~Advertencias: Ninguna.
Masashi Kishimoto ©.
Notas: FIC en EDICiÓN.
~HoPe's LeGenD~
UA. Una peligrosa leyenda comienza a нacerse verdad... peligro, acción, нumor y drama descuвrirán sus vidas… esperando no llegar a la тragedia…Sasusaкu, Naruнina, Nejιтeη, Sнiкaтema, Кiвaino, Asuкure.
I. Vengador, el lazo roto entre nosotros.
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El destino es una dolorosa cara de la moneda que aparece cuando menos lo esperas, cuando no lo deseas. ¿Es correcto cruzar el laberinto? Cuando estás por llegar a la salida es correcto decir que es el destino quién te aguarda al final.
En realidad se supone que ya es tu destino incluso cuando entras, entonces cuando naces también es porque es tu destino. Por qué si todo es trazado por aquel inesquivable futuro ni siquiera se molesta en dejarnos una pista. ¿Acaso debemos afrontarlo solos? ¿Es ése el libre albedrío? Pero como se supone que poseemos la libertad de escoger cuando incluso el libre albedrío es considerado en nuestro destino…
Realmente cuando tomamos una elección consideramos las diversas posibilidades… ¿Existen aquellas realidades paralelas donde actuamos conforme la decisión tomada? No importa porque incluso si erramos en la realidad que nos concierne el destino se encargará de mover la brújula en el sentido correcto, para que siempre acabemos en el mismo punto. Eso es lo que significa destino.
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Itachi estaba sentado en el suelo de una antigua biblioteca que pertenecía a su organización, rodeado de libros con pastas desgastadas. Se le había encomendado una misión, debía recabar toda la información existente acerca de una leyenda así que decidió que el mejor lugar para llevar a cabo su misión era la biblioteca. Había pasado el día completo buscado lo que necesitaba, a pesar de que aborrecía ese lugar.
El majestuoso salón rodeado de estanterías que en la forma en que habían sido dispuestas daban la impresión de ser un laberinto, los muebles de madera desgastados y viejos, los cojines de estos roídos por la mugre, el lugar entero cubierto por una fina capa de polvo, los altos ventanales que daban paso a una luz sepulcral y las velas de las arañas completamente consumidas; y la fría atmósfera que abundaba en la estancia... daban la impresión de que solo los espectros habitaban ese lugar. Los fantasmas de su pasado que lo atormentaban…
Enfadado por la "molesta misión" aventó un libro antiguo que accidentalmente le dio de lleno a la estantería frente a él, provocando que los libros que estaban a la orilla de ésta cayeran a sus pies; gruñendo se acomodó en medio de ellos y comenzó la inspección… Encontró un libro de pasta dura gastada y rota, que aparentemente no poseía autor ni título, algo que solo los años pudieron haberle borrado. Una sensación extraña le dijo que ese era el libro indicado, aquel que necesitaba… hojeó con rápida delicadeza las delgadas páginas amarillentas lo más veloz que sus ojos le permitían hasta que reparó en un extraño dibujo y una historia debajo de él…
Cuando terminó de leer guardo el libro entre sus ropas. Había encontrado lo que él jefe le había pedido, pero esa leyenda se le hacía conocida. Ya antes la había escuchado pero ¿dónde?... Y ¿por qué tenía conocimiento él de algo tan antiguo como eso…?
Al llegar a la guarida no fue recibido por nadie, ni le extrañó. Eran las personas que pertenecían a Akatsuki pero siempre estaban de misión, además siendo frío y antisocial como lo era, no es que formase lazos con esa gente… Se dirigió al recinto de Pein, el jefe, para entregarle su reporte. Cuando estuvo frente a la puerta no tocó simplemente entró, encontró al pelirrojo sentado revisando unos pergaminos que lucían importantes… dirigió su vista a Itachi cuando éste estuvo unos pasos frente a él.
—¿Encontraste algo? —preguntó con camuflada indiferencia pero con un deje de emoción en su voz.
—Hmp… —gruñó Itachi.
El jefe levantó una ceja en señal de respuesta, e Itachi avanzo hacía él y le entregó el libro. Pein examinó con cuidado el libro desgastado entre sus manos… y lo hojeó, acto seguido esbozó una sonrisa falsa que no llegó a sus ojos y asintió con la cabeza, dándole a entender a Itachi que podía marcharse y lo satisfecho que estaba con su desempeño.
Itachi sólo caminó hacia la salida pero se detuvo al posar su mano en el pomo de la puerta, volvió su rostro hacia Pein que lo miraba expectante.
—¿Los buscarás? —inquirió mordaz.
—Pronto… —Fue la respuesta que recibió. Giro la perilla y se marchó…
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En el lejano reino Taiyou, ya era medio día. Los madrugadores habitantes del reino se encontraban levantados realizando sus tareas o labores.
En el castillo principal era distinto, era un lugar solitario, frío, lejano y según decían los aldeanos "maldito". Se decía que el príncipe heredero, el mayor de los Uchiha, había asesinado a toda su noble estirpe. El poblado a los pies del castillo nombrado como el Valle del Fuego, era donde habitaba la numerosa familia Uchiha. Solamente cuatro personas habitaban el tenebroso castillo, además de toda la servidumbre.
