Jack apenas dijo nada en el trayecto de vuelta a la base. Ianto condujo el SUV a gran velocidad por las calles de Cardiff, sin importarle que los demás coches hicieran sonar el claxon cuando estaba punto de atropellarles. De vez en cuando miraba a Jack y se preguntaba que estaría pensando, pero si algo había aprendido del capitán Harkness, era que no debía intentar leer en su rostro o intentar averiguar lo que decían sus ojos, pues Jack solía ser, para la mayor parte del mundo, libro cerrado a cal y canto.

Por su parte, Jack tenía la mirada puesta en la ventanilla, en lo que había más allá, viendo las casas y los edificios pasar a gran velocidad a su lado. No le importaba no poder ver la cara a los transeúntes o no distinguir si iban por una calle o por otra. Tan sólo quería mirar y no pensar en nada.

No pensar en lo mucho que le dolía el brazo, debía de tenerlo roto, se dijo a si mismo, sorprendiéndose de sentirse feliz por poder decir eso realmente. Tampoco quería pensar en el tremendo dolor de cabeza, incluso podía tener una conmoción. Hacía tanto que no se encontraba tan mal, que si alguien extraño leía sus pensamientos en ese momento, pensaría que estaba completamente loco por, de alguna manera, disfrutar con aquel sufrimiento.

Jack no se dio cuenta cuando llegaron por fin a la base, Ianto tuvo que abrir su puerta, para que el capitán se diera cuenta que ya estaban en casa. Su joven amante le sonrió al ver que Jack ponía los ojos sobre él. No estaba acostumbrado a cuidar de él, siempre era al revés, Jack se arriesgaba por todos, Jack les sacaba de los apuros, Jack era invulnerable.

Ahora en cambio todo parecía completamente distinto, imposible incluso, en una situación normal, pensó Ianto, pero no dijo nada, Jack ya tenía bastante con sus problemas, como para que Ianto le recordara que demasiadas cosas habían cambiado en su vida.

"Vamos, te ayudaré." Dijo Ianto. Jack lo miró un momento. Adoraba a ese muchacho, siempre atento con él y ahora pendiente de que se encontrara bien y de ser el hombro en el que el capitán pudiera apoyarse. ¿Cómo era posible que todavía no le hubiera dicho lo mucho que le quería? Definitivamente había sido un tonto al no darse cuenta o simplemente, no querer reconocer sus propios sentimientos hacia Ianto. Se lo diría, tal vez no en ese momento, pero en cuanto las cosas se hubieran calmado un poco, le diría a Ianto que no podía vivir sin él. Eso seguro que le hacía muy feliz a su compañero.

Ianto se mantuvo ahí, ofreciéndole a Jack la mano y finalmente, el capitán la aceptó. La cabeza le dolía demasiado, incluso sintió que todo se movía a su alrededor cuando salió por fin del vehículo. De no ser por Ianto, que estaba allí para sostenerle, seguramente las piernas le hubieran fallado y hubiera caído al suelo.

"Tranquilo, no tenemos ninguna prisa." Le dijo Ianto casi al oído. Sabía como tranquilizar a la gente. Rodeó la cintura de Jack con un brazo y dejó que el capitán se apoyara en él.

Antes de dar el primer paso, Jack se detuvo a mirar a Ianto. "¿Qué pasa?" Le preguntó este. Jack se acercó más a él, colocó una mano bajo la barbilla del joven agente y le besó en los labios tiernamente.

Jack no era persona que diera las gracias habitualmente, pues estaba más acostumbrado a recibir los agradecimientos. Por eso no lo hizo y Ianto tampoco lo esperó, pero ese beso, la unión de sus bocas en ese momento fue más intensa y sobretodo sincera que cualquier palabra que el capitán hubiera dicho en ese momento.

Antes de poner en marcha el SUV, Ianto había llamado a Gwen para avisar al resto del equipo sobre lo que había ocurrido. En un primer momento, Gwen pensó que Ianto le estaba tomando el pelo.

