Hola a todos, gracias por entrar a leer mi fic, es mi primero, pero me estoy esforzando, solo espero que sea suficiente. Muchas gracias por tu comentario Setsuna17, debes saber que es muy alentador, en serio gracias.
ADVERTENCIA: LEEANLO SOLO SI TIENEN MUCHO TIEMPO LIBRE.
Otra vez
-Ayyy…hija, cuéntanos que ha sido de tu vida- alboroto la cháchara la señora tumbándose en el sofá, dejando en la mesita de café que había entre medio de ambos sofás un platón de galletas recién horneadas.
-Pues, de vivir en otro lugar de la ciudad- dijo notablemente divertida ante el comentario - nos tuvimos que mudar aquí al lado. Después del incidente mi pa…- se callo de súbito -El señor Naraku decidió que sería mejor mudarnos para acá. No me pregunte, yo tampoco sé porque…
Inuyasha solo prestaba atención en silencio, quería grabar en su memoria cualquier detalle que pudiera contarle algo más sobre la chica, y había funcionado, hasta ahora sabia que la chica era huérfana de madre y al parecer también de padre. No sabía por qué lo hacía, ¿desde cuándo se interesaba tanto por una mujer? Ni siquiera la conocía y ya lo fastidiaba el hecho de que se relacionara con Kouga, así como también se disgusto cuando escucho acerca del club de admiradores que tenía.
-Oye… es verdad, ¿que ha sido de Kikyou? – asalto la treinta añera.
El muchacho la miro atentamente desde el otro lado del sofá mientras la chica bebía un vaso de deliciosa leche cremosa.
-¿Mi hermana? Pues… es rica, es hermosa y sigue siendo igual de caprichosa-
El comentario desato una pequeña y graciosa risita por parte de la señora.
-Sí, siempre ha sido así, hasta donde puedo recordar…aunque…no me vas a convencer de que eso no le ha funcionado- pregunto mirándola con el rabillo del ojo.
-Jamás lo haría, la última vez que supe de ella estaba en Venecia, creo que está tomando un curso de modelaje… y esperando ser descubierta por algún caza talentos… -
-¿Y tú? ¿A qué te gustaría dedicarte? -
-Me gustaría ser escritora, me encanta leer y me gustaría inducir el ejemplo- dijo sonriendo e Inuyasha se deleito con su gesto.
-Oohhh… que suerte, aquí Inuyasha sigue empeñado en convertirse en una celebridad – soltó como si fuera lo más normal del mundo.
-Ayy mamá-se quejo el chico incomodo desde su lugar. Kagome había volteado a mirarlo divertida –Solo quiero ser cantante ¿Qué tiene eso de malo?- arguyo tratando de acomodarse mejor en el sofá, pero no contaba con que junto a su pie había una canasta con flores que piso sin querer.
-Ohhh… Inuyasha, mira lo que has hecho, estropeaste las flores de Kagome- reprendió Izayoe poniéndose de pie, lista para ir por algo para limpiarlo.
-De hecho…- interrumpió Kagome tratando de calmar el ambiente- esas flores son de Inuyasha para usted- comento la pelinegra mientras le lanzaba una mirada que le pedía a gritos que se callara a Inuyasha. El había volteado al escuchar semejante mentira –las compro y me pido que yo se las trajera, tiene un hijo muy considerado con usted-prosiguió mientras el chico solo comenzaba a asentir con la cabeza, no tanto por quererse llevar el crédito, porque le hubiera gustado hacerlo.
-Ohhh Inuyasha… no tenías porque….-sostuvo la canasta que con las flores. No estaban del todo estropeadas- Gracias…
Después de eso la chica se fue, tras haber rechazado con mucho esfuerzo las insistencias de la señora porque Inuyasha la ayudara a bajar cosas de la mudanza y la tarde paso tranquila.
Sentado en el sillón, con la cabeza apoyada en el brazo, que el sostenía con ayuda del brazo del sofá, cambiaba monótonamente los canales de la televisión que tenía enfrente. Si un desconocido hubiera pasado por ahí, con algo de suerte solo habría pensado que estaba aburrido, pues una persona normal le habría rayado la cara con un marcador o un pintalabios.
Sus ojos miraban sin ganas la pantalla mientras que su mente revoloteaba alrededor de la imagen de una chica pelinegra de ojos expresivos y cálidos como el chocolate. No entendía que le pasaba, no estaba en el ser de esa manera, pero no podía evitarlo, todo en ella le parecía bello: su piel, sus facciones, su cabello, su cuerpo. Eran solo detalles físicos, probablemente solo le atraía, ya luego se le pasaría.
"Y REPORTANDONOS DESDE TOKYO, LE DAMOS LAS ULTIMAS NOTICIAS. A CONTINUACION NUESTRA REPORTERA AKANE NOS DARA LAS NOTICIAS DE ULTIMO MINUTO. ADELANTE AKANE" se escuchaba la voz del reportero de mediodía mientras que en otra imagen aparecía la figura de una mujer atractiva y comenzaba a hablar "MUY BUENAS TARDES, GRACIAS NEJI POR SEDERME LA PALABRA. ESTA MAÑANA LO QUE PROMETIA SER UN DIA TRANQUILO SE VIO PERTURBADO ANTE UN JOVEN QUE CORRIA COMO LOCO Y SE ATRAVESO EN UNA AREA RESTRINGIDA PARA EL CRUCE PEATONAL, Y ES QUE EL JOVEN OCASIONO UN CHOQUE DE GRADO MINIMO A UNA FAMILIA DE TURISTAS. AFORTUNADAMENTE NO HUBO HERIDOS". "No puede ser, no puede ser" pensaba el chico. Se había dejado de andar flojeando y prácticamente había saltado para quedar más cerca del televisor. "LOS INVESTIGADORES SOSPECHAN QUE SE TRATABA DE UN LADRON QUE HABIA ASALTADO UN PUESTO AMBULANTE DE VERDURAS Y FRUTAS…
Apago la tele antes de que alguien de su familia lo reconociera en la tele por el incidente de la mañana. "Demonios" ahora tendría que buscar una nueva ruta que le permitiera llegar a la escuela sin que nadie lo reconociera.
Pasaron varios días después de eso, y Kagome no le dirigía la palabra ni por error a nadie. Se notaba a leguas que con muchas fuerzas el fastidioso de Kouga podía animarla, y aun qué posiblemente era lo mejor para ella, eso no hacía que Sango, Miroku ni Inuyasha se sintieran mejor. Estos dos últimos se habían vuelto muy amigos, tanto hasta el punto en que Inuyasha solía cubrir a su compinche cada vez que a la castaña le daban ataques de celos.
Hasta donde Inuyasha sabia, Kagome solía ir al invernadero. Casi siempre la veía regando las rosas blancas, cosa que el consideraba demasiado… perfecto. Las rosas blancas se caracterizan por ser sencillamente hermosas y puras, tal y como ella lo era, según su deducción.
-¿Qué es esto?-se quito un pétalo de rosa blanca que le había caído en la cabeza mientras caminaba.
Era la hora del descanso y como siempre Kagome había desaparecido. Miro a su alrededor y no había rosales ni nada parecido a una flor por ahí, solo el verde pasto y las hojas de los árboles que adornaban la preparatoria.
-¿Mi conciencia? – bromeo Miroku zorreando a un par de gemelas rubias que iban pasando por ahí.
-Dudo que este así de blanca y limpia – enfatizo en ambariano inspeccionando minuciosamente el pedacito de flor.
-Hola nenas – sonrió como tonto asintiendo con la cabeza.
Las muchachas que pasaban frente a ellos solo se miraron cómplices la una a lo otra y le sonrieron al libidinoso.
-Inuyasha… tengo algo que hacer – Miroku se puso de pie muy serio, a pesar de que Inuyasha sabia de antemano que era una mentira – Si Sango pregunta por mi… fui al invernadero a regar las plantas.