Dicen las malas lenguas que Itachi-sama se volvió loco después de que se descubriera el cuerpo de su mejor amigo, y primo, Uchiha Shisui-sama. Enloqueció de tristeza, y mató a todo el Clan; excepto a su hermano menor, que se encontraba en la nación vecina. Cuando Sasuke-sama volvió a su hogar, no fue recibido como acostumbraba. Fue hacia el castillo convencido de que algo pasaba; y se encontró con su hermano de pie junto al cadáver de sus majestades.
Unos creen que cuando Itachi-sama vio el rostro compungido de su hermano volvió en sí durante unos instantes y se dio cuenta de lo que había hecho, dicen que fue a las caballerizas tomó su caballo y se marchó. Y los demás creen que el mayor de los hermanos simplemente desapareció, no sin antes dejar en claro al menor que volvería para matarlo cuando llegase la hora.
Pero las dos historias coinciden en que él desapareció, para jamás volver. Únicamente una persona podría desmentir esas historias, pero nadie se atrevía a preguntarle. Y él tampoco estaba interesado en contarles...
Se despertó sobresaltado, bañado en una capa de sudor y respirando agitadamente. De nuevo ese sueño, sino era ése recuerdo el que lo asaltaba por las noches era el de su vida en el pasado y como la disfrutaba; aunque lo común en ambos sucesos era el sentimiento de vacío que aparecía al despertar. Y la tristeza que habitaba en sus ojos, cada que recordaba el rostro alegre de su madre diciéndole: "Cuando estamos solos, tu padre solo habla de ti" o el serio e inflexible semblante de su padre cuando decía: "Eres un digno hijo mío"
Se levantó resignado intentando despejar esos sucesos de su mente, fue al baño y se miró en el espejo. Un joven alto y fuerte le devolvió la mirada, iba vestido con una camisa delgada de dormir abierta por la mitad dejando ver su trabajado abdomen y pantalones cortos. En su rostro pálido cortinas de negros hilos le caían a ambos costados, el corte singular en forma de cacatúa, y los abismos vacíos y oscuros que tenía por ojos, con ojeras debajo.
Se mojó la cara y suspiró, no podía permitirse el pasar esta noche en vela, mañana cumpliría la mayoría de edad y se marcharía en un peligroso viaje sólo para obtener poder y consumar su venganza, pero miró el reloj y se dio cuenta de que no sería mañana sino hoy. Las cortinas oscuras lo desorientaban tanto.
—Hmp —gruñó molesto. Nadie se había tomado la molestia de despertarlo. Quizá porque nadie quería que se fuera…
El parlamento del reino Taiyou estaba reunido en el palacio de invierno y esperaban pacientemente al Rey, que les había avisado que les tenía un comunicado.
Estaban reunidos en la sala redonda, sentados en la mesa, los ancianos paseaban su mirada por los rostros de los antiguos reyes y reinas del reino Taiyou, el cual era gobernado desde hace 400 años por el clan Uchiha.
Estaban lo más aburridos y es que desde que Uchiha-sama tenía por consejero a Hatake Kakashi, siempre aparecía una o dos horas después de la fijada. Ellos sabían que no era porque al rey se le pegara la impuntualidad de Kakashi, sino porque éste cuando le avisaba de las reuniones se daba el lujo de cambiar la hora fijada, unas más tarde… Pudieron haber replicado pero no tenía caso, el consejero real era tan impuntual, desubicado, pero de extrema confianza y le guardaba profundo cariño al joven rey, era casi su padre. Ni siquiera hubiera valido la pena mencionarlo ya que Hatake Kakashi sólo trabajaba bajo sus propias reglas.
Cada uno de los ancianos del parlamento se encontraba en sus cavilaciones, y uno que otro despotricaba en voz baja, cuando las puertas del salón les interrumpieron al ser abiertas con brusquedad.
Entró el rey ataviado de magníficas galas, vestía un pantalón ajustado de seda, azul oscuro y unas botas negras que le llegaban a la pantorrilla. Una camisa de holanes blanca que tenía la abertura del cuello bastante amplia y dejaba ver parte de su trabajado pecho. Un saco del mismo color que el pantalón. La capa roja que llevaba sobre los hombros, poseía magníficos bordados en la parte inferior y el abanico del clan en la espalda ambos bordados con oro. Además llevaba un sombrero con plumas azul oscuro y las joyas de la corona, un dije de diamantes con el símbolo del clan y el anillo con el sello del rey. Tenía un porte sobrenatural que lo hacía ver perfecto como un ángel, aunque aparecía con una mueca de enfado en el rostro. Un ángel destructor. Iba seguido de cerca por Kakashi, quién iba sonriendo. Éste llevaba un atuendo de seda negra parecido al del rey; de igual manera lucía muy guapo.
—Lamento la tardanza, señores… —Se apresuró a decir Sasuke—. Pero Kakashi —dijo señalando con la mirada al hombre a su lado—. No mencionó que la reunión comenzaba hace dos horas… —El aludido esbozó una sonrisa.
