Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Dulces recuerdos.
I
Se movió débilmente por todos lados de la cama, buscó las sabanas y se cubrió de pies a cabeza. Junto a su oído escuchaba el molesto sonido de las manecillas del reloj repicando.
Tic, tac… tic, tac… con su sonido perfectamente sincronizado le susurraba que no faltaba mucho para que venciera la alarma y todo aquello se descontrolara.
Y así fue... el ruido la estremeció obligándola a levantarse de golpe, sacándola de sus casillas. Sus ojos hinchados arrancaron la risa de Ino que observaba divertida desde el marco de la puerta. Sakura llegaba a ser tan predecible.
—Maldición, puerca... ¿no podías poner tu despertador lejos de mi cara? — bufó molesta, hundiendo su cabeza entre la almohada—Dormir, quiero dormir, Ino. Así que largo de aquí, no me molestes—murmuró con pereza.
—¡Levántate de una maldita vez, Sakura! —exclamó, Ino, visiblemente irritada. Había estado la última media hora gritándole desde la cocina, en un intento fallido por llamar su atención, o cómo mínimo, buscando que Sakura diera una señal de vida o de interés por salir al mundo real.
La aludida, sólo atinó por cubrirse la cabeza con la almohada haciendo caso omiso, pero la voz de Ino gritoneándole por toda la habitación no dejaba de sonar, y tenía el presentimiento de que tampoco dejaría de hacerlo, seguiría insistiendo hasta que obtuviera lo que quería. Así que la jovial rubia se acercó sigilosamente a la cama y recogió el despertador que Sakura había dejado caer, una sonrisa se trazó en sus labios con cada giro que le daba ajustando la cuerda del aparatejo.
—¡Sakura! —gritó segundos antes de que le lanzara el despertador y éste volviese a sonar violentamente junto a ella.
—¡Ahhh! —chilló la joven con una mueca de fastidio— ¡Deja de hacer eso, maldita sea!
Sonrió victoriosa, Ino, ¿así que no se iba a despertar?
—Si vas a quejarte es mejor que salgas de esa cama, ya es tarde. Las personas normales están afuera disfrutando del día, ¡Vamos Sakura! Te estás convirtiendo en una marginada social.
—Las personas normales no se casan con Neji Hyuuga... —murmuro sin levantar la cabeza, llevó las manos al cuello simulando un intento de suicidio.
Se sentó a un lado de ella y le acarició los cabellos con un gesto maternal, que luego cambio a uno divertido típico de una hermana que está por gastar una especie de broma, le lanzaría de nuevo el despertador, pero el rostro pálido y las ojeras que tenía Sakura la hicieron cambiar de parecer.
—Luces deprimente —le susurró al notar la expresión triste de Sakura sobre la almohada—. Deberías darle una oportunidad...
—Es un idiota —respondió sin dudar.
—Tú también y nadie te dice nada —contestó Ino haciendo que se le escapara una risa—. Sólo piénsalo, quizá no es tan malo como lo imaginas. He buscado algunas fotos de él en revistas y ese hombre no tiene nada que envidiar. Está como para desvelarse... —hizo una pausa imaginando diferentes escenas "particulares" con Neji como protagonista.
Sakura rodó los ojos y un aura de depresión terminó por cubrirla, los pensamientos de Ino no la ayudaban.
—Fácilmente te enamorarás de él —dijo con ánimo pasando un brazo por su hombro.
—No tiene sentimientos, es imposible amar a una persona así —soltó un suspiro y tomó el collar que traía entre sus manos—. Además, yo ya estoy enamorada...
Miró la fotografía gastada que guardaba con recelo y de manera instintiva sus mejillas se tornaron carmesí.
La rubia se apartó de ella, si seguía escuchándola terminaría enojándose una vez más...
—Vamos a desayunar, ya es demasiado tarde y el desayuno es la comida más importante del día... —murmuró levantándose rápidamente—. Te espero en la cocina.
Apretó los puños, sabía hacía dónde se dirigía aquella conversación y por ningún motivo se permitiría hablar de Itachi nuevamente; habían pasado un par de años y el dolor producido a su amiga no daba indicios de querer desaparecer, y eso la indignaba. A pesar de que el daño no se lo había ocasionado a ella directamente, le dolía de la misma manera. Todas las veces que solían platicar, él le había prometido hacer feliz a Sakura, y no había cumplido...
