2.
—¡No puedes venir a decirme esto y pretender que reaccione como si fuera cosa de nada!
Pocas veces Harry veía a Ginny tan molesta. Generalmente era muy divertida y dulce con él, pero no ignoraba que tenía su carácter. Cuando se enojaba podía tener la fuerza de varios dragones juntos. Y a Harry le parecía divertido cuando Ginny peleaba con alguno de sus hermanos, pero no le parecía cosa de risa cuando se enojaba con él.
Aquel era uno de esos momentos.
Harry había llegado al pequeño departamento aún con dolor de cabeza. Tal vez hubiera sido mejor deslizarse por las sábanas sin hacer ruido, abrazar a una Ginny profundamente dormida y seguirla al mundo de los sueños. Pero no. Había optado por despertarla, y contarle la verdad. Después de todo, no podía decirle que su misión era cosa de coser y cantar. Tenía que afrontar la situación tal y como era.
Ginny ofrecía un aspecto realmente atemorizante, con su cabello revuelto por haber estado durmiendo, y sus mejillas coloradas del enojo.
—¡No pretendo eso! —exclamó Harry, sintiendo que la irritación crecía junto con el dolor de cabeza. Sólo quería irse a la cama. En un par de horas tendría que estar otra vez en el Ministerio, y no sabía cuándo volvería a dormir.
—¡Acabas de decirme que no me preocupe! —corrigió Ginny—¿Qué no me preocupe, cuando piensas irte a una misión suicida?—preguntó, y agregó—¿Me crees tonta, verdad?
—No, no lo creo —se apresuró a contestar Harry.
Tenían la cama de por medio. Harry la observó desde el otro extremo con pena. Realmente no creía que fuera tonta. La amaba. Jamás había creído que alguna vez pudiera dar cuenta de aquel sentimiento, pero un día supo que la amaba. Y fue allí cuando le pidió que se casara con él, y fue la primera y única vez que vio a Ginny llorar, pero de felicidad. De eso había pasado un año.
—¿Piensas que voy a esperarte sentada, rezando para que vuelvas de una pieza? —siguió preguntando Ginny, pero esta vez su tono había cambiado. Su voz se resquebrajó sobre el final de la frase—. Discúlpame, pero una vez ya lo hice.
Harry bajó la vista, incapaz de sostener su mirada. Sabía a qué se refería, él también había pasado meses preguntándose si alguna vez volvería a verla. Tal vez por eso había querido decirle a dónde iba a ir para que, de no volver, no lo esperara eternamente.
Ginny rodeó la cama y se acercó a Harry. Levantó el rostro de su marido y lo obligó a mirarlo. Harry comprobó que sus ojos color café tenían un extraño brillo.
—Iré contigo —Harry abrió la boca para realmente protestar—, no me quedaré atrás, sin saber lo que sucede, otra vez.
—¡Es peligroso! Ni siquiera se con qué vamos a encontrarnos —contestó Harry, mirándola con dureza—. No puedo permitir que te expongas a eso.
—¿Y dejas que Hermione y Ron te sigan? —preguntó Ginny, soltando su rostro y cruzándose de brazos. En su voz había enojo.
—Es diferente, ellos conocen lo…—comenzó a justificar Harry.
—Ellos pueden haberte acompañado varias veces —gruñó Ginny—. Pero si hay algo diferente entre antes y ahora, es que estamos casados. Y por verdadera lógica tienes que entender que no voy a dejarte ir… sin mí.
Realizaron un duelo silencioso de miradas. Ginny parecía decidida en su decisión. El que dudaba era Harry. ¿Podía exponerla a lo desconocido? Dejaría que Ron y Hermione lo hicieran. ¿Lo convertía en un mal amigo, por dejar que lo siguieran una vez más?
Pese a sus anhelos de dormir un buen rato, Harry no pudo conciliar el sueño.
—¿Qué hace ella aquí? —Ron increpó a Harry, cuando vio que su hermana lo acompañaba.