"Claro y ahora me vas a decir que habéis visto a un conejo blanco corriendo y repitiendo "tengo prisa"." Dijo Gwen en tono jocoso. Sin embargo, al comprobar que Ianto tardaba unos momentos en contestar, se empezó a preguntar si aquello no iba en serio. "Vamos Ianto, estamos hablando de Jack. seguro que hay una explicación para todo esto."

"Entonces espero que puedas dármela cuando lleguemos." Concluyó Ianto con firmeza. Si ella estuviera viendo en ese momento al capitán Harkness seguramente no diría algo así, porque algo a lo que Ianto no sabía dar nombre, había cambiado en Jack, ya fuera su inmortalidad e invulnerabilidad o algo más que el capitán no quería demostrar abiertamente. Pero algo era distinto en él.

Mientras el ascensor se internaba en la base, Gwen, Toshiko y Owen se reunieron para esperarles. Habían creado tantas conjeturas para explicar el estado de Jack, que ya no sabían lo que podía ser verdad o lo que ellos se habían imaginado.

Sin embargo, cuando tenían a la vista a Ianto y Jack, los tres se quedaron sin palabras. Para su sorpresa, Jack parecía completamente derrotado. Allí, apoyado sobre Ianto, parecía a punto de perder equilibrio y de derrumbarse en sus brazos, como si una manada de rinocerontes hubieran pasado por encima de él.

"Dios mío." Murmuró Gwen, pronunciando en voz alta lo que sus dos compañeros tan sólo se atrevían a pensar. "Jack ¿Qué demonios ha pasado? ¿Te encuentras bien?" Gwen se puso al otro lado y sujetó a Jack con cuidado de su brazo herido.

"No… no lo se." Dijo Jack dubitativo. Todos le miraron cuando el ascensor se paró definitivamente y aunque Ianto era el único que no lo miraba con aquella sorpresa en los ojos, una parte de él se sentía arropada por su grupo, pues por primera vez se estaban preocupando verdaderamente por él. Le miraban consternados, Gwen le estaba ayudando a llegar a la enfermería, Owen ya había desaparecido para preparar el equipo médico y Toshiko, con su mirada dulce y siempre sincera, se había quedado clavada al verle llegar. "Tranquila estoy bien, tan sólo ha sido una mala caída." Le dijo Jack, intentando que su compañera se relajara.

Sin embargo, todos los miembros de Torchwood sabían que eso no era cierto, Jack no estaba bien, si realmente había perdido su facultad para regenerarse, tardaría bastante tiempo en estar bien otra vez. Al fin y al cabo, resultaba que ahora era un ser humano completamente normal y la recuperación sería lenta y dolorosa.

Owen terminó por fin el examen preliminar sobre el estado del capitán, que permanecía tumbado en la camilla mirando a sus compañeros moverse sin parar a su alrededor. No dijo nada, pero odiaba esa sensación de impotencia, no le hacía gracia tener que estar allí tumbado, sin poder hacer nada y seguir las instrucciones de los demás como si de un inválido se tratara.

Pero se mantuvo callado, ¿Cómo podía decir algo con lo mucho que se estaba preocupando su equipo por él? Desde luego no se lo merecían.

"Tienes el brazo roto y la herida de la cabeza te dolerá durante un par de días." Dijo finalmente Owen.

"Muy bien, así que estoy de baja por unos días." Jack se incorporó en la camilla, aunque al hacerlo demasiado rápido la habitación comenzó a dar vueltas en su cabeza y tuvo que cerrar los ojos para evitar sentir ganas de vomitar.

"Yo diría más que eso Jack."

"Si, ya lo se, reposo y tranquilidad. No te preocupes seré un buen paciente y no criticaré la comida." Jack se levantó pero Ianto tuvo que sujetarle para evitar que cayera al suelo. "¿Qué… que ha pasado?" Preguntó el capitán algo aturdido.