-Espero que con agua – musito con tono sarcástico viendo como su amigo caminaba hacia donde las gemelas, por no decir que casi corría tras ellas.
Otro pétalo cayó.
-¿Pero qué…?- miro hacia arriba y vio como otro pétalo descendía lentamente. Parecía un pequeño ángel que descendía lentamente para después chocar con su nariz. Tras analizar un poco más la situación, la hipótesis de Inuyasha fue: que los pétalos estaban cayendo desde aquella torre que tenía el reloj. "Qué extraño…" pensó - un segundo…
Era un día nuevo, por lo tanto, también era hora de poner su plan en marcha. Cuando sonó el timbre en la escuela que indicaba que era la hora del descanso, siguió sigilosamente a la chica que desparecía cada vez que te descuidabas, por supuesto, no sin antes inventarle una mentirota a Miroku para que no lo detuviera como solía hacerlo.
Escondido tras de una hilera de casilleros la vio abrir una puerta de madera añeja y entrar cerrando la puerta tras de sí. Espero un rato para cerciorase de que la chica no se le atravesaría en el camino; cuando estuvo completamente seguro, entro el también.
Había una serie de antigüedades y artículos de limpieza, sin mencionar que el lugar era rico en polvo y telarañas que solo se pudieron ver cuando encendió la luz. En este cuarto había otra puerta, en la que dedujo Kagome había entrado, pues en esa habitación no había rastros de la chica. La abrió y a tan solo dos o tres pasos de el había unas escaleras de madera viejísimas, casi a punto de romperse, pero eso no lo intimidaba, así que subió valientemente entre la oscuridad hasta que fue demasiado alto y otra puerta se interpuso en su camino, solo que esta estaba semi-abierta. Cabía a la perfección. Entro intentando hacer el menor ruido, pero era imposible, pues no solo la puerta y las escaleras de madera eran viejas, el suelo también. Lo supo con los chillantes sonidos, así que mejor decidió inspeccionar primero: toda la maquinaria del reloj se hacía presente en su mirada y si te fijabas bien en la parte más alta de todo el cuarto había un circulo enorme en la pared, por donde posiblemente se mostraría la cara del reloj cuando alguien se acercara y por donde también se filtraba la luz de afuera. Fue por eso que pudo notar el tono azul lavanda del cual estaban pintadas las paredes y una mesita de madera y una silla enfrente de esta donde descansaba la pequeña figura de la chica. En la mesa había muchas rosas blancas, algunas desojadas y en la pared una ventanita pequeñita por donde entraba el aire. El misterio de los pétalos había sido descubierto.
Se sentía cada vez con menos fuerzas, a veces sentía que ya nada podía tener sentido. Su madre era la única persona que la conectaba a la vida, a su vida, y ahora que no estaba no quedaba nada de ella. El señor Naraku ni siquiera era su padre, era su padrastro. Nunca lo odio, pero eso no significaba que alguna vez hubiera sentido algún tipo de conexión paterna hacia él, sin embargo no comprendía por qué él la procuraba tanto, no solo como padrastro, parecía siempre querer algo mas de ella, pero no podía descifrar que era lo que el con tanto afán buscaba. Kikyou su hermana, ni siquiera había ido al funeral de su madre, y eso fue una acto que solo le confirmo que no podia contar demasiado con ella.
Aun en esa posición de tener acostada la cabeza sobre sus dos brazos, desaprisiono uno de estos para alcanzar un pequeño y gracioso estuchito color plateado adorando con detalles dorados y marrón rojizo. La abrió y de inmediato comenzó una tonada preciosa.
Sin tu sonrisa en mi frente voy
Sin el calor de tus brazos estoy
Hoy que tu sonrisa se fue…
Siento que… mi presente también
Inuyasha estaba pasmado, esa era la voz más clara y dulce que jamás había escuchado, ella podía realmente ser una gran cantante. Pensó en lo hermoso que sería si ellos dos tuvieran la oportunidad de cantar juntos, en un mismo escenario, y demostrando su amor sin pudor ante todos los espectadores. Compartiendo la misma sensación, el mismo aire, las mismas miradas, y si fuere posible, los mismos labios. Eso sí que sería bello.
Unos pasos a lo lejos lo alertaron, pero no podía correr hacia las escaleras, pues era de allá de donde se escuchaban, y tampoco considero razonable correr hacia donde la chica se encontraba. Su única alternativa era el hueco que se formaba entre la puerta y la pared y con un ágil salto, fue solo cuestión de segundos para que estuviera oculto tras el pedazo de madera que alguien había abierto.
-¿Puedo pasar?- se escucho una voz varonil, desconocida para él.
-Es su escuela, puede hacer con ella lo que le plazca- respondió secamente la muchacha mientras erguía su espalda pero no lo miraba. Estaba más ocupada perdiéndose en un punto indescifrable de la pared.
-Aun así… el ser cortes no te quita lo valiente- comento el hombre de elegante traje y lentes, en un doble sentido que hizo a la chica entender sin el más mínimo esfuerzo que no hablaba solo por él. Kagome se dio la vuelta y lo encaro.
-¿Necesita algo?-
-Necesito muchas cosas Kagome- se acerco a ella sin mirarla, mientras ella cautelosa, vigilaba todos y cada uno de sus movimientos.
Paro a un lado de la chica y poso su vista en la mesa, o mejor dicho en la cajita. La tonada aun estaba presente hasta que el hombre la cerro y la tomo en su mano inspeccionándola.
-Mi madre mando a hacerla para mí…-
-Naomi… Parecer que últimamente eso lo único que se interpone entre tu y yo – dijo en bajo tono, sin la mas mínima intención de ser escuchado.
-¿Disculpa? -
-¿tú crees que a tu madre le hubiera gustado esto?- pregunto el hombre cambiando de tema y con un tono un poco agrio y reclamador - dime, ¿a que te sabe actuar como has estado actuando…?
A Inuyasha no le pareció el tono en el que ese hombre le estaba hablando, ¿es que acaso no sabía por lo que la muchacha estaba pasando? ¿Encima se atrevía a regañarla?
Kagome sintió que las palabras del profesor Akitoki la asaltaban de nuevo y sus ojos no pudieron evitar llenarse de lágrimas, mas ninguna la venció.
-Últimamente nada tiene sabor – respondió pensando en lo que habia dicho. Era verdad. Quiza se tratara solo de un estado psicológico y emocional, pero nada le sabia, ni bien ni mal, ni física ni mentalmente – Nada sabe a nada, nada huele a nada, nada se siente, se escucha, nada se ve con claridad –
-Pero… ¿Por qué? – insistió llegando al limite de su paciencia.
-Mi madre era lo último que me conectaba con la vida… ahora toda mi familia se ha ido. Ya no tengo nada que perder, ni alguien por quien vivir – soltó sin consideración a analizar sus palabras y el grado significativo que estas pudieran tener.
-¡Pero qué tonterías estás diciendo muchacha!- exploto el hombre de repente, pero la chica no se sorprendió-¿es que acaso no contamos Kikyou y yo? ¿No somos nada para ti?
-Con todo respeto, señor Naraku… - respondió la chica con un aire altivo - Usted ni siquiera es mi padre, y Kikyou no vino al funeral de su propia madre… dígame que clase de conexión familiar tenemos nosotros, y yo me retracto de lo que dije - el silencio de su padrastro fue más que suficiente y eso le dio el valor de ponerse de pie y arrebatarle de la mano su caja de música dispuesta a salir.
Ahora lo comprendía, se trataba del director, pero, ¿no se suponía que era su padre? Abandono el cuarto después de que ambos terminaron de discutir y salieron uno tras el otro, seguro que todos estaban por entrar a clases y por obvias razones no podía quedarse en ese lugar.
Las clases llegaron a su fin, como todos los días y ahora el aula entera se encontraba por salir.
-Inuyasha, ¿te molesta que te acompañe?-pregunto Kagome.
Inuyasha no se esperaba eso, pero por supuesto que no se negaría. Esta sería su oportunidad.