Era la primera hora de la mañana. Apenas había algún que otro empleado por los pasillos, pero por el sueño no les prestaban atención. Estaban los cuatro parados, una vez más, ante la puerta del Departamento de Misterios. Sólo que aquella vez sí tendrían permiso para entrar.
Para cuando Harry se levantó, Ginny ya estaba vestida y había preparado una mochila para cada uno, con cosas esenciales.
—Ropa, algunas pociones, tu capa —enumeró antes que Harry preguntara.
Tomó a Harry de la mano y no lo soltó ni siquiera cuando llegaron al Ministerio, como si pensara que podía salir corriendo sin ella.
—Estás mal si piensas que vendrás —comenzó diciendo Ron, en dirección a Ginny.
—Estás mal si piensas que conservarás tus dientes si sigues hablando —amenazó ella.
—Bueno, bueno… Los ánimos no están para andar de fiesta, pero tampoco para agredirnos entre nosotros —Una voz sonó detrás de Harry.
Los cuatro se sobresaltaron, pues habían pensado que estaban solos. Quien se había acercado hasta ellos era el Jefe del Departamento de Misterios.
Era un hombre alto, algo mayor, y con tantas canas que ya no se veía la pigmentación de su cabello. Su mirada era dura, y observaba con desconfianza a todo el que le hablara. Harry creía que dudar de hasta las sombras terminaba siendo normal para quienes trabajaban en absoluto secreto toda la vida.
—Ralph Winsmore—se presentó, y tendió una mano hacia Ron y Ginny. Saludó cortésmente a Hermione y a Harry. Ellos, al trabajar en el Ministerio, ya lo conocían. Era normal ver a Winsmore caminando por los diferentes pasillos, aunque nunca hablaba con nadie, sólo con los jefes de los demás departamentos, y con el mismo Ministro—. ¿Este es el grupo que te acompañará, Potter?
La pregunta fue lanzada de una manera acusadora. Su rostro se había endurecido, y estudió a los tres que acompañaban a Harry. Especialmente a Ginny y a Ron, a quienes nunca había visto.
—Si —Harry se apresuró a decir—. Ginny es mi esposa—dijo, como indicando que no aceptaba que dudaran de ella—. Y Ron, Hermione, y ella son de mi absoluta confianza.
El hombre hizo un gesto indefinido con la cabeza, pero parecía que prefería confiar en la palabra de Harry.
—Bueno, entonces pasemos, que no hay mucho tiempo —gruñó.
Winsmore se dirigió hacia la puerta y la abrió. Les indicó que pasaran con un gesto de la cabeza. Los cuatro dudaron. Harry estaba teniendo un enorme deja vù. Un enorme y horrible deja vù. Quien suspiró y dio el primer paso fue Hermione. Ron y Ginny la siguieron, y Harry pasó por último. Winsmore cerró la marcha.
Una vez más en sus vidas, los cuatro se encontraron parados en la habitación circular llenas de puertas. Por más que sabían lo que vendría, se sobre saltaron cuando el mago cerró la puerta y las paredes de la habitación comenzaron a girar a una velocidad vertiginosa. Cuando paró, los encontró a los cuatro casi tambaleándose.
—Creo que esto ya lo vivimos, ¿no? —bromeó con sarcasmo Ron, tomando aire para recuperarse.
El único que parecía tranquilo era el mago que los guiaba. Estaba tan fresco como si la sala jamás se hubiera movido.
—¿Cómo sabemos…? —comenzó Ginny a preguntar, pero su respuesta fue rápidamente resuelta.
La vez que habían irrumpido en aquel Departamento habían tenido que implementar un método para recordar las puertas. Sin embargo, Winsmore parecía conocerlas más que bien.
Se dirigió hacia una que se encontraba a la derecha de Harry. Puso la mano en el picaporte, y antes de abrir advirtió:
—Cuando entren, no dejen de caminar. Mantengan la calma y sigan, pase lo que pase.
