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Amo la traición, pero odio al traidor.
Julio César (100 AC-44 AC)
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Había caído en el truco más viejo del mundo.
Su GPS había muerto casualmente en pleno Old East, el barrio de la prostitución por excelencia. Y aquellos mocosos le habían reventado el cristal justo delante de la única puta de la calle.
Había sido una jodida emboscada en todo el sentido de la palabra. Y él había caído de lleno en ella, como el gilipollas que era.
Aunque, en realidad, no estaba tan preocupado por las pérdidas materiales, como por el golpe que había recibido su orgullo. Ella se había quedado dormida entre sus brazos. Suave, blanca, casi inocente… No recordaba la última vez que alguien se había sentido lo suficientemente confiado como para dormirse junto a él. Ninguna de sus amantes se había quedado a dormir nunca en su cama, ninguna de ellas se había sentido así de confiada a su alrededor. Así que aquella insignificancia le había hecho sentirse bien. Como un instinto primario, protector, algo a lo que no había estado acostumbrado. Había bajado la guardia por primera vez en 8 años. ¿Y qué es lo que había obtenido a cambio? Traición. Iba a cazarla. Iba a hacer que se arrepintiese el resto de su vida de haber jugado con él. …000… El dolor de cabeza persistía cuando subió al ascensor. Su cuerpo no estaba acostumbrado a dormir tanto y la droga todavía seguía en su sistema. Pero no tenía tiempo para purgarse. Bajo tierra, el bunker lo recibió con su frialdad acostumbrada, una cueva de hormigón, una tumba que hacía las veces de refugio y ataúd. Las luces se encendieron de forma progresiva iluminando el camino que recorría. Un camino de recuerdos, viejos y malos, que le recordaban a diario quien y que no era. Los expositores, se iluminaron primero, los viejos uniformes de soldados caídos. Recuerdos de hombres mejores que él. Los trofeos de batalla iban después, le recordaban en lo que podía convertirse, tanto él como Gotham. Una pesadilla en cada vitrina. Y al final de todo ese laberinto de recuerdos, su meta, el Batordenador. La búsqueda no fue rápida. La base de datos que necesitaba pertenecía al departamento de policía de Gotham. Base de datos protegida personalmente por la comisaria de policía, Bárbara Gordon, antaño Oráculo. Le costaba un mínimo de dos horas echar abajo los cortafuegos de la mujer y evitar sus gusanos. No era precisamente fácil luchar contra Oráculo en plena red. A Damian le había llevado numerosos años y perdidas averiguarlo, la mujer lo odiaba y no la culpaba por ello. Aquel día le costó una hora y media acceder a la base de datos de personas desaparecidas. Había un total de 5 Helenas desaparecidas hacía 3 años de sus casas de acogida. Solo dos habían tenido 9 años. La primera era una niña afroamericana y la segunda había sido encontrada muerta una semana después. Contuvo la tentación de estampar los puños contra la fría pantalla del ordenador. ¡¿Ella le había mentido?! No entendía porque eso lo molestaba, había estado mintiéndole desde el principio, porque era un jodido capullo al que intentaba desplumar. Busco todas las niñas desaparecidas de entre 9 y 16 años. Restringió la búsqueda por el aspecto físico de la chica. Solo 108 posibilidades. Busco entre aquellas que solo podrían haber huido de casa por su propio pie. Tres. Bonita perspectiva la de Gotham. Ninguna de las tres cumplía el perfil. Quizá nunca hubiesen llegado a denunciar su desaparición. Esta vez busco entre las chicas fichadas por prostitución. Ocho Helenas entre 9 y 16 años. Ninguna era la suya. Eso no quería decir nada, solo que era inteligente.
La siguiente vez lo intento en la base de datos del sistema de acogida. Ella había hablado de su padre de adoptivo. Tenía que haber algún registro de su adopción, si es que no había mentido en aquello también.
Al final, la encontró.
Helena Castle.
Había sido dada en acogida a los 7 años cuando sus padres adoptivos murieron. Reconoció la foto de la niña de 7 años en pantalla. Con trenzas, vestido de flores y una sonrisa de inocencia iluminándole la cara. Había sido una niña feliz. Sus padres de acogida era un matrimonio de clase media, Jessica y John Thomas, tenían a otras dos niñas acogidas. Pero cuando Helena cumplió los 9 años hubo un terrible incendio que destruyo la casa. Los padres y Helena habían fallecido en el incendio.
