N/A: Muchas gracias a las que añadieron a favoritos a esta historia y a aquellas que me dieron follow a mí también! Y por supuesto a Erza-chan, que aunque no le gusta Twilight hará una excepción esta vez xD

El capítulo entero del libro me tomaría SEMANAS escribirlo completo. Es por eso que está por partes :)

Y bueno… ¡Leed! ^^

PD: tuve una pelea con FF así que si sale un 3/4 por ahí es que me reemplazó el "—".


PRIMER ENCUENTRO I

Tomé una bocanada de aire al asomar mi cabeza por la ventana abierta, la brisa cálida de la carretera golpeaba mis pómulos entibiando mi de por sí fría piel. Miré por el retrovisor del auto a mi hermano que dormía con su frente apoyada en el asiento trasero y a papá quien desviaba la mirada de la carretera de tanto en tanto para mirarnos por el espejo. Le sonreí en cuanto posó su vista sobre mí, sus ojos húmedos por haber llorado en la mañana después de abrazarnos a cada uno por más tiempo del necesario, recuerdo vagamente a Ichiru decirle que sus lágrimas no le iban a llevar a nada y que nos iríamos igual. Lloró aún más y demoramos al menos una hora en disculparnos.

Llevaba puesta una camisa azul y un par de pantalones grises, regalo de Yagari el día antes de venirnos e Ichiru vestía igual, muy a su pesar. Realmente no sabía qué era lo que le molestaba tanto a mi hermano estos días, pero después de varios portazos en mi cara me daba exactamente igual preguntarle.

Observé el cielo completamente despejado, esperando que en cualquier momento se cubriese de oscuras nubes, lo cual era estúpido porque aún tendría que tomar el avión para poder verlo. La península de Olympic ubicada al norte del Estado de Washington, era a donde nos dirigíamos, o más bien a un pequeño y endemoniadamente frío pueblecito llamado Forks, donde si tienes mucha suerte verás el sol unas contadas veces en el año. Mi hermano siempre recalca –o más bien se queja- de que Forks podría tener en una semana todas las lloviznas que cualquier ciudad podría tener en un año. No sé cómo lo hará para saber eso.

Mi padre hace diecisiete años escapó de ese pequeño infierno con nosotros recién nacidos y con un mes de haberse casado. Siempre dijo que no era el lugar que él quería para sus hijos, y que no quería que terminásemos vendiendo trastos en una tiendecita encerrados en un lugar donde no tendríamos futuro. Nunca le oí hablar de cómo reaccionó nuestra madre, pero ni a Ichiru ni a mí nos interesaba mucho. Siempre estuvimos bajo el cuidado de papá, por lo tanto Shizuka siempre era sólo Shizuka, la mujer con la que pasábamos un mes de nuestras vacaciones todos los años hasta que nos rebelamos a la edad de catorce, donde se vio obligada a pasar sus dos semanas vacacionales con nosotros en California.

Y ahora, después de tres años, irónicamente volvíamos por nuestra propia voluntad a un pueblo que detestábamos.

Hijos ambos nos giramos hacia papá por enésima vez, o al menos yo, porque Ichiru simplemente asintió, saben que no tienen que hacerlo. Yagari y yo podemos llevarlos con nosotros e incluso podríamos quedarnos en…

Le corté antes de seguir.

No, realmente queremos ir.

Luego de eso recuerdo a papá abrazándonos a ambos y a Ichiru dando codazos a diestra y siniestra para que le soltase. Por un momento observé la silueta de nuestro padre mientras pasábamos por la sala de embarque y me pregunté cómo lo haría de ahora en adelante. Estaba preocupado por él, que siempre lloraba por todo y no podía servirse un vaso de agua sin arruinarlo todo. ¿Realmente estará bien? Yagari estaba con él, al menos tendría comida y una casa limpia en la que poder quedarse, las facturas serían pagadas y cumpliría su sueño de ser toda una ama de casa. Estará bien.

¿Por qué tenemos que ir donde esa mujer? dijo mi hermano, yo sólo revolví su cabello cariñosamente, apoyando mi cabeza sobre su hombro.

La razón por la que nos mudábamos era porque papá recién se había casado, y no es muy cómodo querer pasar tu luna de miel con dos adolescentes a cuestas que digamos. Mucho menos si la persona con la que te casaste es actualmente un hombre, al igual que tú. O al menos esa última parte sólo le preocupaba a papá; a nosotros nos daba igual.

El viaje fue horrible.

Exactamente cuatro horas hasta Seattle, luego una hora en avioneta hasta Port Angeles –Ichiru odiaba las avionetas- y otra más por una descuidada carretera. A pesar de las turbulencias y del pésimo estado de ánimo de mi gemelo, lo que más me preocupaba era el viaje en auto y el que tendríamos que pasar una hora completa en el mismo lugar con Shizuka. No me sorprendió verla en el viejo coche patrulla de su trabajo y en el cual tuve que subirme durante catorce vacaciones de mi vida.