Y el hombre entró, pese a las palabras desalentadoras que mencionó. Los cuatro se miraron, sin saber qué iban a encontrar.
En cuanto atravesaron la puerta lo supieron: perdieron gravedad. Cuando la puerta se cerró tras ellos se encontraron flotando en medio de una habitación completamente oscura. Levitaban junto a lo que parecían ser varias bolas de diferentes tamaños, pero pronto Harry se dio cuenta que eran planetas. Se encontraban en una especie de planetario, donde la única luz que los iluminaban eran las estrellas, de diferentes tamaños y colores.
—Ya estuvimos aquí una vez —Ginny flotaba cerca de Harry, parecía interesada.
Harry, totalmente sorprendido, se encontraba de cabeza. Intentaba que su túnica no lo cubriera hasta las orejas.
—Ji, ji, ji —Ron también luchaba con la suya, y parecía divertirse—. Esto nos dejará desnudos.
—Ron, si dejas de moverte vas a poder enderezarte —sonó la voz irritada de Hermione.
Harry le hizo caso, y recobró el sentido de la orientación –y la sangre dejó de bombear en sus oídos–, sin embargo siguió flotando. Los demás estaban a varios metros de él
—¡No se detengan! —bramó el mago, y Harry al girar bruscamente volvió a quedar de cabeza—¡Caminen!
Harry iba a preguntar, de mal humor, cómo podían hacerlo sin quedar como idiotas. Pero pronto se dio cuenta que el mago tenía razón: podían vencer aquel hechizo anti gravedad si ponían empeño en caminar.
Comenzó a seguir al mago, sintiéndose seguro al notar cómo se formaba bajo sus pies una superficie invisible sobre la que apoyarse. Ginny lo imitó.
—¡Ron, quédate quieto!
Hermione tuvo que arrastrar a Ron para explicarle cómo vencer el hechizo.
Harry siguió al mago hasta una nueva puerta, camuflada en la negrura del espacio artificial. Cuando la abrió, los que estaban más cerca -Winsmore, Harry y Ginny- fueron expulsados hacia otra habitación. Harry y Ginny cayeron de bruces. Apenas habían terminado de ponerse de pie cuando Hermione y Ron fueron absorbidos por la sala también.
El mago que los guiaba, una vez más, había salido mejor parado que ellos de la experiencia vivida.
—¡Genial! —exclamó Ron maravillado—. ¿Para qué es esa sala?
Pero Winsmore no contestó, y Hermione le indicó que se callara. Los cuatro siguieron al guía.
La nueva habitación era totalmente normal, y debían admitir que desilusionaba bastante. Era pequeña y oscura, y los cuatro encendieron sus varitas. Arrimada a las paredes había lo que parecían ser estanterías vacías.
—Los mortífagos destruyeron años de trabajo —explicó Winsmore a Harry. En su voz había frustración y tristeza.
—Los encontraremos —aseguró Harry, y el mago gruñó en forma de aprobación.
Llegaron hasta otra puerta, que se encontraba al fondo de aquella sala vacía.
La siguiente habitación no los desilusionó para nada. En cuanto abrieron la puerta, una luz azulada los cegó. Tardaron un rato en acostumbrarse a aquel brillo extraño, que parecía llenar toda la sala e iluminaba inclusive la que estaban por dejar.
—¡Allí están!
Harry reconoció la voz de Kingsley. Sintió que una mano lo tomaba por el brazo y lo conducía al interior de la sala. Poco a poco Harry se acostumbró a aquel resplandor, aunque las figuras que divisó fueron borrosas y algo confusas.
La sala estaba repleta de gente a la que Harry no llegaba a ver, o eso parecía por la cantidad de murmullos incomprensibles que podían escuchar.
—¿De dónde viene toda esta luz? —preguntó Hermione, muerta de curiosidad. Harry la sintió cerca de él.
—Ya les explicaremos —dijo Kingsley, con voz muy alta, para tapar las voces.
