Richard estaba en su cuarto, arreglándose para la cena, por petición de su hermano no podía mencionarle a Integra lo de su enfermedad, toda la conversación había sido entorno a ella, en ningún momento mencionó Hellsing, ni nada relativo a ello. Sólo hablaba de lo perfecta que era Integra, el amor de padre lo había enceguecido, seguramente la niña tendría sus defectos aunque no estaba seguro de cuales eran porque sólo se quedaba como mucho tres días en la mansión y la mayoría del tiempo estaba con su hermano no con ella.

Arthur parecía querer convencer a Richard de que Integra era una buena niña para que se hiciera cargo de ella cuando partiera, y no dejaba de elogiarla, por su parte Richard estaba mareado. No importaba lo que su hermano dijera, tan pronto como fuera heredero de Hellsing, mandaría a Integra a un internado y cuando tuviera la mayoría de edad la casaría con un hombre influyente y poderoso, es una chica bonita y de buena familia así que no debería resultarle difícil encontrarle un marido adinerado que podría hacerle futuros favores.

Bajó las escaleras y se dirigió al comedor, se quedó un momento en el umbral porque no podía creer lo que veía: Arthur estaba en la cabecera de la mesa, pero eso no era lo sorprendente, sino que Integra estaba en el otro extremo de la mesa; su lugar estaba a lado de su padre no en el extremo como si fuera la señora de la casa. No dijo nada y se sentó en uno de los asientos laterales. ¿Por qué Integra ocupaba una de las cabeceras de la mesa?

Arthur le preguntó por su viaje para amenizar la cena. Él no dijo mucho, sólo que había visitado algunos museos, restaurantes, etc. Durante la conversación Arthur tuvo un ataque de tos muy severo.

-Papá que tos tan horrible tienes, dile a Walter que te de unas pastillas-. Le regañó Integra.

-Está bien princesa, se lo pediré después de la cena-. Respondió indulgente Arthur.

-Que mocosa tan mandona, ¿cómo Arthur puede permitir eso?-. Pensó Richard.

La cena fue muy tranquila, interrumpida por la tos implacable de Arthur, Integra lo miraba con reproche, regañándolo por no haberse cuidado mejor. –Siempre te digo que te abrigues pero nunca me haces caso.

-Claro que te hago caso, pero ya soy viejo y cualquier cosa me enferma.

Integra intensificó su mirada. –No, no eres viejo.

Arthur sonrió complacido. – ¿No es encantadora Richard?

-Si claro, encantadora. Que niña tan molesta-. Pensó lo último.

Richard se fue a su habitación después de que terminaron la cena, no entendía porque su hermano era tan condescendiente con su insolente hija, parecía que ella era la adulta y no él. Su padre no toleraba que sus hijos lo desafiaran, ni siquiera el rebelde Arthur lo desafió a esa corta edad, su comportamiento irreverente comenzó cuando tuvo la mayoría de edad, sin embargo bajaba la mirada cuando su padre lo reprendía. Ninguno de ellos miró a su padre con reproche como hacía Integra con Arthur. Si su padre la hubiera visto la habría abofeteado jamás permitiría que una mujer le ordenara.

Llamaron a su puerta, y se encontró con que era su hermano. -Oh no, más elogios sobre la mocosa-. Pensó Richard.

-¿Lo ves? Integra cuida bien de mí, mejor que mamá, que se la pasaba embriagada todo el tiempo.

-Mamá nos cuidaba muy bien-. Se indigno.

-Querrás decir que a ti te cuidaba bien, pero a mi me ignoraba por completo, a menudo me decía que me odiaba porque me parecía a mi padre y te consta.

-Pero mi padre te quería a ti.

-¿Qué me quería? ¿Tengo que recordarte los cinturonazos que me propinaba?

-Pero terminó por heredarte a ti.

Se encogió de hombros. –Tenía que heredar al primogénito, creo que de haber tenido la oportunidad hubiera preferido heredar al vecino que a mí.

-O que a mí-. Respondió resentido.

-Tal vez, pero admitámoslo… papá no nos quería. La única persona que me ha querido incondicionalmente, que me adora y me mira como un héroe, la única que cree que soy buena persona es mi hija. Tú sabes como era antes y ella me cambió por completo. Mi niña cree en mí, y me siento tan humilde ante este amor pero a la vez tan orgulloso de saber que el dueño de un cariño así soy yo.

-Bueno Arthur no es el único que esta ciego por el cariño, también Integra esta ciega y no ve que tan licencioso es su padre-. Pensaba Richard.

-Entonces ¿no te gustaría sentir la dicha que yo siento y cuidar de mi niña?

-Pues no lo sé… no dudo que seas feliz pero… yo nunca he querido ser padre.

