TWILIGHT Y SUS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER
CORREGIDO POR ISA
CAPITULO 2
LA IRREFUTABLE VERDAD DE UNA MENTIRA
Edward ha visto pocas cosas extrañas en su vida, nunca se ha jactado de haber vivido mucho o tener experiencias emocionantes; sin embargo, ahora que ve a Bella Swan con un arma en la mano, se pregunta si ella será el catalizador para que su vida deje de ser aburrida.
—Eres policía… —dice él, absorto en las revelaciones que ella acaba de hacer.
Por su parte, Bella —siendo la persona analítica que es— se le ocurre que esto bien puede ser un experimento social. Si analiza esto —cosa que hace—, ella puede detallar el nivel de interés que este hombre tiene sobre ella. Primero pregunta si es una pierna o dos las que tiene lastimada, o más bien, lo afirma —dos veces—. Segundo, afirma en estado catatónico si es policía y posteriormente le pregunta por qué demonios hizo eso con su prótesis.
—Me gusta estudiar reacciones, Edward —ella responde con una sonrisa—. Me dice mucho de las personas. —Edward sacude la cabeza un poco incrédulo.
—Te aseguro que mi reacción es de sorpresa —él contesta con voz baja.
Bella bien puede dar una conferencia sobre lo que Edward proyectó con toda su reacción, pero se limita a sonreír. Sabe que es inútil tratar de explicar el comportamiento humano a alguien que utiliza la violencia para ganarse la vida.
—¿Es todo lo que tienes que decir sobre todo lo que acabo de decirte? —Edward se toma su cerveza en un trago y se queda pensativo.
—¿Puedo preguntarte por qué me has estado observando todo este tiempo? —Edward tiene la esperanza, no, la necesidad de que Bella le diga que es porque está atraída por él; en vez de eso, Bella Swan aplasta sus esperanzas con una sola frase, y no será la primera vez que lo haga.
—Por el mismo motivo que observas un animal ser devorado por otro ser vivo más fuerte. Por la misma razón que ves documentales sobre la segunda guerra mundial. Por la misma razón que miras programas de reality. Por mórbida curiosidad, Edward; la mayor de las debilidades humanas.
—Pero fueron tres años. ¿Nunca se te ocurrió hablarme en todo ese tiempo?
—No, ¿para qué? Eres un objeto de estudio, el objeto de estudio no puede ser modificado por el observador, Schrödinger no estaría feliz con eso.
—¿Quién demonios es Schrödinger? —él pregunta retóricamente—. Además, no soy un objeto de estudio, soy una persona. No me gusta mucho que hayas estado viéndome como un animal en un zoológico.
Bella se para con ayuda de su bastón.
—Tienes razón, es mejor que me vaya. —Ahora que la ve, Edward nota algo en su semblante, una especie de tristeza o decaimiento que la hace ver con cuerpo encorvado y mirada tirana.
—No te vayas. Mira, solo deseo entender, es todo. —Bella se detiene y sonríe.
—Edward, no hay mucho que entender. Somos un par de extraños que no tienen nada en común más que un pasillo de hospital.
—¿Seguirás observándome cuando te vea en el hospital? —él pregunta ansioso, mientras ella cojea hacia la puerta. Bella voltea y frunce sus cejas.
—El experimento está corrupto, el objeto de estudio es parte del observador. Todo depende de ti, Edward.
Él solo entiende la última frase, es lo único que le da esperanzas.
—Entonces, hasta el martes —él dice con voz baja, aun así, ella lo escucha.
—Hasta el martes. —ella ya no voltea, simplemente baja poco a poco los tres escalones de la casa rodante.
Bella está en su Mustang hiperventilando, sus manos están frías y sudorosas; signos de un ataque de ansiedad.
—¡Estúpida! ¡Estúpida! —ella dice entre alientos, pegando su frente en el volante.
Ha estado así los últimos veinte minutos. Cuando salió de su casa, condujo un par de cuadras hasta que no pudo con el temblor de su cuerpo.