Harry siguió caminando, guiado esta vez por el ministro. Llegaron hasta un punto donde la luz no era tan fuerte, y Harry pudo ver mejor.
Para sorpresa del auror, no había mucha gente en aquella extraña sala. Sólo se encontraba Kingsley, Winsmore, y contó cuatro magos vestidos con túnicas de color turquesas. Éstos últimos se encontraban algo apartados de ellos, mirándolos con curiosidad. Ninguno hablaba, y sin embargo los murmullos seguían. Harry tuvo la sensación de que las voces provenían de aquella luz azul, que comenzaba a irritarlo.
—Harry, ellos son algunos de los inefables encargados de este proyecto —presentó Kingsley, y los cuatro presentes hicieron un gesto con la cabeza a modo de saludo. Harry hizo lo mismo—. Sólo Mawson se encontraba la noche en que los mortífagos entraron.
Uno de ellos, el que parecía más cansado de los cuatro, dio a entender que Kingsley se refería a él.
—Antes de viajen hacia la Otra Realidad, que es como la llamamos, hay varias cosas que deben saber —intervino Winsmore, y los cuatro escucharon atentamente.
Todos los presentes se sentaron alrededor de una mesa que había sido colocada allí para aquella extraña reunión. Era la situación más surrealista en la que Harry se había encontrado jamás, y eso que había vivido muchas cosas. Los murmullos aún no cesaban, y comenzaban a producir una inquietud en Harry, y en los demás.
La luz azul confería un aspecto extraño a todos, como si se trataran de fantasmas corpóreos, y además producía un malestar como de mareo, por un parpadeo constante.
—Para comenzar, deben saber que este proyecto terminó de desarrollarse hace apenas unas semanas —comenzó el mago que había presenciado la intromisión de los mortífagos. Aunque Harry no podía ver bien sus facciones, su voz sonaba realmente frustrada—. Una mañana logramos abrir una brecha entre este mundo y otro, completamente desconocido para nosotros. Y supimos que habíamos creado algo enorme —El mago sonrió, orgulloso de la hazaña que habían logrado—. ¿Quién había llegado tan lejos, en cuanto a viajes entre dimensiones, además de nosotros? Nadie. Pero claro, todavía no habíamos viajado: antes de celebrar como era debido, teníamos que hacerlo.
—Disculpe… —Hermione no pudo con su genio, e interrumpió amablemente al hombre que hablaba— ¿Cómo supieron que el experimento había resultado, si aún no habían viajado?
El hombre volvió a sonreír, como si hubiera estado esperando poder explicar aquello.
—Imaginen que lo único que nos separa de otros mundos es un simple velo completamente invisible. Que detrás de ese velo hay otra sala como esta, o similar, o cualquier cosa que hayan construido en este mismo espacio —explicó—. Ahora bien, obviamente ese velo es fuerte, impenetrable, y es por eso que sólo vivimos una realidad, y no tenemos, por ejemplo, una ventana que nos permita ver permanentemente hacia ese otro mundo. Lo que hicimos fue abrir una brecha en aquel velo, y cuando lo logramos, nos encontramos rodeados por esta…luz —Mawson levantó los brazos, y abarcó la sala—. Se vuelve más intensa cuando uno se acerca a "la abertura". Y estas voces que se escuchan —volvió a levantar los brazos, señalando algo invisible. Harry prestó atención nuevamente a los extraños murmullos. A su lado, los tres que lo acompañaban escuchaban con atención cada palabra del mago—, no pertenecen a este mundo. Vienen del otro: así fue que nos dimos cuenta que había funcionado—miró a Hermione, al contestar a su pregunta—. Comprendimos que habíamos "sintonizado" otro mundo.
En la sala se formó un silencio relativo, ya que era sólo roto por las voces que venían de la Otra Realidad.
—Hay muchas cosas que no entiendo —Hermione fue quien habló primero, con impaciencia—. ¿Cómo sabían dónde "abrir" la brecha en el velo?