—Les hubiera recordado, pero mi esposa… —Se disculpó Kakashi con una gran sonrisa mirando a los presentes—. Me mandó a comprar leche y huevos por la mañana…
—Tú no tienes esposa —dijo el más anciano con tono reprobatorio y fulminando con la mirada al peligris.
—No creas que porque somos viejos, ya chocheamos. —Se apresuró a decir otro—. Al menos no todos… —reclamó el anciano con voz más baja mirando al que se encontraba a la derecha.
—El hecho de que te ganara en el póker, no quiere decir que hiciera trampa. —Frunció el ceño.
—Claro, me ganaste limpiamente, cuando vi las cartas bajó tu manga dijiste que no sabías que…
—Hmp —gruñó en desaprobación Sasuke, tomó asiento en su silla y espero a que los demás le imitaran—. ¿Comenzamos? —preguntó cuando todos estaban sentados.
—Bien. —Recargó los codos en la mesa y apoyó su mentón en sus manos—. Todos saben que mi coronación se adelantó debido a un trágico suceso. —Los ancianos y Kakashi escuchaban atentamente, temiendo por donde iría el hilo de la conversación—. La muerte prematura de mis antecesores, Fukaku-sama y Mikoto-sama; a manos del traidor Uchiha Itachi —mencionó con resentimiento el último nombre—. Sé que es mi deber para con mi nación gobernar, pero también sé que mi deber conmigo mismo es vengar la muerte de mi clan, de mi familia.
Los ancianos estaban estupefactos, luego del asesinato del clan. Sasuke les dijo "En honor a mis padres que en paz descansen, les pido me cedan el trono. Haré que se sientan orgullosos de mí" y jamás le habían escuchado mencionar a sus padres o al desertor Itachi. Después Sasuke había sido coronado rey.
—Por eso, el día que cumpla 18 años me marcharé del reino. Conseguiré poder, encontraré a Itachi y lo obligaré a rendir cuentas en el infierno—. Algunos se quedaron boquiabiertos, otros lo miraban confusos, solamente Kakashi lo miraba serio. Abrió la boca para replicar, pero no le dejaría—. Es una decisión que ya está tomada, y no pueden hacer nada al respecto. He esperado 10 largos años para esto y nada me detendrá está vez. —Frunció el ceño, golpeó la mesa y se puso de pie. Se dio la vuelta y se marchó.
Al llegar a la puerta se detuvo y antes de salir les dijo: —Kakashi ocupará mi lugar en mi ausencia.
Ese era el día, veintitrés de julio. Su cumpleaños número dieciocho. Se dirigió al baño para ducharse, se vistió con un haori negro. Tomo una capa negra, con el abanico de los Uchiha. En el pantalón, amarró su espada Chokuto.
Tomo una mochila, miró por última vez su habitación y salió de ella. Caminó silenciosamente por los pasillos del castillo sumergido en sus recuerdos.
Acababa de llegar del viaje al Reino Tsuki (Luna) donde reinaban los Hyuuga, Taiyou había firmado una alianza con Tsuki hacía ya 500 años atrás por el rey Madara.
Había pasado un mes en el castillo de los Hyuuga, conviviendo con el príncipe. Su amigo, Neji. Extrañaba a su familia, pero iba a volver finalmente. Iba cabalgando. Se emocionó cuando vio a lo lejos el barrio Uchiha, a los pies del castillo y adelantó a su guardia.
Bajó del caballo y lo amarró en un árbol a la entrada, él siempre llegaba a caballo. Pero esta vez tenía un mal presentimiento. Corrió por las calles de la aldea vacías, se detuvo al vislumbrar una sombra en lo alto de un techo. Cuando volvió a mirar únicamente aparecía la Luna en lo alto. "Pero ¿qué? Pensé que había alguien ahí" pensó. Entonces cayó en la cuenta "No hay nadie, no es tan tarde para que la gente ya este durmiendo"
Dio la vuelta en una esquina y se encontró con una imagen que asaltaría sus pesadillas eternamente. Ventanas rotas, paredes cuarteadas y los símbolos del clan desechos, banderas del reino rotas. Armas incrustadas en las casas y manchas de sangre en éstas. "¿Qué es esto? ¿Qué está pasando?" Siguió caminando, y se encontró con los cadáveres de sus tíos a la mitad de la calle. La familia real.
Corrió lo más rápido que sus pequeñas piernas le daban, e irrumpió en el castillo. Rogaba secretamente encontrar a sus padres vivos pero era una esperanza que se desvanecía a cada paso, toda la casa estaba en penumbra, recorrió una a una las habitaciones del lugar, con el corazón en la boca se dirigió a la única que le faltaba. La habitación del trono. Se detuvo frente a las enormes puertas de roble, estiró las manos que se aferraron temblando a los pomos de las puertas.
Cada una de sus perfectas facciones se desfiguraba de desesperación y tenía la sensación de que alguien lo aguardaba en el interior. Temblaba de pies a cabeza, su respiración era un silencioso jadeo. El miedo lo paralizó.