-En absoluto…-contesto sonriente mientras ella le devolvía una callada sonrisa.
Ahora caminaban juntos por la calle, en silencio. Todo ese mar de posibilidades que se había formado en su mente se fue por una coladera gigante al momento de la verdad. Pasaron frente a una florería y fue entonces cuando recordó.
-Oye, acabo de acordarme que… te debo una - rompió el silencio el chico mientras la chica volteaba a verlo con cara de confusión-Por lo de las flores que le "regale" a mi mamá- dijo con un tono irónico mientras Kagome sonreía y soltaba una risita - aunque debo confesarte que me sorprendiste, ¿Cómo sabias tu que yo quería darle un obsequio a mi mamá?
-Lo intuí - menciono mientras Inuyasha volteaba a verla con los ojos muy abiertos - y después te vi salir corriendo de la casa de tu mamá, y para ser franca, también me pareció de mal gusto lo que hiciste-confeso al final sonriendo traviesamente. Inuyasha solo suspiro aliviado.
-Bueno… solo quería agradecerte- menciono sin más y sin mirarla directamente.
-No hay de que - … - entonces… ¿acaso es correcto suponer que tu manera de agradecerme es espiándome y escuchando mis conversaciones privadas?
El muchacho se detuvo en seco y volteo a mirarla sorprendido. Eso si que no se lo esperaba. ¿Había algo que esa mujer no supiera?
-Eh… tu te… diste cuenta ¿eh?... – balbuceo el ambariano tratando de explicarse ante la chica que lo miraba expectante. No parecía molesta, pero eso no significaba que lo que hizo estuviera bien – Perdóname…es solo que…buscaba la oportunidad para agradecerte, pero… desapareces todo el tiempo y… Sango también esta preocupada. So-so-solo quería… -
-Oye, no estoy enojada-interrumpió la chica al ver que su acompañante comenzaba a sudar frio. Continúo caminando.
-Eso se nota, pero eso no me hace sentir mejor, es mas... voy a compensártelo- anuncio siguiéndole el paso.
En su mente ya se maquinaba un plan que prometía ser lo suficientemente bueno. Estaba decidido.
Kagome lo miro interesada arqueando una ceja.
-No puedo creer que hayas aceptado- volvió a repetir el chico desde su cómodo asiento y fijando su vista en ella.
-Yo tampoco lo creo, pero aquí estoy-respondió Kagome recordando como su amiga Sango le había insistido durante horas cuando le comento que el recién llegado estudiante la había invitado a salir.
Ella había dicho que le haría bien distraerse un poco y utilizo el arma más mortal de todas: su carita de perrito lastimado. Eso era jugar sucio, pero aun así, no cambiaba el hecho de que ahí estuviera ella.
-Aquí tienen, un bannanasplit para el joven y un helado de chocolate con helado de menta, disfruten…-interrumpió la mesera sonriendo coquetamente, tratando de engatusar a nuestro joven favorito, mas sin embargo Inuyasha ahora estaba interesado en su cita, no en tirarle la onda a la mesera de pechos gigantes.
-Esto es algo raro, yo le regalo flores a tu mamá y después me invitas a salir. Creo que voy a usar eso más seguido- rio Kagome de buena gana e Inuyasha el acompaño, aun que en el fondo no pareció agradarle la idea de que la chica saliera con otros.
¿Por qué actuaba así? ¿Qué era lo que esa chica tenía que tanto lo atraía? Ni siquiera le había parecido la idea de que tuviera un club de fans, según su más grande y hasta ahora única fuente de información: Miroku. ¿Quiénes serian? ¿En qué clases irían? ¿En donde vivirían?
En su mente una infinita serie de preguntas se formulaba, hasta el punto de olvidar que tenía una cita.
"Inuyasha"
Como le gustaría pasar a la casa de todos esos tipos y darles un puñetazo en la nariz.
"Inuyasha"
En serio, es que como se atrevían a creerse a la altura de ella, digo, es que acaso no saben lo que una chica como ella en realidad necesitaba y merecía.
"Inuyasha"
¿Y qué onda con la inmortalidad del cangrejo? ¿Qué significaría? (esa es una pregunta real, si la responden no me awito)
"¿quieres de mi helado?"
¿Helado? ¿Quién querría helado en un momento como este? ¿Qué no veían que estaba con Kagome?
KAGOME… Es verdad estaba en una cita con Kagome. Volvió a la realidad para ver a la muchacha frente a el mirándolo algo extrañada.
-¿te sientes bien Inuyasha?- pregunto la chica-te hable y parecías estar en la luna…
-No perdón… estaba pensando en algo tonto- se disculpo torpemente- ¿Qué me estabas diciendo?
-Te pregunte que si querías de mí helado…estabas mirándolo y pensé que querrías un poco-
-Oh eso, no no, estoy feliz con mi bannanasplit – trato de aligerar el ambiente con una sonrisa que fue correspondida "aunque no me molestaría".
- Y… ¿Qué haces?- pregunto Kagome tratando de hacerse sentir menos incomoda; esa era la última vez que Sango la convencía de salir con una persona que apenas conocía - ¿Qué haces en tus ratos libres? ¿Tienes trabajo? Tú cuenta…
-Pues…-estaba realmente entusiasmado de que se interesara por su vida, sentía que últimamente su vida comenzaba a girar en torno a la de ella, comenzaba a sentirse como un perdedor - a cada rato que puedo voy a audicionar en los castings para que me descubran como cantante… - confeso mientras tomaba un gran bocado de esa combinación de plátano y helado.
-JAJAJAJAJAJA- se carcajeo la chica realmente divertida, a Inuyasha también le pareció gracioso, pero cuando la pelinegra no dejo de reírse supo que algo andaba mal y la miro algo extrañado. La chica lo vio riéndose y al ver su expresión- Ohhh… lo dices en serio, perdón- se calló de súbito y ofreció su disculpa.
-¿Qué? ¿Crees que no tengo madera para ser cantante?- le pregunto con un tono de fastidio pero se notaba a leguas que estaba bromeando.
-NOOO…como crees… es que yo…bueno, pensé que… estabas bromeando…y… -
Igual que la primera vez, la chica se había puesto nerviosa. Adoraba la forma en que se miraba cada vez que se ponía así: jugaba con su cabello, con los dedos, o con lo que hubiera más al alcance de sus manos. Sus ojos buscaban desesperados un punto en el que él no estuviera y su parte favorita, era el rubor que era tan fácil de aparecer en sus perfectas mejillas.
Después de eso, salieron de la heladería y se dirigieron al parque. Fue ahí donde Inuyasha le compro un algodón de azúcar a Kagome, que a pesar de que protesto, lo tuvo que aceptar, más que por ella por educación. Estuvieron toda la tarde platicando acerca de sus vidas. El descubrió que ella era huérfana de madre (aunque ya lo sabia) y no tenía contacto alguno con su padre por lo que tenía que vivir con su padrastro. También le pareció interesante la frialdad con la que se refería a su padrastro, como si no lo quisiera o como si no lo considerara importante en su vida.
Kagome realmente se estaba sintiendo más tranquila, hacia meses que no se sentía tan a gusto como ahora, y era precisamente con Inuyasha con quien se sentía en confianza. Descifro que era algo extraña, considerando que se conocían desde mes y medio, pero no podía evitar sentirse tan natural, era tan diferente a Kouga, no era ensimoso, era caballeroso – Kouga también lo era -, realmente gracioso y… ¿atractivo? Pues siempre supo que el hombre era guapo, pero solo hasta ahora se había dado la oportunidad a sí misma de verlo como en verdad era. Era alto, mucho, hasta ahora se daba cuenta de que apenas y le llegaba a los hombros. Su cabello era tan negro como largo y su contextura no era de ser esbelto ni tampoco de mastodonte, era adecuado y un poco fornido y esa tez que tenía su piel pálida le daba un realce a sus ojos color de oro. Las facciones de su rostro eran rectas aun que algo aniñadas, por lo que su perfil era de gran belleza. "Todo un modelo" pensó, mientras se llevaba otro trozo de algodón de azúcar a los labios.