Ella parecía estar bastante bien con todo, sin duda adoraba el que sus hijos por una vez decidan pasar más tiempo con ella de lo que le permitían sus cortas vacaciones. Durante el viaje nos contó que ya tenía las matrículas del instituto hechas y no paraba de mencionar una sorpresa que nos tenía, que luego ya no fue sorpresa al decir que uno de sus amigos le había ofrecido un auto.

A pesar de que ni mi hermano ni yo éramos muy habladores con alguien que no sea nosotros mismos, Shizuka logró rellenar la hora completa con su conversación-monólogo a base de lo que decía y mis cortas intervenciones. Cada vez que le preguntaba algo a Ichiru este simplemente asentía o negaba. Al final se resignó a obtener respuestas de él, solamente concentrándose en mí.

Si lograba analizarnos completamente, en lo único que nos parecíamos a nuestra madre era en nuestra inusual palidez y el color de nuestro cabello. Shizuka tenía unos ojos rosáceos bastante bonitos, mientras los de nosotros eran violetas. Para desgracia de mi padre, no sacamos absolutamente nada de él, excepto el que tengamos que usar lentes muy rara vez. Al contrario de este viaje, Shizuka no era muy habladora; supongo que esta vez lo era o por nervios o por todo el tiempo sin vernos. Muy a pesar de Ichiru y nuestro padre, la verdad es que nos parecíamos bastante a ella.

Tal vez es por eso que Ichiru no congeniaba demasiado con nuestra madre desde el principio.

No sé si fue ver el cartel de entrada a Forks tres-mil-ciento-veinte-habitantes o el silencio que cayó repentinamente sobre nosotros lo que me hizo hablar primero. O simplemente la pequeña parte de mí que sacaba curiosidad del aburrimiento.

¿Qué tipo de coche es ese? pregunté y Shizuka sonrió levemente al verme por el retrovisor. Desvié la vista hacia la ventana, esperando ver las gotas de lluvia en cualquier momento.

Fue buena decisión el haber tomado el anorak conmigo.

Es un monovolumen, un Chevy para ser precisos, lástima que no habían dos soltó casi tan rápido que temí que se mordiese la lengua. Tal vez debí haber hablado más con ella Pero supongo que no hay problema con eso, ustedes dos siempre han estado juntos ¿Cierto, Ichiru?

Lo que tú digas, Shizu… mamá respondió él desde su cómoda posición que ocupaba casi todo el asiento trasero y apoyaba su cabeza en mi regazo, con los ojos cerrados y apenas concentrado en lo que mamá le decía¾, mientras sea Zero, no me importa estar con nadie.

Se acurrucó aún más hacia mí en cuanto comencé a acariciar lentamente su cabello, murmurando cosas que no entendí. A pesar del carácter reservado que teníamos, Ichiru resultaba ser bastante popular, siempre rodeado de gente a la cual no consideraba lo suficientemente buena para ser considerados sus amigos, incluso aunque éstos cumpliesen con todos sus pequeños caprichos y todas las confesiones que recibía. Él siempre decía que al único que volvería siempre sería a mí.

Y bueno, tal vez a papá. Tal vez.

¿Quién lo vendía? presioné un poco más la conversación. Shizuka se removió un poco incómoda n su asiento.

El señor Takamiya ¿Lo recuerdan? Vivía en esa playa… La Push.

Recordaba el nombre, pero vagamente el sitio. Tal vez lo mencionaron en alguna de mis clases en Phoenix.

No masculló Ichiru. Creí que estaba durmiendo.

Qué raro, solíamos ir a pescar con su hijo en las vacaciones.

Esa era la razón del porqué no nos acordábamos. Habíamos intentado olvidar todo lo vinculado con este lugar en el que ni siquiera pudimos hacer amigos por estar todo el día encerrados en casa por la lluvia.

Es una lástima que el señor Takamiya ahora esté en silla de ruedas.continuó después de una pausa en la cual ninguno respondió Ya que no puede conducir y su hijo aún no puede obtener el permiso, me vendió el vehículo para los dos.

Asentí levemente. Empecé a intentar recordar de dónde había oído el apellido, pero ningún rostro llegó a mi mente.

¿Qué tan viejo es?

Por primera vez en todo el viaje, fue Ichiru quien preguntó primero. Shizuka levantó la vista hacia el retrovisor extrañada por un momento, pero luego frunció los labios. No esperaba esa pregunta.

Empecé a enterrar en el fondo de mi mente la expectativa de obtener un vehículo nuevo.

