Sé que les dije que actualizaría ayer, pero se fue la luz ayer -.- así que hoy estuve transcribiendo como loca.
Desearía que con el carruaje tuviéramos la misma situación que con la habitación, no tener que compartirlo, pero debemos hacerlo para que no corran los chismes y habladurías.
Odio mi matrimonio, odio ser la primogénita, odio ser mujer. Si no fuera mujer no hubiera tenido la necesidad de casarme con este hombre, aunque si tan sólo tuviera un hermano varón esto podría haber salido mejor.
Después de tanto tiempo de recorrido por fin llegamos a nuestro destino; el carruaje se detuvo y salí tan rápido como pude.
Me recibió mi hermana, en cuanto baje del carruaje corrió hacia mí para abrazarme.
-Sorella, me alegra verte. ¿Cómo has estado? ¿Te gusta tu nuevo hogar? ¿Todo va bien por allá?
-Tranquila Felicità, déjame parar bien los pies sobre la tierra antes de bombardearme con tantas preguntas.
-Vee~. Te extraño tanto-volteó la mirada hacia mi marido-. ¿Podría llevármela por un momento?
-Por supuesto. Es tu hermana, no puedo prohibirles estar juntas-le dedicó una sonrisa a mi hermana.
Tal vez no como tal, pero llevarme hasta la cima del cerro ha sido una forma de prohibírmelo.
-Vee~. Muchas gracias y con su permiso- me llevó del brazo hasta la casa y después a su habitación.
-Sorella, me alegra tanto que vinieras.
-Aunque no me agrade el novio no puedo faltar a la fiesta de compromiso de mi hermana.
-Debes conocer a Lud, veras que en realidad es muy buena persona.
-Hum… Eso está por verse.
-¿Estás planeando algo malo? ¿Acaso quieres probarlo?
-No, no estoy tramando nada, y definitivamente voy a probarlo, no voy a permitir que mi hermana de case con cualquiera.
-Vee~.
-Y por cierto, ¿cómo está Aada?
-Bien, supongo. Después de que te fueras la enviaron a la cocina y no la veo muy seguido.
-Ya veo.
Se abrieron las puertas de la habitación y entró mi Madre, fue corriendo a abrazarme.
-Chiara, mi niña. Hace tanto tiempo que no te veía.
-Supongo que hoy no estás ocupada- mi tonó fue bastante acusador.
-Lamento no haber podido ir a verte, te he extrañado tanto. ¿Y cómo no hacerlo? Por dieciocho años te tuve siempre a mi lado, hasta que llegó el esperado día de tu boda.
-¿Esperado?
-Sí. Me alegra tanto que ahora estés con un buen hombre.
Al parecer a ella no le importa que no lo ame, que sea completamente infeliz en ese lugar tan solitario y apartado.
Aada apareció por la puerta.
-Señora, la necesitan en la sala.
-Muchas gracias. Creo que te veré un poco más tarde hija.
Salió de la habitación y resonaron sus pisadas por las escaleras. Mire a Aada por unos segundos y sonreí.
-Felicità, ¿podrías dejarnos hablar a solas?
-Vee~. Claro sorella- salió de la habitación y cerró la puerta.
Me quede mirándola por un minuto, después me lancé a sus brazos y rompí en llanto. Ella me acarició el cabello.
-¿Cómo ha estado señorita?
-Estoy en un verdadero infierno.
-¿Por qué dice eso?
-Sabes perfectamente que yo no lo amo, me ha llevado hasta un enorme y solitario lugar en la cima del cerro, me ha alejado de mi familia.
-¿Y no ha pensado que podría llegar a tenerle afecto a su marido?
-No puedo, no puedo sentir nada por él sabiendo que sólo estamos atados el uno al otro porque a nuestros padres les parecía conveniente.
-Ya niña. Seguro que no estará sola, puede que logre llevarse bien con su nueva dama de compañía, tal como lo hizo conmigo.
-Yo no quiero llevarme bien con ella, yo quiero tenerte a ti como mi dama de compañía, quiero estar con mi familia.
-Dicen que cuando más obscura está la noche más cerca está el amanecer, ya vera que pronto encontrara la felicidad de alguna manera.
-…-y seguía sollozando aún abrazada a la mujer.
-Ya verá que las cosas mejoraran.