Mientras platicaban la tarde les fue cayendo encima hasta que casi se hizo de noche, así que muy a fuerzas, Inuyasha tuvo que ofrecer llevarla a su casa. Ella acepto sin chistar.
-Oye…- pregunto un chico de rubios cabellos y con un serio problema de acné sin creer lo que veía.
-¿Qué ocurre Zenki?-pregunto el muchacho de pequeños ojos con gafas y frenos en los dientes.
-¿Esa no es Kagome Higurashi?- pregunto desde la tienda de video juegos en la que estaban apuntando en dirección a la pareja de "enamorados" que esperaban a que el semáforo les diera el pase.
-¡Es cierto…! ¿Y ese quién es?- pregunto y exclamo mientras se acomodaba las gafas para ver mejor.
-Es Inuyasha Taisho, un chico nuevo que entro hace como un mes y medio a su salón- respondió el otro sin quitarles la mirada de encima.
-Gracias- había tenido una gran discusión interna consigo mismo entre sí decirlo o no, así que al final decreto que sería un buen principio para comenzar.
Seguro que hablando con ella podría ser más fácil hacerla sentir mejor, por no decir que lo había comprobado esa misma tarde. La había visto sonreír, platicar, incluso reírse y eso le hacía bien en momentos tan difíciles como ese. El no se imaginaba la vida sin su mamá. Seguramente el estaría tirado en la cama todavía comiendo chocolates hasta que sus dientes se perforaran; dirían que era gay pero que mas daba, cada quien tiene su forma de recibir el dolor. Por extraño que pareciera y aunque la idea le triturara el cerebro, debía admitir que Kouga tenía razón, esa mujer era más fuerte que ninguna otra que hubiera conocido.
-¿Por qué?-
-Por aceptar salir conmigo-menciono mirándola de la manera más sincera y ella no pudo hacer nada más que imitarlo.
Ese chico en realidad era lindo ¿Qué era lo que estaba agradeciendo? ¿Haber gastado dinero, tiempo y esfuerzo con ella?
-Aam… déjame ver si entendí, me estas agradeciendo por haberme invitado a salir… ¿Qué no debería ser al revés?
-Pues si pero…-hasta dialogar con ella encontraba difícil, aunque no le quitaba lo fascinante ¿Qué le había hecho esa muchacha? – Era la única forma que tenia de disculparme por haberme metido en lo que no me importa – dijo al fin – no debí hacerlo y la verdad es que me siento avergonzado por eso. Aunque aun así, no me explico cómo es que lograste adivinar que yo te había seguido – hablo mas para sí mismo y se rasco la cabeza.
Kagome sonrió.
-Solo pongo atención – presumió mientras el muchacho alzaba una ceja como mueca de confusión – tenias polvo en los zapatos y ese polvo solo lo he visto en ese lugar – respondió a la inarticulada pregunta del muchacho que solo sonrió.
Fue en eso cuando… "Wauw…'' pensó hipnotizada ante esa hilera de blancos y perfectos dientes. Parecía irradiar luz el muchacho. Un sentimiento cálido y reconfortante se a galopo en su pecho e hizo de sus mejillas un par de rosetones en forma de un corazón. Hubo un momento en el que el tiempo se le hizo eterno y perfecto, ahí justo así, con ese muchacho, en esa hora, en ese mismo lugar. No había nada ni nadie que pudiera mejorarlo, mas sin embargo…
-Ya llegamos – anuncio Inuyasha.
…Si había algo que pudiera arruinarlo.
-Ahhh…ohhh…-trato de responder la chica algo atolondradamente – Mu… muchas gracias, por traerme, por la maravillosa tarde, gracias- fue lo único y lo último que atino a decir, pues no había encontrado otra manera de agradecer desde que pisaron la fachada de la casa y se sintió atrapada entre Inuyasha y la puerta cerrada.
- Bueno entonces, de nada por traerte, de nada por la maravillosa tarde, de nada – mientras escondía sus manos en lo bolsillos de sus "desgastados" jeans e inclinaba un poco el torso hacia la chica.
Ella solo sonrió soltando una tímida pero graciosa risa que lo hizo sentir tan bien. Se sintió tan importante, su risa era algo simplemente bello y no cualquiera podía sacarle aquella melodía que sus labios entonaban, y el, ahí como si nada, podía hacerla reír como si fuera algo de todos los días.
Como tenia la mirada cínicamente fija en ella y ella también lo estaba mirando, pudo notar aun en la naciente oscuridad el sonrojo de sus mejillas. Sonrió aun más, cuando caminaban juntos rumbo a la casa se le a figuro ver un par de rosados corazones en estas. El pensamiento de que fuera por él lo embargo y lo hizo inflar el pecho sintiéndose lo mejor del mundo.
Este juego de miradas la estaba poniendo nerviosa, no paraba de mirarla y ella de estúpida no podía dejar de mirar esos ojos color del oro. La tenían atrapada en un laberinto, pero al parecer ni ella misma quería salir.
-¿Te digo algo?-
Su voz ronca y dulce causo que varios escalofríos recorrieran su menuda espalda. Se sentía tan menuda que ni siquiera respondió
-Sonriendo te vez más bella que llorando – soltó sin pudor.
Sus ojos se abrieron como un par de platos grandes y brillosos, casi filosos y sus labios se abrieron solo un poco, pero si lo suficiente como para invitarlo.
El deseo poder tocarlos, acariciarlos y probarlos, mientras ella solo respondía de la única forma que ella sabia: sus mejillas se volvieron dos tomates fosforescentes en la oscuridad.
Balbuceo algunas cosas inentendibles y como pudo trato de no caer al suelo, pues en ese momento era víctima de piernas flaqueantes aguda.
-Adiós- y sin permiso alguno, se acerco a la chica y deposito en su sonrojada mejilla un tierno beso. Su mejilla estaba al rojo vivo, casi hirviendo y él se preocupo, quizá tendría fiebre y el de cachondon como si fuera de lo más normal – ¿te encuentras bien?
- Mmm… si-i – la pregunta había interrumpido esa hermosa sensación que era tenerlo cerca, pero sabía que mejor era contestar, nunca le había gustado que la gente se preocupara demasiado por ella, o por lo menos, no desde hace mucho… - so… solo me sentí ma… reada por un momento. Creo que lo mejor será que me… que me vaya a dormir – se sentía tan torpe, todo eso lo dije tartamudeando y tan te deprisa que tuvo que reírse unas cuantas veces para que él no se diera cuenta de que en esos momentos la razón de su nerviosismo era él y solo él.
Después de un segundo "adiós" dicho al unísono por los dos, la chica solo tuvo que esperar a ver que el muchacho entrara sano y salvo a la casa de al lado. Aun con la espalda apoyada en la puerta, busco el picaporte de esta, cosa que no fue sencilla. Cuando logro abrir la casa estaba en penumbras. Eso le recordaba a los 5 días después del velorio que fue organizado para su mamá; sintió un dolor punzar su pecho y tuvo que llevarse una mano al corazón para intentar tranquilizarlo y soportar el dolor. Las palabras del profesor Akitoki la atormentaban cada vez que pensaba en aquellos días, y es que es cierto. Los demás no pueden ni siquiera imaginarse cómo se siente uno tras una perdida tan grande como esa, aunque traten de darte consuelo. Hay muchos que se atreven a decir que lo más doloroso seguramente es el velorio, y aun más el entierro, y no es verdad. Duelen mas los días cotidianos, esos días en que lo más común era ver a esa persona junto a ti y que a veces llegaste a tomarlo como si no tuviera importancia. Ahora, tienes tanta ganas de ver a esa persona, tienes sed de estar junto a ella y tienes unas ansias tremendas de abrazarla, de estrecharla entre tus brazos, de hacerla saber que para ti es la persona más importante de todas, pero jamás lo podrás hacer.
