Disclaimer: La historia es de mi creación, más los personajes son propiedad de Himaruya-san
Personajes y/o parejas: Leve Prusia/Italia del Sur
Palabra: Negro
N/A: Creo debí empezar con este drabble que es el más inocentón por así decirlo... bueno solo quiero decir que es un AU y no tiene ninguna relación con el anterior, de hecho ninguno se relaciona con ninguno y si eso sucediera yo les aviso :DD


"Juzgar a la gente antes de conocerla no es una buena idea, a veces podrías llevarte una sorpresa"… ¡Idioteces! No soy tan crédulo como para hacerle caso al horóscopo de hoy en el periódico, mejor lo boto... o sería preferible dárselo a Feliciano, quien desde minutos atrás me está jodiendo para dejarlo mirar. Si, mejor lo hago antes de que comience a gimotear y lloriquear, y aquí el que pasaría la vergüenza sería ¡yo!

De verdad se notaba a leguas que la persona encargada de esa sección era un antisocial, ¡por dios! solo con ver a ese mequetrefe uno debe saber con quién demonios se mete, no es necesario conocerlo, su solo actuar lo dice todo. Mírenlo, siempre en ese deportivo negro descapotable último modelo. Aparcando justo frente la puerta principal del instituto, llamando la atención de alguna u otra forma. Flirteando con cada alumna que se le atraviese y presumiendo lo NO grandioso de su persona. Además, a la escena no pueden faltarle los dos amigotes que lo siguen como perros, el franchute cualquiera y el de sonrisa bobalicona.

A medida que se acercan, el egocéntrico del grupo alza la mano, al parecer queriendo llamar la atención. Busco con la mirada y con horror descubro a Feliciano devolviéndole el saludo alegremente. -¡Ita-chan!- Canturrea el dueño del auto, mientras mi ceño se frunce más de lo normal.

-Ciao, Gilbert- Contesta Feliciano sin inmutarse de las extrañas vibras mandadas a propósito hacia el peliplateado, sin embargo, el tal Gilbert sí que las toma en cuenta -¡Oh, fratello el es Gilbert, el hermano mayor de Ludwig! ¿Lo recuerdas?- Me importaba si era familia del patatero al cual Feliciano llamaba amigo, eso no cambiaba nada. El más alto no sonrió, sino más bien dedicó una mueca algo perversa.

-Feli, ¿no vas a darle los buenos días a Onii-chan?- El rubio jaló a mi hermano, llevándoselo dentro de las instalaciones. Y durante esa pequeña fracción de segundo causada por la distracción una voz con fuerte acento alemán susurra a mi oído.

-Deberías relajar ese gesto o una carita tan linda como la tuya se arruina- ¡Qué coño…!