Inuyasha llevaba toda la tarde esperando poder hablar con Miroku Hoshi para hacerle unas cuantas preguntas sobre Kagome.
-¿Qué tal te sienta saber que vas a ser padre, Hoshi? ¿Qué tal llevas eso de saber que vas a ser responsable de ese niño durante, por lo menso, veinte años, que te vas a comer la cabeza cada dos por tres preguntándote si lo estás haciendo bien…?
-Calla, Taisho –sonrió Miroku de pie junto a la barbacoa.
Inuyasha conocía aquella sonrisa. Era la misma que él había mostrado cinco años atrás cuando Kikyo le había dicho que estaba embarazada. Entonces, había creído que un hijo podía salvar su matrimonio. Se había equivocado por completo.
-Me alegro mucho por Sango y por ti. Es lo más grande del mundo –dijo mirando a su hija, que chapoteaba en la piscina con Sonomi.
-Sí, pero primero hay que encontrar a la mujer adecuada –contesto Miroku levantado su copa para brindar.
-Tienes razón –dijo Inuyasha con algo de envidia.
Vio irse al último invitado y se dio cuenta de que Kagome se había ido de verdad. Había albergado la esperanza de que hubiera cambiado de opinión.
-¿Qué sabes de la hermana de Sango?
-¿Por qué? –sonrio Miroku-. ¿Te sigue interesando?
-He hablado con ella hace un rato. Estaba muy disgustada porque Sango no le había dicho nada del embarazo.
-Me lo temia –dijo Miroku mientras se le desvanecía su sonrisa-. Pero seguro que lo arreglan. Están muy unidas.
-Pues no se parecen en nada.
-No te creas. Kagome están entregada al trabajo y a su familia. Cuan do no está trabajando, está en casa de sus padres asegurándose de que estén bien.
-¿No sale con hombres?
-Te interesa, ¿eh?
Le habían pillado y bien.
-Digamos que siento curiosidad.
Miroku se rio a gusto.
-Y algo más, me apuesto el cuello. Kagome es una belleza, pero no creo que este por la labor de tener nada con un hombre ahora mismo.
-¿Por qué?
-Sango me ha contado que nunca ha tenido suerte en sus relaciones –contesto Miroku mirando a su alrededor y bajando la voz-. La última, hace un par de años, fue desastrosa.
-Eso me suena
-Si quieres que te diga la verdad, después de la discusión que tuvieron en nuestra boda, no tienes ninguna posibilidad.
-No discutimos. Solo fue que no pensábamos de la misma manera sobre ciertas cosas.
-A ver si lo adivino. Le pediste una cita y te dijo que no.
-No. Solo le dije que parecía una princesa con aquel vestido de dama de honor y ella me soltó que si pensaba que creía en el cuento ese de besar al sapo para que se convirtiera en príncipe. Yo le conteste que, para empezar, yo no era ningún sapo y que ella era más fría que un tempano de hielo. Eso fue todo.
-Suficiente
-Sí, pero yo solo quería ser agradable
-Querías ligar con ella
-No exactamente
Miroku sonrió a su mujer y volvió su atención a Inuyasha.
-Déjame que te diga algo más sobre Kagome Higurashi. Es una mujer guapa que rechaza como diez invitaciones por semana. Si no son al día. Si quieres ganártela, vas a tener que cambiar tu ¨Hola, soy Inuyasha y te deseo¨ de siempre.
-Eso a sido un golpe bajo, Hoshi. Tengo más clase que eso –contesto a la defensiva-. No quiero llevármela a la cama, no soy el ligador y mujeriego que todos creen y, además, ¿porque me iba a interesar una mujer que pasa de los hombres?
-Porque es un reto y a ti te gustan los retos –contesto Miroku-. Te lo advierto: Kagome es una mujer muy buena.
-¿Me estás diciendo que no soy su tipo?
-Te estoy diciendo que, si le haces daño, te las tendrás que ver con Sango y no te lo recomiendo.