Aun con la mano en el pecho encontró el switch de la luz y lo activo. La casa se ilumino por completo y ella tuvo que parpadear varias veces para acostumbrarse al aumento de luminosidad.
Cuando entraron para dejarla en la entrada de la puerta, ella no había visto el lujoso auto negro azulado de su padrastro, así que tuvo que asumir que él no estaba. Si estaba en otro lugar seguramente habría ido a algún lugar para almorzar así que no se molesto en preparar la cena como solía hacerlo. Camino escaleras arriba y entro a su habitación para poder ducharse.
Podría sonar tonto y ridículo, pero durante toda la ducha estuvo pensando en el pelinegro de dorados ojos y sonrisa Colgate que la habían cautivado esa tarde. Recorrió su cabello con las manos empapadas de agua y shampoo y trato de comparar su cabello con la cabellera del chico. La de él era mucho más larga que la de ella y tenía un aroma distinto, por supuesto, mas varonil, más fresco y hasta cierto punto inquietante. Se enjuago el tumulto de espuma que tenia encima, mientras pensaba que si toda esa espuma fuera dinero seguramente sería la chica más rica en todo Tokio. Ver la espuma desaparecer por la coladera la recordó lo que su madre solía decir "El dinero es como la espuma: por más fácil que llegue, aun mas fácil se va". Rio entre dientes mientras acomodaba la diminuta toalla y la doblaba por encima de sus pechos. Era la primera vez que reía recordando a su mami desde hace un mes y medio.
Acostado sobre la cama, boca arriba, vestido solo con uno pantalones de lana deportivos y con su aun no muy desarrollado, pero aplánate torso pálido descubierto se encontraba el chico que en ese momento ocupaba la mente de Kagome. Su mirada estaba fija en un punto x de su inexplicable techo, pero él no lo miraba. En su mente solo cabía la imagen de la preciosa pelinegra que, hasta ahora se daba cuenta, sin querer le estaba robando el corazón ¿Cómo? Jjmm… quien sabe… el solo sabía que quería verla, incluso su madre se había preocupado por el cambio de actitud tan repentino de su hijo menor. Decía notarlo más distraído, de mejor humor y parecía no estar muy preocupado en cuanto a su alimentación… ¿sería cierto? ¿Habría cambiado? A él no le parecía así, pero es que hasta Miroku comenzaba a darle palmaditas y codazos cada vez que los profesores le soltaban un sermón por su falta de atención y su poco rendimiento en clases. Ahora ya no tenía ninguna duda, ahora se ponía a analizar todo, ahora todas las piezas concordaban, ahora habría los ojos… Estaba enamorado, perdidamente enamorado, y de una persona que ni siquiera conocía demasiado.
-Kagome – ronroneo rodándose en la mullida cama, quedando de lado y mirando hacia la ventana. Su corazón comenzó a latir a mil por hora ante la magnífica visión. Era ella, era Kagome, su ventana estaba semi abierta y sin las cortinas moradas interponiéndose en la vista, así que pudo verla sin problema alguno. Estaba sentada en la cama cepillando su cabello, húmedo al parecer. El cuarto estaba prácticamente en penumbras y si no fuera por aquella lamparita de noche probablemente no vería nada. Noto el desgano en sus facciones y en sus movimientos al dejar el peine que recorría sus oscuros y azulados cabellos.
Después de haber durado así un buen rato, se dio por vencida, jamás podría hacerlo de la misma forma en que su mamá lo hacía, así que deposito la peineta en la pequeña mesita de noche que había junto a su cama. Sintió una brisa helada recorrerla y con ella, un tumulto de recuerdos se abalanzo sobre ella, como un cazador a su presa. Recuerdos tristes, alegres, coloridos, tenebrosos, malos, buenos…de todos. Solo sintió como un nudo se iba amarrando sin piedad en su garganta como si tratase de asfixiarla. Noto la mueca que inconscientemente había formado su boca y las malditas lagrimas emprender su pequeño y vacio camino por sus mejillas. Como le gustaría estar en ese momento junto a Inuyasha.
Vio diamantes deslizarse por lo pómulos femeninos y no lo pensó dos veces antes de levantarse y caminar hacia la ventana y abrirla.
-¡Kagome!… - la llamo desde su ventana, que estaba solo como un metro y medio separada de la de ella. La miro voltear con la evidencia de tristeza en los ojos y un aire de confusión. Abrió más los ojos al encontrarlo. Salto hacia la ventana y la abrió completamente mientras intentaba desaparecer las lagrimas con la palma de su mano - ¿Qué ocurre?, ¿te encuentras bien?
-No tengo nada…sniff…estoy bien… - respondió la chica.
-¿Bien?- por obvias razones no le creyó: primero, porque limpiarse las lágrimas de las mejillas era inútil. Segundo, porque sollozaba y su voz estaba quebrada. Tercera la mueca de sus adorables labios y el modo en que el inferior temblaba. Cuarta, porque simplemente no se le daba la gana creer que estaba bien -¿No me lo vas a decir? – pregunto con un raro tono que confundió a Kagome, mas sin embargo, ella no respondió – Bien… - susurro el chico, mas para el que para ella.
-¿! Qu…que, que estás haciendo! – pregunto/exclamo la chica al ver que el muchacho se sujetaba de la gruesa rama de un árbol que se encontraba en el patio de su, ahora mas convencida que nunca, chiflado vecino.
-Si no quieres confesar… - dijo deslizándose por el improvisado tronco y saltando hacia el barandal de la ventana de ella, cosa que ocasiono un gritito ahogado por parte de Kagome, pero a fin de cuentas, el chico estaba parado en el cuarto de Kagome con las manos en la cintura – te torturaré hasta que confieses – decreto con una expresión acusadora aunque divertida.
-¿Qué? - pregunto la muchacha haciendo una mueca ten exagerada que hasta el temió que se lastimara los pómulos - ¿Quién te crees? ¿Verdugo del santo oficio? Vete de aquí antes de que te metas en problemas.
-¿Qué problemas? – quiso saber con un tono burlón - ¿Que tu padrastro llegue…? Estoy seguro de que no entraría a tu habitación sin tocar antes, así que puedo esconderme en tu baño. - vio a la chica rolar los ojos - ¿Qué tu… novio… - sintió la dificultad para separar los labios y los dientes al decir la ultima palabra, pero su orgulloso ser no le permitiría demostrarlo. Al menos eso creía -…Kouga venga y me golpee con la antena de un carro, no creo que se lo permitas a menos que quieras estar velando su sueño durante semanas en un frio hospital. –
Kagome sintió su rostro contraerse y su labio inferior luchaba con ella por no temblar, la hacía sentirse delatada y el nudo que sentía en la garganta no era de mucha ayuda. Mas lagrimas se deslizaron cuesta abajo por sus mejillas.
Trago saliva ruidosamente y por fin levanto la mirada, desafiándolo con esta, pero a pesar de sus esfuerzos por ocultar su naciente ira, era notable que estaba a punto de estallar, pues la forma en que su pecho subía y bajaba precipitadamente le decía más que mil palabras, y el no pudo evitar mirar exactamente ahí, por mas inapropiado y poco romántico que sonara. Ella por fin hablo.
-En primer lugar… Kouga no es mi novio… - no supo cómo pero se las ingenio para contestar. Le pareció sorprendente considerando que sentía que el aire pesaba kilos y que con cada inhalación sentía una piedra gigante y pesada atorarse en su pecho – en segundo lugar, tu no conoces a Naraku – esto lo murmuró con el tono más amenazante que sus temblorosos labios le permitían entonar, por lo que se sintió ridícula – y en tercer lugar… si tu llegas si quiera a tocar a Kouga… - ahora se sintió aun más ridícula que antes, su voz se había quebrado a la mitad de la última frase.