Menudo mentiroso...,masculló Ino para sus adentros. Porque Ino sabía que podía insultar a Sakura, golpearla, incluso fastidiarle la existencia... pero jamás la lastimaría hablándole de él.
Maldito Uchiha..., pensó para sí. Odiaba cuándo Sakura lo mencionaba. Itachi no merecía que ella lo recordara con tal vehemencia, para sincerarse, Itachi no merecía nada... absolutamente nada de nadie.
II
Sakura se levantó con pesadez, y con pasos cortos y torpes se dirigió al espejo cercano. Se miró, sin poder reconocer sus finos rasgos, tan alegres y frescos hacía un tiempo. Ahora sólo apreciaba lo demacrada que lucía, y suspiró con aceptación.
—Ya no soy la de antes —se atrevió a reconocer. El brillo de su mirada ya no existía, y sabía perfectamente el motivo, era tan evidente para su corazón la respuesta. Extrañaba sentirlo cerca. Extrañaba a Itachi.
Y a pesar de que el tiempo continuaba su curso sin esperar a nadie, y de que ella intentaba seguir con su camino, algo le impedía continuar con su vida. Aún no entendía por qué Itachi se había marchado de esa manera. Recordarlo le hacía daño y a pesar de ello, Sakura se lastimaba continuamente, maquilando ideas, suposiciones que jamás sabrían si eran o no era. Y llegados en ese punto, sólo una cosa era segura para ella, era una maldita masoquista.
Sin percatarse, frías lágrimas corrían por el borde fino de su rostro hasta morir a sus pies. Lentamente pestañó para apartar cada una de ellas, y sin mucho éxito, se adentró a la regadera relajando su cuerpo bajo el contacto del agua caliente, las cálidas gotas caía directamente sobre su rostro. Aquello le supo tan familiar.
Justo como un día antes, pensó. Y suavemente comenzó a lavar su cabello con aquél líquido rosado entre sus dedos. El aroma dulzón inundó sus pulmones empalagándola. Cada que usaba aquélla fragancia que llevaba compartiendo con Ino desde la infancia la trasladaba al lado de Itachi reiteradamente...
Itachi respiró su aroma profundamente.
—¿A qué hueles, Sakura? —murmuró jugueteando con la suave hebra de su cabello, la misma que deslizaba por sus largos dedos con tal sutileza como si se tratara de una pieza de fina porcelana.
—¿A qué huelo? —preguntó dudosa. Bajó el rostro mirando sus ropas húmedas, resultado de haber corrido bajo la lluvia cuándo él había tratado de hacerla entrar en razón. Ahora lo pensaba con claridad, en qué diablos estaba pensando al salir a caminar sabiendo de ante mano que llovería... — ¿Huelo tan mal?
El tono de su voz llevaba impresa un rastro de tristeza, sus manos estrujaban sus ropas con recelo, claramente podía sentir el olor a sereno a su alrededor. Itachi se acercó con una sonrisa al ver el rostro de Sakura lleno de desconfianza.
—¿Qué si hueles mal? —la rodeó por la espalda dejando su rostro a escasos centímetros de su cuerpo, podía sentir un suave temblor proveniente del cuerpo de Sakura. Le encantaba ser el único en provocar esa clase de reacciones en ella. Con cuidado apartó hacia delante las rosadas hebras de su cabello dejando desnudo su cuello con delicadeza. Inspiró suavemente, como si en aquel acto quisiera guardar el aroma en su memoria.
—Tu aroma me enamora, Sakura. —Susurró junto a su cuello, y por un instante sintió como el cuerpo de Sakura reaccionaba a su voz, poniéndose rígido de repente— Me resulta difícil concentrarme teniéndote a mi lado.
La punta de su nariz rozó su piel y no pude evitar soltar un suspiro. Sólo bastaba una caricia, una mirada, una sonrisa de sus labios para que toda su felicidad se resumiera en un instante.