-Bueno todavía tienes tiempo para pensarlo, pero dale una oportunidad a Integra, y trata de convivir más con ella, verás que no vas a arrepentirte-. Dicho esto Arthur se marchó, para alegría de Richard. Se dio cuenta en ese momento que el fastidio repentino que sentía por Integra se debía a Arthur que no dejaba de mencionarla en cada oportunidad, mientras que la niña apenas y le dirigía la palabra.

Pero más que eso le molestaba que no mencionara la sucesión de Hellsing, si se va a morir en poco tiempo es para que esté preocupado por la sucesión no por buscarle un padre a la mocosa. Sin duda Arthur debe ordenar sus prioridades. En ese momento una terrible duda asaltó su mente: ¿y si hereda a Integra? No, no eso sería estúpido, ¿Qué clase de hombre le heredaría semejante responsabilidad a una mocosa teniendo la opción de heredar a un hombre adulto y responsable?

Se acostó y trató de conciliar el sueño pero la duda lo atormentaba, si su hermano fuera un hombre consiente y racional estaría tranquilo, pero sólo Dios sabe que estaría maquinando su retorcida mente. Incapaz de dormir, se levantó de la cama cansado de dar tantas vueltas, se dirigió a la cocina, tal vez tomando una copa dormiría mejor.

Notó luz por la rendija de la puerta, y cuando abrió vio a Integra en la barra de desayuno tomando un vaso de leche. –Genial-. Pensó con ironía Richard. -¿Que haces aquí?

-Vine a servirme un poco de leche… no puedo dormir.

-¿Por qué no se lo pediste a Walter? Y así evitarme la molestia de encontrarme contigo.

Se encogió de hombros. -Ya estaba dormido y no quería molestarlo. Y tu tío, ¿Qué haces aquí?

-Ahora resulta que tengo que darle explicaciones a esta mocosa-. Pensó. La miró y notó que lo veía con atención, suspiró con resignación. –Vine por un poco de agua.

Integra asintió y de un tragó se bebió el resto de leche que le quedaba. -Hasta mañana tío.

-Hasta mañana-. La miró salir y cerrar la puerta detrás de ella. -¿Y si Arthur la hereda a ella y no a mi? ¿Sería capaz de quitarla de en medio? No, no, no estoy pensando con claridad, para empezar Arthur no podría heredarla es menor de edad, sería imposible.

Pasaron tres meses y la salud de Arthur empeoraba, se cansaba mucho, incluso al subir las escaleras, y su tos empeoraba. Integra estaba cada vez más preocupada sabía que su padre tenía algo más que una simple tos o que su cansancio se debía a su vejez. Había perdido peso y su cara se veía más demacrada. Pero ni Walter, su tío y sobre todo su padre le decían que pasaba.

Durante un tiempo Arthur sólo iba de su oficina a su cuarto que estaban en el mismo piso, Walter le llevaba la comida a su oficina para evitar que bajara. Le pidió a Integra que fuera su asistente y ella le ayudaba a archivar y organizar los informes, solicitudes, y el resto de la correspondencia. Arthur le había enseñado a hacer informes y a veces le pedía que hiciera un informe del día para practicar. También, cuando estaba muy cansado, le pedía Integra que leyera por él.

Ella estaba encantada de poder ayudar a su padre, pero estaba angustiada por el progresivo deterioro de la salud de este. Arthur no quería preocupar a su hija antes de tiempo, así que había decidido que cuando estuviera muy mal le diría lo que tiene. Por su parte Richard estaba más ansioso porque había notado como Arthur le enseñaba cosas relativas a Hellsing a su hija pero con él no mencionaba el tema. Arthur había dejado de hablar sobre lo buena hija que era Integra con Richard, porque Walter le había dicho que podría fastidiarlo; de manera que ya ni siquiera hablaba con Richard para nada por pasar tiempo de calidad con su hija.

Walter ocupado en sus tareas diarias y Arthur enseñándole a Integra todo lo que hay que saber sobre el negocio, Richard pasaba desapercibido y poco a poco fue trayendo a unos guaruras, cuatro en total. A veces salía a la ciudad acompañado con dos de ellos, mientras los otros dos se quedaban en casa. Nadie le dio importancia a la presencia de esos guaruras, Richard había dicho que eran para la seguridad de todos. Él no pasaba mucho tiempo en casa, salía a pasear o a comprar. Arthur pensó que tal vez tendría alguna cita con una mujer, así que tampoco le daba importancia a las salidas de su hermano, después de todo él ya era un adulto y podía hacer lo que quisiera.

Después Arthur ya ni siquiera salía de su cuarto, estaba muy cansado así que se la pasaba en pijama y se levantaba de la cama al sofá sólo porque estaba fastidiado de estar acostado. Integra se la pasaba todo el día con su padre. Un buen día sir Islands había ido a visitar a su viejo amigo.