Desea vomitar y esas nauseas no paran, no cuando se pone pensar en la implicación de sus acciones. Si tan solo hubiera evitado ir a confrontarlo en el bar, si tan solo hubiera evitado hablar con él en este mismo auto, si tan solo él no fuera endemoniadamente abrasador y si tan solo él no la hubiera mirado tan intensamente en el pasillo. Esas recriminaciones de nada sirven, no cuando sabe que no puede volver al cómodo anonimato. Ha esperado este momento por los últimos tres años, y aquí está, arrepintiéndose de haber hecho contacto. Sabe que no está bien, sabe que esto terminará mal.
Afortunadamente, su celular suena, forzándola a reaccionar. Sabe que es trabajo, porque son cerca de las doce de la madrugada.
"Calle Oxford entre 8 y 9" se lee en el mensaje de texto.
Respira profundamente y busca en sus bolsillos uno por uno hasta que encuentra lo deseado. Abre la bolsita con cocaína y saca de la guantera una tarjeta de descuentos del súper, la única tarjeta que tenía porque odiaba las tarjetas de crédito; cree que el único uso activo que le ha dado es el actual.
Toma una esquina de coca con la tarjeta y la inhala. Cuando el sabor amargo y el dolor en su fosa nasal es suficiente, para. Trata de recobrarse y enfocar su mente en cosas metódicas y analíticas que la hacen funcionar de maneras patéticas, hasta que está segura que es la Bella de antes.
Antes de llegar, puede ver varias patrullas frente a un terreno boscoso y el auto de Emmett en el costado de la acera, en forma transversal. Mientras camina, asimila la escena en la forma en que solo ella puede hacerlo, olvidando por completo su ataque de hace unos minutos. Frente al terreno, hay tres edificios de departamentos, una tintorería, una cámara de seguridad y dos automóviles estacionados —que no son de la policía o de Emmett—; en conclusión es una zona residencial típica.
Emmett está vestido en unos pantalones y sudadera deportiva color gris, con una gorra.
—Te he dicho que correr de noche no ayuda nada a tu metabolismo —dice Bella mientras se acerca a Emmett.
—Bueno, no pude dormir. ¿Se te ocurre algo mejor que hacer que mirar la televisión? —él pregunta retóricamente.
—Bien, infórmame —ella dice sacando sus guantes.
—Mujer en sus treinta, caucásica, con varias laceraciones en la frente y un disparo en el pecho. El tiempo estimado de la muerte es de tres horas. La descubrieron hace treinta minutos, gracias a una llamada anónima.
—No fue hecha de aquí, el teléfono público más cercano está a kilómetros de aquí; en la estación de autobuses que pasé hace momentos. Es probable que aunque no sea el asesino o asesina que habló, sí puede ser alguien que sabe quién la mató . —Bella camina un poco para ver mejor la escena del crimen. Emmett la sigue.
—¿Rogers sabe que estoy aquí? —Bella voltea a ver a Emmett.
—Sí, creo que no tarda en llegar. Me habló con voz ronca así que creo que estaba dormido. —Bella levanta una ceja.
—Emmett, has sido mi asistente por años y ¿solo se te ocurre llegar a esa conclusión? Eso lo hubiera adivinado cualquiera. Mira la hora, gente como Rogers duermen a sus horas, porque trabajan en la mañana. No quieras jugar en las ligas mayores, Em. —Emmett pone la cara que un niño pondría cuando le quitan su juguete.
—Ahora cárgame. —Emmett la toma en sus brazos y la lleva por el terreno boscoso frente a los departamentos. Él odia estas cosas, la descripción de su trabajo es totalmente diferente, en vez de eso, Bella lo hace hacer las cosas más humillantes.
—Bella, en serio, este trabajo es denigrante, a veces siento que soy tu puta —Emmett dice jadeante de estar cargando a Bella por terrenos irregulares, esquivando árboles y piedras.
—Em, no seas exagerado, ellas ganan más que tú —dice Bella cuando llegan al lugar donde están los policías.
—Lo más triste es que tienes razón —dice Emmett en voz baja al bajarla al piso terroso.