Inuyasha sabía lo que era el amor de hermana porque tenía una, un medio hermano y él que era el pequeño.
-De acuerdo. Si decido tener algo con ella, prometo ir con cuidado.
-No me fio.
Miroku lo conocía muy bien. Si, era cierto que le gustaban los retos, pero ¿merecía la pena Kagome Higurashi? Decidió que no quería quemarse, pero se dio cuenta que era demasiado tarde.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
A la hora de comer, Kagome decidió dejar de trabajar y hacer la llamada que quería hacer desde el día anterior. Tenía que pedirle perdón a Sango por haberse ido sin decir nada de su fiesta. Además, quería que su hermana le explicara por qué no le había dicho que estaba embarazada.
-Hola, ¿tienes un momento?
Kagome clavo las uñas en el teléfono al oír aquella voz, una voz que no había podido olvidar en las últimas veinticuatro horas. Lo último que necesitaba era que invadiera su territorio de trabajo.
Colgó el auricular y observo su arrebatadora sonrisa. Se dio cuenta de que había cerrado la puerta sin que se hubiera dado cuenta. Estaba en una pequeña habitación con un hombre que derrochaba sensualidad.
-Buenas tardes, doctor Taisho. ¿Qué lo trae por los departamentos administrativos? –pregunto en un hilo de voz.
Sin que ella le dijera nada, Inuyasha se sentó y cruzo las piernas como si pensara pasarse ahí un buen rato.
-Quería hacerte una pregunta.
Estaba estupendo con su camisa blanca y su corbata azul. Claro que en bañador también lo estaba.
-¿Si?
-¿Has dicho que si?
-¿Si a qué?
-Muy bien, te recogeré a las siete
Aquel hombre era incorregible. Y más sexy que cualquier otro.
-¿Hoy? –pregunto con entusiasmo. Se le había escapado.
-No, el sábado. Como es la fiesta para recaudar fondos, pensé que podríamos ir juntos.
-No voy a ir.
-¿Cómo que no? –dijo él con las cejas enarcadas sobre sus ojos dorados-. Es para recaudar fondos para tu proyecto.
-Voy a una cena con los donantes esta noche, pero no voy a ir a la fiesta.
-¿Te importaría decirme por qué?
Si, si le importaría contarle que, unos años atrás, en un acto parecido, había conocido a un medico que pertenecía a otra mujer y ella no lo sabía.
-No me van mucho las multitudes.
-A mi tampoco, pero tengo que mantener las apariencias. Supongo que tu también.
-Esta vez, no. Tengo que trabajar en los guiones de los anuncios. Además, nadie se va a dar cuenta de mi ausencia.
-Yo si
Kagome sonrió.
-Gracias, pero me temo que se va a tener que buscar a otra acompañante.
-¿Y si no quiero?
Kagome coloco unos documentos que estaban perfectamente colocados y evito su mirada.
-En este hospital, ahí como cuatro médicos solteros y diez veces más mujeres solteras. Seguro que no le cuesta encontrar a alguna a la que le agrade su compañía.
-¿Eso quiere decir que a ti no te agrada? Vaya, se te da muy bien herir a un hombre.
La verdad era que le encantaba estar con él. Más de lo que debería, pero no se lo iba a decir.
-Vamos a dejarlo en que no quiero compañía en estos momentos.
-¿Y qué quieres, Kagome?
Todo menos problemas. No tenía tiempo ni ganas de salir con hombres y, menos, con médicos, después de la última experiencia.
-Éxito profesional y cuidar de mi familia.
Inuyasha se echó para adelante y la miro muy serio.
-Eso no sirve para no pasar frio por las noches.
-Me las arreglo solita.
-Seguro que sí, pero, créeme si te digo que no parar de trabajar acaba por no satisfacer y tu familia no puede darte esa satisfacción.
-¿A qué satisfacción se refiere?