El mago la miró con el ceño fruncido, se cruzó de brazos y se recostó en el respaldo de la silla. Harry sintió que se encontraban nuevamente en alguna clase con la que Hermione tenía problemas, como Adivinación.
—Bueno, eso fue complicado —admitió Mawson—. Buscamos durante mucho tiempo un lugar donde aquel velo invisible fuera débil. Recorrimos varias veces Gran Bretaña, y exploramos todas las posibilidades, porque no íbamos a pedir permiso a otro país para realizar el experimento. No queríamos que nos robaron el secreto —El mago se detuvo y suspiró—, pero entonces encontramos el lugar ideal, y fue Hogwarts. La gran cantidad de magia acumulada que hay en aquel punto hacía que el castillo fuera perfecto para llevar a cabo este trabajo: el "velo" invisible es demasiado débil allí. Sin embargo, ni siquiera nos molestamos en pedir permiso —Y miró al ministro, que escuchaba atentamente como todos—. Por aquel entonces Dumbledore estaba aún vivo, y sabíamos que no iba a prestar el Colegio. Por eso, buscamos un sitio en el Ministerio que cumpliera más o menos con las mismas características, y el elegido fue este —terminó Mawson.
—Claro que no —Kingsley realizó un movimiento con la cabeza, declinando aquella idea—. Hubiera sido poner en peligro a los alumnos.
—Sin contar que seguramente hubiera podido preveer las contras —comentó Harry, algo molesto—. ¿No pensaron jamás que ese "pasaje" podría ser usado para otros fines?
—No —Mawson era quien sonaba molesto ahora, como si pensara que una persona tan joven como Harry no tenía derecho a reprochar el trabajo del Departamento de Misterios—. Todo lo que investigamos aquí es peligroso si cae en manos equivocadas. ¿Qué íbamos a imaginar que teníamos un traidor entre nosotros?
Volvieron a quedar en silencio, esta vez se notaba un poco de incomodidad en el aire.
—Cuéntale a Harry lo que vieron al llegar al otro lado—pidió Kingsley con amabilidad, pero en su voz había una orden directa—. Será mejor que vayan sabiendo qué encontrarán —dijo, volviéndose a Harry.
—Si…—siguió Mawson, algo cansado ya—, en cuanto llegamos a la Otra Realidad nos encontramos con una sala muy similar a esta—explicó—. Con varios Inefables también. Por supuesto, el susto que se llevaron fue enorme al ver aparecer de la nada a varios magos que no conocían. Estuvimos mucho rato tratando de hacerles entender que veníamos de otro lado. Aún no se cómo hicimos para que no nos mataran, porque esos hombres estaban dispuestos a todo —comentó—. En fin, luego del primer acercamiento, volvimos a nuestro lado, y la siguiente vez que los visitamos llevamos "pruebas" de nuestro mundo: periódicos, revistas, objetos, en fin… varias elementos. Allí nos contaron cómo era la realidad de ellos, pero nunca nos dejaron salir del Departamento. Naturalmente, no iban a permitir que camináramos porque sí por el mundo de ellos. Además, las condiciones que ellos viven son realmente diferentes a las nuestras —El mago miró a Kingsley y luego a su jefe, quien no había dicho ni una palabra desde que llegaron. Finalmente se dirigió solo a Harry—. Allí El Innombrable aún está en todo su apogeo. Desde que ascendió la primera vez, nadie pudo detenerlo, ni siquiera Dumbledore. Por lo que nos dijeron, el Ministerio está totalmente tomado, y por supuesto bajo su mando. Y, al parecer, la Oficina de Aurores desapareció hace muchos años. Lo que significa, que se encuentran sumidos en un caos absoluto.
Harry meditó las palabras de Mawson. Voldemort jamás había caído. ¿Qué significaba aquello? ¿Iban a encontrarse con un mundo en el que la profecía jamás había sido dicha? ¿O simplemente Voldemort había logrado matarlo siendo un bebé? Como Hermione había explicado la noche anterior, las posibilidades podían ser miles, y las consecuencias infinitas.
