfadado, pero no era culpa mía. De acuerdo, si lo era, pero estaba segura de que se le pasaría el enfado cuando supiera todo lo que tenía que saber.

Miré a mí alrededor y pude ver que nos encontrábamos en una especie de parque. ¿Tanto rato caminando para terminar en un parque para niños pequeños? Me entraron ganas de reír, pero se me pasaron de golpe cuando vi su rostro serio otra vez.

Comenzó a caminar de nuevo, y se sentó en un banco que había allí. Yo lo imité, y me senté a su lado. Había varias personas cerca de allí, y no me parecía el lugar más adecuado para hablar de nuestros dones, pero él había querido que estuviéramos en aquel parque, así que si alguien nos escuchaba o nos capturaban los Vulturis, la culpa sería suya.

-¿Qué era todo aquello que me tenías que explicar?-me preguntó sin mirarme.

Pensé todo lo que le tenía que decir, feliz de que fuera él el que se preocupara de preguntar, y me dispuse a explicárselo todo.

-Sé que tienes un don, y yo también…

-Si, eso ya me lo has dicho antes ¿pero puedes continuar con tu historia en vez de repetir siempre lo mismo?-me interrumpió groseramente.

Bufé claramente molesta. Yo pensaba que cuando nos encontráramos nos uniría rápidamente un lazo invisible, y que estaríamos juntos para siempre y todos aquellos rollos que se dicen siempre, pero al parecer estaba harto de mí, igual que yo, que ya me estaba empezando a hartar de él.

-De acuerdo, veo el futuro y te vi en el mío ¿contento?-resumí mi historia todo lo que pude para que el señor no se aburriera.

-No te creo-me soltó aún sin mirarme.

Menudo imbécil. Me entraron ganas de abofetearlo por su arrogancia y su estupidez, pero pensé que tal vez solo tenía un mal día y para mi mala suerte lo estaba pagando conmigo.

-¿Y qué quieres que haga?

-Demuéstramelo.

-No te puedo mostrar mi futuro, solo lo veo yo en mi mente.

-Que lista, hasta ahí ya llegaba yo solito-me dijo mientras me miraba por primera vez desde que nos sentemos en el banco-no sé, por ejemplo, dime lo que pasará dentro de cinco minutos.

Genial, ahora me estaba probando. Aquello era magnífico. Totalmente magnífico.

Comencé a murmurar cosas inteligibles, la mayoría insultos hacia su persona, y me concentré en mi mente.

Sonreí para mis adentros, le iba a dar un escarmiento a ese tío.

-Mira, te diré lo que va a pasar dentro de dos minutos, así nos ahorramos los tres que nos sobran de tus cinco-le dije mientras le sonreía triunfante.

Me miró con indiferencia, esperando a que le dijera lo que había visto en el futuro.

-¿Ves a aquella chica de allí? ¿La rubia bajita?-le pregunté mientras le señalaba a la chica en cuestión.

-Si.

-Pues dentro de un minuto y dos segundos se acercará a nosotros, te preguntará la hora y después te pedirá fuego para el cigarro que está sacando de su bolso. Vaya, ahora mismo ha decidido pedirte el número de teléfono, pero como se ha fijado que yo estoy a tu lado, habrá pensado que tal vez me enfadaría y ha desechado la idea, porque no la veo haciéndolo.

Me miró de nuevo, sin ninguna expresión en su rostro, y en menos de cinco segundos tuvimos a la chica rubia delante de nosotros.

-Perdona ¿tienes hora?-le preguntó al rubio.

-Si…son las cuatro y media-le contestó arrastrando las palabras. Sonreí disimuladamente, nadie pisoteaba a Alice Brandon.

-Gracias, por cierto ¿tienes fuego?-le volvió a preguntar tal y como yo lo había visto en el futuro.

El chico rubio sacó un mechero del bolsillo de su pantalón y se lo prestó a la otra chica.

-Gracias-le volvió a agradecer ella mirándolo coquetamente, para después dedicarme una mirada a mí, devolverle el mechero e irse caminando lejos de nosotros.

-¿Te he convencido o aún necesitas más pruebas?-pregunté mirándolo orgullosa de mí misma.

-Creo que ya tengo bastante. Por cierto, ¿te hubieras enfadado de veras si esa chica me hubiera preguntado el número de teléfono?-me preguntó mientras me sonreía por primera vez desde que nos habíamos encontrado.