III
Con sus manos trataba de quitarse toda aquella suciedad que amenazaba su cuerpo, duró un largo rato bañándose que no sintió el tiempo que había transcurrido. En su mente solamente cruzaban aquellos ojos negros, deseaba tanto volver a verlos. ¡Tenía que ver a Itachi Uchiha! Tenía que sentirse más cerca de él... solo una última vez...
Sólo una vez más…
Sakura salió del baño y tomó las ropas que Ino le había dejado sobre la cama, una sonrisa se le formó recordando todo lo que había hecho por ella todos esos años. Más que una amiga, se había convertido en una hermana. Desde la muerte de su madre su vida había sido muy complicada, necesitaba un refugió y ella había sido su confidente y su hogar, sonrió con nostalgia apresurándose a buscarla.
Bajó las escaleras y escuchó unos quejidos que la llevaron hasta cruzar un pequeño pasillo que daba a la cocina. Se recargó en una pared enternecida por la imagen de aquella chica luchando ferozmente por no quemarse en su intento de desayuno, se acercó lentamente abrazándola fuertemente, el olor amargo del café inundó sus pulmones y un leve, un levísimo olor a quemado que no fue capaz de reafirmar...
—Gracias por soportar cada uno de mis dramas —murmuró separándose con un temblor en el cuerpo, acarició uno de sus brazos en un reflejo de nerviosismo evidente.
En cualquier momento la cocina podía explotar...
La rubia la miró con extrañeza, depositó los huevos sobre la mesa poco antes de darle un sorbo a su taza de café y tomar un pan tostado a medio quemar.
—No agradezcas, con los años uno se acostumbra a ti —dijo mordiendo un trozo de pan, el sabor amargo le provocó una mueca de asco imposible de esconder. Sakura sonrió y escuchó de su amiga afirmar que los huevos tenían mejor sabor—. Nunca le atino a los panes, deberían inventar algo que calcule cuando esté listo y lo sirva. Me haría la vida más fácil.
Sakura rodó los ojos con incredulidad.
—Ya existen —le dijo—. Se llaman tostadoras.
—Sí, lo que sea, siéntate y desayunemos —le extendió un plato y le señaló un lugar junto a ella.
—Este… —Sakura no sabía como decirle aquello—Este, Ino... no puedo.
—Si es por el pan, los huevos tienen mejor pinta y sabor.
—No es eso, tengo que ir por mis recuerdos. Hay algunas cosas que me gustaría hacer antes de... ya sabes, Neji.
Ino guardó silencio, desde que la había visto en la cocina tenía el presentimiento que no se quedaría al desayuno... De una de las bolsas de su gabardina sacó el mismo collar que seguía resguardando con recelo, lo abrochó a su cuello y con la otra mano le extendió el anillo que Neji le había enviado a casa, porque sí... le había "enviado" el anillo de compromiso con un emisario de su familia. Jamás se había sentido tan indignada en toda su vida.
"Protocolos", le había dicho en cambio el emisario con cierto nerviosismo. Sakura miró con desdén la pequeña caja de terciopelo negro y después desvió la mirada hacia el hombre. Un aura oscura se había formado detrás de ella.
Mentía, sabía que mentía. Era evidente que aquel pobre hombre se sentía apenado por el trabajo sucio que le habían mandado a hacer. Y es que no necesitaba ser un genio para darse cuenta que aquel gesto por parte de Neji era una broma. Un especie de desquite por el desplante que le había hecho. Desde aquel "anuncio" de compromiso con sus padres no había vuelto a ver a Neji, no se había dignado a pararse frente a ella, tampoco lo esperaba, pero hubiese sido una excusa para persuadirlo de la idea de casarse.
Sin embargo, aquello no pasó. Y ya era demasiado tiempo como para considerar la idea como una opción.
—Guárdalo —murmuró con seriedad—. Si lo conservo, probablemente termine por arrojarlo desde un puente, o simplemente arrojándoselo en la cara.
Sakura vio el anillo por última vez y después lo lanzó como una cosa que no sirve. La sortija fue a dar a las manos de la rubia y ésta lo colocó a contra luz y al verlo estuvo a punto de escupir el sorbo de café que había bebido segundos antes. Sus ojos se expandieron con sorpresa innegable.
—¡Demonios, Sakura! Neji si se tomó en serio eso de darte un anillo de compromiso... esto sí es anillo, no las baratijas que Sai suele darme...
