Capítulo beteado por Flor Carrizo
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Capítulo 1: Sucesos del pasado
Siete años atrás
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Edward miraba con impacienta el reloj con forma de gato que había sobre el pizarrón del aula. Había sigo la hora mas larga de su vida, cada vez que veía el reloj, parecía como si las manecillas no se movieran, podría jurar que llevaba ahí horas, pero el reloj lo desmentía diciéndole que solo habían pasado unos cuantos minutos. Sólo faltaban cinco minutos para que sonara la campana y, oficialmente, terminara el curso.
Los nervios lo comían y no lo dejaban pensar con claridad, porque después de pensarlo mucho, había decidido confesarle sus sentimientos a Bella, aunque regresaba a Londres en tan sólo tres días, necesitaba saber si Bella tenía algún sentimiento hacia él.
Sus nervios aumentaban cada vez que su mirada se cruzaba con los hermosos ojos achocolatados de Bella y aparecía esa hermosa sonrisa que hacía que su corazón brincara. Era absurdo, ella era menor que él, lo sabía de antemano, pero no podía evitar quererla; y no era un sentimiento de amiga o hermana, no era lo mismo que sentía por Alice o Rosalie, ese sentimiento era diferente y sabía que lo era porque no podía dejar de pensar en ella, soñaba con su sonrisa constantemente. Deseaba con desesperación que ella volviera a tropezar, como días anteriores, cayendo sobre él, para poder abrazarla nuevamente.
Ante los ojos de los demás, tal vez, estaba mal que la quisiera de esa forma, por ser más chica que él, pero no podía evitarlo.
Alice, su hermana, lo convenció, más bien casi lo amenazó, que si no le decía él a Bella, ella se lo diría.
La campana sonó, anunciando el final de la clase. Edward respiró profundamente varias veces antes de hablarle. Cuando se dio cuenta, sólo quedaban él y la profesora en el aula.
—Excelentes vacaciones, Edward —se despidió la profesora abandonando el aula.
Rápidamente, Edward tomó sus cosas, las metió en su mochila y salió corriendo del aula. Miró por el pasillo a ambos lados, buscándola. La alcanzó a ver a lo lejos, sacando cosas de su casillero.
Por suerte para él, ella estaba sola.
Se ve tan linda, pensó. En eso a ella se le resbalaron unos libros del brazo. Él negó con la cabeza, era típico que a Bella eso le pasara.
Corrió hacia ella para ayudarla.
—Te ayudo. —Se arrodilló junto a ella y la ayudó a recoger sus cosas.
—Gracias, Edward, ¡qué lindo! —dijo Bella agradeciéndole.
Edward apartó la vista de ella, al sentir que se sonrojaba ante la hermosa sonrisa de Bella.
—Regresan el domingo a Londres, ¿verdad? —preguntó Bella desanimada.
Él volteó a verla, sus ojos mostraban tristeza.
—Sí, me temo que sí —le contestó.
—Ya veo —murmuró Bella cerrando su casillero y clavó la mirada en el piso—. Los voy a extrañar —expresó la castaña.
Edward sentía como su corazón latía fuertemente, como si le fuera a salir del pecho, sabía que era el momento en que tenía que hablar.
—También te extrañaré —dijo Edward.
Bella volteó a verle y le sonrió.
—¿En serio? —preguntó ella, al no creer lo que Edward había dicho, él nunca mostraba sus sentimientos.
—Sí, y mucho —contestó sinceramente. Ella le sonrió, Edward volvió a respirar profundamente, era el momento—. Bella, tengo que decirte algo importante —dijo con nerviosismo.
—Dime —pidió Bella dulcemente.
—Bella, yo te quiero —soltó sin más.
Ella sonrió.
—Yo también te quiero Edward, eres mi mejor amigo—respondió Bella, sin entender a qué se refería el chico.
—Creo que no me entiendes… —Se pasó las manos por su cabello, buscando las palabras correctas—. Bella, me he enamorado de ti, ¿lo comprendes? —dijo Edward directamente.
¿Está enamorado de mí?, pensó Bella, sintió como la cara le ardía, agachó la cabeza viendo el suelo. ¿Amor? Yo no sé qué es el amor, pensaba.
Levantó la vista y Edward la miraba esperando una respuesta. Ella se abrazó a sí misma, no sabía qué decir.
—Emmett me espera —fue lo único que se le ocurrió y salió corriendo de ahí. Dejando a Edward solo.
¡Vaya! Ella huyó, eso sólo quiere decir que no me corresponde, pensó Edward. Él miró el suelo, tratando de luchar contra el sentimiento de dolor que lo inundaba, respiró profundo varias veces, levantó la cabeza y caminó hacia la salida del edificio.
A pesar de sentir un dolor que no sabía describir, se sentía liberado, porque en él no había quedado, había expresado el sentimiento, podría irse tranquilo sabiendo que lo dijo.
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Edward se reunió con Alice.
—Edward, ¿qué pasó? Bella pasó corriendo como loca, traté de detenerla pero no me hizo caso, ¿se lo dijiste? —preguntó Alice con emoción.
