Segunda parte

Steve esperó a que el ascensor llegara al penthouse de la Torre Stark, el lugar donde viviría a partir de ese momento por órdenes de Fury. Según el Director, necesitaban un equipo unido; y los Vengadores seguían siendo un grupo disparejo que apenas lograba arreglárselas para compenetrarse sin matarse entre ellos.

Después de recorrer el edificio en un tranquilo tour, gracias a Jarvis Steve ya conocía qué planta le correspondía y que en ese momento se dirigía al piso común.

Una vez llegó, Steve salió del ascensor, encontrándose con el canto de un canario que se le hizo familiar. No lo había escuchado desde aquella vez, hacía unas semanas, en el parque, pero estaba seguro de que era el mismo.

Se asomó a la sala, encontrándose con Tony en la cocina. Estaba de espaldas a él, sirviéndose una taza de café y terminando de comer una manzana roja. Steve pudo ver al susodicho canario posado alegremente en la encimera de la cocina. Parecía ir por libre, cosa que le pegaba mucho a una mascota de Tony.

Comprendiendo que Tony estaba tan perdido en su mundo que no se había dado cuenta de su presencia, Steve aprovechó la oportunidad. Se escondió en un punto estratégico donde pudiera ver al genio, pero donde él no pudiera hacer lo mismo. Intentó que también fuera un sitio idóneo para ocultar su voz. Después de varias semanas, ya se encontraba lo bastante seguro acerca del manejo del teléfono para intentar lo que quería hacer. Sacándolo de su bolsillo, pulsando en la guía y buscando el nombre de Tony entre sus contactos, lo llamó. Al momento, se puso el teléfono al oído. Un segundo después, el teléfono de Tony comenzó a sonar. Lo extrajo de su bolsillo y se quedó observando la pantalla durante un segundo antes de contestar.

—Vaya, Cap —dijo Tony nada más contestar con una risita burlesca—, jamás creí que recibiría una llamada tuya.

—Bueno, creí que, ahora que vamos a ser compañeros de piso, había llegado la hora de cambiar algunas cosas —contestó Steve sin apartar la vista de la figura de Tony—. Además, creí que, ya que tú me regalaste este teléfono, lo lógico era que fueras al primero al que llamara.

Esa respuesta pareció descolocar por un segundo a Tony, sin embargo, el ingeniero era un hábil mentiroso. Si Steve no hubiera estado atento a cada uno de sus movimientos, a cómo su cuerpo pareció tensarse, no se habría dado cuenta de que sus palabras le afectaron más de lo que Tony estaría dispuesto a admitir.

—Me cuesta creer que hayas sido capaz de aprender a manejar el smartphone tú solito. ¿Seguro que nadie te ha marcado mi número y tú únicamente te has puesto al teléfono?

—¿Cree el ladrón que todos son de su condición? —respondió con humor, dispuesto a seguirle el tono juguetón a Tony. Después de pasar las últimas semanas pensando en él sin parar, en las mil y una incógnitas que el genio le suponía, ya estaba dispuesto a seguir los raíles hasta donde le llevaran—. No, tardé lo mío, lo admito, pero todo lo he hecho por mí mismo.

—Me alegro por eso —le felicitó Tony, girándose para apoyar la taza de café humeante en la encimera de la cocina.

En ese momento, Steve es capaz de verla. La misma sonrisa sincera que lo atrapó aquella mañana en Central Park. Puede que la voz de Tony suene arrogante, que su felicitación suene casi a burla, pero Steve puede ver con sus propios ojos cómo no es así. Esa sonrisa, sin artificios ni actuaciones, es demasiado franca y dulce como para malinterpretarla.

—Ya puedes quitarte un peso de encima —empezó a decir Steve, buscando ver más de esa sonrisa—, ya no tendrás que preocuparte por buscarme si algún día me pierdo en la autopista.

Su broma logró pillar desprevenido al genio, sorprendido del humor sarcástico del capitán, que se quedó un segundo en silencio antes de que su sonrisa se ampliara y rompiera a reír.

—¿Así que ese es tu verdadero motivo? —preguntó con sorna, clavando la mirada ante el café frente a sí—. Siempre actuando por el bien del prójimo, Cap.