Bella camina un poco hasta que llega al cuerpo en descubierto de una mujer que está boca abajo y trae aún sus zapatos. Es rubia —pero no natural—, trae una minifalda blanca y una blusa sin mangas color rosa. Sus manos están sujetadas con un plástico blanco que usan los policías y su ropa interior está en sus rodillas.
—Es una prostituta. ¡Amo los casos con prostitutas! Siempre son los más interesantes —ella dice emocionada. Emmett frunce el ceño. "¿Cómo diablos llegué a este trabajo y con esta mujer?" se pregunta.
—No me dijiste que era violación —ella comenta, dándole la espalda a Emmett.
—Lo siento, realmente no la vi. McAdams me lo describió por teléfono. —Bella asiente y le da un golpe en la espalda a Emmett.
—Si no supiera bien mi trabajo, esto sería muy obvio. Un cliente que no le gustó el precio final, tuvo el mal gusto de dispararle en el pecho. El disparo dio con su diafragma, pero no en el corazón. La sangre indica que no hubo penetración valvular o en alguna arteria. Murió lentamente de sangrado interno, pero no podía moverse —Bella dice robóticamente.
—Pero hay un detalle: ese plástico significa premeditación. La premeditación es parte de un ritual conciso y ordenado que realiza el asesino, no necesariamente en serie, debo agregar. Estoy casi segura que no van a encontrar fluidos seminales en ella.
—Es un asesino en serie —afirma en voz grave Jacob Black, que está a espaldas de Bella.
—Técnicamente hablando, no. Para eso se necesitan al menos otros dos asesinatos con las mismas características. Eso lo sabes, Black —dice Bella quitándose los guantes.
—No quiero estar cazando a un jodido loco en vísperas navideñas, por algo te hablé.
—Pensé que había sido Rogers —dice Bella confundida.
—Bueno, Rogers te odia y te ama, pero no te hablaría para algo así, sabiendo que tu padre se enteraría. —Bella asiente.
—Mi padre lleva retirado años, deben de dejar de obstaculizar mi trabajo solo porque él crea que su hija lisiada no está capacitada para hacer el trabajo. —Bella camina un poco más rápido, enojada.
—Al menos dime si crees que necesite estar buscando por un asesino serial —pregunta Jacob. Bella voltea.
—¿Extraoficialmente? —Jacob asiente.
—Creo que no es la primera vez que lo hace, pero es la primera vez que deja a su víctima a la vista, lo cual me dice que desea ser atrapado. Están a punto de suceder una serie de asesinatos, así que yo estaría alerta... —antes de que Bella termine de dar su importante advertencia, Jacob la interrumpe.
—¿A qué te refieres con querer ser atrapados? —Bella suspira, odia explicar estas cosas.
—En la psicología del criminal es algo muy común y más en lo asesinos seriales que dejen huella cuando desean dejar de matar. Desean un desafío o bien tener cargo de conciencia. No lo puedo decir con certeza, pero te aseguro, Jacob, que lo volverá a hacer.
Jacob asiente.
—Te ves bien, Bella —dice Jacob con una sonrisa. Bella levanta la ceja.
—Lo sé, este bastón lo compré ayer, hace resaltar mis ojos. —Jacob rueda los ojos por el comentario sarcástico de Bella.
—Deja de hacer eso, es un cumplido. Al menos acéptalo. —Bella lo mira cansada.
—Jacob, los cumplidos son para la gente que le interesa lo que la gente piense. ¿Crees que es mi caso?
Jacob se queda callado, viéndola y luego sacude la cabeza.
—Me alegra verte, Bella. Saludos a tu padre. —Jacob se da la vuelta y regresa a la escena del crimen.
Bella no pierde mucho tiempo en hacer lo contrario, dándose la vuelta y alejándose de ahí.
—¿En serio crees que es un asesino serial? —pregunta Emmett. Bella se encoge de hombros.
—Pueden ser muchas cosas Em, pero la más probable es ésa.
Emmett la carga nuevamente hasta dejarla en el asfalto frente a su auto.