¿Me lo parecía a mí, o estaba coqueteando conmigo? Aquello era increíble. Que rabia de tío.

-De acuerdo, ¿me vas a decir o demostrar cual es tu don de una vez?-opté por no contestarle, porque no me daba la gana de que creyera que era una chica fácil, así que ahora fue mi turno para ponerme borde.

El sonrió otra vez, y asintió con la cabeza. Permaneció quieto, sin hacer ningún movimiento y yo lo miré con el ceño fruncido. ¿Aquel era su don? ¿Estarse quieto sin hacer nada?

De repente comencé a notar que me pesaban los parpados, y empecé a sentirme muy cansada, pero tal y como aquel cansancio había aparecido, desapareció, y volví a mi estado inicial.

-¿Ese es tu don? ¿Dormir a las personas?-pues no me parecía muy útil ni interesante, la verdad. En realidad era una pifia de poder.

Comenzó a reírse, y negó varias veces con la cabeza.

-Puedo controlar las emociones, los sentimientos y los estados de ánimo de las personas que están a mí alrededor.

Aquello ya me pareció mejor. Por lo menos no era tan aburrido.

-Ah…

-¿Quieres que vuelva a hacerlo?-me preguntó cuando vio mi cara de duda.

-No hace falta, gracias. Pero si me gustaría saber tu nombre, porque llevamos hablando bastante rato, y no sé como llamarte.

Aunque en realidad se me ocurrían bastantes nombres para hacerlo, pero no eran demasiado agradables.

-No puedo creerlo ¿ves el futuro, y no sabes cual es mi nombre?-me preguntó burlonamente.

-Pues si mira, a veces mi don tiene defectos-le contesté mientras cruzaba los brazos. Me estaba cansando aquella actitud tan estúpida que tenía.

-Me llamo Jasper, Jasper Whitlock. ¿Y tú, ladrona?-me preguntó, utilizando ese apodo que tanto odiaba.

-Que no me llames ladrona-le contesté apretando los dientes. Si continuaba así, terminaría con el ojo morado, eso se lo aseguraba.

-¿Entonces? Si me dices tu nombre tal vez pueda dejar de llamarte "ladrona".

Lo fulminé con la mirada.

-Me llamo Alice Brandon o Alice Cullen, como prefieras-desde que comencé a vivir con Carlisle había cogido su apellido, al fin y al cabo él también había sido mi familia durante muchos años.

-¿Y eso porqué?

-Porque me da la gana-no estaba dispuesta a explicarle mi vida a ese energúmeno. No hasta que me demostrara que podía confiar en él.

-De acuerdo, ladrona-me contestó.

-Oye, ¿Por qué no te vas un rato a la…?

-¿Me vas a explicar porque aparezco yo en tu futuro o qué? –me interrumpió, y de todos modos fue mejor así.

-Pues mira, no tengo ni idea, pero ahora me arrepiento de haber perdido el tiempo buscándote durante tantos meses-le contesté enfadada. Me levanté del banco y comencé a caminar hacia la salida del parque, porque estaba harta del tal Jasper.

-Espera-me pidió levantándose él también del banco, y acercándose a mí de nuevo-¿has estado buscándome?

-Pues si, es lo que he intentado explicarte, pero como eres tan pesado y tan arrogante no me has dejado decirte nada. De todos modos no creo que te importe-le contesté mientras retomaba el paso de nuevo.

-Si me importa-me dijo caminando a mi lado-lo siento, te aseguro que ahora te dejaré que me lo expliques todo y no te interrumpiré ninguna vez-me aseguró.

Resoplé y me detuve en medio del parque observándolo con el ceño fruncido.

-¿Si te invito a merendar, me lo explicarás y me perdonarás?-volvió a insistir.

-Posiblemente si-le contesté, porque estaba muriéndome de hambre.

Tenía lo que había robado del supermercado, pero ya que Jasper me iba a invitar, ¿para qué gastarlo?

Caminemos hasta una pequeña cafetería que había por allí cerca, y decidimos entrar dentro, ya que tendríamos más intimidad para hablar, y había aire acondicionado.