Para Steve, era la primera vez que decía eso con algo realmente parecido a la admiración, al respeto, y no al chiste y al desprecio.

—No soy el único —respondió Steve, recordando hasta que punto Tony se había preocupado por los demás, por él, sin que nadie se diera cuenta; como la forma en que había preparado el teléfono especialmente para él—. Solo que yo no soy tan sutil como otros.

Tony soltó el aire, profundamente pero cuidando que no se escuchara a través del micrófono del teléfono. Lo bueno de estar en ese lugar, semiescondido y hablando en voz queda para que Tony no le descubriera, era que podía apreciar la diferencia entre la verdad y la actuación. Mientras que la voz de Tony decía una cosa, su cara, que no tenía necesidad de artificios al no sentirse observado, era algo muy diferente. Quizás fue porque Tony detectó la dirección por la que iban sus palabras y se sintió descubierto, pero Steve pudo ver como un tenue sonrojo le cubría las mejillas. Una sonrisa que Steve comenzaba a encontrar fascinante, volvió a instalarse en sus facciones.

—Así que, Cap —comenzó a decir Tony, buscando cambiar de tema—, ¿qué tal la mudanza? ¿Te encuentras cómodo en tu apartamento?

—¡Oh, por supuesto! —empezó a decir Steve, saliendo de su escondrijo y recuperando el tono de voz normal, haciendo que Tony se sobresaltara—. Aunque tengo que admitir que prefiero comer en la cocina común antes que solo en el apartamento.

Steve se dio el lujo de ver al inventor totalmente perplejo y divertirse por ello. Ante la sonrisa socarrona de Steve, Tony frunció el ceño.

—¿Jarvis? —preguntó Tony, molesto.

Sabiendo lo que le iba a preguntar, la IA respondió:

—Usted solo me solicitó que le advirtiera de cuándo llegaran, no de cuando se movieran de planta en planta, señor.

La sonrisa de Steve creció y el ceño de Tony se profundizó.

—Gracias por los tutoriales —dijo Steve, siendo sincero al fin y diciéndolo sin rodeos. Ese era su estilo, al fin y al cabo.

—¿Tienes alguna duda más? —preguntó con un pesado suspiro, rascándose la nuca con cansancio.

La pregunta estaba obviamente orientada al teléfono, pero Steve no pudo evitar dirigir la vista a la manzana junto a la taza de café y repetirse la pregunta que lo había estado acosando durante las últimas semanas sin cansancio. Así que, impulsado por la falta de sueño y la adrenalina de la conversación, Steve se lanzó.

—En realidad sí —comenzó a decir, según atravesaba la sala y se acercaba a la cocina, a Tony—, aunque realmente no tiene nada que ver con el teléfono. Los tutoriales han sido bastante útiles en ese punto.

»Más bien, es por algo que me comentó Natasha…, que tengo esta incertidumbre en la cabeza que no logro quitarme, pero creo que tú eres el más indicado para resolvérmela.

Steve llegó a la altura de Tony y éste lo observó con ese gesto suyo tan particular al alzar la ceja.

—¿Y de qué es de lo que estamos hablando? —preguntó Tony, curioso ante los rodeos de Steve.

Sin embargo, Steve no respondió, sino que directamente apresó a Tony por su nuca y tiró de él. Gracias a su fuerza de supersoldado, Tony no tuvo suficiente tiempo para reaccionar antes de que sus labios se encontraran con los de Steve. El primer contacto fue sencillo, casi casto. Steve atrapó el labio inferior de Tony y tiró suavemente de él, deleitándose al comprobar que sus labios eran aún más suaves y cálidos de lo que había imaginado. Definitivamente su imaginación, cada una de las pinturas y dibujos que habían surgido de sus manos esas semanas al imaginarse ese momento, no tenía comparación con lo que sentía. La piel que estaba en contacto con la de Tony, cercana a su calor, le hormigueaba como si plumas ardientes le acariciaran la piel. Deseando que el contacto no terminara jamás, enterró los dedos en el cabello desordenado de Tony, vanagloriándose de perfume a sándalo y carbón que parecía desprender de forma natural.