-A veces quisiera llevar una vida como la tuya, sin tener sin tener que preocuparme por el que dirá la sociedad de mí, si soy alguien refinada, el poder escoger a la persona con la que quiero estar.
-Ya no llore niña, su familia y su esposo se preguntaran el por qué de su llanto.
-No puedo parar.
-Entonces tratemos de cambiar el tema. ¿Le parece?
-Está bien… ¿Cómo ha estado tu esposo Berwald?
-Excelente, aunque tenga que cargar cosas pesadas se mantiene sano.
-¿Y el pequeño Peter?
-De maravilla. El señor Rómulo se ha ofrecido a enseñarle a leer y escribir. Ya pronto cumplirá los seis años.
-Me alegro Aada.
Llamaron a la puerta y rápidamente me separé de Aada para secarme las lágrimas.
-¿Sí?
Mi hermana abrió la puerta y asomó la cabeza.
-Sorella, te está buscando el señor Fernández.
-Dile que enseguida voy.
-Vee~. Claro.
Cerró la puerta nuevamente.
-Ahora muéstrele una gran sonrisa a su esposo-me pidió.
-Lo intentare.
Salimos de la habitación y yo me encaminé a buscar a mi cónyuge. Cuando por fin lo encontré él estaba entablando una conversación con mi padre.
-Chiara, hija-mi padre me apretujó entre sus brazos.
-Ciao padre.
-Me alegra verte hijita.
-A mí también me alegra verte,
-¿Cómo has estado?
-Excelente- le mentí dedicándole una sonrisa.
-Es emocionante verte, pero ahora debo irme, estamos muy ocupados con la fiesta de tu hermana.
-Lo entiendo.
-Muchas gracias hija- me besó la frente y se marchó dejándome sola con ese hombre.
Me giré para encararlo.
-¿Me buscaba?
-No era nada importante, sólo quería saber dónde te encontrabas.
-Pues ahora me encuentro junto aquí.
Se quedó callado por un momento, mirándome a los ojos, aparte la mirada ya que no podía quedarme mirando esos ojos verdes por mucho tiempo.
-¿Ha sucedido algo?- me preguntó y con una mano me levanto la barbilla.
-No, nada.
-¿Segura?
-Completamente.
-Bien, nos vemos más tarde- me soltó y pasó su mano a mi cabello para revolvérmelo.
En la fiesta se podían apreciar los largos vestidos, con sus faldas ondeando, moviéndose al compás de la música.
Y yo… yo estaba sentada, reacia a bailar con mi esposo.
A mi lado se encontraba sentada una joven rubia de complexión menuda, no era alguien que llamara mucho la atención ya que ni siquiera me di cuenta cuando llegó y me dio un gran sobresalto cuando me percaté de su presencia.
-¿Y cuál es su nombre?
-Madeline Williams. ¿Puedo preguntar por el suyo?
-Chiara Vargas.
-¿No es usted la esposa del señor Fernández?
-Así es.
-¿Puedo preguntar por qué no está con él en la pista de baile?
-No es mucho de mi gusto bailar. ¿Y usted por qué no está en compañía de algún caballero?
-No suelo llamar mucho la atención, así que escasamente alguno muestra interés en mi compañía.
-Ya veo. ¿Y cuál es su edad?
-Recientemente he cumplido los dieciséis años de edad.
Mi esposo salió de entre la multitud y fue hacia nosotras.
-Chiara, ¿podrías acompañarme por un momento? Quisiera presentarte a alguien.
-Claro- me volví a la chica-Fue un placer hablar con usted.
-Con su permiso- le dijo mi esposo.
-Propio- respondió ella.
Nos alejamos dejando a la chica atrás. Divisé a dos personas, uno era un hombre rubio y de ojos azules, un hombre que anteriormente me había pretendido, pero parecía sólo haberlo hecho para fastidiar, el otro era un albino, a éste lo había visto con anterioridad, sólo sabía que era el primer hijo de la familia Beilschmidt, el hermano mayor del que sería mi cuñado.
-Gilbert, Francis.
-¿Si mon ami?
-¿Sucede algo freund?
-Quería que conocieran a Chiara, como ya saben ahora es mi esposa.
-Claro, como olvidar a la novia de la más magnifique boda.
-Me parece que ya habías conocido a Francis con anterioridad.
-Así es.