"Por si no te has dado cuenta, te he sedado para poder vendarte el brazo. No creo que te hubiera hecho una gracia que lo hubiera hecho sin anestesia. Tardará como una hora en desaparecer. Así que por el momento, te vas a quedar sentado, muy tranquilo y vas a dejar que los demás nos encarguemos de todo."

"Pero…"

"Jack por favor." La voz suplicante de Ianto le rompió el corazón. Sin darse cuenta le estaba haciendo daño con su comportamiento. Se estaba haciendo el duro cuando Ianto esperaba que se dejara querer, estaba intentando ser el mismo capitán Harkness cuando Ianto estaba deseando que le pidiera ayuda.

"Os dejamos solos, tal vez queráis hablar en privado." Dijo Gwen, mientras, junto con sus compañeros salían de la enfermería.

"Lo siento, me estoy comportando como un crío ¿verdad?" Ianto afirmó sin decir nada y simplemente ayudó a Jack a volver a tumbarse en la camilla.

"Me has dado un susto de muerte en el descampado. No se lo que ha pasado ¿de acuerdo? Pero las cosas han cambiado, no puedes seguir siendo el mismo héroe capaz de sacrificarse por todo el mundo porque la siguiente vez que lo hagas puede ser la última."

Ianto dejó de mirarle, tenía ganas de llorar pero no quería que el capitán le viera hacerlo. Entonces sintió una mano sobre su hombro que lo atrajo hacia el cuerpo de Jack. Ianto no puso resistencia, tampoco tenía intención de hacerlo. Luego notó la boca de Jack sobre su cuello besándole.

"Jack, lo digo en serio, tienes que descansar." La mano de Jack terminó de rodear su cintura y Ianto sonrió en silencio. ¿Cómo negar que le encantaban las caricias de Jack, sus besos sobre la piel, sus manos recorriendo su cuerpo?

Sin embargo, le escuchó gemir, pero no de placer. Se dio la vuelta rápidamente y vio a Jack con los ojos cerrados, apretados con fuerza y mordiéndose el labio para no gritar de dolor.

"¿Qué ha pasado?" Tomó el rostro del capitán en sus manos y esperó a su respuesta.

"Después de ciento cuarenta años recuperándome en dos segundos, no es fácil acostumbrarse a este dolor permanente. No tenía que haber hecho ese movimiento con el brazo."

"Jack…"

"Lo se, lo se." Le besó de nuevo. "Tienes toda la razón para enojarte conmigo, pero espera a que Owen vuelva a darme calmantes, así sólo me dolerá mi propio sentimiento de culpa." Ianto no se resistió a besarle de nuevo.

Al escucharle hablar así, Ianto era incapaz de ver a Jack como el capitán Harkness que siempre había conocido, el que se mostraba ante todo el mundo y que tan poco tenía que ver al que él conocía entre las sábanas de la cama. Por primera vez, Jack comenzaba a compartarse abiertamente tal y como era, mostrando su dolor, su pena y diciéndole, tal vez no con las palabras exactas pero si dándoselo a entender que le necesitaba.

"¿Qué tal si te llevo a la cama y duermes un poco? Te vendrá bien para recuperar fuerzas." Jack sonrió con tristeza. "¿Qué pasa?"

"¿Sabes cuanto tiempo hace que no duermo por necesidad? No recuerdo cual fue mi último sueño. Hace tanto de eso que temo que se me haya olvidado como se hace." Ianto acarició la mejilla de Jack con el dorso de la mano y creyó escucharle suspirar, aunque tal vez fue lo que le hubiera gustado a él.

"Vale lo prometo." Jack lo miró extrañado.

"¿El que? No he dicho nada." Los dos se entendían muy bien como para que Ianto le diera explicaciones.

"Ya lo se, es igual. Pero prometo que me quedaré contigo hasta que te duermas." Jack tan sólo sonrió, se acercó a Ianto y deposito un pequeño beso sobre sus labios, junto con un, prácticamente inaudible por nadie excepto por Ianto, gracias.