"Muévete" ordenó a su cuerpo. Lentamente su mano se levantó y se cerró en torno al picaporte. Abrió lentamente la puerta.
—Padre, Madre —llamó en un grito. Corrió dentro del cuarto y la puerta se cerró a su espalda.
Sus ojos se abrieron desorbitados, la luz de la luna se colaba por un ventanal iluminando la escena del crimen. Dos cuerpos bañados en sangre, uno encima del otro. Muertos. Sus padres estaban muertos. Un enorme hueco se abrió en su pecho.
Alguien desde la penumbra se asomó y Sasuke retrocedió horrorizado, el hombre se detuvo al lado del ensangrentado cuerpo de su padre. Sasuke retrocedió hasta la pared sin llegar a tocarla. La sombra delante de él, ladeó el rostro y la luz dio de lleno en él. Éste se volvió a verlo. Los ojos escarlata brillaron en la oscuridad.
"Hermano" lo reconoció entonces…
—Hermano —dijo aliviado—. Papá, mamá están… —las palabras se le atascaron en la garganta.
— ¿Por qué? ¿Por qué? —Se repetía afligido—. ¿Quién pudo…? —El zumbido de un cuchillo cortando el aire interrumpió sus palabras, la shuriken le rozó el hombro y se clavó en la pared tras él. Abrió los ojos como platos y los cerró rápidamente ante el escozor de la herida de su brazo.
—Hermano… ¿qué estás haciendo? —Se llevó la mano al hombro y observó detenidamente al hombre frente a él.
— ¿Qué estás haciendo, hermano…? —Reunió el valor necesario para hacer la pregunta. Lo miraba sin expresión alguna.
Esperó un minuto, y cuando pensó que no le respondería. Escuchó su voz.
—Estúpido hermano pequeño… —Cerró los ojos y los abrió lentamente—. Mangekyou Sharingan —dijo cuando lo miró fijamente.
La luna y el cielo cambiaron a matices negros y carmesí, el tiempo retrocedía y podía ver como mataba a cada persona de su familia a través de los ojos de su hermano, con sus propias manos y dentro de su cabeza. Mató a todos, incluyendo a su guardia, que lo siguió cuando entró al castillo.
Se llevó las manos a la cabeza y gritó con todas sus fuerzas "¡Detente Hermano! No me muestras esto" gimió "¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?" le gritó saliendo de la ilusión. Sintió como sus piernas perdieron fuerza y cayó de rodillas al suelo jadeando de dolor. Su rostro dio de lleno en el suelo.
Los ojos de Itachi volvieron a ser azabaches. Sasuke respiraba agitadamente.
— ¿Por qué lo hiciste? —le gritó sin mirarlo.
—Para poder probar mi contenedor —le dijo su hermano con voz monótona.
— ¿Para qué pudieras medir tu contenedor? —Repitió Sasuke dolido—. Solo para eso… —respiró—. Solo para eso mataste a todo el mundo… —un sendero de lágrimas corrió por sus mejillas.
—Era necesario —cerró los ojos como si le pesara lo que acababa de hacer
Sasuke se levantó.
— ¡¿Que mierda estás diciendo? —dijo histérico—. ¡No me jodas! —Corrió hacia él intentando golpearlo, pero fue golpeado en el estómago. Cayó al lado del cadáver de su padre, su rostro golpeó de lleno en el piso y rápidamente levantó la cabeza. Las lágrimas le empañaban la vista por más que abriera los ojos. Itachi dio un paso hacia él,
"Tengo miedo" se dijo.
—Tengo miedo —repitió en voz baja, se levantó y corrió hacia la puerta la abrió y salió.
"No me mates" Corrió lo más que sus piernas le daban pero no fue suficiente pues se detuvo cuando lo vio frente a él con expresión indiferente. Sus ojos estaban vacíos pero tenían una mirada llena de odio, de crueldad.
—No es cierto, tú no eres mi hermano… —le gritó con lágrimas en los ojos y la cara desencajada.
—La razón por la que continúe actuando como el hermano que querías, era para poder probar tu contenedor. —Le dijo impasible, hablándole con desprecio. Sasuke se sorprendió—. Tú serás mi oponente, como aquel que confirmará mi contenedor. Tú cargas ese potencial. —Continuó hablando el mayor.
—Me detestaste y mantuviste un rencor hacia mí. Continuamente deseaste superarme y es por eso que te dejaré vivir. —Sus fríos ojos escrutando cada reacción de Sasuke—…para mí —dijo cruelmente.
—Eres como yo, alguien capaz de despertar el Mangekyou Sharingan dentro de sí. —El viento levanto unas hojas que volaron entre los dos Uchiha—. Para hacerlo hay una condición especial… A tu mejor amigo… —continuó hablando— debes… ¡matarlo!
—No puede ser —Sasuke abrió los ojos sorprendido, deseando no escuchar lo siguiente.
—Tal como hice yo… —dijo Itachi sin rastro alguno de emoción. En la mente de Sasuke pasaron imágenes de cuando a Itachi le informaron el suicidio de alguien en particular. "Uchiha Shisui" era el único nombre que repetía su mente, queriendo negar el hecho.