-Vaya, no te ves muy bien-. Fue lo primero que dijo Islands al entrar a la habitación.

-Buenos días Islands, yo estoy bien ¿y tu?-. Respondió con ironía Arthur.

Sir Islands rió de buena gana. –Bueno yo estoy mejor que tú definitivamente. Quiero hablar contigo-. Dijo moviendo la cabeza hacia Integra.

-Cariño podrías llevar estos documentos y archivarlos, te lo agradecería mucho-. Le dijo Arthur a su hija.

-Claro papá-. Se levantó y caminó hasta el escritorio donde yacía un bonche de documentos y salió con ellos, sabía que ese era un pretexto para pedirle que se fuera así que no se apuró en su trabajo, tenía que hacer tiempo hasta que se fuera sir Islands.

-Entonces es verdad, tu salud está empeorando mucho, esperaba que no fuera tan grave.

-Pues sí, al parecer me quedan tres meses más.

-Entiendo. Pero tengo que preguntarte algo como líder de la mesa redonda, ¿ya sabes a quien le vas a heredar Hellsing?

Arthur rodó los ojos. –Todavía no me muero ¿sabes? Pero de cualquier modo ya sé quien va a ser mi sucesora, lo supe desde que nació.

-No estarás hablando en serio.

Frunció el entrecejo molesto. –Claro que estoy hablando en serio. Integra es perfecta, es mi hija y es digna sucesora, no imagino a nadie mejor que ella.

-Es menor de edad.

-No tendrá trece para toda la vida ¿verdad?

-Además es mujer, sabes que eso le dificultara las cosas.

-No sabía que fueras misógino.

Islands se ofendió. –No, no lo soy, yo no tengo problemas con eso pero los demás…

-Bien tú eres el líder, si a ti no te importa el género de mi hija a los demás tampoco, o en todo caso no les quedará de otra.

-Por todos los diablos eres muy necio-. La terquedad de su amigo lo sacaba de quicio.

-Lo sé. Así como sé que ella es perfecta para esta misión.

Islands se frotó las sienes con desesperación. –Es una niña inexperta y caprichosa.

-Tal vez, pero sabrá anteponer su deber a sus caprichos o necesidades, ella es muy decidida y responsable, reconoce sus errores y los repara. Integra se ha preparado para esto desde el momento en que nació, porque ya sabe que será mi sucesora. Además yo también era muy inexperto cuando heredé Hellsing, sólo había tenido misiones ocasionales con vampiros de bajo nivel hasta que surgieron esos vampiros nazis, no sabía que hacer pero lo logré; Integra también lo hará.

-Ese es precisamente el problema, Integra nació y creció en tiempos de paz absoluta, no se han reportado ni siquiera vampiros de bajo nivel, por lo menos tú ya sabías como combatirlos e incluso desde que tu padre vivía tú ya lo habías acompañado a una de sus misiones.

-Pero tiene a Walter quien ha combatido con vampiros muy fuertes y bien organizados, él le instruirá cuando la ocasión lo amerite, también contará con Richard que le enseñará otras cosas.

-Ese es otro asunto, ¿qué crees que dirá tu hermano cuando sepa que no lo heredarás?

-Bueno, el tendrá que entender mi decisión: Integra es mi hija y es lógico que yo la herede. Los padres heredan a sus hijos, siempre ha sido así.

-No creo que lo tome tan tranquilamente.

-Tal vez se moleste al principio pero no tendrá otra opción, lo terminará aceptando; es mi hermano, lo conozco, no le va a quitar Hellsing a la fuerza a su propia sobrina, no es esa clase de persona.

Islands suspiró profundamente, pensando que su viejo amigo no tenía remedio, él como siempre tomaba todo a la ligera, también era muy confiado; sabía que Richard no se lo tomaría con calma como supone Arthur, pero no podía decirle: "sabes yo pienso que tu hermano querrá atentar contra tu hija", se ofendería, si hay algo que el viejo y despreocupado Arthur no tolere es que hablen mal de su familia, sólo él podía hacerlo pero nadie más.

Richard llegaba de su paseo diario, odiaba realmente llegar a casa y encontrarse con ciertas situaciones que le hacían pensar que el heredero de su hermano no será él. No podía ser posible que su hermano heredara a una mocosa antes que a él, ¿acaso lo odiaba tanto? ¿Por qué se empeñaban en subestimarlo de esa manera? Tanto su padre como su hermano lo subestimaban, estaba seguro. Claro como él nunca fue tenaz, valiente, fuerte y fértil su hermano cree que una mocosa hará un mejor trabajo que él; como si estuviera muy por debajo de Integra.

-Esa maldita mocosa si nunca hubiera nacido todo sería más fácil, y pensar que estuvo a punto de no nacer-. Pensaba con amargura.