Damian tenía cuanto necesitaba. Cerró el ordenador bruscamente.
Ella no le había mentido, al fin y al cavo, le había dicho su verdadero nombre y el motivo por el que estaba en la calle.
Ahora que sabia con quien estaba jugando solo tenía que encontrarla. Sus coches tenían al menos tres localizadores por motor. Nunca se era lo suficientemente precavido. Encontró su Lamborghini exactamente donde creía que estaría, en un desguace de las afueras especializado en hacer desaparecer coches de lujo.
Podría haberse puesto su máscara y haber arrasado el lugar. Pero aquello no tenía nada que ver con Batman. Era el orgullo de Damian Wayne el que estaba desquebrajado y él lo restituiría.
…000…
Con tres costillas rotas el dueño del desguace no supo decirle nada acerca de su pequeña ladrona. Solo que la puta, había cobrado en metálico y se había largado. Le sorprendía que llegase a los pedales.
El cabrón la había timado.
Cuando le desencajo la mandíbula sintió cierta satisfacción.
Así que, la chica, había llevado el coche por si misma hasta el desguace. Eso eran buenas noticias para él y malas para ella.
Era una locura o una estupidez estar sola en Gotham, en una ciudad en la que la muerte rondaba cada esquina, nido de violadores y asesinos. Por eso las putas trabajaban con otras putas, supervisadas por el proxeneta de turno, que a su vez trabajaba para una de las mafias de la ciudad, que se aseguraban de la seguridad de las chicas, la mayoría de las veces.
Helena trabajaba en la zona de los Falcone, así que había asumido que trabajaría para Katrina. Pero de haber trabajado para ellos les hubiese entregado a estos las cosas que le robo. En su lugar las había vendido ella misma. Trabajaba sola.
La rabia le corto la respiración.
Muchachita tonta. ¿¡Es que no sabía que ahí fuera había mundo de monstruos?! ¿Que si iba por el mundo sin ayuda acabaría descuartizada en una cuneta?
Estaba jugando con fuego, caminando al borde del precipicio, burlándose del viento y la fuerza de la gravedad. Lo había engañado a él. Y él era el viento que más fuerte soplaba en Gotham.
Chica tonta.
Puta suicida.
Iba a pagarlo caro. Damian todavía no sabía si iba a dejarla vivir.
…000…
El rastro de Helena se evaporaba en el desguace. Ninguna pista, ninguna dirección que seguir a continuación. Su única pista a continuación, eran las tiendas de empeños. Si la mocosa fuera a vender sus relojes, lo más probable es que tratase de empeñarlos, uno a uno. Al menos visitaría una tienda de empeños aquel día. Como no podía darse el lujo de monitorizar cada una de las tiendas, cedió el ordenador a la unidad inteligente del batordenar, estableciendo los patrones de búsqueda en una de las fotografías que su cámara de seguridad había tomado de la pequeña puta.
La tarde a pasear una foto de la mocosa entre las putas de Old East, el barrio donde la había recogido la noche anterior. Ninguna la reconoció, pero muy pocas se habían atrevido a mirar la maldita foto, en realidad.
Cuando al día siguiente se descubrió sin ninguna pista que seguir, se trago lo poco que le queda de su orgullo y decidió que era hora de pedir la colaboración de un aliado.
…000…
Sentado con las piernas cruzadas sobre la mesa de su despacho, en la parte trasera del albergue infantil que regentaba, Colin Wilkes, sujeto la foto con cansancio.
-¿Por qué todo el mundo cree que conozco a todas las niñas de esta ciudad?
Porque lo hacía. El hombre había crecido de orfanato en orfanato toda su vida y cuando cumplió los 18 y se independizo, monto un albergue con dinero de empresas Wayne, albergue destinado a recoger a niños de la calle y ofrecerles un futuro.
Tanto en su vida diaria como Colin Wilkes o su vida nocturna como Abuse, el hombre se especializaba en niños desprotegidos. Pasaba las noches espantando a proxenetas y pederastas de las calles y los días alimentando a niñas desamparadas. Tenia alma de hermanita de la caridad. Su personalidad exasperaba a Damian la mayoría de los días, pero sabía que el hombre era el más fiable de todos sus aliados. Un amigo, incluso, si él los tuviese.
Helena tenía que haber pasado entre sus manos, al menos una vez en los últimos 4 años.
-Se llama Helena Castle, tiene casi 13 años y se fugo de casa a los 9- informó Damian con su tono más profesional.
Colin lo miró confuso.