-El es Gilbert Beilschmidt, el primogénito de su familia.
-Un gusto señorita Vargas- estrechó mi mano.
-Lo mismo digo-que gran mentira.
-Es un placer verla mademoiselle Chira- el francés tomó mi mano y la besó.
-Kesesesese. Mídete Francis, recuerda que ahora es una mujer casa.
Antonio se comporto posesivo y me acercó a él rodeando mi cintura con uno de sus brazos.
-Lo siento, no es mi intención sobre pasarme, sólo es un habitual gesto francés.
-Kesese, como no.
Por detrás de nosotros pasó otra joven pareja.
-Ah, Roderich, señorita Hérderváry.
-Buenas noches Antonio-lo saludó el hombre.
-¿Cómo has estado?
-Excelente.
-Recientemente me he enterado de su compromiso.
-Ya pronto celebraremos la fiesta.
-Me alegro por ustedes. ¿Y usted como ha estado con esto señorita Hérderváry?
-Oh, por favor dígame Elizabeta, y me siento de maravilla.
Miente, lo sé porque yo hacía exactamente lo mismo, seguro también es un matrimonio arreglado.
Hay miradas incomodas entre los prometidos y Gilbert Belschmidt.
Seguro no es nada más que la rivalidad entre familias, desde siempre las familias Hérderváry y Edelstein han tenido aversión con la familia Beilschmidt.
Antes de que pudiera decir nada mi padre llamó la atención de los invitados y anunció que los prometidos bailarían al centro de la pista. Mi esposo me tendió la mano y yo sin más acepto que me guie a la pista de baile.
Comenzamos a danzar alrededor de los prometidos, junto con varias otras parejas, entre ellas Edelstein y Hérderváry, también puedo ver a dos hermanos Beilschmidt bailando juntos, Gilbert y María.
Cuando terminó el baile me aleje de mi marido y pasé al lado de un grupo de jóvenes de entre la edad de mi hermana y la mía.
-Esa es la esposa del señor Antonio.
-¿Cómo es posible que se haya casado con esa?
-Dicen que es un matrimonio acordado por los padres.
-Otros dicen que él fue a pedir la mano por voluntad propia, propia conveniencia.
-¿Quién podría casarse con alguien así?
-Por eso está más que claro que no fue más que interés.
-Sí. ¿De qué otra forma podría pedir la mano de una de estas muchachas?
-Tal vez Felicità en realidad sí es buen partido, es alegre y cariñosa, pero esa Chiara no tiene ninguna gracia.
Trate de ignorar sus comentarios y seguí caminando, salí al jardín para sentarme en una de las bancas.
Aún así sus habladurías vinieron hasta mi cabeza si n que pudiera apartarlos de mi pensamiento.
¿Y si en realidad si hubiera pedido mi mano? ¿O qué tal si pidió casarse con mi hermana y no le quedo más remedio que casarse conmigo ya que me encontraba soltera?
Seguro que eso era. ¿Por qué todos siempre la preferían a ella?
No pude evitar que una lagrima se me escaparan hasta en un matrimonio por interés preferían a mi hermana.
Sentí como ponían un abrigo sobre mis hombros y me voltee para encarar a la personas. ¿Quién más que mi esposo?
-Con tanto frío puedes pescar un refriado- se fijó en las pocas lagrimas de mis ojos-¿Te ha sucedido algo?
-Eh… No, sólo ha sido un bostezo, creo que ya me he fatigado.
-Deberías ir a la cama entonces.
-Gracias, eso hare.
Lo que menos quería era eso; como estábamos en la casa de mis padres teníamos que fingir que dormir juntos era algo del diario, pero con tal de quitármelo de encima…
Les anuncie a mis padres que me retiraría y fui a la que era mi habitación antes de casarme.
Cuando me metí en la cama el sueño no acudía a mí.
Pasadas ya algunas horas yo seguía rodando por la cama, hasta que escuché que venían por el pasillo, cerré los ojos y trate de que mi respiración sonara más profunda y relajada.
Se abrió la puerta de la alcoba y entro mi esposo, no tardó mucho en alistarse y entrar a la cama, se acercó a mí y me besó la frente, después me rodeó con uno de sus brazos y me acercó a él.
¿Qué creía que hacia? ¿Acaso pensaba que podía ser el remplazo de mi hermana?