La madre de Integra había tenido un embarazo antes que ella, sabían que sería un varón, pero su madre tuvo un aborto involuntario a los cuatro meses, él doctor le había dicho que otro intento de embarazo podría matarla tanto a ella como al bebé. Ignorando las advertencias, dejó de cuidarse y se embarazó por segunda vez, porque creía que ese era el motivo por el cual su marido le era infiel. Durante su embarazo, Arthur le había procurado todos los cuidados y atenciones porque él también estaba muy entusiasmado con la idea de ser padre, y ella estaba encantada. Integra nació después de varias horas de trabajo de parto, cuando al fin salió de su madre la vida de esta se había terminado.

Richard no había estado presente en ese momento, él andaba de viaje en Alemania, su hermano lo llamó por teléfono muy entusiasmado. En ese momento se alegró cuando le dijeron que era niña, había pensado que cuando llegase el momento él sería por fin heredero de Hellsing. Pero ahora resulta que ni su género ni edad eran motivos suficientes para cederle Hellsing a él.

Estaba decidido a ir a la oficina de su hermano para saber si ya tenía hecho el testamento, pero bendita suerte la de él que se vino a encontrar con la última persona que hubiera deseado ver.

-¿Integra que haces revolviendo lo papeles de tu padre?-. La cuestionó molesto por verla con un par de folders.

-No estoy revolviendo nada-. Respondió muy indignada. –Estoy archivando estos papeles por petición de mi padre, aunque en realidad es más bien una excusa para poder hablar a solas con sir Islands.

-¿Islands está aquí?

-Si, está en su cuarto.

-Mierda, de seguro Arthur ya le dijo a Islands quien será su sucesor-. Sabía que Islands y Penwood eran los mejores amigos de su hermano, y que a ellos, sobre todo al primero, les confiaba todo. Así que si tenía alguna oportunidad de modificar el testamento antes de que se hiciera público ya se había frustrado.

Al cabo de una hora Islands se había marchado. Richard merodeó por los jardines y luego se dirigió a la sala de tiro, sentía que debía descargar de alguna manera toda esa frustración. Integra volvió al cuarto de su padre donde permaneció toda la tarde; después de sus lecciones sobre vampiros, pasaron a temas más amenos.

Integra pensó que esta era la oportunidad para hacerle a su padre la pregunta que tanto le preocupaba. –Papá por favor dime ¿Qué tienes? Cada día estas peor y estoy muy preocupada, tú siempre has dicho que soy muy madura para mi edad, ¿entonces porque no me dices? ¿Por qué no confías en mí?

-Oh cariño, no es que no confíe en ti, es sólo que… eres tan pequeña… mi princesa tú sabes que yo estaría encantado por estar toda la vida a tu lado... pero me temo que no me será posible-. Él corazón de Integra dio un vuelco. –Integra yo… tengo cáncer.

Los ojos de Integra se llenaron de lágrimas pero se contuvo todo un mundo por no derramar ni una sola, aunque tenía la vista nublada, apretó su falda azul con ambas manos.

-Perdóname hija, debí cuidarme mejor para ti, para durarte más tiempo… para cuidarte y verte crecer, ver como te conviertes en una fuerte y valiente mujer. Eres mi vida entera, por favor perdóname por haberte fallado-. A Arthur también se le empezaban a agolpar las lágrimas en sus ojos.

-Papá-. Fue lo único que atinó a decir Integra antes de lanzarse a sus brazos y llorar. Arthur la abrazó con fuerza. – ¿Papá que voy a hacer sin ti? Yo no podría vivir sin ti.

Arthur la separó un momento para mirarla fijamente a los ojos. –Integra sabes que tienes un deber con Hellsing, con tu país, el bienestar de miles de personas depende de ti. Antes que tu pena está tu deber como líder de Hellsing. Debes de prometerme que harás todo, TODO por seguir viviendo.

Integra se limpió las lágrimas y se aclaró la voz para hablar con un tono más serio. –Te lo prometo.

-Mi pequeña Integra, eres tan valiente, harás un excelente trabajo. Pero habrá situaciones que estarán más allá de tus posibilidades. Cuando eso suceda, cuando tengas un problema que no puedas resolver… ve a las mazmorras, ahí está el arma secreta y la más poderosa con la que cuenta Hellsing, ve allí y eso te protegerá siempre.

-¿Un arma?

-Sí, es sólo eso: un arma; debes de tener en cuenta eso siempre: aquello que yace en las mazmorras es un arma muy peligrosa y debes de usarla con mucho cuidado, únicamente en casos extremos.

-No entiendo, ¿qué se supone que hay ahí?

-Integra eso es…-. Se vió interrumpido por una fuerte tos, tosía sangre.

-¡Papá!-. Se alarmó Integra, luego corrió hacia la puerta. -¡Walter! ¡Walter!