-¿Por qué la buscas?
-Hubo un incendio en su casa de acogida. Su padre abusaba de ella y casualmente murió en dicho incendio. La policía cree que ella también estaba dentro de la casa.
-¿Crees que mato a su padre?
-Creo que ella, o alguna de las otras niñas que estaban acogidas, prendieron fuego a la casa con sus padres dentro.
Colin no pareció más preocupado que la vez que derramo kétchup sobre su traje de Armani. Volvió a mirar la fotografía pensativo.
-Pasare la foto entre las niñas, alguna tiene que conocerla… ¡Espera!- salto de repente-¡Esto es tu ático!- le acusó. -¡¿Por qué demonios esta en tu ático?!
A veces cuando se enfadaba de verdad, el vemol en su sistema se reactivaba por si solo haciendo crecer sus músculos como de forma irregular. Damian vio como la vena de su cuello de hinchaba junto con su bíceps derecho, mientras que el resto de su cuerpo seguía siendo famélico.
Damian no se molesto en contestar. Él no contestaba obviedades.
-¡Por el amor de Dios, Damian!¡Tiene doce años! ¡Es una niña! ¡¿En qué estabas pensando!?
-Tiene casi trece- de repente eso parecía importante.- Me engaño y me robo.
El musculo hinchado de Colin y su cuello se relajaron devolviéndole un aspecto normal. Rompió la fotografía en dos.
-No voy a ayudarte a encontrarla. No voy a dejar que le hagas daño.
-Ella no es una de tus niñas asustadas, Colin. Es una jodida víbora mentirosa. Me engaño. A mí.
El pelirrojo no dio su brazo a torcer.
-Cuando piensas con la entrepierna eres el mayor gilipollas del mundo- le espetó.
Lo que era jodida y vergonzosamente cierto, pero no era como si Damian pudiese darse el lujo de admitirlo en voz alta.
-¿Cómo es posible que seas el mejor detective del mundo, el hombre más frio y racional de la ciudad y que aún así dejes de pensar cuando te sonríe una cara bonita?- siguió Colin con tono furioso.-¡Es una niña, Damian! ¡¿Es que ya ni siquiera respetas eso?!
Debería haber previsto esta conversación, pero no lo hizo. Otra prueba de repentina idiotez. Quiso echar la culpa a la droga que todavía martilleaba su sistema, pero no pudo. Todo aquello se lo estaba buscando él solo.
-¡Oh! ¡Joder! ¡Colin! ¡No seas hipócrita!- le gritó a modo de autodefensa, Colin era la única persona del mundo con la que sentía que debía justificarse.- ¡No todas las niñas de esta ciudad necesitan ser salvadas y protegidas! ¡Estamos hablando de una presunta asesina que eligió la prostitución por si misma!
Y sin esperar a que Colin le corrigiese a golpes, Damian se largo.
Humillado, una vez más, sintió la tentación de golpear a alguien, hasta destrozarlo, quizá dejarlo paralitico el resto de su vida…
Bataman salió de caza aquella noche. No de vigilancia, no de reconocimiento. Salió de caza.
…000…
Pedir ayuda a Katrina Falcone, no fue más humillante que pedírsela a Colin. La mujer le debía unas cuantas.
Para empezar, le debía seguir viva.
Sería muy fácil acabar con la mafia de Gothan, solo tendría que matar a cada uno de los patriarcas de la ciudad. Pero no sacaría nada producente de ello. A su modo la mafia garantizaba cierta paz, cierto orden en el casi apocalíptico submundo de Gothan.
Katrina apenas si parpadeo cuando encontró al mismísimo Damian Wayne en su despacho. No había muchas cosas que pudieran impresionar a aquella mujer. Se había hecho con el control de una de las familias criminales más poderosas de la ciudad a los 21 años, cuando casi todavía era una niña, cuando se había pasado la mitad de su adolescencia fuera de la ciudad. Aún más, cuando solo era una vulgar mujer en un mundo de hombres. Katrina había domesticado a una de las fieras más peligrosas de Gothan ella sola, y la había puesto a trabajar para ella. Las demás familias le rendían tributo como si fuera una temida y vengativa reina.
La otrora Catgirl, era una mujer joven, todavía no había cumplido los 30 años, con el cabello castaño, casi rubio y vestida de chanel, tenía una belleza clásica, delicada, no parecía la clase de mujer que arrancaría la legua a un soplón con sus propias manos, pero lo era. Como muchas cosas en Gothan, no era lo que parecía.