-A la que te hace sentirte vivo –sonrió Inuyasha.
Kagome se levanto de pronto en un intento de huir de la verdad y del calor que sentía en presencia de ese hombre.
-Bueno, tengo un montón de trabajo y tengo que ir a hacer unas fotocopias…
Agarró unos papeles que no tenía que fotocopiar y fue hacia la puerta, pero él se le había adelantado y estaba junto a ella.
-Hay otra cosa que te quiero decir.
-¿Qué? –pregunto Kagome mirándolo fijamente.
-Como médico, te aconsejo que descanses. Pareces cansada.
-Tomo nota.
-No me gustan esas ojeras. Parece que no duermes mucho.
Seguramente, aquella noche tampoco consiguiera dormir bien, pero no era por el trabajo sino por él. Kagome se puso las gafas.
-Pues no me mire.
-Te lo digo muy en serio, Kagome.
-Muy bien. Me echare una siesta. ¿Así mejor, doctor?
-Para empezar, si. Me gustaría que me llamaras Inuyasha.
No. Los nombres de pila implicaban un grado de intimidad que no quería tener con él.
-Creo que es mejor que mantengamos una actitud profesional en el trabajo.
Inuyasha sonrió.
-¿Eso quiere decir que me vas a llamar Inuyasha fuera de aquí?
-Eh… bueno… ¿No tiene nada que hacer? ¿Una pierna rota o algo?
-La verdad es que si –contesto mirando el reloj de su muñeca-. Llego tarde a quirófano.
-No quiero entretenerlo.
-Ya lo has hecho, pero ha merecido la pena –contesto acercándose un poco más-. Este es el tipo de satisfacción que me gusta.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Kagome se quedo mirando el teléfono., que estaba sonando. Tenía que contestar, pero dudaba. Por alguna razón, temía que fuera Inuyasha Taisho y que aceptara su invitación para ir juntos a la fiesta. Después de su visita, no se había podido concentrar en el trabajo en todo el día.
¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Porque tenía más magnetismo que un telepredicador. No era solo su carisma. Parecía preocuparse realmente por ella. Lo había visto en casa de Sango cuando le ofreció su consuelo y aquel mismo día en su despacho cuando se había mostrado preocupado por su salud. Además, era tan amable con su hija. De todas formas, no era suficiente para rendirse a sus encantos. Ya lo había hecho una vez y no lo pensaba repetir.
Al final, contestó.
-Hola, hermana, ¿Por qué te fuiste ayer con tanta prisa?
-Porque me moría por irme –contestó enfadada.
-¿Tan mal te la estabas pasando?
-No, pero tenía que trabajar.
-Te enfadaste conmigo por no contarte que estaba embarazada, ¿verdad?
Al percibir la nota de arrepentimiento en la voz de Sango, Kagome sintió que el dolor se disipaba, pero no del todo.
-Un poco. No me hizo ninguna gracia enterarme a la vez que todos los demás, como si fuera una conocida. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Porque no quería que te preocuparas por lo del asma.
La verdad era que estaba preocupada.
-Pues claro que me preocupo. Eres mi hermana pequeña. Me alegro mucho por Miroku y por ti.
-Ya lo sé. No quería hacerte daño, kag, pero Miroku y yo decidimos esperar hasta por lo menos los seis meses.
-Pero, ¿para cuándo es?
-Para el veintinueve de octubre.
Kagome hizo un cálculo mental.
-Estas de siete meses. ¿Cómo es posible? Pero si no se te nota…
-Mamá me ha dicho que a ella tampoco se le notaba nada hasta prácticamente el final, así que supongo que lo he heredado. No puedo creer que no te hayas dado cuenta de que había engordado.
La verdad era que con tanto trabajo no había ido mucho a casa de Sango en los últimos meses.
-Bueno, me había dado cuenta de que tenias mejor cara y que llevabas ropa mas grande, pero pensé que era por la feliz vida de casada.
Sango se rio.