Después de un segundo de inmovilidad debido a la sorpresa, Tony, deseando que la ola caliente que le estaba derritiendo los huesos avanzara, agarró a Steve por la camiseta y la cintura, atrayéndolo aún más hacia sí. Besó su labio inferior y tiró de él, arrebatándole un gemido a Steve en el proceso. Tony aprovechó el momento en que Steve abrió la boca para acariciar con cuidado y rapidez su paladar, logrando que el agarre de Steve aumentara de fuerza. Ante el gesto, el genio sonrió ladinamente. Puede que Steve hubiera tenido el impulso de empezar ese beso, a saber por qué razón, pero con su experiencia, sería él quien lo dominara.

Al percibir la forma en la que Steve temblaba ante su contacto, con las mejillas arreboladas y el corazón a mil, Tony soltó la arrugada camiseta y deslizó su mano por su pecho hasta llegar a su cuello. Regresando a un ritmo más tranquilo, acarició su nuca, intentando que Steve se relajara y disfrutara del contacto en lugar de verse superado por la experiencia. Aunque a Tony semejante reacción no le sorprendió. No se besaba a alguien como Tony Stark todos los días, y podía ser una vivencia realmente arrolladora cuando tenías el historial puro y virginal del Capitán.

Steve, relajándose ante las caricias en su costado y en su nuca, ardientes pero suaves, cadenciosas, se vio sumido en el contacto de la piel caliente de Tony bajo la suya, su perfume, el roce de su barba contra su piel y el sabor de su aliento, un profundo y penetrante café amargo. Apenas había tenido una probada real de él, porque Tony se limitaba a darle besos lentos. Steve tenía la impresión de que el genio se estaba conteniendo para no asustarle. Y quizás Steve lo había estado, pero por la preocupación ante las repentinas y sorprendentes ganas que había tenido de saltarle encima al hombre entre sus brazos sin preocuparse por el lugar ni el momento. Que tuviera ese cuidado con él, aunque le resultaba encantador, mostrándole esa consideración tan particular que solo Tony podía mostrar, estaba presionando sus límites. En su mente solo estaba el pensamiento de "más". Quería más. Mucho MÁS. Quería sentirle más cerca, quería que sus corazones se aceleraran más aún, hasta el mismo límite, que sus bocas se unieran aún más.

Tony, intuyendo la predisposición de Steve, tiró del labio superior de Steve y, al tenerlo entre los suyos, pasó su lengua por la suave piel sonrosada. Steve jadeó y Tony invadió nuevamente su boca con su lengua. Sin embargo, esta vez no fue una caricia rápida, sino lenta y generosa, tomándose su tiempo para recorrer la boca se Steve y jugar con su lengua. Steve aumentó el agarre de su abrazo, levantando ligeramente a Tony y haciendo que se mantuviera de puntillas. La fuerza que el soldado ejercía en torno a él era tan férrea que el ingeniero no tenía siquiera que esforzarse en mantener el equilibrio. Prefirió corresponder el abrazo recorriendo con delicia la ancha espalda y los cabellos rubios de su nuca.

—¡OH, POR FAVOR! —reclamó una voz de pronto, sobresaltándoles—. ¿¡No hay habitaciones suficientes en esta torre para que hagáis eso en la cocina!?

Ambos se giraron en dirección a la voz que los había interrumpido, encontrándose con la mirada sorprendida de Clint, que era el entrometido que los había obligado a detenerse a percepción de Tony. Estaba acompañado de un cabizbajo Bruce, que evitaba contemplar la escena avergonzado, y una entretenida Natasha. La espía los observaba con una mirada perspicaz que hizo a Steve estremecerse.

Steve intentó separarse, aflojando el abrazo, pero Tony no se lo permitió. Sin apartar la mirada de los recién llegados, mantuvo el agarre en torno a la cintura de Steve. No tenían el abrazo apretado de antes, pero Tony quería que se mantuvieran cerca. Fuera lo que fuera que acababa de pasar entre ellos, había sido un descubrimiento demasiado asombroso y arrollador para avergonzarse de él. Steve, aunque abochornado y sonrojado, no pudo evitar sentirse inexplicablemente feliz porque el ingeniero luchara por seguir cerca de él.