—En el templo Nakano, en la esquina derecha de la habitación detrás del cuarto principal, bajó el séptimo tatami se encuentra el pergamino conmemorativo del clan —esperó a que Sasuke memorizara todo—. En ellos está explicado el propósito principal del doujutsu del clan Uchiha, así como su verdadero secreto. —El silencio le indicó que podía continuar—. Si lo despiertas, habrá tres personas incluyéndome a mí, que han usado el Mangekyou Sharingan, si esto pasa tendré un motivo para dejarte vivir.
—Pero como estas ahora, ni siquiera vale la pena matarte. —Cerró los ojos y giró medio cuerpo dispuesto a marcharse.
—Estúpido hermano pequeño… Si quieres matarme, cúlpame, ódiame, —a Sasuke le temblaba la ceja y le castañeaban los dientes— y vive avergonzado. Huye, huye y aférrate desesperadamente a la vida. Un día ven ante mí con los mismos ojos que tengo. —Abrió los ojos y le mostró el Mangekyou una vez más, metiéndole dentro de la ilusión. Sasuke cayó inconsciente. Itachi lo contempló y se marchó.
Salió del castillo y lo contempló, se volvió y reanudó su marcha. Deseando salir del desierto barrio Uchiha siguió recordando.
Despertó de la inconsciencia al día siguiente en el hospital, se escabulló cuando escuchó a dos enfermeras hablar de la matanza. Regreso al barrio Uchiha encontrándolo sin cadáveres pero igual de solitario. Se imaginó las caras de sus tíos saludándolo cada vez que bajaba a verlos.
Un instante lo creyó, un instante fue feliz… pero sólo un instante. Sacudió la cabeza comprendiendo que esa visión jamás volvería a él. Se dirigió al lago del barrio. Se sentó en el muelle y contempló su reflejo. Recordando su vida anterior, porque el Uchiha Sasuke que era feliz, que sentía celos, miedo, esperanza y dudas. Había muerto. En su lugar estaba un caparazón vació que jamás se permitiría perder a nadie más, porque no tendría a quién.
Decidió gobernar, no importaba que tan niño fuera. Estaría en el poder y enorgullecería a su padre. Haría que todos olvidarán su trágica historia, por lo buen rey que sería. Aventó una piedra al lago, y su reflejo se distorsionó mostrando la sombra que lo perseguiría hasta el final de sus días, el rostro del asesino de su clan, su propio hermano. Molesto se tiró al lago y nadó hasta el fondo, pensando intensamente.
"Para poder matarte, no importa cuanta oscuridad haya por delante. Seguiré mi camino, sin importar que… obtendré poder. Desde ahora, seré un vengador"
Con esa respuesta el vengador emprendía su camino. Finalmente haría pagar a Itachi. Salió del barrio y se encontró con el reino entero reunido para verlo marchar "Tal vez, sería la última vez que los vería". Caminó sin vacilar en un espacio sin gente y cuando hubo cruzado al fin a todas las personas allí reunidas, se volvió. Esbozando una media sonrisa, los miró por última vez. Se dio la vuelta y levantó la mano como gesto de despedida.
Siguió su camino sin voltear atrás, cruzando la frontera.
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El lejano Reino Niji (Arcoíris) preparaba sus mejores galas. Ya que un importante suceso tomaría lugar al crepúsculo del día siguiente. El anochecer del 24 de julio, día en que la princesa de Niji sería unida en matrimonio con el príncipe Neji, heredero al trono del Reino Tsuki.
Solamente la familia real estaba consciente del hecho que dicha unión conllevaría, perder a su única hija e impedir el poderío del Este a los Hyuuga, al menos hasta que el viejo rey Hirazen Haruno muriese. Pero el pueblo ignoraba que la princesa Haruno estaba inconforme con la decisión tomada, pensaba el pueblo que la princesa no había sido vista recientemente en las calles de Niji, por estar ocupada con las actividades de la boda.
La realidad era que la princesa estaba cautiva en el palacio, atrapada por su propio padre a causa de una discusión. Porque la princesa se negó a contraer nupcias con Neji, su amigo y confidente. Recientemente su enemigo, un traidor que merecía castigo por haber sucumbido a la tentación del poder, pero ese es el pequeño secreto de la princesa. Y ella no desmantelaría la imagen del príncipe Neji, aunque lo odiara con todas sus fuerzas.
Recluida en su alcoba, Sakura contemplaba desde su balcón el bello jardín. Los setos crecían en forma de laberinto, ella desde esa altura podía ver perfectamente la salida y ya había trazado miles de veces el camino. Afortunadamente, su madrastra había olvidado cerrar aquel ventanal, y como éste daba al jardín oeste, donde nadie acostumbraba pasar temiendo perderse en el interminable laberinto. Ella acostumbraba tomar un poco de aire fresco, haciendo lo único que podía hacer: recordar cómo todo empezó.