-Espero que no. Espero que el cartel de peso pesado que llevo en el trasero no sea por el matrimonio, sino por el embarazo.
Kagome se rio también.
-¿Y el asma?
-Lo llevo bien. Mi médico me lo está controlando muy de cerca y apenas tengo medicación. Todo va bien.
Sango siempre tan optimista.
-Bueno, Sango, supongo que Miroku y tu saben lo que hacen. Obviamente, lo saben porque, de lo contrario, no estarías embarazada.
-Para, Kag, que me estoy poniendo roja.
-Sí, seguro. Para ponerte a ti roja se necesita mucho más.
-Tienes razón. Desde que vivo con Miroku, ya apenas me pongo roja.
Kagome sintió envidia. Se pregunto cómo sería estar casada con un hombre que bebiera los vientos por ella y tener un hijo con él.
Pensó en Inuyasha Taisho. ¿Por qué? Los hombres como él y los compromisos no solían ir de la mano. Además, ella no estaba buscando ningún compromiso o, al menos, eso creía…
-¿Sigues ahí?
-Sí, sí…
-Mamá me ha dicho que estuviste hablando con Inuyasha en la fiesta.
-¿A qué viene eso?
-Miroku me ha dicho que le interesas
-¿Por qué me cuentas eso, Sango?
-Inuyasha es un buen hombre y un gran padre, Kag. ¿Por qué no le das una oportunidad?
-Porque ya tengo bastante con el trabajo y con mamá y papá…
-Admite que te da miedo enamorarte.
Sí, y con razón.
-No te atrevas a emparejarnos. Por si no te acuerdas, ya lo hiciste y fue un desastre.
-Cuando te presente a Houjo, no sabía que estaba casado.
-Él tampoco se molesto en aclarármelo.
-Entiendo, pero ¿por una mala experiencia vas a dejar pasar otras? Mira yo. Si no me hubiera lanzado de nuevo, no estaría casada con Miroku. Estoy segura que tu hombre está ahí afuera.
-No creo, Sango.
Sango suspiro.
-Me parece que no lo has buscado.
Estaba harta de hacerlo y, además, la vida de celibato tenía sus ventajas.
-No quiero nada serio, Sango.
-¿Quién está hablando de algo serio? ¿Por qué no vives el presente, sales con Inuyasha y ves que tal les va?
-Soy incapaz de tener una aventura.
-Tienes miedo de pasarla bien y sabes que con Inuyasha te la podrías pasar muy bien.
Le daba miedo a enamorarse.
-Inuyasha Taisho va muy rápido y seguramente me dejaría tirada en la primera curva.
-Yo creo que podrías seguirlo estupendamente.
-Bueno, ya basta, Sango.
-De acuerdo –suspiro su hermana-. Me tengo que ir a la cama, que Miroku me está esperando.
-Eso no me suena a sueño reparador.
-No, la verdad es que no. Este hombre es insaciable y yo también porque el embarazo te pone las hormonas patas arriba.
Kagome se sonrojo.
-No me cuentes los detalles íntimos, por favor.
-Una última cosa. ¿Vas a ir, al final, a la fiesta?
-No.
-¿Te importaría quedarte, entonces, en casa cuidando a los hijos de unos amigos? Es que quedamos ir todos juntos.
-¿De cuántos niños estamos hablando?
-De momento, solo uno. Te vendrá bien para ir ensayando de tía.
No hacía falta. Al ser cinco años mayor que Sango, la había cambiado y había cuidado de ella como si fuera su madre. Además, le encantaban los niños y no le importaba pasar el sábado por la noche con unos cuantos. Prefería a los niños en vez de un hombre.
-Muy bien. Me pasare a las seis.
-Gracias, eres la mejor.
-Nunca lo olvides –bromeo Kagome.
-Supongo que me has perdonado por no contarte lo del niño.
-Por supuesto. Siempre te perdono, hagas lo que hagas.