—Vale menos de lo que imaginas —dijo refiriéndose al anillo con desdén—. Seguramente lo encontró en una caja de cereal, o en el mejor de los casos habrá mandado a alguien más a conseguirlo. Estará más seguro contigo, Ino. —reconoció—. Llévalo a casa un día antes de la boda, tenerlo me hace sentir atada, y aún no lo estoy.
—Si eso es lo que quieres, Sakura… está bien —Alzó una ceja con desconfianza. La mirada molesta de Sakura cambio apenas se miró con su collar puesto, como detestaba ese maldito collar...pero debía admitirlo, algo extraño había en el rostro de su amiga. Un brillo apareció en sus ojos, ese brillo que no veía en mucho tiempo.
¿Qué demonios había sucedido?
No estaba segura, y probablemente nunca lo sabría. Sakura se despidió con un ademán y una sonrisa antes de cerrar la puerta del departamento, dejando a solas a una confundida Ino con su pan quemado a medio morder.
IV
Caminar en sentido opuesto al resto de las personas se había vuelto una costumbre, había aprendido a amar todas las cosas raras de la vida.
—Que mucha gente vaya en la misma dirección no significa que sea la correcta... —murmuraba Itachi cada vez que notaba las miradas curiosas sobre ellos. Él simplemente sonreía y la tomaba de la mano, hacia un gesto alentador y apresuraba el paso en medio del mar de gente que se les avecinaba.
Ahora caminaba en sentido opuesto, como una aguja de reloj en contra de su dirección natural, y como la misma aguja... lo hacía sola...
Abrió los labios ligeramente, respiró y el poco oxígeno que le quedaba regresó a sus pulmones al ver aquellas letras plateadas en lo alto de la más prestigiosa galería de arte de la ciudad. Contempló por unos minutos el imponente lugar. La arquitectura moderna que combinaba con los detalles de la piedra caliza la hacían sentir en casa. Sakura sonrió, retomó su seguridad poco antes de subir por las escaleras que la llevarían al vestíbulo. Al abrir una serie de recuerdos la estremecieron. Un viejo sentimiento ya olvidado la embriagó, haciéndola sentir una extraña calidez.
Jamás habría imaginado que fuese a ganar algo en aquélla tarde, un resfrío quizá, pero nunca la mitad de su vida...
Sakura lo recordaba. Era el recuerdo más vivo en su memoria.
Se aproximaba el invierno y con él el aniversario de la muerte de su madre, psicológicamente a Kizashi y a Sakura les afectaban esas fechas. Pasaban largas horas bebido grandes dosis de café y sus fotografías eran regadas por todos los rincones de la casa, los cuadros descolgados de sus sitios y el frio corroyéndoles el interior. Eran los meses más difíciles por la depresión que vivían. Así, de una manera extraña su padre le inculcó el amor a la pintura y al arte.
A esas alturas pasaba la mayor parte de su tiempo admirando un lienzo en especial, el retrato de una hermosa mujer con mirada apacible y ojos verdes. Acostumbraba a contrastar una fotografía de su madre con el cuadro, le costaba creer la familiaridad con el que había sido pintado, así mismo, le costó creer que Itachi sintiera la misma atracción por el lienzo. Las paredes blancas, aquellos rostros enmarcados eran opacados por su cuerpo a escasos metros del suyo.
Estaba sorprendida, no recordaba haberlo visto con anterioridad por los pasillos o en algún otro lugar, a pesar de eso y de la singular atmósfera de seriedad que desprendía, había un sentimiento que no podía describir.
Un grupo de seguridad se posicionó a su lado, aún seguía a una distancia considerada, pero podía notar claramente como los guardias asentían a sus indicaciones. Al cabo de un instante las vitrinas de cristal se abrieron y comenzaron a descolgar el enigmático objeto.
Lo vio curvar los labios segundos antes de comenzar a caminar hacía él, y a medida que me acercaba su imagen se iba aclarando y su voz se iba haciendo fuerte.
—¡Espere!, ¿qué cree que hace? debe haber un error.
—No lo creo —dijo de repente—. Si fuese más observadora se daría cuenta de lo que hago, y no cuestionaría lo evidente —finalizó sin voltear a mirarla. Parecía no percibir la angustia en la voz de Sakura.