Nos sentemos en una mesa algo apartada de las demás personas que había y cuando la camarera se acercó a nosotros, le pedí un batido de chocolate frío, y Jasper pidió lo mismo. No tardó más de dos minutos en traernos los batidos ya que no había nadie más a quien atender en la cafetería. También nos regaló un par de rosquillas cubiertas de azúcar para cada uno. No tardé casi nada en comerme las mías, ya que mi estómago pedía a gritos que lo llenara.

Jasper se percató del hambre que tenía, y me ofreció las suyas.

-Creo que me estoy aprovechando demasiado de ti-le dije cuando terminé de comerme también parte de su merienda. Había pagado lo que yo había robado en el supermercado, me estaba invitando a merendar, y encima yo me comía la mitad de su comida.

-No me importa, no tengo hambre de todos modos-me contestó mientras le daba un sorbo a su batido-bueno, creo que ahora es un buen momento para que me expliques eso de tus visiones.

Yo asentí lentamente, y empecé a explicárselo todo, a partir del primer día que lo vi en mi futuro.

-Así que imagino que tal vez si permanecemos juntos, los Vulturis no nos atraparán-finalicé mi relato no muy convencida de lo que le acababa de decir.

-¿Tú crees?

-No lo sé…imagino que es una opción. Porque tampoco disponemos de muchas más. Bueno si, podemos separarnos y viajar solos como hasta ahora, o dejar que nos capturen.

-Creo que me quedo con la primera, sinceramente.

Me sorprendió su respuesta, pero me alegró que al menos no pusiera cara de asco ni nada por el estilo.

-Yo también. Podemos probarlo un tiempo si quieres.

Me miró con expresión de duda.

-Quiero decir que podemos viajar juntos durante un tiempo, pero si vemos que tú me odias y que yo te odio pues…nos separamos y ya está-le expliqué.

-Eso es lo que había pensado-me contestó sonriente.

Yo asentí, pero de repente me acordé de algo.

-Yo…no tengo dinero para nada, ya lo has visto-le advertí para que después no hubieran malentendidos.

-Creo que con lo que yo tengo podremos pasar una semana más, al menos.

-Te devolveré todo el dinero que te gastes conmigo, te lo aseguro.

Jasper asintió, después pagó la cuenta y salimos de la cafetería.

Pasemos la tarde caminando de un lugar a otro, sin tener un destino fijo, hablando de muchas cosas, y explicándonos cosas curiosas que nos habían ocurrido. Descubrí que no era tan arrogante como había creído, en el fondo era buena persona y todo. Por lo menos aceptó viajar conmigo, o que yo viajara con él.

-¿Donde vamos a pasar la noche?-le pregunté a eso de las nueve.

-¿Conoces algún hotel barato o alguna pensión?

Negué varias veces con la cabeza, al fin y al cabo jamás prestaba mucha atención a las ciudades en las que me encontraba.

Caminemos un poco más, hasta que encontremos una pensión algo vieja, pero que parecía limpia. Entremos y Jasper pidió una habitación con dos camas individuales, pero no sé porqué estaba segura de que no habría ninguna. Y acerté.

-Solo disponemos de habitaciones con una cama de matrimonio-le contestó el hombre que se encontraba en recepción.

Jasper me miró durante un momento, y yo me encogí de hombros, indicándole que hiciera lo que le pareciera mejor.

-De acuerdo, solo pasaremos aquí una noche-le dijo al recepcionista.

Este asintió, y le entregó una llave a Jasper con un llavero de madera en el que había escrito el numero dieciséis. Jasper le pagó el precio de la habitación y ambos comencemos a subir las escaleras. Abrió la puerta de la habitación, y entremos. Era algo angosta, pero para dormir ya estaba bien. Solo había una cama de matrimonio en medio de la habitación, con dos mesitas de noche a cada lado de esta, y una ventana que daba a la calle. También había una puerta que llevaba a un diminuto cuarto de baño, con una ducha y con todo lo demás, en una esquina de la habitación.

Encendimos la luz, pero no sirvió de mucho, porque la habitación continuaba siendo oscura. La lámpara desprendía una luz muy tenue, y no era de gran ayuda.

Ambos entremos y nos sentemos en la cama.

-¿Te apetece una manzana?-le pregunté a Jasper, cuando vi que no tenía intención de abrir la boca.

Este asintió, y yo cogí dos manzanas, una para él y otra para mí. Nos las comimos en silencio, hasta que Jasper habló de repente.