—¿Envidioso por contemplar un poco de acción, Legolas?

Clint frunció el ceño, molesto por la respuesta del genio.

—Por favor, Capitán —pidió, mirando al soldado, sabiendo que Tony era causa perdida—, sea lo que sea que está pasando, acotadlo a cuando estéis a solas. Si quisiera ver gente metiéndose mano, iría a Central Park por la noche o vería una porno.

Y con semejante comentario, que dejó totalmente desconcertado a Steve mientras Tony reía, el arquero se fue. Después de un rápido gesto de despedida, Bruce siguió sus pasos. Natasha fue la única que permaneció.

—Al parecer te decidiste por probar mi consejo —comentó la espía, lanzando una sagaz mirada a la manzana que permanecía sobre la mesa siendo picoteada por un tranquilo canario que actuaba como si allí no hubiera pasado nada.

Tony, aún en el abrazo que Steve había vuelto a corresponder sin darse cuenta, se giró en su dirección, clavando su aguda mirada en él. Aún sin verle, Steve estaba seguro de que tenía la ceja enarcada, exigiendo una explicación.

—Ya me contarás —dijo, dirigiéndose al ascensor—, aunque, por lo que he podido observar, ya tengo mis sospechas.

Y con esas palabras y una sonrisa ladina, Natasha desapareció por el ascensor.

Sabiendo que no podía retrasarlo más, Steve miró a Tony, encontrándose con su altanera y curiosa mirada. Steve suspiró, sin saber qué decir.

—Eso me recuerda que antes dijiste que Natasha te había dejado con la duda sobre algo, y que yo era el mejor para resolverla… ¿Y bien? ¿Qué duda era esa?

Sintiéndose como un niño, renuente a contarle la verdad por temor a sonar infantil, Steve se mordió el labio y desvió la mirada. Tony, reacio a quedarse con la duda, tiró de él, obligándole a volver a mirarle.

—¿Vas a llevarte el secreto a la tumba, soldado? —preguntó Tony con humor, sabiendo que había gato encerrado en todo eso y que sería un delicioso descubrimiento cuando la verdad llegara finalmente a sus oídos.

Como respuesta, Steve apretó los labios, sumido en el silencio.

—Ya veremos cuánto aguantas.

—¿Me vas a torturar? —cuestionó Steve con diversión.

Tony entrecerró los ojos ante la broma y Steve tragó duro, sabiendo que había metido la pata. Él era mucho más fuerte que Tony, pero en astucia, tretas y engaños, el genio le daba mil vueltas. Invitar al genio a intentar arrancarle la verdad no podía salir bien.

—Algo parecido.

Con esas palabras, Tony tiró de Steve con todas sus fuerzas, reclamando sus labios de nuevo. Esta vez sin cautela ni tacto, sino como un puro incendio, arrebatador y arrasador. Le estaba arrebatando el aire con cada roce y convirtiendo su piel en lava pura ante el contacto.

Con el corazón enloquecido, Steve no pudo evitar pensar que, si ese era el concepto de tortura de Tony, bien podía tentar su curiosidad más a menudo, y que le debía un gran regalo a Natasha por sus valiosos consejos.


¡Hola a todos, lindas flores!

¿Qué os ha parecido este final? Admito que yo me he reído mucho con todo el capítulo. Sobre todo con la conversación telefónica. Tengo debilidad por mostrar el corazoncito tierno de Tony, sobre todo cuando se hace el duro xD.

kamilabpp, ¡ay, qué me halagas! Me siento muy honrada al saber que he logrado mostrar la personalidad de Tony, temía estar llevándolo demasiado a mi terreno. Respecto a Steve, esa era realmente mi motivación en la historia, el momento en que él descubre que Tony es una buena persona, no solo quien aparenta ser. Así que tenía que remontarme al inicio de todo, cuando aún se "odiaban" xD.

Espero que a todos os haya gustado y que lo hayáis disfrutado. Muchas gracias por los follows y favoritos de todos, ¡me dais una alegría que no podéis ni imaginar!

¿Debería plantearme hacer un longfic stony?

En fin, con un beso y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!