—Y allí es donde entra el traidor, ¿no? —preguntó con voz ronca, por haber permanecido callado tanto rato—. Ustedes vinieron con esa noticia, y alguien le avisó a mortífagos en fuga.
—Así es —gruñó Winsmore, hablando por primera vez—. Y supongo que intentarán traer, de alguna manera, al Innombrable de regreso, o a alguno de sus más letales seguidores.
Kingsley se acomodó en la silla con un gesto nervioso.
—Harry, Mawson identificó a uno de los mortífagos que escapó al otro lado —dijo, y por el tono de su voz Harry supo que nada bueno se avecinaba—. Rabastan Lestrange estaba entre ellos.
Luego de la Batalla de Hogwarts, el Ministerio pudo capturar a muchos mortífagos. Los que murieron fueron enterrados en Azkaban (como Bellatrix Lestrange), y otros fueron a parar a las celdas de la institución. Rodolphus, el marido de Bellatrix, se encontraba entre ellos. Naturalmente el mago opuso resistencia. Con la caída de su amo nada impediría que las celdas de la prisión fueran su tumba en vida. Rabastan, por su parte, fue de los pocos mortífagos que pudo escapar tras una dura batalla.
Los aurores a pleno buscaron a aquellos rebeldes que se habían escondido, pero estaban seguros que muchos habían puesto medio mundo de distancia entre ellos y el Ministerio. Por supuesto, a nadie le causaba gracia que grandes seguidores de Voldemort estuvieran aún por ahí. El mago había muerto, pero el sadismo de sus aliados podía seguir más intacto que nunca.
Cuando a Harry le dijeron que Rabastan era uno de los que había logrado pasar a la Otra Realidad no le quedó la menor duda: haría lo imposible por llegar a su antiguo amo. Y, si ella existía, traer a Bellatrix también entraría en sus planes.
No había necesidad de explicar el caos que se armaría si Rabastan lograba su cometido.
Habían pasado ya unas cuantas horas desde que llegaron al Ministerio. Luego de la reunión que mantuvieron, los demás inefables los invitaron a Harry y a los demás a acercarse a la fuente de luz azulada.
Harry vio que la luz provenía de lo que parecía ser una especie de ojo gigante. Los haces eran más intensos cuando más cerca del ojo, o "brecha", se encontraban. Y del mismo sitio provenían los murmullos.
—Lo que deben hacer simplemente es atravesar esa luz —explicó casi a los gritos un inefable, antes de que todos se alejaran para poder hablar con tranquilidad.
—Deben atravesar la brecha que vieron —volvió a decir, más tranquilo—. Es así de sencillo. Lo único que deben recordar es llevar este dispositivo con ustedes.
El mago le tendió a Harry un pequeño objeto, que recordaba a una brújula muggle, pero en vez de marcar puntos cardinales la pequeña aguja giraba frenéticamente y siempre paraba en un mismo número.
—¿Para qué es? —preguntó con curiosidad Ginny, mirando el objeto que su marido tenía en la palma de la mano.
—Digamos que sería una especie de guía. Los ayudará a encontrar las "coordenadas" de nuestro mundo cuando vuelvan —explicó el mago, con simpleza—. En el otro lado no estará abierta la brecha todo el tiempo, pero si se acercan lo suficiente al punto donde más débil es el velo, ese aparato —señaló la brújula— hará el trabajo necesario para devolverlos a casa.
Harry miró el dispositivo, que mareaba si se fijaba mucho la vista en él.
—Tengo que adivinar que los mortífagos se llevaron uno de estos, ¿no? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
—Si —respondió frustrado Mawson.
—O sea que simplemente vamos, les quitamos esa brújula, volvemos a casa y problema resuelto —simplificó Ron, entusiasmado—. Quedarán atrapados allí.