La joven y hermosa princesa, estaba usando un vestido rojo oscuro, tenía las mangas largas y detalles de flores en la parte de arriba en color dorado, la caída del vestido era algo incómoda ya que ocupaba bastante volumen. Llevaba el largo cabello rosa recogido en un elegante moño, con caireles que caían a ambos lados de su rostro. No llevaba casi maquillaje, solamente un delineado negro en sus bellos ojos jade y un tenue brillo en sus rojos labios. Ojos y labios destacaban en su semblante gracias a la piel nívea.
Sakura estaba cenando, sentada a la izquierda del rey Hirazen. La reina Anko ocupaba el lugar de la derecha. Su padre y la reina le habían dicho que le comunicarían algo importante esa noche. Enorme fue su sorpresa cuando a mitad de la cena le dijeron que se casaría con el príncipe de Tsuki. Los cubiertos resbalaron de sus manos, que temblaban de furia. Sabía que en cualquier momento se derrumbaría. Se apoyó en la mesa, lo miró fijamente y se levantó.
—No me casaré con el frígido de Neji y es mi última palabra —gritó la chica para después salir corriendo rumbo al salón de música, su guarida.
Se sentó ante el piano frustrada y sus adiestradas manos comenzaron a tocar una suave melodía, que acompaño con su hermosa voz.
~
El mundo no parece el mismo.
Pero sé que nada ha cambiado,
ésta todo en mi estado de ánimo.
No puedo dejar nada de esto atrás.
Tener que levantarme para ser fuerte.
~
La tenue pero emocionada voz llenó todo el recinto cuyas puertas abiertas condujeron la música y sin ella saberlo todos en el castillo escuchaban la canción cargada de sentimiento. Sintió la necesidad de llorar pero se contuvo.
~
Tener que intentar.
Liberarme,
de los pensamientos de mi mente.
Aprovechar el tiempo que tengo,
No puedo decir adiós.
Tengo que hacer lo correcto.
~
Lo correcto sería casarse con Neji, pero ella sabía que su corazón nunca se conformaría. Menos al estar con un hombre por el que únicamente sentía cariño. Recién había cumplido dieciséis años. Pero la edad no era lo único que tenía que ver, se llevaban dos años, técnicamente tres cuando él cumpliera años el veintisiete de diciembre. Ella aún era joven para casarse.
~
Tener que pelear
porque sé que al final valdrá la pena,
que el dolor que yo siento
lentamente se desvanecerá.
Todo estará bien.
~
Era el hecho de que había traicionado a su hermana melliza, y mejor amiga de Sakura. Neji había traicionado a Hinata. Cuando el príncipe de Taiyou se negó a casarse con Hinata, su padre la despojó de su derecho de reinar, cediéndoselo a Neji que aceptó rápidamente diciéndole a su hermana que era débil y tonta, por lo que no merecía reinar. Hinata quedó destrozada y escapó.
~
Sé,
debería darme cuenta.
El tiempo es valioso,
valdrá la pena.
~
Sakura sabía con exactitud la ubicación de su amiga, gracias a una lechuza mensajera. Era la mascota más fiel de su amiga. También sabía que una de las condiciones para que Neji reinara era que tenía que desposarse. Y él pidió su mano a su padre, quién aceptó. Pero ella no se lo pondría fácil. Ella lucharía, porque al final siempre valía la pena.
Tan concentrada estaba cantando y tocando el piano, que no se dio cuenta de que su padre había entrado a la habitación y estaba detrás de ella. Hasta que éste le reprendió al oído.
—Te casarás dentro de un mes y es mi última oferta —dijo su padre tras ella. Interrumpió la melodía al pegar un salto.
—No. No me casaré con Neji —arrastró las palabras como si fuera peor el hecho de decirlo.
—Bien, tú lo quisiste así —Le dijo suavemente cerrando los ojos—. La boda será el 24 de julio —dijo con un tono severo que no admitía replica.
— ¿Qué? —Abrió los ojos sorprendida—. Pero… es ¡en una semana! —gritó furiosa. —Ya tenías planeado todo, ¿verdad? —bufó indignada.
—Creí que estarías de acuerdo. —Suspiró cansado—. Pensé que Neji sería una gran elección. Eran amigos. —Sakura pensó que su padre lucía muy viejo.
—Éramos… tú lo dijiste, padre —respondió tristemente. Su padre se sentó en el banco del piano a su lado.
— ¿Qué pasó? —Hirazen miró interrogante a su hija.
—No lo sé… —Su mirada se volvió desolada y añadió como derrotada—: Es sólo que… cambio.
El rey meditó un momento, no sabía cómo hacerle entender a su hija su deber.
—Es lo único que se te pide, Hime-sama. —Le habló de la manera en que un rey daba órdenes a sus súbditos.
—Lo sé —respondió con pesar—. Pero mi corazón no podrá vivir con eso. Me perderé a mi misma si lo hago… Sería un… —vaciló buscando la palabra adecuada— títere. —Sin duda, esa era—. ¿No lo entiendes? —Un sollozo quebró la última palabra. Todo por lo que había luchado desde que salió del comedor.
— ¡Escaparé si es necesario! —amenazó limpiándose las lágrimas. El rey quedó estupefacto ante la perspectiva de perder a su hija.