—Quiero decir, sé lo que hace; puedo verlo claramente, pero ¿por qué? —preguntó incrédula— Es hermoso... vengo a este lugar solo para verlo. Es injusto —masculló con disgusto, sus mejillas se sonrojaron al notar el escaso interés de su parte.
La voz de ella sonaba... ¿autoritaria? Simplemente guardó silencio intentando recordar la última vez que alguien se había dirigido a él de esa manera, con la firme y clara intención de contradecirlo...
Nada...
No recordaba a nadie más... a pesar de que la voz de Sakura sonaba quebradiza y con un rastro de nerviosismo, aquello era toda una hazaña.
—La vida no es justa. Vaya acostumbrándose —comentó él, después desvió la atención a su reloj sorprendido del tiempo que ya le había hecho perder—. Cuando uno es dueño de una galería, esta le otorga el derecho de hacer lo que quiera con ella. En la vida cotidiana se suele llamar derechos de propiedad privada... —dijo dándole la espalda.
Sakura sintió como sus piernas comenzaba a flaquear y que de repente alguien le pegaba un letrero de "estúpida" a la frente.
—Si es suya, ¿por qué no deja el cuadro en su lugar? —la miró con sorpresa. ¿En verdad le estaba pidiendo una explicación?
Cerró los ojos un segundo, no podía creer que estuviese considerando responderle a aquella joven tan insistente.
—Prefiero que el resto de las personas lo admiren en otra parte… sería un detalle si lo hacen de la misma forma que usted... —confesó finalmente, sin embargo, su semblante serio seguía sin caer.
Sakura podía darse cuenta de eso. Aquel hombre que tenía frente a ella en ningún momento parecía abandonar aquella postura rígida, sin saber por qué, su cercanía la hacía sentir desarmada. El simple hecho de no desmayarse ya era un punto a su favor.
—Es pretencioso de su parte pedirme que lo deje solo porque usted así lo desea —susurró mordaz frente a la insolencia de Sakura. Pero a Sakura no le importó el insulso detalle. Su mente estaba en otro lado.
El dueño de la galería, resonaba en sus adentros. Lo había imaginado de tantas maneras que el momento le parecía una broma; el estilo elegante pero conservador le hacían creer que se trataba de un hombre de edad avanzada, canoso y huraño. El tipo de anciano que quiere todo en orden y que odia que toquen sus cosas… pero nunca creyó que sería un hombre joven como aquél que tenía delante de ella.
Lo observó de arriba-abajo, era alto con la piel tan blanca que contrastaba sublimemente con el oscuro de su cabello y de sus ojos, debajo de ellos unas marcas se le insinuaban.
«Ojeras, pensó, debe ser adicto al trabajo… o adicto a la vida nocturna» dedujo Sakura rápidamente, lo volvió a mirar y desechó la última idea, no parecía esa clase de hombres...
Alzó la mirada a su rostro y se sintió delatada, necesitaba aprender la definición exacta de mirar "disimuladamente" se dijo... carraspeó un momento y susurró con descaro:
—No sólo es pretencioso, también egoísta —sonrió al ver una mueca de desaprobación por parte de él, por alguna extraña razón le parecía divertida—. Deje el cuadro aquí, en Konoha —aconsejó— Por favor... déjelo.
—No puedo, váyase haciéndose a la idea. Los trámites del envío ya los he realizado. Está listo para su traspaso al país de la Tierra, así que no pierda su tiempo —repuso antes de comenzar a caminar. Sakura lo siguió por los pasillos, manteniendo una conversación inexistente por parte de él. Las personas del lugar los veían con intriga, ella había intentado sonar convincente de todas las formas posibles, pero a lo mucho había conseguido ser ignorada.
—Por favor, señor... señor… —Lo llamó en un último intento por captar su atención. Sakura lo siguió con insistencia hasta verlo reparar en una puerta de madera, cuya superficie tenía un nombre impreso al mismo estilo pulcro que todo el lugar.
—Soy Itachi, Itachi Uchiha. Aún no soy tan grande para ser un "señor" —respondió algo irritado. Se giró para detener su ya formal acoso por parte de Sakura.