—Ojala les sea tan simple, Ron —intervino Kingsley con seriedad, borrando la sonrisa del rostro de Ron.
Harry estaba de acuerdo con el Ministro. Las cosas nunca habían sido sencillas, ¿por qué resultarían fácil ahora? Además, contaban con la desventaja de no conocer el mundo al que iban a ir a parar. Aunque aquello era una contra también para los mortífagos, claro estaba. Nada les decía que iban a ser –o habían sido– recibidos como héroes de otra galaxia.
—Mi recomendación es que intenten salir del Departamento sin ser vistos —dijo Mawson, nervioso—, y huyan al mundo muggle antes de interactuar con algún mago del otro lado.
Por supuesto, primero tendrían que realizar un "reconocimiento de campo". Harry no era tan tonto. Llevaba varios años como auror, sabía cómo actuar en una misión. Aunque claro, era la primera vez que le pedían que realizara un viaje tan excéntrico como aquel.
—En fin…—habló Winsmore—. En cuanto estén listos, pueden marcharse.
Harry tomó aire y exhaló.
—Estoy listo —dijo con firmeza—. Pueden quedarse, si lo desean —volvió a insistir, mirando a sus amigos y a Ginny.
Los tres negaron rotundamente con la cabeza. A Harry le hubiera gustado hacer aquello sin varios magos mirando, pero tal vez para lo que iba a pedirles era mejor tener testigos de por medio.
—Quiero que me prometan —dijo, sin mirar a quienes los rodeaban— que si les pido que vuelvan, lo harán.
—Harry…—comenzó a protestar Ginny, revoleando los ojos.
—¡No! —exclamó Harry, y miró furioso a los tres—. Necesito que me prometan que, si algo sale mal, volverán conmigo o sin mi.
Por más que la luz distorsionaba sus rostros, Harry sabía que Ginny lo miraba con rabia, y que Hermione lo miraba con pena.
—Lo prometo —Ella fue la primera en hablar.
—Yo también —Ron se sumó a Hermione.
—¿Ginny? —preguntó Harry, con poca paciencia.
—Lo prometo —dijo con rabia su mujer—, pero debes saber que estás loco —concluyó.
—Tú también, por seguirme —coincidió Harry.
Los dos realizaron un duelo de miradas, similar al de la noche anterior. A Harry le entraron unas repentinas ganas de salir corriendo de aquella sala, con Ginny en brazos. ¿Por qué se encontraba otra vez en una misión suicida? ¿Por qué no podía disfrutar en paz lo que se había ganado?
—Lamento interrumpir —gruñó Winsmore—. Pero cuanto más tardemos de este lado, más ventaja le damos a los mortífagos.
Harry salió de su trance. Ginny lo tomó de la mano.
—Vamos —dijo, mirándolo a los ojos—. Estamos todos en esto.
Y se refería a Ron y Hermione también.
—Harry —Al auror lo sorprendió que al Ministro se le quebrara la voz—, gracias, una vez más, por lo que estás por hacer.
Harry hizo una inclinación de cabeza hacia él, algo indefinida. Sin más preámbulos, se dirigió con Ginny de la mano hacia el gran ojo azulado. Hermione y Ron los siguieron. Notaron que una fuerza desconocida los empujaba hacia el interior de aquella luz. Los cuatro siguieron caminando con decisión, hasta que la luz los tragó por completo.
Se sintieron flotando nuevamente. Se dirigían nuevamente hacia lo desconocido.
Nota: ¡Hola! Espero que les haya gustado. Creo que fue un capítulo de transición, para mi necesario. No quería que viajaran a otro mundo y ya, sin dar explicación alguna de cómo habían logrado llegado a otra dimensión. Espero que no los haya aburrido. Ya en el capítulo siguiente Harry se encontrará en la Otra Realidad.
Ah, como dije al inicio del capítulo pasado, tengo que anunciar que Ralph Winsmore y Mawson son dos personajes originales. No salieron del potterverso.
¡Saludos! Y espero tomates xD