-Iré a darme una ducha-me informó mientras se levantaba, cogía su mochila y entraba en el cuarto de baño.

Yo pensé en hacer lo mismo cuando él saliera, ya que tenía muchísimas ganas de darme una ducha. Me tumbé en la cama, esperando a que terminara y de mientras me puse a pensar en los Vulturis. Tal vez nos estarían buscando en ese mismo instante.

Después pensé en Jasper. No me había hablado de él en ningún momento, por eso mismo decidí preguntarle por su pasado aquella misma noche. Diez minutos después, me levanté de la cama, y abrí los cajones de las mesitas de noche, simplemente para ver si contenían algo. Me morí de vergüenza cuando en uno de ellos me encontré un preservativo aún sin abrir.

En aquel momento Jasper salió del cuarto de baño, y yo cerré el cajón rápidamente, rogando para que no se aburriera tanto como yo, y por casualidad se le ocurriera mirar allí dentro.

-Yo también me voy a duchar-le dije cogiendo casi corriendo mi mochila y encerrándome en el cuarto de baño. Para mí desgracia no había pestillo, y me entraron ganas de llorar por todas las situaciones vergonzosas por las que pasaba últimamente. Decidí no pensar más y me desvestí rápidamente.

Me alegré al ver que había un pequeño botecito de champú y otro de jabón, que ya estaban a la mitad. Supuse que Jasper también los había usado y al menos había tenido la bondad de dejar un poco para mí.

Me tomé mi tiempo en la ducha, y cuando terminé, salí y me tapé con una toalla algo pequeña. Me sequé entera, y después caí en la cuenta de que no tenía ningún pijama ni nada que se le pareciera. De acuerdo, no iba a dormir en ropa interior ¿pero entonces que debía hacer? Solté unas cuantas maldiciones en voz baja, abrí la puerta del baño y saqué solamente la cabeza.

Jasper se encontraba leyendo algo, sentado en la cama, por lo que no me vio.

-Jasper…-lo llamé avergonzada.

Él levantó la cabeza y me miró.

-¿Qué?

-Em… ¿tienes algún pijama o alguna camiseta para dejarme?-le pregunté mirando al suelo.

-¿Por qué? ¿No tienes ropa?

-Si…pero digamos que no es muy cómoda para dormir.

Él suspiro, se levantó y rebuscó algo en su mochila.

-Toma-me dijo cuando encontró lo que había estado buscando y me la entregó.

-Gracias-le dije sacando el brazo por la puerta. Cogí rápidamente lo que me ofrecía y me encerré de nuevo en el cuarto de baño.

Miré la camiseta que me había dejado. Era de manga corta, de color gris claro y sin ningún dibujo. Me la puse, y pude percibir el olor que desprendía. Olía como a menta y a algo más, pero no supe el qué. Me quedaba un poco más arriba de las rodillas, pero bueno, tampoco estaba en condiciones de pedir la luna. Solo deseaba que Jasper no se fijara demasiado en mí cuando saliera del cuarto de baño.

Cuando lo hice, me dirigí a la cama mirando al suelo durante el corto trayecto. Pude sentir la mirada de Jasper, pero no quise devolvérsela porque me estaba muriendo de vergüenza. Hice a un lado las sábanas, y me metí dentro de la cama, tapándome casi hasta arriba, a pesar de que estábamos a mediados de Julio. Me quedé boca arriba, quieta y cerré los ojos.

-¿Vamos a dormir juntos?-me preguntó Jasper, y aún podía sentir como me miraba.

-No sé, imagino que si. Aunque si lo prefieres puedes dormir en la bañera o en el suelo-bromeé yo, intentando que dejaran de arderme las mejillas.

-Ya das por hecho que tú te quedas con la cama ¿no?

-Claro, porque tú eres un caballero y no permitirías que yo durmiera en el suelo o en la bañera-abrí los ojos para mirarlo mientras le dedicaba una sonrisa inocente, y lo encontré mirándome con el ceño fruncido-así que si no quieres dormir conmigo, ya sabes lo que tienes que hacer.

-Yo no he dicho que no quiera dormir contigo-me soltó de repente, haciendo que volviera a ponerme nerviosa.

-De…de acuerdo. Pues entonces ya está solucionado.

-Te aviso que me muevo bastante-me advirtió mientras él también se metía dentro de las sábanas, tapándose solamente hasta la cintura.