—Lo siento, pero no quite ese cuadro por favor, le da singular belleza a este sitio, le da realismo y un contraste con todos los demás lienzos, sería un error cambiarlo... —dijo estúpidamente tratando de convencerlo, al tiempo que ponía un pie antes de que entrara en su oficina recién descubierta.
—Y creía que el experto en este lugar era yo —respondió mirándola de frente por primera vez— Eres insistente...
—Sakura, Sakura Haruno, así me llamo —dijo adivinando sus pensamientos—, por favor... ese cuadro me recuerda a mi madre...
Sakura bajó la mirada, no pudo evitar relucir una sonrisa triste. Aquello incomodó de tal manera a Itachi que suspiró sofocado, llevó una de sus manos a la cara sin creer lo que iba a hacer, le iba a costar una multa con una cantidad considerable de ceros... un disgusto y poco más de un problema con Deidara... ¡Y no ganaría nada!
—Si accedo, ¿dejará de molestarme? —cerró los ojos con resignación y se masajeó el puente de la nariz. Un empleado no pudo evitar mirarlos con real interés, su rostro de incredulidad lo delataba. Itachi le dirigió una mirada deshaciéndose de él al instante. No podía creer lo que estaba haciendo...
—Claro, no volveré a molestarlo —El rostro de Sakura se iluminó. E Itachi dudó que Sakura fuese a cumplir su promesa—. Lamento mucho las molestias.
—Yo más, Haruno... —estaba seguro— yo más.
Sakura recordaba ese momento como la primera vez que se vieron. Al día siguiente había regresado al mismo lugar con la sola idea de encontrarlo, y por gracia divina lo volvió a ver, tan elegante y encantador, que no podía creer que se sintiera una adolescente. Sus mejillas se sonrojaron al verse descubierta, Itachi solo la miró y se dirigió hacia ella.
Permaneció en silencio, la miró a detalle. Tenía la necesidad de prestarle la atención que un día anterior se había negado en dedicarle, un extraño sentimiento que sobrepasaba su habitual personalidad salió a flote.
—¿Viene a comprobar que su cuadro sigue en el mismo lugar, señorita Haruno? —Sakura se sonrojó al recordar el incidente del día anterior.
—No, no vengo a eso, Señor Uchiha —inquirió dudosa en continuar—. Vengo por otro motivo.
—¿Y puedo ayudarla? —murmuro con cierta duda.
Su mirada estaba clavada en ella y las manos de Sakura cayeron presa del nerviosismo, comenzó a jugar con sus dedos e Itachi no perdió de vista sus movimientos. A esas alturas había descubierto dos de sus tics, una chica bastante interesante...
Sakura tuvo que contar hasta tres antes de ganar valor.
—Eso espero, vengo a invitarlo a salir... —cerró los ojos, aquello no había sonado bien... ¡Maldición! Lo había repasado decenas de veces y había terminado saliendo mal, terriblemente mal— quiero decir, a comer, como muestra de gratitud por lo que hizo ayer por mí.
Juntó sus manos en señal de respeto e Itachi descubrió un tercer reflejo, Sakuro notó la mirada sobre sí y se ruborizó ligeramente.
—Ya veo —su mirada se volvió seria y su voz cortante.
Sakura bajó el rostro, no soportaba que la mirara de esa forma, era como si quisiera leer sus pensamientos, no había rastro de amabilidad, sólo una mirada escuadriñando en su interior; viendo que podía encontrar que la detalara…
—No tiene que hacerlo si no quiere... —sugirió ruborizada, era una idiota, pensó— debe está ocupado. Creo que llegué en mal momento; bueno, por lo del cuadro... Gracias —dijo nerviosa a medida que se marchaba. Se había comportado como una estúpida por segunda vez en una semana.
¡Nuevo record!, Murmuró una vocecilla en su interior. No hizo más que negar con la cabeza para alejar las ideas.
Sakura se dio la vuelta, hizo un pequeño gesto con la mano en forma de despedida. A pesar de la sonrisa que le dedicaba, Itachi podía notar claramente que tal felicidad no existía. Sólo tenía que aceptar... Sakura se estaba marchando y él no estaba haciendo nada por evitarlo...