Los dientes de Inuyasha rechinaron, ocasionando que su mandíbula se moviera peculiarmente y con esto que el rostro de Kagome lo mirara confundida y compungida, pero sin perder su posición de estar a la defensiva, como si quisiera crear una barrera entre ellos dos y así poder mantenerlo al margen. Esto hizo que ardiera en deseos de acercarse a ella, más de lo autorizado por la moral y la sociedad, para probarle que no había nada… absolutamente nada que pudiera impedir que él se acercara a ella, pues lamentablemente para él lo inalcanzable le parecía irresistible. Como pudo, se mantuvo plantado en su lugar.
-Lo amas… – susurro muy despacio, más que para ella para si mismo y la miro tan directamente que ella temió que pudiera desnudarla con la mirada.
-¿Y si así fuera? ¿Qué? ¿Eh? – volvió a desafiar descaradamente, tratando de mostrarse valiente. Mientras Inuyasha no descubriera que se sostenía a duras penas de uno de los bordes de la cama todo estaría bien - ¿Qué crees que podrías hacer tu al respecto?
Lo vio desviar el rostro, y comenzar a examinar la habitación con suma cautela. Sinceramente dudaba que la aun infantil habitación suya pudiera tener algo que le interesase, pero no perdió de vista ningún detalle. Miro su endemoniadamente atractivo reflejo en el espejo de su buro color madera natural, lo vio examinar con suma cautela las blancas paredes de su cuarto, que ahora se veían cafés debido a la poca iluminación. No dejo pasar el color azul marino muy oscuro de las colchas de su cama y hasta el último volvió a mirarla pero esta vez su mirada reflejaba que había algo que él se moría de ganas por decirle.
No pudo controlarse más, ¿Quién se creía ella para desafiarlo de esa manera? ¿Quién se creía ella para tratar de impedir que entrara en su vida tal y como ella lo había hecho inconscientemente en la suya? ¿QUIEN SE CREIA ELLA…PARA SER… ENDEMONIADAMENTE HERMOSA Y ESPECIAL, Y MOSTRASE TAN IMPOSIBLE ANTE EL?
Kagome retrocedió cinco torpes pasos hasta toparse contra la puerta, mientras que a Inuyasha no le costó más de tres pasos alcanzarla y así poder acorralarla entre la puerta y el, colocando descaradamente los brazos en sus costados, enjaulándola en una celosa prisión.
Sintió el aliento del muchacho bañarle el rostro y el cuello. No pudo evitar comparar la sensación con la de estar en un sauna endemoniadamente caliente. El tragar de su saliva fue tan ruidoso que sintió vergüenza. Si fuera más débil seguro que se habría desmayado o se habría vomitado en el peor de los casos, así que tuvo que agradecerle hasta al mismo Zeus por que el no la miraba, tenía la vista soldada al suelo y eso le dio un poco mas de valor, aun que no era demasiado.
-Kagome…- susurro el muchacho con tanta dedicación en cada silaba que la chica se sintió tan… ¿Cómo explicarlo? Tan deleitada, tan dichosa a pesar de tener los nervios a flor de piel, tan importante, tan única, tan… tan… tan e-n-a-m-o-r-a-d-a.
- ¿Qué me has hecho? – Pregunto el muchacho - ¿Por qué no puede ser como cuando estoy con otras chicas? ¿Por qué cuando te vas siento que quiero verte? ¿Por qué tienes que ser tan malditamente hermosa? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti? – por fin alzo la vista y se encontró con la de ella a escasos centímetros. Ella tenía los ojos entrecerrados, un rubor que parecía ser más de fiebre que de vergüenza y de nuevo los labios entre abiertos. Se miraba realmente adorable y el no pudo evitar sentir ternura, así como tampoco pudo evitar que una de sus manos se amoldara en la caliente mejilla femenina, pequeña en comparación con su mano - ¿Por qué odio tanto verte junto a ese sarnoso de Kouga? – Su pulgar se movió acariciando su cara y sintió a la chica temblar bajo su palma - ¿Por qué… - susurro bajando el rostro, acercándolo al de ella – siento…
"¿Q-qu-que estaba haciendo?" se preguntó al ver el rostro de Inuyasha entre penumbras acercándose lentamente al suyo, con la vista fija en lo que asumió serian sus labios. El pecho comenzó a dolerle aun más de lo que antes le había dolido. Seguramente su corazón estaba dando más de lo que sería debido ante un análisis cardiaco saludable. " ! REACCIONA, REACCIONA ¡" murmuro una vocecita pequeñita en su cabeza, pero, ¿Cómo? ¿Cómo se suponía que debía reaccionar? ¿Qué debía hacer?
"EMPUJALO"
No podía, sus brazos estaban estrictamente pegados a sus costados, como si una cadena metafórica los hubiera aprisionado.
"APARTATE"
Tampoco era posible, si daba un paso caería de bruces contra el suelo, e Inuyasha no le pondría sencilla la huida, de eso estaba segura.
"GOLPEALO"
Las manos le sudaban, como si de mantequilla derretida se tratara y muy a fuerzas podía sentir los dedos en los manos. Eso no la ayudaba mucho para formar un puño. Sus brazos seguían sujetos a ella.
Estaban cada vez más cerca y ella solo podía pensar en su traicionero cuerpo, que solo en momentos tan importantes como esos se negaba a obedecer, o esa sería la excusa que usaría el día de mañana, cuando ambos tuvieran que verse y platicar del asunto, llegando al acuerdo de que no hablarían de eso nunca más y que no harían nada al respecto.
Apenas pudo terminar de pensar, cuando sintió los labios de Inuyasha hundirse en lo suyos en un encuentro cálido y seguro que mientras avanzaba se volvía más osado y exigente
No sabía que estaba haciendo, solo sentía los suaves y cálidos labios de ella bajo los suyos, saciando así la sed que tuvo en muchas ocasiones de probarlos. Para su sorpresa, era tal y como lo había imaginado, de hecho, era mucho mejor de lo que había pensado. Eran dulces y tibios, de esos que solo encuentras en las cursis novelas, en esas que jamás creyó cuando decían que besar era la sensación más bella de todas. Ahora le debía una disculpa a Shakespeare. Dos pequeñas manos se posaron sobre su pecho, ejerciendo presión, pero esta era tan tenue, que le costó trabajo averiguar que lo que ella quería era apartarlo. "Ah no, eso sí que no", pensó buscando el camino a su cintura y atrayéndola hacia sí, dejándola arqueada y pegada a su cuerpo, como si atrás de ella hubiera un acantilado y el trataba a toda costa de que ella no cayera en el. Un acantilado de realidad.
Sentía todo el cuerpo completamente aguado, había intentado apartarlo sin éxito alguno y por si fuera poco, el la había hecho prisionera en la cárcel de su cuerpo y de sus brazos. Sintió una gran oleada de calor peinarle el estomago y conforme avanzaba todo se iba haciendo más grande. Después, sintió cosquillas en todas y cada una de las partes de su cuerpo. La sensación era tan hermosa e increíble como perturbadora e inexplicable, ¿en serio estaba pasando? ¿Sería posible? Digo, si bien es cierto ese no era su primer beso, pero jamás había sentido ni la quinta parte de lo que sentía ahora, justo con él, con Inuyasha. Aun no le correspondía el beso, pero ya estaba dispuesta a hacerlo. Abrió un poco más la boca, tratando de concederle al muchacho el permiso que el mismo había usurpado, pero en cuanto sintió su aliento en la garganta…todo fue tan increíble e irreal. Todo se volvió negro a su alrededor y perdió conocimiento sobre su cuerpo.