Yo asentí, viendo que sería incapaz de decir nada, por culpa de lo juntos que estábamos. Aquella cama era muy blanda y muy pequeña. Ambos estábamos boca arriba, pero demasiado juntos. Nuestros brazos estaban enfrentados y yo temía moverme, porque no quería tocar nada más.

-¿Cómo descubriste que podías controlar los estados de ánimo de las personas?-le pregunté, en un intento de distraer mi mente.

-Fue a los siete años. Yo…no tuve familia, por lo tanto estuve viviendo en un orfanato hasta que cumplí los diecisiete. Un día, estaba jugando con mi mejor amigo Edward y de repente él se enfadó conmigo porque decía que había hecho trampa. Se enfadó mucho, y yo quería que se tranquilizara. No supe qué hice, pero de repente dejó de estar enfadado. Fue una cosa muy extraña, pero no le dimos importancia, aunque yo supe que aquello que había ocurrido no era normal. Otro día pasó exactamente lo mismo. Edward estaba triste por algo, no recuerdo porqué, pero cuando yo me acerqué a él y deseé que estuviera contento, dejó de estar triste. A medida que fui creciendo, fui capaz de controlar las emociones de todas las personas que me rodeaban, y aquello me vino muy bien para evitar que me castigaran muchas veces. Pero lo mejor de todo era que Edward también desarrolló un don.

-¿A si?-le pregunté yo girando mi cabeza para mirarlo.

-Si, él podía leer las mentes de las personas.

-¿De veras?-le pregunté sorprendida.

-Si, aunque al principio, tanto él como yo pensábamos que se había vuelto loco. Cuando creció también aprendió a controlarlo. Muchas veces descubrió cosas bastante vergonzosas sobre mí, por culpa de mis pensamientos-me confesó riendo.

-Imagino que tiene que ser algo molesto tener un amigo que no deja de leerte la mente.

-Pues no te lo voy a negar.

-¿Y…qué hiciste cuando saliste del orfanato?

-Comencé a trabajar, y después, cuando Edward salió también, nos fuimos a vivir juntos. Los Vulturis no tardaron en ir a buscarnos.

-¿Qué pasó?

-Nos explicaron lo que hacían, pero nosotros nos negamos a unirnos a ellos. Llevábamos toda la vida encerrados entre cuatro paredes, y en aquel momento queríamos ser libres. Lo único que pudimos hacer fue escapar, ya que no teníamos otra opción, aparte de unirnos a ellos o morir. Edward y yo nos separemos, y ya no he sabido nada de él desde entonces.

-Vaya…

-Hace un año de aquello. Desde entonces he estado viajando de aquí para allá solo, viviendo como he podido. Muchas veces me encontré con más personas con poderes y ellos me explicaron todo lo que hay que saber de los Vulturis.

-¿Qué sabes de ellos?

-No me digas que nadie te ha explicado nunca nada.

-Si, lo esencial, pero no los conozco uno a uno.

-Veamos, Aro es el líder. Es capaz de oír los pensamientos de las personas solo con tocarlas-en aquel momento entendí como había sabido que Carlisle mentía la primera vez que tuve que escapar de ellos-Cayo no posee ningún poder y Marco puede percibir los sentimientos de las relaciones de las personas . Ellos tres son los que mandan. Demetri es el peor de todos, ya que es un rastreador.

-Sé quien es, es el único al que conozco mejor-lo interrumpí, pero me ignoró por completo.

-Después está Félix. Su poder es la fuerza, es capaz de echar una casa abajo con solo empujarla un poco.

-¿Y Jane?

-También es muy peligrosa. Su poder es parecido al mío, pero no es igual. Puede hacerte sentir lo que ella quiera, aunque casi siempre lo usa para hacerle daño a las personas.

Tragué saliva, esperaba que Carlisle no hubiera tenido que sucumbir a sus poderes.

-¿Ya está?

-Si, esos son los principales. ¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a ellos?

-Algo así…-le contesté.

-¿No quieres hablar del tema?-me preguntó al notar el tono de mi voz.

-Ahora mismo no-no quería, porque sabía que si lo hacía me pasaría toda la noche buscando en el futuro, y no quería hacerlo. Necesitaba dormir, y eso era lo que haría.

-De acuerdo. Buenas noches, Alice-me dijo, llamándome por mí nombre. Era la primera vez que lo hacía y una sonrisa apareció en mi rostro inconscientemente.