Bueno, el hombre hizo bastantes arreglos. Tampoco es tan viejo.

Ichiru me observó desde su posición con una sonrisa que me pareció un tanto malvada. Quizás pasar mucho tiempo bajo el cuidado de Yagari le había afectado de alguna forma.

¿De qué año es? volvió a preguntar. Mamá frunció aún más el ceño, incómoda.

Lástima para ella que a ambos nos interese el tema, de otra forma podría haberla ayudado a salir del pequeño aprieto.

1984, o cerca…

Ichiru se dejó su posición para apoyar su cabeza sobre mi hombro; estaba seguro de que era para poder ver la expresión de Shizuka y obtener algo de diversión a costa de ella.

¿Era nuevo cuando lo compró? le di un pequeño codazo en cuanto oí el suspiro de ella, aunque yo también sonreía.

Debió estar pensando que, en ese momento, éramos los hijos más inoportunos que cualquiera podría tener.

No, siendo sincera creo que era nuevo a principio de los sesenta, o a mediados de los cincuenta.confesó tímidamente.

Mamá… ¿tuviste en cuenta al momento de comprarlo que no podríamos hacer nada si le pasara algo?

No es tan así, les prometo que el trasto funciona excelente. Los mejores son los antiguos.

El trasto. Genial, al menos teníamos un apodo listo para el… trasto. Iba a dejarlo estar, pero había una cosa que me preocupaba más que los detalles.

¿Cuánto cuesta? tanto Ichiru como yo preguntamos al mismo tiempo. Shizuka nos miró por el retrovisor nuevamente, siempre le había divertido cuando cosas de este tipo sucedían.

Se los he comprado como regalo de bienvenida.

Bueno, eso ciertamente cambiaba las cosas,

Sabes que no tenías que hacerlo, mamá. Podemos trabajar y comprarnos un coche nosotros mismos. dije, suspirando quedamente. No me agradaba la idea de recorrer calles bajo la lluvia buscando trabajo, pero no quería recibir todo de Shizuka. Me gustaba sentirme un poco independiente.

Ella rió al ver mi rostro. No me llamó la atención el que Ichiru suavizara su ceño fruncido, después de todo una de las pocas cosas que nos gustaba de estar aquí era la risa fresca de mamá.

Está bien, Zero. Sólo acepten el regalo y prometo dejarlos en paz.

No era la primera ni sería la última vez que escucharíamos la misma frase. Doblamos por la esquina de una calle casi vacía, rebosante de vegetación ante la ausencia de casas. Ninguno de los dos entendía porqué se había pavimentado esa calle, ni siquiera cuando Shizuka mencionó años atrás que era porque sobraban fondos al ser un pueblo pequeño.

El color verde me hizo sentir como estar en un planeta alienígena.

Finalmente llegamos a casa. Era pequeña, con dos dormitorios originales, uno recién agregado junto a un baño y la cocina con la sala de estar compartidas. Papá había comprado la casa cuando recién se casaron, en la cual no pasó de los primeros días antes de irse de aquí.

Frente a la casa estaba el monovolumen, era de un rojo desgastado, guardabarros anchos y redondos y de una sola cabina. Escuché a Ichiru soltar una exclamación y apenas aparcamos, salió disparado en dirección al vehículo. Para mi sorpresa, yo también me encontraba frente a él antes de darme cuenta y al ver la sonrisa gigante de mi hermano, supe que yo estaba sonriendo también. Escuché el sonido de una cámara y a Shizuka riendo. Lo cierto es que sentía que tanto Ichiru como yo encontramos al amor de nuestras vidas.

El carro lucía como esos que si estuviesen en un accidente de tráfico, sería de los que se encontrarían intactos en medio de montones de vehículos nuevos destrozados.

Me alegra que les guste.

Luego de eso, no tuvimos que hacer mucho esfuerzo al llevar las cosas, ambos tan sólo llevábamos una maleta cada uno, por lo que sólo requirió un viaje escaleras arriba. Ichiru optó por el dormitorio recién agregado mientras que yo me quedé con el que compartíamos de niños, que daba justo al patio delantero. Reconocí instantáneamente las cortinas amarillentas, el suelo de madera y las paredes de un azul pálido. Los únicos cambios notables eran un escritorio nuevo junto a un computador y el que la vieja cama de una plaza haya sido sustituida por otra de una plaza y media. También vi un módem junto al no tan nuevo computador. Estaba al cien por ciento seguro de que eso era tema de papá para no perder contacto.

Al menos tendría internet, y por la expresión de Ichiru al asomar su cabeza por mi puerta, supe que él también.


N/A: Ichiru es un malvado. Pero me gustan así jaja.

Espero, ya sea por milagros, saber qué opinan de esto. Que tengan un buen fin de semana!