La sintió repentinamente más pesada, no demasiado, ¿a quién engañaba? Esa chiquilla pesaba lo mismo que una pluma, pero eso no hizo que dejara de estar alerta. Ya no la sentía despierta y tenía la cabeza inclinada hacia atrás. A regañadientes se separo de sus labios para darle una pequeña inspección. "DEMONIOS" pensó al encontrarla desmayada entre sus brazos. Aun con el susto a flor de piel, no pudo evitar que una sensación de ternura se adueñara de él. Esa mujer era la cosa más tierna y delicada que jamás había conocido, y mucho menos tenido entre sus brazos. "Parece una muñeca" se dijo a si mismo mentalmente mientras la tomaba en brazos y la conducía a su cama, en donde la deposito con la misma delicadeza con la que alguien deposita una escultura de porcelana en el más duro concreto.
Estaba a punto de arroparla, pero se quedo a la mitad del camino. El un sonido parecido al de un cristal haciéndose añicos contra el suelo y unas escandalosas pisadas provenientes del otro lado de la puerta lo pusieron alerta con sus cinco sentidos. "El señor Naraku" fue lo primero que pensó. El picaporte tenia seguro, lo cual solo lo pudo aliviar por unos cuantos momentos. Podía escuchar como si alguien se tambaleara, chocando contra las paredes, tirando todo lo que a su paso se presentará, eso sin mencionar que los zapateaba fuertemente, al parecer con intención de subir las escaleras.
El sonido del picaporte tratando de ser despojado de ese seguro le recomendó que lo mejor sería salir de ahí, pero… ¿Cómo? Le había resultado de lo más sencillo llegar desde su habitación a la de ella, pero bajo las circunstancias, estaba seguro de que no le daría tiempo suficiente para llegar a su habitación sin quedar comprometedoramente descubierto. Esconderse era su única alternativa si no quería si no arruinar esa maravillosa noche durmiendo en prisión, además, ¿Qué tal si no se trataba del padrastro de Kagome? Lo mejor sería cuidarla ¿no? Todo esto lo pensó en media fracción de segundo, abalanzándose sobre el armario que se encontraba a un lado de la entrada del baño, justo a tiempo para que la puerta se abriera y dejara entrar al tambaleante ser.
Sentía el suelo moverse bajo sus pies, y todo lo que veía limitaba a convertirse en borrones cada vez que volteaba la cabeza para ver a su alrededor. Como pudo, se dirigió hacia la habitación de su hijastra; SU hijastra, eso significaba que era SUYA y de nadie más, y planeaba que fuera así para SIEMPRE. Y pensar que el tonto enamorado de Kouga mantenía la esperanza de que lo cambiara para quedar en el salón de ella, ¿para qué? ¿Para que ella descubriera lo atractivo, joven y encantador que era? POR SUPUESTO QUE NO. No estaba dispuesto a compartirla nunca con nadie, hasta cuando su madre le demostraba cuanto la amaba se sentía tan celoso, ni siquiera le agradaba la idea de que la muchacha le hiciera cariñitos ni a los perros, razón por la cual Shippo había ido a dar a la perrera, supuestamente por que había mordido a uno de los vecinos. La encontró tendida sobre la cama, cubierta tan solo de la cintura para abajo por las mantas y con los brazos alzados cerca de su cabeza que mantenía ladeada en la almohada volteando hacia el escritorio. Se acerco lo mas sigilosamente que pudo, a pesar de que sus torpes pasos no ayudaban demasiado, pero aun así, logro sentarse adecuadamente sobre el borde de la cama, apoyando su brazo en el blando colchón dejando atrapada a la bella durmiente, sin tener la más remota idea de que estaba siendo vigilado por un par de ojos ambarianos desde el armario que en las puertas tenia rendijas.
La estudio minuciosamente mientras que con el brazo que tenia libre acariciaba el plano vientre de esta, pasando sus dedos de arriba hacia abajo, deleitándose ante la firmeza de este. Vio su rostro, angelical sin lugar a dudas, la tenue luz de la lamparita de noche era poca en comparación con la que ella emanaba naturalmente. Noto sus labios ligeramente hinchados, con un color más intenso que el que en realidad solían tener y sus febriles y coloradas mejillas. Sintió su estomago revolverse por alguna razón que no pudo descifrar, se sentía molesto, como si por alguna razón fuera a perderla. Aun recordaba como toda la tristeza, todo ese coraje, el enojo y el deseo de venganza que había albergado contra su, alguna vez, amada esposa, se lo había llevado el viento para convertirlo todo en olas del mar al ver por primera vez a la dulce bebe. Era la cosa más hermosa de todas, era todo lo que siempre amo de su mujer, antes de que lo engañara con otro hombre. Era el amor que sintió, era la pureza que vio, era la ternura que lo baño, era todo eso y mucho mas. Era su mujer, pero sin la manchas de su impureza.
Escondido, guardando el mayor recato posible y sin atreverse siquiera a respirar para no ser descubierto, se extraño de la actitud que tomaba aquel hombre sobre su hijastra. ¿Qué demonios estaba haciendo? Acariciar de esa manera a un miembro de tu familia se consideraba un sacrilegio, algo demasiado comprometedor, aun que claro, no había que ser un genio para saber que ese hombre había tenido una agitada noche de copas y por lo tanto no estaba en su sano juicio. Aun así si se mantuvo atento a cualquier cosa, se expondría a sí mismo si era necesario, no le importaría pudrirse en la cárcel con tal de proteger a la que ahora se daba cuenta, era lo que más quería en el mundo. Vio un leve resplandor descender por la mejilla de aquel hombre mientras se inclinaba hacia la muchacha para depositar un beso en su frente ¿estaba llorando? Se pregunto mientras fruncía el entrecejo y torcía la nariz ¿Por qué sería? ¿Es que acaso en esta casa habría alguien que no llorara?
No se inmuto ante las lágrimas que se espaciaron silenciosamente sobre sus mejillas, ¿a quién le importaba? A menos que hubiera alguien escondido en el armario, no habría forma de que alguien lo viera, además, el tenia sus razones, razones más que suficientes para él y en las que era preferible que nadie metiera la nariz. Su Kagome estaba creciendo, cada día más y más, le parecía que era ayer cuando la veía nadar desnuda junto con su primogénita, Kikyou. Ella también era hermosa, muchos solían decir que de las dos, Kikyou era la más bonita, pero él no podía hacer otra cosa más que verla como una hija, mientras que la otra, que no tenía su sangre y no tenia ninguna relación paterna con él era la imagen de la mujer que el más amo. Y ahora… ella estaba creciendo, dentro de poco cumpliría dieciocho, ya no habría nada que pudiera retenerla a su lado. Y si ella se enamoraba de alguien, se fuera de la casa y se casara… ¿Qué sería de el? Eso lo concluyo apenas ese mismo día, mientras miraba la boleta de sus calificaciones y se daba cuenta de cuantos años habían pasado ya. No quería alejarse de ella, no quería dejar de ser parte de su vida, a pesar de que sabía que desde hace un mes y medio que no lo era, pero retenerla bajo su techo le daba cierto derecho sobre ella.
Fue consciente de que estaba dormida, así que abrió los ojos lentamente, a pesar de que no los sentía cansados. Examino su cuarto como si temiera que algo estuviera diferente, pues así lo sentía. Nada. No había nada que no estuviera igual que como lo había dejado la noche anterior. Su despertador no había sonado para despertarla y hasta la ventana seguía abierta. Notar esto último hizo que la chica recordara que era lo que había pasado la noche anterior. Emitió un gemido de horror y vergüenza mientras sentía que su rostro comenzaba a subir de temperatura. Inuyasha la había besado, era lo único que le quedaba totalmente claro. Eso y que se había desmayado. "Dios… que vergüenza" pensó mientras se incorporaba en la cama. Sintió algo pesado en su vientre, cosa que la hizo voltear a ver de qué se trataba. ¿Qué hacia un brazo posado en su estomago? Y lo más importante… ¿de quién era? Volteo el rostro lentamente tratando de transmitirse a sí misma buenos deseos, pero todo ese esfuerzo que empleo para tranquilizarse se fue por el caño cuando vio al dueño pertenecía ese brazo.
El chico acostado a un lado de ella dormía como una piedra sujetándola desde la cintura, como si de un oso Teddy se tratara. Tomo tanto aire como sus pulmones se lo permitieron para después…
-¡!