Kat le sonrió con suavidad al verlo. Había estado interesada en él, desde siempre. Interesada por su riqueza, por el poder de empresas Wayne y por su juventud. No hacía tanto habían sido amantes. Cuando Damian solo había sido un adolescente lleno de rabia y de odio, ella seis años mayor que él, había jugado con él como un gato con un ratón.
La gata y el murciélago.
-Damian…- susurró con su imitación a ronroneo.
Cuando era una adolescente estúpida y vanidosa, Katrina se había vestido como Catgirl. Todavía se consideraba a sí misma una gata.
-Katrina- saludo él fríamente.
No estaba pensando de manera adecuada, había pasado la noche como Bataman, buscando victimas a las que destrozar, un par de ladrones, un asaltador… Solo se había cruzado con presas poco importantes.
Había pasado más la mitad de la noche rondado el Old East, en contra de lo que quedaba de orgullo. Empezaba a sentirse obsesionado por la pequeña y escurridiza puta. Todos los enigmas le intrigaban, pero los que lo jodían, lo obsesionaban.
Así que no había estado pensando adecuadamente cuando al amanecer se deshizo del traje del murciélago, se vistió de Gucci y se presento en el despacho de su antigua amante.
La mujer se acerco a él con los estudiados pasos de una gata en celo. Normalmente esa forma de moverse lo hacía perder la cabeza, no aquel día. La detuvo sosteniéndola por los hombros, no dejando que lo tocase.
Ella lo miró ofendida, no estaba realmente acostumbrada a que ningún hombre la rechazase.
-Me debes un favor-le soltó con dureza.
Katrina retrocedió con una sonrisa picara.
-Estoy segura de haberte lo devuelto con creces…- susurró.
Damian decidió ignorar la insinuación.
-Me han robado. Y tengo motivos para creer que ella está trabajando en tu zona.
Los negocios eran una de las pocas cosas que hacía que se pusiera seria, la otra eran los diamantes.
-¿Insinúas que te ha robado una de mis chicas? Sabes que es imposible, ninguna de ellas esta tan loca para robarme a mi bombón… Saben que no me gusta compartir…
A él tampoco le gustaba, por eso la relación entre ambos había acabado hacía tiempo.
-No creo que la chica trabaje para ti Katrina.
Eso la hizo fruncir el ceño .
-¿Insinúas que hay una rata en mi territorio?
-No insinuó nada. Afirmo, que hay una gata en tu territorio. Quiero su cabeza.
Una rata era un ladrón que invadía territorio ajeno, una gata, era una prostituta que actuaba por libre.
La mujer trago con ira y por un par de segundos lo miró con desprecio.
-No sabía que te gustaran las putas…- le espetó irritada.
-Al menos, son más honestas que el resto. Fijan el precio por adelantado.
Katrina le lanzo la lámpara de su mesa a la cabeza, ni siquiera tuvo que moverse para esquivarla, la ira proporcionaba mala puntería.
-¿Qué te ha robado?- exigió saber.
"La dignidad", estuvo a punto de decirle. Se mordió la lengua a tiempo.
-Es lo de menos. Ni siquiera quiero recuperarlo, solo quiero venganza- recuperar el orgullo.
Katrina se sereno y sentándose sobre el escritorio, cruzó las piernas en una escandalosa insinuación.
-Comprendo…- volvió a ronronear- Y si te ayudo… ¿qué es lo que saco a cambio?
Damian se acerco lentamente a ella, con el paso calculado de un depredador. Apoyó las manos en el escritorio, a ambos lados de ella y acerco la cara a la suya hasta que sus alientos se mezclaron sin llegar a tocarse.
-¿Qué es lo que quieres Katrina?- le preguntó con voz grave.
Ellas se humedeció los labios mientras entornaba los ojos.
-¿Qué es lo que crees que quiero?- susurró ella moldeando su voz para que sonara como un ronroneo.
Damian le acaricio la espalda con la yema de los dedos de manera ascendente hasta que alcanzo la trémula piel de su cuello. Enredo la mano en su pelo acunando su cabeza hacía arriba. Ella gimió.
Sería tan fácil acabar con ella… Estaba totalmente desprotegida, expuesta a su merced…. Pero Damian Wayne no tenía ningún motivo para ver muerta a una antigua amante. Se controlo a si mismo mientras se acercaba más a ella prometiendo un beso salvaje que no llego a dar.
-¿La buscarás?- preguntó él.