—Estarás vigilada de aquí a la boda. No podrás salir de tu habitación —ordenó la reina, que los miraba de pie en el umbral—. Después de eso, serás problema de Tsuki —se dijo a sí misma en voz baja.
Nadie se movió.
— ¡No me escuchaste! ¡Vete a tu habitación! —dijo autoritaria la reina y fulminó a Sakura con la mirada. El rey Hirazen abrió la boca para replicar, pero fue callado por la suave voz de la reina Anko que le dijo—. No hay otra opción, Hirazen. Necesita mano dura —señaló a Sakura con un ademán.
— ¡Jamás serás mi madre, Anko! —Habló con voz furiosa y trémula Sakura, apretó los manos formando puños—. ¡Nunca lo serás! —le gritó temblando de rabia.
—Pero soy Anko-sama, tu reina —esbozó una sonrisa triunfante y acto seguido miró a Hirazen—. Vas a permitir que tu hija me hable así, a mí. Su reina. —Hizo una mueca de desagrado. El rey las observó a ambas.
— ¡Sakura! Anko-sama, la Reina de tu nación te ha dado una orden. ¡Obedécela! —contesto furioso. Anko sonrió satisfecha. Sakura hizo una mueca y se marchó.
Desde entonces había estado recluida en su habitación, bajo llave, por orden de su madrasta. Donde sólo se aparecía una sirvienta a dejarle su desayuno, comida y cena. Estaba decidida, buscaría la forma de escapar.
Suspiró fuertemente, a estas alturas ya había agotado sus lágrimas. El tiempo se agotaba, ya habían pasado seis días y la boda sería al día siguiente. Pero no encontraba solución, más de una vez pensó en cruzar el laberinto pero desechó ese plan al saber que la caída la mataría. Y solamente tenía hasta el crepúsculo para escapar.
Después de intentar idear su plan, se regresó a su cuarto y cerró el balcón. Se tiró en su cama y se tapó la cara con la almohada, sofocó un grito en ella. Y se quedó dormida...
Corría desesperadamente, anhelaba llegar. Sus pasos eran pesados y era difícil respirar. Pero ¿a dónde iba? ¿Dónde estaba? No recordaba haber salido de su recinto, no recordaba haberse movido de su cama. Fue cuando cayó en cuenta, estaba soñando. A su alrededor se levantaban dos paredes de hojas y matorrales, inexplicablemente enormes. Ella seguía corriendo, tenía la sensación de que la perseguían. Intentaba perderlos, sin perderse ella. Giró a la derecha, avanzó hacia el frente y volvió a girar a la derecha. Inmediatamente dio vuelta a la izquierda. Alcanzaba a ver la luz, sabía que pronto iba a llegar. Sentía como la dicha la llenaba. Pero un ruido sordo la despertó. Abrió los ojos.
Otro ruido sordo. Intentó localizar con la mirada de donde provenían los ruidos. Otro golpe. La puerta se abrió pausadamente. Desconcertada miró la puerta.
— ¿La desperté, Hime-sama? —La mucama hizo una reverencia y dejó una gran caja en la cama—. Hace un rato subí a dejarle la comida, pero veo que no la ha tocado —señaló la bandeja de plata.
— ¿Comida? —preguntó confusa.
—Sí, se quedó dormida hasta muy tarde —adivinó la chica. En realidad era de suponer por cómo iba vestida la princesa.
—Ah… Gracias —dijo tranquilamente. La muchacha le miraba esperando algo—. ¡¿Ya es hora? —chilló Sakura, al fin entendió aquella mirada. La mucama asintió suavemente observándola.
—En realidad, no quiere esto —no era una pregunta, lo afirmaba. La pelirrosa la miró afligida —Yo podría ayudarla —sugirió ella. La princesa la miró esperanzada.
— ¿Cuál es tu nombre? —le preguntó cortésmente.
—Tayuya, Hime-sama. Para servirle —le respondió. Sakura se tomó su tiempo observándola no había reparado antes en ella, seguramente había llegado hace poco. La muchacha una cabeza y media más alta que Sakura, los cabellos entre violetas y rojos estaban recogidos con un moño. Por alguna razón no le inspiraba demasiada confianza.
— ¿Me ayudaras, Tayuya-san? —preguntó Sakura. La chica asintió—. ¿Cómo? ¿Por qué? —cuestionó recelosa.
—Sé lo que es ser vendido, contra tu voluntad —Sakura la miró, parecía sincera—. Mi padre me envió aquí, vengo de la aldea Shizen (Lluvia). Él perdió su fortuna, y para librarse de sus deudas, me envió a trabajar en este palacio. Al servicio de Anko-sama —dijo tristemente—. Lo siento, pero no soy feliz aquí —se apresuró a agregar—: No porque su presencia no sea grata... Aún así no deseo que usted pase por lo mismo que yo.
—De acuerdo —finalmente se decidió a aceptar la ayuda—. ¿Tienes un plan? —aventuró esperanzada.