Edward sólo asintió. La sonrisa del rostro de Alice desapareció, la cara de su hermano le decía todo.
—¡Oh! Edward, ¿te rechazó? —interrogó abrazándolo.
—No me dijo nada, pequeña, se quedó callada, después de un rato dijo que Emmett la esperaba y salió corriendo —respondió Edward separándose de Alice y tomando la mochila de su hermana—. Pero con eso me dijo todo, el sentimiento no es mutuo. —Abrazó a su hermana, pasando su brazo sobre su hombro y la guió hacia el coche de su madre, que los esperaba en la entrada de la escuela.
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Bella se subió al auto de Emmett rápidamente.
—Bella, ¿estás bien? Estás sonrojada, y mucho —preguntó su hermano con preocupación.
—Sí, estoy bien —contestó la castaña.
Volteó hacia la ventana, buscando a Edward con la mirada por si la había seguido. A lo lejos alcanzó a distinguir como Edward y Alice se acercaban a la entrada de la escuela.
—Emmett, ¿podemos irnos ya? —preguntó Bella un poco apresurada, no quería que Edward la viera mal por cómo lo dejó.
—No me iba porque pensé que querías despedirte de tus amigos —contestó Emmett.
—No, sólo vámonos ya —pidió ella desanimada.
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Durante todo el camino a casa Bella fue callada, Emmett la miraba preocupado porque no era normal ver a su hermana así.
¿Por qué yo?, pensaba Bella, tratando de entender qué le veía Edward a ella. Él es guapo, uno de los chicos con más admiradoras, ¿qué ve en mí?
Llegaron a su casa. Cuando Emmett estacionó el auto, Bella salió corriendo de él, para ir a encerrarse en su cuarto.
Ella se tumbó en su cama, abrazando la almohada, trataba de tranquilizarse, un sentimiento ajeno a ella había llegado.
Edward me gusta, ¿pero es porque sólo somos amigos? No, es diferente. No entiendo por qué siento un gran deseo de llorar, pensó Bella abrazando con más fuerza la almohada. Por fin dejó que las lágrimas corrieran sin entender el porqué de ellas.
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Los días pasaron, Charlie y Emmett estaban preocupados por Bella, ya que sólo la veían cuando bajaba a comer o hacía sus deberes, pero después se la pasaba en su cuarto encerrada.
El día domingo llegó, Bella miraba por la ventana con su celular en la mano… Durante dos días se había negado a ver a Rosalie y contestarle las llamadas a Alice, porque sabía de qué querían hablarle.
Había quedado en ir a despedirme de ellos, ¿debería ir? No, mejor no, él estará ahí y no sabré cómo decirle adiós después de lo que pasó, pensó Bella, dejándose caer en la cama.
Tocaron la puerta de su cuarto, Bella se enderezó.
—Adelante —dijo, dejando pasar al que tocaba.
Charlie entró con un plato en la mano.
—Hija, te traje una rebanada de pay de queso, tu favorito —susurró. Se sentó en la cama junto a ella y se lo dio.
Bella lo recibió con una sonrisa.
—Gracias, papá —dijo ella abrazando a su padre.
—Hija, ¿todo está bien? Últimamente te ves muy triste —le comentó Charlie.
Bella volteó a ver el plato que tenía en las manos, sin saber si decir la verdad o callarla.
—Sí, papá, estoy bien —optó por mentir.
Charlie sabía que le mentía, ella no sabía hacerlo, pero trató de no presionarla.
—Papá —le llamó ella, Charlie volteó a verle—. ¿A qué edad te enamoraste por primera vez? —preguntó Bella.
A Charlie se le hizo rara su pregunta. Creo que ya sé por dónde va esto, pensó él.
—Tenía 14 años y ella 13, fue mi novia, claro que era sólo de mano sudada, en mis tiempos no éramos tan aventados —le contestó con la verdad.
—Ya veo —se limitó a responder ella.
Charlie respiró profundamente, no podía creer lo que iba a decir, pero haría lo que fuera con tal de no ver a su hija así.
—Bella, hija, para el amor no hay edad, mientras sea de verdad… Eso sí, siempre como mujercita, tienes que darte a respetar, porque, al final, esas son las mujeres con las que un hombre sueña estar —le aconsejó Charlie a su hija.
Para el amor no hay edad… ¿lo que siento es amor?, se preguntó Bella, quedándose un momento callada. Después de lo que le dijo su padre, recapituló todo lo que había pensado en esos días de encierro, a la conclusión que había llegado y con lo que le había dicho su padre le confirmaba y le daba luz verde a lo que sentía. Bella le sonrió a su padre y volvió abrazarle.
—Gracias papá, eres el mejor —dijo Bella.
—De nada, cariño —respondió Charlie, poniéndose de pie—. Bueno, es hora de ir a trabajar, nos vemos en la noche cariño, y ya nada de caras tristes, ¿sí? —pidió él.
—Sí papá, te lo prometo. Oye, ¿está Emmett? —preguntó ella, poniéndose de pie.