—Vaya, sería horrible tener otro asesino serial, pensé que ya nos habíamos librado, al menos desde "El Rojo", ese cabrón estoy seguro que está muerto, hace años que no ha atacado.
Mientras Bella prende un cigarrillo, se pone a pensar con la cantidad de locos que ha encontrado en su trabajo. Pedófilos, violadores, inclusive asesinos seriales, pero nadie como él. El único que se le ha escapado.
—¿Te veo mañana? —pregunta Em, haciendo que Bella se distraiga de sus recuerdos.
—Claro —ella dice distraída.
El día de Edward siempre empieza con un odio por la vida, una apatía por las cosas y una resignación por ser productivo. O bien, empieza a las 6 am cuando tiene que levantarse a entrenar, luego a las 9 am cuando es la hora que entra a su trabajo en la obra de construcción —cuando hay trabajo—, después a las 3 pm, espera la llamada ansioso de su amigo Garrett para ver si hay un trabajo de mudanza. Si lo hay, significa 50 dólares más y 5 horas de trabajos forzados, cargando cajas y escuchando órdenes de gente prepotente que lo miran como una basura. Por las noches, religiosamente va al gimnasio y entrena con Garrett. Si todo sale bien y tiene suerte, en vez de entrenar hay una pelea en la que puede ganar al menos 500 dólares si pierde, solo si pierde.
Es esa hora del día en que está saliendo exhausto de una mudanza, con ropas viejas y sudor que lo hace sentirse más sucio que como se sentía ayer; no por los químicos que expide su cuerpo, sino por la paga miserable que gana. Cuenta su sueldo y saca cuentas, no es suficiente; conclusión a la que siempre llega cuando tiene dinero en su poder.
—Hay pelea hoy, Masen —dice Garrett en voz baja, mientras Edward está sentado en la acera a dos cuadras de la casa en la que acaba de hacer la mudanza.
Garrett trae una cerveza en mano —ritual que hacen siempre después de una mudanza— y un celular en la otra.
—¿Cuánto? —pregunta Edward con voz desganada.
—Mil si pierdes, 250 si ganas. —Edward bufa.
Nadie dice eso al público, nadie sabe que perder siempre será más redituable que ganar, es la ley de la expectación, supone Edward. Deseas controlar el ganador, deseas controlar las masas y él no tiene, ni necesita, la dignidad necesaria para negarse al dinero fácil.
—Estoy harto de perder, he peleado años y siempre es lo mismo —él dice frustrado.
—Bueno, si quieres ganar debes arriesgarte, conozco a alguien… —Edward sacude su cabeza.
—No tengo el lujo de arriesgarme. Necesito el dinero seguro y perder es tan seguro como un trabajo. Tú sabes que no puedo arriesgarme —Edward voltea a ver a Garrett.
Sí, Edward ha ganado algunas veces en peleas sin importancia, en donde la diversión es ver cómo te matas por unos cientos de dólares. Pero el verdadero dinero está en recibir golpes como un costal y luego salir humillado por donde entró.
—Lo sé amigo, qué mierda. ¿Ya hablaste con la administración del hospital? Sé que ellos pueden reducir los costos… —Edward lo interrumpe.
—Lo hice, y me lo redujeron, pero es una mierda Garrett, no fueron ni 5.000 dólares, y ni siquiera quiero ver a cuánto asciende el costo final. Sin contar con costos de hospitalización. Solo la operación han sido cerca de $20.000; es lo que me piden al menos, lo otro lo puedo pagar en plazos.
—Ya sabes hermano, me gustaría ayudarte, pero con Kate embarazada... —Edward le da uno de esos golpes masculinos de cariño a Garrett en la espalda.
—No te preocupes, todos tenemos nuestros problemas.