Apagó la luz, y lentamente se giró hacia el lado de la ventana, quedando de espaldas a mí.

-Buenas noches-le contesté yo, haciendo lo mismo que él, pero girándome hacia el lado opuesto.

No tardé nada en dormirme. Aquel había sido un día muy largo.

Al otro día, me desperté por culpa de la luz del sol que me dio en toda la cara. Abrí lentamente los ojos y me encontré con el rostro de Jasper extremadamente cerca del mío. Me quedé inmóvil, temiendo moverme, pero tenía que hacerlo. Por lo que lentamente me giré, hasta que conseguí ponerme boca arriba. Permanecí un rato pensativa, hasta que noté que Jasper se movía.

-Buenos días-escuché que me decía medio adormilado.

-Buenos días-le contesté yo sin mirarlo aún. Estaba segura de que tenía cara de zombie, y no quería que me viera de ese modo.

Entonces Jasper se levantó y se dirigió al cuarto de baño. Yo me incorporé en la cama, y me di cuenta de que al parecer, por la noche me había destapado y tenía las piernas al aire, y la camisa subida casi hasta los muslos.

En aquel momento, Jasper salió del cuarto de baño y se dirigió hacia su mochila. Yo, sin saber muy bien lo que hacía, no me preocupé de taparme porque por un momento quise que Jasper me viera. Lo seguí con la mirada, pidiéndole con los ojos que me hiciera caso, pero lo único que hizo fue meterse en el baño de nuevo y cerrar la puerta. Me sentí mal porque quería que me viera como a una mujer, y por un momento quise incluso que me deseara. Entonces caí en la cuenta de la tontería que llevaba encima, y me apresuré a taparme con las sábanas de nuevo. No sabía que me pasaba con Jasper, pero desde que nos encontremos, había empezado a actuar de un modo diferente.

Cuando salió del baño ya estaba vestido, por lo que me levanté de la cama, escogí mi ropa para aquel día, e hice lo mismo que él. Meterme en el cuarto de baño y vestirme. Intentaba no pensar en lo que había hecho, o más bien, había intentado hacer antes, porque me moría de vergüenza con solo recordarlo. De acuerdo, Jasper era muy guapo y todo eso, pero no hacía falta ser tan evidente. Además, no hacía ni un día que lo conocía personalmente.

Cuando estuve lista, abrí la puerta y me encontré a Jasper registrando en mí mochila

-¿Qué se supone que estás haciendo?-le pregunté frunciendo el ceño, mientras intentaba no enfadarme excesivamente.

-Buscaba algo para comer, tengo hambre, ¿tú no?-me preguntó como si aquello fuera lo más normal del mundo.

-Si, pero eso que estás registrando es mí mochila.

-Ya ¿y?

-Pues que no puedes abrirla sin mi permiso.

-No he visto nada confidencial, tranquila. Además, la comida que llevas es mía porque la pagué yo con mi dinero.

-Me parece estupendo, pero de todos modos comida esta en mochila, y si te digo que no la puedes abrir, es que no me da la gana de que la abras ¿entendido?-le solté intentando ponerme borde.

-De acuerdo, no te enfades ladronzuela-me dijo el muy imbécil, mientras se apartaba de mi mochila con una sonrisa arrogante, de aquellas que tanto odiaba.

-Mira Jasper, no me hartes-le dije intentando tranquilizarme un poco, y de repente me sentí genial. No estaba enfadada, ni sentía ira ni nada por el estilo. Ahora estaba bien-¿podrías hacerme el favor de no utilizar tu don conmigo?-le pregunté cuando me percaté de lo que me acababa de hacer.

Se limitó a sonreír de nuevo, sin decir ni una palabra más.

Partimos la ultima manzana que nos quedaba para los dos, y después abandonemos la pensión, empezando nuestro camino juntos.


Hii otra vez=)

Aqui teneis el segundo capi, espero que os haya gustado, a mi personalmete este me encanta^^

Aun no se cuantos capitulos tendra, porque tengo que terminar el 3o.

Bueno, pues dentro de poquito os traere el siguiente, asi que espero unos cuantos reviews!

Kisses!

PD: Los poderes de los Vulturis no se si estan bien porque no estaba segura de cual tenia cada uno...asi que si hay algun error, ya os pido perdon.