—Sí, está desparramado en la sala viendo la tele, ¿por qué? —consultó confundido.
—Porque necesito ir al aeropuerto —dijo Bella sonriéndole.
Charlie asintió y sonrió al ver que su hija había recuperado su alegría.
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Los Cullen se encontraban en el aeropuerto de Olympia, esperaban la hora del abordaje. Alice hablaba animadamente con Carlisle y Esme, mientras Edward seguía sumergido en su burbuja de tristeza.
Edward sacó su celular del bolsillo y buscó el teléfono de Bella, estaba tentado a marcarle, por lo menos quería despedirse de ella por teléfono, ya que no había ido al aeropuerto a verlos.
Ni siquiera le contesta llamadas a Alice, menos a mí, pensó y volvió a guardar el teléfono en su chaqueta.
—British Airways, pasajeros con destino Londres, Inglaterra, abordar por la puerta 15-A —dijeron por los altavoces.
Todos tomaron sus cosas, para dirigirse a la puerta correspondiente, pero el celular de Alice vibró.
Pensé que lo había apagado, pensó la morena.
Lo sacó de su bolso y era un mensaje de Bella.
Alice, estoy en la entrada, necesito ver a Edward, entretenlo para que pueda verlo, por favor.
Bella.
Alice quería brincar de gusto al leer el mensaje. Se volteó hacia sus padres.
—Mamá, papá, Edward y yo iremos por una revista para el vuelo, en un momento los alcanzamos —dijo muy sonriente.
—¡Pero, Alice, ya tenemos que abordar! —la reprendió Esme.
—¡Por favor!—suplicó ella.
—Vayan, pero no tarden —pidió Carlisle.
—Gracias. —Le dio un beso rápido a Carlisle, y salió corriendo jalando del brazo a Edward.
—Alice, ¿puedo saber a dónde diablos vamos? La tienda está en el sentido contrario —cuestionó Edward, mientras era arrastrado por Alice.
—Vamos a que este sea el mejor día de tu vida —dijo Alice buscando con la vista a Bella.
Edward no entendió a qué se refería su hermana, hasta que alcanzó a ver a Bella a lo lejos.
—Alice, ¡para! Sé lo que intentas, no debiste llamarle —reprendió Edward, ya que era la única explicación que se pudo dar al ver a Bella ahí.
—¡Cállate, Edward! Ella me avisó que estaba aquí, no le llamé —protestó su pequeña hermana.
Bella los alcanzó a ver y corrió hacia ellos. Los tres se encontraron.
Bella se sentía llena de nervios por lo que iba a decir y Edward se sentía incómodo estando ahí.
Alice abrazó a Bella.
—Te voy a extrañar —dijo la morena.
—Y yo a ti, eres mi mejor amiga —respondió Bella sintiendo que lloraba.
—Siempre lo seremos, te prometo que nos volveremos a ver —prometió Alice.
Bella le sonrió y asintió. Alice volteó a ver a su hermano.
—Bueno, voy por mi revista, te espero en la puerta de abordaje para que abordemos, no tardes —dijo y los dejó solos.
Bella se retorcía los dedos de los nervios, no sabía cómo empezar. Edward, por su parte, miraba a todos lados menos a Bella, no quería sentirse peor de lo que ya se sentía al saber que era esa la despedida.
—Edward, yo… —empezó a titubear, su cara se ruborizó.
Edward la contemplaba. Adorable, pensó al ver a Bella agonizando de los nervios.
Él se acercó a ella y la abrazó, tomándola por sorpresa, pero después de un momento, también le regresó el abrazo. Ella respiró profundo, impregnándose del aroma de Edward. Sabía que era el momento correcto de hablar, tenía que hacerlo antes de que el tiempo se les acabara.
—Edward, me asusté el viernes porque no sabía qué sentía —dijo Bella.
Él se separó de ella y le sonrió.
—No te preocupes, yo… —Ella no lo dejó terminar, parándole con la mano.
—No, déjame continuar —pidió ella. Cerró los ojos un momento y los abrió para verle fijamente—. Estos dos días he pensado en todo lo que vivimos juntos, lo que hemos pasado, y me di cuenta que el cariño que siento por ti no es igual que el que siento por Jacob, es diferente.
Edward sentía que el aire se le iba con las palabras de Bella.
—Yo también me enamore de ti —terminó Bella, sintiéndose segura de lo que acaba de decir. A lo mejor era joven para amar, pero ella estaba segura de lo que sentía, era especial y lo más hermoso que había sentido alguna vez.
Edward volvió a abrazarle y besó su frente.
—Gracias Bella, no sabes lo feliz que me has hecho con lo que me has dicho —dijo lleno de felicidad.
Ella sonrió y le regresó el abrazo.
—Siempre te voy a esperar —aseguró Bella.
—Y yo regresaré, te lo prometo —dijo Edward separándose de ella.
Se miraron por última vez a los ojos. Él le dio un dulce beso en la frente y se fue.
Bella le vio marcharse con melancolía, pero estaba segura de que él cumpliría su palabra y regresaría.