¡Maldición!, masculló para sus adentros. Itachi no tenía idea de lo que estaba pasando consigo mismo en ese momento. ¿¡Qué diablos se suponía que tenía que hacer!? Esa niña en menos de veinticuatro horas estaba haciendo estragos con él... lo sabía, podía notarlo claramente.
En toda su vida nadie le había dedicado una sonrisa con tal sinceridad como para congelarle el alma, ahora aparecía ella con intención de cambiarle su mundo perfectamente acomodado en un santiamén.
¿Qué sentido tenía estar con alguien si no te cambia la vida? De todas formas, él también podía identificar ese cálido sentimiento nacer en su interior...
—Haruno... —llamó Itachi desde su mismo lugar— ¿puede darme su número?
—¿Cómo dijo? —preguntó dudosa.
—Lo siento, no me gusta repetir —Su voz la abrumó, sus labios se curvaron en la media sonrisa más hermosa que jamás había visto. Había dado el último paso que Sakura había comenzado... Lo que hubiese sucedido antes era culpa de ella, lo que aconteciera a partir de ese momento era cosa de él...
—No se preocupe, creo haber entendido... —le contestó con una sonrisa similar, a medida que él introducía los dígitos a su teléfono.
—Espero volver a verlo —Sakura se ruborizó ligeramente, Itachi le extendió la mano en un gesto de amabilidad y en ese pequeño contacto sintió su sangre hervir. Entendió que su encuentro no había sido casualidad y deseó que jamás hubiese sido de otra manera, el cuerpo de Sakura tembló y él tuvo la necesidad de estrecharla entre sus brazos.
Sakura se alejó con el sonido de sus tacones y masculló por no haber llevado algo más discreto, movió el rostro y se detuvo al sentir una mirada clavada a sus espaldas, los pasos de Itachi la hicieron desistir tras un brevísimo instante de silencio, compartieron palabras que nadie más fue capaz de escuchar y ella curvó los labios pocos segundos antes de salir acompañada de él. Aquél día había sido su primer encuentro, y bastó para no poder sacárselo de la cabeza...
El interés y la curiosidad de Sakura fluía como agua en plena tormenta, en sus adentros estaba esa extraña necesidad por saber de él y no tardó en descubrir que tenía veintidós años, en ese entonces la escuálida joven rondaba los veinte y no había mucho que decir de su vida en comparación con la de él, que a pesar de su edad ya tenía un camino formado. Itachi se había graduado antes de la universidad y había adquirido el setenta por ciento de los bienes familiares, sin embargo, desconocía el por qué no se ocupaba de ellos y la repentina desaparición de su familia.
Tampoco le importaba, como tampoco le importaba que contradictoriamente había comenzado una línea de galerías alrededor del mundo. A decir verdad estaba agradecida de ello...
Era considerado un genio. Tenía talento para lo que fuera que se desenvolviera y ahora entendía por qué no era raro que pintara causando revuelo con cada uno de sus cuadros.
—Itachi... —había recibido lo que conocía típicamente como "flechazo", quería saber todo sobre su vida, pero quería escucharlo de él, quería saber qué lugar podía ocupar, era algo tonto lo que vivía pero ahora entendía lo que era amor a primera vista. Y así pasaron dos semanas completas fantaseando a su lado, hasta que el día menos y la hora menos esperada recibió la llamada que la hizo sentir en las nubes.
Su característica formalidad jamás desapareció. La única diferencia era un rastro de suavidad en sus palabras y ese cálido ofrecimiento a pasar por ella, pero el miedo a la reacción de su padre la obligó a rechazar su detalle y sin más opción que verlo en la entrada de la galería. No recordaba haber sentido tanta emoción junta en su vida, era tanta que inclusive podía ser tangible.
Se sentía como adolescente en su primera cita, rebuscando entre su armario para decir finalmente "no tengo nada que ponerme", aunque eso era lo de menos.
Lo esperó menos de cinco minutos y justo en ese momento apareció él. Se quedó maravillada, sus ojos parecían tener un brillo especial y no solo sus ojos... todo de él parecía diferente, se veía reluciente y un aura tranquila desprendía de su buen formado cuerpo, se veía maravilloso.
Sakura sacudió la cabeza.