—La boda es en dos horas. —Sakura hizo una mueca de incredulidad y abrió la boca para interrumpir. Tayuya la silencio con una mirada—. Yo estoy aquí para ayudarla a prepararse —señaló una enorme caja que debía tener un vestido blanco, Sakura se estremeció al verla—. Cuando bajemos, inevitablemente pasaremos por el jardín del Este, para que se reúna con Haruno-sama. Anko-sama ha ordenado que la escolte una guardia. Puedo arreglármelas para detener a la guardia, solamente por unos… veinte minutos —maquilaba rápidamente.
—Usted debe arreglárselas para esconderse en el laberinto, mientras tanto. Cuando hayan desistido la búsqueda, la alcanzaré y partiremos juntas. Conozco a un poderoso mago que nos dará asilo —vio la duda plasmada en el semblante de la princesa—. Es de confianza, se lo aseguró —se apresuró a añadir—. Y bien. ¿Qué dice, Hime-sama?
—Sakura. Llámame sólo Sakura —corrigió rápidamente—. Me parece… bien… —aún tenía sus dudas—. Debemos apresurarnos.
Tayuya ayudó a Sakura a colocarse el vestido de novia, blanco y hermoso. De seda, el velo transparente, de no ser por el rostro llenó de tristeza y ansiedad. Sería la novia más hermosa. Como joyas utilizó un hermoso collar con un diamante azul que había pertenecido a su madre, tenía el símbolo del clan Haruno. La guardia llegó una hora y media después.
Tayuya llevaba la cola del vestido en sus brazos, bajaron por la escalinata, el sol se estaba poniendo. Sin duda había sido un día espectacular. Llegaron finalmente al jardín, la pelirrosa miró a Tayuya. No la notaba para nada nerviosa, respiró profundo. Dio gracias por haber conocido a esa persona, sabía que sola no lograría nada.
Caminaban lentamente, dos guardias atrás de ella y uno delante. Sintió como le pisaron el largo vestido. Volteo hacia atrás, miró confusa a la mujer, pero ésta nada más inclinó la cabeza. Los guardias se detuvieron cuando vieron que la princesa había parado de caminar, el de adelante se volvió y camino hacia ella. Tayuya levantó la cabeza y unas marcas aparecieron en el ensombrecido rostro, la pelirrosa la miró asustada y confundida. "¿Qué le sucedía?" Pudo ver las marcas en todo el cuerpo, y la asustaba de sobremanera. En un parpadeo la mujer despareció y se sitúo detrás del hombre del frente, rápidamente le nockeo. Los restantes se pusieron en guardia y empuñaron sus armas, atacaron a la chica, le golpearon el estómago con la espada. Sakura reprimió un grito ahogado, preocupada por su amiga. Ella estaba en el suelo y se levanto sorpresivamente de un salto, sangraba. Miró de una manera arrogante a los dos hombres y esbozo una sonrisa torcida.
— ¡Que espera!.. ¡Escape! —le gritó a Sakura, que le miró sorprendida. Asintió lentamente y echo a correr, a todo lo que podía. Tayuya volvió a sonreír orgullosa, se le había prohibido usar la segunda fase del sello en presencia de la princesa, pero ahora ella no la veía. Y esos hombres no volverían a ser un problema.
Corrió desesperada, y lentamente. Suspiró tranquila en cuanto llego al laberinto, conocía la salida. Estaba segura que Tayuya lo sabía, pero debía esperarla, no la abandonaría. Por un momento se imaginó el semblante de su padre cuando le dijesen que había escapado, lleno de decepción. Y casi pudo ver a Neji esperándola en el altar con esa sonrisa de satisfacción. Que drásticamente cambiaría a una mueca de desdén e impotencia cuando le dijeran, que la mujer que iba a esposar, escapó. Temía que el rey Hyuuga-sama, cancelara el acuerdo de paz. Su padre había trabajado mucho para lograr aquello. Le habría gustado que las cosas fueran de otro modo con él.
La tarde ya había caído en noche. Estaba muy oscuro y comenzaba el viento helado. No pasó mucho tiempo para que oyera pasos acercándose, se tensó. Que pasaría si no era la chica, si era un guardia. Pero una voz la sacó de sus cavilaciones.
—Sakura-hime, ¿está ahí?
—Sí. —Suspiró aliviada—. ¿Dónde estás? No te veo.
—Ya voy para allá —a su lado derecho una luz apareció flotando.
—Guau, eso es… —La última palabra la pronunció en un susurro—. Magia.
—Así es —confirmó orgullosa—. Lo aprendí de Orochimaru-sama, cuando niña.
— ¿Orochimaru-sama? —repitió dudosa, le tomó un minuto comprender—. ¡¿El mago? —dijo emocionada. Tayuya solo asintió con la cabeza.
—Bien, es hora de partir —Tayuya comenzó a andar, pero Sakura se quedó de pie mirando su hogar, lo único que llevaba consigo era el collar de su madre, lo único que le quedaba. Cerró y apretó los ojos, sus manos temblaban. Recordó cuando Anko la despojó de todo lo que había pertenecido a su madre. Sacudió la cabeza, obligándose a olvidar aquello. Abrió los ojos y echó una última hojeada al castillo.
Comenzó la marcha.