-La encontrare- prometió ella.
Solo entonces Damian se permitió besarla. No un beso dulce, ni considerado, fue salvaje, posesivo, demoledor. La clase de beso que habla de sexo salvaje y dolor.
La soltó con brusquedad alejándose de ella un par de pasos. Katrina sonreía de forma ladeada entre suaves jadeos, con el carmín corrido y el pelo ligeramente despeinado. No sintió nada al mirarla, hacía mucho tiempo que hacer el amor a aquella mujer era solo cuestión de negocios.
Hacía realmente mucho tiempo desde la ultima vez que se había sentido realmente atraído por mujer, mucho desde que la lujuria lo había poseído… y entonces había visto a Helena, irónica, contradictoria, inadecuada… Cerro los ojos ante el recuerdo. No quería recordar aquella noche, no la satisfacción de complacerla, la necesidad de penetrarla… No había espacio para otra cosa que la venganza en sus pensamientos.
Katrina se serenó y sonrió complacida.
-¿Tienes una foto de la puta?- le preguntó poniéndose en pie.
Lo único que a Damian realmente le gustaba de ella, además de su capacidad para controlar a toda una organización criminal sin parpadear, era que cuando hacía una promesa, siempre la cumplía.
Le ofreció una copia de la fotografía que Colin había destrozado la tarde anterior. Ella la cogió casi con resignado aburrimiento y entonces la miro. Su rostro se desencajo, sus ojos se ampliaron y su boca hizo una mueca grotesca, el carmín corrido y el pelo despeinado solo amplio el demoledor efecto.
Estrujo la fotografía en sus manos y lo miró más allá de cualquier sentimiento de ira que le hubiese dedicado antes. Era odio .
-¿¡HELENA?!¿¡Te has acostado con Helena?! ¡Maldito cabrón hijo de puta!
Desquiciada le lanzo la bola de papel a la cabeza, le siguió todo lo que quedaba sobre su escritorio, un portátil, un sacapuntas, un marco de fotos, toda una colección de carpetas, un pequeño ficus… Todo fallo.
Damian avanzó entre el caos completamente inmune. Avanzó hasta que consiguió llegar a ella y sujetarla. La empujo contra la superficie del escritorio, dominándola con todo su peso.
No había estado esperando que la conociese, no estaba esperando semejante reacción y él siempre pensaba en todo. Las reacciones femeninas empezaban a irritarle seriamente. ¡¿Es que todas las mujeres estaban completamente locas?!
Katrina lucho contra él. Normalmente siempre ganaba aquella clase de juegos entre ambos, ella siempre llevaba el control. Aquel día Damian no estaba dispuesto a dejarla ganar.
-¿Quién es ella?- le preguntó con dureza.
La mujer le miró furiosa. Acaba de comprender que en cada uno de sus juegos, ella nunca había tenido realmente el control.
-¡¿Crees que te la voy a dejar a ti?!- le preguntó irritada- ¡Esa mocosa es mía!
-¡¿Quién es?!-le gritó con más fuerza.
-¡Es mi hermana gilipollas!
Se aparto de ella como si acabase de darle una jodida sacudida eléctrica.
-¡¿Qué?! ¡Tu no tienes hermanas!
Ella se incorporo exasperada.
-No es esa clase de hermana.- le gruño, luego sonrió de forma ladeada.- Es como todos esos mocosos a los que tu padre adopto. ¿No eran tus hermanos?
La clave estaba en "eran". No se molesto en contestar.
-La muy desgraciada no respeta nada- había un claro desprecio en la voz.
Allí había un sentimiento fraternal que Damian era muy capaz de entender.
-¡Ni siquiera pudo controlarla! Por respeto a su madre la he dejado vivir hasta ahora pero…
Lo miró con intención. Era celosa, no le gustaba compartir, ni siquiera las cosas que ya no le pertenecían.
Damian ya no le estaba prestando atención. Quizá no fuera un detective tan condenadamente bueno como su padre o Grayson, pero acababa de entender una cosa.
La única mujer a la que Katrina consideraría como una madre era a Catwoman.
Helena era la hija de Selina Kyle.
Nota de la Autora:
Catwoman realmente tuvo una hija en el universo pre reboot. Tratando de protegerla, la dio en adopción, pero las cosas no salieron como ella hubiese querido.
Helena sigue por ahí desaparecida y Damian está perdiendo los nervios lentamente…
¡Muchas gracias por vuestros review!
¡Besos!