Edward entrena como un animal en el gimnasio, o más bien calienta para su pelea dentro de una hora. Garrett sabe el enorme potencial que tiene su amigo y verlo como se desperdicia en peleas estúpidas, lo hace sentirse impotente; pero sabe que Masen no tiene opción. Hace tres años que toda su vida se fue a la mierda y no se atreve a decirle que se arriesgue a que lo vuelva a hacer. Es tan joven, tal solo 25 años y con la vida por delante. Siempre quiere decirle que deje todo, que sea feliz, que consiga a una buena mujer y se case, que deje las responsabilidades a quien realmente le corresponde; pero cuando lo ve llegar del hospital los martes y jueves, sabe que no puede hacerlo. Es la culpa que lo carcome, lo que lo traga por completo y lo deja en una cáscara de hombre.
—¿Estás listo? —pregunta Garrett acercándose a Edward, que ahora está vendando sus nudillos. Edward asiente y se levanta con esa mirada que indica que ya no es un hombre convencional, sino un objeto de entretenimiento masivo y una bestia enjaulada, todo en un mismo cuerpo.
Edward se prepara mirando a su contrincante, un rubio enorme con músculos impresionantes, pero Edward es rápido. Sabe que si quisiera, si desea, podría derrumbar a esa masa de esteroides y salir victorioso. En vez de eso recibe golpes, pretende defenderse y escupe sangre para demostrar al público que está enojado. Por dentro, solo desea partirle la cara al hombre frente a él, que lanza golpes lentos, como los de un troll y grita cuando Edward escapa bajo sus narices. Al final, el troll gigante lo derrumba con un golpe que deja a Edward en el piso y, por show, permanece ahí en estado inconsciente.
Esa noche de lunes, al manejar a su casa —o lo que quiera que sea en donde vive—, lo único que lo mantiene con los ojos despiertos no es el terror de verla a ella en la cama, sin vida, con labios secos que una vez besó y con cabellos rojizos que una vez amó. En vez de eso, solo desea ver cabello café y la mirada que lo hace sentir como si la esperanza viniera en cuerpos diminutos y temperamento desconcertante.
Para Bella la vida podría ser diferente que la de Edward, en apariencia. En detalle, es una mezcla de malas decisiones, mala suerte y malos recuerdos; justo como la de él. La peor de sus decisiones comenzó hace años, tres para ser exactos, cuando decidió seguirlo a su casa y observarlo a distancia, en total anonimato. La peor de su suerte, fue cuando se dio cuenta que él existía y el mal recuerdo de cómo comenzó todo, la hacen estar aquí, frente a su casa, observando, siempre observando y volviendo al ciclo de las malas decisiones que parece que nunca dejará de tomar respecto a él.
Bella cierra sus ojos cuando ve que él apaga la luz y prende su auto que está estacionado en la parte más oscura de la cuadra. Recuerda lo que le dijo hace unos días; que era un objeto de estudio, algo sin importancia, una curiosidad morbosa. Qué mentira más absurda. La verdad es que Edward Masen, que si bien nació como una curiosidad, hoy es la obsesión que la mantiene al borde del precipicio, esa constante que ha estado con ella por años y amenaza con nunca dejarla. Grita en frustración, en impotencia. No puede alejarse de él, lo ha intentado y no puede; porque el amor destruye el libre albedrío.
NOTAS ILUSTRATIVAS QUE PUEDES LEER O NO, PERO SI LEES SERÁS MÁS CULTA (O) QUE AYER:
Schrödinger era un físico que propuso varias teorías complejas sobre la mecánica cuántica, pero la más famosa de él, es la popularmente conocida como "el gato de Schrödinger" en el que (y si lo reduzco a la versión coloquial) es algo así:
Un gato, junto con un matraz que contiene un veneno y una fuente radiactiva, se coloca en una caja sellada. Si un contador Geiger detecta la radiación, el frasco se rompe, liberando el veneno que mata al gato. La interpretación de la mecánica cuántica de la Escuela de Copenhague, implica que después de un tiempo, el gato está al mismo tiempo vivo y muerto. Es decir que no se sabrá hasta que el observador abra la puerta y vea el resultado, mientras, cualquiera de las dos posibilidades son realidades que suceden al mismo tiempo.
LAS ACTUALIZACIONES SON DOMINGO, MIÉRCOLES Y VIERNES, HORARIO DEL PACÍFICO.