Dos jóvenes, uno chico de cabello largo y oscuro con ojos color ámbar, con una mano roja tatuada en la mejilla y un chichón en la cabeza, caminaba junto a una muchacha de cabello aun más oscuro que el suyo con una cara que detonaba lo realmente apenada que se sentía. El muchacho caminaba con una cara de despreocupado y satisfacción, en cambio, la chica mantenía el puño de su mano aferrado a su boca, tratando de ocultar lo mal que se sentía.
-¿Te duele mucho? – pregunto la chica realmente preocupada sin atreverse a mirarlo.
-Para nada – murmuro sonriente y triunfador volteándola a ver.
-Lo siento mucho, no debí alterarme tanto – se disculpo la muchacha, tratando de que su voz no le fallara, como solía hacerlo en ocasiones como esa. Cometió un error al voltearlo a ver, así que tuvo que alejar la mirada.
Inuyasha sonrió.
-No te disculpes, esto fue mi culpa – miro hacia el frente, en donde se posaba la academia imponente frente a ellos – te prometo que seré mas cuidadoso para la próxima – decreto mientras la tomaba de la mano. La sintió detenerse tras él, por lo que tuvo que darse media vuelta para encontrarla totalmente turbada. ¿Qué le ocurría ahora?
-Próxima – repitió valientemente sin apartar la mirada de la de el - ¿y qué te hace pensar que habrá otra próxima vez?
-¿No la habrá? – pregunto mientras daba el paso que lo separaba de ella. La vio abrir más los ojos y tragar saliva ruidosamente. Su silencio fue mas que suficiente para depositar un suave y tierno beso en sus labios entre abiertos.
La beso tan rápidamente que no le dio tiempo de reaccionar, y cuando por fin logro mentalizar lo que había pasado su cara se torno roja, pero no por vergüenza, por primera vez enrojecía por que estaba enojadísima.
Se arrepintió de lo que había hecho al ver la cara enrojecida de su acompañante y fue ahí cuando la frase ''piernas para que las quiero'' cobro vida adueñándose de su cuerpo, alejándose a toda velocidad de la muchacha.
No dudo ni un segundo antes de echarse a correr tras el, soltando una sarta de obscenidades, desahogando así su muy avergonzada alma.
-Uuuf… vaya… esa chica si que sabe correr – se dijo a si mismo mientras buscaba el camino hacia su casillero – un poco mas rápido y me deja infértil – un escalofrió recorrió sin piedad su amplia espalda de solo pensar en eso.
-Te dije que no te metieras con Enju – menciono una voz muy conocida para el.
-No estoy hablando de Enju, Miroku, estoy hablando de Kagome – le respondió de mala gana a su libidinoso amigo, quien le seguía el paso por los pasillos de la interminable academia - ¿Cómo te fue con el par de gemelas ayer?
-Ohhh – respondió Miroku con un tono realmente sarcástico y divertido – hablando de eso… ¿Qué tal tu cita anoche, mmm…? – Inuyasha se detuvo a verlo con una cara que destilaba sorpresa y frustración. Cualquiera que hubiera pasado por ahí sin estar familiarizado con la situación habría concluido que estaba a la mitad de una parálisis facial - ¿Qué? Sango me lo cuenta todo.
'' ¡Sango!'' pensó mientras intentaba hacerse sentir menos tonto de lo que ya se sentía. Claro, era obvio, en esa preparatoria los chismes corrían como pan caliente y la mitad de ese trabajo se lo debían a Sango, mientras que la otra mitad era culpa de Miroku. Ese par… de seguro se citaban cada dos semanas para intercambiar información acerca de los estudiantes de la academia y así ver cual era el mejor chisme para arrasar el mes próximo. Redirigió su marcha hacia su casillero que a se podía ver a tan solo unos metros de distancia, olvidando por completo el enojo que había sentido en un principio.
-Espero que llevaras puesta tu camiseta que dice ´´ ME IMPORTA UN SOBERANO CACAHUATE LAS ADVERTENCIAS DE MIROKU ACERCA DE EL CLUB DE FANS DE KAGOME, YO SALGO CON QUIEN SE ME DA LA GANA ¿Y…?´´ - comento indignado el ojiazul al sentir que sus advertencias habían sido ignoradas por su compinche
-Ayyy, por favor Miroku – respondió enfadado Inuyasha llegando a su casillero mientras intentaba despojarlo de su seguro. Como tenia tan buena suerte, le habían asignado el mas mañoso de todos los seguros a si que probablemente tardaría un poco.
- Te lo digo hermano, ya todos en la escuela están hablando de ti, los del club de fans ni se diga. Te daría una ligera reseña de sus comentarios pero mi mami me dijo que no dijera esas palabras
-Vamos Miroku, no seas tan exagerado, nada malo va a pasar – dijo encontrando la manera de arreglar el seguro que había entre sus manos y disponiéndose a abrirlo – tu piensas de esa manera por que eres de la clase de chicos que pueden meterse en ese tipo de problemas, en cambio yo soy mas precavido – apenas estaba abriendo el casillero – Te lo aseguro, NADA MALO VA A PAS… -
Demasiado tarde…
No había ni terminado de abrir el maldito casillero cuando de la nada ¡SPLASH! Un líquido pegajoso color verde chillante lo baño por completo. Después vinieron plumas, cascaras de huevos triturados, tierra, basura de sacapuntas y un sinfín de cosas mas formaron parte de la pesada broma en la que había caído tan fácil e inocentemente. Solo vio el rostro de su ´´amigo´´ contrayéndose demasiado mientras posaba los brazos sobre su definido estomago, doblando el cuerpo para emitir unos escandalosos ´´ ¡JA JA JA!´´.
Los flashes de las cámaras y de los celulares no pasaron desapercibidos, así como tampoco el enorme cartelón que se que se extendió a hacia abajo desde su casillero, con el mensaje escrito en, terroríficamente, enormes letras.
Bienvenido a nuestra lista negra. Prepárate para ser realmente miserable Taisho.
ATTE. EL CLUB ´´HIGURASHI'S TEMPLE''
´´Maldición´´ pensó mientras caminaba hacia su aula. No le había dado aquella paliza que se había prometido darle, pues el muy atrevido no solo era un abusivo, sino que también se podía convertir en la competencia del correcaminos… en serio, si el y el coyote se confabularan, seguro podrían atrapar al dichoso pajarraco astuto. Tan entretenida estaba con sus pensamientos que solo cuando volvió a la realidad fue consciente de las miradas y de los murmullos que se materializaban por donde ella pasaba. Escucho risitas, cuchicheos y refunfuños. También pudo ver miradas de desdén y desilusión. Las primeras de chicas y las segundas de chicos. Aun sin comprender, logro ver a Inuyasha pasar por donde ella iba, bañado en materia desconocida y que procuraba que no le fuera nunca conocida. Camino la poca distancia que los separaba, por no decir que corrió y al llegar hasta el lo miro confundida.
-Pe… pero… que…cuando…como – fueron las únicas cosas que pudo vocalizar.
-¡KAAAAAGOOOOOOMEEEEEEE! –
Dio un respingo al escuchar gritar a Kouga su nombre. Giro sobre sus talones para encontrarse con un Kouga que irradiaba ira por donde fuera que lo miraras. Sus brazos cruzados, su ceño fruncido, la forma en la que sus fosas nasales se habrían y se cerraban precipitadamente, todo en el destilaba y apestaba a ira y rabia contenidas. Eran casi palpables. Fue en eso cuando todo comenzó a tener su lugar: Inuyasha estaba en la mitad de una de las bromas más pesadas de la historia de esa academia. Kouga estaba que echaba humo por la boca y las orejas. Anoche había tenido una cita con Inuyasha. Sango lo sabía.
Sumo todo eso solo para descubrir que estaba metida en un gran problema, en fin, ¿quien dijo que amar era fácil?
Continuara…