—Buenas tardes, Haruno, lamento hacerla esperar —se disculpó con voz educada, que para ella había sonado como música para sus oídos—. El día ha sido terrible.
—Acabo de llegar —atinó a decir en una sonrisa. Pero la sonrisa se deshizo cuando un molesto sonido comenzó a interferir entre ambos con insistencia. Sakura miró hacia la bolsa de su pantalón con interés.
Itachi se detuvo, su teléfono volvió a sonar y al contestarlo la voz se una mujer se escuchó como un susurro apenas audible... Su novia, pensó. ¡Maldición, tenía novia! Tenía que ser una estúpida para creer que semejante hombre no tenía una novia, o quizá una esposa... ¡OH NO! UNA ESPOSA.
Mentalmente comenzó a darse de topes, pudo haberse tirado de un puente —si hubiese uno a su lado—. Cómo había omitido ese detalle... podía competir contra otra mujer, siempre y cuando fuera su pretendiente, pero ¿ante una novia? ¿Cómo le haría ante una novia? ¿Y si era su esposa? ¡Maldición! Ni siquiera tenía oportunidad.
—Su novia... o quizá su esposa...
—¿Novia? —murmuró Itachi extrañado— ¿o quizá una esposa?
Sakura maldijo por lo bajo, había pensado en voz alta. A lo que atinó a sonrojarse y él sólo se limitó a sonreír, de forma delicada pasó sus dedos entre sus cabellos desaliñándolos completamente, parecía divertido, sus mejillas se tiñeron aún más al sentirse descubierta, «Ya se ha dado cuenta de mis pensamientos», se dijo.
—No tengo novia, Haruno-San —¡NO TENÍA NOVIA!, pero quizá esposa... — tampoco esposa.
Sus labios no dejaban de enmarcar una media sonrisa, en verdad parecía disfrutar el sonrojo de sus mejillas. Desvió la atención al aparatejo culpable de aquella situación tan incómoda, habían pasado un par de minutos desde entonces.
—Una vez dejado clara mi situación sentimental, ¿a qué lugar le gustaría ir? —le preguntó a medida que se dirigían a un auto negro estacionado sobre la acera a escasos metros de ellos. Itachi miró a Sakura.
—No lo sé, realmente no esperaba que alguna vez me llamara... —dijo en un arranque de sinceridad, Itachi soltó una risotada, en otras circunstancias ella tendría razón—, así que jamás imaginé a qué lugar me gustaría ir...
—Debo admitir que dudé, pero su invitación era demasiado tentadora para rechazarla —se detuvo a decirle—. Además ya había realizado el viaje.
—Aún así creo que le corresponde escoger el lugar.
—Si eso es lo que deseas...—murmuró adelantándose en abrir la puerta, Sakura asintió y una lista de lo que deseaba se desplegó en su mente— ¿Pero le puedo pedir un favor?
—Por supuesto. —contestó Sakura.
—Tenemos casi la misma edad y me has acosado por toda mi galería —espetó mientras encendía el coche—, puedes llamarme por mi nombre.
—Lo haré, pero si me llamas solamente..."Sakura" —añadió— ¡me dirás Sa-ku-ra!
Él solo asintió, pero en su rostro se curvó en otra sonrisa.
En el camino ninguno de los dos estuvo callado, fue un momento especial para ambos. Sakura reconocía abiertamente que la manera de conocerse tal vez no fue la más normal de las situaciones, pero admitía que había sido en el momento indicado de sus vidas, porque nada ocurría sin estar escrito.
No había sido antes, ni después. Había sido en el momento correcto. Sin embargo, por razones del destino, la calidez del corazón de ambor fue opacado hasta llegar a la extinción, y nunca más desde "aquél" fatídico día lo volvió a ver, lloró. Lloró demasiado por su ausencia. No obstante, Sakura había regresado a ese lugar con la única intención de recordarlo, había que darle un final memorable a una historia memorable.
—Perdóname... —sollozó frente al mismo retrato que había defendido con vehemencia años atrás— a veces las cosas pasan, aunque esto no tenía por qué pasarnos... La vida sigue —dicen—, pero no siempre es verdad. A veces la vida no sigue. A veces solo los días pasan.
¿Y bien? ¿COMENTARIO? ¿Verdad que sí?
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